Find your next favorite book

Become a member today and read free for 30 days
Atrapavientos: Elegida - Libro 1, #1

Atrapavientos: Elegida - Libro 1, #1

Read preview

Atrapavientos: Elegida - Libro 1, #1

Length:
394 pages
5 hours
Released:
Jan 20, 2021
ISBN:
9781547504800
Format:
Book

Description

Mentiras. Traición. Destino. Una elección que lo cambia todo.

Me llamo Juliet Wildfire Stone y soy especial. Tengo visiones, oigo voces y no tengo ni idea de lo que significan.

Cuando varios chamanes son asesinados en mi aburrido pueblo de Arizona, no puedo evitar preocuparme por que mi lunático abuelo esté involucrado. Es un chamán y algo más que un simple excéntrico. Le gusta contarme historias sobre la Gran Espíritu del Viento y el Coyote, pero no tienen mucho sentido. Creía que sabía la verdad, pero para limpiar su nombre, acabo metida en su mundo extraterrestre y desvelo una antigua sociedad secreta formada hace dos cientos años para mantenerme a salvo… ¡A mí! Y no puedo evitar empezar a preguntarme si hay algo de verdad en esas viejas historias que mi abuelo me ha contado.

Solo quiero ser una chica de dieciséis años normal y corriente, pero por lo que se ve, nunca voy a ser normal. Nunca podré serlo. Antes no lo sabía, pero soy la Elegida y esas voces que he estado escuchando… Bueno, no son solo “voces”. He empezado a desarrollar habilidades, pero puede que no sean suficiente. Una poderosa entidad llamado Buscador me persigue y está cerca, muy cerca.

Creía que sabía las respuestas, pero la verdad es que no. Traicionada por mis seres queridos, debo elegir si huir o si arriesgarlo todo para cumplir con mi destino. Espero tomar la decisión correcta, ¿y tú?

Released:
Jan 20, 2021
ISBN:
9781547504800
Format:
Book

About the author


Related to Atrapavientos

Book Preview

Atrapavientos - Jeff Altabef

1

Copyright

www.EvolvedPub.com

~~~

Atrapavientos

(Saga Elegida – Libro 1)

Copyright © 2015 Jeff Altabef y Erynn Altabef

Cover Art Copyright © 2015 Mallory Rock

~~~

ISBN (Versión EPUB): 1622539923

ISBN (Versión EPUB): 978-1-62253-992-5

~~~

Editora: Megan Harris

Editor jefe: Lane Diamond

Traductora: Noelia Segura Guirado

~~~

Notas de Licencia de eBook:

Queda prohibido cualquier tipo de uso, reproducción o transmisión de cualquier fragmento del libro sin la autorización escrita de los titulares del copyright, salvo en el caso de citas breves para artículos críticos y reseñas, o bien de conformidad con las leyes de uso legítimo. Todos los derechos reservados.

La licencia de este eBook es solo para su disfrute personal. No está permitida su reventa ni su distribución a terceras personas. Si desea compartir este libro con otra persona, compre una copia adicional para cada beneficiario. Si está leyendo este libro y no lo ha comprado, o no fue comprado únicamente para su uso personal, por favor, devuélvaselo al proveedor de su elección y compre su propia copia. Gracias por respetar el arduo trabajo de este autor.

~~~

Aviso legal:

Esto es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares y acontecimientos son producto de la imaginación del autor o son utilizados como ficticios.

REGALO

Gracias por elegir Wind Catcher. ¡Esperamos que te haga vibrar! Nos gustaría ofrecerte un obsequio gratuito como agradecimiento por ello y por suscribirte al boletín de noticias de Jeff Altabef.

~~~

Jeff ha escrito un relato breve, Enemies of the State, una pieza de acompañamiento en la que aparecen algunos de los inolvidables personajes y toda la emoción del thriller de suspense Shatter Point.

~~~

Recibirás este relato por correo electrónico al suscribirte en FREE GIFT.

Otros libros de Jeff Altabef

No te pierdas EL AVANCE ESPECIAL de Borde del Amanecer, el segundo libro de la saga, que encontrarás al final de esta historia. ¡Gracias!

