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Desde el cuartel: Otra visión de Guatemala

Desde el cuartel: Otra visión de Guatemala

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Desde el cuartel: Otra visión de Guatemala

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5/5 (3 ratings)
Length:
375 pages
5 hours
Publisher:
Released:
Oct 2, 2017
ISBN:
9789929700253
Format:
Book

Description

Soy un coronel del Ejército de Guatemala con 25 años de servicio en esa institución que me da de comer a mí y a mi familia. Soy fiel admirador del coronel Jacobo Arbenz Guzmán, el Soldado del Pueblo, principal ideólogo de la Revolución de Octubre de 1944, presidente de Guatemala de 1951 a 1954, traicionado por algunos oficiales de la cúpula militar de aquellos años, derrocado por orden del presidente estadounidense Dwight Eisenhower (republicano), por medio del Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia (cia, por sus siglas en inglés); la embajada estadounidense acreditada en Guatemala, tres gobiernos de países supuestamente amigos (Honduras, Nicaragua y República Dominicana), la oligarquía terrateniente y la Iglesia católica. Enterrado en nuestra historia política y educativa, porque la oligarquía aún no se recupera sicológicamente del profundo impacto de sus políticas sociales.
Publisher:
Released:
Oct 2, 2017
ISBN:
9789929700253
Format:
Book

About the author

Militar guatematelco (activo) con 25 años de servicio en el Ejército de Guatemala, Su último curso militar fue el Superior de Guerra en el Comando Superior de Educación del Ejército (COSEDE). Ha sido oficial instructor del COSEDE y de la Escuela de Asuntos Civiles. Entre sus conderaciones y distintivos sobresalen las medallas de Mérito Académico, Monja Blanca, Tercera Citación Estrella de Brnce y Plata de Combatiente. Tiene una licenciatra y una maestría en Administración de Recursos y Tecnología por la Universidad Galileo y un diplomado de Gerencia Pública por el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP)


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Desde el cuartel - Edgar Rubio Castañeda

sociales.

PRESENTACIÓN

Este ensayo deriva de mi interés por contribuir a fortalecer al Estado y sus instituciones, de manera que estén al servicio de todos, en especial de las mayorías; transformar la vida pública y privada, para mantener un equilibrio de poder entre los distintos sectores; y revolucionar la conciencia social para lograr la participación popular en la vida política nacional, y con ello superar los flagelos sociales de pobreza, miseria, violencia, abandono y exclusión. En síntesis: cambiar el régimen de privilegios y corrupción que destruye política, económica, social y militarmente a nuestra Guatemala, por la inconmensurable voracidad de la oligarquía en su afán concentrador de poder y de control del Estado.

Los siguientes postulados del Segundo Movimiento Progresista¹ serán la clave para que logremos esas necesarias y urgentes transformaciones sociales; entendiendo como postulados las reglas generales de pensamiento político correctamente aplicadas para la liberación total del Estado y sus instituciones: 1. Pasar del modelo neoliberal a un modelo social (bien común) con una democracia plena y participativa, donde las mayorías sean el centro de todas las políticas estatales y privadas; 2. Pasar de las enfermedades a la salud plena para todos los guatemaltecos, con hospitales y centros de salud en cada departamento y municipio; 3. Pasar de la desnutrición a la nutrición, proporcionando alimento a las madres y niños desnutridos; 4. Pasar del analfabetismo al conocimiento, con educación de calidad que para todos incluya Internet, lectura e historia; 5. Pasar de la pobreza a la abundancia, la seguridad alimentaria será prioridad, consumiremos lo que produciremos, dando a los campesinos tierras, semillas, asesoría, tecnificación, instrumentos y créditos baratos; 6. Pasar de la inseguridad a la seguridad, reconociendo que la violencia no se controlará si no atendemos sus causas sociales; 7. Pasar de la ignorancia a la cultura con arte, teatro, danza, música y canto, para todos los estudiantes de preprimaria, primaria, básicos y diversificado; 8. Pasar de la vagancia y desocupación al deporte, para todos los estudiantes de pre-primaria, primaria, básicos y diversificado, especializándolos en una disciplina deportiva; 9. Pasar de las grandes injusticias sociales a la justicia social, con oportunidades para todos los habitantes, sin privilegios, prebendas ni corrupción; 10. Pasar de la corrupción pública y privada, a la probidad; honradez y transparencia, demostrando una verdadera convicción y vocación de servicio con principios, ideales y valores; 11. Pasar de la contaminación a la pureza ambiental, con regulaciones estrictas para recuperar nuestro entorno ecológico y reservas naturales; 12. Pasar de la cultura de muerte a la cultura de la vida; con respeto y amor al prójimo, retomando los principios y valores morales, mostrando solidaridad hacia los más necesitados y tratarlos como nos gustaría ser tratados; 13. Pasar de impuestos regresivos a impuestos progresivos, y que la base de la recaudación se constituya por los impuestos directos, y que aporten más quienes más tienen; 14. Pasar del entreguismo de nuestros recursos naturales a la soberanía sobre ellos, con leyes consensuadas con todos los sectores sociales, haciendo prevalecer una distribución justa y equitativa de los dividendos que generen; y 15. Pasar de un Estado débil y disfuncional a uno fuerte, con instituciones, secretarías y ministerios, que cumplan de manera transparente y ejemplar sus funciones de servicio al pueblo.

