PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓNHace trece años que se empezó a escribir este libro y ocho de su publicación. Duranteeste tiempo hemos andado un buen trecho. En realidad, la reflexión del libro no hizomás que abrirnos una puerta a la investigación de toda
esa vida que quedó prohibida enlos comienzos de nuestra civilización
, y que se nos iba presentando a medida que nosíbamos dando cuenta, de que
todas las artes del exterminio y de la domesticación de lavida están normalizadas y ‘naturalizadas’
, y por lo tanto,
confundidas con los propios procesos de la vida
.Nuestra propia experiencia vital nos empujaba a descifrar la cultura y las relacionessociales en estos términos. Puesto que cada vez ocultan más y más la verdad de lo quepasa, el verdadero origen del sufrimiento y del malestar que el Poder genera; ya nodicen que este mundo es un Valle de Lágrimas y que sólo cabe la resignación; ahora latelevisión y demás nos pintan un mundo maravilloso haciéndonos creer que somosnosotros y nosotras, individualmente, las que estamos ‘mal’ porque «no hemos hecholos deberes», y no hemos aprendido a controlar y a manipular nuestras emocionesconvenientemente, y que por eso sufrimos... Lo llaman ‘alfabetización emocional’,‘crecimiento personal’, ‘inteligencia emocional’, etc., y otros eufemismos con los quequieren disfrazar la
nueva religión del conductismo emocional,
que no es más que otraforma de la vieja resignación cristiana; solo que es peor porque es más mentirosa y nosaleja más de nosotros y de nosotras mismas. Y todo para desviar el malestar producidopor el sistema y evitar que se transforme en la indignación, en la rabia y en la cólerapropiciadoras de la rebeldía.Tanto la experiencia propia y ajena, como las informaciones y hallazgos que nos hanido llegando, han ido perfilando y ampliando algunas de las cosas que queríamos deciren este libro; y queremos dar las gracias a todas y a todos los lectores y amigas que noslas hicieron llegar, con sus impresiones, comentarios, referencias, pistas, etc.Hay algo que ha sido el común denominador en esta comunicación: el acuerdo en quelas verdades que tratamos de empezar a vislumbrar, lo son porque —o en la medida enque— traducen en palabras y de forma plausible, nuestros sentimientos, nuestrasemociones y deseos, y sobre todo porque permiten reconocer y reconciliarnos con esaparte visceral de nuestro ser psicosomático que vive de forma silenciada; esto ha sidoasí en general, y en particular entre las mujeres que hemos empezado a compartir todolo que se ha silenciado y excluido de nuestros cuerpos y de nuestras maternidades; acompartir no en términos teóricos sino en términos emocionales; y eso da mucha paz ytranquilidad.El malestar individual de nuestra cultura es ante todo el malestar de no saber por quénos sentimos mal, un no-saber que nos vuelve impotentes para reaccionar y nos aboca ala resignación, la principal causa de la propia autodestrucción y de la destrucción de lascriaturas de la siguiente generación a nuestro cargo, a quienes transmitimos einculcamos el principio de la impotencia, del miedo, de la represión de los deseos y dela resignación. La ignorancia sobre la vida y sus procesos nos hace automatizar yreproducir la Ley del sufrimiento y del Poder.
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