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Mero Cristianismo

Mero Cristianismo

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Mero Cristianismo

ratings:
4/5 (100 ratings)
Length:
259 pages
4 hours
Publisher:
Released:
Apr 29, 2014
ISBN:
9780062346698
Format:
Book

Description

Esta obra poderosa y práctica es una de las más populares y queridas introducciones a la fe cristiana jamás escrita Mero Cristianismo reúne las legendarias charlas radiofónicas de C. S. Lewis que se transmitieron durante tiempos de guerra, charlas en las cuales él se proponía ""explicar y defender las creencias que han sido común a casi todos los cristianos de todos los tiempos."" Rechazando los límites que dividen las distintas denominaciones del cristianismo, C. S. Lewis ofrece una inigualable oportunidad al creyente y al no creyente para escuchar un argumento fuerte y racional para la fe cristiana. Esta es una colección de la genialidad de Lewis que aún se mantiene viva para el lector moderno y que a la vez confirma su reputación como el escritor y pensador más importante de nuestros tiempos. Mero Cristianismo es su libro más popular y ha vendido millones de ejemplares a través del mundo.
Publisher:
Released:
Apr 29, 2014
ISBN:
9780062346698
Format:
Book

About the author

Clive Staples Lewis (1898-1963) was one of the intellectual giants of the twentieth century and arguably one of the most influential writers of his day. He was a fellow and tutor in English Literature at Oxford University until 1954 when he was unanimously elected to the Chair of Medieval and Renaissance English at Cambridge University, a position he held until his retirement.


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Inside the book

Top quotes

  • La ley moral nos indica qué canción tenemos que tocar; nuestros instintos son simplemente las teclas.

  • No es a nosotros a quienes corresponde decir quién, en el sentido más profundo, está o no está más cerca del espíritu de Cristo. Nosotros no vemos en el corazón de los hombres. No podemos juz-gar, y, de hecho, se nos ha prohibido juzgar.

  • No se puede hacer buenos a los hombres por ley, y sin hombres buenos no es posible una sociedad buena.

  • Primero, que los seres humanos del mundo entero tienen esta curiosa idea de que deberían comportarse de una cierta manera, y no pueden librarse de ella. Segundo, que de hecho no se comportan de esa manera. Conocen la ley de la naturaleza, y la infringen.

  • No podemos estar sin ella ni podemos estar con ella. Dios es el único consuelo; tam-bién es el supremo terror, lo que más necesitamos y aquello de lo que más queremos escondernos. Es nuestro único aliado posible, y nos hemos conver-tido en sus enemigos.

Book Preview

Mero Cristianismo - C.S. Lewis

Índice

PREFACIO

LIBRO I

VERDAD Y FALSEDAD COMO CLAVES PARA COMPRENDER EL UNIVERSO

1. LA LEY DE LA NATURALEZA HUMAN

2. ALGUNAS OBJECCIONES

3. LA REALIDAD DE LA LEY

4. LO QUE YACE DETRÁS DE LA LEY

5. TENEMOS UN MOTIVO PARA ESTRA INQUIETOS

LIBRO II

LO QUE CREEN LOS CRISTIANOS

1. LAS CONCEPCIONES RIVALES DE DIOS

2.LA INVASIÓN

3. LA CHOCANTE AL TERNATIVA

4. EL PERFECTO PENITENTE

5. LA CONCLUSIÓN PRÁCTICA

LIBRO III

EL COMPORTAMIENTO CRISTIANO

1.LAS TRES PARTES DE LA MORAL

2. LAS «VIRTUDES CARDINALES»

3. MORAL SOCIAL

4. LA MORAL Y EL PSICOANÁLISIS

5. MORAL SEXUAL

6. EL MATRIMONIO CRISTIANO

7. EL PERDÓN

8. EL GRAN PECADO

9. CARIDAD

10. ESPERANZA

11. FE

12. FE

LIBRO IV

MÁS ALLÁ DE LA PERSONALIDAD: O PRIMEROS PASOS EN LA DOCTRINA DE LA TRINIDAD

1. HACER Y ENGENDRAR

2. EL DIOS TRIPERSONAL

3. EL TIEMPO Y MÁS ALLÁ DEL TIEMPO

4. LA BUENA INFECCIÓN

5. LOS OBSTINADOS SOLDADOS DE JUGUETE

6. DOS NOTAS

7. FINJAMOS

8. ¿ES EL CRISTIANISMO FÁCIL O DIFÍCIL?

