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 LA SAGRADA FAMILIA
N.
O
1412 — MAYO-JULIO
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 De entrada De entrada
 
 De entrada
  e  n  e  s  t  e  n   ú  m  e  r  o
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 E
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 ACRAMENTO DEL
 ATRIMONIO
8. La unión corporal,templo de la santidad de Dios.
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 E ENTRADA
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Queridas familias.
4-5
 ESTIMONIOS
Por la familia cristiana…
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M
ANYANET
: B
OLETÍNINFORMATIVO
.
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 N 
OTAS DE PSICOLOGÍA FAMILIAR
¿La violencia se aprende?
8
 N 
 AZARENUM 
Un centro de la Sagrada Familiapara las familias.
9-11
 A
SOCIACIÓN  DE LA
S
 AGRADA
 AMILIA
Diálogos en familia:Vacaciones en familia.
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 E
SPOSOS Y SANTOS
Santa Umbelina de Claraval,esposa, monja y santa.
13-14
«Verdad, bien y bellezade la familia».
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En familia...
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«M
ÁRTIRESPORLAFAMILIA
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XIII Taller de pasatiempospara hacer en familia.
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Ú 
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Vino en agua.
Queridasfamilias:
VISÍTENOS EN INTERNETwww.lasagradafamilia.net
E-mail: srevista@lasagradafamilia.net
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 a familia no sólo favorece la propagación de la vida garantizando el relevo generacional en la sociedad, sino que hace posible la «vida buena» porquees el principal agente humanizador. Es en el ámbito de la familia donde se adquieren capacidades específicamente humanas, comenzando por el lenguaje a través del cual veremos ya siempre la realidad; es en la familia donde el niño adquiere «la confianza originaria» base del posterior desarrollo personal y afectivo equilibrado. También la sensibilidad moral del niño se desarrolla porinmersión en un ambiente en el que se respetan ciertas normas y ciertos valores.Y ¡qué decir de la transmisión de la fe! No hemos inventado nuestras creencias,las hemos recibido de nuestros mayores y, aunque son muchos los caminosque acercan a Dios, no cabe duda de la influencia preponderante del ambiente familiar en la respuesta a la búsqueda interior de la persona. Bien podríamos decir que en la familia, cuando está sanamente constituida, se vive laexperiencia de un «bien» por el que estamos agradecidos y que queremos compartir.
 stamos convencidos de que la preocupación y el interés por la familia no es una cuestión meramente coyuntural. Afecta a la esencia misma del  ser humano. Para el cristiano, el matrimonio y la familia son
intocables,
 sencillamente porque están inscritos por el Creador en la entraña misma de la naturaleza humana. Ni el matrimonio ni la familia los ha inventado la Iglesia.Si los defiende con toda la fuerza y convicción que sus medios le permitenes porque lo que está en juego no son, en primer lugar los derechos de la Iglesia, sino los derechos fundamentales del ser humano. Esta raíz de lo humanoes lo que está en juego, y es preciso salir al paso de quienes pretenden falsearesta verdad. La familia es
tradicional
 porque hunde sus raíces en la misma naturaleza del hombre. Al mismo tiempo, es preciso recordar que, justamente porque la esencia del hombre está enraizada en la familia, la propia naturaleza humana, para realizarse en toda su verdad, su bien y su belleza, pide, desdelo hondo de su ser, el don de la Gracia, el don del Amor único que redime. La encarnación del Hijo de Dios, realizada históricamente en la familia de Nazaret, se prolonga en la familia que es la Iglesia, y se abre a toda la Humanidad y, en ella, a todas las familias.
 L
 a familia está llamada, en palabras de Benedicto XVI, a dar «testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia. Ésta, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, constituyeel ámbito privilegiado en el que la vida humana es acogida y protegida, desde suinicio hasta su fin natural». Si falta este ejemplo familiar, tantas veces heroico,el deterioro y la destrucción de lo humano surgen implacables, la persona sufreel más radical de los desamparos. Es a través de la verdad de la relación delos padres, de la honestidad de sus vidas comprometidas en un proyecto común, como los hijos son introducidos en el significado y en el valor de la existencia;es la misma belleza, que resplandece en el testimonio de los padres cristianosque se aman, la que necesitan encontrar los hombres y mujeres de hoy. No nos cabe duda de la necesidad de gritar con el Papa que «vale la pena trabajar por la familia y el matrimonio, porque vale la pena trabajar por el ser humano, el ser más precioso creado por Dios».
