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DESPUES DE LA MUERTE
Angel Valdez Giménez
A los ateos, incrédulos, paganos, viciosos y
a todos aquellosque van camino de perderse eternamente, para que la VirgenSantísima les haga ver la luz, se conviertan y se salven.
 
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PRÓLOGO
Actualmente se habla poco de los Novísimos: Muerte, Juicio, Infierno,Purgatorio, Limbo, Paraíso, resurrección de los muertos y Juicio Universal. Y sinembargo no hay nada más importante en la vida del hombre y la mujer que estos temas.La finalidad del hombre y la mujer en este mundo no es únicamente la de labrarse unporvenir, acabar una carrera, buscarse un empleo, comprarse un piso, buscar consorte,casarse, tener hijos, coche, etc. Todo eso es necesario, pero secundario: la finalidadfundamentalísima del hombre y la mujer en esta vida es la que antiguamente se decía enel Catecismo: "Servir a Dios en la tierra y gozar después en el Cielo", es decir, buscar lasalvación eterna de nuestra alma. Quien muere famoso, supermillonario, agasajado detodos, pero se condena es un desgraciado para toda la eternidad y ha fracasado en lavida; por el contrario, supongamos un pobre hombre, que muere olvidado de todos bajoun puente, pero logra salvar su alma: ese hombre ha triunfado en la vida y será felizpara toda la eternidad.
Como Jesús, Dios hecho Hombre, nos dice en el Evangelio (Marcos 8, 35): "¿Dequé le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? ¿De qué le servirá a alguienhaber gozado, triunfado, ser famoso en esta vida si luego va a ser un desgraciado en elInfierno? Algunos descreídos dicen: "Yo, a vivir que son cuatro días y luego que me quitenlo bailao"... ¿Desgraciado! ¡Te quitarán lo bailado y cuando estés sufriendo entre lossufrimientos horrorosos del Infierno, por culpa de tus vicios, de tu impiedad, de tu falta dearrepentimiento a la hora de la muerte, ya no te acordarás para nada de lo bien que lopasaste en esta vida: te acordarás de lo mal que lo estarás pasando en aquellos momentos, ypara siempre, siempre, siempre, para toda la eternidad...Conviene no olvidar para qué hemos nacido, para qué vivimos, para qué trabajamos:para salvar nuestra alma: no hay otro negocio más importante que éste, todo lo demás, comohemos mencionado antes, es sólo accesorio, secundario. Ahora, aún estamos a tiempo desalvarnos, de ser felices para toda la eternidad: después de la muerte, ya no habrá másoportunidades...
 
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LA MUERTE
La muerte no entraba en los planes de Dios. Cuando Nuestro Señor puso a Adán yEva en el Paraíso, los creó inmortales. Sólo el pecado original condujo al hombre a lamuerte, a la corrupción. Pero la muerte es algo transitorio, no es estable, al final, será laresurrección de los muertos y la inmortalidad, no sólo del alma sino también del cuerpo;pero será una resurrección, una inmortalidad, para bien o para mal, según las buenas omalas obras que el hombre, o la mujer, hayan realizado en el período de tiempo que Dios ledio de vida para inclinarse hacia Dios o hacia el mal y el diablo.En las actuales circunstancias de prueba, la vida es un tiempo, más largo para unosque para otros en el que hemos de demostrar si somos de Dios o del diablo, la muerte es laúltima oportunidad que tenemos, de salvarnos o condenarnos. De ahí que el diablo hagatodos los esfuerzos posibles en los momentos de la agonía, del paso de ésta a la otra vida,para conseguir que el alma se condene, porque una vez muerto el cuerpo el alma ya está enel sitio inmutable que la persona misma durante su paso por esta vida con sus actos, buenoso malos, voluntariamente haya escogido: Infierno o Paraíso.Por eso toda nuestra vida debe ser una preparación a la muerte, al juicio que hay trasla muerte, al último momento en el que podremos salvar nuestras almas y ser felices paratoda la eternidad, o, por el contrario, ser desgraciados en un Infierno eterno entresufrimientos, fuego, horrores y desesperación eterna, para siempre, siempre, siempre.Muchos olvidan el momento tan trascendental que supone la muerte para el alma yla dicha eterna, y así cuidan corporalmente, físicamente, a sus enfermos agonizantes contodos los requisitos habidos y por haber, pero, desgraciadamente, en el plano espiritual, lamayoría, dado el estado de corrupción general en que nos hallamos actualmente, casi nadie,muy pocos, poquísimos, requieren los servicios espirituales para el moribundo. Hallándosemi madre ya en las últimas, rezaba yo, mientras pudo contestar, el Rosario con ella. La hijade la enferma vecina a mi madre, me criticó de que rezara tanto, metiéndose en lo que no leimportaba, porque si vivimos en una democracia, el mismo derecho tiene ella a no creer,que yo a creer y a que se me respeten mis prácticas religiosas. Pero a lo que voy, ella sedesvivía por su madre, apenas dormía, cuando tampoco hubiera hecho falta tanto "desvivir"cuando había un servicio de enfermeras en el Hospital que la tenían más o menoscontrolada, pero controlada al fin, de manera que si ella se hubiera desvivido un poquitomenos, físicamente, por su madre, no hubiera pasado nada... Al fin, su madre murió y la míatambién... Pero ¡qué diferencia!...Yo le regalé un escapulario de la Virgen del Carmen, paraque se lo pusiera a su madre moribunda, no sé si murió con él o no, pero por supuesto deprácticas religiosas, nada de nada... Ella decía " que su madre apenas pisaba la iglesia "...¡Qué triste es ver que sobre la muerte de un ser querido se puede cernir además lacondenación eterna! .Gracias a Dios, mi madre recibió los últimos sacramentos, y estoyseguro que la Virgen, que Jesús, la ayudaron en su último momento, pues ella muriórezando: tenía la fe desde pequeña inculcada por sus padres, mis abuelos, verdaderoscristianos. La otra pobre mujer... sí, acaso le dirían la misa de difuntos, pero no creo que ledijeran nada más... a la mía, mis hermanos y yo le dijimos las Misas Gregorianas, que es elmejor regalo que se le puede hacer a un difunto. Triste, muy triste que haya personas, ycada vez son más, que mueran sin los últimos sacramentos, sin confesión, sin comunión, sinarrepentimiento... El morir los enfermos, las enfermas, sin cuidados espirituales ya se estávolviendo una costumbre pagana muy generalizada, hasta tal punto de que incluso mecriticaran el rezar el Rosario con mi madre agonizante, o el que le pusiera estampas deJesús y la Virgen en la pared, donde ella, en sus últimos momentos, pudiera haberlasinvocado... A tal grado de irreligiosidad y de despiste espiritual hemos llegado, de que yaincluso los mismos católicos se avergüenzan de poner una estampa de Jesús y de la Virgena un agonizante en un Hospital...
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