La Palabra de Dios ilumina nuestras vidas by Jorge Humberto Peláez Piedrahita S. J. by Jorge Humberto Peláez Piedrahita S. J. - Read Online

Book Preview

La Palabra de Dios ilumina nuestras vidas - Jorge Humberto Peláez Piedrahita S. J.

You've reached the end of this preview. Sign up to read more!
Page 1 of 1

La Palabra de Dios

ilumina nuestras vidas

Pistas para la homilía dominical

Jorge Humberto Peláez, S.J.

Ciclos A, B y C

La Palabra de Dios ilumina nuestras vidas

Pistas para la homilía dominical

Ciclos A, B y C

Autor: Jorge Humberto Peláez, S. J.

Primera edición impresa: 2012

ISBN ciclo A: 978-958-8347-68-4

ISBN ciclo B: 978-958-8347-77-6

ISBN ciclo C: 978-958-8347-71-4

Edición electrónica: febrero de 2017

ISBN electrónico: 978-958-781-043-1

Con las debidas licencias

© Derechos Reservados

Jorge Humberto Peláez, S. J.

Editores:

Diego Agudelo

Ignacio Murgueitio

Preparación editorial: Velásquez Digital, S.A.S.

Concepto gráfico: Centro de Multimedios, PUJ.

Edith Valencia Figueroa

Desarrollo ePub: Lápiz Blanco S.A.S.

Editorial Pontificia Universidad Javeriana

Carrera 7.a n.° 37-25, oficina 1301

Teléfono: 3208320 ext. 4752

www.javeriana.edu.co/editorial

Bogotá, D. C.

Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.

Carátula: Mosaico del arte bizantino

Cristo Pantocrátor (Cristo en Majestad), imagen que pertenece al mosaico de la Deésis plegaria o súplica

Iglesia de Santa Sofía de Constantinopla en Estambul, Turquía

Circa de 1280

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Deesis_Hagia_Sophia

Ilustraciones:

El Arte Bizantino. Joaquin Yarza Luaces

Ed. Anaya. Primera edición. 1991

Historia Ilustrada de las Formas Artísticas

5. El Mundo Cristiano III - XI,

Yves Christie, Dibujos: Thierry Bondroit

Madrid: Alianza Editorial. 1993

Viñetas páginas interiores ciclo B:

Plano de la iglesia y colegio de san Ignacio de Bogotá.

Mercedes López R., Fabio Ramírez S. J., Fernán González S. J., Fortunato Herrera S. J., Alberto Escobar. 2004.

Desde Roma por Sevilla al Nuevo Reino de Granada: la Compañía de Jesús en tiempos coloniales. Bogotá: La Silueta Ediciones Ltda. Pág. 41

Viñetas páginas interiores ciclo C:

Adviento

Vitral de la iglesia Matriz del Salvador. Valparaíso, Chile.

http://proyectodocumenta.org/matriz-del-salvador-ipms057

[Consulta: 27 de septiembre de 2012]

Cuaresma

Hörmann Garagedeuren. Cristo. Netherlands.

http://flickrhivemind.net/Tags/glasinlood,netherlands/Interesting

[Consulta: 13 de septiembre de 2012]

Pascua

Vittorio Messori. Madrid. España.

Presentación de las pinturas del ábside de la Catedral de la Almudena de Madrid.

http://www.camino-neocatecumenal.org/neo

[Consulta: 13 de septiembre de 2012]

Tiempo ordinario

Vitral de la iglesia Matriz del Salvador. Valparaíso, Chile.

http://proyectodocumenta.org/matriz-del-salvador-ipms057

[Consulta: 27 de septiembre de 2012]

Otras homilías

Église Saint-Bénigne. Doubs, Franche-Comté, France.

http://fr.wikipedia.org/wiki/Fichier:Pontarlier_-_%C3%89glise_Saint-B%C3%A9nigne_13.jpg

[Consulta: 28 de septiembre de 2012]

Presentación

El Concilio Vaticano II, nos recuerda así el sentido y valor definitivo de toda vida humana: Quiso Dios revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad: por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina. Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigo, para invitarlos y recibirlos en su compañía.¹

Esa Palabra de Dios llega hoy a nosotros en la Sagrada Escritura, confiada por Cristo de manera especial a los pastores de Su Iglesia, para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación.²

De allí, que el Concilio recomienda, como parte de la misma liturgia de la Misa, la homilía en la cual se exponen, a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana.³ En la misa, el Señor Jesús nos invita a estrechar con Él un amor de amistad tan profundo, que el apóstol Pablo pudo decir de sí mismo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Esta vida que vivo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.⁴ Y así también Jesús, en el Evangelio de Juan, pudo expresar esta unidad vital nuestra con Él, en términos de Eucaristía: el que me coma vivirá por mí.⁵ Pero ¿es posible acaso un amor de amistad entre quienes no se conocen?, Y ¿cómo puedo conocer a ese Jesús, cuya memoria celebro y con quien me identifico en la comunión, sino es en la escucha de Su Palabra? Y ¿de qué me vale escucharla sino logro insertarla en la realidad concreta de mi propia vida?

En cambio, al recorrer en los Evangelios, al ritmo dominical de los tres ciclos litúrgicos, los momentos clave de la vida, la predicación y las obras del Señor Jesús, integramos nuestro camino personal de fe al que hicieron con Él quienes compartieron Su vida por los campos de Galilea, fueron testigos de Su muerte por nosotros, y lo acogieron en Su Pascua como amigo y Señor, desde el corazón de Dios Padre. Para hacerlo también nosotros actualidad liberadora en el mundo de hoy.

Porque Dios Padre nos sigue hablando en los sucesos cotidianos de nuestra propia vida, cuando los iluminamos con Su Palabra. Y si nosotros acogemos y cultivamos esa semilla divina, como la tierra buena de la parábola;⁶ sostenidos por Su Espíritu, podremos construir nuestra propia vida, y contribuir al progreso de la sociedad en que vivimos y trabajamos, según el proyecto de Dios por un mundo nuestro cada vez más humano.

La presente colección de homilías, del P. Jorge Humberto Peláez, cumple a cabalidad ese propósito. Desde un conocimiento ilustrado de la Palabra y una sana inmersión en las circunstancias concretas de sus oyentes.

Y con razón las ofrece a nuestra meditación creyente bajo el título de La Palabra de Dios ilumina nuestras vidas. Para todo cristiano deseoso de empapar su vida diaria con esa Palabra, bien pueden ser ellas un fiel compañero de camino. Ya sea también como lectura personal, al ritmo de los días, y como punto de encuentro con el Señor, en espacios de reflexión familiar o de grupo.

Rodolfo de Roux Guerrero, S.J.

Bogotá, agosto 13 de 2012

Prólogo

Esta obra es el resultado de mi encuentro dominical con la asamblea de los fieles para escuchar la Palabra y compartir el Pan de Vida. El título de estas meditaciones, La Palabra de Dios ilumina nuestras vidas, expresa la motivación que he tenido al prestar este servicio eclesial: conectar la vida diaria de los fieles –sus gozos y esperanzas, tristezas y desafíos– con la Palabra de Dios, de manera que encuentren en ella la fuerza para construir una sociedad más humana e incluyente.

En este servicio a la Palabra, he buscado siempre la sencillez en el lenguaje y la claridad pedagógica, para que al regresar a sus hogares puedan recordar el mensaje que les ha transmitido la liturgia dominical y ponerlo en práctica.