9. CALCULANDO EL PRECIO

10. BUENAS PERSONAS U HOMBRES NUEVOS

11. LOS HOMBRES NUEVOS

ABOUT THE AUTHOR

OTROS LIBROS POR C. S. LEWIS

COPYRIGHT

ABOUT THE PUBLISHER

PREFACIO

El contenido de este libro fue primero emitido por la radio y después publicado en tres partes separadas: Argumento a favor del cristianismo (1942), Comportamiento cristiano (1943) y Más allá de la personalidad (1944). En la versión impresa añadí algunas cosas a lo que había dicho ante los micrófonos, pero aparte de esto dejé el texto más o menos como estaba. Una «charla» por la radio debe asemejarse tanto como sea posible a una charla auténtica, y no a un ensayo leído en voz alta. En mis alocuciones, por tanto, utilicé todas las contracciones y coloquialismos que normalmente utilizo en la conversación. Y cuando en las charlas había acentuado la importancia de una palabra por el énfasis de mi voz, la escribía en letra cursiva. Ahora me inclino a pensar que esto es un error, un híbrido indeseable entre el arte de hablar y el arte de escribir. Un conversador debe utilizar las variaciones de la voz a guisa de énfasis porque su medio se presta naturalmente a ese método, pero un escritor no debe valerse de la cursiva para el mismo fin. Tiene sus medios propios y distintos de resaltar las palabras clave y debe utilizarlos. En esta edición he expandido las contracciones y reemplazado la mayoría de las palabras en cursiva redactando nuevamente las frases cuando ha sido preciso, pero sin alterar, espero, el tono «popular» o «familiar» que siempre había sido mi intención utilizar. También he añadido o suprimido allí donde pensé que comprendía una parte de mi tema mejor que diez años atrás, o donde sabía que la versión original había sido mal comprendida por algunos.

El lector debe quedar advertido de que no ofrezco ayuda alguna a aquellos que dudan entre dos «denominaciones» cristianas. No seré yo quien le diga si debe convertirse en un anglicano, un católico, un metodista o un presbiteriano. Esta omisión es intencionada (incluso en la lista que acabo de dar el orden es alfabético). No hay misterio acerca de mi propia posición. Soy un laico ordinario de la Iglesia de Inglaterra, ni muy «alto» ni muy «bajo», ni ninguna otra cosa en especial. Pero en este libro no intento atraer a nadie a mi propia posición. Desde que me convertí al cristianismo he pensado que el mejor, y tal vez el único, servicio que puedo prestar a mis prójimos no creyentes es explicar y defender la creencia que ha sido común a casi todos los cristianos de todos los tiempos. Tenía más de una razón para pensar esto. En primer lugar, las cuestiones que separan a los cristianos unos de otros a menudo implican temas de alta teología o incluso de historia eclesiástica que nunca deberían ser tratados salvo por auténticos expertos. Yo habría estado fuera de mi jurisdicción en ese terreno: más necesitado de ayuda que capacitado para ayudar a otros. En segundo lugar, creo que debemos admitir que las discusiones sobre estos disputados temas no tienden en absoluto a atraer a un «forastero» a la congregación cristiana. Mientras hablemos y escribamos sobre ellas es mucho más probable que lo disuadamos de ingresar en cualquier comunión cristiana que lo atraigamos a la nuestra. Nuestras divisiones jamás deberían ser discutidas salvo en presencia de aquellos que ya han llegado a creer que hay un solo Dios y que Jesucristo es Su único Hijo. Finalmente, tuve la impresión de que tenemos muchos más, y más talentosos, autores ya dedicados a esos temas controvertidos que a la defensa de lo que Baxter llama el «mero» cristianismo. Aquella parte del terreno en la que pensé que podía servir mejor era también la parte que me pareció más desatendida, y allí naturalmente me dirigí.

Por lo que sé, estos fueron mis únicos motivos, y me sentiría muy contento si la gente no extrajera elaboradas conclusiones de mi silencio con respecto a ciertos temas en disputa.

Por ejemplo, tal silencio no necesariamente significa que yo mismo me sienta indeciso. A veces me siento así. Hay cuestiones en liza entre los cristianos para las cuales no creo tener la respuesta. Hay algunas para las que tal vez nunca conozca la respuesta: si las planteara, incluso en un mundo mejor, podría (por todo lo que sé) recibir la misma respuesta que recibió un interrogador mucho más grande que yo: « ¿Y a ti qué te importa? Tú sígueme.» Pero hay otras cuestiones sobre las cuales me siento definitivamente seguro, y sin embargo no las menciono. Porque no estoy escribiendo para exponer algo que podría llamar «mi religión», sino para exponer el «mero» cristianismo, que es lo que es y era lo que era mucho antes de que yo naciera, me plazca o no.

Algunas personas extraen conclusiones injustificables del hecho de que nunca digo más sobre la Virgen María de lo que implica afirmar el nacimiento virginal de Cristo. ¿Pero no es sin duda evidente la razón por la que no lo hago? Decir más me llevaría inmediatamente a regiones en extremo controvertidas. Y no hay controversia entre los cristianos que necesite ser más delicadamente tratada que esta. Las creencias católicas sobre este tema se sostienen no sólo con el fervor inherente a toda creencia religiosa sincera sino (muy naturalmente) con la peculiar y, por así decirlo, caballerosa sensibilidad que un hombre experimenta cuando el honor de su madre o de su amada están en cuestión. Por eso es muy difícil diferir de ellos sin aparecérseles como un grosero además de un hereje. Por el contrario, las opuestas creencias protestantes en lo que a este tema se refiere inspiran sentimientos que van hasta las mismas raíces del monoteísmo por excelencia. A los protestantes radicales les parece que la distinción entre Creador y criatura (por sana que ésta sea) se ve amenazada: que el politeísmo ha vuelto a resurgir. Por tanto es difícil disentir de ellos de modo que uno no parezca algo peor incluso que un hereje: un idólatra, o un pagano. Si hay algún tema que podría arruinar un libro acerca del «mero» cristianismo —si algún libro constituye una lectura totalmente improductiva para aquellos que aún no creen que el hijo de la Virgen es Dios— con toda seguridad es éste.

