árboles, en los caminos, observando la construcción de las nubes, en el taller,observando el modelo. En todas partes excepto en las escuelas”.Si a mí me preguntaran cómo he llegado a mi visón personal del turismo, respondería:observando a los empresarios, inquiriendo a los consumidores, espiando a losvendedores, en definitiva, estudiando la conducta diaria de los agentes que intervienenen el mercado. En todas partes menos en la Universidad.Los referentes elegidos para exponer mi visión personal o autopsia del turismo sonambiciosos, exigentes y puede que desproporcionados. Por ello musitaré conrecogimiento y devoción la bella oración de Charles Baudelaire: “Dios mío,concédeme la gracia de producir algunos versos buenos, que a mí mismo me pruebenque no soy inferior a los que no aprecio”, una vez deflactada de indeseablesconnotaciones personales porque no debemos despreciar
versificadores
: solo
versos.
He escrito una obra que seguramente no alcanza el acabado que soñaba darle. Comomucho, es un modesto ensayo, admito que de longitud excesiva, lo mismo que sucontenido. Una obra indiscutidamente imperfecta, sin precedentes en su campo,deliberadamente arriesgada y provocadora. Una obra que busca el debate y ladiscusión. Nunca el asentimiento gratuito. No he contado con ayudas personales para recopilar el material para mi investigación.Algunas ideas de esta obra han sido ya publicadas en trabajos anteriores.Hasta la fecha, mi planteamiento del turismo no ha merecido la atención de losllamados expertos científicos en turismo. Ellos sabrán por qué.Me gustaría pensar que ahora sí la alcanzará, aunque a fuer de realista no debieraesperarlo.Al publicar mi pensamiento de modo sistemático y exhaustivo me veo como elnáufrago que introduce su mensaje en una botella, la cierra y la lanza al mar. Acariciola idea de que, más tarde que pronto, habrá alguien que la abra, lea su contenido y, alcriticarlo, opte por mejorarlo si es que, decepcionado, no la tira de nuevo al mar. 3
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