Mi ministerio sacerdotal ha tenido dos escenarios, el apostolado intelectual y la pastoral familiar. Cuando obtuve el Doctorado en Teología Moral en la Pontificia Universidad Gregoriana, de Roma, en 1981, me vinculé a la Pontificia Universidad Javeriana, en sus sedes de Bogotá y Cali, donde desde entonces he ejercido la docencia y he ocupado diversos cargos administrativos como Decano, Vicerrector Académico y Rector. En este fascinante microcosmos de la academia, he podido participar en el diálogo entre la fe y las culturas. Doy gracias a Dios por darme esta oportunidad de servir a la Iglesia en el mundo académico, que exige una continua actualización, un espíritu crítico, apertura de la mente y argumentación clara sin asomos de fundamentalismo.

Al mismo tiempo que he llevado a cabo este apostolado intelectual, he colaborado en la Pastoral Familiar. Considero un don de Dios caminar junto a numerosas familias, compartiendo sus alegrías y crisis, desencuentros y reconciliación, orando juntos y celebrando en familia los sacramentos de la Iglesia. Junto a estas familias he crecido en la fe, la esperanza y el amor.

Gracias a la magia de la tecnología, estas homilías han podido ser compartidas, no solo con una asamblea presencial todos los domingos, sino también con una comunidad virtual de sacerdotes, religiosas, catequistas y laicos a través de varias direcciones electrónicas: www.jesuitasorg.co; www.autorescatolicos.org; www.homiletica.org. Con frecuencia, los miembros de esta asamblea virtual me hacen llegar sus estimulantes comentarios.

Esta recopilación de mis homilías sigue la estructura propia del Año Litúrgico con sus Ciclos A, B, C. Como se podrán dar cuenta al revisar la tabla de Contenidos, hay dos o tres homilías cada domingo, las cuales fueron escritas en contextos espirituales y pastorales diferentes. Al final de esta recopilación, encontrarán unas homilías pronunciadas en bodas, bautizos y exequias de familiares y amigos.

Las lecturas bíblicas han sido tomadas de la traducción Dios habla hoy. En ocasiones, en el desarrollo de las homilías reproduzco algunos versículos, cuyo texto he tomado de las hojas que se reparten los domingos en las parroquias para facilitar la participación de los fieles.

Estas homilías no tienen pretensiones exegéticas ni teológicas. Son unas simples ayudas pastorales, fruto del apostolado de un sacerdote que ama entrañablemente a la Iglesia y que desea sembrar la semilla de la Palabra en las mujeres y hombres de nuestro tiempo.

Cali, julio de 2012

Ciclo A

Adviento

Domingo I

‒ Lecturas:
◊ Profeta Isaías 2, 1-5
◊ Carta de san Pablo a los Romanos  13, 11-14
◊ Mateo 24, 37-44

Isaías 2, 1-5

¹ Éstas son las profecías que Isaías, hijo de Amós, recibió por revelación acerca de Judá y Jerusalén: ² En los últimos tiempos quedará afirmado el monte donde se halla el templo del Señor. Será el monte más alto, más alto que cualquier otro monte. Todas las naciones vendrán a él; ³ pueblos numerosos llegarán, diciendo: «Vengan, subamos al monte del Señor, al templo del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y podamos andar por sus senderos.» Porque de Sión saldrá la enseñanza del Señor, de Jerusalén vendrá su palabra. ⁴ El Señor juzgará entre las naciones y decidirá los pleitos de pueblos numerosos. Ellos convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoce. Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro ni a recibir instrucción para la guerra. ⁵ ¡Vamos, pueblo de Jacob, caminemos a la luz del Señor!

Romanos 13, 11-14

¹¹ En todo esto tengan en cuenta el tiempo en que vivimos, y sepan que ya es hora de despertarnos del sueño. Porque nuestra salvación está más cerca ahora que al principio, cuando creímos en el mensaje. ¹² La noche está muy avanzada, y se acerca el día; por eso dejemos de hacer las cosas propias de la oscuridad y revistámonos de luz, como un soldado se reviste de su armadura. ¹³ Actuemos con decencia, como en pleno día. No andemos en banquetes y borracheras, ni en inmoralidades y vicios, ni en discordias y envidias. ¹⁴ Al contrario, revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no busquen satisfacer los malos deseos de la naturaleza humana.

Mateo 24, 37-44

³⁷ Como sucedió en tiempos de Noé, así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre. ³⁸ En aquellos tiempos antes del diluvio, y hasta el día en que Noé entró en la barca, la gente comía y bebía y se casaba. ³⁹ Pero cuando menos lo esperaban, vino el diluvio y se los llevó a todos. Así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre. ⁴⁰ En aquel momento, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado. ⁴¹ De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra será dejada. ⁴² Manténganse ustedes despiertos, porque no saben qué día va a venir su Señor. ⁴³ Pero sepan esto, que si el dueño de una casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se mantendría despierto y no dejaría que nadie se metiera en su casa a robar. ⁴⁴ Por eso, ustedes también estén preparados; porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen.

.  .  .

Homilía I

‒ Hoy comienza el tiempo litúrgico del Adviento, durante el cual nos preparamos para la venida de Jesús; este tiempo debe significar para nosotros una profunda renovación interior:

Las lecturas de estos domingos de Adviento ponen el acento en los valores transformadores de esta presencia de Cristo en medio de nosotros, quien nos anuncia su Reino, el cual nos pide vivir según unos valores que transformen nuestras relaciones familiares, el trabajo que realizamos, nuestras interacciones sociales y económicas y la forma como nos relacionamos con Dios.

La petición por excelencia de este tiempo del Adviento es  Ven, Señor Jesús. Esta petición  nos pide disponernos para acoger a ese Dios que irrumpe en nuestras vidas.

¡Atención! Prepararse para la venida del Señor es mucho más que la simple decoración de nuestras casas con luces de Navidad, pesebre, árbol y demás adornos. La preparación es una reorganización de nuestras vidas.

El evangelio de hoy, tomado de san Mateo, nos hace una exhortación muy precisa: [...] estén preparados; porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen..

De esta exhortación a estar preparados se sigue una agenda que debemos tomar en serio. Estar preparados es tener organizada nuestra vida familiar y afectiva (sin mentiras, sin dobles vidas); estar preparados es haber curado nuestros resentimientos; estar preparados es no tener cuentas pendientes con nadie; estar preparados es asumir nuestras responsabilidades ante la sociedad y ante Dios.

‒ El tiempo del Adviento gira alrededor de tres personajes; en orden cronológico son:

En primer lugar, el profeta Isaías, quien anuncia, con ocho siglos de anticipación, al Mesías que traerá la salvación a Israel y al mundo, quien construirá un orden nuevo inspirado en la justicia y el amor.

En segundo lugar, encontramos a Juan Bautista, primo de Jesús, quien hace un llamado a la conversión como preparación para la inminente venida del Salvador.

En tercer lugar, está María, quien aceptó colaborar como madre en ese plan de salvación.

‒ En este domingo I de Adviento nos detendremos a analizar la figura del profeta Isaías, su vida y su mensaje:

Isaías ha sido considerado como el más grande de los profetas del Antiguo Testamento; vive en el siglo VIII  A.C.

