Lazos Rotos: Precuela de la saga La Mentalista by Kenechi Udogu by Kenechi Udogu - Read Online

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Summary

“No hubo nada diferente la noche en que todo cambió. No había luces centellantes en el cielo, no sentía fuego en mi panza, no hubo ninguna señal que sugiriese el cambio que estaba por llegar… Nora Brice provocaba cosas extrañas en mí. Extrañas y horribles cosas…”

Paul Colt tenía un problema, y no es uno a los que la mayoría de los adolescentes se enfrenta. Sí, le gusta una chica; una por la que está convencido haría tonterías si se diera la oportunidad. Pero no puede ir tras ella o tras cualquier otra chica con ese propósito. Eso es lo que obtuvo al ser un avertor, obligado a conformarse con la propagación de la colectiva. Él sabe que algunas reglas pueden pasarse por alto, y hay otras que nunca deben ser rotas. ¿La más grave de todas? Nunca te enamores, jamás.

Esta novela precuela de la saga La Mentalista puede ser leída antes o después de Aversión, el libro uno de la saga La Mentalista.

Published: BadPress on
ISBN: 9781507182390
List price: $1.99
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Lazos Rotos - Kenechi Udogu

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ONCE

Otros libros escritos por Kenechi Udogu:

The Other Slipper

(El Otra Zapato)

The Summer of Brian

The Altercation of Vira

The Yam Po Club

Aversion: Book One of The Mentalist Series

(Aversión: Libro uno de la saga La mentalista)

Sentient: Book Two of The Mentalist Series

AGRADECIMIENTOS

Deseo desplegar una burbuja de cálida gratitud alrededor de Neso, Okey, Mum, Chizoba, Pi-lin, Donna, Dumebi, Triona, y también hacia mis nuevos lectores «conejillos de indias» – Lisa Catanese y Chelsea Hunter. Nunca olvidaré su inquebrantable devoción hacia esta saga. También debo agradecer enormemente a Eva María Medina Cabanelas y a Patricia M Begona por el apoyo y el invaluable tiempo que dedicaron a la retroalimentación de la traducción en español. Han sido absolutamente legendarias.

Éste libro fue escrito para los fans de la saga La Mentalista. Gracias por recordarme compartir la historia de Paul con ustedes.

Por último, quiero agradecer a Vanessa Marisol Vargas Trejo, quien ha realizado un trabajo brillante en la traducción de este libro. Gracias por tu paciencia, dedicación y esfuerzo.

UNO

Paul

¿Alguna vez te has sentido atrapado dentro de tu propia existencia, sabiendo que nada de lo que hagas o digas puede cambiar la desastrosa situación en la que te encuentras? Aun sabiendo que el cambio que deseas solo te llevará a la pérdida y al sufrimiento. Es una sensación más desagradable de lo que he descrito, y una vez que el sentimiento se queda, es muy difícil de eliminar.

Por lo regular, no soy tan dramático.

Olvida lo que dije.

Nunca soy dramático. La verdad es que no logro ser melodramático en la vida debido al destino que me ha tocado vivir, pero a veces, emociones complejas te toman por sorpresa y una persona no puede mantener la cabeza en alto, aunque sabe que debería hacerlo.

Como la primera vez que vislumbré mi futuro. Tenía seis años de edad cuando mi padre tuvo conmigo aquella asquerosa e incómoda conversación acerca de los pájaros y las abejas. Probablemente era un tanto joven para una conversación tan gráfica, pero cuando no eres un chico normal, algunas cosas llegan antes que otras. De esa manera, no tendría la oportunidad de soñar con una vida que nunca podría ser.

Tras mi primera desilusión de no llegar a casarme con mi pecosa vecina de siete años, Susan Riley, mi vida continuó. Durante los diez años posteriores a esa reveladora conversación, intenté no mirar hacia atrás a lo que pudo ser (ayudó el que Susan siguió su vida con otro chico una vez que empecé a ignorarla), o mirar hacia lo que me hubiera perdido.

Esa fue la hazaña más difícil. ¿Quién quiere vivir conociendo cada detalle de lo que ya ha sido planeado para él? Viviendo en una gran ciudad, he visto chicas hermosas todo el tiempo (es imposible no verlas), pero con la idea de «ver, pero no tocar» infundida por mi padre, me las puedo arreglar bien, o algo así.

Como ya dije, no fue una tarea fácil.

Recuerdo el momento en el que comencé a pensar en mi vida como si fuese una carga que tuviera que llevar arrastrando hacia un callejón sin salida. Una de ellas será dentro de cinco años, cuando cumpla veintiuno y tenga que asumir verdaderas responsabilidades. No temía a lo que estaba por venir. Tener un hijo con una extraña para mantener un linaje intacto no era una práctica poco común, la realeza lo ha hecho por siglos y nadie parece oponerse a ello, así que realmente no era extraño el hecho de que nuestra clase preservase nuestra herencia.