~~~

ELEGIDA

Book 1: Atrapavientos

Book 2: Borde del Amanecer

Book 3: Almas Abrasadas

~~~

A NEPHILIM THRILLER

Book 1: Devil’s Den

Book 2: Devil’s Dance

~~~

A POINT THRILLER

Book 1: Fracture Point

Book 2: Shatter Point

~~~

RED DEATH

Book 1: Red Death

Book 2: The Ghost King

~~~

www.JeffAltabef.com

Qué opinan otros usuarios de los libros de Jeff Altabef

ATRAPAVIENTOS:

«Es una lectura muy entretenida para todas las edades, que se pasa tan rápido como los autores la desarrollan». Kirkus Reviews

~~~

«Muchos libros de literatura juvenil giran en torno a la toma de decisiones de los jóvenes. Sin embargo, la alegría y la emoción que dan vida a Atrapavientos es que la búsqueda de la verdad de Juliet no acaba cuando esta se desvela, sino con la perspectiva general de lo que va a elegir hacer con ella. Ese es el motor de una potente saga que sumerge totalmente a los lectores en todos los escenarios posibles que pueden surgir tras una elección en la vida y es también la razón por la que Atrapavientos destaca sobre la multitud». D. Donovan

~~~

«Atrapavientos es uno de los mejores thrillers de literatura juvenil que he leído en mucho tiempo... Si no hubiera tenido que parar a comer y dormir, me lo hubiera leído de un tirón. ¡Es así de buena!» — S. Price Suze

~~~

«¡Qué historia tan maravillosa y especial! Puedo decir sinceramente que nunca había leído nada igual. Me encantan los temas nativo americanos que transcurren en la historia, así como la profunda zambullida en la cultura de la riqueza de vez en cuando. La historia sació mi sed de conocimientos sobre la parte más sobrenatural de la historia y la narración nativo americana y me encantó la creatividad de los autores. A pesar de que es, esencialmente, literatura juvenil, me mantuvo pegada literalmente al borde del asiento mientras leía. La trama tiene situaciones realmente intensas así como elementos maduros entretejidos en la historia. Me encanta que nuestros autores vean a los lectores de juvenil como algo más que niños mayores. Los consideran muy inteligentes y capaces de digerir temas tan maduros como los asesinatos y las sociedades secretas. Y además, ¿a quién no le gustan las sociedades secretas?» Amy @ Read to My Heart’s Content

~~~

SHATTER POINT

Una saga apasionante y original. Desde la manipulación genética y los giros del destino hasta el asesinato a sangre fría. El argumento cambia en un abrir y cerrar de ojos, pero consigue atraer a los lectores hacia lo que evoluciona en un viaje salvaje, que no solo llega hasta el asesinato y el caos total, sino también hasta la inspección social. Donovan, crítico de eBooks, Midwest Book Review

~~~

«El libro combina el aspecto favorito de mis autores favoritos en uno. James Patterson, el amo del psicópata que secuestraba a niñas; Patricia Cornwell, el suspense científico y Dean Koontz, con tramas realmente espeluznantes. – Kat Biggie, No Holding Back

~~~

«Una lectura asombrosa... Este es uno de esos libros que los lectores no pueden dejar marchar hasta que no lo acaban, os lo garantizo». Reynolds, Readers’ Favorite

~~~

«La trama enseguida dejó ver un elenco de intrigantes personajes, una trama que evoluciona de tal manera que no sabes hacia dónde te llevará de un capítulo a otro. Cada vez que aparece un protagonista, se desvela un personaje y una historia más fuerte, dando resultado a un intrigante libro que me encantó». –Libro del Mes de Escapology de julio de 2015

Dedicatoria

Para mi mujer Karen, mis dos hijas y mi madre, que a través de su amor y talento como narradora, inspiró esa pasión en mí. — JA

~~~

Para mi maravillosa familia que me ha inspirado en el proceso de escritura y para mi mejor amiga Mary, que me recuerda que todo es posible con un poco de fe. — EA

Índice

Portada

Copyright

REGALO

Otros libros de Jeff Altabef

Qué opinan otros usuarios de los libros de Jeff Altabef

Dedicatoria:

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Capítulo 25

Capítulo 26

Capítulo 27

Capítulo 28

Capítulo 29

Capítulo 30

Capítulo 31

Capítulo 32

Capítulo 33

Capítulo 34

Capítulo 35

Capítulo 36

Capítulo 37

Capítulo 38

Capítulo 39

Capítulo 40

Capítulo 41

Capítulo 42

Capítulo 43

Capítulo 44

Capítulo 45

Capítulo 46

Agradecimientos

Sobre los autores

¿Qué es lo próximo? (Avance de «Borde del Amanecer»)

