Nosotros los salvados by Jacqueline Goldberg - Read Online
Nosotros los salvados
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Vienen estos poemas de voces tomadas, recuperadas, usurpadas. Voces de supervivientes de la Shoá. Los riscos sobrellevados para arribar a este libro hacen repensar el tejido que sustrae finos hilos de la literatura y del periodismo, desde donde el género testimonial se transforma en Poesía documental, tendencia bien entendida y abordada por el modernismo norteamericano con contados ejemplos en lengua española. A Jacqueline Goldberg —una de las más reconocidas poetas venezolanas de su generación— le interesa comprender la poesía como investigación y documentación de una realidad que puede ser copiada, citada y editada hasta convertirse en una estética. Escritura sin duda imprescindible en estos días en que supuran por doquier las cicatrices del fascismo, la intolerancia, el antisemitismo, el racismo, la xenofobia y las persecuciones políticas.

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Nosotros los salvados - Jacqueline Goldberg

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carreta

directo al cementerio.

Los mandaron a cavar una fosa.

Ahí mismo los fusilaron.

Lo supimos porque dos de ellos regresaron.

A los asesinos se les agotaron las balas.

( )

moric düm

Apareció un soldado húngaro

para inspeccionarnos.

Era un campesino.

Después del trabajo,

me pidió que limpiara sus botas.

Se las limpié.

Cuando lo miré me dio mucha lástima:

tenía ojos de buey.

( )

otto urbach

El jefe era un capo alemán

al que llamábamos Mister X.

Mató a miles con sus propias manos.

Llevó gente a trabajar al río y los ahogó.

Era un sádico.

Había otro capo, Heineken,

pero él no era tan malo,

sólo daba bofetadas.

( )

trudy mangel de spira

Tenía los dedos del pie congelados.

Para evitar más infección

—o para torturarme—

me los cortaron sin anestesia.

Grité.

Me taparon la boca para que no gritara más.

La herida pasó mucho tiempo abierta.

El dolor constante

se ha convertido en parte de mi vida.

Hay noches en las que la sábana

me pesa sobre los muñones.

El dolor es tan parte de mí,

que no imagino cómo puede alguien

andar por el mundo sin dolor.

( )

francoise bielinski de sitzer

Ya después de la guerra

irme a dormir era terrible.

Cerraba los ojos y solo veía flores,

flores, flores.

Flores mórbidas.

( )

madeleine gliksman de almaleh

El 19 de octubre de 1942, desde su escondite,

mi madre escribió:

«El domingo en la noche

no sabemos lo que el lunes nos reserva.

Estamos todavía acostadas,

y de repente oímos…

y vemos afuera dos gendarmes.

Ellos entran: mi corazón es como una piedra,

se produce un gran revuelo.

Empacamos y salimos;

no sé a dónde ir.

Entro en un hotel

y me dan una habitación

que no es mejor que una tumba.

Miro afuera y no sé cómo aguantar,

empiezo a llorar, lucho sola.

Me arrimo a la pared,