Por extraño que parezca no podréis sacar la conclusión, a partir de mi silencio sobre puntos en controversia, ni de que los creo importantes ni de que los creo sin importancia. Una de las cosas sobre la que los cristianos están en desacuerdo es la importancia de sus desacuerdos. Cuando dos cristianos de diferentes denominaciones empiezan a discutir no suele pasar mucho tiempo antes de que uno de ellos pregunte si tal o cual punto de la discusión «importa realmente», y el otro contesta: « ¿Importar? ¡Es absolutamente esencial!»

Digo todo esto sencillamente para dejar claro qué clase de libro he intentado escribir, y en absoluto para ocultar o evadir la responsabilidad de mis propias creencias. Acerca de ellas, como he dicho antes, no hay ningún secreto. Para citar al tío Toby: «Están escritas en el Libro de la Plegaria Común».

El peligro era claramente que yo presentara como cristianismo común cualquier cosa que fuese peculiar de la Iglesia de Inglaterra o (aún peor) de mí mismo. Intenté protegerme de esto enviando el manuscrito original de lo que ahora es el Libro II a cuatro clérigos (uno anglicano, otro católico, otro metodista y otro presbiteriano) para pedirles su opinión. El metodista pensó que no había hablado lo suficiente sobre la fe, y el católico que había ido demasiado lejos en lo referente a la comparativa poca importancia de las teorías en la explicación de la Redención. Aparte de esto los cinco estábamos de acuerdo. No sometí a examen los libros restantes porque, aunque en ellos podían suscitarse diferencias entre cristianos, estas serían diferencias entre individuos o escuelas de pensamiento, no entre denominaciones.

Por cuanto puedo deducir de las críticas y las numerosas cartas recibidas, el libro, por imperfecto que sea en otros aspectos, ha conseguido al menos presentar un cristianismo convenido, común, central: un «mero» cristianismo. En ese sentido es posible que sirva de alguna ayuda para silenciar la opinión de que, si omitimos los puntos en controversia, sólo nos quedará un factor común más alto. El factor común más alto resulta ser algo positivo y estimulante, separado de todas las creencias nocristianas por un abismo con el cual las peores divisiones dentro del cristianismo no son comparables en absoluto. Si no he ayudado directamente a la causa de la unión, tal vez haya dejado claro por qué debemos unirnos. Ciertamente me he encontrado con muy poco del renombrado odium theologicum por parte de convencidos miembros de comuniones distintas a la mía. La hostilidad ha venido más por parte de personas situadas en las zonas limítrofes, ya sea en la Iglesia de Inglaterra o fuera de ella: personas que no obedecían exactamente a comunión alguna. Esto me resulta curiosamente consolador. Es en su centro donde habitan sus hijos más auténticos, donde cada comunión está más cerca de cada uno en espíritu, si no en doctrina. Y esto sugiere que en el centro de cada una hay algo, o Alguien, que, contra cualquier divergencia de creencias, contra cualquier diferencia de temperamento o cualquier recuerdo de mutua persecución, habla con la misma voz.

Eso en lo que respecta a mis omisiones en cuanto a la doctrina. En el Libro III, que trata sobre moral, he pasado también en silencio por encima de ciertas cosas, pero por una razón diferente. Desde que serví como segundo teniente de Infantería en la primera guerra mundial he sentido una gran antipatía por los que, hallándose cómodos y a salvo, lanzan exhortaciones a los que se encuentran en la línea de batalla. Como resultado me resisto a decir gran cosa acerca de las rápidamente en una palabra inútil. En primer lugar, los cristianos mismos jamás podrán aplicarla a nadie. No es a nosotros a quienes corresponde decir quién, en el sentido más profundo, está o no está más cerca del espíritu de Cristo. Nosotros no vemos en el corazón de los hombres. No podemos juzgar, y, de hecho, se nos ha prohibido juzgar. Sería una perversa arrogancia por nuestra parte decir si un hombre es, o no es, un cristiano en este sentido refinado. Y evidentemente una palabra que no podemos aplicar nunca no va a ser una palabra muy útil. En cuanto a los no creyentes, no hay duda de que utilizarán alegremente el término en el sentido refinado. En sus bocas se convertirá simplemente en un término de alabanza. Al llamar a alguien un cristiano querrán decir que lo consideran un buen hombre. Pero esa manera de utilizar la palabra no será un enriquecimiento del idioma, puesto que ya tenemos la palabra bueno. Entretanto, la palabra cristiano habrá sido estropeada para lo que hubiera podido servir.