Estos 15 postulados nos permitirán darle al Estado el papel que debe jugar en una democracia real y participativa como ente promotor, regulador y rector de la vida nacional; y así superar el modelo neoliberal, antidemocrático, acaparador, explotador e inhumano, que promueven e impulsan las familias más poderosas. No queremos un Estado que controle todo, pero tampoco uno que nada controle, la clave será encontrar un equilibrio democrático que nos conduzca por los caminos de la libertad y el desarrollo.

Lucharemos con nuestras ideas y pensamientos para hacer realidad ese sueño de pasar del egoísmo, el racismo y el odio al amor al prójimo.

1. El Primer Movimiento Progresista fue el de la Revolución del 20 de Octubre de 1944.

I

REFLEXIÓN INICIAL, ESTADISTAS EN LOS ESTADOS

En la historia de la humanidad hay grandes personajes que fueron inmortalizados por las transformaciones políticas, sociales, educativas y culturales de sus países. Sus ideas y actuaciones son objeto de estudios para encontrar aspectos relevantes que se puedan aplicar a nuestra época. Abraham Lincoln, en Estados Unidos de América, abolió la esclavitud; Lázaro Cárdenas, en Estados Unidos Mexicanos, nacionalizó el petróleo y llevó a cabo una reforma agraria; Juan José Arévalo, en Guatemala, realizó importantes transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales; Jacobo Arbenz Guzmán, también en Guatemala, inició una importante reforma agraria y el rompimiento de monopolios; y Hugo Chávez, en Venezuela, nacionalizó el petróleo e impulsó una auténtica revolución social. Todas ellos tienen en común haber sido estadistas que mejoraron significativamente las condiciones de vida de sus conciudadanos, para que pudieran vivir con dignidad e igualdad de oportunidades para todos.

El liderazgo político es el más importante de todos los liderazgos, debido a que permite transformar países atrasados o subdesarrollados en países desarrollados. Sin embargo, un mal liderazgo político puede hacer retroceder a los pueblos y llevarlos a la miseria, al atraso, a la pobreza total y en consecuencia al caos.

La política es un noble oficio que permite servir al prójimo, en especial a los más necesitados: los desnutridos, analfabetas y enfermos. Requiere independencia, disciplina y entrega total. Lamentablemente, los políticos tradicionales que han gobernado nuestro país lo han prostituido y degenerado, exclusivamente para sus amos y patrones, quienes han patrocinado las campañas electorales para hacerse del poder y, luego, cobrarse las facturas y recuperar la inversión. Estos oscuros financistas son vulgares y avorazados ladrones de cuello blanco.

Con las excepciones de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz, Guatemala no ha tenido líderes que puedan considerarse estadistas, que se comprometan con la transformación política, económica y social del país, para que pueda dejar atrás el legado de violencia, corrupción, atraso, miseria y privilegios que nos condenan a ser un país eternamente tercermundista o, por disfuncional e inviable, intervenido permanentemente por organismos internacionales.

Urgen políticos progresistas comprometidos con el sistema democrático, para que cambien radicalmente el destino que le depara al país; comprometidos con causas sociales y consensos, transparentes, visionarios: políticos de nación, de pueblo, de Estado.

