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unca tuvo Bertold Brecht tanta razón como hoy al afirmar, hace más de 70 años, que noes comparable el atraco a un banco al robo que representa el establecimiento de un nuevobanco. En efecto, estas últimas semanas hemos visto cómo los banqueros de Wall Street salían de sus bancos con el capital acumulado en años, bien guarecido, y cómo el Estadonorteamericano pagaba con dinero público el desfalco originado. “El mayor robo de la historia” titulaba en primera página la prensa estadounidense. Esta misma prensa, queriendo ir más allá y ver qué representa este descalabro financiero para el sistema capitalista en vigor, y poder aquilatar la magnitud de la crisis, titulaba “Diez días que cambiaron el capitalismo”,subrayando con esto la flagrante contradicción entre la práctica ultraliberal de los gobiernos de EEUU y su ultraintervencionismo actual que le lleva a rescatar bancos y aseguradoras y a inyectar 700.000 millones de dólares a las empresas de Wall Street.Así,“capitalismo” y “Estado”, palabras que habían desaparecido de la jerga intelectual y periodística vuelven: el mercado no lo explica todo; el Estado interviene a  favor de la economía capitalista. La economía es capitalista. Nuestra sociedad es capitalista. A partir de aquí podremos comprender mejor el ruido mediático de estos días sobre la crisis financiera, crisis que, no es debida al robo de unos cuantos (que lo hay) sinoa un sistema de producción de mercancías basado en el transvase de trabajo en plusvalía; así de una relación económica pasamos a una relación social de explotación. Esta es la relación social que el capital introduce y que se origina en el modo de producir y no en el robo, o en una mala distribución, o en un mal funcionamiento. El capital es siempre especulativo, el máximo beneficio es la misma lógica de la acumulación. Un sistema económico que favorece desde la comodidad de los “parquets” y “bureaus” y con una  pequeña inversión la extracción de enormes dividendos de la hambruna y penuria mundial; un sistema apalancado entre la necesidad y su privación, que reduplica la Deuda para alimentar a la usura.Las dificultades propias del capitalismo, sobreproducción, caída de la tasa de beneficio, provocan la liberalización y desregulación del mercado de capitales en los años 80
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1. Cambios a cuya comprensión y análisis hemos dedicado muchas de las páginas de larevisa. Ver, más en concreto, ‘Etcétera’ nº 18, junio 1991: “Fordismo disperso y nuevaorganización del trabajo: ¿Hacia un nuevo tipo de luchas?” ‘Etcétera’ nº 1 enero, 1984: “Elestadio actual del desarrollo capitalista y las nuevas tecnologías”. ‘Etcétera’ nº 5 febrero1985: “Tecnología y sociedad”.
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