Debemos por lo tanto adherirnos al significado obvio y original. El nombre de cristianos fue dado por primera vez en Antioquia (Hechos XI, 26) a los «discípulos», a aquellos que aceptaban las enseñanzas de los apóstoles. No cabe duda de que estaba restringido a aquellos que se beneficiaban de esas enseñanzas tanto como debían. No cabe duda de que se extendía a aquellos que de algún modo espiritual, refinado, interior estaban «mucho más cerca del espíritu de Cristo» que los menos satisfactorios de los discípulos. No se trata de un hecho teológico, ni moral. Se trata de utilizar las palabras de manera que todos podamos comprender lo que se está diciendo. Cuando un hombre que acepta la doctrina cristiana vive de un modo que no es digno de ésta, es mucho más claro decir que es un mal cristiano que decir que no es un cristiano.

Espero que ningún lector suponga que el «mero» cristianismo se presenta aquí como una alternativa a los credos de las distintas confesiones, como si un hombre pudiese adoptarlo en preferencia al congregacionalismo o a la ortodoxia griega o a cualquier otra cosa. Se parece más a un vestíbulo desde el cual se abren puertas a varias habitaciones. Si puedo hacer que alguien entre en ese vestíbulo habré conseguido lo que intentaba. Pero es en las habitaciones, no en el vestíbulo, donde hay chimeneas encendidas, y sillones, y comidas. El vestíbulo es un lugar donde se espera, un lugar desde el cual pasar a las diferentes puertas, no un lugar para vivir en él. Para eso la peor de las habitaciones (sea cual sea) es, en mi opinión, preferible. Es verdad que algunos pueden descubrir que tienen que esperar en el vestíbulo un tiempo considerable, mientras que otros están seguros, casi inmediatamente, de a qué puerta tienen que llamar. No sé por qué existe esta diferencia, pero estoy seguro de que Dios no hace esperar a nadie a menos que vea que esperar es bueno para él. Cuando entréis en vuestra habitación comprobaréis que la larga espera os ha proporcionado un bien que de otro modo no habríais obtenido. Pero debéis considerarlo como una espera, no como una acampada. Debéis seguir orando para pedir luz y, por supuesto, incluso en el vestíbulo, debéis empezar a obedecer las reglas que son comunes a la casa entera. Y sobre todo debéis preguntar cuál de las puertas es la verdadera, no la que más os gusta por sus paneles o su pintura. En lenguaje común, la pregunta nunca debería ser: « ¿Me gusta esa clase de servicio?» sino « ¿Son verdaderas estas doctrinas? ¿Está aquí la santidad? ¿Me mueve hacia esto mi conciencia? ¿Mi resistencia a llamar a esta puerta se debe a mi orgullo, a mis simples gustos, o a mi desagrado personal por este guardián de la puerta en particular?»

Cuando hayáis llegado a vuestra habitación, sed amables con aquellos que han elegido puertas diferentes y con aquellos que siguen aún en el vestíbulo. Si están equivocados, necesitan mucho más de vuestras oraciones, y si son vuestros enemigos, entonces se os ha mandado orar por ellos. Esa es una de las reglas comunes a toda la casa.

LIBRO I

VERDAD Y FALSEDAD COMO CLAVES PARA COMPRENDER EL UNIVERSO

1. La ley de la naturaleza humana

Todos hemos oído discutir a los demás. A veces nos resulta gracioso y a veces simplemente desagradable, pero, sea como sea, creo que podemos aprender algo muy importante escuchando la clase de cosas que dicen. Dicen cosas como éstas: « ¿Qué te parecería si alguien te hiciera a ti algo así?» «Ese es mi asiento; yo llegué primero.» «Déjalo en paz; no te está haciendo ningún daño.» « ¿Por qué vas a colarte antes que yo?» «Dame un trozo de tu naranja; yo te di un trozo de la mía.» «Vamos, lo prometiste.» La gente dice cosas como esas todos los días, la gente educada y la que no lo es, y los niños igual que los adultos.

Lo que me interesa acerca de estas manifestaciones es que el hombre que las hace no está diciendo simplemente que el comportamiento del otro hombre no le agrada. Está apelando a un cierto modelo de comportamiento que espera que el otro hombre conozca. Y el otro hombre rara vez contesta: «Al diablo con tu modelo.» Casi siempre intenta demostrar que lo que ha estado haciendo no va realmente en contra de ese modelo, o que si lo hace hay una excusa especial para ello. Pretende que hay una razón especial en este caso en particular por la cual la persona que cogió el asiento debe quedarse con él, o que las cosas eran muy diferentes cuando se le dio el trozo de naranja, o que ha ocurrido algo que lo exime de cumplir su promesa. Parece, de hecho, como si ambas partes tuvieran presente una especie de ley o regla de juego limpio o comportamiento decente o moralidad o como quiera llamársele, acerca de la cual sí están de acuerdo. Y la tienen. Si no la tuvieran podrían, por supuesto, luchar como animales, pero no podrían discutir en el sentido humano de la palabra. Discutir significa intentar demostrar que el otro hombre está equivocado. Y no tendría sentido intentar hacer eso a menos que tú y él tuvierais un determinado acuerdo en cuanto a lo que está bien y lo que está mal, del mismo modo que no tendría sentido decir que un jugador de fútbol ha cometido una falta a menos que hubiera un determinado acuerdo sobre las reglas de fútbol.

