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 LA SAGRADA FAMILIA
N.
O
1410 — ENERO-FEBRERO
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 De entrada De entrada
 
 De entrada
  e  n  e  s  t  e  n   ú  m  e  r  o
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S
 ACRAMENTO DEL
 ATRIMONIO
6. Testigos y apóstoles del reinode Dios.
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 E ENTRADA
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Queridas familias.
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«Creo que hemos de presentarla familia de Nazaret simplementecomo lo que es en esencia:la realización del Reino de Diosen el ámbito de la familia.»
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ANYANET
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OLETÍNINFORMATIVO
.
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 N 
OTAS DE PSICOLOGÍA FAMILIAR
El aumento actualde los transtornos emocionales.
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 N 
 AZARENUM 
Un centro de la Sagrada Familiapara las familias.
9-11
 A
SOCIACIÓN  DE LA
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 AGRADA
 AMILIA
Diálogos en familia.
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SPOSOS Y SANTOS
Santa Margarita de Escocia.
13-14
Los valores en la pedagogíamanyanetiana.
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En familia...
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«M
ÁRTIRESPORLAFAMILIA
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XI Taller de pasatiempospara hacer en familia.
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 LTIMA PÁGINA
Liturgia: cuatro palabras claves.
Queridasfamilias:
VISÍTENOS EN INTERNETwww.lasagradafamilia.net
E-mail: srevista@lasagradafamilia.net
l Papa Juan Pablo II, en
la Carta de los derechos de la familia
 del  22 de octubre de 1983 afirmaba: «Los padres tienen derecho de educar a sus hijos conforme a sus convicciones morales y religiosas, teniendo presenteslas tradiciones culturales de la familia que favorecen el bien y la dignidad del hijo;ellos deben recibir también de la sociedad la ayuda y asistencia necesarias para realizar de modo adecuado su función educadora». En el encuentro de las familias cristianas celebrado el día de la Sagrada Familia (30.12.07) en Madrid, el papa Benedicto XVI, dirigiéndose desde Roma a los participantes, recordó: «... todoslos padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijosen la fe y en los valores que dignifican la existencia humana».
 s verdad que en una sociedad en la que los referentes tradicionales enla transmisión de los valores (familia, escuela, parroquia...) se han debilitado por razones diversas (dificultades en la comunicación personal, trabajo, falta de tiempo, secularización...) y han sido substituidos por otros (medios de comunicación social y nuevas tecnologías de la comunicación...) que ofrecen mil  posibilidades pero no un contacto directo, no sólo no se favorece un clima muy apropiado para la transmisión de valores sino que, además, se acentúanexpresiones de individualismo y de relativismo moral. En este contexto,el nuestro, es urgente recordar que la educación en los valores es un deber moral, pero es también un derecho. Los valores son principios que nos ayudan a situarnos en la vida, a dar respuestas a los interrogantes que la existencia nos plantea, a ajustar las prioridades que impulsan nuestras opciones personales. En cuanto dignos de estimación, ofrecen un sentido a la vida, inspiran juicios y conductas. En el fondo no son sino lo que somos, lo que es importanteen nuestra vida, lo que creemos. Son estas razones suficientes para darnos cuenta de su importancia.
 n la realización de esta tarea de socialización y transmisión de valores la familia es un agente esencial. Los valores y las normas morales se transmiten básicamente a través de ella, sin ignorar, lo constatábamos anteriormente,el influjo determinante de la sociedad (amigos, grupo, escuela). La educación familiar que se basa en la acogida y el amor, combinada con una dirección firme hacia los objetivos precisos, es el estilo de relación intrafamiliar que más favorecela educación moral y en valores de los hijos. Junto a la familia, la escuela es el  otro puntal del proceso de socialización y personalización, con sus propios matices respecto al hogar, pero siempre desde una complementariedad sostenida porel esfuerzo común en la gran aventura de la educación y formación de los hijos. A la luz de esta convicción, y de la centralidad de la persona, se definen, al menos, dos opciones pedagógicas manyanetianas:
 rear un ambiente educativo familiar y comunitario expresado en relacionesinterpersonales entre educadores y educandos capaces de llegar a la comunión de ideales y valores. Este encuentro interpersonal es un espacioesencial, no sustituible. Y cultivar la interioridad para que el niño se oriente con responsabilidad en la elección de lo bueno y verdadero. Esta dimensión ha de ser un criterio irrenunciable de acción educativa. En el colegio, como enla familia, se ha de vivir una constante comunicación de afecto y de valores, sin olvidar nunca que «no se enseña lo que se quiere, ni siquiera lo que se sabe o se cree saber; se enseña y sólo se puede enseñar lo que se es».