Sicheii solo me la contó una vez, algo raro teniendo en cuenta que siempre repetía sus historias media docena de veces. Cada vez que me contaba una historia, esta cambiaba, a menudo de forma sutil. Otras veces cambiaba acontecimientos o personajes importantes. Cuando era más pequeña, señalaba sus inconsistencias como si lo hubiera pillado haciendo trampas a las cartas, cosa que también hacía con frecuencia. Mi abuelo nunca se ponía nervioso. Me explicaba pacientemente que sus historias eran historias vivas. Así es como las llamaba: «historias vivas». Como tales, cambiaban por sí solas de vez en cuando. Nunca me explicó lo que quería decir. Ahora lo sé.

Hace tres años...

Sicheii abrió la puerta de mi habitación y me saludó. El sabor de la tarta de chocolate de mi cumpleaños nadaba en el fondo de mi boca y volvió felizmente a la lengua, donde se arremolinó entre los dientes. Mamá me detuvo después de haberme comido dos trozos, pero el resto de la tarta estaba a salvo, metida en el congelador, a solo una cucharadita de mí.

Solo los tres celebramos mi decimotercer cumpleaños: Sicheii, mamá y yo. Otros niños celebran grandes fiestas de cumpleaños, pero en mi caso éramos solo nosotros tres. Como siempre, mamá estaba hablando con su jefe en la oficina del piso de abajo, por lo que Sicheii y yo nos quedamos solos.

Me empujó hacia mi habitación, cerró la puerta y me sentó en la cama. Le dio la vuelta a la silla de escritorio y dirigió sus penetrantes ojos grises hacia los míos. Esa expresión solo podía significar una cosa. Le gustaba contarme historias cuando mi madre no escuchaba. Sé que a ella le contaba las mismas cuando era joven, pero de este modo, sus historias eran como secretos que compartíamos entre nosotros. Además, a mamá no le gustaban sus cuentos. No eran lo suficientemente «modernos» para ella.

—¿Me vas a contar otra historia? —pregunté.

Él sonrió y asintió. Las arrugas de su cara curtida por el sol se arquearon y el pelo blanco se desplazó hacia sus anchos hombros.

—Sí, Juliet, pero esta no es cualquier historia. Es la historia de tu nacimiento.

—Mamá ya me lo ha contado todo sobre cómo comenzó mi vida.

Frunció el ceño.

—Esta historia es sobre tu nacimiento, no sobre tu comienzo. El comienzo de tu historia empieza cuando el Primer Mundo era nuevo, como la de toda nuestra gente.

—Troy dice lo mismo.

—Tiene razón. Tu amigo disfruta de una fuerte conexión con el mundo espiritual. —Sicheii acercó la silla a la cama, con la mirada intensa y la voz estoica. Su estado de ánimo se oscureció tan repentinamente como una tormenta inesperada—. Tu llegada a este mundo fue... difícil. Habían ingresado a tu madre en el hospital la tarde anterior. Ya había soportado dieciocho horas de parto cuando nos agrupamos alrededor de su cama. El sudor y el esfuerzo le ensombrecían el rostro. Yo no apartaba la mirada del monitor cardíaco, que medía tanto sus latidos como los tuyos. Eran las tres y veinte de la mañana.

—¿Te enfadaste porque mamá quisiera ir al hospital?

Una sonrisita me cruzó el rostro. Siempre había querido preguntarle eso. Como el chamán de la Tribu, había ayudado a muchas mujeres a dar a luz, por lo que me imaginaba que le habría dolido que mamá quisiera dar a luz en un hospital en lugar de bajo su supervisión.

—Tu madre es una cabezota. Confía demasiado en la medicina de los blancos. Es mejor profundizar en el estado del espíritu de alguien que tratar síntomas, pero ese no es el propósito de esta historia.

Empujé una de mis almohadas contra el cabecero e intenté ponerme cómoda. Cuando golpeé la almohada varias veces para darle forma, me lanzó una mirada incisiva.

Cuando terminé de moverme nerviosamente, continuó.