Esta ley o regla sobre lo que está bien o lo que está mal solía llamarse la ley natural. Hoy en día, cuando hablamos de las «leyes de la naturaleza», solemos referirnos a cosas como la ley de la gravedad o las leyes de la herencia o las leyes de la química. Pero cuando los antiguos pensadores llamaban a la ley de lo que está bien y lo que está mal «la ley de la naturaleza» se referían en realidad a la ley de la naturaleza humana. La idea era que, del mismo modo que todos los cuerpos están gobernados por la ley de la gravedad y los organismos por las leyes biológicas, la criatura llamada hombre también tenía su ley… con esta gran diferencia: que un cuerpo no puede elegir si obedece o no a la ley de la gravedad, pero un hombre puede elegir obedecer a la ley de la naturaleza o desobedecerla.

Podemos decirlo de otra manera. Todo hombre se encuentra en todo momento sujeto a varios conjuntos de leyes, pero sólo hay una que es libre de desobedecer. Como cuerpo está sujeto a la ley de la gravedad y no puede desobedecerla; si se lo deja sin apoyo en el aire no tiene más elección sobre su caída de la que tiene una piedra. Como organismo, está sujeto a varias leyes biológicas que no puede desobedecer, como tampoco puede desobedecerlas un animal. Es decir, que no puede desobedecer aquellas leyes que comparte con otras cosas, pero la ley que es peculiar a su naturaleza humana, la ley que no comparte con animales o vegetales o cosas inorgánicas es la que puede desobedecer si así lo quiere.

Esta ley fue llamada la ley de la naturaleza humana porque la gente pensaba que todo el mundo la conocía por naturaleza y no necesitaba que se le enseñase. No querían decir, por supuesto, que no podía encontrarse un raro individuo aquí y allá que no la conociera, del mismo modo que uno se encuentra con personas daltónicas o que no tienen oído para la música. Pero tomando la raza como un todo, pensaban que la idea humana de un comportamiento decente era evidente para todo el mundo. Y yo creo que tenían razón. Si no la tuvieran, todas las cosas que dijimos sobre la guerra no tendrían sentido. ¿Qué sentido tendría decir que el enemigo estaba haciendo mal a menos que el bien sea una cosa real que los nazis en el fondo conocían tan bien como nosotros y debieron haber practicado? Si no tenían noción de lo que nosotros conocemos como bien, entonces, aunque

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Reviews

What people think about Mero Cristianismo

4.1
100 ratings / 98 Reviews
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Reader reviews

