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Salvaje de corazón: Descubramos el secreto del alma masculina

Salvaje de corazón: Descubramos el secreto del alma masculina

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Salvaje de corazón: Descubramos el secreto del alma masculina

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4/5 (38 ratings)
Length:
260 pages
5 hours
Publisher:
Released:
Jun 12, 2003
ISBN:
9781418535230
Format:
Book

Description

Dios diseñó al hombre para arriesgarse, dice John Eldredge.
Si no, mire los sueños y anhelos escritos en el corazón de todo muchacho: Ser héroe, ser guerrero, vivir una vida de aventura y riesgo. Tristemente, la mayoría abandona esos sueños y anhelos… con la ayuda de un cristianismo que al parecer solo lo presiona a ser «un buen chico». No en balde muchos hombres evitan la iglesia, y los que no a menudo son pasivos y en extremo aburridos. En este provocativo libro, Eldredge ofrece a las mujeres una mirada al verdadero corazón del hombre, y permite a los hombres ser lo que Dios quiso que fueran al diseñarlos: arriesgados, apasionados, vivos y libres.

Publisher:
Released:
Jun 12, 2003
ISBN:
9781418535230
Format:
Book

About the author

John Eldredge es autor best seller, consejero y maestro. Es también presidente de Ransomed Heart, un ministerio dedicado a ayudar a las personas a descubrir el corazón de Dios, recuperar sus propios corazones en el amor de Dios, y aprender a vivir en el reino de Dios. John y su esposa, Stasi, viven cerca de Colorado Springs, Colorado.


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Book Preview

Salvaje de corazón - John Eldredge

11.12

CAPÍTULO UNO

SALVAJE DE CORAZÓN

Como aguas profundas es … el corazón del hombre.

—PROVERBIOS 20.5

La vida espiritual no puede ser suburbana. Siempre es fronteriza, y los que vivimos en ella debemos aceptar, y hasta alegrarnos, que permanezca indómita.

—HOWARD MACEY

Quiero cabalgar hasta donde el oeste empieza

No puedo mirar las trabas ni soporto las cercas

No me pongas cerco. El corazón de un hombre es como agua profunda…

—COLE PORTER

Don’t Fence Me In [No me pongas cerco]

Al fin estoy rodeado de un paisaje salvaje. El viento en la copa de los pinos detrás de mí suena como el océano. Las olas se apresuran desde el gran azul de arriba, sobre la cima de la montaña que he escalado, en algún punto de la cordillera Sawatch en el centro de Colorado. Un mar de artemisas se extiende a mis pies por millas y millas solitarias. Zane Grey lo inmortalizó con el color salvia púrpura, pero la mayor parte del año tiene más bien un tono gris plateado. Esta es la clase de región que puede atravesar por días montado en un caballo sin ver otra alma viviente. Hoy, voy a pie. Aunque el sol brilla esta tarde, la temperatura no subirá a más de treinta grados Fahrenheit (cero grados centígrados) aquí cerca de la División Continental, y lo que sudé al escalar este tramo ahora me produce escalofríos. Está terminando el mes de octubre y se aproxima el invierno. A la distancia, a casi ciento sesenta kilómetros (cien millas) al sur por el suroeste, las Montañas San Juan ya están cubiertas de nieve.

El aroma acre de las salvias aun se adhiere a mis jeans, y me mantiene la mente despejada cuando tomo una bocanada de aire… notablemente escaso a más de tres mil metros (diez mil pies) de altura. Me veo obligado a descansar de nuevo, aun cuando sé que cada pausa aumenta la distancia entre mi presa y yo. Sin embargo, la ventaja siempre ha sido de ella. Aunque las huellas que encontré esta mañana aún eran frescas (de sólo unas horas), eso prometía muy poco. Un alce puede cubrir con facilidad kilómetros de terreno escarpado en esa cantidad de tiempo, especialmente si está herido o huyendo.

El uapití, como lo llaman los indios, es una de las criaturas más escurridizas que quedan en Estados Unidos. Son los reyes fantasmas del territorio alto, más cautos y recelosos que el venado, y más difícil de seguirles el rastro. Viven en las elevaciones más altas, y viajan más en un día que casi cualquier otra pieza de caza. Los alces parecen tener un sentido especial para detectar la presencia humana. En algunas ocasiones he estado cerca, al instante se han ido, desapareciendo silenciosamente entre los cultivos de álamos tan espesos que usted no creería que un conejo podría atravesarlos.

