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Antonio Escohotado
LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO
Fuente y dinámica del movimiento comunista
 
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I. DEMOCRACIA Y DEMAGOGIA“La ciudad antigua, sobre todo entre los griegos, tenía un poder ilimitado, la libertad sedesconocía y el derecho individual no existía cuando era opuesto a la voluntad del Estado” 37.“Los depositarios de la autoridad no dejarán de exhortar a que deleguemos el derecho atomar parte en el proceso político, porque están siempre dispuestos a ahorrarnos toda especiede trabajo, salvo el de obedecer y pagar”. 38.Si buscamos ejemplos precoces de masas revolucionarias, lucha de clases, guerras civiles,tribunos populistas y expropiación del rico no será de provecho explorar la historia de China,India o Egipto, donde situaciones de miseria aguda se prolongaron durante siglos y mileniossin alterar para nada la forma de gobierno. El ejemplo más rico en pormenores y antiguo esGrecia en torno al 600 a.C., cuando la desigualdad está produciendo en Atenas talesderramamientos de sangre que los adversarios -aristócratas por un lado y desposeídos porotro- acuerdan someterse a un arbitraje para cortar el bucle de venganzas. El laudo de eseárbitro, Solón, no otorga igualdad de derechos pero insinúa el camino al desligar cuna ymérito, promoviendo directa e indirectamente al laborioso.Un siglo más tarde aparecen las primeras democracias, fruto de la “concordia” basada enreconocer al demos o campesinado como soberano político. Para entonces hay una clase mediarural y urbana comparable en número de personas a la suma de nobles y desposeídos, unfenómeno que no volverá a presentarse hasta nuestros días. Liberado de entregar un sexto desu cosecha al señor, y de créditos antiguos agobiantes, el campesino que prosperó comoviticultor y olivarero acabó comprando de su bolsillo una buena lanza y el resto del equiponecesario para infantes acorazados (“hoplitas”) y empezó a ganar todas las batallas. En laurbe tenía como aliado político y colega en tiempo de guerra al hombre de negocios, elprofesional, el artesano, el tendero y sus colaboradores, que aspiraban también a “moverse enuna esfera sin gobernantes ni gobernados”39. Para ambos el régimen democrático era unantídoto contra déspotas de cualquier tipo, vetados por nuevas instituciones como el sufragio,el sorteo, la separación de poderes y la libertad de palabra.El tamaño de las polis o ciudades-Estado permitía asumir sin delegación el gobierno de cadauna, aunque impusiera a sus ciudadanos comparencias muy asiduas en asambleas, consejos ytribunales populares, algo sólo compensado en principio por el honor y las demás ventajas deautogobernarse. Dicha práctica suscita un individualismo ético y cognitivo que empiezapareciendo un desacato a las costumbres, cuyo reflejo son procesos a filósofos. Pero al aceptaruna condena evitable Sócrates acata la sentencia de la mayoría –para poder cambiarla sinfraude en el futuro-, demostrando que la individuación del espíritu no es un enemigo de lademocracia sino más bien su fundamento. Reducido antes al interés del clan y la casta, el biense hace propiamente común como responsabilidad de sujetos singulares unidos por gestionarsin mediadores su res publica.Lo crucial del régimen democrático es hasta qué punto puede una mayoría de votos decidirsobre la riqueza. En origen, ¿habrían acordado los fundadores de la polis someterse a unsufragio igualitario, si eso implicaba otorgar poderes de requisa a la mitad más uno? Larespuesta debe ser negativa, aunque sus descendientes se verán enfrentados a formasprogresivamente agudas del dilema. Por una parte, toda sociedad civilizada impondrá unacarga fiscal superior al opulento que al indigente, y en ese sentido la mayoría prima siempresobre la minoría. Por otra, ninguna sociedad será civilizada si pretende vivir de un recurso
 
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tan huidizo como el despojo del rico, y la minoría se impone siempre a la mayoría.Pioneros de la libertad política, y por eso mismo mentores del género humano, los griegosempiezan ganando las guerras civiles inherentes a desterrar el privilegio hereditario, y tras undeslumbrante florecimiento acaban desapareciendo como repúblicas libres “desgarradas porluchas interminables e irreconciliables, presididas por facciones que se vengan unas de otrascon masacres, destierros, confiscación de bienes y redistribución de tierras”40. Crónica y yaestéril –incapaz de conquistar nuevos derechos y una vida mejor- la guerra civil precipita suabsorción por Macedonia y algo después por Roma.1. Los estamentos antiguosEl horizonte de novedades tan monumentales es una religión no milagrosa sino civil41, quevenera a la vez el fuego -una potencia cósmica e impersonal- y algo tan privado como el linaje.Su oficiante y principal fiel es un individuo -eupátrida griego, pater latino- que administra unpatrimonio de cosas y personas como señor, juez y sacerdote, en términos de propietarioabsoluto. Debía tener antepasados perfectamente definidos y custodiar sus restos bajo un altar(domus), cuidándose de que siempre contuviera las debidas ofrendas a los muertos y unallama o al menos brasas vivas, pues sólo cumpliendo ese ritual se aseguraba un dominiumprotegido por deidades privadas42. De puertas afuera su patrono es Término (Terminus), unadeidad que representa a la linde misma en forma de mojones intocables, pues rozarlos inclusosin querer se consideraba una impiedad merecedora de pena capital. Como contrapartidafemenina de Término estaba Tijé, la deidad de la suerte, llamada en latín Fortuna.Se trata de un culto sin misterio ni promesa de salvación, que consagra simplemente ladignidad e inviolabilidad de cada hogar. Pero su trascendencia política le viene de que limitalas magistraturas a los dotados de altar doméstico. Fue preciso por eso combatir para queaccediesen al gobierno los clientes y el plebeyo, este último alguien no sólo falto de tierrapropia sino de derecho a penetrar en los perímetros urbanos propiamente dichos, como laAcrópolis ateniense o el Palatino romano. Con unos orígenes que se pierden en la noche deltiempo, la clientela guerreaba como tropa junto a sus señores, trabajaba en algunos momentossus tierras y había conseguido un vínculo de cierta reciprocidad: debía obediencia, y encontrapartida tenía derecho a protección. Por su parte, los plebeyos eran personas sin linaje-“desconocidas” (ignobilia) o carentes de arraigo- ligadas a la vida urbana como tenderos,mercaderes, profesionales y colaboradores suyos.El cuarto grupo de población sólo tenía en común la esclavitud. En economías de trueque esteestrato remite a pueblos sometidos por conquista o saqueo. Pero una fuente interior deesclavos eran las deudas –para empezar, de juego-, pues el derecho antiguo castigaba así elimpago, e incluso permitía al deudor eximirse vendiendo como tales a hijas e hijos. A veces ladeuda era de otra naturaleza, como el crédito solicitado para pagar la contribución territorial,y ese supuesto tuvo un gran peso político en la Roma arcaica pues creó una especie de esclavoa plazo, cuya deuda le vinculaba (a él y a sus descendientes) mientras no se saldara43. Algoanálogo ocurrió en el Ática, comarca de Atenas, como consecuencia del endeudamiento de losclientes menos capaces o con peores tierras.El salto al civismoLa revolución democrática tiene como precedente recortes en el derecho de primogenitura,que amplían y fragmentan la propiedad hasta convertirla en minifundios, progresivamenteincapaces de sostener al granjero y su familia. Al tiempo que los linajes se desmiembran ycrecen; la potestad del rey se reduce al pontificado religioso, confiándose a otros individuos lade juzgar y el mando del ejército. Antes de empezar el siglo VII a.C. una combinación de
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