LA SAGRADA FAMILIA
N.
o
1415 — ENERo-FEBRERo
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No pueden imponerse las propias opinioneso creencias a los demás.
Todos los argumentos en contra del aborto de estas páginasse basan en datos cientícos, y en argumentos racionales. Cu-riosamente, casi siempre son los abortistas los primeros enmencionar la religión para desacreditar todos los argumentosde los provida. Cualquier razón contra el aborto es una creencia.Por el contrario, sus partidarios pueden imponer su opinión atoda la sociedad, incluso a los no nacidos que son eliminados.
SINRAZONES
E
l sacricio de vidas humanas que está teniendo lugar en Es-paña alcanza tal volumen que nos obliga a refexionar. (...)Los responsables pretenden adormecer la conciencia de las gen-tes con razones que no resisten el menor análisis crítico (...). Laconusión creada mediante la manipulación de las ideas y ellenguaje ha llegado a tal grado que ahora se pretende convertirun
gravísimo delito
en un
derecho
de las mujeres. Se olvida quetenemos derechos sólo sobre aquello que
poseemos.
Poseemosobjetos y disponemos de ellos, pero la vida humana es inmensa-mente superior a los objetos más valiosos. Exige, por tanto, granestima y un respeto absoluto.Increíblemente, se quiere promulgar una ley de plazos, segúnla cual hasta cierto momento del embarazo la madre tiene
dere-cho
a anular la vida que ella misma ha ayudado a germinar. Pero¿qué razón hay para sostener que antes de ese momento es lícitoy después no? Según la ciencia actual, en el momento de la con-cepción se inicia un proceso maravilloso de ormación de un serde la especie humana que se irá desarrollando hasta lograr suplena gura. Ese proceso es continuo. ¿Cómo puede alguien atre-verse a determinar por ley que las mujeres que aborten antes de laecha que él arbitrariamente je no sólo no serán penalizadas sinoque tendrán pleno
derecho
a hacerlo? ¿En virtud de qué razones?«Los que deenden el aborto deberían demostrar irreutable-mente que el eto no es una persona», escribe certeramente elgran lósoo Robert Spaemann. Pero no lo hacen; movilizan lostrucos de la manipulación para rodear de niebla este turbio asun-to. Por ejemplo, llamar al aborto
interrupción voluntaria delembarazo
es un truco típico. Al ser una mera
interrupción,
pare-ce algo pasajero. Al ser
voluntaria,
implica el ejercicio de la
libertad,
término
talismán
que casi nadie osa analizar crítica-mente. Por ello apenas hay quien vea que no se trata en este casode un tipo de libertad
creativa
sino de mera libertad
arbitraria.
Así podríamos citar diversas
sinrazones
que aducen los pro-abortistas para justicar su posición. Semejante atropello de larazón y la vida me lleva a la convicción de que, si se renuevala discusión sobre el aborto, no debería ser para legitimarlo comoun derecho, sino para revisar concienzudamemente lastres razones aducidas para su despenalización.dos, un Comité de Mujeres Embarazadas por Asalto Sexualquiso hacerse oir: «Nos oende proundamente cada vez quenuestra diícil situación se explota para promover los interesespolíticos de otros». En los dos únicos estudios sobre estos ca-sos, se descubrió que aproximadamente el 70 % de mujeres enesta situación decidieron tener el niño. Además, el
Elliot Insti-tute,
que estudia el síndrome post-aborto, en una encuesta a es-tas mujeres, descubrió que al 80 % de las que habían abortadoles había causado más mal que bien y se arrepentían.
7
Es cruel permitir que nazcan niños con gravesmalormaciones o defciencias, o que van a morir nada más nacer.
Ninguna sociedad ha tenido tantos medios (técnicos y socia-les) como la nuestra para curar o mejorar la calidad de vida demuchos enermos. ¿Quién y dónde traza la línea de lo que esuna vida con
calidad?
Que cada vez haya más abortos por mal-ormaciones menores y perectamente solucionables como ellabio leporino es una consecuencia lógica de hacer depender ladignidad de la
calidad.
Se habla de
calidad
en vez de elicidad,que todos pueden alcanzar si alguien (hay mucha gente dispues-ta) los acoge y les da cariño. Incluso en el caso de que un niñovaya a morir poco después de nacer, ¿no vale la pena compartircon él el mayor tiempo posible?
8
Se debe proteger la intimidad de la mujer que aborta.
El argumento de la intimidad (con el que se legalizó el abor-to en Estados Unidos), ya presupone que es una
decisión
de lamadre, no un crimen. Si no, cualquier investigación policial se-ría una violación de la intimidad. Las clínicas que dicen deen-der la intimidad de las mujeres llamadas a testicar olvidanque, al tirar su documentación, ueron ellas quienes acilita-ron que las localizaran. Muchos centros abortistas (como de-mostró una estudiante estadounidense)
defenden la intimidad
de las menores hasta el punto de callar, incluso si las acompa-ñan
novios
(o posibles pederastas) mucho mayores. Su
celo
estal que son incluso reacios a entregar a la propia mujer una co-pia de su historial completo, como ha denunciado la Asociaciónde Víctimas del Aborto.
9
No se debe criticar el aborto, porque ya esuna decisión muy diícil: nadie quiere abortar.
La tesis de los partidarios del aborto es tan débil que sólopueden deenderla diciendo que, en realidad, es un mal necesa-rio que nadie quiere —salvo quienes se lucran—. Si
nadie quie-re abortar,
las Administraciones deben orecer un verdaderoasesoramiento y ayudas a las embarazadas con dicultades; o,por lo menos, no retirar las subvenciones a las asociaciones quelo hacen.
Alfonso López Quintás
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