Isaías anuncia la salvación de Jerusalén en medio de un contexto político muy complicado pues se encontraba bajo el influjo de los asirios. En medio de la confusa situación política, Isaías anuncia un futuro luminoso.

Las palabras de Isaías no sólo son bellas desde el punto de vista literario, sino que tocan el corazón del pueblo colombiano, que lleva décadas de violencia. Dice Isaías: «Vengan, subamos al monte del Señor, al templo del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y podamos andar por sus senderos.» [...] El Señor juzgará entre las naciones y decidirá los pleitos de pueblos numerosos. Ellos convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro ni a recibir instrucción para la guerra..

‒ En un lenguaje de hace 2.900 años, Isaías interpreta el sueño de todos nosotros. ¿Cuándo llegará ese momento cuando de las espadas se fundan arados, y podamos dejar de gastar un porcentaje muy significativo del presupuesto nacional en armas para defendernos de los violentos y podamos invertir esos recursos en escuelas, en hospitales, en vías, en investigación, en agroindustria, en desarrollo tecnológico?

‒ El profeta Isaías anuncia un orden nuevo. Con la ayuda de Dios y con la colaboración de todos, construiremos un país nuevo en el que podamos vivir, amar, trabajar y morir en paz.

‒ Veamos cómo se concreta, aquí y ahora, el orden nuevo del cual habla el profeta Isaías:

En Colombia habrá paz cuando hayamos sido capaces de poner en movimiento unos procesos sociales que permitan la humanización de nuestra convivencia.

Podríamos traducir la expresión humanización de nuestra convivencia en términos más familiares para las ciencias sociales y hablar de participación: habrá paz cuando hayamos avanzado, con resultados tangibles, en el camino de la participación.

Participación en las decisiones políticas, participación en la propiedad de los medios de producción, participación en las oportunidades, participación en la definición de un proyecto de país.

La participación es lo opuesto a la exclusión. Y la exclusión es el drama que viven millones de compatriotas y sirve de caldo de cultivo a la violencia.

‒ Todos los colombianos, sin excepción, debemos comprometernos con la construcción de un país diferente:

Unos serán actores participando directamente en los acercamientos a los agentes de la violencia; otros lo serán generando empleo; otros luchando contra la corrupción; otros haciendo productivo el campo; y así sucesivamente.

Los padres de familia y educadores tenemos una tarea importantísima y con resultados a largo plazo: si queremos avanzar hacia una convivencia arraigada en lo más profundo del corazón, hay que trabajar para que las nuevas generaciones destierren de manera definitiva aquellas actitudes que nos han arrastrado a la incertidumbre en que nos encontramos.

Hay que erradicar la intolerancia, la agresividad, la crueldad que se expresa en cientos de miles de desplazados y en aterradoras cifras de asesinatos y secuestros.

¿Cómo modelar a esas mujeres y hombres nuevos? El camino por excelencia es la educación. A través de ella será posible curar la afectividad maltratada de tantos niños que han tenido como compañera de infancia a la muerte; la educación les enseñará a compartir, los sensibilizará para que acepten la diferencia.

‒ Es hora de concluir nuestra meditación:

Hoy iniciamos el tiempo litúrgico del Adviento, que es preparación para la venida de Jesús.

El profeta Isaías anuncia, con ocho siglos de anticipación, la venida del Mesías o ungido, que traerá un orden nuevo.

Para nosotros, los colombianos, este orden nuevo se identifica con esa paz que nos es tan esquiva; colaboremos para que este sueño se haga realidad. Hagamos todo lo que de nosotros dependa para se  concrete el anuncio de Isaías. [...] convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoce.

Homilía II

‒ Hoy celebramos el primer domingo de Adviento. La Iglesia se prepara para rememorar el nacimiento del Salvador.

‒ La temporada de Navidad suscita mil emociones en los niños y en los adultos. Esta explosión de alegría hace que la ciudad se transforme: las luces de colores, los árboles de Navidad, la música de los villancicos, los pesebres. Todo esto nos está recordando el hecho que partió en dos la  historia; por eso hablamos de antes de Cristo y después de Cristo.  ¡Increíble que el nacimiento de un niño haya producido semejante revolución!

‒ Hace dos mil años, en Belén de Judá, una aldea insignificante, sucedió lo inimaginable: la palabra eterna de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros.

‒ Culturalmente estamos muy familiarizados con la escena de la  Natividad: María, José, el niño, los pastores. Hagamos un alto en el camino para tomar conciencia de lo que sucedió. Ese bebé que, como todos los bebés del mundo, lloraba, dormía y se alimentaba, es punto de encuentro entre Dios y la humanidad, entre la eternidad y el tiempo, entre la infinitud de Dios y la limitación de las criaturas. Al asumir nuestra condición humana quedamos impregnados de divinidad.

‒ Sería una lástima que en esta temporada navideña nos quedáramos en la superficialidad de las apariencias: los regalos, las fiestas de las empresas, los platos típicos. Los invito a ir más allá de lo puramente llamativo y volver a descubrir el mensaje que nos están transmitiendo todas estas imágenes y símbolos:

La Navidad proclama el amor infinito de Dios Padre que nos da a su Hijo para que sea nuestro compañero de camino.

El rezo de la novena es una invitación para que las familias se reúnan y, como comunidad de fe, oren juntas a Dios, den gracias por los beneficios recibidos y se fortalezcan los vínculos del afecto.

La sencillez de las figuras del pesebre es una exhortación para superar las presiones del consumismo y volver a disfrutar de las realidades simples de la vida.

‒ Los protagonistas centrales de la Navidad son los niños. Los adultos debemos poner todos los medios para que los niños vivan una experiencia inolvidable:

Más importante que los regalos es que comprendan el mensaje de espiritualidad que nos comunican el pesebre y la novena. Estas primeras experiencias de Dios–amor son esenciales para  construir una sólida relación con Dios basada en el amor y no en el temor o en el interés.

Que reciban toda la ternura. La Colombia nueva con la que todos soñamos será el resultado de mujeres y hombres nuevos educados en el afecto, el respeto, el diálogo y la tolerancia. Los niños y los jóvenes son el principal activo de la sociedad. Protejámoslos, amémoslos.

Desterremos de nuestras celebraciones familiares el triste espectáculo de unos adultos borrachos, que  son un pésimo ejemplo y motivo de sufrimiento e incomodidad para todos. Recordemos que la Navidad es la fiesta de los niños; no la arruinemos con comportamientos impropios.

‒ La primera lectura nos narra una visión del profeta Isaías. En ella, mujeres y hombres de todas las razas y culturas marchan gozosos hacia la casa de Dios, con la esperanza de que se instaure un nuevo orden. El profeta visualiza esa sociedad nueva donde no hay lugar para las armas que son instrumentos de destrucción y muerte: [...] convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoce. Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro ni a recibir instrucción para la guerra..

‒ Este gozoso caminar de las multitudes variopintas que se dirigen a  la casa de Dios es una hermosa ambientación para el Adviento: que estas semanas de preparación nos permitan crear un clima espiritual para disfrutar el misterio de la encarnación, presencia de Dios en medio de nosotros.

‒ El evangelio nos exhorta a estar preparados, porque en la hora menos pensada vendrá el Hijo del hombre. En concreto, ¿cuál es la propuesta que nos hace el evangelista Mateo?

Nos invita a superar el cortoplacismo que nos impide mirar hacia delante. Con frecuencia tomamos las decisiones por las ventajas que podemos recibir de manera inmediata, pero sin sopesar otro tipo de consecuencias a mediano y a largo plazo.

