De entrada
e n e s t e n ú m e r o
2
E
L
S
ACRAMENTO DEL
M
ATRIMONIO
7. La comunión en la vida divina,cimiento del amor conyugal.
3
D
E ENTRADA
...:
Queridas familias.
4
La batalla de nuestro tiempo.
5
La tarea urgente de la educación.
6
M
ANYANET
: B
OLETÍNINFORMATIVO
.
7
N
OTAS DE PSICOLOGÍA FAMILIAR
La juventud que queremos...o la que el mundo necesita.
8
N
AZARENUM
Un centro de la Sagrada Familiapara las familias.
9-11
A
SOCIACIÓN DE LA
S
AGRADA
F
AMILIA
Diálogos en familia: Actitudcristiana ante la inmigración.
12
E
SPOSOS Y SANTOS
Santa Catalina de Génova.
13-14
La esperanza es la eternidadtemporal.
Al entorno de
Spe salvi
de Benedicto XVI.
15
En familia...
16
«M
ÁRTIRESPORLAFAMILIA
.»
17
XII Taller de pasatiempospara hacer en familia.
18
Ú
LTIMA PÁGINA
El Padre Pío de Pietrelcina.
Queridasfamilias:
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L
a segunda encíclica del papa Benedicto XVI, «Spe salvi» (30.11.07) es una síntesis teológica y bíblica de la esperanza cristiana puesta en diálogo con la filosofía y el progreso contemporáneo. Tras su primera encíclica«Deus caritas est»
(Dios es amor)
publicada en enero de 2006
(La SagradaFamilia,
n. 1401, marzo-abril 2006) el Papa muestra qué es la esperanza cristiana, citando a San Pablo: «En esperanza fuimos salvados» (Rom 8, 24). El texto, breve y de fácil e interesante lectura, es un recorrido históricoen el que el Papa evoca la vida de los primeros cristianos y de otros hombres y mujeres que, a lo largo de la historia, han descubierto y experimentadoque conocer y amar a Jesucristo libera, que la vida no acaba en el vacío, que laexistencia puede apoyarse en la certeza de un futuro que empieza ya ahora. La fe nos da la «sustancia» de la esperanza que no es sino la vida eterna,la plenitud del ser y de la alegría, el conocimiento de Dios que empieza ya aquí.«Yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor meespera», decía la santa sudanesa Giuseppina Bakhita, cuyo ejemplo recuerdael Papa al subrayar que Jesús no trajo un «mensaje socio revolucionario»,«no era un combatiente por una liberación política», trajo «el encuentro conel Dios vivo» capaz de ofrecer al hombre y a la mujer una esperanza mucho más fuerte que los sufrimientos y de transformar desde dentro la vida y el mundo.
F
rente a las desilusiones vividas por la humanidad en los últimos tiempos y el fracaso de las grandes ideologías, el Papa destaca que el marxismo«ha olvidado al hombre y ha olvidado su libertad. Ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionadala economía, todo quedaría solucionado»; cambiaron la «fe en Dios» por la «fe»en el progreso y la confianza ilimitada en la razón olvidando que el hombre no es sólo producto de la economía, no es sólo materia y no puede ser curado sólo desde fuera. Con respecto al mito según el cual el hombre pude ser redimido por la ciencia recuerda que, si bien ésta puede contribuir mucho a la humanización del mundo, también puede llevar a la destrucción de la humanidad pues el progreso no puede entenderse sólo como dominio dela naturaleza, sino también como avance en la ética y, por lo tanto, en lalibertad. Y es que, en el fondo, el hombre sólo puede ser salvado por el amor(«no es la ciencia la que redime al hombre, el hombre sólo puede ser redimido por el amor»), por «Alguien» que se entrega para siempre.
L
os «lugares» de aprendizaje de la esperanza son, señala Benedicto XVI,la oración («Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha.Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios»); el «actuar» («La esperanza en sentido cristiano es siempreesperanza para los demás. Y es esperanza activa, con la cual luchamos paraque las cosas no acaben en un final perverso»); el sufrimiento («Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito»); y el juicio de Dios («Sí, existe la resurrección de la carne. Existe la justicia»).Siempre nos queda la esperanza que no defrauda: Dios.
J. D. A.
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