  • (3/5)
    Pretty deep. Had to read it slowly.
  • (5/5)
    The contents of this book were first given on the air, and then published in three separate parts as The Case for Christianity (1943), Christian Behaviour (1943), and Beyond Personality (1945) with edits he made only to make his broadcast have the same emphasis in the written form. The author has gone to great effort to write in the spirit of common Christianity and not delve into specific doctrine. More of what units us to Christianity and in his way the author has. Though I felt he was light on some areas of theology this was not what the author was writing about so I read it with an open heart. The author is humble and I believe honest in his writings and this is a good introductory book on Christian apologetics.
  • (4/5)
    CS Lewis is a brilliant man who is far more logical than I am myself. Because of that, I must admit, I didn't fully understand the entirety of the book. I had a hard time reading it because this type of book (but really any book that doesn't have a fictional plot line) is hard for me to get into and hold an interest in. But that is really on me and not on Lewis. He's a fantastic writer and makes some excellent points on Christianity in this book. There wasn't anything that I disagreed with, either. However, the reason I picked the book up was for a class I'm taking and otherwise, probably wouldn't have read it all. Still, I do recommend it for Christians and non-Christians alike, especially if one is curious about what Christianity is. The only reason I didn't give a full five star review was simply because this is not my kind of book.
  • (5/5)
    The 20th century's greatest apologist, C.S. Lewis explains why Christianity is reasonable and introduces the basics of the faith in Mere Christianity, his greatest apologetic work. Despite Lewis' deep learning, the narrative has a friendly and occasionally chatty tone since these chapters were originally delivered live over the radio to the people of Great Britain during World War Two. Lewis presumes very little familiarity with Christian doctrine and avoids all sectarian and denominational questions; he begins with arguments from common sense rather than history or theology, making this the perfect book for someone who doesn't yet know much about Christianity. This work is the classic of the "introduction to Christianity" genre, the standard by which all others are measured. ~~ Ryan Hammill, SMCC Parishioner
  • (5/5)
    This book is part of my C.S. Lewis collection. I went through a huge phase where I was just obsessed with anything and everything by him. While I don't agree with all of his theology, I do love his writing style and the things he has to say about faith. He was a good one.
  • (5/5)
    I found it a breeze to read. He admits his status as a layman, and tries to make the broadest appeal. I doubt he has or will convince anyone of his position not already inclined to take it, and I don't always agree with his reasoning myself (regardless of whether or not I agree or disagree with any conclusion he draws). In full disclosure, I only became aware of this book through Christopher Hitchens, whom I now know only quoted from the beginning chapters of this book. He certainly wasn't convinced, but that's to be expected. I'm glad to have read it for myself.
  • (5/5)
    favorite book
  • (5/5)
    Lewis's best. Probably the clearest and simplest introduction to Christianity ever.
  • (5/5)
    Truly a masterpiece of Christian literature.
  • (5/5)
    It almost seems silly to write a review of such a wonderful piece of literature. This is, of course, a fantastic book. Whether you're a Christian or not, the book appeals on an intellectual level. Highly recommended.
  • (3/5)
    Enjoyed his arguments in favor of faith and belief.I didn't go for his explanation of the trinity.
  • (5/5)
    Amazing, Wonderful Writing
  • (1/5)
    Just another tedious christian apologisits book. Mere Christianity is logically weak, filled with antiquated views, and ignorant of some basic social science. Give it a miss.
  • (3/5)
    StArted reading this when my son went through CCD, but only sporadically. I like it for its historic value, but its arguments are too convoluted for me. Give me a straight up catechism if I am to accept organizes religion and all.
  • (4/5)
    Mere Christianity is a book by C.S. Lewis, an academic lay Christian who attempts to explain Christian theology in such a way as to avoid controversy among Christians. I really enjoyed his book and found it easy to follow because of his use of metaphor to explain Christian concepts. First of Lewis starts with concepts and leaves Christianity completely out of those chapters, then he discusses what Christians believe. In Book III, he discusses morality and virtues and explores social, sexual, marriage, forgiveness, Sin, Charity, hope and faith. The last section, Lewis explores God's being, the trinity, transformation and sanctification but he doesn't use those words. I enjoyed the discussion of the trinity and time verses dimension. In a way it reminded me of L'Engle's A Wrinkle in Time which I recently had read. His discussion of evolution took me quite by surprise. If I could, I would love to be able to ask him some questions about this chapter. I recommend this book for anyone that wants some clear explanations and I think this is a book I will keep on my shelf as a resource to go back to time and again.
  • (5/5)
    I resisted reading this book for years. I tried reading it about four years ago and couldn't get beyond the first chapter. I don't know why. Maybe his approach just didn't speak to me back then--but I rather wish I'd come into contact with it (and with Lewis' thought in general) earlier in my life of faith.

    Granted, I'm not sure what I would make of his apologetics if I weren't a believer to begin with. For me, it was more a confirmation of what I already know on a gut/heart level -- though I was still challenged intellectually, given some fresh perspectives on ideas I may have begun to take for granted.