El evangelio nos invita a dejar a un lado la improvisación que es la causa de que las cosas se hagan mal. Dejamos todo para el último minuto.

El evangelio nos está diciendo que hay que tomar la vida con seriedad. Somos muy superficiales. Muchas personas tienen como único proyecto de vida pasarla bien; lo chévere se convierte en un fin que buscan con avidez. No podemos reducir la vida a una rumba. Hay que estudiar, hay que capacitarse, hay que trabajar duro.

‒ Es hora de terminar nuestra meditación dominical al comenzar el tiempo de Adviento. Que esta explosión de luces, de decorados y de música no nos distraiga y podamos escuchar el mensaje de fondo: Dios se hace presente en medio de nosotros para transformar nuestras vidas.

Homilía III

‒ Aunque el año civil empieza el primero de enero, el nuevo año litúrgico empieza hoy cuando celebramos el primer domingo de Adviento, que es el periodo que precede a la Navidad. Los textos bíblicos que leeremos durante las próximas semanas hacen referencia al nuevo orden que inaugurará el Mesías anunciado al pueblo de Israel.

‒ La presencia en medio de nosotros del Hijo eterno del Padre, que partió en dos la historia de la humanidad –por eso decimos Antes de Cristo y Después de Cristo– es motivo de profunda alegría. Por eso las ciudades se visten de mil colores para proclamar esa gran noticia.

‒ No dejemos que los hábitos consumistas eclipsen el sentido religioso de las celebraciones decembrinas. Los preparativos propios de estas semanas son una magnífica oportunidad para fortalecer la unión familiar; que el programa de decorar el árbol y organizar el pesebre vaya más allá del hecho pintoresco de revivir las tradiciones de los abuelos.

‒ Los símbolos navideños nos ofrecen la posibilidad de hacer una catequesis sobre los misterios de nuestra redención: el amor infinito de Dios que se nos regala como un niño indefenso, el SÍ generoso que pronuncia María, el apoyo desinteresado que ofrece José al plan de salvación, la sencillez de los primeros testigos del nacimiento…

‒ El mundo contemporáneo sacudido por mil conflictos camina sin rumbo pues carece de unos referentes claros que lo orienten en la búsqueda de la verdad, del amor y del sentido de la vida. Por eso son tan oportunas las palabras del profeta Isaías que escuchamos en la primera lectura: Vengan, subamos al monte del Señor, al templo del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y podamos andar por sus senderos. [...] El Señor juzgará entre las naciones y decidirá los pleitos de pueblos numerosos.

‒ Vivamos este tiempo de Adviento como un periodo de recogimiento de manera que podamos subir a la casa del Señor; este ascenso simbólico lo podremos realizar si dedicamos algunos minutos diarios a la  oración y a la reflexión sobre nuestro proyecto de vida.

‒ Quisiera ilustrar esta invitación a vivir el Adviento como un tiempo de interiorización acudiendo a la imagen de un dispositivo tecnológico de gran utilidad:

Me refiero al GPS o Sistema de Posicionamiento Global; este dispositivo tecnológico tiene importantes aplicaciones en el ámbito militar y en las actividades de los ciudadanos. Instalado en un automóvil guía con seguridad a sus ocupantes hasta el destino final que se ha programado, aunque los viajeros jamás hayan visitado ese lugar.

La búsqueda de una dirección, que causa tanta incomodidad cuando estamos en un lugar desconocido, se ha convertido en un divertido pasatiempo gracias a la tecnología.

¿Será posible contar con una especie de GPS espiritual que guíe a las personas que vagan sin rumbo por la vida, incapaces de definir un proyecto que los haga felices?

Las celebraciones navideñas contienen un elocuente mensaje de amor y de esperanza que puede actuar a la manera de un GPS que oriente a los que están perdidos y los ayude a alcanzar la meta.

‒ Que la energía espiritual del Adviento no quede sepultada por los mensajes comerciales de las grandes tiendas. Los misterios insondables de la redención que conmemoramos durante estas semanas transmiten un elocuente mensaje de espiritualidad a las  mujeres y hombres de nuestra época.

Domingo II

‒ Lecturas:

◊ Profeta Isaías 11, 1-10

◊ Carta de san Pablo a los Romanos  15, 4-9

◊ Mateo 3, 1-12

Isaías 11, 1-10

"¹ De ese tronco que es Jesé, sale un retoño; un retoño brota de sus raíces. ² El espíritu del Señor estará continuamente sobre él, y le dará sabiduría, inteligencia, prudencia, fuerza, conocimiento y temor del Señor. ³ Él no juzgará por la sola apariencia, ni dará su sentencia fundándose en rumores. ⁴ Juzgará con justicia a los débiles y defenderá los derechos de los pobres del país. Sus palabras serán como una vara para castigar al violento, y con el soplo de su boca hará morir al malvado. ⁵ Siempre irá revestido de justicia y verdad.

⁶ Entonces el lobo y el cordero vivirán en paz, el tigre y el cabrito descansarán juntos, el becerro y el león crecerán uno al lado del otro, y se dejarán guiar por un niño pequeño. ⁷ La vaca y la osa serán amigas, y sus crías descansarán juntas. El león comerá pasto, como el buey. ⁸ El niño podrá jugar en el hoyo de la cobra, podrá meter la mano en el nido de la víbora. ⁹ En todo mi monte santo no habrá quien haga ningún daño, porque así como el agua llena el mar, así el conocimiento del Señor llenará todo el país. ¹⁰ En ese tiempo el retoño de esta raíz que es Jesé se levantará como una señal para los pueblos; las naciones irán en su busca, y el sitio en que esté será glorioso."

Romanos 15, 4-9

⁴ Todo lo que antes se dijo en las Escrituras, se escribió para nuestra instrucción, para que con constancia y con el consuelo que de ellas recibimos, tengamos esperanza. ⁵ Y Dios, que es quien da constancia y consuelo, los ayude a ustedes a vivir en armonía unos con otros, conforme al ejemplo de Cristo Jesús, ⁶ para que todos juntos, a una sola voz, alaben al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. ⁷ Así pues, acéptense los unos a los otros, como también Cristo los aceptó a ustedes, para gloria de Dios. ⁸ Puedo decirles que Cristo vino a servir a los judíos para cumplir las promesas hechas a nuestros antepasados y demostrar así que Dios es fiel a lo que promete. ⁹ Vino también para que los no judíos alaben a Dios por su misericordia, según dice la Escritura: «Por eso te alabaré entre las naciones y cantaré himnos a tu nombre.»

Mateo 3, 1-12

"¹ Por aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea. ² En su proclamación decía: «¡Vuélvanse a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!»    ³ Juan era aquel de quien Dios había dicho por medio del profeta Isaías:

«Una voz grita en el desierto:

"Preparen el camino del Señor;

ábranle un camino recto."»

