• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
ANTONY BEEVOR
LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
CRITICA
BARCELONA
 
Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del
copyright,
bajo las sancionesestablecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidosla reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Traducción castellana de Gonzalo Pontón Diseño de la cubierta: © Jaime Fernández Ilustración de la cubierta: Soldadorepublicano a punto de lanzar una granada (3 de junio de 1938)© Hulton - Deutsch Collection/Corbis Fotocomposición: Pacmer S. A. Realización de mapas: © Estudí Farrés, S. L.© Ocito Ltd., 2005© 2005, de la presente edición para España y América:CRÍTICA, S. L., Diagonal, 662-664, 08034 Barcelonae-mail: editorialz@ed-critica.eshttp://www.ed-critica.esISBN: 84-8432-665-3Depósito legal: B. 32.308-20052005. Impreso y encuadernado en España por EGEDSA (Barcelona)
2
 
Introducción
«Una guerra civil no es una guerra, sino una enfermedad -escribió Antoine de Saint-Exupéry-. El enemigo es interior. Lucha uno casi contra sí mismo.» La tragedia española de losaños treinta fue más que una enfermedad, si cabe, porque se vio atrapada en la guerra civilinternacional que estalló con la revolución bolchevique.Los horrores que se sucedieron en Rusia socavaron el espacio político del centrodemocrático en toda la Europa continental. Y es que el proceso de polarización entre «rojos» y«blancos» consintió a ambos extremos políticos incrementar su propio poder y manipular laimagen de sus enemigos pintándola con tintes aterradores, cuando no apocalípticos. Laspropagandas antagónicas se alimentaron recíprocamente. Tanto Stalin como Goebbelsexplotaron, con perspicacia diabólica, la poderosa combinación que constituyen el miedo y elodio. El proceso despojó a sus oponentes «traidores» tanto de su condición humana como desu ciudadanía. Por eso es erróneo calificar a la guerra civil española de «fratricida». Ladivisoria de las nuevas ideologías podía convertir a los hermanos en extraños sin rostro, y asindicalistas o tenderos en enemigos de clase. Todas las nociones tradicionales de afinidad degrupo y de comunidad local quedaron abolidas de golpe.Se suele presentar a la guerra civil española como el resultado de un choque entre laizquierda y la derecha, pero sabemos que eso es una simplificación engañosa. El conflictotenía otros dos ejes: centralismo estatal contra independencia regional, y autoritarismo contralibertad del individuo. Una de las razones que explican la mayor coherencia política y militarde las fuerzas nacionales radica en que, con sólo alguna excepción menor, combinaron tresextremos aglutinantes. Eran de derechas, centralistas y autoritarias a la vez. La República, porel contrario, venía a ser un crisol de incompatibilidades y sospechas mutuas, con centralistasy autoritarios enfrentados a regionalistas y libertarios. Todavía nos rondan los fantasmas de las batallas de propaganda que se libraron hacesetenta años. La guerra civil española es uno de los pocos conflictos modernos cuya historia lahan escrito con mayor eficacia los perdedores que los vencedores. No es sorprendente si unopiensa en la sensación internacional de angustia que sobrevino tras la derrota republicana enla primavera de 1939. Un sentimiento que se hizo más intenso después de 1945, al salir a laluz los crímenes de la Alemania nazi y al ver que la obsesiva sed de venganza del generalFranco hacia los republicanos vencidos no daba muestras de remitir.Las generaciones más jóvenes no pueden imaginar cómo era la vida en aquellos tiemposde conflicto totalitario. Los ideales colectivos, ya fueran los de los ejércitos, los de losmovimientos juveniles políticos o los de los sindicatos, prácticamente se habían desvanecido.Las pasiones y los odios de aquella época están a años luz del entorno estable, de seguridad ybienestar y de derechos ciudadanos en el que vivimos hoy. Aquel pasado es, ciertamente, unpaís lejano. España ha cambiado de arriba a abajo en cuestión de décadas. Su renacimientotras la guerra civil y el franquismo ha sido una de las transformaciones más sorprendentes eimpresionantes de toda Europa. Por eso quizá no es sensato tratar de juzgar el terribleconflicto de hace setenta años con los valores y actitudes liberales que hoy en día aceptamoscomo dados. Es imprescindible hacer brincar a la imaginación para tratar de comprender lascreencias y las actitudes de entonces, ya sean los mitos nacional-católicos y el miedo albolchevismo de la derecha, o la convicción de la izquierda de que la revolución y el repartoforzado de la riqueza iban a llevar a la felicidad universal.La pasión con la que se luchó por aquellas causas ha hecho muchísimo más difícil labúsqueda de la objetividad, sobre todo en lo tocante a los orígenes de la guerra. Cada lado hatratado de demostrar que fue el otro quien la empezó. A veces, incluso se tiende a pasar poralto factores neutros, como el hecho de que la República trataba de llevar a cabo, en muy3
You're Reading a Free Preview
Page 459 is not shown in this preview.
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...