No siempre fue así. Por siglos los alces vivieron en las praderas, pastando juntos en grandes cantidades. En la primavera de 1805, cuando andaba en busca del Pasaje Noroccidental, Meriwether Lewis describió que pasaban en manadas de miles. A veces los curiosos holgazaneaban tanto que él podía lanzarles palos, como vacas lecheras de granja bloqueando el camino. Sin embargo, a finales del siglo la expansión hacia el oeste obligó a los alces a subir a las Montañas Rocosas. Ahora son escurridizos, y se esconden como bandidos en los límites de la vegetación, hasta que las fuertes nevadas del invierno los obligan a bajar. Si los busca ahora es bajo las condiciones de ellos, en persecuciones intimidantes mucho más allá del alcance de la civilización.

Por eso es que vengo.

Y es la razón por la que todavía estoy aquí, dejando que el viejo alce se aleje. Mi cacería, como puede ver, en realidad tiene poco que ver con el alce. Lo sabía antes de llegar. Estoy persiguiendo algo más en este lugar indómito. Ando en busca de una presa aun más escurridiza… algo que sólo se puede encontrar con la ayuda de un lugar solitario como este.

Estoy buscando mi corazón.

SALVAJE DE CORAZÓN

Eva fue creada dentro de la exuberante belleza del huerto del Edén. Pero Adán, como recordará, fue creado fuera del huerto. En el recuento de nuestros inicios, Génesis 2 lo deja ver claro: el hombre nació en zona deshabitada, de la parte indómita de la creación. Sólo después fue llevado al Edén. Desde entonces los muchachos nunca se han mantenido dentro de las casas y los hombres han tenido un insaciable anhelo de explorar. Añoramos regresar; es entonces cuando la mayoría de los hombres cobran vida. Como dijo John Muir, cuando un hombre va a las montañas, llega a casa. El centro de su corazón no está domesticado, y eso es bueno. «No estoy vivo en una oficina —dijo Northface—. No estoy vivo en un taxi. No estoy vivo en una acera». Amén a eso. ¿Su conclusión? «Nunca dejaré de explorar».

Mi género parece necesitar un poco de ánimo. Esto llega de modo natural, como nuestro amor innato por los mapas. En 1260 Marco Polo salió a buscar a China, y en 1967, cuando tenía siete años, mi amigo Danny Wilson y yo intentamos cavar un hoyo en nuestro patio para llegar hasta allá. Nos dimos por vencidos a los dos metros y medio (ocho pies), pero resultó un gran fuerte. Aníbal atravesó sus famosos Alpes, y llega un día en la vida de un niño cuando cruza por primera vez la calle y pasa a formar parte del grupo de los grandes exploradores. Scott y Amundsen compitieron por el Polo Sur; Peary y Cook se disputaron el Polo Norte, y cuando el verano pasado les di a mis hijos algunas monedas y permiso para ir en sus bicicletas hasta la tienda para comprar un refresco, cualquiera hubiera pensado que les había alquilado un avión para descubrir el ecuador. Magallanes navegó al oeste, alrededor de la punta de Sur América —a pesar de las advertencias de que él y su tripulación caerían en el fin de la tierra— y Huck Finn bajó por el Misisipí, haciendo caso omiso a amenazas similares. Powell siguió al Colorado dentro del Gran Cañón, aunque —no, porque— nadie lo había hecho antes y todo el mundo decía que no se podía hacer.

Por eso mis chicos y yo nos paramos en la orilla del río Snake en la primavera de 1998, sintiendo esa antigua urgencia de escaparnos. La descongelación de la nieve ese año era alta, más alta que de costumbre, y el río se había salido de su cauce y corría a raudales por los árboles a ambos lados. El medio del río, que a finales del verano es cristalino, ese día estaba como chocolate con leche, flotaban troncos, enormes marañas de ramas más grandes que un auto, y quién sabe qué más. Alto, lleno de lodo, y raudo, el Snake era imponente. No se veían otras balsas. ¿Mencioné que llovía? Sin embargo, teníamos una canoa nueva, los remos estaban a la mano y, seguro, yo nunca había flotado en el Snake sobre una canoa, a decir verdad en ningún otro río, ¡pero ni hablar! Nos subimos y nos dirigimos a lo desconocido, como Livingstone metiéndose al interior de África.