⁴ La ropa de Juan estaba hecha de pelo de camello, y se la sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; su comida era langostas y miel del monte. ⁵ La gente de Jerusalén y todos los de la región de Judea y de la región cercana al Jordán salían a oírle. ⁶ Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán. ⁷ Pero cuando Juan vio que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: «¡Raza de víboras! ¿Quién les ha dicho a ustedes que van a librarse del terrible castigo que se acerca? ⁸ Pórtense de tal modo que se vea claramente que se han vuelto al Señor, ⁹ y no presuman diciéndose a sí mismos: Nosotros somos descendientes de Abraham; porque les aseguro que incluso a estas piedras Dios puede convertirlas en descendientes de Abraham. ¹⁰ El hacha ya está lista para cortar los árboles de raíz. Todo árbol que no da buen fruto, se corta y se echa al fuego. ¹¹ Yo, en verdad, los bautizo con agua para invitarlos a que se vuelvan a Dios; pero el que viene después de mí los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él es más poderoso que yo, que ni siquiera merezco llevarle sus sandalias. ¹² Trae su pala en la mano y limpiará el trigo y lo separará de la paja. Guardará su trigo en el granero, pero quemará la paja en un fuego que nunca se apagará.»"

Homilía I

‒ Este tiempo del Adviento o de preparación para la Navidad gira alrededor de tres grandes figuras: el profeta Isaías, Juan Bautista y María.

‒ El domingo pasado profundizamos en la figura de Isaías quien, con ocho siglos de anticipación, anunció al salvador de Israel y los rasgos constitutivos del Reino que construiría. Reino de justicia, de amor y de paz.

‒ El evangelio de hoy nos presenta la figura de Juan Bautista, cuya misión consistió en preparar a la comunidad para que acogiera al Mesías que estaba próximo a iniciar su predicación.

‒ Juan Bautista fue el último profeta del Antiguo Testamento y el pri-mer anunciador del nuevo orden que trae Jesucristo. En la predicación del Bautista convergen el Antiguo y el Nuevo Testamento, la promesa y la realización de esa promesa.

‒ Su nacimiento fue milagroso ya que sus padres, Zacarías, sacerdote judío e Isabel, prima de la virgen María eran ancianos, y, por tanto, no estaban en condiciones de tener hijos.

‒ Fue primo carnal de Jesús, a quien llevaba seis meses, y con el cual debió compartir experiencias inolvidables en su niñez y en la adolescencia.

‒ Llevados de la mano del evangelista Mateo, exploremos la vida de este personaje excepcional.

‒ El contexto en el que se nos muestra a Juan Bautista es en el desierto, dedicado de lleno a su actividad apostólica.

‒ La austeridad de su vida, patente en su vestimenta primitiva y en su alimentación de pura subsistencia (se alimentaba de grillos y de miel de abejas), lo convertían en un ser único; por eso acudían a escucharlo las gentes de Jerusalén, de Judea y del valle del río Jordán.

‒ Su mensaje estaba centrado en la conversión: exhortaba a sus oyentes a que cambiaran la manera de juzgar y de actuar de manera que se abrieran a ese Reino de Dios que estaba cerca y que muy pronto conocerían, gracias a la predicación de Jesús, el Mesías.

‒ ¿Por qué era creíble el mensaje de Juan? Porque quienes lo escuchaban percibían la total coherencia entre lo que decía y la forma como vivía.

‒ Esta coherencia  de Juan Bautista debería ser meditada por los padres de familia, los sacerdotes, los educadores. De nada servirán nuestras enseñanzas sobre los valores y la ética si no refrendamos lo que decimos con la forma como vivimos. Los niños y los jóvenes tienen una mirada penetrante e inmediatamente captan quién es auténtico y quién dice unas cosas pero no actúa en consecuencia.

‒ Juan bautizaba a quienes aceptaban su llamado a la conversión. Por eso lo llamaban el Bautista. ¿Qué significaba este bautismo? Era la expresión pública del compromiso adquirido. Era una forma de hacer visible, a los ojos de la comunidad, el deseo de cambiar de vida.

‒ Al escuchar su predicación y al ver su testimonio de vida, sus contemporáneos se preguntaban si Él era el Mesías. Muchos se hubieran sentido halagados por esta confusión. Sin embargo, Juan fue absolutamente claro en su posición: afirmaba ser simplemente el precursor, el que preparaba el camino. Aunque tuvo la oportunidad de convertirse en el centro de la atención, rechazó la tentación del protagonismo y todos los créditos fueron para Jesús y no para él.

‒ ¿Cuáles son las grandes enseñanzas que nos deja este personaje?

Juan Bautista nos da una lección de austeridad a quienes vivimos en medio de esta sociedad de consumo. No se trata de imitar su forma de vestir ni de copiar su dieta de grillos. No. Pero sí debemos superar la esclavitud de la moda, el culto a las marcas. Podemos vivir con menos cosas y viajar por este mundo ligeros de equipaje.

Juan Bautista nos da una lección de autenticidad al testimoniar en su vida diaria lo que proponía a los demás.

Juan Bautista nos da una lección de superación al invitarnos a la conversión. No podemos sentirnos satisfechos con lo que somos ni con lo que hacemos. Dejemos atrás la mediocridad. Siempre es posible mejorar.

Finalmente, Juan Bautista nos da una lección de discreción al rechazar todo posible protagonismo. No queramos ser el centro de las miradas, no pretendamos acaparar la atención. No queramos robarnos el show en las reuniones sociales. Juan tenía muy claro que el centro lo debía ocupar Jesús y que él debía pasar desapercibido.

Homilía II

‒ La liturgia de este II domingo de Adviento gira alrededor de dos personajes, el profeta Isaías y Juan Bautista:

Cada uno de ellos nos proporciona elementos muy ricos para prepararnos para la venida del Señor. En esto coinciden. Pero se trata de estilos absolutamente diferentes.

El profeta Isaías nos ofrece un texto de hermosa factura literaria, con imágenes vívidas de gran impacto visual.

Por el contrario, el texto que describe a Juan Bautista es austero, cortante, como fue este personaje que sirvió de puente entre el Antiguo Testamento y el cumplimiento de la promesa en el Nuevo Testamento.

Los invito a explorar el mensaje de estos dos personajes, que acaparan nuestra atención en este día.

‒ Empecemos por el profeta Isaías:

Describe al Mesías, descendiente de la casa de David: Brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz.

Con hermosas expresiones el profeta traza el perfil del Mesías, quien será un rey sabio y justo, con una particular sensibilidad hacia los pobres, cuyos derechos protegerá con particular interés.

Luego, con imágenes tomadas de la naturaleza, describe la originalidad del nuevo orden instaurado por el Mesías: Habitará el lobo con el cordero, el novillo y el león pacerán juntos.

¿Qué nos quiere decir el profeta Isaías a los hombres y mujeres del siglo XXI? Traduciendo a nuestro lenguaje y a nuestro contexto social, podemos afirmar que se trata del modelo de una sociedad incluyente, donde hay lugar para todos.

Uno de los factores que más violencia genera es la intolerancia que excluye a determinados grupos de la sociedad en razón de su raza o de su religión o de sus opiniones políticas.

Los fundamentalistas de todas las corrientes  –fundamentalistas religiosos o políticos– favorecen un modelo de sociedad donde sólo hay lugar para ellos. Los otros tienen que enmudecer o deben marcharse o son eliminados.

Superando las radicalizaciones que se han agudizado entre nosotros como colectivo social, debemos educar para construir un país nuevo, incluyente, donde todos podamos vivir, trabajar y morir en paz. De ahí la importancia de no desanimarnos por los obstáculos que encontramos en el tortuoso camino de la paz, la justicia y la reconciliación.

