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Cuaderno de 
MATERIALES,
nº 19
 
Editorial
Dirección y edición: 
 
IsidroJiménez Gómez, Francis-co Rosa Novalbos, JorgeFelipe García Fernández.
Consejo de redacción: 
José Callejo Hernanz,Juan Bautista Fuentes,Virginia López Domínguez,Antonio M. López Molina,Antonio Benítez López.
Publicación de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.
 Versión electrónica:
www.filosofia.net/materialescdemateriales@yahoo.es
Cuaderno de 
MATERIALESMadrid, octubre de 2003 -enero de 2004.ISSN: 1139-4382Dep. Legal: M-15313-98
 Ante lo que ocurre, lo que lleva ocurriendo durante años, ante el creciente envile-cimiento de las relaciones internacionales, sociales, ante estas y otras muchascosas, nos vemos tentados... a emplear un condicional al parecer tan impotente co-mo cansado: ‘esto no
debería
ser así, esto
 podría
ser de otro modo’. Vana forma deexorcizar los demonios de la historia. Cuesta decir el cinismo con que se ha llevadoa cabo la guerra. Las palabras se detienen, huyen, nos faltan; o, espoleadas por larabia, se agolpan, se empujan, se atropellan queriendo salir. Cuesta decir estos díasdifíciles; si bien el lenguaje con que esta campaña reaccionaria e imperial se legi-tima es tan burdamente maniqueo, tan elemental e infantil, que pareciera que consólo invertirlo, con sólo darle la vuelta como a un guante, tendríamos ante nosotroslas verdaderas intenciones que enmascaran sus voceros. No es posible, en todo ca-so, apresar tanta ignominia y tanto sufrimiento, tanta..., tanto...Nunca estuvo tan cercano el horizonte distópico que mostró George Or-well en
1984
. ‘Libertad Duradera’, ‘Justicia Infinita’... El neolenguaje, eldoblepensamiento, el ‘borrado’ de los cuerpos y la memoria. La guerra es la paz.La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza. ‘Operación Libertad Ira-quí’... Liberados los vivos no se sabe muy bien de qué y por qué; liberados losmuertos sin duda de la ‘esclavitud’ de tener un cuerpo, liberados algunos supervi-vientes...
en parte
. Cuesta decir la hipocresía, tal vez el único frágil hilo del quepende la civilización. Si bien, a qué engañarse, ya leímos entre otros a Walter Ben- jamin y sabemos que la relación entre aquélla y la barbarie no es precisamente ladisyuntiva. Ante la
movilización total
de un incontenible Moloch tecnológico y mi-litar, la despolitización de unas poblaciones en que, para colmo, las decisiones querealmente las atañen son tomadas en lugares en los que tienen el acceso vetado; an-te la exponenciación del más bajo nihilismo en todas las dimensiones de la vida, lacreciente precariedad, inseguridad, incertidumbre; ante la imposibilidad de atraparuna causa que jamás está donde el efecto nos golpea...
¿qué hacer?
Si la circuns-tancia actual, en la que
está en juego la totalidad 
, no es sentida por los más demodo inquietante, es debido, sin duda, a la industria de la prótesis, la ortopedia y elmaquillaje. Como dijera Jünger,
hemos pasado el punto cero
, la ‘zona cero’. Mien-tras tanto decimos, hacemos y pensamos, escribimos, publicamos, hacemos públiconuestro lamento y nuestro pensamiento; no se trata sólo de dolernos, sino de
enten-der 
el origen, las causas, la articulación, la anatomía del dolor.Este número de
Cuaderno de Materiales
recoge, en primer lugar, las po-nencias que, como ocurriera tiempo atrás [
Cuaderno de Materiales
, núm. 17] conel ‘asunto LOU’, fueron leídas y debatidas en el Paraninfo de nuestra Facultad conmotivo de unas Jornadas –en este caso, como es obvio, contra la guerra– organiza-das por la Asamblea de Filosofía y Filología. Tales jornadas tuvieron sucontinuidad, con profesores de ésta y otras Facultades, en una Plaza Mayor conver-tida, por unos instantes, en verdadero
ágora
. Acompañan a estas ponencias dosartículos que tematizan los estudios de filosofía; el primero se ocupa de acotar lacircunstancia política y económica en que tienen lugar las actuales reformas de laeducación superior y, por tanto, del lugar que debe ocupar una Facultad de Filoso-fía en tal circunstancia; en el segundo de ellos asistimos a una disquisición quepodríamos denominar algo así como ‘de lo conveniente e inconveniente de los es-tudios académicos de Filosofía para el filosofar’. Continuamos con unasreflexiones sobre la creación y la libertad, ese milagroso resquicio, diríamos, esasuspensión de las leyes de la naturaleza y de la historia (natural), esa posibilidad deinvertir el movimiento del ‘ensordecedor’ núcleo recurrente o ‘matriz’ que se ocul-ta, de un modo u otro, en todos los artículos que conforman la revista, a través deese muy otro ‘primer movimiento’. Terminaremos este número con una reseñaacerca del libro de Vicente Verdú, titulado
El estilo del mundo. La vida en el capi-talismo de ficción
, en el cual se nos ofrecen ciertas claves para entender algunos delos temas comentados, como el de la industria de la prótesis y el maquillaje o elneolenguaje.
 
