gestión del conocimiento compartido que se realiza en Internet. Encualquier caso, la audiencia puede estar ahora mucho mejor informada, siasí lo desea. En muchas ocasiones las redes políticas únicamente recibenfeedback entre los propios militantes. Por ejemplo, el afiliado que sigue en Twitter a Rajoy, seguirá también a su asesor, y además de retwittearles,producirá información positiva en el mismo sentido. El reto consiste en salirmás allá de ese círculo de confianza. Llevan desde 2006 intentándolo ytodavía el porcentaje de éxito es muy escaso.
3)Los políticos tienen miedo a las redes sociales. Muy pocossaben gestionarlas. La red no está hecha a la medida de lospolíticos oportunistas.
Para los políticos las redes sociales suponen en primer lugar, un ahorro enlos costes publicitarios. Es necesario que tanto políticos como asesores seancapaces de fijar unos objetivos claros que justifiquen la presencia en lasredes, para que más tarde puedan segmentar su público y utilizar enconsecuencia las herramientas disponibles. No vale con justificarse en lapresencia del adversario. Como uno de los ponentes apuntó, la estrategia seresumiría en las 3P: propósito, política y participación. José AntonioRodríguez Salas, alcalde de Jun y Patxi López fueron dos de los modelosmarcados. También se compararon las cuentas de Esperanza Aguirre yRubalcaba, basando el éxito de la primera en la cercanía de sus mensajes,que “parecen escritos por ella”.
4)Si la democracia es un diálogo, la política tiene que serconcebida como conversación. La política 2.0 no sirve paraganar votos, sino para hacer entender que los partidosescuchan y que les importa lo que los ciudadanos comentan.
La palabra que define la comunicación política es la conversación. Internetha supuesto una vuelta a la raíz auténtica de la democracia. Estas durasdeclaraciones han sido, aunque parezca mentira pronunciadas por losmismos asesores. Sabiendo por tanto, que la apariencia es lo único queparece importar, como siempre y tal y como sucede en la vida real, elempeño de los usuarios por retomar el origen de la democracia deberealizarse con más intensidad. Será una lucha entre millones de usuarios ycientos de expertos, en la que no por ello se tenga que olvidar la base deuna conversación, de cualquier diálogo: el respeto. La educación, el respetode las opiniones diferentes y el derecho a expresarlas tendrán que ser elinicio de cualquier debate. Los trolls y demás personajes cibernéticos serán,al no ser tenidos en cuenta, un ruido de fondo incomprensible y lejano, nadarepresentativo del comportamiento deseado por la mayoría.
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