Es la única forma para que se hagan realidad, en un futuro no muy lejano, las hermosas metáforas del profeta Isaías: que puedan compartir el mismo espacio el lobo y el cordero, el novillo y el león. Trabajemos por la inclusión y desterremos todas las formas de exclusión.

‒ Pasemos ahora al segundo protagonista de la liturgia de hoy, Juan Bautista:

Fue un líder comunitario de un movimiento de profunda raigambre popular. Su carisma no consistía en la forma como halagaba el oído de las multitudes. Todo lo contrario. El atractivo consistía en su carácter recio, insobornable, que no conocía el guante de seda de la diplomacia.

Una sola palabra sintetiza el mensaje de su predicación: conversión. En la Biblia aparecen numerosas expresiones para explicar el alcance de esta palabra: se trata de favorecer un  cambio interno y externo, de mentalidad y de actuaciones, un redireccionamiento radical de la vida, que debe apuntar hacia el servicio de Dios y de los hermanos.

La condición esencial para este redireccionamiento radical de la vida es reconocerse, ante Dios y ante los demás, como pecadores y llenos de limitaciones.

Vale la pena señalar que la conversión es un proceso que abarca toda nuestra existencia. Nunca estaremos suficientemente convertidos, porque el amor no puede decir hasta aquí llegué, ya hice todo lo que tenía que hacer.

El proyecto de vida de Juan Bautista fue preparar los caminos del Señor. Todo un trabajo pedagógico para que los contemporáneos  pudieran abrirse a la figura y al mensaje de Jesús.

Los padres de familia y educadores deberíamos dirigir nuestras miradas hacia Juan Bautista para asimilar su pedagogía. Debemos preparar el terreno para que los niños y los jóvenes vayan creciendo en autonomía, vayan tomando poco a poco las riendas de sus vidas, se dejen interpelar por la palabra de Dios y sean sensibles ante las necesidades de los pobres.

‒ Es hora de terminar nuestra meditación dominical centrada en las figuras y en los mensajes de estos dos personajes, el profeta Isaías y Juan Bautista. Isaías nos muestra el orden nuevo que quiere construir el Mesías, orden nuevo que no es otra cosa que el proyecto de una sociedad incluyente en la que hay oportunidades para todos. Juan Bautista  nos invita a replantear radicalmente la orientación de nuestras vidas. Que este Adviento o tiempo de preparación para la venida del Señor sea la ocasión para hacer un alto en el camino y preguntarnos por el modelo de sociedad que soñamos construir y las transformaciones personales que buscamos.

Homilía III

‒ La figura de Juan Bautista domina la escena litúrgica de este II domingo de Adviento. El evangelista Mateo traza, en unas pocas pinceladas, una impactante imagen de este singular personaje que rompía los moldes tradicionales, ya que su vestimenta, su régimen alimenticio y su estilo literario eran únicos. Su misión consistía en preparar los corazones para la inminente venida del Mesías.

‒ Juan Bautista constituye el último capítulo dentro de ese largo proceso pedagógico para acoger al Salvador de Israel. Durante siglos, Dios fue preparando a su pueblo a través de diversos mensajeros; así la comunidad fue purificando las expectativas, que pasaron de ser esencialmente políticas hasta llegar a una comprensión mucho más espiritual de la tarea que llevaría a cabo ese anhelado personaje.

‒ El escenario en el cual se mueve Juan Bautista es el desierto. No se trata de un hecho fortuito, pues el desierto es un elemento muy destacado dentro de la historia del pueblo elegido. Israel tuvo que atravesar el desierto para llegar a la Tierra Prometida. Durante esos largos años de peregrinación se forjó una relación  única entre Dios y la comunidad de los creyentes; así pues, la experiencia del desierto nos habla de intimidad con Dios, consolidación de una alianza particularísima, preparación para entrar a una realidad nueva. Por eso es tan sugestivo el hecho de que el Bautista viva y enseñe en ese contexto.

‒ Según la predicación del Bautista, la mejor preparación para acoger la salvación que se hace presente en Jesús es la conversión. Se trata de un cambio radical en nuestras actitudes y motivaciones, que se expresa  a través de un comportamiento diferente. El llamado radical del Bautista a la conversión nos pide ir más allá de las palabras y de las buenas intenciones; se trata de un cambio que afecta todo el tejido de nuestras relaciones; este cambio deberá verse en las relaciones familiares, en el desempeño laboral, en el comportamiento como ciudadanos, en la pertenencia a la Iglesia.

‒ La primera lectura, tomada del profeta Isaías, nos ofrece la imagen de ese líder excepcional sobre el cual se posará el espíritu del Señor. A través de unas imágenes contrastantes, tomadas del mundo de los animales, nos ofrece una visión idealizada del nuevo orden que inaugurará el Salvador de Israel: Así podrán vivir en paz el lobo y el cordero, y echarse juntos el tigre y el cabrito. El ternero crecerá junto al león y se dejarán guiar por un niño. Una escena inimaginable de convivencia pacífica y de convergencia de los opuestos…

‒ Este orden nuevo, poéticamente descrito por el profeta Isaías, que se hace realidad en Jesús de Nazaret, debe ser asumido por nosotros de tal manera que lo hagamos operante en las estructuras económicas, sociales y políticas. Si nosotros no actuamos, la realidad no se transformará:

Si queremos construir una sociedad que se acerque al modelo ideal que sugiere el profeta Isaías es necesario desarrollar una pedagogía que permita superar los egoísmos, la ambición desmedida y la competencia despiadada.

Eduquemos a las nuevas generaciones en la tolerancia, de manera que aprendan a vivir en paz los unos juntos a los otros sabiendo que existen diferencias, las cuales deben ser  valoradas  y  no simplemente soportadas con estoicismo.

Eduquemos a las nuevas generaciones en el diálogo, que es la única herramienta civilizada para resolver los conflictos que necesariamente surgen en la convivencia de los individuos y los pueblos.

Eduquemos a las nuevas generaciones para el trabajo en equipo para que busquen el progreso no por la vía de la lucha individualista sino creando redes y construyendo sinergias.

Eduquemos a las nuevas generaciones con una profunda sensibilidad ante los pobres y excluidos de la sociedad.

‒ El Adviento es tiempo de preparación para celebrar el nacimiento de Cristo, acontecimiento que cambió el rumbo de la historia. Acojamos el llamado al cambio que nos hace Juan Bautista y llevémoslo a la práctica de manera que padres de familia y educadores sembremos en el corazón de los niños y de los jóvenes las semillas de unos valores que permitan humanizar el modelo de organización social.

Domingo III

‒ Lecturas:
◊ Profeta Isaías 35, 6a-10
◊ Carta de Santiago 5, 7-10
◊ Mateo 11, 2-11

Isaías 35, 6a-10

⁶a En el desierto, tierra seca, brotará el agua a torrentes. ⁷ El desierto será un lago, la tierra seca se llenará de manantiales. Donde ahora viven los chacales, crecerán cañas y juncos. ⁸ Y habrá allí una calzada que se llamará «el camino sagrado». Los que no estén purificados no podrán pasar por él; los necios no andarán por él. ⁹ Allí no habrá leones ni se acercarán las fieras. Por ese camino volverán los libertados, ¹⁰ los que el Señor ha redimido; entrarán en Sión con cantos de alegría, y siempre vivirán alegres. Hallarán felicidad y dicha, y desaparecerán el llanto y el dolor.

