desestimaron sus propuestas de unirse a Electra Popular Vallisoletana y otras sociedadesCantero, desanimado, colaboró más adelante con los empresarios e ingenieros que llegaron ala zona del Duero, procedentes de Bilbao, buscando hacer realidad un plan magnífico deaprovechamiento de las posibilidades hidroeléctricas del río castellano y sus afluentes. ElPorvenir de Zamora resistió la llegada del nuevo contendiente, mucho más grande que él, ymantuvo su existencia como sociedad independiente hasta 1951, cuatro años después de lamuerte de su fundador y principal impulsor. Los Saltos del Duero se fundaron en 1918 con el Banco de Bilbao como sociomayoritario. Desde el primer momento, José Orbegozo, nombrado director general, tuvo quepelear de manera incansable contra innumerables impedimentos, entre ellos las reticenciasde las autoridades portuguesas, las maniobras de la competencia, la inseguridad jurídica delos derechos adquiridos, la oposición de sectores agrarios castellanos, la entrada de sociosextranjeros y la búsqueda de la financiación adecuada. Durante más de un decenio la tarea delos ingenieros y directivos de la sociedad consistió más en vencer problemas humanos,políticos y sociales que en resolver cuestiones técnicas, sin que pudiera avanzarse ni un pasoen tareas de construcción. Federico Cantero había vendido a Horacio Echevarrieta susderechos sobre el Duero y había facilitado a José Orbegozo los primeros estudios yproyectos de aprovechamiento, que serían una guía fundamental para la andadura inicial de lanueva empresa. Las obras del salto del Esla comenzaron en mayo de 1929 bajo el signo de la urgencia.La empresa había necesitado once años para establecer con suficientes garantías susderechos y sus medios financieros y en los socios pesaba demasiado el tiempo transcurrido.Casi 8.000 fincas urbanas y rústicas, que abarcaban cerca de 40 kilómetros cuadrados yvarias aldeas completas, fueron expropiadas, y hubo que construir vías de comunicaciónalternativas. Orbegozo, presionado por un Consejo de Administración deseoso de ofrecercuanto antes energía al mercado y ante la falta de una organización interna suficiente,decidió recurrir al sistema de contrata con dos empresas constructoras que estabanrelacionadas con consejeros de Saltos del Duero, incluido él mismo: la Empresa General deConstrucción, luego llamada Puertos y Pantanos, y la Sociedad General de Obras yConstrucciones (Obrascon). Una condición inexcusable de la concesión otorgada por el Estado fue la de trasladar aotro lugar la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave, condenada de otra forma a sercubierta bajo las aguas del futuro embalse. Saltos del Duero puso desde el principio su mayorempeño en que el traslado, piedra a piedra, al poblado cercano de Campillo, se llevara a cabocon todas las garantías posibles de conservación y seguridad, hasta el punto de que invirtióen el mismo una suma considerable para la época, cien mil pesetas, y el Consejo deAdministración fue informado largamente de la operación. Esta joya del arte español es
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