Es importante que la mayoría, la de estómagos vacíos, los marginados, explotados y olvidados, se mantenga unida y organizada. De lo contrario, no podrá cambiar los cimientos y estructuras de este modelo empobrecedor lleno de privilegios y corrupción. Las condiciones están dadas para que el pueblo reaccione y aporte a la transformación nacional. Nosotros, como militares, haremos la parte que nos corresponde sumándonos a ese movimiento social progresista. A lo largo de la historia, muchos de nuestros hermanos y compañeros revolucionarios iniciaron el camino de la reivindicación y la justicia social. Ahora, nosotros los progresistas, estamos más que obligados o continuarlo de manera pacífica para no darle oportunidad a los violentos a que actúen contra nosotros.

De 1821 a 1871, en el tiempo que gobernaron los conservadores,¹ tuvieron la oportunidad de hacer los cambios profundos que se necesitaban y no lo hicieron. De 1871 a 1944 los liberales² compitieron con los conservadores para acumular riquezas, olvidando al pueblo. El período de 1944 a 1954 ha sido el único en que no se acumularon riquezas particulares sino que se gobernó para el pueblo, con verdaderas políticas sociales, de largo plazo, que aún prevalecen. Fue llamada la Primavera Democrática porque floreció realmente la democracia. En esa época hubo un esfuerzo extraordinario para solucionar de fondo los problemas sociales y económicos heredados de periodos anteriores. De 1954 a la fecha, conservadores y liberales se han unido para retomar el control del Estado y seguir acumulando riquezas en detrimento del pueblo. Las consecuencias están a la vista: Somos un país con pobreza, con hambre, sin educación, con enfermedad, violencia, sin oportunidades de empleo, sin un Estado eficaz; un pueblo aún con miedo a expresarse libremente, descaradamente manipulado y desmoralizado, sin esperanza de que cambie la situación social y se alcance un futuro mejor.

Lo que no nos han podido robar ni cambiar son nuestros sueños e ilusiones de ver una Guatemala con bienestar y desarrollo, donde todos, sin excepción, nos sintamos orgullosos del país que nos vio nacer.

Así que estaremos dispuestos a dar nuestro aporte, para sumar a la transformación social, para que nuestros sueños e ilusiones se hagan realidad. El camino que seguiremos no será fácil. Tendremos que enfrentarnos a la oligarquía más atrasada, reaccionaria, corrupta y saqueadora del mundo y a su maquinaria mediática muy bien aceitada.

1. Los conservadores, integrados por la llamada aristocracia y el clero y la aristocracia terrateniente, escolástica y tradicionalista, amurallada en su orden religioso, fueros y privilegios por ley, religión única y una Iglesia cargada de riquezas y poder político, metida hasta en la sopa para mantener una cultura de casta (…) todos los conventos acumularon enormes bienes y riquezas: fueron los prestamistas y banqueros de la colonia. (Cardoza y Aragón, 2005: 281 y 282).

2. Entre los liberales militaron criollos, mestizos de la pequeña burguesía y pocos indígenas (…) algunos criollos y mestizos se apasionan por el liberalismo ilustrado, las ideas positivistas, el nacionalismo hasta originar clara noción de patria (Cardoza y Aragón, 2005: 281 y 282).

II

EL ESTADO, LA OLIGARQUÍA Y LOS GOBIERNOS

El Estado de Guatemala no fue fundado para servir a sus ciudadanos.¹ Ahora tenemos la oportunidad de refundarlo. Pongámoslo al servicio de todos los guatemaltecos, principalmente de los más necesitados. Si queremos sobrevivir como una patria libre e independiente, debemos realizar las profundas reformas que el Estado demanda. Y digo debemos porque solo se conseguirá con la unión de todos los sectores sociales representativos y organizados del país. Ya no queremos una Constitución Política negociada y pactada a conveniencia de las élites porque eso sería muy fácil, unir a las élites pensantes y escribir una nueva Constitución, sino por el contrario: debe darse un proceso democrático, participativo y legítimo (Bachelette, 2014) del que deriven los puntos de vista de todos los sectores sociales de acuerdo con sus requerimientos y necesidades históricas.