El eje del mal
El eje del mal
 Jacobo Muñoz Veiga*
No es mi intención dar una charla académica más. Y, encualquier caso, espero que luego haya un coloquio en el queintervengan el mayor número posible de personas, entreotras razones porque creo que en esta facultad sobran mo-nólogos y faltan diálogo y confrontación, que no dejan deser inherentes a la filosofía o incluso constitutivos de ella.Voy a intentar simplemente tomarle un poco elpulso a lo que está pasando, y no entraré en cuestiones queserían muy interesantes, como, por ejemplo la de hasta quépunto podría resultarnos hoy útil el pensamiento filosóficoclásico sobre la guerra y la paz, como el kantiano, del quenos hemos ocupado este año en un seminario al que hanasistido algunos de los presentes, y en el que vimos cómoKant a la velocidad con la que suele superar todas las cosas,incluso las suyas propias, superó el concepto de guerra justaque ha vuelto a salir estos días en los debates sobre si esta-mos ante una guerra justa o injusta, etc. No voy a seguir poreste camino porque entiendo, además, que el concepto ac-tualmente vigente, o la realidad hoy vigente, que es la de laguerra total ha dejado bastante obsoletas las viejas reflexio-nes. De modo que lo que aquí está en juego no es ya si estoes una “guerra justa” o no.No sólo la guerra total, sino que es precisamente elhecho de que hoy estemos en una situación de verdaderaexcepcionalidad, y la correspondiente categoría política, loque podría hoy ayudarnos mejor a entender lo que está ocu-rriendo. Tampoco, pues, las clásicas de pacto, contrato,limitación, autolimitación, etc., que descansaban en una si-tuación geopolítica de balanza de poder diseñada a partir dela Paz de Westfalia, rota en algunas guerras pero recom-puesta finalmente en Yalta y Teherán con loscorrespondientes tratados y que la caída del Muro ya dejótotalmente en ruinas. Hoy no hay balanza de poder porque¿entre quiénes podría haber un equilibrio de poder? Hoy só-lo hay un único poder.Tendríamos, pues, que operar con la categoría deexcepcionalidad, y, también, con la de guerra total. Esto nosllevaría muy lejos, lo dejo simplemente apuntado y señalaréque paradójicamente tendremos que empezar a pensar contratadistas que tuvieron suma importancia como legitimado-res de otro orden excepcional, valga la paradoja, en otromomento histórico; un orden geopolíticamente más limita-do del que hoy recubre la excepcionalidad que es latotalidad del mundo. Me refiero a Carl Schmitt y a la teori-zación de la excepcionalidad a propósito y en el marco delTercer Reich.Es evidente también que nuestro vocabulario polí-tico y moral está quedando anticuado porque, claro, seguirhablando de justicia, de libertad, de paz, etc., cuando pazquiere decir guerra, justicia quiere decir lo que quiere decir
(*) Jacobo Muñoz Veiga es profesor de la Facultad de FilosofíaUCM. Transcripción: Marta García Muñoz.
esa “justicia infinita”, cuando libertad, la “libertad durade-ra”, en nombre de la que se anuncia la liberación de unpueblo al que se invade, etc., unido al doble rasero al quevenimos asistiendo, si algo exige es repensar el vocabulariopolítico y moral o, al menos, por elemental vergüenza, noseguir utilizándolo.Sentado esto, voy a partir de la constatación de unhecho obvio que está en el aire y es la de que el impacienteCésar que hoy gobierna el mundo, y que conste que no es-toy pensando en los grandes césares romanos, como esoscésares al modo de Adriano, capaces de escoger como le-mas de su reinado el
 Humanitas Libertas Dignitas
, etc.,sino más bien en césares tipo Nerón y Calígula, ese Césarque hoy gobierna el mundo, ese impaciente Calígula quehoy dicta al mundo la nueva ley que es la ley del más fuer-te, como estamos viendo, ha decidido por fin dejar de jugaral gato y al ratón con las Naciones Unidas y una vez dividi-dos los europeos ha puesto en marcha una invasión de Irak,que, como resulta evidente y, además, nadie ignora, estabaprogramada, y cuidadosamente programada, hace ya muchotiempo.Así pues el culebrón montado para quebrar las úl-timas resistencias religiosas, morales y jurídicas a estesiniestro proyecto, una resistencia que el César no ha con-seguido quebrar con la rapidez prevista, siendo esto, porotra parte el único aspecto positivo de todo lo que está pa-sando, ha terminado. Y ha terminado como todospensábamos. Pronto iremos viendo a qué manos pasan –unas manos que, evidentemente, serán eso que Raimon lla-maba Las manos limpias que mandan matar, puesto que lasmanos que matan materialmente son las manos sucias que,en algún sentido no dejan de ser inocentes–, el control abso-luto de los recursos petrolíferos de la zona, que es loverdaderamente decisivo en este punto, como todos sabe-mos y muchos callan. Y a qué precio. Pronto veremos, sí, aqué terrible precio. Ya lo estamos viendo, como veremostambién con qué beneficios para los procónsules del César.De beneficios oficialmente se habla poco. Se hablade paz, que es la guerra, se habla de liberación, que es ma-sacre, etc.; alguna vez, de todos modos, se escapa eltérmino beneficios. Recordad la reciente visita del hermanode César en la que de una forma tan ultrajante como mise-rable, señaló con ese guiño obsceno como de banqueros quedebaten cómo se van a repartir el botín (y nunca mejor di-cho) habló, decía, de los sustanciosos beneficios que van ahaber también para España, lo recordáis ¿no? Y no sóloeso, sino que además, y resulta muy difícil recordar algoparecido, la patética señora Ana Palacio se permitió decir,en plena protesta popular, que el impulso, la denuncia mo-ral de los españoles, estaba bajando de tono porque subía labolsa y caía el precio del petróleo. Claro, yo no voy a sacarconclusiones morales de esto, que serían muy obvias. Melimitaré, pues, a preguntarme, como se han preguntado mu-
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