4.La estructura inquisitorial
Los demonólogos elaboraron un discurso muy bienarmado para liberar a su poder punitivo de todo lími-te, en función de una
emergencia
desatada por Satán ysus muchachos en combinación con las chicas terre-nas. Por cierto que si alguien sostuviese hoy esta tesissería irremisiblemente psiquiatrizado. Pero no pode-mos quedarnos en la anécdota, porque, aunque parez-ca mentira, la estructura demonológica se mantienehasta el presente. Los discursos tienen una estructuray un contenido. Se trata de algo parecido a un progra-ma de computación, supongamos que para alimentar-lo con los libros de una biblioteca. Podemos cargar elprograma con libros esotéricos y tendremos una bi- blioteca de esa naturaleza, pero también podemos va-ciar su contenido y recargarlo con otros libros y ten-dremos bibliotecas de medicina, física, química, his-toria, o lo que sea. Pues bien: lo que permanece deldiscurso inquisitorial o demonológico no es el conte-nido, sino justamente el programa, la estructura.A lo largo de los siglos se vació y se volvió a ali-mentar el mismo programa con otras informaciones,con datos de
nuevas emergencias
, creíbles según pautasculturales de cada momento: se dejó de creer en Sa-tán y sus chicas, pero se creyeron otras cosas que hoytampoco son creíbles, aunque se sigue alimentando elprograma con datos que hoy son creíbles y mañanaserán tan increíbles como Satán, sus legiones de dia- blos y sus muchachas.Desde la inquisición hasta hoy se sucedieron losdiscursos con idéntica estructura: se alega una
emer- gencia
, como una amenaza extraordinaria que pone enriesgo a la humanidad, a casi toda la humanidad, a lanación, al mundo occidental, etc., y el miedo a laemergencia se usa para eliminar cualquier obstáculoal poder punitivo que se presenta como la única solu-ción para neutralizarlo. Todo el que quiera oponerseu objetar ese poder es también un enemigo, un cóm-plice o un idiota útil. Por ende, se vende como nece-saria no sólo la eliminación de la amenaza sino tam- bién la de todos los que objetan u obstaculizan al po-der punitivo en su pretendida tarea salvadora.Por supuesto que el poder punitivo no se dedica aeliminar el peligro de la
emergencia
, sino a verticalizarmás el poder social; la emergencia es sólo el elementodiscursivo legitimante de su desenfreno.Esto se verifica a lo largo de unos ochocientos añosde sucesivas
emergencias
, algunas de las cuales impli-caban cierto peligro real, pero nunca el poder puniti-vo eliminó ninguno de esos peligros. Satán está unpoco cabizbajo, con su tridente despuntado y su colaquebrada; el alcoholismo sigue haciendo estragos; lasdrogas se expanden cada día más; la sífilis se resolviócon la penicilina; la tuberculosis con la estreptomici-na; el bloque soviético implosionó; los herejes hicie-ron sus iglesias nacionales; la degeneración de la es-pecie y el peligro de las
razas inferiores
pasó a ser unagran mentira; las brujas siguen cocinando sus puche-ros raros y como máximo crean algún problema bro-matológico. Los peligros se inventaron o bien cuan-do eran reales desaparecieron por otros medios o per-manecen y hasta se amplían, pero, a lo largo deochocientos años, jamás el poder punitivo eliminóun riesgo real.En mi barrio dirían que el discurso inquisitorialsiempre fue y sigue siendo un modo de
enroscarle lavíbora a la gilada
. Más académicamente diríamos quees un inmenso engaño, una tremenda estafa y que elpoder punitivo, al proyectarse en la opinión de laspersonas como el remedio para todo, no es más queel máximo delito de
propaganda desleal
de nuestra ci-vilización.Se trata del instrumento discursivo que proporcionala base para crear un estado de paranoia colectiva quesirve para que quien opera el poder punitivo lo ejerzasin ningún límite y contra quienes le molestan.Pero por desgracia, cuando aparece un discurso conestructura inquisitorial y nadie detiene su instala-ción, la consecuencia última es una masacre. Así su-cedió con las mujeres quemadas, con las víctimas delas mafias y de la corrupción producidas por la prohi- bición del alcohol y de las drogas; con los enemigosdel occidente cristiano masacrados por la seguridadnacional o por el franquismo; con los enfermos y dis-capacitados esterilizados o asesinados por la