    At any rate, I finally understand why it's such a classic.
  • (4/5)
    Even if we do disagree on a few points I really appreciate and enjoy Lewis' playful style of explaining things.
  • (4/5)
    The first time I read this book I thought that it was the best explanation of Christianity that I had ever read. It was written in an easy to understand language using clear and concise illustrations to help people understand the mysteries of the Christian faith. However, as I returned to it and read it a second time I discover that there are a few things that I really do not agree with. As for the writing, I always have and always will believe that C.S. Lewis is an excellent writer, and in fact I have found a lot of his philosophical and theological texts to be written in a very easy to understand language and that he uses simple words to explain some very complex ideas.The book was originally broadcast as a series of radio shows during World War II. Now, we must remember that Lewis was a World War I veteran, and thanks be to God, managed to survive. By the time World War II rolled around he was too old to join active service, though we note that he is very supportive of the soldiers. In fact, Lewis' writings do not seem to condemn the occupation of a soldier. The reason that I write this is because there are a lot of people out there who do. Lewis' view is that we live in a fallen world, and as distasteful as a duty that a soldier must perform (that is killing people) it is a necessary role in this world.Now, let us look at some of the aspects I have discovered after reading this book a second time. The first thing is that we can see a lot of Plato in Lewis' writings. Now, that does not mean that he is a Platonist, or even a Neo-platonist, but his study of Plato does tend to show. Now, Lewis is one of those who believe that Socrates, and even Plato, are what are termed pre-Christian Christians. The theory is (and I do not necessarily debunk the theory) is that the writings of the pre-Christian, Gentile philosophers sound so much like a Christian writer that there must be some connection. I do not necessarily disagree, however do not necessarily agree either. The reason is that of the sources that we have of Socrates, that being Plato and Xenophon, do not agree, and further, Plato goes on to use Socrates as a mouth piece for his own philosophy.Now what is it of Plato that seems to appear in Lewis' writings. That would be the Theory of Forms. The theory goes like this: the world in which we live is merely a shadow of a much more real world. It does not mean that the world in which we live is a dream, it is not, but rather the world is imperfect and decaying. Everything that we see in this world is based upon a perfect form. As my Classics teacher attempted to explain, it is like there being a perfect table, and every table that we see is a shadow, or an inferior copy, of this perfect table. In the same sense Lewis suggests that the world in which we currently live is a shadow of the perfect world which is to come. However, unlike Plato, the world in which we live was originally created perfect, and when creation fell, perfection was lost. So to with us. In our current state we are only a shadow of our perfect self, and as we live through life and learn, we grow towards that perfect self.Now this leads me on to my next disagreement, and that is the doctrine of purgatory. It is clear from this text that Lewis believes in Purgatory. I don't. The reason that I say this becomes clearer as we get closer to the end where he is writing about how Christ's purpose is to mould us into new people. When we first come to Christ, we are little more than shadows. Our soul (and body) has been corrupted by sin, and there is nothing that we can do to make ourselves better people. He thus indicates that from repentance Christ then begins to heal us and to rebuild us so that we may be presented perfect before God. However, he seems to find difficulty in understanding the period between our death as imperfect humans, and judgement, when we are presented before God as perfect. It seems that he assumes that the in between period, purgatory, is where the final kinks and dents are ironed out.Look, I don't agree with Lewis on the doctrine of purgatory, but that does not necessarily mean that he is wrong. It is my position that the period between our death and judgement will pass like a twinkling of an eye, but in another sense we will be asleep. It is like when we fall asleep in this world time actually passes differently, so to will it be then. I am doubtful that we will dream like we do in this world, but I do not believe the bible supports a period where all of our remaining flaws are burnt off, rather I believe that when we are presented before God we will be presented in our new body. So then, what are we to do here on this world. Well first, we grow to become more like Christ, secondly we tell people about Christ, and thirdly we help to alleviate the suffering that sin brings into this world.I will not expand on these points now as there will be plenty of time to do it at a later date, and in anycase, others are likely to, and have likely done it, in my place. As for Lewis' book, I struggle to try and work out for whom it would be best suited. While it is helpful for Christians to try to understand their faith better, I feel that Lewis originally intended it to tell others about Christianity, however the further into the book we go, the deeper the theology becomes. Granted, Lewis is writing in a simple style, but it hardly goes to say that the ideas that he is trying to explain are simple, far from it. However, this is a good book, and if you haven't read it, then do so.
  • (4/5)
    Every time I dip into Lewis's books, I am amazed by the clarity of this thought and the everyday analogies he uses to illustrate his points. I particularly enjoy his no-nonsense, common sense attitude in this book.
  • (3/5)


