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 España y los españoles
Juan GoytisoloPrólogo de Aria NuñoLumen
Palabra en el Tiempo310
Diseño gráfico: Ferran Cartes / Montse PlassPublicado por Editorial Lumen, S.A.,Ramon Miquel i Planas, 10 - 08034 Barcelona.
 
Reservados los derechos de edición en lengua castellanapara todo el mundo.Primera edición en Palabra en el Tiempo: 2002© Juan Goytisolo, 1969Depósito legal: B. 9.285-2002ISBN: 84-264-1310-2Printed in Spain
Índice
Prólogo .....................................................Presentación .............................................
Homo hispanicus:
el mito y la realidadEl «contagio» judaico .................................El caballero cristiano .................................El pecado original de España .....................Don Quijote, don Juan y la Celestina ..........¿Siglo de las Luces? ...................................El mundo de Goya .....................................La Biblia en España ...................................Comienzos de la industrialización ..............Unamuno y el paisaje de Castilla ................Mr. Hemingway va a ver corridas de torosCaín y Abel en 1936-1939 ...........................Gerald Brenan analiza nuestra posguerraEspaña ya no es «diferente» ........................De cara al futuro ........................................
Prólogo
Si damos por válidas las tesis de Tzvetan Todorov en unconocido ensayo
(1)
, los franceses conciben dos modos de aceptar loajeno. En función del mayor o menor grado de diferencia con lospropios que exhiban los rasgos culturales del extraño, los francesesaceptarán a éste en la medida en que lo que distinga sus respectivascostumbres tienda a cero, o bien, por el contrario, apreciarán
 
preferentemente aquella cultura que manifieste la mayor distanciaposible respecto de las idiosincrasias francesas. La primera clase dexenofilia, característica del patriotismo, es propia de quien ve en supropio estado el modelo paradigmático de toda cultura y busca oproyecta en los otros sus peculiaridades, y el autor búlgaro sitúa suorigen en una «regla de Herodoto» inferida de la descripción por elhistoriador griego de los hábitos de los persas en sus tratos con otrospueblos. En cuanto al impulso que lleva a buscar y aceptar antes lolejano que lo próximo, Todorov atribuye uno de sus posibles orígenesal Homero que, en la
Ilíada
, hace de los conjeturales
abioi
, cuyonombre mismo denota un extrañamiento radical de cualquier formade vida, «los hombres más justos que haya». Este segundo modo deaceptación del y de lo extranjero vendría a ser el cañamazo de todaslas manifestaciones del exotismo.
(1) Tzvetan Todorov,
Nous
 
et les autres. La réflexion française sur la diversité humaine,
Seuil,París, 1989.
El autor de esta tipología da por sentado, como si constituyerauna realidad no problemática, aquello mismo que la hace posible: lapostulación de una identidad estable o, cuando menos, de fácilidentificación en cuanto a sus rasgos esenciales, en el sujeto asíindirectamente descrito, en ese tácito «mismo» cuya miradaconstruye al «otro». Ello es posible porque dicho sujeto no es unaesencia que haya que defender y reafirmar cada vez que se enfrentaa otro que amenace con cuestionarla o invalidarla, sino un entehistórico cuyas señas de identidad se hallan sometidas a examen,revaluación y modulaciones diversas, precisamente en la medida enque actúa sobre los otros y es actuado por ellos. Los franceses, dichode otro modo, se saben siempre franceses, con independencia deque cada uno de ellos pueda individualmente modular, mediante laacentuación o atenuación de tales o cuales rasgos constitutivos,dicha identidad con la que se identifica. Es precisamente laexistencia de una «francidad» más o menos flexible cuyos rasgostodos y cada uno de los franceses son libres de compartir lo queconstituye al pueblo francés en sujeto de un relato histórico, y aunde varios, y lo que lo autoriza a postular un «otro» más o menospróximo o lejano, afín o disímil, aceptable o demonizable. Parecidasreflexiones, por lo demás, podrían ensayarse, con los inevitablescorrectivos, respecto de la construcción del referente identitario enculturas alejadas mucho o poco de la francesa, como la china o lainglesa.El caso español es mucho más complejo que el descrito porTodorov y, desde el punto de vista que nos interesa destacar aquí,simétricamente inverso al francés. La «españolidad», lejos de ser unreferente en el que la mayoría de los españoles acepte reconocerse,
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