eugenesia
; con la eliminación en los campos de con-centración nazis, y con muchos millones de personas,pero ya me estoy metiendo con
la palabra de los muer-tos
, que es cuestión que dejo para más adelante.Veamos ahora cómo losdemonólogos instalaronesta estructura discursivaoriginaria que permaneceinconmovible hasta elpresente. Por cierto queestos pioneros fueron mu-chos y escribieron unacantidad de libros muy so-fisticados. La criminologíano registra los nombresde sus fundadores, porquelos niega, como a esos an-tepasados bucaneros,contrabandistas o escla-vistas a quien todos ocul-tan y nadie reconoce. No vale la pena resca-tar a todos ellos, porquede cualquier modo nocreo que ningún institutode criminología de nues-tros días quiera ostentaralguno de esos nombres.Para quien se interese enel tema, vale la pena decir-les que hay alguna antolo-gía bien hecha. Para nues-tros efectos es mejor cen-trarnos en la obra tardía pe-ro sintética que consagra laautonomía de la criminolo-gía respecto del derecho pe-nal, exponiendo por vez pri-mera en forma orgánica unacompleta teoría sobre
el ori- gen del crimen
, o sea, una ex-posición de la llamada
etiolo- gía criminal
. Se trata del
Ma-lleus maleficarum o Martillo delas brujas
de 1484.A este respecto –y entreparéntesis– es bueno recordarque la inquisición romana tuvo su esplendor en lostiempos feudales, pero cuando los estados nacionalesse organizaron como fuertes monarquías, éstas recla-maron para sí sus poderes punitivos y se los fueronquitando al Papa, de modo que la tarea de quemarmujeres pasó a ser desempeñada por jueces estatalesdependientes de los monarcas y príncipes, algunos delos cuales no menguaron en su entusiasmo por lacombustión. Se siguieron quemando mujeres hasta elsiglo XVIII, pero por los estados, en tanto el Papa yano se ocupaba de las mujeres sino de los luteranos yreformados. Desde el siglo XV, o sea, con la llamada
contrarreforma
, la inquisición romana se dedicaba aestos últimos y no ponía ningún énfasis en las muje-res.De cualquier manera, los jueces estatales de Euro-pa central siguieron usando como manual el
Martillode las brujas
, que se hallaba en la guía oficial de losquemadores de mujeres desde que el 5 de septiembrede 1494 el tenebroso Inocencio VIII lo había consa-grado como tal mediante la bula
Summis desiderantesaffectibus
.El
Martillo
fue escrito por dos inquisidores muy par-ticulares: el alsaciano Heinrich Krämer y el suizo ale-mán Jakob Sprenger. Este último era un sujeto de vi-da monacal que tenía apariciones y fama de beato,pero Krämer –también conocido como
Institoris
(queen latín significa
tendero
, lo mismo que
Krämer
enalemán) era algo más problemático, pues el obispo losuspendió en sus funciones porque en su afán incen-diario le estaba dejando la diócesis sin mujeres y, ade-más, según las malas lenguas se había quedado con al-gún vuelto de indulgencias. Se discute, pero tambiénparece que falsificó la recomendación del manualitopor parte de la Universidad de Colonia, para darlemayor sustento académico.Lo cierto es que estos dos personajes produjeron es-ta obra singular, que fue un
best seller
durante dos-cientos años, tiempo en el cual fue el libro más im-preso después de la Biblia. Como dato curioso deboadvertir que, si alguien quiere leerlo en castellano oportugués, debe buscarlo hoy en las secciones de li- bros esotéricos de las librerías.Su lectura es a veces aburrida, pero no tiene des-perdicio, al margen de que no podemos dejar de pen-sar que se trata de dos delirantes con fijaciones se-xuales insólitas. La verdad es que para tener una ideacompleta del universo cultural de la edad media nose puede prescindir de Dante, por supuesto, perotampoco del
