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 VIRGINIA WOOLF
El viejo Bloomsburyy otros ensayos
Selección, traducción y prólogo de
 
Federico Patán
 
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICOM
ÉXICO
, 1999
Primera edición: 1999
 
DR©1999. Universidad Nacional Autónoma de México Ciudad Universitaria, 04510 México, D.F.COORDINACIÓN DE HUMANIDADESPrograma EditorialImpreso y hecho en México
ISBN: 968-36-6954-9
 
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PRÓLOGO
 
En el amplio mundo de la literatura se dan imágenes establecidas por la costumbre. Así, en cuantose escucha el nombre de Virginia Woolf la asociación inmediata es con la narrativa. No hay por quéextrañarse, dado que Virginia Woolf cuenta entre los grandes modificadores de la novela y el cuento.Pertenece a un grupo de escritores - Chéjov, Joyce, Kafka, Lawrence, Proust y varios más- que, alsentir la estrechez impuesta por la literatura del siglo XIX, se rebeló, consistiendo su rebelión en labusca de nuevos conceptos narrativos. Escuchemos a la propia Virginia Woolf hablarnos al respecto:"De aquí derivo lo que llamaré una filosofía; en todo caso, una idea constante que tengo: que tras lamadeja de lana se esconde un patrón, que nosotros —quiero decir todos los seres humanos— estamosconectados con esto, que el mundo todo es una obra de arte, que somos partes de esa obra de arte". Ennovelas y cuentos fue expresando su idea de tal patrón, de tal comunidad.
 
Pero la cita anterior proviene de un ensayo. Porque Virginia Woolf escribió ensayas y se la hareconocido como una practicante de mucho mérito. He aquí la opinión del novelista John Buchan(1875-1940): "V. W. es el mejor crítico que hemos tenido desde M. Arnold, y es más sabia y más justa..." Por si no bastara,
 
el excelente E. M. Forster (1879-1970) aseguró: "Los dos volúmenes de
Ellector común
muestran la amplitud de sus conocimientos y la profundidad de sus afinidadesliterarias..." En realidad, no hay escritor sobresaliente que no haya incursionado en el campo delensayo, y sírvanos de ejemplo Borges, Cortázar, Guzmán, el propio Forster. Se diría que el ensayo esun complemento indispensable para muchos narradores, que en ese género pueden expresar opiniones,ideas, visiones que les es difícil incluir en la narrativa.
 
Ahora bien, a Virginia Woolf la casta de ensayista le venía por herencia. Era hija de sir LeslieStephen (1832-1892), uno de los biógrafos y ensayistas más destacados del siglo XIX. Nacida el 25 deenero de 1882 en Londres, Inglaterra, se le puso el nombre de Adeline Virginia Stephen, siendo Woolf apellido que adoptara al casarse con Leonard Woolf. Fue educada en casa por su padre, dueño de unaespléndida biblioteca. Los amigos de éste, intelectuales la mayoría, le completaron aquella educaciónen las reuniones frecuentes que se daban en casa de Leslie Stephen, donde se examinaban temasdiversos desde posiciones no pocas veces encontradas. Confiesa la propia escritora que fue aquél unestímulo impagable para su crecimiento intelectual.
 
¿Nos extrañará que su primer texto publicado fuera una reseña? Apareció en forma anónima en elperiódico
Guardian,
en 1905. A partir de allí, su producción ensayística fue impresionante, no pocode ella originado en peticiones de la prensa. No olvidemos que desde ese 1905 y hasta poco antes desu muerte, ocurrida el 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf fue colaboradora fija del
Times LiterarySupplement,
sin que ello le impidiera aparecer en
The Yale Tribune, The New York Herald Tribune
y
 Lysistrata,
por sólo mencionar algunas de las publicaciones en que trabajó. En vida reunió parte deese material en diversos libros, entre los que es pertinente mencionar las dos series de
El lector común
(1925 y 1932),
 Habitación propia
(1929),
Flush
(1933),
Tres guineas
(1938)
 y Roger Fry: unabiografía
(1940). A partir de su muerte hubo una exploración de la obra que había dejado inédita, enel sentido de no estar incluida en libro, y se encontró que el material era de una abundanciaabrumadora. Tal exploración se vio complicada porque muchos artículos habían aparecido en formaanónima y otros con el nombre de soltera: Virginia Stephen. Primero el marido y más tarde las
 
albaceas literarias fueron dando a conocer este material, siendo consecuencia del proceso que la obrapóstuma amenaza con superar en número a la publicada en vida de la autora. A la fecha se han dado aconocer
 La muerte de la polilla
(1942),
El
momento
(1947),
 Diario de una escritora
(1954),
Granito y arcoiris
(1958),
 Momentos del ser 
(1976), cinco vo
lúmenes de diarios y seis de cartas.
 
Se comprenderá que preparar una antología de los ensayos dejados por Virginia Woolf no es tareaque digamos sencilla. Dos de los criterios posibles de aplicar serían el de la buena calidad y el de lostemas que mejor representen las posiciones de la autora. Nada impide combinarlos. Y si atendemos ala propia Virginia Woolf, parte de los méritos atribuibles a un ensayo
 
son "ese libre relampagueo de laimaginación, esa destellante fractura de genialidad en medio de ellos [los ensayos] que los dejadefectuosos e imperfectos, pero iluminados de poesía". Así pues, no la tersura fría del pensamientoacadémico, sino el compromiso de expresar ideas mediante la imaginación, lo cual no significa dejarlea ésta las riendas conductoras. Significa aprovechar el ensayo para trazar un retrato intelectual de sí mismo. O en palabras de la autora, “me prometí que diría lo que pensara, y lo diría a mi modo”. En talsentido, no es un desacato emparentarla con el padre del ensayo, Michel de Montaigne. Si pensamos
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