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La Escuela del Duero
Pablo Díaz Morlán
EL POTENCIAL DEL RÍO DUERO La revolución eléctrica que tuvo lugar a partir del último cuarto del siglo XIX cambiópara siempre la faz de los negocios y la forma de vida de las gentes en todas las partes delmundo, y España no constituyó una excepción a esta regla sino más bien lo contrario. Elproblema de la energía como factor determinante de la localización industrial queeliminado con el avance de esta innovación, y con ella se abrió la posibilidad del desarrolloeconómico a países y regiones que hasta entonces habían quedado al margen. Al comenzar elsiglo XX, eran ya una realidad en territorio español las empresas que se habían atrevido aintroducirse en el nuevo campo de la hidroelectricidad, buscando el aprovechamientoeléctrico de la energía de los ríos mediante la construcción de saltos de agua que, segúnpasaban los años, aumentaban en altura y complejidad técnica. Hidroeléctrica Ibérica, fundada en 1901, fue una de las pioneras. Pocos años después, eltransporte de la corriente a elevadas tensiones facilitó el envío de la energía a grandesdistancias, y esto llevó a ingenieros y hombres de negocios a buscar nuevos emplazamientospara saltos de agua en lugares que hasta entonces quedaban demasiado lejos de losprincipales emplazamientos industriales y de consumo. El río Duero asomó entonces como unaatrayente posibilidad. El descubridor del enorme potencial hidroeléctrico del Duero y sus afluentes fue, sinlugar a dudas, el ingeniero e inventor zamorano Federico Cantero Villamil, que fundó lasociedad El Porvenir de Zamora y levantó el primer salto de la cuenca, el de San Román, enlos primeros años del siglo XX. Después de él, y en buena medida siguiendo sus indicaciones,llegaron los ingenieros que formaron la Sociedad General de Transportes Eléctricos: EugenioGrasset, Pedro Icaza y José Orbegozo, que convencieron al capitalista Horacio Echevarrietapara que se interesara en las posibilidades del Duero. Ante las dimensiones del negocio, elpatricio vizcaíno decidió involucrar al Banco de Bilbao, que en 1918 aceptó la invitación asuscribir la mayoría de las acciones de la nueva compañía, la cual tendría por nombreSociedad Hispano- Portuguesa de Transportes Eléctricos, pero sería más conocida comoSaltos del Duero. 
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A partir de entonces, y por encima de financieros y empresarios, fueron los ingenierosespañoles quienes protagonizaron la conquista hidroeléctrica del río Duero. La laborcomenzada por Federico Cantero tuvo continuidad gracias a la energía y determinación deJosé Orbegozo, primer director general de la empresa, y de su sucesor desde 1935, RicardoRubio. Junto a ellos, bajo sus órdenes, y después de ellos, fueron llegando al Duero y susafluentes sucesivas hornadas de ingenieros industriales y de caminos (e incluso algúnagrónomo) que se encargaron de calcular, ensayar, planificar y dirigir la construcción de lossaltos, en una tarea conjunta que duvarias cadas y que atraveinnumerablesvicisitudes hasta su conclusión en 1970, cuando la central de Almendra-Villarino se convirtióen una magnífica realidad. En el o castellano y sus afluentes se curtieron variasgeneraciones de técnicos españoles de primera línea cuyas realizaciones no desmerecieron delas llevadas a cabo en otros países más avanzados y supuestamente más instruidos en talesmaterias. Todos ellos contribuyeron a crear una auténtica escuela de conocimientoshidroeléctricos y experiencia práctica: la escuela del Duero. LAS OBRAS PRIMERIZAS: SAN ROMÁN Y RICOBAYO Federico Cantero Villamil fue el número uno de la promoción de Ingeniería de Caminosde 1896, terminó su formación viajando por los centros industriales europeos, y dio a conocersu proyecto hidroeléctrico en diciembre de 1897. La originalidad de dicho proyecto estribabaen aprovechar la curva que el Duero describía ocho kilómetros aguas abajo de Zamora paraconstruir una presa en un extremo de la curva y unirla mediante un túnel transversal a unacentral en el otro extremo, distante un kilómetro y medio. De esta forma se obtenía un saltode agua efectivo de catorce metros, suficiente para producir la energía eléctrica