A Susina Moizzi A LOS LECTORES
A medida que esta Historia de Roma salía por capí-tulos en
Domenica del Corriere,
comencé a recibir car-
tas cada vez más indignadas. Se me acusaba de ligere-
za, de despotismo, y, por algunos, francamente de im-
piedad por mi modo de tratar un tema considerado sa-
grado. No me sorprendí, porque, en efecto, hasta ahora, para hablar de Roma, en italiano, no se ha usado másestilo que el áulico y apologético. Mas estoy persuadi-do de que precisamente por esto bien poco ha queda-do en la cabeza del lector y que, terminado el bachi-llerato, entre nosotros casi ninguno siente la tenta-ción de refrescarse el recuerdo de ella. No hay nadamás fatigoso que seguir una historia poblada tan sólode monumentos. Y yo mismo debí luchar no pococontra los bostezos cuando, cayendo en la cuenta
de
haber olvidado años ha todo o casi todo, quise vol-verla a estudiar desde el principio. Hasta que topé con
Suetonio y con Dión Casio que, habiendo sido contem-
poráneos de aquellos monumentos, o por lo menoscoevos, no alimentaban para con ellos un respeto tanreverente y timorato.Siguiendo sus huellas, acabé hojeando también to-dos los demás historiadores y cronistas romanos.Y fue como dar vida a la piedra. De golpe, aquellos protagonistas que en la escuela nos presentaron mo-mificados en una actitud, siempre la misma, no de
Leave a Comment