Santiago 5, 7-10

⁷ Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia hasta que el Señor venga. El campesino que espera recoger la preciosa cosecha, tiene que aguardar con paciencia las temporadas de lluvia. ⁸ Ustedes también tengan paciencia y manténganse firmes, porque muy pronto volverá el Señor. ⁹ Hermanos, no se quejen unos de otros, para que no sean juzgados; pues el Juez está ya a la puerta. ¹⁰ Hermanos míos, tomen como ejemplo de sufrimiento y paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Mateo 11, 2-11

"² Juan, que estaba en la cárcel, tuvo noticias de lo que Cristo estaba haciendo. Entonces envió algunos de sus seguidores ³ a que le preguntaran si él era de veras el que había de venir, o si debían esperar a otro. ⁴ Jesús les contestó: «Vayan y díganle a Juan lo que están viendo y oyendo. ⁵ Cuéntenle que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordos oyen, los muertos vuelven a la vida y a los pobres se les anuncia la buena noticia. ⁶ ¡Y dichoso aquel que no encuentre en mí motivo de tropiezo!» ⁷ Cuando ellos se fueron, Jesús comenzó a hablar a la gente acerca de Juan, diciendo: «¿Qué salieron ustedes a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ⁸ Y si no, ¿qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido lujosamente? Ustedes saben que los que se visten lujosamente están en las casas de los reyes. ⁹ En fin, ¿a qué salieron? ¿A ver a un profeta? Sí, de veras, y a uno que es mucho más que profeta. ¹⁰ Juan es aquel de quien dice la Escritura:

"Yo envío mi mensajero delante de ti,

para que te prepare el camino."

¹¹ Les aseguro que, entre todos los hombres, ninguno ha sido más grande que Juan el Bautista; y, sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él."

.  .  .

Homilía I

‒ El domingo pasado dedicamos nuestra meditación a explorar la personalidad y el mensaje de Juan Bautista, hombre excepcional, del cual Jesús afirmó que era el ser humano más grande entre todos los nacidos de mujer. ¡Imposible superar este elogio!

‒ Por otra parte, Juan Bautista señaló a Jesús como el que haría presente el Reino de Dios. Sin embargo, en el evangelio de hoy nos sorprende la pregunta que hace Juan a través de dos mensajeros suyos: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

‒ Esta pregunta de Juan nos deja perdidos, despistados. En  definitiva, ¿Juan Bautista sabía o no sabía quién era Jesús? Los invito a centrar nuestra meditación de hoy en el significado de esta pregunta de Juan.

‒ Ciertamente, Juan Bautista reconocía en Jesús, su primo carnal, a un ser excepcional, llamado a cumplir una misión única dentro de la comunidad. Sin embargo, Juan Bautista no sabía toda la verdad sobre Jesús. La verdadera identidad de Jesús no fue patente desde el principio, sino que se fue explicitando a través de sus palabras y de sus acciones, y  se manifestó plenamente en la resurrección.

‒ Sus seguidores vivieron una experiencia de descubrimiento gradual. También nosotros somos invitados a descubrir, poco a poco, el verdadero rostro de Jesús.

‒ Además hay que recordar que Juan Bautista, como todos los seres humanos, fue hijo de su época y vivió los condicionamientos propios de su cultura. Y la cultura judía de entonces esperaba un Mesías que haría su aparición en medio de señales espectaculares. Eso era lo que culturalmente se esperaba. Por eso Juan Bautista, viendo la no- espectacularidad de Jesús, le manda a preguntar ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

‒ ¿Qué nos enseña esta pregunta de Juan Bautista?

Si Juan, el más grande entre todos los nacidos de mujer, se hace preguntas sobre Jesús y sobre las formas que asume la manifestación de Dios en medio de los acontecimientos humanos, esto quiere decir que es natural que nos hagamos preguntas sobre la existencia de Dios, sobre la religión, sobre los  sacramentos, sobre la Iglesia…

Es natural que, como seres pensantes y libres, nos cuestionemos y manifestemos perplejidad. No consideremos como una tentación peligrosa las preguntas sobre Dios y sobre la religión. No son una tentación que hay que rechazar, sino que son oportunidades para crecer y para madurar.

‒ Quizás somos católicos por inercia social, es decir, porque nacimos en unas familias tradicionalmente católicas, en las cuales los sacramentos iban marcando la vida de sus miembros, desde el nacimiento hasta la muerte, pero sin que hayamos hecho una apropiación personal de estas creencias religiosas.

‒ Las preguntas sobre Dios y sobre la religión nos piden hacer un alto en el camino para revisar críticamente lo que hemos recibido de nuestros mayores.

‒ Quizás hemos vivido una fe puramente emotiva, que se ha conmovido ante la estética de determinados ritos (pensemos en la hermosura del canto gregoriano o en el incienso y la elegancia de las grandes ceremonias o en la luminosidad de unos vitrales medievales).

‒ Para muchas personas, el Cristianismo es algo puramente estético, que no conduce a un compromiso existencial y que no resiste los embates de la primera crisis. La pregunta que hace Juan Bautista es una invitación a explorar los fundamentos de nuestra fe y a no quedarnos en la superficialidad de las apariencias.

‒ Hay muchas personas que se hacen las preguntas pero no encuentran las respuestas o las buscan en el lugar equivocado:

No prestemos atención a los charlatanes ni a los ignorantes que se las dan de sabios, porque perderemos el rumbo.

No nos dejemos engañar por los que manipulan los espejitos deslumbrantes de teorías esotéricas que suenan bien, pero que no tiene ningún asidero racional.

‒ En el evangelio de hoy encontramos una pista muy interesante para responder a las inquietudes manifestadas por Juan Bautista: Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.

‒ En otras palabras, Jesús está diciendo que su programa no consiste en palabras vacías ni en discursos ampulosos, sino en hechos concretos de servicio a los demás, en particular a los más necesitados.

‒ La mayor prueba de que Jesús es la manifestación del Padre es el testimonio de su vida, ratificado con su muerte en la cruz, y resucitado por el Padre, quien lo constituye en Señor de todo lo creado.

‒ Este testimonio de coherencia y entrega se  sigue repitiendo a lo largo de los siglos en el compromiso silencioso de millones de mujeres y hombres cuyo proyecto de vida es el servicio y el amor a los hermanos.

‒ Es hora de terminar nuestra meditación dominical:

Hemos escogido como tema central la pregunta de Juan Bautista a Jesús: ¿Eres tú el Mesías que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Esta pregunta es una voz de aliento para aquellas personas que experimentan dudas, vacilaciones y oscuridades en su vivencia de fe.

Estas preguntas sobre Dios y sobre la religión son maravillosas oportunidades de crecimiento y maduración.

Busquemos respuestas que tengan la solidez  del testimonio vivido.

Que en medio de nuestra búsqueda  repitamos la gran plegaria del Adviento: Ven, Señor Jesús.

Homilía II

‒ El evangelio de hoy tiene como personaje central a Juan Bautista, el Precursor. Este texto tiene tres partes claramente diferenciadas: la pregunta que hace Juan Bautista sobre la identidad mesiánica de Jesús, la respuesta de éste y el testimonio de Cristo sobre Juan. Los invito a reflexionar sobre cada una de estas partes o segmentos.