 J. D. A.
 
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«CREO QUE HEMOS DEPRESENTAR LA FAMILIADE NAZARET SIMPLEMENTECOMO LO QUE ES ENESENCIA: LA REALIZACIÓNDEL REINO DE DIOS ENEL ÁMBITO DE LA FAMILIA»
E
ncontramos a Monseñor Agustín Cortés (obispo de la nuevadiócesis de Sant Feliu de Llobregat desde el
nacimiento
dela misma en el año 2004 y responsable de las delegaciones de fa-milia y vida de la Conferencia Episcopal Tarraconense) en lasIII Jornadas Matrimonio y Familia celebradas en Barcelona losdías 16 y 17 de noviembre pasado, en las que intervino con unaponencia titulada: «Transmitir la fe a los hijos integrados en lacomunidad eclesial». Aprovechamos para conversar con él so-bre aspectos relacionados con la realidad de la familia.
 Empezamos la conversación preguntándole cuál es sulema episcopal y porqué lo eligió.
Elegí el lema episcopal
«(Accepit), benedixit, fregit, dedit-que»
porque respondía exactamente a la experiencia personalante el hecho de la ordenación como obispo. Me vino sugeridopor el teólogo H. U. Von Balthasar, que había plasmado esta fra-se en la estampa recordatorio de su primera misa, por una razónsemejante. Forma parte de las palabras de la consagración en elCanon Romano de la Misa, que reproducen el texto bíblico dela institución de la Eucaristía en la versión de Mateo (26,26) yMarcos (14,22). La persona del apóstol entra en esa escenacomo el pan entre las manos de Jesucristo.Ser apóstol, ministro ordenado en la Iglesia no consiste pri-meramente en «darse o entregarse» uno mismo. Por dos razones:porque es Jesucristo quien da el apóstol a los otros, a la Iglesia
(«dedit»);
y porque antes de esta acción Él ha obrado en la per-sona del apóstol, «ha trabajado su persona y su vida»: no puededar lo que antes no ha sido tomado, bendecido y partido.En el «ser tomado»
(«accepit»)
vemos todo el misterio de laelección y la llamada por amor gratuito (según la experiencia yla profunda teología paulina).En el «ser bendecido»
(«benedixit»)
se representa toda laacción transformadora del Espíritu, desde el bautismo, la confir-mación, la Eucaristía y, sobre todo, el sacramento de la ordena-ción: en este caso una transformación espiritual, no como enri-quecimiento personal, sino en función del servicio...En el «partió»
(«fregit»),
tal como ocurre en el signo sacra-mental de la Eucaristía (junto a la sangre derramada,
«effunde-tur»),
se expresa todo el aspecto sacrificial por los demás
(«provobis»)
que el ministerio comporta.Sólo después de «esta historia» puede hablarse de la entregapersonal en el servicio apostólico. La coincidencia de estos mo-mentos de la institución y la celebración de la Eucaristía con lasvivencias sacerdotales o episcopales no es pura casualidad, ni setrata de un simbolismo forzado, porque de hecho la existenciasacerdotal es esencialmente existencia eucarística: el amor pas-toral es esencialmente amor eucarístico.
 En las Jornadas usted ha pronunciado una conferencia sobre «transmisión de la fe en la familia», en la que nos daba una serie de claves interesantes para continuar, enel ámbito de la familia, el camino de la fe cristiana. Cómo definiría usted a la familia hoy y qué retos nos supone.
Sé que la respuesta hoy más común entre los sociólogos yanalistas a esta pregunta es: «la familia está en profunda transfor-mación». Pero silencian una cuestión previa y fundamental: «quées eso que cambia». Y silencian esta cuestión porque no puedeno no quieren definir qué es lo que cambia: el término «familia» hadejado de significar algo determinado, ya que de hecho (legal yculturalmente) con ese nombre se puede hoy denominar cual-quier grupo de personas que conviven de modo habitual. En estesentido podemos decir que «la familia goza de buena salud...».Quienes afirmamos que la familia (el núcleo familiar) es lacomunidad de vida y amor formada por el matrimonio entre unhombre y una mujer con sus hijos, no podemos sino afirmar que,más allá de los cambios y adaptaciones que siempre estarán pre-sentes en la historia, en general corre un peligro serio de desin-tegración. Los datos estadísticos y la experiencia cotidiana, jun-to a una observación fenomenológica acertada, concluiría en quese está produciendo una degradación real del propio amor. Unhecho que puede constatarse en todos los ámbitos del amor hu-mano, pero particularmente en el del amor conyugal y familiarcon sus rasgos específicos. Y un hecho además que arrastra con-sigo el menoscabo de la persona humana (que al fin es lo que im-porta, pues la familia está a su servicio).
Y en este contexto, cómo podemos presentar la Familia de Nazaret a la sociedad de hoy, en un mundo en el que parece que todo aquello que recuerda al pasado es re- chazado de entrada.
P. Josep M. Juanper
Un diálogo con Monseñor Agustín Cortés 
 
N.