quenecesitaban Zamora y Salamanca gracias a dos grupos de quinientos caballos, y despuésValladolid mediante la incorporación de cinco grupos de mil cada uno. En 1898 se fundó ElPorvenir de Zamora con un capital de 1.400.000 pesetas, que se convertirían en pocos años en3.300.000 para llevar a cabo las obras de la presa, el túnel y la central. En enero de 1903 seinauguraron los dos primeros grupos, y los cinco siguientes lo fueron en 1907, haciendorealidad el salto de San Román. Zamora, Salamanca y Valladolid, así como los pueblos de suscomarcas -en total más de cien mil personas- quedaron abastecidos de electricidad gracias alos capitales zamoranos y, sobre todo, a la iniciativa y el ingenio de uno de sus ciudadanos. Pero las empresas locales de tamaño medio estaban destinadas, en España y en todaspartes del mundo, a sufrir pronto el embate de las grandes compañías hidroeléctricas.Cantero alertó tempranamente a sus socios de la necesidad de crecer en tamaño para evitarla ruina o la absorcn, pero los orgullosos propietarios de El Porvenir de Zamora
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desestimaron sus propuestas de unirse a Electra Popular Vallisoletana y otras sociedadesCantero, desanimado, colaboró más adelante con los empresarios e ingenieros que llegaron ala zona del Duero, procedentes de Bilbao, buscando hacer realidad un plan magnífico deaprovechamiento de las posibilidades hidroeléctricas del río castellano y sus afluentes. ElPorvenir de Zamora resistió la llegada del nuevo contendiente, mucho más grande que él, ymantuvo su existencia como sociedad independiente hasta 1951, cuatro años después de lamuerte de su fundador y principal impulsor. Los Saltos del Duero se fundaron en 1918 con el Banco de Bilbao como sociomayoritario. Desde el primer momento, José Orbegozo, nombrado director general, tuvo quepelear de manera incansable contra innumerables impedimentos, entre ellos las reticenciasde las autoridades portuguesas, las maniobras de la competencia, la inseguridad jurídica delos derechos adquiridos, la oposición de sectores agrarios castellanos, la entrada de sociosextranjeros y la búsqueda de la financiación adecuada. Durante más de un decenio la tarea delos ingenieros y directivos de la sociedad consistió más en vencer problemas humanos,políticos y sociales que en resolver cuestiones técnicas, sin que pudiera avanzarse ni un pasoen tareas de construcción. Federico Cantero había vendido a Horacio Echevarrieta susderechos sobre el Duero y había facilitado a José Orbegozo los primeros estudios yproyectos de aprovechamiento, que serían una guía fundamental para la andadura inicial de lanueva empresa. Las obras del salto del Esla comenzaron en mayo de 1929 bajo el signo de la urgencia.La empresa había necesitado once años para establecer con suficientes garantías susderechos y sus medios financieros y en los socios pesaba demasiado el tiempo transcurrido.Casi 8.000 fincas urbanas y rústicas, que abarcaban cerca de 40 kilómetros cuadrados yvarias aldeas completas, fueron expropiadas, y hubo que construir vías de comunicaciónalternativas. Orbegozo, presionado por un Consejo de Administración deseoso de ofrecercuanto antes energía al mercado y ante la falta de una organización interna suficiente,decidió recurrir al sistema de contrata con dos empresas constructoras que estabanrelacionadas con consejeros de Saltos del Duero, incluido él mismo: la Empresa General deConstrucción, luego llamada Puertos y Pantanos, y la Sociedad General de Obras yConstrucciones (Obrascon). Una condición inexcusable de la concesión otorgada por el Estado fue la de trasladar aotro lugar la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave, condenada de otra forma a sercubierta bajo las aguas del futuro embalse. Saltos del Duero puso desde el principio su mayorempeño en que el traslado, piedra a piedra, al poblado cercano de Campillo, se llevara a cabocon todas las garantías posibles de conservación y seguridad, hasta el punto de que invirtióen el mismo una suma considerable para la época, cien mil pesetas, y el Consejo deAdministración fue informado largamente de la operación. Esta joya del arte español es
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