Historias de la Coja: "En el amor todo vale" by Marco Antonio Ojeda Parada and Carolina Andrea Soto San Martín by Marco Antonio Ojeda Parada and Carolina Andrea Soto San Martín - Read Online

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Ella siempre sabe que decir. Hasta la fecha no he sabido de nadie que haya fallado con sus consejos, aunque a mi me parece un poco extraña, pero ¿qué hechicero no lo es?... ¿Su nombre?, no lo sé, pero todos le dicen la "Coja". Yo cada día aprendo más de ella y con ansias espero conocer una nueva historia. @PortaldelEmbrujo

Published: Marco Antonio Ojeda Parada on
ISBN: 1311989277
List price: $0.99
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Historias de la Coja - Marco Antonio Ojeda Parada

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@PortaldelEmbrujo

En el amor todo vale

***

Francisco se encontraba acomodando las últimas cajas cuando el supervisor le tocó el hombro.

─Acompáñame. Tengo una tarea para ti.

Mientras caminaban pensó que tendría que quedarse tediosamente organizando nuevos productos como tantas veces ya lo había hecho. La paga por eso no era mala, pero no le agradaba cambiar sus planes a último minuto ni menos quedarse más tiempo en el supermercado.

─Necesito que acompañes a una señorita a conocer las instalaciones. ─Francisco lo miró desconcertado. ─Desde mañana comienza a trabajar de reponedora y tú podrás explicarle mejor que yo como funciona el sistema.

─Sí señor.

Francisco era tímido y respetuoso, y siempre se mostraba dispuesto a colaborar, de seguro esa era una de las razones por las que el supervisor lo estimaba.

Al llegar a la caja registradora comenzó a sentirse nervioso. A la distancia vio a una joven delgada que por alguna razón le provocó algo extraño, una rara sensación. Ella era bajita, de tez blanca y apacible, de semblante serio, pero con muy dulce mirar.

─Señorita Juanita, él es Francisco, la llevará a conocer las instalaciones.

La mujer lo miró directo a los ojos y le sonrió, aquella mirada lo puso nervioso y su sonrisa lo hizo estremecer. Sintió un calor intenso en el pecho y por un instante tuvo la sensación de que jamás volvería a respirar.

─Hola.

Francisco enmudeció al escucharla. Ella era, sin duda alguna, la mujer más bonita que había visto jamás. Luego de un momento, y con un hilo de voz, respondió: ─Hola...

Con un hablar y un caminar un poco torpe, y netamente influenciado por los nervios, Francisco comenzó a explicarle el funcionamiento del lugar. Mientras le hacía el recorrido no podía evitar mirarla tratando de memorizar cada una de sus facciones, de vez en cuando trataba de sonreírle, sin embargo la muchacha muy seria y atenta no lo observaba, sus ojos apuntaban cada detalle y al terminar simplemente se despidió con un cordial: ─Gracias.

Francisco no le quitó los ojos de encima hasta que se perdió en la distancia. Esa noche se durmió con una sonrisa en el rostro, sólo pensaba en volverla a ver.

Al día siguiente brillaba de alegría, no sabía por qué, pero se sentía muy feliz. Usando cualquier excusa salía a recorrer los pasillos para toparse con ella. Estaba dispuesto a reemplazar a cualquier compañero que tuviera que ir al sector de Juanita, con el único propósito de saludarla, y, sin parecer ansioso, encontró la ocasión perfecta para hablarle. Ella, al ser bajita, no alcanzaba muy bien una estantería superior y él, como todo un caballero, se acercó a ayudar.

─Hola Juanita. ¿Necesitas ayuda?

Ella al verlo se sonrío y con mucha humildad le respondió:

─Hola Francisco. No gracias, debo hacerlo sola. ─Dicho esto buscó una pequeña escala y la usó para subirse, él sólo la observó, impresionado con su belleza ahora no podía parar de sonreír al notar su astucia.

─Tu nombre es muy bello. Avísame cuando te duelan las piernas. ─Juanita lo miró y él en su cabeza no podía creer lo absurdo que había sonado eso.

─Gracias, pero no te molestes, me tengo que acostumbrar a este trabajo.

Sintiéndose un poco avergonzado, Francisco sólo apretó los labios y volvió a sus labores.

Los meses pasaron y el encanto de Juanita