 J. D. A.
 
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Testimonios
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in la familia, la vida no tiene casa. Esto es verdad para losniños concebidos cuyas lágrimas que piden vivir ni siquieraescuchamos; es verdad para los discapacitados a los que se lesniega el derecho a nacer; es verdad para todos los niños, parael hombre y para la mujer. Sin la familia, la vida no tiene casa.En un mundo donde se tiene la ilusión de elegir, donde todose compra y se vende, donde todo es precario y está sujeto a lasleyes de la competencia, la familia es el espacio de la gratuidad:algo escandalosamente gratuito, pero no precario sino bien sóli-do porque está fundado sobre la fidelidad del amor. El mundonecesita más familia porque necesita gratuidad. La familia esuna profecía incómoda de un mundo humano. El mundo —diceBenedicto XVI— debe acoger la idea de la familia en el léxicode la vida nacional e internacional, para descubrir una verdaddecisiva: que la humanidad es una gran familia de pueblos. Noestamos aquí para defendernos a nosotros mismos o un interésde la Iglesia, sino que estamos aquí por un bien de todos. Poresto estoy contento de estar en Madrid para decir que en España,en Europa y en el mundo, se necesita más familia porque se ne-cesita más gratuidad, más vida y más amor.
A
NDREA
R
ICARDI
,
Fundador y Presidente de la Comunidad san Egidio
S
in la experiencia de plenitud humana que hace posible Cris-to, el ideal cristiano del matrimonio se reduce a algo impo-sible de realizar. La indisolubilidad del matrimonio y la eterni-dad del amor aparecen como quimeras inalcanzables. Éstas, enrealidad, son los frutos de una experiencia intensa de Cristo, tangratuitos que aparecen a los ojos de los mismos esposos comoel testimonio de que para Dios nada es imposible. Sólo una ex-periencia así puede mostrar la racionalidad de la fe cristiana, suconveniencia humana: una realidad totalmente correspondienteal deseo y a la exigencia del hombre, también en el matrimonioy la familia. Una relación vivida así constituye la mejor pro-puesta educativa para los hijos y, al mismo tiempo, es un tes-timonio para todos de que el matrimonio no es necesariamentela tumba del amor, sino su realización.
J
ULIÁN
C
ARRÓN
,
Presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación
O
frecemos nuestro testimonio. No lo imponemos. Pero sí pedimos a Jesús, María y José, que sea comprendido, quesea aceptado; más aún, que contribuya a que la concienciasocial y la valoración cultural por parte de la sociedad españo-la en relación con el reconocimiento del valor insustituibledel matrimonio y de la familia según el proyecto de Dios parael bien de las nuevas generaciones y de su futuro, que tantodeniegan o escatiman, gire y gire pronto. Más aún, pedimosque con vuestro testimonio constante y gozoso de la verdad,la bondad y la belleza de la familia cristiana, en la vida priva-da y pública, apoyados en la oración de toda la Iglesia, espe-cialmente de sus comunidades contemplativas, seáis capacesde que se produzca una verdadera conversión de las concien-cias de las personas y de los distintos grupos e institucionessociales en su concepción y en su aprecio de la familia; ¡quede nuevo sea vista y apreciada la familia, fundada en el ver -dadero matrimonio, como «la célula primera y vital de la so-ciedad» y «la primera e insustituible educadora de la paz»!(AA, 11; Mensaje, 3); tanto en la opinión pública como en laestimación popular, en la valoración política y en la legisla-ción del Estado.
C
ARDENAL
A
NTONIO
M
ARÍA
R
OUCO
V
ARELA
Nuestra revista manifiesta con humildad, valentía y convicción el aprecio por la familia cristianaa la que valora como un tesoro. La familia cristiana tiene una señas de identidad que deseamoscustodiar, conocer cada día mejor y promover en el mundo actual y en nuestra coyuntura histó-rica. El amor, la vida, la familia son realidades gozosas que alientan la esperanza. Ellas nos di-cen con su misma existencia: «¡Es posible vivir el amor matrimonial en la fidelidad diaria! ¡Es posible transmitir la vida, ejer-citando en la mutua donación como esposos y en la responsabilidad de padres la esperanza de Dios que no defrauda, y cuidade sus hijos de generación en generación!¡Es posible superar las pruebas, que en cada tramo del camino pueden aparecer,unidos a Jesucristo, cuya cruz es signo de amor hasta el extremo y de victoria sobre el mal y sobre la muerte!» Tantos hom-bres y mujeres muestran con su vida el resplandor de la verdad, la hermosura y el bien del matrimonio y la familia cristiana.Es una extraordinaria vocación y una preciosa misión bendecida por Dios. Recordamos aquí algunos fragmentos de los tes-timonios compartidos en la Fiesta de la Familia cristiana celebrada el pasado mes de diciembre en Madrid.
