471 Además, la rápida intervención americana ha vuel-to a dejar a Japón fuera de juego en lo que respecta alcontrol político-militar sobre el petróleo –y no hay que olvidar, por otra parte, que Japón es el primeracreedor norteamericano– es decir, tanto como siSaddam Husein fue impulsado por las circunstanciasa la invasión de Kuwait (caída de los precios, crisisinterna después de la guerra con Irán, maquinaria deguerra disponible y tradicional reivindicación sobre elterritorio de Kuwait), como si todo hubiese sido unespectáculo previamente pactado con los USA (que,sin duda, «dejaron hacer» a Saddam el despliegue tác-tico previo a la invasión), el hecho es que la llamadacrisis del Golfo representa una excelente oportuni-dad para que los EEUU recuperen la hegemonía mun-dial. Tanto militar, como indirectamente económica,al tener bajo ‘manu militari’ un producto estratégico.
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A todo ello, se une además, la crisis estructural de lapropia metrópoli. El elemento motor de la economíanorteamericana ha sido hasta el presente la industriabélica, la sobreexplotación de la fuerza de trabajo y lareducción de las prestaciones sociales; es decir, losrasgos distintivos del reaganismo, Pero la economíade guerra, lejos de resolver las contradicciones las re-produce a un nivel superior, como muy bien ha sidodefinido por Mattick. La concentración en la produc-ción de armamento ha llevado a EEUU a distraer gran-des sumas de capital hacia la «producción de desper-dicios», lo que con los años ha repercutido de formanegativa sobre el propio desarrollo tecnológico de lametrópoli. En este sentido, hay que señalar como untópico la transposición mecánica que asocia el desa-rrollo de la tecnología de guerra con el desarrollo tec-nológico en general. De hecho, Japón, que apenas in- vierte en investigación y desarrollo militar, ya ha to-mado la delantera a los EEUU y Europa en la carreratecnológica y, muy especialmente, en la tecnología delos semiconductores (básica en la producción de chipsy toda suerte de artilugios electrónicos ). El valor es-tratégico de la tecnología de los semiconductores pue-de ser la clave de la hegemonía mundial del Japón decara al año 2000. EEUU, asimismo, se encuentra enuna profunda crisis financiera, una incapacidad mani-fiesta para ordenar la economía mundial a partir deuna hegemonía tecnológica, pero con una maquinariade guerra que, como el ejército tardo romano, adquie-re un carácter cada vez más definidamente mercena-rio. El Golfo, pues, representa una baza fundamentalpara que USA haga valer, en un intento de preservarsu preponderancia mundial, el único recurso real deque dispone: el ejército.El conflicto del Golfo es, en sus orígenes, un pasomás en la permanente marcha hacia el mayor controlque, desde sus más remotos inicios, el capital se veempujado a no detener por mor de sus mismas leyesde mercado. Sin necesidad de acudir a esos remotostiempos, baste con recordar la forma, de qué maneray bajo qué acuerdos y con quien se establecieron unasfronteras, unos países artificiales, unos monarcas-estómagos agradecidos y unos vigilantes permanen-tes. En fin, lo de siempre, pero con una especial habi-lidad pues se trataba de territorios muy suculentosdesde la voracidad productivista occidental, no me-nos importantes cara a la seguridad y estrategia de losmilitares y con unas gentes en ellos habituadas a lasumisión y dispersas en infinidad de ideologías.
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Novecientos millones de seres que extendidos porlos cinco continentes, con elevados contingentes hu-manos en la franja desde la URSS hasta África cen-tral, con elevados índices de natalidad, con una po-blación juvenil que alcanza el 60% y quedemográficamente significan una amenaza para elbando occidental. Amenaza que se convierte en his-terismo cuando se constata el hecho de que en lasprincipales metrópolis de Occidente aumenta, año aaño, la población de raíces islámicas (5% en Francia,1’4% en Gran Bretaña, 3’7% en Alemania, 15% en Yugoslavia, 1% en Canadá, 1’4% en EEUU). Estapenetración humana procedente del mundo islámico,producto excedentario en el mercado de trabajo occi-dental, es recibida en países como España con malosmodos, es sometida a formas de vida infrahumana,discriminada y empujada a la marginación... y eso quenuestro país es el de menor tasa de inmigraciónislámica de Europa.Para el bando occidental, la primera crisis del petró-leo fue el mejor pretexto para levantar un muro decontención en el Estado sionista de Israel, imponerun castigo permanente al pueblo palestino -converti-do en símbolo secuestrado por el capital- y poner cotoa las ambiciones del conjunto del pueblo árabe. Asímismo se patrocinaba un largo período de enriqueci-miento a las compañías petrolíferas, garantes deldesarrollismo fordista de los últimos veinte años.En el plano político-militar, se encarga a la sectamás nazi de Israel la vigilancia ‘in situ’ de los territo-rios, se apoya en caso de inestabilidad entre los árabesa los líderes más moderados y se intenta integrar omantener a raya los brotes de rebeldía que estasinestabilidades producen.En el plano financiero-estratégico, se refuerza elpapel de los gobiernos títeres (Arabia Saudí,Emiratos...), se incluyen como socios a los jeques quefacilitan el negocio (Kuwait versus KIO) y se vendenarmas a unos y a otros aprovechando la necesidad delos gobiernos árabes de erigirse en líderes del movi-miento de reislamización iniciado en Irán.Por el lado árabe, la derrota del 67 y la posteriorimposición del gendarme sionista en los territoriospalestinos, significó el fin de los sueños nacionalistasprovinentes de la revuelta argelina y la nasserizaciónegipcia. Posteriormente el posicionamiento de cier-
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