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 Eduardo Subirats
La vida sitiada
(1978-2006)
INDIC
 
¿Arte para la revolución o arte para la producción?
En torno a la estética del constructivismo.
 
Publicado en la Revista
El Viejo Topo
, nº 19, abril de 1978.
A comienzos de los años veinte, y en el marco de las transformaciones culturales subsiguientes a larevolución rusa, un grupo de artistas soviéticos desarrollaron una amplia polémica en torno a lasdimensiones históricas del nuevo arte revolucionario. En ellas se efectuaba una radical ruptura conrespecto a la tradición artística moderna, centrada programáticamente en el establecimiento de unaunidad entre la vida cotidiana y la producción artística. Tanto en la pintura como en la arquitectura,las nuevas posiciones se agruparon en torno de los nombres de constructivismo y funcionalismo, en lamedida en que la función y la construcción, en el sentido de la producción social, se convertían ahoraen los aspectos definitorios y fundamentales del nuevo arte. A estas corrientes se las conoce igual-mente bajo el nombre de vanguardismo. Casi simultáneamente, y también a raíz de las experienciassociales de la guerra y de la revolución, se constituyó en Alemania el “Grupo de los artistasprogresivos”, cuyo programa reunía elementos comunes a los vanguardistas rusos. Al igual que éstos,los progresivos alemanes entendían el arte como un momento de la praxis revolucionaria.A las concepciones estéticas de estas corrientes vanguardistas se las relaciona a menudo con el artede aplicación industrial y el
design
en general, mas ello supone en parte una reducción de sucontenido. La circunstancia de que las innovaciones estilísticas que se abrieron cauce en estascorrientes constructivistas encontraran un terreno abonado en el campo de la producción industrial noes con mucho una circunstancia casual ni algo ajeno a su determinación programática. Sin embargo,el problema central del que estas corrientes partieron fue otro, y precisamente más relacionado con lapolítica o las políticas revolucionarias, y los cambios sociales efectivos o previsibles que tenían lugaren aquella época. Este problema es el de la autonomía del arte; una cuestión que, por lo demás, noafecta tan sólo a los vanguardistas. Antes que ellos lo plantearon en Alemania los expresionistas;dada abordó igualmente el dilema del arte divorciado de la vida, y la realización del arte figuraba asi-mismo como uno de los componentes esenciales del proyecto surrealista. Prácticamente no haycorriente artística o pintor contemporáneos quede un modo u otro no se hayan planteado estaproblemática en nuestros días. Desde el puntode vista de la historia de las ideas el problemadel arte autónomo y de su superación fueplanteado ya en la estética hegeliana en unsentido que este ensayo filosófico sobre elconstructivismo pretende criticar de manera indi-recta.
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 La crítica del arte autónomo se remonta a unaconcepción estética que encuentra en Kant sumás acabado representante. Es la concepciónestética que define clásicamente a la culturaburguesa. De acuerdo con la filosofía kantiana laactividad artística, fruto de una potenciademiúrgica, el genio, se constituye bajoparadigmas independientes y enteramenteseparados del conocimiento teórico, y endefinitiva del trabajo social. Esta separación enel marco del sistema filosófico kantiano en-cuentra su traducción sociológica en lacontraposición, característica de todo el sigloXIX, entre el burgués y el artista bohemio. Enambos casos la actividad del artista y la praxissocial de producción se oponen, y en ambos secomplementan. La crítica vanguardista a estenexo recoge a su vez la tradición de unaoposición a la estricta demarcación kantiana quepor lo menos puede retrotraerse a la estética de Schiller y a muchos exponentes de la época delromanticismo.
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Autores de las ilustraciones: Juris Pimenov, pág. 1; Dmitrij Moor (Orlov), pág. 3; Juris Pimenov, pág. 4.

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