Malleus maleficarum
. Una misma épocaprodujo un poeta sublime como Alighieri y dos deli-rantes alucinados como Sprenger y Krämer. Tal vezhoy pase lo mismo.El delirio está muy bien sistematizado y es la pri-mera vez en la historia que se construyó una obra queintegró en un sistema armónico la criminología (ori-gen del mal) con el derecho penal (manifestacionesdel mal), con el procesal penal (cómo se investiga elmal) y con la criminalística (datos para descubrirloen la práctica). La elaboración es, por ende, bastantesofisticada.Como el contenido con que rellenaron la estructuraque fundaban es para nosotros tan disparatado, tienela ventaja de que en razón de esa tremenda distanciatemporal y cultural, nos permite ver con mayor clari-dad los principales núcleos estructurales que perma-necen hasta la actualidad desde el origen mismo de lacriminología. Por eso, repasarlos no es un mero
diver-timento
, sino una constatación de su permanencia através de los siglos. Paso a señalar veinte de estos nú-cleos, aunque advierto que hay más, con los que noquiero aburrirlos.1. El crimen que provoca la emergencia es el másgrave de todos. Como vimos, los inquisidores sostení-an que era más grave que el pecado original. Siguie-ron otros en el tiempo: subversión, terrorismo, uso detóxicos, etc. La gravedad del crimen se exalta al má-ximo porque de ella depende el grado de peligro de laemergencia y del correspondiente poder del represor.2. La emergencia sólo puede combatirse medianteuna
guerra
, o sea que el lenguaje no puede menos queser
bélico
. Los autores pretenden saber cómo estabanorganizadas las huestes de Satán, suponemos que por-que habían logrado infiltrar algún agente encubiertoen el infierno. Bush y Obama siempre dijeron lo mis-mo, y sin lugar a dudas el primero usó el mismo pro-cedimiento para descubrir las armas químicas en Irak,que luego Satán hizo desaparecer.3. Su frecuencia es alarmante, decían que Alemaniaestaba llena de brujas, más que cualquier otro país. Eslo mismo que nos dicen por televisión todos los días ytodas las horas: en nuestro país hay más crímenes queen cualquier otro (
nuestro país
puede ser cualquiera enque haya un televisor).4. El peor criminal es quien duda de la emergencia.Cuando alguien pide números y duda de la gravedad yfrecuencia corre seriosriesgos, porque se erige en
enemigo
, no de la sociedadni de la humanidad, sinodel que ejerce el poder pu-nitivo. Aunque hoy quedamal que lo quemen comopostulaban Sprenger yKrämer, no dudo de quemuchos lamentan que lostiempos cambiaran.5. Debe neutralizarsecualquier fuente de auto-ridad que diga lo contra-rio. En tiempos de los in-quisidores había un ca-non, es decir, una leymuy antigua, el
Canonepiscopi
, que se refería auna secta de mujeres (las
hijas de Diana
) que habíaexistido muchos añosantes y no les atribuíaningún poder maléfico ynegaba que pudieran vo-lar. Es claro que un ve-nerable texto de estanaturaleza es un obstá-culo para el discurso,como lo puede seruna verificacióncientífica o fun-dada con serie-dad.Cuando se produ-ce este fenómenohay tres solucionesdiscursivas: la fuen-te es falsa (porejemplo: no se reca-lienta el planeta, loscientíficos que dicenlo contrario no sabennada o falsean la realidad), es verdadera pero se re-fiere a otra cosa (las hijas de Diana no eran como las brujas alemanas; los ladrones de antes eran buenos ycaballerescos, no como los de ahora; los anarquistasno eran como los subversivos, etc.) o se la interpretamal (el
Canon