La aventura, con todos sus requisitos de peligro y locura, es un profundo anhelo espiritual en el alma del hombre. El corazón masculino necesita un lugar donde nada sea prefabricado, modular, sin grasa, veloz, adjudicado, conectado, calentado en microondas. Donde no haya fechas límites, teléfonos celulares ni reuniones de comité. Donde haya espacio para el alma. Donde, finalmente, la geografía que nos rodea corresponda a la de nuestro corazón. Observe los héroes del texto bíblico: Moisés no encontró al Dios viviente en el centro comercial. Lo encontró (o fue encontrado por Él) en alguna parte de los desiertos del Sinaí, muy lejos de las comodidades de Egipto. Lo mismo se aplica a Jacob, quien no tuvo su lucha contra Dios en un sofá de la sala sino en el lecho seco de un río, en alguna parte del Jaboc, en Mesopotamia. ¿Dónde fue el gran profeta Elías a recuperar sus fuerzas? Al desierto. Así lo hizo Juan el Bautista, y su pariente Jesús, quien fue llevado por el Espíritu Santo al desierto.

No importa qué más estuvieran buscando esos exploradores, también andaban en busca de sí mismos. Muy profundo en el corazón de un hombre hay algunos interrogantes básicos que simplemente no encuentran respuesta en la mesa de la cocina. ¿Quién soy? ¿De qué estoy hecho? ¿A qué estoy destinado? Es el miedo lo que mantiene a un hombre en casa, donde las cosas están limpias y en orden, y todo está bajo su control. Pero las respuestas a sus más profundos interrogantes no se encuentran en la televisión ni en la nevera. Allá en las ardientes arenas desérticas, perdido en un desierto inexplorado, Moisés recibió la misión y el propósito de su vida. Fue llamado a algo mucho más grande de lo que había imaginado, mucho más serio que un ejecutivo en jefe o un «príncipe de Egipto». Bajo estrellas extrañas, en lo profundo de la noche, Jacob recibió un nuevo nombre, su verdadero nombre. Ya no es un astuto negociante, ahora es alguien que luchó con Dios. Lo esencial del sufrimiento de Cristo en el desierto fue una prueba de su identidad. «Si eres quien crees ser…» Si un hombre ha de averiguar quién es, y por qué está aquí, debe hacer ese viaje.

Es necesario que vuelva a recuperar su corazón.

LA EXPANSIÓN HACIA EL OESTE CONTRA EL ALMA

La manera en que se desarrolla la vida de un hombre hoy día tiende a meter su corazón en remotas regiones del alma. Interminables horas ante una pantalla de computadora; vendiendo zapatos en el centro comercial; reuniones, memorándums, llamadas telefónicas. El mundo de los negocios —donde la mayoría de estadounidenses viven y mueren— exige que un hombre sea eficiente y puntual. Se diseñan políticas y procedimientos empresariales con un propósito: atar al hombre al arado y hacer que produzca. Pero el alma se niega a que la amarren; ella no sabe de agendas, fechas límites ni informes de ganancias o pérdidas. El alma anhela pasión, libertad, vida. Así lo expresó D.H. Lawrence: «No soy un mecanismo». Un hombre necesita sentir los ritmos de la tierra; necesita tener a mano algo verdadero: el timón de un bote, un par de riendas, la aspereza de la cuerda o simplemente una pala. ¿Puede un hombre vivir todos sus días con las uñas limpias y recortadas? ¿Es eso con lo que sueña un niño?

La sociedad no acaba de decidir qué piensa sobre los hombres. Luego de pasar los últimos treinta años redefiniendo la masculinidad como algo más sensible, seguro, manejable y, por así decirlo, femenino, ahora les reprochan por no ser hombres. Los niños suspiran por ser niños. Como si para que un hombre crezca de verdad tuviera que renunciar a la aventura y a sus ansias de conocer el mundo, para apaciguarse y estar siempre en casa jugando damas. Un tema regular en programas de entrevistas y libros nuevos es: «¿Dónde están todos los verdaderos hombres?» Quiero contestar: Les pidieron que fueran mujeres. El resultado es una confusión de género nunca antes experimentada en tan amplio nivel en la historia de la humanidad. ¿Cómo puede saber alguien que es un hombre cuando su objetivo más elevado es cuidar sus modales?

Después, ¡ay!, viene la iglesia. El cristianismo, como existe en la actualidad, ha hecho algunas cosas horribles a los hombres. Cuando todo se ha dicho y hecho, pienso que la mayoría de los hombres creen que Dios los puso en la tierra para ser chicos buenos. Muchos hombres nos han dicho que el problema es que no saben cómo cumplir sus promesas, ser líderes espirituales, conversar con sus esposas, o cómo criar a sus hijos. No obstante, si de veras lo intentan con empeño, logran alcanzar la elevada meta de llegar a ser… un chico bueno. Eso es lo que tenemos como modelos de madurez cristiana: ser chicos realmente buenos. No fumamos, no bebemos ni decimos malas palabras; eso es lo que nos hace hombres. Pues bien, déjeme preguntar a mis lectores varones: ¿Alguna vez, en todos sus sueños infantiles, soñó con convertirse en un chico bueno? (Damas, ¿actuaba con audacia el príncipe de sus sueños… o sólo era un buen tipo?)