—La tensión se apoderó de la pequeña habitación. Al principio, solo éramos cuatro: tu madre, la médica, un enfermero y yo. Sin embargo, la gente empezó a aglutinarse en la pequeña habitación y el ajetreo aumentó como en un enjambre. Tu madre empujó cuando se lo dijo la médica, con todo el cuerpo tenso por el esfuerzo. Gritó de dolor. Había rechazado cualquier tipo de anestesia. Los intervalos entre tus latidos se alargaron. Primero, diez segundos; luego, catorce; después, veinte. Agarré el brazo del enfermero que estaba de pie a mi lado. «Algo va mal. Algo dentro», le dije. Él frunció el ceño. «Todo va bien. Simplemente ha entrado en parto activo». —Sicheii sonrió—. Ese tipo arrogante pensó que sabía más sobre partos que yo. Mis dedos se clavaron en su delgado brazo, atravesando músculos y tendones, hasta que las uñas presionaron el hueso. Intentó soltarse con un esfuerzo considerable.

La mirada de Sicheii ardió al rojo vivo. A menudo, utilizaba voces graciosas para darle vida a las historias, pero su tono era plano, como si quisiera contar lo sucedido exactamente como pasó en lugar de cómo hubiera querido que pasase.

Se me aceleró el pulso y sentí mariposas revoloteando alrededor del helado en el estómago.

—Entorné los ojos cuando tus latidos se alargaron hasta los treinta segundos. Crucé una mirada con la médica. Era amiga mía. Se quedó mirándome y, en ese momento, sospechó también que algo iba mal. Todos nos miraron.

«Preparen el quirófano», ordenó. «Vamos a practicar una cesárea». Una enfermera salió corriendo de la habitación. El enfermero que había dudado de mí empezó a protestar, cuando un grito se escapó de los labios de tu madre. Sonó como el reclamo de caza de un halcón: alto y estridente. Un escalofrío me recorrió la espalda.

Se le aceleró la voz. Apareció sangre en sitios en los que no debería. El personal médico daba vueltas por la habitación. Le inyectaron líquidos por vía intravenosa. Desconectaron los monitores cardíacos. Aparecieron nuevos doctores con aspecto de preocupación y ropa de quirófano. Un enfermero llevó a tu madre a la sala de cirugía. Una fuerte luz blanca me cegó los ojos, y me dejaron fuera para rezar. —Respiró profundamente.

—¿Cómo es que no entraste?

—Ese quirófano no era mi sitio. ¿Qué bien podía hacer yo allí? Rezar era lo mejor. Sabes que hay muchos espíritus a los que encomendarse.

Asentí. A veces me hace recitar todos los espíritus y el tipo de guía que debo buscar en ellos.

—Me encomendé a todos ellos, pero me concentré en mis dos favoritos: tu abuela y tu bisabuelo. El tiempo se ralentizó como si la tierra girara más lenta que nunca. Me dejé llevar entre los mundos y pasé tiempo en las tierras de las sombras con mi mujer y mi abuelo. Me contaron mucho sobre ti. Me dijeron que todo iría bien y me mandaron de vuelta. Cuando abrí los ojos, la tocóloga de tu madre estaba frente a mí, con aspecto serio. Se le formaron telas de araña alrededor de los ojos, y arrugas en la frente.

Me dijo que tu madre y tú estabais fuera de peligro. Esperé las malas noticias escritas en sus ojos entristecidos y sus labios arqueados hacia abajo.

«¿Pero?», la azucé.

Suspiró. «Pero el útero de tu hija se ha desgarrado. Los daños eran graves. Hemos reparado el órgano, pero no podrá tener más hijos». Se recostó en una silla, agotada tras el parto y la cirugía. Asentí y se retiró de la habitación.

Pensaba que ese era el final de la historia. Mamá ya me lo había contado casi todo, pero Sicheii se acercó más a mí. Solo nos separaban unos centímetros. Olía a incienso, ámbar y canela. Tenía los ojos muy abiertos y el sudor le salpicaba las cejas. Se me humedecieron las manos. Nunca lo había visto preocupado.

—Una vez que se fue la médica, le di gracias a los espíritus y salí de la habitación. La sala de neonatos estaba en el mismo piso que la sala de partos, pero esa no era mi primera parada.

Era pronto y la planta estaba desierta. Sin ser visto, me deslicé por la puerta de la escalera y encontré una mochila de color plateado esperándome con una bata de hospital azul y una tarjeta de identificación escondida dentro. Uno de mis amigos me la había dejado.

—¿Quién?