No hubo nada diferente la noche en que todo cambió. No había luces centellantes en el cielo, no sentí fuego en mi estómago, no hubo ninguna señal que sugiriese el cambio que estaba por llegar. Era finales de mayo, el verano se acercaba y el cielo estaba despejado a pesar de que la noche se asomaba. Acababa de terminar un largo turno de descargas en el supermercado local. Levantar cajas no era algo agradable, pero era mejor que pasar el día con mi padre en su trabajo de mantenimiento por la mitad del salario. No es que no me guste pasar el tiempo con mi padre, solo que no soy tan bueno con las herramientas como lo es él.

En mi camino hacia la casa, siempre me detenía a aclarar mi mente en las escaleras traseras de una corte del ayuntamiento que había sido cerrada hace algunos años. Tres horas de caminata sobre pasillos concurridos era tan desagradable como un día entero en la escuela. Tuve un buen día debido a que nadie necesitó que le prestase atención especial. No me importaba lo que tuviera que hacer con mis habilidades, era solo que no siempre estaba de humor como para llevar a cabo mis tareas cuando me sentía exhausto e irritable en el trabajo.

Tomando una gran bocanada de uno de los cigarrillos que había robado de las reservas de mi padre, miré cómo la brisa nocturna redujo a nada el humo que exhalaba. En un segundo había humo, al siguiente, se había ido. A pesar del tiempo que me tomó aceptar mi destino, a veces me permitía el vano pensamiento de que un día podría desvanecerme hacia la nada, solamente flotar y ser llevado por el viento. Tal vez no me disiparía como el humo, en lugar de ello, sería llevado a un lugar donde nada de esto importara, un lugar lejos de la realidad donde no hubiera nadie a quien salvar de sí mismo.

Esa podría ser la única manera de escapar de lo que yo era, de lo que debía hacer.

—¿Cuántas veces debo decir esto, Brandon? No estoy interesada en pasar toda una tarde o cualquier tiempo contigo.

—Vamos Nora, no puedes hablar en serio. He visto cómo me observas cuando estoy lejos del campo.

Las voces venían de detrás de un enorme matorral y me enderecé, apagando el cigarrillo con mi tacón, listo para salir corriendo por si se dirigían hacia mi camino. Elegí ese lugar como refugio debido a que la gente rara vez llegaba hasta ahí. El camino recorría la parte trasera del edificio para llegar a Oswald Close. Debes ser uno de sus pocos residentes para poder usarlo.

—Se llama ver el juego, idiota. Estoy viendo a todos, no solo a ti. Supéralo.

—Nora...

—Además, no importa lo que tú quieras porque estoy saliendo con alguien más.

(Silencio)

—Sí, claro —el chico se burló.

Para ese entonces, ya sabía quiénes sostenían la conversación que estaba escuchando sin querer y deseaba estar en cualquier lugar, menos ahí. Aún existía la posibilidad de escabullirme antes de que me vieran. Levantándome tan silenciosamente como pude, caminé de puntas y comencé a escapar.

Debí de equivocarme al juzgar qué tan lejos estaban, porque apenas había dado dos pasos, cuando Nora apareció. Se detuvo al verme y dio un paso atrás como si no esperase que alguien anduviera merodeando por ahí. Una sombra se asomó en su cara, pero una sonrisa la reemplazó de inmediato, probablemente, porque me reconoció de la clase de Física. Mejor ser un estudiante raro que un hombre enmascarado con un cuchillo, ¿no?

—Hola, Paul. —Se acercó a mí y puso la mano ligeramente sobre mi brazo, su sonrisa aumentó. Su vestido azul claro se agitó con la brisa, me abstraje en ello durante un minuto.

¿Por qué estaba actuando como si no hubiese nada extraño en el hecho de que estuviera sentado ahí solo? Espera, ¿qué estaba diciendo? ¿Por qué diablos me estaba tocando y actuando como si fuésemos viejos amigos?

—Acompáñame a casa —me susurró al oído y su cuerpo hizo presión con el mío, su aliento cálido me hizo cosquillas en la mejilla. Un ligero olor a fresa llenó el aire que me rodeaba. Me estremecí.

—¿Eh?

Estaba fallando en mi esfuerzo por no sonar tonto.

—No todo el camino, solo lo suficiente para alejar a Brandon. Vivo solo a la vuelta de la esquina.

Sus ojos me imploraban tanto como su voz, ¿cómo podría negarme?

—Está bien —me escuché a mí mismo susurrar. Estaba solamente a la vuelta de la esquina, ¿no? ¿Qué tendría de malo? Especialmente si ella no quería que la siguieran.

Levanté la mirada hacia los ojos del ahora boquiabierto Brandon. Probablemente observó cómo Nora y yo entablábamos una conversación íntima. Me pregunté si él creía que yo era esa persona con la cual Nora decía estar saliendo. Eso seguramente explicaría la expresión