• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
EL PARTIDO BOLCHEVIQUEPIERRE BROUÉ
Edición revisada y corregida sobre la de Editorial Ayuso de 1973PrefacioCAPÍTULO ICAPÍTULO IICAPÍTULO III.CAPÍTULO IVCAPÍTULO VCAPÍTULO VICAPÍTULO VIICAPÍTULO VIIICAPÍTULO IXCAPÍTULO XCAPÍTULO XICAPÍTULO XIICAPÍTULO XIIICAPÍTULO XIVCAPITULO XVCAPÍTULO XVICAPÍTULO XVIICAPÍTULO XVIIICAPÍTULO XIXCAPÍTULO XXEpílogoCAPÍTULO XXI
 
 
 PREFACIO A LA EDICION ESPAÑOLA
 Los diez años transcurridos desde la publicación de la edición francesa de este trabajo no parecen haber desvirtuado sus conclusiones ni el método seguido en su elaboración.Permítasenos incluso afirmar lo contrario. La historia del partido comunista (bolchevique) dela Unión Soviética constituye sin lugar a dudas uno de los datos clave para la comprensióndel mundo contemporáneo pero muchas de las explicaciones ofrecidas a este respecto desdehace medio siglo chocan contra una serie de puertas cerradas a piedra y lodo, y ello cuandono se pierden en los tortuosos laberintos de la razón de estado, caminos estos igualmentecerrados por barreras no menos infranqueables. El pasado debe servirnos para comprender e interpretar el presente y esta convicción es laque nos ha sugerido la necesidad de lleva a cabo un balance para nuestros lectores españolescon ocasión de esta nuestra primera edición de
«El Partido Bolchevique»
en lenguacastellana. Los acontecimientos que, desde hace diez años han venido desarrollándose en la UniónSoviética y en los demás países del Este, constituyen una especie reveladora de la validez delos análisis que con anterioridad han sido llevados a cabo a su respecto. E1 estallido a plenaluz del día del conflicto entre los partidos comunistas de China y Rusia, las consecuencias delo que en China ha dado en llamarse la «revolución cultural», las polémicas e incluso lascrisis que se producen en el seno de los partidos comunistas de todo el mundo. grandes o pequeños, legales o clandestinos, ya ocupen el poder o se encuentren en la oposición,resultaban hasta cierto punto previsibles para todo aquel que en su análisis histórico hubieseempleado un método científico. Probablemente el lector de la primera edición de nuestra obrano se habrá visto sorprendido ni por la crisis interna del partido comunista checo, y sudecisión de enero de 1968 de inaugurar una etapa de reformas en profundidad ni por elmovimiento de los estudiantes, los obreros y los intelectuales, que se lanzaban a la brechaabierta desde la cúspide del partido, ni tampoco por la intervención armada del 21 de agostode 1968 que sancionó, en contra de la manifiesta voluntad del pueblo, la vuelta a un ciertoorden que en honor de la ocasión recibió el apelativo de ”normalización”. Igualmente previsible era la espontánea revuelta de los obreros de los astilleros de Gdansk y de Szczecinen diciembre de 1970, y el papel asumido en ella por los comités de huelga transformados enverdaderos soviets que trataron de igual a igual a los organismos oficiales del partido y el Estado. Y es que el conocimiento y la comprensión de los mecanismos de la historia pretéritailuminan las fuerzas que se enfrentan hoy, pone de relieve la continuidad o bien laresurrección de unas tradiciones profundas o de unas corrientes reprimidas durante largosaños, disimuladas tal vez por la utilización de un mismo 1éxico o por las continuasreferencias a una ideología común al menos en lo que a los principios se refiere. En resumen, en nuestra opinión, este trabajo, publicado en 1962, constituye un instrumentoque permite comprender la crisis por la que atraviesan en nuestros días los partidos y Estadosque se autodenominan socialistas y usufructúan de un modo u otro la experiencia de la UniónSoviética, y opinamos así porque continuamente se hace referencia en sus páginas a la acciónde unas fuerzas y de unas presiones sociales que nunca ha n desaparecido por completo y quesiguen constituyendo la estructura, contradictoria a veces, de tales partidos y Estados.Cualquier tipo de explicación global, ya se
refiera
al “marxismo-leninismo” concebido co
mo
un dogma o bien a su naturaleza
«t
otalitaria» o «dictatorial», resulta de todo puntoinoperante a este respecto, es decir, en cuanto concierne a las realidades contemporáneas decrisis, desgarramiento, antagonismos y conflictos en el propio seno del sistema. Incluso laversión que durante varios años defendió el llorado Isaac Deustcher, aquella que se refería ala posibilidad de una «reforma desde arriba», avalada durante cierto tiempo por laexperiencia jrushoviana, revela plenamente en la actualidad su impotencia, .a la hora deinterpretar una crisis que se traduce en una serie de conflictos de carácter puramenterevolucionario. De hecho, el tema que aquí se aborda es tal vez el más
difícil q
ue puede plantearse la Historia contemporánea. En efecto, sobre esta cuestión, nadie puede alardear de neutralidad -y el historiador puede hacerlo tan poco como el político o el periodista-, todoautor, todo lector, expresan, consciente o inconscientemente, una serie de apriorismoshostiles o favorables que no son sino los reflejos de una concepción del mundo que no sesiente obligada a tener en cuenta el imperio de los datos objetivos o la constelación derigurosas exigencias que se imponen al trabajo del historiador. Por otra parte, los
 
