La experiencia nos indica que los intentos de rescatar el legado vanguar-dista, su pretensión de intervenir en el espacio público y transformarlo, no hansido sino meras nostalgias sin vitalidad. Han carecido de alma y el rótulo devanguardia se ha convertido en
slogan
publicitario. Al contrario de lo que lamayoría piensa, ser vanguardia no es la utilización de una técnica artística ex-perimental que sólo puede ser leída por un pequeño grupo de
snobs
o iniciados;lo que significa, al menos lo que significó originalmente, es otra cosa: compartirla aspiración al cambio, el deseo de transformar al hombre y su mundo, la fe enlas potencialidades innatas del Ser humano, la esperanza indestructible en elespíritu creador y la aspiración al trastocamiento radical del entorno vital. Estosanhelos han desaparecido por completo de nuestros artistas e intelectuales, yasea porque andan hipnotizados por las finanzas y la fama, o porque el capitalha empujado esas aspiraciones al margen, relegando el pensar al monasterioacadémico. Desalentados por el acaparante poder del mercado y por nuestrapropia debilidad, nos preguntamos qué tan factible es retomar un proyectotransformador. Todos afirmamos que las cosas no andan bien, cualquiera condos dedos de frente puede constatarlo, pero pocos pretenden hacer algo porcambiar el estado de cosas. He ahí nuestra desgracia. Poco tan innatural comoel aceptar, sin chistar, las condiciones impuestas desde un poder exterior. Unacultura que no expresa las necesidades del hombre, que amordaza el espíritu,es veneno inflexible y no continuaremos tomando esa cicuta sin lanzar unaapología perturbadora.Es incuestionable que una resistencia al sistema absorbente debecomenzar por contemplar sin velos este orden. Es necesario el análisis de lapostmodernidad lejos de los facilistas juicios moralizantes que la señalan, yasea a la manera neo-conservadora, como signo final de la decadencia cultural,ya sea saludándola como la nueva utopía tecnológica y tecnócrata: lo urgentees sondear, “más allá del bien y del mal”, los efectos modificadores del ca-pitalismo multinacional sobre la cultura y ser conscientes de la importanciasin precedente de la economía en nuestra percepción aletargada del mundo.Sobretodo, el esfuerzo por tomar conciencia es indispensable en un tiempo enel que no podemos representar nuestro presente y a nosotros dentro del mis-mo, “como si nos hubiéramos vuelto incapaces de producir representacionesestéticas de nuestra experiencia actual. Pero si es así, se trata entonces de unaterrible acusación contra el mismo capitalismo o, como mínimo, un síntomaalarmante y patológico de una sociedad que ya no es capaz de enfrentarse conel tiempo y la historia” (Frederic Jameson). La realidad no parece anunciar uncambio social próximo; la encarnación del alma utópica y un arte contestatario,se sabe, no garantiza la conquista de lo anhelado por el espíritu sediento delas más desesperadas y lúcidas mentes contemporáneas. Es necesaria unapostura política y ética sólida y, sobretodo, una batalla rigurosa debe primarcontra nuestras propias mezquindades: hemos de liberarnos de la envidia, elresentimiento, la lucha encarnizada por puestos de trabajo, de iras irraciona-les, de nuestro continuo delegar a otros responsabilidades, de nuestro ánimoculposo, de todo rezago papista, del rancio espíritu de rebaño y necesidadde pastores, de ociosidades y mentiras. Para lograr el cambio que exigimosal entorno social, resulta insuficiente un cambio relativo en los modos deproducción del arte. Sin embargo, el estado de cosas sí plantea una exigenciaclara a los artistas, intelectuales y hombres del conocimiento: un cambio desensibilidad radical; contra productos artísticos comerciales, que no pretendensino el salto a la piscina de los medios y el mercado, al mundo de la celebridady la comercialidad, debe oponerse conciencia aguda y exacerbada. Para lograresto será necesario una educación crítica que permita resistir a las exigenciasdel mercado. Creemos que, si esta educación es posible, no lo es en el centroeconómico, demasiado entrado en el capitalismo avanzado y sus narcotizantesefectos culturales; donde debe gestarse esta educación de la resistencia es enlas periferias. El provincianismo (en el mal sentido) de la metrópoli, los quistesde la cultura occidental-sajona, y los indicios de renovación imaginativa en elllamado Tercer Mundo, refuerzan la idea: si alguna esperanza de vivificarsetiene la cultura, de volver a ser oposición a todo aquello que ataca al hombre,esta esperanza se halla en las márgenes, reducto último del alma utópica yla esperanza.
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Esta edición se hace en cooncordancia con lo dis-puesto por la legislación vigente sobre los derechosde autor, Ley 13714, Art. 69 que a la letra dice:“pueden ser reproducidos y difundidos breves frag-mentos de obras literariías, científicas y artísticas, yaún la obra entera, si su breve extensión y naturale-za lo justifican; siempre que la reproducción se hagacon fines culturales y no comerciales, y que ella noentrañe competencia desleal para el autor en cuan-to al aprovechamiento de la obra, debiendo indicar-se, en todo caso, el nombre del autor, el título de laobra y la fuente de donde se hubiera tomado”.Hecho el Depósito Legal Número 2004-3209
DISTANCIA CRITICA
Comité Consultivo:
Roger Neyra
Las Sumas Voces / Trujillo
Reynaldo Jiménez
Revista TSE-TSE / Argentina
Colaboradores:
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