En realidad ahora, ¿exagero mi caso? Vaya a la mayoría de iglesias en Estados Unidos, mire a su alrededor, y hágase esta pregunta: ¿Qué es un hombre cristiano? No escuche lo que se dice, mire lo que encuentra allí. No hay duda alguna. Usted tendrá que admitir que un varón cristiano es… aburrido. En un reciente retiro de la iglesia hablé con un señor en sus cincuenta, y realmente escuché acerca de su viaje como un hombre. «Me he esforzado mucho en los últimos veinte años para ser un buen hombre, como lo define la iglesia». Intrigado le pedí que hablara de ese pensamiento. Hizo una larga pausa y contestó: «Obediente. Y separado de mi corazón». Una descripción perfecta —pensé—. Lamentablemente acertada.

Robert Bly se lamenta en Iron John [El ciudadano de hierro]: «Algunas mujeres quieren un hombre pasivo, si es que quieren un hombre; la iglesia quiere un hombre domado (los llaman sacerdotes); la universidad quiere un hombre domesticado (los llaman personas con profesión); la empresa quiere un … hombre desinfectado, sin vellos y superficial». Todo se junta en una clase de expansión hacia el oeste contra el alma masculina. Y de esta manera se lleva el corazón de un hombre a lugares remotos, como un animal herido que busca refugio. Las mujeres saben esto y lamentan no tener acceso al corazón de sus hombres. Los hombres también lo saben, pero no pueden explicar por qué se ha perdido su corazón. Saben que su corazón está palpitando, pero a menudo no saben dónde seguir el rastro. La iglesia menea la cabeza y se pregunta por qué no puede conseguir más hombres para llevar a cabo sus programas. La respuesta es sencilla: No hemos invitado hombres a conocer y a vivir desde la profundidad de su corazón.

UNA INVITACIÓN

No obstante, Dios hizo el corazón masculino, lo puso en todo hombre, y de ese modo le ofrece una invitación: «Ven y vive lo que anhelo que seas». Permítame pasar por el debate de naturaleza contra crianza, «¿se construye en realidad el género?», con una observación simple: Tanto hombres como mujeres están hechos a imagen de Dios como hombres o como mujeres. «Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1.27). Pues bien, sabemos que Dios no tiene cuerpo, por tanto la singularidad no puede ser física. El género simplemente debe estar en el nivel del alma, en lugares profundos y eternos del interior. Dios no hace personas genéricas; hace algo muy marcado: un hombre o una mujer. En otras palabras, hay un corazón masculino y un corazón femenino, los que en su forma particular reflejan o representan el corazón de Dios al mundo.

Dios quiso decir algo cuando creó al hombre, y si hemos de encontrarnos a nosotros mismos, debemos encontrar eso. ¿Qué puso Él en el corazón masculino? En vez de preguntar lo que usted cree que debe hacer para convertirse en un mejor hombre (o mujer, para mis lectoras), deseo preguntarle: ¿Qué es lo que le anima a vivir? ¿Qué hace que su corazón palpite aprisa? El viaje que enfrentamos ahora es a una tierra extraña para la mayoría de nosotros. Debemos entrar en un paisaje que no tiene sendas claras. Este vehículo de exploración nos lleva nuestros propios corazones, a nuestros deseos más profundos. El dramaturgo Christopher Fry dice:

La vida es una hipócrita si no puedo vivir

¡A la manera en que me mueve ha hacerlo!

Hay tres deseos que tengo tan profundamente escritos en mi corazón que ahora sé que ya no puedo ignorarlos sin perder mi alma. Son indispensables para describir quién soy y qué anhelo ser. Miro en mi infancia, busco las páginas de literatura, escucho con cuidado a muchos, muchos hombres, y estoy convencido que estos deseos son universales, una clave a la masculinidad misma. Se pueden perder, olvidar o emplear mal, pero en el corazón de todo hombre hay un anhelo desesperado por una batalla que pelear, una aventura que vivir y una bella que rescatar. Quiero que piense en las películas que le gustan a los hombres, en las cosas que hacen con su tiempo libre, y especialmente en las aspiraciones de los niñitos, y vea si no tengo razón en esto.