La política económica y el control que ejerce la clase dominante sobre esta, hacen que el país sea inviable. Privilegia y enriquece a unos pocos en detrimento de muchos. Tan consolidado está ese sistema, que parte del andamiaje legal, incluyendo a la Constitución Política,² redactada para beneficiarlos y protegerlos del pueblo, y que este no atente contra su statu quo. Cuando hablamos de la oligarquía nos referimos a unas pocas familias-corporaciones excesivamente privilegiadas (que representan menos del 1% de la población) que tienen a su exclusivo servicio al Estado y a quienes lo administran cada cuatro años.

Al hablar de los oligarcas, generalizamos para evitar ser objeto de persecución, sea penal o mediática. Omitimos los nombres de las familias poderosas que han amasado inmensas fortunas a costillas del Estado y se han beneficiado descaradamente de la debilidad que han provocado. Seamos honestos con las nuevas generaciones y llamemos a estas redes familiares por su nombre. Definimos la red familiar como el conjunto de familias que configuran la élite económica y que conforman en cada país el núcleo oligárquico. Estas redes están ligadas por cinco factores 1. Las alianzas a través del matrimonio; 2. Las alianzas a través de los negocios; 3. La proximidad geográfica y el factor socio-racial; 4. La participación en asociaciones políticas, religiosas o socioculturales; y 5. La formación de sus propios intelectuales orgánicos (Casaús, 2004: 8).

De estos cinco aspectos, los más importantes son, en primer lugar, sus alianzas maritales por la ascendencia común entre las mismas familias con la presencia de una endogamia y como resultado, una compleja red de relaciones consanguíneas [con] un poderoso sistema de parentesco cerrado (Torres-Rivas, 2011: 55); y en segundo, las alianzas en los negocios. Ambos les permiten concentrar más poder económico, que les facilita el control político del Estado y más influencia para imponer condiciones favorables a sus monopolios y oligopolios en menoscabo del resto de los grupos; y también, según ellos, conservar su pureza y linaje.

Al desgranar a estas 22 familias que se consignan en Guatemala, linaje y racismo, de Marta Elena Casaús, notamos que cuatro proceden del núcleo inicial de conquistadores […] que llegaron a Guatemala, en el siglo XVI: Díaz del Castillo, De León, Pérez Dardón y Lara; luego, otras seis llegaron en el siglo XVII: Arrivillaga, Batres, García Granados, Guillén de Ubico y Díaz Durán. Sin embargo, consideramos oportuno añadir a la familia Delgado Nájera, que no menciona Casaús, en virtud que ésta concentró un inmenso poder en dicho siglo. Seguidamente Casaús nos dice que el grupo más numeroso hace su aparición durante la primera mitad del siglo XVIII, grupo integrado por las familias Arzú, Aycinena, Azmitia, Aparicio, Beltranena, Piñol, Saravia, Urruela y Zirión. De éste, nueve familias tienen una característica especial: desde su llegada a nuestro país controlaron ágilmente el poder político y económico. Para finalizar, agrega que tres [familias más] son de origen mestizo y proceden del occidente del país, hacen su fortuna a raíz de la revolución liberal de 1871, utilizando el aparato del Estado para acumular riqueza y poder: Samayoa, Herrera y Barrios (Casaús, 2004: 178). El ascenso económico de estas tres últimas familias obedece a que los patriarcas Justo Rufino Barrios […] José María Samayoa y Manuel Herrera, desplazaron algunas de las familias coloniales que no pudieron hacer la transición a la economía cafetalera (Dosal, 2005: 30).

Un patrón de conducta recurrente de todas estas familias es protagonizado por el hijo de Manuel Herrera: Carlos Herrera, el hombre más adinerado del país, supuestamente saqueó el erario nacional y expandió sus ya vastas propiedades durante […] su administración (Dosal, 2005: 100) al frente del gobierno, confirmando que gran parte de las riquezas de estas familias proviene de la explotación constante del Estado; haciéndolo de manera directa como Herrera, ocupando la presidencia o, de forma indirecta como, lo han hecho estas familias, financiando presidentes para manejar el poder tras bambalinas.

De estas 22 familias o redes familiares hay unas que sobresalen más que otras por poseer la mayor concentración de riqueza y de dominio político y social y el más extenso número de redes interfamiliares. Por lo tanto, los demás grupos o familias buscan por todos los medios tener nexos, de preferencia maritales, con ese grupo familiar que sobresale o se distingue del resto.