    Some really good parts, great insight and intuitions, but overall I was surprised by the constant use of absolutely made-up and custom-made logic to try and defend Christian dogmas. This annoyed me, because all through the book there are so many strong points and intuitions.


    I will bring here just a couple of examples of his made- up logic: when Lewis explains the reasons behind man's "free will", he wants to answer the question: "how can anything happen contrary to a being with absolute power?" , and he makes the example of a mother who tells her children what to do, but they often don't do it. That, in itself, is a wrong sillogism, because a mother has no absolute power over her children. But then he says that free will is the only thing that makes possible love and beauty etc. while "a world of automata would hardly be worth creating". Why?? Why would it hardly be worth creating? Who knows what God considers worth or not worth creating? That is one of the many statements that Lewis makes that seem to be coming out of his own personal logic rather than proper, strict logical reasoning.

    Other reviewers have highlighted the several logical fallacies in this book, so I'll stop here. Thanks for reading.
  • (4/5)
    To begin with, I have to say outright that I admire C.S. Lewis. I enjoy his writing. I think his scholarly work was brilliant and I adore his fiction. I also think that his writings as a Christian apologist are in some ways the most difficult to place in his oeuvre, and it is these works that people, at least people I know, either tend to love or hate.I enjoyed Mere Christianity. I had read it before. If you are expecting sophisticated theology, or an intellectual defense of Christianity, this is not the book for you. It does not have the rigor of his academic works and I do not believe this was ever Lewis' intention. The book remains popular because it is a clear explanation of "mere" Christianity, as I believe Lewis understood it as a "mere" man. It reads like a series of brief chats. In fact I think the book was conceived as a series of talks to be given on the radio and expanded from that. The talks are meant to be simple. They succeed because I think they address many issues experienced by real people who are Christians or are struggling with Christianity. I think if one is struggling with the meaning of life or with how to live a good life and is open to the emotional sides of life aside from just the intellectual, there are parts of this book that are bound to resonate. This is one of the reasons for its continued success. Theologically, Lewis may not always pull off his explanations, he might not even explain something in a way that has since become accepted, but I feel he carries this off as he explains it as the current state of his own evolving understanding.That said, much that is said is dated, is written for a different time and world-view. This might be difficult for some people, although the fundamental principles remain the same several generations later. And as usual, Lewis makes me think, and reevaluate, both when I agree with him and when I don't.
  • (3/5)
    With this introduction to Christianity, Lewis proves he is one of the greatest Christian writers, and Mere Christianity rightly takes its place as one of the most accessible works both by Lewis and on Christianity. Though not by any means an apologia for Christianity, it reminds its readers of the truly important matters of faith and makes often complex theology attractive and exciting. An essential book for any Christian on any stage of their journey in faith, and for those too who are sincerely inquisitive about the claims of Christianity.
  • (5/5)
    Great book! Will be re-read many times over.
  • (5/5)
    Where do I even start. I haven't read any of Lewis' non-fiction before though I've wanted to for ages. I'm so glad I chose this as my first one. Basically I don't have the words to do the book justice. It is terribly profound. It is logical and oh, so simply deep. At first I found the writing as if I was being talked to like a child but I did have to realise the book was first written in the 1940s and I got used to the style along with realizing that I am a child, a child of God. As I said I do not have the words to do the book justice and that is how I felt throughout reading the whole book. His explanations of why there must be a God ... the God ... Our Father, are so simplistically logical that I was literally stunned and wished I could have thought of that myself. He goes on to describe the whole Christian religion, from the standpoint of an atheist who converted because it was the only sensible answer to his searching. As a Christian, Catholic, myself I didn't need the proof but I found it utterly enlightening the way he explained things so simply. He covers all the points most non-believers raise as he raised them himself on his journey and C.S. Lewis was one of our great modern thinkers. I could have read this book quickly but it took me a while to read as after I had read 1, sometimes 2, chapters I just had to stop because I wanted to remember, muse upon and discuss the next day with my coffee group, the way he had made me look at things from a different angle. This is "the" book to read for those looking, searching and trying to find God, even before you decide upon a denomination. Lewis even talks about this. The book is completely Christian without denominational influence. He was Church of England (Anglican/Episcopal) but he talks of how one should find their own denomination without bias. Now that I've read the book, this is one I'm going to keep by my bedside and read a chapter from now and then to learn his phraseology and allegory to help myself when speaking with non-believers. Truly a classic of the 20th century that should be read by all because even if the book doesn't convert you it will give you the true meaning of Christianity and let you know why these Christians you meet aren't perfect.
  • (5/5)
    I've read C. S. Lewis' Chronicles of Narnia, Till We Have Faces, A Grief Observed and several other of his books, some fiction, fantasy and some essays, but this book was different- it read more like a conversation between Lewis and the reader. Mere Christianity is a compilation of three books which were originally radio broadcasts. I very much appreciated the informal tone throughout, and his quick wit and his explanations of key Christian doctrines. He wisely avoided going into specific denominational stances so to appeal to the larger Christian audience.

    Lewis was gifted in how he explained concepts using analogies. There were many analogies that helped me, but one of my favorites was how he tried to explain the idea of God being outside of time:

    If you picture time as a straight line along which we have to travel, then you must picture God as the whole page on which the line is drawn. We come to the parts of the line one by one; we have to leave A behind before we get to B, and cannot reach C until we leave B behind. God, from above or outside or all around, contains the whole line, and sees it all.

    This book took me awhile to read; I found myself underlining so many paragraphs, and so I think this will be added to my books to re-read shelf. I'd like to read his other works now; The Abolition of Man, Miracles, and The Weight of Glory are but a few on my list!
  • (1/5)
    I just finished reading this book for the second time and I actually changed my rating from two stars to one. I've never seen someone use so many words to spout such utter nonsense and wild speculation. I have no idea why apologist hold Lewis up as the inspiration behind their need to defend Christianity. He provided no evidence but only made bold assertions. It was particularly disheartening to read all the parts where the author either asserted that he knew what God was like or that he knew how God thought. This book (and the fact that so many modern Christians hold it in such high esteem) is absolutely horrifying.
  • (5/5)
    Mere Christianity by C.S. Lewis. Our small group is going through this classic book. The small group leader is Dr. Zach Manis, one of the sharpest young minds in Christian philosophy in the country and co-author of a new book on the Philosophy of Religion. I look forward to his insights and will try to keep up.

    I had never read any C.S. Lewis books in their entirety before (*GASP*, I know I just lost all credibility with that sentence). I found this to be an excellent apologetic for a seeker or a new believer. I posted the quote that meant the most to me. I think Lewis stretches some of his analogies a bit, and it's clear in one of the latter chapters he accepts Darwinian evolution at face value. Other than that, the book is a practical application of the Christian faith to daily life.

    However, if C.S. Lewis had published this book today I'm pretty sure he'd be denounced as a "heretic" by many. I bet they wouldn't admit that since this book is still read in seminaries, but I don't see why you couldn't apply some conservative criticisms of Brian McLaren and Rob Bell to C.S. Lewis. Anyone agree with me?

    3.5 stars out of 5.
  • (4/5)
    Such a good thinker and writer. His description of the core beliefs of Christianity is clear and elegant.
  • (3/5)
    It goes without saying that C. S. Lewis possessed a brilliant mind. This work is no proof of that brilliance, no doubt is the intended audience. Written as radio addresses at a time when Christianity was on the decline in Britain, Mere Christianity abounds with far to many "everyman" analogies and simplified explanations to be intellectually or spiritually engaging. For such one needs to go to the apologias Newman or to the theological works of Tillich, Kung or Weil. Lewis's radio addresses are homely, but not satisfying.
  • (5/5)
    An excellent book which builds brick upon brick to explain the Christian faith and why we believe as we do. Fabulous, even the third time through...and it may take you that many times to begin to follow C.S. Lewis' logic.