‒ Juan estaba preso en la fortaleza de Maqueronte, en la ribera oriental del Mar Muerto, y allí le llegaron noticias sobre las obras que realizaba Jesús y sobre su estilo de evangelización:

Ciertamente el estilo apostólico de Jesús y las amistades que tenía suscitaban algunos interrogantes entre los seguidores del Bautista pues se daban cuenta de que Jesús rompía con muchos convencionalismos.

Para salir de la duda, Juan envió a dos discípulos para que aclararan la identidad de Jesús: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Esta pregunta contiene una preocupación que es válida, ayer y hoy, no solo para Israel sino para otras comunidades. A lo largo de la historia, particularmente cuando un pueblo está viviendo situaciones de fracaso, surgen autoproclamados mesías que se presentan como los grandes salvadores y el pueblo los acoge.

Uno de los casos más dramáticos es el de Hitler, quien se presentó como el mesías de Alemania, que había sufrido la derrota de la I Guerra Mundial y tenido que firmar el humillante Tratado de Versalles, padecía una inflación desbordada y los índices de desempleo eran apabullantes. En medio de este caos surge Hitler, quien promete devolver la dignidad al pueblo alemán. Todos conocemos la hecatombe –para utilizar la palabra de moda en Colombia– que provocó este siniestro personaje.

Por eso es pertinente la pregunta que formulan los discípulos de Juan: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

‒ ¿Cómo responde Jesús?

Jesús no responde directamente sino que remite a las acciones realizadas por él, las cuales han sido hechas ante todo el pueblo.

Estos signos de Jesús están en total continuidad con la tradición profética. Recordemos que en la primera lectura, tomada del profeta Isaías, se describen los hechos que acompañarán la venida del liberador de Israel; dice Isaías: Se iluminarán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un ciervo el cojo y la lengua del mudo cantará.

Teniendo como telón de fondo estas palabras de Isaías, Jesús responde a los discípulos de Juan: Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo; y en seguida hace un recuento de las curaciones realizadas.

Es muy interesante que Jesús no presente como credenciales de su mesianismo la observancia de la ley o los ayunos realizados, como lo harían los judíos ortodoxos. Sus creden-ciales como Mesías son signos liberadores realizados a favor de los excluidos de la sociedad; Jesús realiza gestos de vida.

Los relatos de los milagros nos muestran a Jesús como el gran promotor de la vida, que lucha contra todo lo que impide la realización de los seres humanos, siempre buscando el crecimiento integral de las personas y liberándolas de todo aquello que las esclavizaba.

Los seguidores de Jesús debemos ser igualmente promotores de la vida y mediante nuestras acciones con los más necesitados debemos ayudar a que vivan en condiciones humanas y tengan oportunidades para crecer y realizarse como personas.

‒ En la tercera parte del texto evangélico de hoy encontramos el testimonio que Jesús da sobre Juan Bautista:

En su público reconocimiento hacia la persona y el mensaje del Bautista, utiliza, como recurso literario, las preguntas. Se dirige a la multitud y pregunta: ¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿A una caña azotada por el viento? ¿A un hombre lujosamente vestido?

Jesús, tan sobrio en sus palabras, afirma que Juan es más que un profeta, que desde antes fue identificado como aquel que prepararía los caminos del Mesías, y lo proclama como el más grande entre todos los seres nacidos de mujer. ¡Es impresionante este homenaje que el Hijo de Dios rinde a la vida y obra del Bautista!

‒ Es hora de terminar nuestra meditación dominical. ¿Qué mensaje podemos llevar a nuestras casas al finalizar esta eucaristía? Jesús presenta como prueba de la autenticidad de su misión las acciones realizadas con las personas que sufren. Así nos está diciendo que la autenticidad de nuestra fe se muestra mediante las acciones  que hagamos con los más necesitados. Los gestos de amor y de solidaridad son el sello de autenticación  de la seriedad de nuestra vida como creyentes.

Homilía III

‒ El tema central de la liturgia de este domingo es la pregunta que Juan Bautista formula a través de sus discípulos: ¿Eres Tú el que debe venir o tenemos que esperar a otro?. A lo largo de su historia, el pueblo había sido testigo de la actividad desplegada por numerosos mensajeros que anunciaban la esperanza del Salvador de Israel. Desde la cárcel, Juan se pregunta si Jesús es otro mensajero o si, finalmente, ha llegado la hora de la salvación.

‒ En nuestra época muchos contemporáneos se preguntan por la identidad de Jesús; lo admiran en su dimensión humana como líder social, como constructor de un nuevo modelo de convivencia y como humanista. Pero tienen una gran dificultad para captarlo en su totalidad como Hijo eterno del Padre hecho hombre en las entrañas de María. Por eso la pregunta que hace el Bautista es muy actual.

‒ ¿Cómo responde Jesús? Lo hace de manera indirecta:

Su respuesta tiene como telón de fondo un hermoso texto del profeta Isaías, cuya lectura acabamos de escuchar; en él se describe la realidad nueva y gozosa que inaugurará el Salvador de Israel.

Jesús deja que los hechos hablen por sí mismos de manera que Juan Bautista sea quien saque las conclusiones: Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos recobran la vista, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios de su enfermedad, y los sordos oyen; resucitan los muertos, y a los pobres se les anuncia la buena noticia.

La inquietud expresada por los discípulos de Juan es dilucidada, no a través de discursos teóricos, sino a través de hechos concretos de misericordia. El testimonio vale más que mil palabras…

‒ A continuación Jesús se refiere a la persona y a la obra del Precursor. Alaba la reciedumbre de su carácter que lo ha llevado a enfrentarse al rey, cuyo comportamiento escandaloso ha denunciado. También expresa admiración ante la austeridad de su tenor de vida. Y cierra su valoración afirmando que no ha nacido de mujer nadie más grande que Juan el Bautista.

‒ Estas sencillas reflexiones inspiradas en el evangelio nos dejan dos lecciones: en primer lugar, debemos profundizar en el significado de Jesús para nuestras vidas; preguntémonos si lo vemos como un simple hombre o descubrimos en Él el rostro visible de Dios amor; en segundo lugar, tomemos conciencia del impacto que produce el testimonio de vida, más elocuente que muchas explicaciones conceptuales; las acciones obradas por Jesús para aliviar el dolor humano y el estilo de vida del Bautista convencieron a muchos de sus contemporáneos.

‒ En este III domingo de Adviento, cuando nos preparamos para celebrar el misterio del nacimiento del Hijo de Dios, dejemos que la alegría inunde nuestro corazón y que las poéticas palabras del profeta Isaías resuenen en nuestro interior: Se alegrará el desierto, tierra estéril, la estepa se llenará de flores y de júbilo. ¡Valor! ¡No tengas miedo! Miren: ya llega su Dios a hacer justicia; viene en persona y les da la salvación.

Domingo IV

‒ Lecturas:
◊ Profeta Isaías 7, 10-14
◊ Carta de san Pablo a los Romanos 1, 1-7
◊ Mateo 1, 18-24

Isaías 7, 10-14

"¹⁰ El Señor dijo también a Ahaz: ¹¹ «Pide al Señor tu Dios que haga un milagro que te sirva de señal, ya sea abajo en lo más profundo o arriba en lo más alto.» ¹² Ahaz contestó: «No, yo no voy a poner a prueba al Señor pidiéndole una señal.» ¹³ Entonces Isaías dijo: «Escuchen ustedes, los de la casa real de David. ¿Les parece poco molestar a los hombres, que quieren también molestar a mi Dios? ¹⁴ Pues el Señor mismo les va