UNA BATALLA QUE PELEAR

En mi pared hay una foto de un pequeño de aproximadamente cinco años de edad, con el pelo cortado al rape, grandes cachetes y una pícara sonrisa burlona. Es una foto antigua, y el color está desteñido, pero la imagen es eterna. Es la mañana de Navidad de 1964, y acabo de abrir lo que puede ser el mejor regalo que cualquier niño reciba en alguna Navidad: un par de pistolas de seis tiros con mango nacarado, con sus fundas de cuero negro, una camisa roja de vaquero con dos caballos salvajes bordados en el pecho, brillantes botas negras, pañuelo rojo y sombrero de paja. Me puse el conjunto y no me lo quité por semanas porque, usted sabe, este no es un «disfraz» en absoluto; es una identidad. Seguro, una pata del pantalón está metida en mi bota y la otra cuelga por fuera, pero eso sólo agrega una «estela de frescura» a mi persona. Mis pulgares están metidos en la correa de las pistolas y he sacado pecho porque estoy armado y soy peligroso. Cuidado chicos malos: este pueblo no es suficiente para todos nosotros.

Capas y espadas, camuflaje, pañuelos de colores y pistolas de seis tiros… estos son los uniformes de la infancia. Los niños pequeños ansían saber que son poderosos, que son peligrosos, que son alguien con quién vérselas. ¿Cuántos padres han intentado en vano evitar que sus pequeños jueguen con armas? Dése por vencido. Si no le da armas a un niño, él las hará de cualquier material que tenga a mano. En el desayuno mis hijos mastican sus galletas integrales hasta darles forma de pistolas de mano. Cualquier palo o rama caída es una lanza, o mejor aún, una bazuka. A pesar de lo que digan muchos educadores modernos, esta no es una alteración sicológica provocada por violencia televisiva o desequilibrio químico. La agresión es parte del diseño masculino; estamos estructurados para ella. Si creemos que el hombre está hecho a la imagen de Dios, entonces debemos recordar que «Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre» (Éxodo 15.3).

Las niñitas no inventan juegos donde muere mucha gente, donde el derramamiento de sangre es un prerrequisito para tener diversión. El jockey, por ejemplo, no fue una creación femenina. Tampoco el boxeo. Un muchacho quiere atacar algo, y también un hombre, aunque sólo sea una pelotita blanca puesta en el tee. Desea meterla en el reino venidero. Por otra parte, mis hijos no se sientan a jugar con tacitas y platitos. No llaman a sus amigos por teléfono para hablar de relaciones. Ellos se cansan rápido con juegos que no tienen ningún elemento de peligro, competencia o derramamiento de sangre. Juegos cooperativos basados en «interdependencia relacional» son una completa tontería. «¿Nadie muere?», preguntan incrédulos. «¿Nadie gana? ¿Qué sentido tiene?» La naturaleza universal de esto ya nos debe haber convencido: El niño es un guerrero; el niño es su nombre. Y no son payasadas de muchachos lo que hacen. Cuando los muchachos juegan a la guerra están ensayando su parte en un drama mucho más grande. Un día usted simplemente podría necesitar que ese muchacho lo defienda.

Aquellos soldados de la Unión que atacaron los muros de piedra en Bloody Angle; las tropas aliadas que desembarcaron en las playas de Normandía o en las arenas de Iwo Jima… ¿qué habrían hecho sin esta parte profunda de sus corazones? La vida necesita que el hombre sea feroz… y ferozmente devoto. Las heridas que sufrirá en su vida harán que pierda el corazón si lo único que se le enseña es que sea tierno. Esto es especialmente cierto en las aguas turbias de las relaciones, donde un hombre se siente menos preparado para avanzar. Bly lo dijo así:

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Reviews

What people think about Salvaje de corazón

4.1
38 ratings / 26 Reviews
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Reader reviews

