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 Edición al cuidado de Eugenia HuertaPortada de Anhelo FernándezPrimera edición, 1977Segunda edición, aumentada y corregida, 1978Quinta edición, 1980Edición digital, 2005De la edición impresa: Siglo XXI Editores S.A.
 
 
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AL LECTOR
La idea del presente testimonio surgió de la presencia de DomitilaBarrios de Chungara en la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, organi-zada por las Naciones Unidas y realizada en México, en 1975.Allí conocí a esta mujer de los Andes bolivianos, esposa de un trabajadorminero, madre de siete hijos, quien llegó a la Tribuna en representación del“Comité de Amas de Casa de Siglo XX”, organización que agrupa a las esposasde los trabajadores de aquel centro productor de estaño.Sus años de lucha y el reconocimiento de la autenticidad de su compro-miso le valieron recibir una invitación oficial de Naciones Unidas para estarpresente en aquel evento.Única mujer de la clase trabajadora que participó activamente en laTribuna en representación de Bolivia, sus intervenciones produjeron un profun-do impacto entre los presentes. Eso se debió, en gran parte, a que “Domitila vi-vió lo que otras hablaron”, según el comentario de una periodista sueca.Este relato, que Domitila considera la “culminación” de su trabajo en laTribuna, es el grito de un pueblo que sufre porque es explotado. Además, reve-la cómo la liberación de la mujer está fundamentalmente ligada a la liberaciónsocioeconómica, política y cultural del pueblo y que su participación en el pro-ceso se sitúa en este nivel.No es un monólogo de Domitila consigo misma lo que presento aquí. Esel resultado de numerosas entrevistas que tuve con ella en México y en Bolivia,de sus intervenciones en la Tribuna, así como también de exposiciones, charlasy diálogos que desarrolló con grupos de obreros, estudiantes y empleados uni-versitarios, habitantes de barrios populares, exiliados latinoamericanos residen-tes en México y representantes de la prensa, radio y televisión. Todo ese ma-terial grabado, como también alguna correspondencia escrita, fue ordenado yposteriormente revisado con Domitila, dando lugar al presente testimonio.Domitila se adapta a las circunstancias concretas en que se encuentra y alpúblico al cual se dirige. Su forma de expresarse en conversaciones personaleses bastante distinta de aquella que utiliza en discursos e intervenciones enasambleas o en diálogos con pequeños grupos. Esto explica la diversidad de es-tilo existente en este texto, la cual puede sorprender a algunos lectores.El lenguaje de Domitila es el de una mujer del pueblo, con sus expre-siones propias, sus localismos y sus construcciones gramaticales marcadas, amenudo, por el idioma quechua que aprendió desde su niñez. A propósito hemantenido este lenguaje que forma parte intrínseca de su testimonio y aporta ala literatura una muestra más de la riqueza contenida en la expresión popular.
 
 
3Es bastante escasa la documentación escrita a partir de experiencias vivi-das por gente del pueblo. En este sentido, este relato puede llenar un vacío yconstituir un instrumento de reflexión y orientación, útil a otras mujeres y hom-bres entregados a la causa del pueblo en Bolivia y en otros países, particular-mente de América Latina.Este libro es, por lo tanto, un instrumento de trabajo. Domitila aceptó de- jar su testimonio en la perspectiva de “aportar un granito de arena, con la espe-ranza de que sirva para la generación nueva”. “Porque —dice ella— es impor-tante tomar experiencias de nuestra misma historia” así como también de “laexperiencia de otros pueblos”. Y para eso, “debe haber testimonio” que sirvapara “reflexionar sobre nuestra acción y criticarla”.La escuela donde se ha forjado Domitila es la vida del pueblo. En elmonótono y duro trabajo cotidiano de ama de casa de las minas descubrió cómoel trabajador no es el único explotado, ya que, por efectos del sistema, lo sontambién ella y su familia. Esto la motivó a participar activamente en la luchaorganizada de la clase trabajadora. Junto con sus compañeras, vive en carnepropia las derrotas y triunfos de su pueblo. Y a partir de eso interpreta la rea-lidad. Todo lo que comenta es vida y proyección.Domitila no pretende presentarnos un análisis histórico de Bolivia, tam-poco del movimiento sindical minero o del Comité de Amas de Casa de SigloXX. Sencillamente narra lo que ha vivido, cómo lo ha vivido y lo que haaprendido para continuar en la lucha que ha de llevar a la clase obrera y almovimiento popular a ser dueños de su destino. Sin embargo, son pocos lostestimonios de un hombre o una mujer de la mina, de la fábrica, del barriomarginado o del campo, donde el protagonista no solamente narra la situaciónen que vive, sino que está consciente de las causas y mecanismos que crean ymantienen tal situación y está comprometido en la lucha por cambiarla.En este sentido sí, el testimonio de Domitila contiene elementos para unanálisis histórico profundamente innovador, porque expresa una interpretaciónde los hechos a partir de una visión popular.Por eso es primordial, para no desvirtuar este relato, permitir hablar auna mujer del pueblo, escucharla y procurar entender cómo vive, siente e inter-preta los acontecimientos.Nada de cuanto está aquí consignado es ajeno a la realidad de Bolivia.Porque el itinerario personal de Domitila se inscribe dentro de la gran trayec-toria de la clase trabajadora y del pueblo boliviano.Éste fue el motivo que me llevó a dividir el libro en tres partes: la pri-mera, donde Domitila describe “su pueblo”, las condiciones de vida y detrabajo del hombre y de la mujer de las minas y su integración al movimiento
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