POR LA FAMILIACRISTIANA…
 
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ueremos dar nuestro testimonio personal y familiar. So-mos el reflejo de los miles, millones de familias de todaEspaña que viven su fe en familia, incardinados, a través de uncordón umbilical, en sus comunidades parroquiales. Fuimos jóvenes (hace ya de ello muchos años), crecimos en familiascristianas donde recibimos unos profundos valores que nosfueron marcando el camino a seguir. Vivimos nuestros noviaz-gos y nos casamos por la Iglesia, no porque entonces era lo
 políticamente correcto,
sino por convicción y en respuesta anuestra vocación al matrimonio. Nunca se nos planteó dudaalguna sobre ello.Fundamos nuestra familia bajo los valores del Evangelio.Fruto de nuestro mutuo amor nacieron nuestros tres hijos: Pe-dro, Javier y David, queridos y deseados, que trajeron la alegríaa nuestro hogar y fueron un motivo más para dar gracias a Dios.Nuestro hijo David, tras el parto, sufrió una grave enfermedadque, durante más de dieciocho meses, nos exigió una atención,dedicación y cuidados especiales. Con amor, mucho amor, pu-dimos ayudarle a superar el sufrimiento que le aquejaba.A lo largo de nuestro matrimonio, hemos tenido nuestrasdificultades, como todo el mundo, pero las hemos sabido su-perar, con nuestro amor, respeto mutuo, entrega, dedicacióny, por supuesto, con la presencia del Señor en nuestras vidas.Lo más importante ha sido vivir en plenitud, de total realiza-ción, de alegría, de satisfacciones por ver crecer a nuestros hi- jos y a nuestras nietas. Hemos experimentado cómo nuestroshijos han crecido y, poco a poco, iban consolidando los valo-res que pretendíamos transmitirles. Pero todo ello ha sidoposible porque nuestra parroquia ha sido y es para nosotros,y lo ha sido para ellos, nuestro segundo hogar, nuestra fami-lia de hermanos en la fe. No queremos agotar el tiempo deque disponemos sin hacer una ilusionante y esperanzada lla-mada a todas las jóvenes parejas que hoy viven su amor: quelo vivan fundando una familia, que vivan su amor desde lafe en Jesucristo, que vivan los valores del Evangelio con sushijos. ¡El Señor no falla nunca!
P
EDRO
G
ONZÁLEZ
yL
UISA
O
RTEGA
L
a familia, lugar de un amor que va y vuelve, de comunión,de fecundidad y ternura, es signo, símbolo y tipo de cual-quier otra forma de humanidad asociada. No es retórico afir-mar que la familia es el primer bien social. En la gratuidad co-tidiana que da sentido y valor a sus funciones de generación yeducación, la familia introduce en el tejido social ese bien in-sustituible que es el capital humano, poniéndose de esa mane-ra como recurso eficaz de la Humanidad. Pero no sólo esto. Lafamilia sabe llevar el calor familiar allí donde las estructuras einstituciones, aun con toda la buena voluntad, no pueden llegar.Pero si es grande su designio, igualmente grande tiene queser el compromiso para llevarlo a cabo. Hoy, más que nunca,vemos que la familia manifiesta al mundo su fragilidad. Vemosesposos que, ante las primeras dificultades de la vida en pareja,dejan de creer en el amor que se tenían. Vemos hijos que, pri-vados de la cercanía de unos padres unidos, encuentran dificul-tad para alzar el vuelo hacia un futuro comprometido. Vemosancianos que, alejados del núcleo familiar, han perdido su ciu-dadanía y su identidad. Hoy, más que nunca, la familia tieneque ser amada, protegida y sostenida. Es necesario no dejarde acudir nunca al designio originario de la familia, que la veunida con un
 para siempre
que la consolida y la realiza. Esnecesario llenar de significado la vivencia familiar con unaespiritualidad de comunión, inherente a la familia, pequeñacomunidad de amor. Son necesarias corrientes de opinión fun-dadas sobre los valores, y políticas familiares adecuadas.Éste es el ardiente deseo que pongo en las manos de MaríaSantísima, sede de la sabiduría y ama de casa, para el biende la familia hoy y para la realización de toda la familia hu-mana.
C
HIARA
L
UBICH
Fundadora del Movimiento de los Focolares
¡
F
amilias!, seamos conscientes de nuestra trascendencia enla sociedad. Debemos organizarnos y asociarnos, paraser más eficaces en nuestra tarea de mejorar el mundo. No po-demos dar razón de nuestra fe y nuestra esperanza aisladamen-te. La Iglesia es fundamentalmente diocesana, se organiza entorno a su obispo. Seamos el apoyo de nuestros pastores. Serealiza en cada parroquia que es una comunidad de familias.Volvamos a la parroquia, ella nos necesita y nosotros necesita-mos de ella. Que nuestra familia sea la Iglesia doméstica quefundamente una sociedad nueva, más humana y más cristiana.¡Queridas familias!, demos importancia a la formación,basada especialmente en el magisterio de la Iglesia que nos dacertezas. No podemos dialogar con nuestros vecinos o nues-tros compañeros de trabajo si no tenemos una buena forma-ción cristiana. La formación es para toda la vida, para todoslos miembros de la familia, sean niños, jóvenes, adultos o an-cianos. Colaboremos en las parroquias en tantas necesidadesque se presentan: educación cristiana y evangelización, aten-ción a los pobres, a los enfermos y abandonados. Estemosabiertos a todas las necesidades del mundo.
F
RANCISCO
A
YUGA
,
Presidente diocesano, de Madrid,de la Acción Católica General
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