  • (4/5)
    This book is based on the premise that many men have been emotionally "wounded" and therefore lost their passion and zest for life. The message is Christian-based and is used in some churches in workshops for men seeking more out of life while remaining loyal church members and devoted husbands. The book assumes all men are naturally aggressive but have been feminized by society. There are some good points here but I did not agree with many of them. It is suggested women read this to understand men.
  • (2/5)
    This book take a look at the "wounded soul" of men and pushes men to, basically, think about people who have "hurt" them in the past. Think about your relationship with your dad. Think about friends, family, bosses, etc. Some of these discussions are interesting, and I think that a lot of what the book talks about is at least somewhat applicable to our lives. The problem is, they just keep talking and talking, never really having the gumption to discuss what to do about these perceived issues in our lives. They talk about the book as if it's a be-all end-all guide on how to fix the modern male, but that never happens. It never guides men to a real, achievable solution or path to take.Also, the continuous focus on the imagery of men as warriors can be definitely damaging to people who don't understand their place in the world. I've seen this book do terrible things to people, building them up on a weak scaffolding (of warrior-ship) just to have them fail because they weren't taught how to realistically understand their situation.I would not purchase this book for my teen, and you shouldn't either unless you take the time to read and study the book and determine if it's something you and your family can handle.
  • (4/5)
    Wild At Heart by John Eldridge is a powerful book for men to uncover the wounds inflicted on us and how to overcome them. I've seen a lot of guys healed and made whole from reading this book and even watching the accompanying video...even though the video is really outdated! It's a very easy read that is easy to discuss but is incredibly insightful.ACF: Todd Nagel, not currently in ACF's library.
  • (4/5)
    Challenging and thought provoking, but a bit outdated. Needs to be revised and updated.
  • (4/5)
    My Summary: Wild at Heart is a book about finding the authentic heart of a man. It is about the spiritual wound that all men suffer and which must be healed.Wild at Heart gives men the tools which are necessary in order to begin searching for their own hearts, but it is written in a way that is inviting to the women as well (if not more so).My Thoughts: I liked this book a lot. Not only did Eldredge illustrate God in a way that was new and enlightening for me, but I felt as though this book showed me how to pray for my husband in a way that was more meaningful than simply paying lip service to our marriage. Whether this was Eldredge's intention or not, I am not sure.I did, however, have some misgivings. Eldredge consistently uses feats of daring or the "wilderness" as a means of defining the wildness of a man, and yet focuses perhaps too little on the man who's dream was to become a musician, or another who dreamed of becoming a doctor. The man who finds a cure for cancer will not have lived any less adventure than the man who brings down the biggest buck. My concern here is that some men (and women) will be discouraged by the feeling that manhood is defined by a certain kind of wildness.All in all this is an excellent book, and I recommend it for everyone, male and female alike. I'm definitely looking forward to reading more from John and Stasi Eldredge!I received my copy of Wild at Heart free from the publisher in exchange for an honest review. I have not been paid to give a glowing review of this book. All opinions expressed are my own.
  • (4/5)
    I enjoyed this, my husband did not. I found some of the ideas of maleness and femaleness sound, others not. A good book to be read.
  • (5/5)
    Every man should read this book (as might any woman who wants to understand men). It answers a nagging question most of us only recognize indirectly. It reconciles the nature of men with the culture of our time. It explains a lot and inspires a better life. It shows there is a way to be both disciple and warrior.
  • (5/5)
    Great book. Several times I had to stop and say "Wow". This book gives great insight to how we men think and why.
  • (3/5)
    This is just one more book in a long series of current Christian writings that really has very little substance and is more about a pep-rally than actual theological depth and transformation.I recognize the importance of encouraging people to embrace their 'manliness' but this book is a little too Tim Allen for me...
  • (4/5)
    What man doesn't love this book? He tells you to watch Braveheart. He gives you freedom to be a man.Here's what i think, I think more women need to read this than men.
  • (4/5)
    I am currently at a great crossroad in my life. My wife of 18 years has left me for another man. Naturally many questions come into a man's mind at this time. This book has ceratinly answered many of those questions as well as started a new thirst in me to find out more about the masculine soul
  • (5/5)
    A must read for all males. When the female comes to the point that she is at a loss as to why God created man the way He did - read immediately. It really isn't our fault entirely that we are the way we are. This book reveals some amazing insights into the male psyche. This book shows the marvelous purpose for the differences between the male and female. After God formed man from the dust and his mate from his rib, "Wild at Heart " helps fill the gap of misunderstanding about the function of each gender with common sense truth.
  • (1/5)