A continuación veremos los nombres de estas 12 familias que sobresalen y que concentran más riquezas y poder en el siglo XX: Castillo, Herrera, Arzú, Díaz Durán, Batres, Saravia, Matheu, Samayoa, García Granados, Urruela, Aycinena y Arrivillaga. De toda esta oligarquía conformada por pocas familias, también es común ver las rencillas, envidias, corrupción y ambición de cada una para acumular dinero y poder y ocupar un sitio hegemónico.

Ese poderío es, a veces, producto de traiciones económicas e, incluso, de divergencias maritales, lo que provoca que estas familias se enfrenten en el peor de los casos. De todas las familias mencionadas cinco aglutinan en cada siglo el núcleo oligárquico. 1. Díaz del Castillo en el siglo XVI; 2. Delgado Nájera en el [siglo] XVII; 3. Aycinena en el [siglo] XVIII; 4. Skinner Klee en el [siglo] XIX; y 5. Castillo en el [siglo] XX. Es de gran importancia comentar que en el siglo XIX la familia Castillo pierde el apellido Díaz, y son las ramas Castillo Segura y Castillo Estrada las que enlazan directamente con los fundadores de la cervecería, los Castillo Córdova (Casaús, 2004: 171).

Esta información dice claramente que la familia Castillo ha sido una de las pocas que se ha mantenido por cinco siglos, desde la conquista hasta la actualidad como una de las más poderosas, conservadoras y de ideología de extrema derecha, haciendo que sus tentáculos lleguen a doblegar al Estado convirtiéndolo en una estructura disfuncional para la sociedad, pero de mucho beneficio para sus miembros.

Hay otro dato valioso que Casaús traslada y que, a nuestro entender, es una forma de racismo y exclusión hacia dos sectores característicos de la sociedad. Indica que un elemento diferenciador en relación con otras redes familiares ha sido la casi ausencia de religiosos y militares en la familia […] al ser preguntado un miembro de la familia Castillo, se enorgullecía de no tener a ningún chafarote, ni a ningún cura en la familia (Casaús, 2004: 172). Con esto se demuestra su rotundo rechazo a incorporar, por medios maritales, a personas ajenas a su linaje. Pero no hay rechazo por las alianzas políticas con personas que no sean de su ascendencia porque saben perfectamente que les serán de utilidad o, como les llamamos, tontos útiles para satisfacer sus necesidades monopólicas y ansias por incrementar sus privilegios económicos. A pesar de ese comentario peyorativo y discriminatorio de un miembro de la familia Castillo, de no contar en su familia con ningún chafa ni cura (comida segura, como dice el refrán popular), militares especialmente de la cúpula y presidentes, doblan la cerviz ante estas poderosas familias aún sabiendo que siempre los verán con desprecio y como gente inferior.

Estos mandos militares, que incluyen al presidente Otto Pérez Molina, se desviven por quedar bien con estas familias aunque saben que no son tomados en cuenta para los beneficios particulares de las decisiones trascendentales que toman, sino únicamente para ejecutarlas y cumplirlas con el fin de proteger los intereses familiares oligárquicos. Han llegado, incluso, al extremo de reprimir y oprimir ilegalmente al pueblo cuando manifiesta sus inconformidades con relación al sistema y al modelo neoliberal. Pero mal paga el diablo a quien bien le sirve y las acciones legales emprendidas en contra de oficiales del Ejército lo están demostrando. Hay serias acusaciones de violaciones a los Derechos Humanos³ y de corrupción, de las que son objeto por defender un sistema desigual e injusto.

Es tanta la concentración de poder de estas familias que, a pesar de que la Constitución Política en su artículo 130 prohíbe los monopolios,⁴ estos se mantienen avalados y acuerpados por los diferentes gobiernos que se olvidaron de la prohibición, en claro perjuicio de los consumidores.