no dice exactamente eso, lo que lostécnicos dicen es otra cosa, hay que hacer distincio-nes, etc.).Para Sprenger y Krämer las brujas volaban en serio,y si no hubiesen volado y sólo se ilusionaban, igualhabía que fritarlas porque pactaban con Satán y listo.6. La valoración de los hechos se invierte por com-pleto. Es lo que muchos años después Merton llamaráalquimia moral. Si la bruja no confesaba pese a la brutal tortura, era porque Satán le daba fuerzas; sidesesperada se ahorcaba era porque Satán se la habíallevado para que no confesara y se salvara en el másallá (porque aunque confesase la mataban igual). Sienloquecía con la tortura y reía era porque Satán se burlaba de los inquisidores. Nada cambia: si los pre-sos estudian es para delinquir mejor, si se arrepientenson simuladores, si se matan es porque son crimina-les, si alguien pide una tregua está simulando paracontraatacar.7. El delirio sirve de coartada para encubrir muchosdelitos. Si un cura estaba observando el pene de unconfesante, era porque trataba de convencerlo de queno lo había perdido por obra de un encantamiento; siotro aparece desnudo dentro de un silo, contará queSatán lo llevó a un banquete y como no quiso jurarlefidelidad lo arrojó allí; si un santón es encontrado de- bajo de la cama de una mujer, será porque Satán seapoderó de su cuerpo para esconderse. Cuando un in-vestigador es sorprendido en curva, hasta hoy sueledecir que se estaba infiltrando; el terrorismo tambiénes útil para eliminar a los maridos molestos de lasamantes, etc.8. Las imágenes rectoras son inmaculadas: esto lollevaban al extremo de sostener que los ángeles y Je-sús no completaban el proceso alimenticio, o sea, queno defecaban, sino que disolvían el alimento en el es-tómago. La pureza de los líderes en toda emergenciaes algo que se cuida con singular esmero, en especialsu corrección sexual. Para los inquisidores los diablosni siquiera tenían orgasmos (porque al final tambiéneran ángeles), o sea, que copulaban con las brujas só-lo para hacer el mal; eran una suerte de sadomaso-quistas inorgásmicos.9. Los enemigos son inferiores. La misoginia del
Malleus
es extrema: la mujer es inferior biológica y ge-néticamente, lo que verificaban con nutridas citas enque mezclaban indistintamente a paganos y padres dela Iglesia. Casi todas las emergencias son promovidaspor inferiores en la historia posterior: mestizos, mula-tos, razas colonizadas o degeneradas, defectuosos, dis-capacitados, enfermos, degenerados, etc. Como nopodían eliminar a todas las mujeres, se contentan conquemar sólo a las díscolas.10. La inferioridad puede extenderse: las hijas de las brujas tenían
predisposición a la brujería
. Esto puede pa-sar por razones genéticas, pues los diablos sabían aquién sacarle el semen y dónde ponerlo para producireste efecto; sería lo contrario a la
eugenesia
y se llamaría
disgenesia
, aunque como para los diablos era bueno setrataría de una
eugenesia diabólica
. Pero no nos embro-llemos más. También podía haber transmisión por ca-racteres adquiridos a partir de la brujería de la madre.Los hijos del
aquelarre
no eran hijos de diablos, por-que éstos son ángeles y no tienen semen, sólo adop-tan forma humana, pero en realidad son de aire con-centrado, como una suerte de muñecos inflables de
sex-shop
, aunque saben de ingeniería genética.Aquí los inquisidores, con siglos de anticipación,combinan a Darwin con Lamarck, igual que en emer-gencias posteriores: hay que matarlo si es inferior gené-ticamente, como hacían los nazis; hay que criarlo conuna familia sana si la inferioridad proviene de la educa-ción, como hicieron Franco o nuestros dictadores.11. Las víctimas no deben colocarse en situación devulnerabilidad, porque los vicios favorecen la acciónde Satán. Quienes tienen amantes antes de casarseprovocan que éstas cuando se sientan despechadashagan sortilegios para matar a sus mujeres. Es necesa-rio vivir
en orden
para cuidarse del enemigo; todo des-orden puede ser aprovechado por éste. El que ejerceel poder punitivo quiere moralizar, en verdad para fa-cilitarle la tarea.12. Es una regla inveterada que el poder punitivodescontrolado quiere un mundo regular y gris, aburri-do, que pueda controlar sin problemas: todo lo quesalga de lo usual es sospechoso. La alegría conspiracontra el control y baja el nivel de paranoia, porque
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JUEVES 9 DE JUNIO DE 2011JUEVES 9 DE JUNIO DE 2011
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