Librodot Discurso sobre economía política Jean-Jacques Rousseau
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Por varias razones derivadas de la naturaleza de las cosas, el padre debe mandar en lafamilia. 1) No ha de ser igual la autoridad del padre y la de la madre, pero es necesario que elgobierno sea único y queen caso de división de opiniones haya una voz preponderante que decida. 2) Por muyligeras que consideremos las incomodidades propias de la mujer, el que siempre conllevenpara ella un intervalo de inactividad es razón suficiente para excluirla de aquella primacía,pues cuando la balanza está perfectamente igualada basta una paja para que se incline. Almarido le debe corresponder además la inspección de la conducta de su mujer, pues leinteresa asegurarse que los hijos, a los cuales debe reconocer y alimentar, no pertenezcan aotro sino a él. La mujer, que no tiene nada parecido que temer, no tiene el mismo derecho queel marido. 3) Los hijos deben obedecer al padre, en principio por necesidad y además porreconocimiento; tras haber recibido de él la satisfacción de todas sus necesidades durante lamitad de su vida, deben consagrar la otra mitad a subvenir a las de aquél. 4) En cuanto a losdomésticos, éstos están obligados a prestar servicio al padre a cambio de la manutención queéste les proporciona, salvo sí rompen el trato cuando ya no les conviene. No diré nada acercade la esclavitud, pues es contraria a la naturaleza y ningún derecho puede autorizarla.Nada de todo lo anterior existe en la sociedad política, la cual, lejos de tener un interésnatural en la felicidad de los particulares, busca con frecuencia el suyo propio en la miseriade éstos. Cuando la magistratura es hereditaria, es a menudo un niño quien manda sobre loshombres; cuando es electiva, las elecciones presentan mil inconvenientes, y tanto en unocomo en otro caso desaparecen las ventajas de lapatemidad. Si tenéis un solo jefe, estaréisbajo el arbitrio de un amo que carece de razones para amaros; si tenéis varios, deberéissoportar al tiempo su tiranía y sus divisiones. En una palabra, son inevitables los abusos yfunestas sus consecuencias en toda sociedad en la que el interés público y las leyes carecenpor completo de fuerza natural y son continuamente atacadas por el interés personal y laspasiones del jefe y demás miembros.Aunque las funciones del padre de familia y del primer magistrado deben tender al mismofin, lo hacen por caminos bien distintos; su deber y sus derechos están hasta tal puntodiferenciados que no es posible confundirlos sin formarse falsas ideas acerca de las leyes fun-damentales de la sociedad y sin caer en errores fatales para el género humano. En efecto, si lavoz de la naturaleza es el mejor consejo que pueda escuchar el padre para cumplir bien susdeberes, para el magistrado es sólo un falso guía que trata sin cesar de separarlo de sus obli-gaciones y que tarde o temprano lo arrastra a la perdición y a la del Estado si una sublimevirtud no lo retiene.
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La única virtud que el padre de familia necesita, consiste en guardarsede la depravación e impedir que se corrompan sus inclinaciones naturales; por el contrarioson éstas quienes pueden corromper al magistrado. Mientras al primero, para obrar bien, lebasta con consultar a su corazón, el segundo se convierte en un traidor cuando hace caso alsuyo, por lo que deberá sospechar de su propia razón sin atenerse a más regla que la razónpublica, es decir, la ley. La naturaleza ha creado multitud de buenos padres de familia, peroes dudoso que desde que el mundo existe, la sabiduría humana haya podido formar a diezhombres capaces de gobernara sus semejantes.De todo lo que acabo de exponer se sigue que hay razón en distinguir la economía públicade la economía particular, y asimismo que, como el Estado no tiene nada en común con lafamilia, a no ser la obligación común para sus jefes de procurar felicidad, no convienen aambos las mismas reglas de conducta. He creído que estas pocas líneas bastarían para echarpor tierra el odioso sistema que el caballero Filmer ha intentado establecer en una obra
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La voz de la naturaleza tiende al interés personal o familiar (es por esto que el gobernante civil no debeoírla, y debe guiarse por la razón).
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