A continuación describiremos los monopolios y oligopolios de estas poderosas familias:

a) Familia Castillo: monopolio de la cerveza y bebidas.

b) Familia Gutiérrez: monopolio del pollo, harina y trigo (insertada en la globalización al hacer alianza con Intur de Honduras y Telepizza de España).

c) Familia Herrera: oligopolio azucarero.

d) Familia Novella: monopolio del cemento (insertada en la globalización al hacer alianza con la cementera Holcim de Suiza en el año 2001, y en el 2012 recompró el 20% de las acciones vendidas).

e) Familia Paiz: oligopolio de supermercados (insertada en la globalización al hacer alianza con Walmart de México).

f) Familia Leal: oligopolio azucarero.

g) Familia Molina: oligopolio de aceites.

h) Familia Botrán: monopolio de licores y oligopolio de azúcar.

i) Familia Kong: oligopolio de jabón detergente y champú.

j) Familia Torrebiarte: oligopolio de palma africana y calzado.

Hablamos inicialmente de 22 familias poderosas del silgo XVI al XIX, que luego pasó a ser un grupo reducido de 12 familias en el siglo XX, aún más poderosas por su capacidad concentradora y acaparadora de riquezas. Para nuestro pesar, de estas sorprendentes familias no todo está dicho ya que hay cuatro, de las cuales dos vienen de esas 12 familias, sobre las cuales Marta Casaús hace referencia como un bloque sólido y hegemónico, que la llevan a afirmar que los Castillo, conjuntamente con los Herrera, Paiz y Gutiérrez (esta última viene a Guatemala en 1930), representan los entronques de origen hispánico más fuertes, extensos y poderosos del bloque hegemónico (Casaús, 2004: 168). Además, agrega Casaús que de todas las familias, tres han sido las más exitosas en insertarse en la globalización: Paiz, Gutiérrez y Novella (Casaús, 2004: 174). Sin embargo, el embajador de Estados Unidos de América en nuestro país, James M. Derham,⁶ afirmó que la familia Novella era una de las más ricas y poderosas del país.⁷ De igual manera, la revista Forbes Centroamérica indica que la familia Novella es una de las más ricas de la región. Por lo que nosotros le llamaríamos a estas cinco familias un bloque hegemónico sobre lo hegemónico.⁸ Por cada una de esas cinco familias multimillonarias hay 380 mil familias⁹ pobres, afirmando con ello las enormes desigualdades e injusticias sociales que prevalecen en pleno siglo XXI.¹⁰ Estas redes familiares en general y las cinco familias en particular (Gutiérrez Bosch, Castillo, Herrera, Paiz y Novella) han concentrado inmensas riquezas por tener cooptado política y económicamente al Estado, con todo tipo de prebendas y privilegios.

La familia Gutiérrez Bosch desplazó a la familia Castillo a un segundo plano desde principios de la década de 1990, y hoy es la más poderosa y de mayor influencia política, constituyéndose en el centro de gravedad de la oligarquía y ejerciendo control sobre los diferentes gobiernos de la era democrática. Esta familia ejerció de manera directa y contundente el poder con los gobiernos de Ramiro de León Carpio, Álvaro Arzú Irigoyen, Óscar Berger Perdomo y Otto Pérez. Con el último se dieron el lujo de que el color anaranjado del Partido Patriota fuese igual al del logo de Pollo Campero, su marca insignia.

Dos elementos muestran cómo Otto Pérez dobló las rodillas ante ellos cuando era director de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional: El martes 26 de mayo [1993], el teléfono empezó a sonar y contestó la esposa del director de la G2 [director de Inteligencia], él anotó una dirección y salió en cuanto pudo. La llamada era del empresario Juan Luis Bosch, quien citaba al [coronel] Otto Pérez Molina, para decidir qué hacer ante el anuncio del presidente (Jorge Serrano Elías, de disolver el Congreso y la Corte Suprema de Justicia). Pérez Molina y Bosch eran parte de dos sectores a quienes no les parecía correcta la rapidez con que Serrano trataba los asuntos de paz. La meta del presidente era lograr un cese el fuego en 60 días, sus asesores le sugirieron 30 días más; para los empresarios, en cambio, el momento no era el adecuado.¹¹

El segundo elemento: El 2 de junio [1993] Otto Pérez Molina averiguó que él y nueve oficiales que habían desafiado [insubordinado] a la jerarquía militar para asegurar que Serrano y [Gustavo Adolfo] Espina [vicepresidente de Serrano] no permanecieran en el poder, ahora estaban siendo destituidos de sus cargos. Sin embargo, los empresarios del sector privado organizado inmediatamente contactaron a Pérez Molina para apoyarle y brindarle la ayuda que necesitaba (McCleary, 1999: 271 y 272).