    Where in the Bible does it really suggest that men should be "Wild at Heart?" living constantly on the edge and taking all kinds of risks and engaging in dangerous activities. Of course this idea will appeal to younger men and new Christians but it is completely the opposite of the Biblical model of denying self and taking up the cross to follow Jesus. There's nothing weak or unmanly about that!
  • (5/5)
    This is one of the best books for Christian men that I have read. It should be required reading.
  • (1/5)
    Stay away from this book!Man-centered theology. Open theism. Incorrect understanding of the depravity of a man's heart. Hypocrital call for men to keep pure...yet recommends movies with scenes of crude language and humor, lust, sexual situations, and nudity!With the call to be "Wild at Heart" I'm afraid Eldredge may be catering to man's flesh. Tempting, huh?
  • (4/5)
    A formidable answer to an age-old question: How can a man make himself tolerable and useful while accepting and expressing his primordial maleness-the searching and aggressive urges to conquer what needs subduing, protect the vulnerable, fix what is broken, compete and risk what demands to be risked in himself and the world? The author's message is set in the Christian tradition without being controlled by its ideology. Eldredge believes that institutions can oppress a man's heart and keep society from benefiting from his fierce desire to love, do good, fight evil, and go beyond the limits. The exceptional writing and ideational balance... make this a compelling effort to integrate the hero's gritty nature with the public good. T.W. © AudioFile 2004, Portland, Maine
  • (1/5)
    There are so many good books out there to read and reflect upon, and so little time to read them. In light of this situation, I recommend you not read this book. Trust me, find something by John Owen and use your mind.I found this book to be quite boring, and not stimulating at all. Nothing personal against Eldredge, I just did not care for this work. His theology of God is questionable at best.
  • (2/5)
    To be honest, I was a little disappointed although I’m not sure exactly what I was expecting. From the very beginning, Eldredge seems to be painting a caricature of what a true “man” that comes hauntingly close to how Hollywood wants us to view men as – rugged, square-jawed, outdoorsy types that live to clock out at 5 and have their trucks in 4-wheel drive by 5:15 on some backwoods trail. In fact, many of Eldredge’s examples of “true” men come from such movies as Braveheart and Gladiator. It is apparent that Eldredge enjoys the outdoors and who can fault him for that? The danger is when he equates a necessity of enjoying all these things to how much of a “wild man” a guy really is. He even goes so far as to say that a true man can’t really like being inside at a desk all day, but should be longing to get outside. If he does, something’s wrong with him and he needs to reclaim his manhood by getting wild (outdoors). And this is the premise that Eldredge seems to base his entire thesis on – a man must be wild, adventuresome and ready for a fight in order to be a man. This is backed up with many examples including one where he advises his son who is being picked on to punch the bully in the face as hard as he can. This apparently was designed to make his son feel enabled and manly and have the freedom to fight back, despite the fact that we are to follow Christ’s teaching of turning the other cheek. (Eldredge defends his actions by saying many in the church misinterpret this passage, but never says how or why.)There are two particular errors (among many) in the book that I want to hit on. The first is the noticeable absence of hardly any Scripture given to support Eldredge’s many false presumptions, and the Scripture that is quoted is so twisted out of context as to make it say something that does not ring true. Instead, Eldredge relies heavily on psychological analyses that fall short of correctly mirroring any Scriptural teaching. Don’t get me wrong on this point. I believe that there is a great use for psychology and we shouldn’t throw the baby out with the bathwater so to speak. But the danger comes when we replace Scripture with the psychology and try to make it sound Biblical.The second and perhaps most disturbing error in the book is Eldredge’s claim that, in trying to support his view that God loves adventure, God is a risk-taker and even an “immense risk-taker.” To hear Eldredge’s view of the death of Christ, you would think the crucifixion was completely unplanned and God showed up just in the nick of time to set everything straight. “God lets the mob kill Jesus, bury him…then he shows up.” Although he tries to add a disclaimer that he isn’t a proponent of Open Theism, he apes Open Theism’s teachings quite well. Risk by definition involves some aspect of the unknown and to say that God takes risks is to say that He doesn’t know the outcome of certain things.I do believe that today’s culture emasculates men in wanting to be in touch with their softer side and perhaps Eldredge was trying to fight against that. But instead what he ends up doing is going to the other end of the Hollywood extreme in idolizing he-men. In the end, Eldredge’s answer to regaining masculinity seems to be to get in touch with our inner caveman. While there were a few good points made, they are so few and far between as to not make reading (or listening to) the book worthwhile.
  • (5/5)
    One of the best books I've read in a long time. A must for every man. I suggest it for women and mothers of boys too to gain insight on the male life. I hated when I got to the last chapter, cause I knew the ride was almost over!
  • (4/5)