O
1375 — E
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1410 — ENERO-FEBRERO
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 LA SAGRADA FAMILIA
Creo que hemos de presentar la familia de Nazaret simple-mente como lo que es en esencia: la realización del Reino de Diosen el ámbito de la familia. Por usar la expresión que utilizó elConcilio Vaticano II para hablar del matrimonio en relación conel amor humano conyugal, la familia de Nazaret, arquetipo de lafamilia cristiana, se ha de presentar como «sanación, perfeccio-namiento y elevación» del afecto humano y natural (cf. GSp 49).Si se quiere subrayar algunos aspectos, éstos deberán presentar-se, tanto como continuidad y plenificación de lo que aspira todapersona humana (p. ej. comunión de vida, afecto, libertad, ayudamutua, socialización, etc.), como en el sentido de superación y al-ternativa a lo que se puede encontrar en la sociedad actual. Quizáuno de estos aspectos sea el hecho de que la familia cristiana «esel lugar, primero y original, donde uno es amado por sí mismo».
¿Cuáles cree que deberían ser los principios para haceruna buena preparación al matrimonio?
La pregunta puede referirse a la preparación para el matri-monio cristiano en general o bien a la preparación a la celebra-ción del sacramento. De hecho el Directorio de Pastoral Familiarde la Conferencia Episcopal distingue entre preparación remotay preparación próxima.En todo caso se impone un principio metodológico, que vie-ne exigido por el panorama tan diverso de las parejas, mayorita-riamente alejadas de la fe, que piden el matrimonio por la Igle-sia: hay que conocer la realidad presente de la pareja, para partirde ella; escuchar y observar para «medir la distancia» que les se-para de lo que entendemos por matrimonio cristiano y específi-camente por «sacramento del matrimonio». Desde ahí, ofrecersecomo interlocutor y acompañante de un proceso, que habrá deser más experiencial que ilustrativo o informativo. En este sen-tido la preparación al matrimonio puede convertirse práctica-mente en un «catecumenado sacramental», con todo lo que ellosupone.En el caso, más común, de la preparación próxima al matri-monio, hemos de tener muy claro que lo único que podemos pre-tender es asegurar la disposición subjetiva mínima para celebrarcon fruto el sacramento. Ello supone la presentación clara de loque entendemos por matrimonio cristiano y su celebración sa-cramental, ofrecido como plenificación de las aspiraciones hu-manas más profundas del amor humano. Se ve, por ello, muyconveniente ofrecer un espacio sencillo de experiencia religiosade fe vivida en relación a lo que la pareja está viviendo...
 Finalmente, cómo cree que deberíamos actuar ante fa- milias con dificultades (parejas separadas, niños con«diferentes» padres...).
Si lo que se pregunta es acerca del trato con familias con di-ficultades con vistas a ayudarles para encontrar alguna salida, esmuy difícil contestar en abstracto, sin especificar la dificultad.En general nos sirven los consejos metodológicos que se aplicanen todo buen acompañamiento pastoral personalizado, con susadaptaciones a la realidad de la pareja o la familia. Desde la ex-periencia podemos subrayar que, una vez diagnosticado el o losproblemas, se han de clarificar los referentes o apoyos que tiene(que comparte) la pareja y la familia para poder reconstruir lacomunidad. Estos referentes (valores, principios, creencias, etc.) junto con la disposición personal son fundamentales a la hora deencontrar (o no) salidas a la situación problemática.Si lo que se pregunta es el trato con familias ya afectadas por«algún trauma», la respuesta nos llevaría muy lejos. Convienesubrayar:
a)
Que hemos de partir de un hecho: nada puede llenar el va-cío de una familia ausente, sólo es posible mitigar susefectos. El objetivo pedagógico habría de ser que los afec-tados no perdieran la fe en el valor que no han podido dis-frutar totalmente, por haberles fallado la mediación. Hanfallado las personas, pero subsiste el valor. Desde aquí será útil todo lo que ayude para sostener esta convicción:presencias, experiencias personales, etc.
b)
Que no es buena medicina el disimulo, las evasiones olas compensaciones artificiosas (no hablo de los niños,mientras son niños). El realismo es siempre buen conse- jero, sin que ello suponga negar la utilidad de determina-das ayudas... En todo trauma familiar hay agentes res-ponsables y víctimas, en distinto grado y proporción. Enpsicologías débiles las víctimas suelen generar interior-mente sensaciones de culpabilidad: una tarea importantesería ayudarles a superar tales complejos. Pero no olvida-mos que en cada crisis hay una palabra (para el creyente,«de Dios») escondida que llama e interpela.
c)
Que la aceptación cordial de la situación generada por eltrauma no impide seguir luchando por establecer víncu-los comunitarios de vida y de amor, asentados no tantoen las personas siempre falibles, en las propias fuerzaso en las ajenas, sino en aquel que ha amado hasta el ex-tremo.
Con esta pregunta terminamos la conversación con Mons. Agustín Cortés a quien agradecemos profun- damente el tiempo que nos ha dedicado y sus res- puestas. Gracias.
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