La crisis de 1993 se resolvió con la elección de Ramiro de León Carpio como presidente de la República, con el voto favorable del Congreso y con el ascenso del coronel Pérez Molina a general y su nombramiento como jefe del Estado Mayor Presidencial, impuesto por el empresariado. El común denominador de ambos personajes y su llegada a puestos clave era su gran amistad con el multimillonario Dionisio Gutiérrez Mayorga, quien se convirtió automáticamente en el poder tras el trono del gobierno transitorio. Una vez con el control político del Estado, Gutiérrez consiguió depurar al Congreso que, paradójicamente, eligió al presidente De León Carpio. Lo más delicado es que reformaron la Constitución Política para consolidar legalmente su control económico y financiero sobre el Estado. En este punto confirmamos que los generales del ejército con aspiracines presidenciales logran el máximo grado militar, no por méritos propios, sino por su subordinación al poder económico. Bien valdría la frase que reza: Detrás de un militar con el grado de general hay un oligarca. Por ello no extraña que Pérez Molina haya sido, como presidente, el principal defensor de esas redes familiares. Veamos estos tres ejemplos:

a) La reforma tributaria del año 2012 afectó a la clase media, beneficiando a la supercúpula económica.

b) La privatización de la Empresa Portuaria Quetzal (EPQ) resultó de beneficio para la oligarquía. Siendo que ésta es una de las empresas más rentables del Estado.

c) Regalar a las transnacionales y a sus aliados oligarcas (exonerándolos del pago de impuestos) los recursos naturales, como el petróleo y minerales, permitiendo la exploración y explotación, con regalías insultantes e irrisorias, además de los ríos para la construcción de hidroeléctricas.

Ojalá Pérez Molina, en los momentos de soledad que le esperan (porque seguramente ya no habrá quien lo adule), dada su obligada y humillante renuncia por acusaciones de megacorrupción y enriquecimiento ilícito y en condiciones de privado de libertad a la espera de una sentencia por los tribunales de justicia, se dé cuenta del gran daño que le hizo al pueblo permitiendo todo tipo de abusos políticos, económicos, sociales y militares, y que fue utilizado por esas influyentes familias. Este general de la oligarquía, cuyos estudios militares fueron pagados por el Estado, en la primera oportunidad, fusil con bayoneta en mano, se lanzó contra ese mismo Estado. Algunos se preguntarán por qué nos preocupamos del general Otto Pérez, y es porque muchos querrán seguir su ejemplo para llegar a la Presidencia subordinándose al poder económico, como él siguió el de los generales que han gobernado en mala hora este país. De ocurrir, veremos cómo se apresura vertiginosamente el derrumbe y resquebrajamiento del Ejército de Guatemala, institución que por norma constitucional debe servir al pueblo y no a las minorías.

La familia Gutiérrez Bosch también ejerció de manera indirecta el poder en los gobiernos de Vinicio Cerezo Arévalo, Serrano Elías, Alfonso Portillo y Álvaro Colom. Portillo fue el dolor de cabeza de estas familias, que debieron ejercer su poderío a efecto de dar un golpe de Estado mediático como raras veces se había visto para sacarlo del gobierno, por haber sido el único presidente en las últimas seis décadas en enfrentarlos abiertamente. Cabe recordar que no solo enfrentó a los Gutiérrez Bosch (primos Dionisio y Juan Luis), sino también a los Castillo, Novella y Herrera, entre otras familias, denunciando pública y contundentemente los privilegios, monopolios y oligopolios de pollo, cerveza, cemento y azúcar, entre otras denuncias, con el propósito de abrir la economía (mercado nacional) para beneficio de las masas populares.

Este tipo de decisiones políticas de un hombre de Estado para romper monopolios y oligopolios, le costó a Alfonso Portillo su extradición hacia Estados Unidos de América y una persecución política degradante e inhumana comparada únicamente a la persecución política de la cual fue objeto el presidente, estadista y Soldado del Pueblo, Jacobo Arbenz, quien fue perseguido por el gobierno de Estados Unidos de América. Participaron de esa persecución, también, el Departamento de Estado, la CIA, la embajada estadounidense acreditada en nuestro país, y sus incondicionales

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  • (5/5)
    Mi mas sentido agradecimiento a mi coronel Rubio por ese valor de escribir la verdad de acontecimientos.