acontecimientos cotidianos y 1o que éstos ponen en juego, contribuyen, en tales cuestiones, a falsear los datos básicos de la propia labor historiadora, aunque sólo fuese por sucontribución, directa o indirectamente, a la deformación, falsificación, sustracción osupresión de los documentos que integran su insustituible materia prima. A este respecto resulta además altamente significativo el hecho de que la trama básica decondiciones de investigación acerca de la Unión Soviética, desde la revolución de octubre de1917 hasta nuestros días, tanto desde el punto de vista de la ubicación de documentos comodesde el de la mera historiografía, se articule de forma perfectamente natural en torno a las.fechas que suponen decisivos virajes en la historia política del país. Así, 1924 supone lamuerte de Lenin pero también el enunciado de las premisas de lo que sería dictaduraestaliniana y 1956 marca el principio de la denuncia del «culto a la personalidad» de Stalin acargo de sus lugartenientes de ayer convertidos en sus sucesores. Después de la revolución, los primeros años del nuevo régimen presenciaron un enormeesfuerzo dirigido hacia la publicación de los materiales de la historia para la Historia, panfletos y artículos, actas y documentos oficiales, memorias y recuerdos, encuestas,antologías de artículos o de discursos fueron así dados a la luz en una actividad cuya únicalimitación fue la mediocridad de los medios materiales disponibles y las imperiosas presiones primero de la guerra civil y más tarde de la reconstrucción económica. No obstante estaabundancia, de incalculable valor para la investigación histórica y la reflexión política , fuetristemente efímera. A partir de 1924, la política cotidiana de los dirigentes dominadirectamente no sólo la elaboración del propio proceso histórico sino también la mera publicación o al menos la disponibilidad de los documentos más elementales. A partir de sutercera edición, las obras completas de Lenin aparecen mutiladas de todas aquellas frasesque podían ser interpretadas como una premonitoria condena de la política de sus sucesores,mientras que la mayor parte de su correspondencia es ocultada a los investigadores y,naturalmente, al público en general. Las obras de los autores que han sido anatemizados en elterreno político como Trotsky, Bujarin, Ziníviev y muchos más son retiradas de la circulación y su impresión queda terminantemente prohibida, mas no se detiene en este punto la represióncultural contra los vencidos, también las obras menos importantes, aquellas que se limitan amencionar a estos hombres, dando una visión justa del papel desempeñado realmente por ellos en la fundación del nuevo régimen, son objeto de idéntico tratamiento. La conclusión para el estudio es que todo documento proveniente de la Unión Soviética debe ser objeto deun examen cuidadoso no ya en función de su contenido sino con vistas a la fecha de su publicación, resultante en casi todos los casos de un cálculo político basado en los interesesdel momento y desprovisto de todo tipo de interés para la historia política. En tales condiciones, este documento, al que es necesario aplicar la duda metódica por  principio, pierde toda significación por mismo convirtiéndose en un mero indicio de untrasfondo que permanece inaccesible. El trabajo de investigación se torna entonces puntomenos que imposible. La situación se hace todavía más grave a partir de 1930; durante todoel periodo posterior a esta fecha los documentos oficiales de la U.R.S.S. son prácticamenteinutilizables en su totalidad. Por esta época se produce, como buena prueba de lo dicho, lasomera condena de que Stalin hace objeto al historiador Slutsky, que se suicidó tras de suexpulsión del partido, con el siguiente somero veredicto que convierte de paso a la historia enun menester impracticable: «¡Sólo los burócratas incurables y las ratas de biblioteca pueden fiarse de unos documentos que no son más que papel!» Esta es la tónica general hasta 1956.Sin embargo, el historiador dispone de algunas fuentes documentales. Para el periodo que vade 1917 hasta 1939 cuenta con los importantes archivos de León Trotsky que fueron deposi-tados en Amsterdam y Harvard tras su expulsión de la Unión Soviética; se trata de una seriede documentos,
 
densos y continuos hasta 1928, que empiezan a serlo menos posteriormente;no obstante, 1a mayor parte de la correspondencia está vedada a la investigación hasta 1980. Los documentos más esenciales de estos archivos han sido reproducidos en las principalesobras de Trotsky y en la prensa «trotskista» internacional. Hasta 1939, el historiador podíacontar además con otros datos de valor: los aportados en los escritos de Victor Serge, si bienestas informaciones debían ser contrastadas cuidadosamente pues el escritor habíareproducido sus informaciones de memoria al haberle sido incautados sus archivos en Moscú, y las memorias del veterano comunista yugoslavo Anton Ciliga, que consiguió escapar de uncampo de concentración donde tuvo ocasión de recoger un sinnúmero de confidencias personales y de interpretaciones de los grandes acontecimientos de la historia de la U.R..S.S.. Asimismo, el estudioso puede contar con las informaciones vertidas en las publicacionesmencheviques como CourrierSocialiste del historiador Boris Nikolayevsky, al que debemos la publicación de la misteriosa «Carta de un viejo bolchevique», repleta de informacionesinéditas sobre el período anterior e inmediatamente posterior al asesinato de Kirov.
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...