    One of the many "pendulum swings" in our society involves gender-- differences between the two genders and the relative "value" in those differences. For years masculinity was, no doubt, over-estimated and over-valued; however, the modern feminist movement has surely led to the pendulum being swung too far the other way. Society at large is becoming more and more aware that masculinity has been under-estimated and under-valued; this message is also becoming apparent in religious matters, especially in Christianity.Over the past decade or so there has been a growing realization that the way that churches are set up and how churches counsel and develop men has become dangerously feminized. It is in such a climate of growing awareness that John Eldredge originally wrote Wild at Heart.Thomas Nelson has now released a revised and expanded version of Wild at Heart that includes a new preface and an excerpt from Eldredge's book Fathered by God. The majority of the rest, however, remains the same book as originally written.Eldredge's thesis is that the church has, in short, emasculated men, and he seeks to set forth a way of understanding how one can be both truly masculine and a believer in God. His analysis of churches attempting to develop men as "Really Nice Guys" is not too far off the mark. Blame is appropriately placed at the feet of feminism; the "feminization" of Christianity that has been going on for generations is also at fault (another helpful book in these regards is Why Men Hate Going to Church by David Murrow). Eldredge draws from Scripture, mythology, movies, and other similar stories to set forth three essentials for true masculinity: a conflict in which to engage, an adventure in which to participate, and a beauty to win. He shows how this can be accomplished in worldly pursuits, how these are often perverted by the world to lead to false forms of masculinity, and most helpfully, shows how these three can be accomplished in the realm of Christianity.Eldredge also spends much time discussing the challenges men experience-- the "wound" to their masculinity or inclinations toward true masculinity and how a man must overcome the "wound" in order to return to wholesome masculinity. He also shows how men misdirect their focus and attempt to find their true masculinity in the wrong places-- work, drugs, women, etc. He speaks of the need to develop a close connection with God and to live by true faith, overcoming the "wound" and becoming a fulfilled man in Christ Jesus.There is much to be commended in the book; one can see oneself and many of the challenges that one's fellow men experience through what is written. Nevertheless, there has been much criticism of the book, and some of it is warranted. Eldredge's attempt to use worldly wisdom to circumvent Jesus' instruction about turning the other cheek is itself unwise and not done well-- Eldredge would do well to understand the distinction between refusing to allow a bully to break the will and being a coward in the face of a bully, and to recognize that Jesus never commends or practices violence in order to counteract violence. Such is not the way of Christ. Sometimes it seems that Eldredge's basis for things is experience and movies, and while those can be helpful images for understanding, they are no substitute for revealed truth. On the whole, however, it must be recognized that what Eldredge is presenting is a good counterweight to many of the messages heard in religious circles. Cowardice hiding under the pretense of humility is not the way of Christ, and Eldredge is right to expose it. Nevertheless, what Eldredge teaches should not be taken to the other extreme, and it must be remembered that there is a reason why there are more exhortations to humility in Scripture than there are to the assertion of self and self-identity. It is also interesting to note that while Eldredge is writing as a man to men he often uses very soft and feminine language-- intimacy, relationship, and the like. While it is not wrong to use such terms, they could be a hindrance to some men.Wild at Heart is a great way for men to start a conversation about the importance of re-discovering true masculinity and how one can be a man and serve God. It can be of great value for men who are willing to be open to the difficulties they experienced in the past and how they can overcome those difficulties so as to have a better future in Christ, in the marriage relationship, and with children. The message should just not be taken to extremes.The work is certainly worth the consideration of all men.*-book received as part of an early review program.
  • (2/5)
    Interesting book. Probably good for small group (intimate) church structures.
  • (4/5)
    John Eldredge invites Men to recover their dreams and to recover their masculine heart, define in the image of a passionate God. Men don't know how to keep their promises, be spiritual leaders, talk to their wives or raise their children because they have been taught from childhood to be a good boy. Deep in his heart every man longs for a battle to fight, an adventure to live, and a beauty to rescue. Eldredge gives us many examples of how men have come to lose their heart and to lose their way on the things that count. He says we must take risks to climb out of these restless lives and take back your heart. Get to know God and know what God wants you to do. If you listen to him you can throw away that early little boy training you were given and be a man. The man your wife wants you to be. The man your children want you to be. To do this you must pray to Christ and listen to him and to make the hard decisions you need to make to follow Christ and to teach others how to follow Christ.
  • (5/5)
    Very good book. Will challenge your current perspective.
  • (5/5)
    Gracias a este libro hoy conozco la razón para luchar por una causa y a usar las armas de mi corazón de hombre.
  • (5/5)
    Sí, Este libro te cambia la vida, Así de sencillo
  • (1/5)
    I am not a fan of John Eldridge or this book. I do agree with some of his presuppositions about our culture but I believe this book takes an immature stance on solving those problems. I also think it creates unnecessary gravitas in young men searching for their place in our feminized society.As a Reformed Christian I find his theology iffy. I was especially distressed in a few of his examples from life in the book Sacred Romance. Great premise, bad solution.