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OSMITESDELCONCEPTORESTRINGIDOCLÁSICODETRABAJO
La heterogeneidad de las formas del trabajo no es una novedad ni enel capitalismo ni en modos de producción anteriores. Dos concepcio-nes teóricas, relacionadas con el avance del trabajo asalariado en lassociedades modernas, llevaron a la visión restringida del concepto detrabajo. Una fue la neoclásica, para la cual no hay otro trabajo a con-siderar sino el asalariado, el que se compra y se vende por un salario.La otra fue la marxista clásica, donde el concepto de trabajo no quedarestringido al asalariado, y se reconoce como trabajo a toda actividadrelacionada con la riqueza material de la sociedad, no sólo con lageneración de valores de cambio. Sin embargo, el mismo fenómenosocioeconómico de avance del trabajo asalariado capitalista en el sigloXIX que sirvió de terreno empírico a los neoclásicos para pensar elconcepto restringido de trabajo implicó para el marxismo no la exclu-sividad, pero sí el privilegio del trabajo asalariado capitalista, que esuna de las formas del trabajo asalariado, el que implica, además de lacompra-venta de fuerza de trabajo, el que el trabajo genere valores deuso dedicados al intercambio en el mercado. Por otra parte, la pro-ducción capitalista en el siglo XIX se podía realizar en forma manu-
Introducción
Del concepto ampliado de trabajo al de sujeto laboral ampliado
de la Garza Toledo, Enrique. Introducción. En publicación: Sindicatos y nuevos movimientos sociales en América Latina. Enrique de la Garza (compilador). Colección Grupos de Trabajo, CLACSO, Consejo Latinaomericano de Ciencias Sociales. 2005. 224 p.Disponible en la web:http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/grupos/sindi/intro.pdfRed de Bibliotecas Virtuales de Ciencias Sociales de América Latina y el Caribe de la red de Centros Miembros de CLACSO
http://www.clacso.org.ar/biblioteca - biblioteca@clacso.edu.ar
 
10Sindicatos ynuevos movimientos sociales en AméricaLatina
facturera (sin implicar el maquinismo) o en forma maquinística, conla consecuente subsunción formal y real del trabajo al capital. Estetipo de trabajo asalariado capitalista, que genera plusvalía y que serealiza maquinísticamente con grandes concentraciones de obreros,fue privilegiado por el marxismo, porque se suponía que en estas con-diciones de explotación y alienación modernas surgiría con mayorprobabilidad el sujeto obrero que encabezaría la revolución anticapi-talista. Es decir, el privilegio de cierto tipo de trabajo por parte delmarxismo no se justificaba únicamente a partir de su teoría de la pro-ducción y del mercado, sino de cómo podría surgir el sujeto de larevolución. Lo anterior no implica que se ignorase que coexistían conel obrero industrial de la gran empresa otros trabajadores en empre-sas capitalistas de servicios, agricultura e incluso ubicados en formasproductivas no capitalistas al mismo tiempo. La Sociología delTrabajo es heredera de preocupaciones semejantes y trata, influencia-da por el marxismo como en P. Naville, Friedman e incluso enTouraine, y a pesar de su disputa con el mismo, de construir una teo-ría alternativa igualmente preocupada por la constitución de sujetosobreros alternativos. Esta Sociología del Trabajo también privilegiócomo objeto de estudio al obrero industrial de la gran empresa, sepreocupó por sus reestructuraciones, pero dirigió poco la miradahacia otros sectores de trabajadores. De tal manera que la mayoría delos conceptos acuñados por esta disciplina siguen arrastrando sus orí-genes industriales y modernos. En estas preferencias también habíaun evolucionismo explícito o implícito, en donde la gran empresahabría de barrer con formas precapitalistas de producción, y el proce-so de proletarización casi se universalizaría con el desarrollo del capi-talismo. Pero desde hace varios decenios, el empleo en la industria enel mundo ha disminuido en favor de los servicios, las micro y peque-ñas empresas en el tercer mundo no han tendido a disminuir, y los tra-bajos precarios se han incrementado, junto a la aparición de nuevascalificaciones. Es decir, la importancia de los trabajos no clásicos seha incrementado.La importancia clásica del trabajo asalariado en la gran indus-tria derivaba de la constatación de su relevancia en la creación delproducto nacional, al menos en los países desarrollados, pero tambiénde la identificación entre estructura productiva y sujeto. Esto frente ala decadencia en el primer mundo del empleo agrícola y la aparicióntodavía incipiente de servicios modernos. Y, efectivamente, países des-
 
11Enrique de laGarzaToledo
arrollados, como los del Norte de Europa, se convirtieron en la prime-ra mitad del siglo XX en sociedades de asalariados industriales.Sin embargo, la emergencia primero de los servicios modernosy precarios, y luego de muchas otras actividades precarias, asalariadaso no, abre una brecha en las teorizaciones y conceptos clásicos sobreel trabajo. Por un lado, la necesidad de incorporar a los servicios alanálisis de las ocupaciones y los procesos productivos introduce espe-cificidades que hacen dudar de algunas de las características clásicasdel trabajo como algo universal: si los servicios implican que el pro-ducto no es separable de quien lo produce o quien lo consume, esdecir, que el proceso productivo implica compactaciones entre la acti- vidad del trabajador que lo produce en el momento de su generación,la distribución a los consumidores y el acto del consumo, esto signifi-ca una reformulación de quiénes son los actores en el proceso produc-tivo. Si el servicio es capitalista, seguirán presentes trabajadores asa-lariados y empresarios, con los respectivos mandos medios, peroentrará de manera directa en el proceso de producción un tercer actorque no se presenta como asalariado ni como patrón: el consumidor, elusuario, etc. Y entra de manera directa porque el producto –salud,educación, servicios bancarios, de restaurante, de transporte– no sepuede generar sin su presencia en momentos clave del proceso de pro-ducción. Dado que estos servicios no se pueden almacenar, tienenfinalmente que consumirse en un momento de la producción. De talmodo que la manera de consumir es al mismo tiempo forma de pro-ducción, y especialmente, complica el problema de las relacionessociales y de poder dentro del proceso de producción.Por otra parte, el surgimiento de muchos
 servicios productivos
para las empresas –de reparación, diseño, ingeniería, etc.– abre laposibilidad de una extensión de la manufactura directamente haciaservicios que incorporan valor al producto material o inmaterial final.Vistos en forma aislada, habría que separarlos de la manufactura,cuando en realidad son parte integrante de la valorización en lamisma. Es decir, dentro de la propia manufactura se complica lanoción de proceso productivo y de cuáles son sus límites, y esto sinconsiderar las labores ahora frecuentes de subcontratación.La situación se complica cuando se considera un nivel menosabstracto y más actual del trabajo de distribución, que podría agregarnuevo valor al producto al considerar que este valor tiene un aspectomaterial y otro de carácter simbólico.
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