Sacudió la cabeza. Decir que tenía muchos amigos era lo mismo que describir el algodón de azúcar como dulce. Parecía que siempre tenía un amigo cerca.

—Disfrazado de enfermero, caminé hasta la sala de neonatos evitando la mirada de los pocos médicos y enfermeras adormilados que quedaban en la planta. Una enfermera estaba de guardia, otra amiga. Nos miramos y se fue. Tres bebés recién nacidos dormían en sus cunas. Los tres estaban calmados. Eras fácil de identificar. Incluso en ese momento, te parecías a tu madre. Te cogí en brazos, te di un beso en tu aplastada cabeza de recién nacida y desenrollé la manta blanca de algodón que te rodeaba. —Me tocó la rodilla, y contuve la respiración—. Cogí una bolsa de cuero del bolsillo, saqué una aguja ancestral bendecida por La Gran Espíritu del Viento, y busqué la planta de tu pie derecho. Pedí fortaleza a la Espíritu del Viento antes de bendecirte el pie con la aguja. Chillaste, pero el grito se apagó rápidamente cuando dejaste de respirar. Tu cara se amorató y se me aceleró el corazón, con la preocupación burbujeando en mi interior. El tiempo pasaba. Conté cincuenta segundos hasta que te hice la respiración boca a boca.

Empezaste a respirar y a llorar de nuevo. El alivio me recorrió como el agua del río a las suaves piedras. Te envolví en la manta, te dejé en la cunita y me fui. —Me apretó la rodilla y retiró la mano—. Somos los únicos que conocemos esta historia. Debes recordarlo—. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Por qué hiciste algo así? ¿Se te fue la pinza? ¿A quién se le ocurre hacer eso?

Se levantó sin mirarme. La silla salió rodando lejos de la cama y chocó con el escritorio. Se giró y salió de la habitación, dejándome sola sin responder a ninguna de mis preguntas. Lo seguí hasta el piso de abajo, taladrándole con preguntas.

—¿Qué había en la aguja? ¿De dónde la sacaste?

Hizo como si no me escuchara y salió por la puerta principal sin ni siquiera despedirse de mamá.

Cuando se fue, corrí a la cocina y le pregunté a mamá sobre la historia. Se enfureció. Su relación podía describirse como un balancín, con un lado frío y mordaz y el otro cálido y cariñoso. Antes discutían mucho, con el balancín inclinado firmemente hacia el lado frío. Me dijo que se había inventado la historia y que no me preocupara por eso. No estaba segura de qué creer.

Esa noche, cogí una linterna y me miré la planta del pie derecho. Quité las pelusas del calcetín y encontré una pequeña cicatriz en forma de estrella.

Todo lo que sé sobre mí es una mentira.

Toda mi vida es una torre inclinada de mentiras que amenazan con derrumbarse en cualquier momento y enterrarme tan profundamente que no seré capaz de salir de los escombros.

Cerré de un portazo la puerta del baño, con las manos tan temblorosas como un antiguo pestillo de acero que se desliza en su lugar.

Clic.

La puerta cerrada no ofrece verdadera seguridad. Las puertas cerradas se pueden romper, pero al menos me aporta un momento de privacidad y la oportunidad de respirar. Han pasado demasiadas cosas estos últimos días. Es como si me hubiera convertido en una persona totalmente distinta; una extraña, alguien irreconocible.

La adrenalina que me bombeaba por las venas ha desaparecido por completo mientras me apoyo contra la puerta de madera. Respiro de forma rápida e irregular. Siento el cuerpo pesado y agotado, y las piernas débiles. La gravedad me empuja hacia el suelo. Demasiado cansada para resistirme, me deslizo hacia abajo por todo el largo de la puerta hasta que el suelo de mármol blanco se apresura a encontrarme.

Me esfuerzo por estabilizar la respiración y me concentro en tomar aire fresco y expulsar el viejo. Es un proceso sencillo, pero aun así requiere toda mi concentración. Cuando el aire empieza a fluir, cierro los ojos. El tiempo se ralentiza y pasa de forma errática.

Distintas imágenes se suceden en mi cabeza, una amalgama de recuerdos: los cumpleaños de mi infancia, la segunda posición en el concurso de deletreo, las salidas con Troy, el alpinismo con Sicheii... La mayoría son recuerdos felices, pero ahora todos están contaminados. Las mentiras los estropean. Nunca fueron verdaderos. Eran parte de una historia, una que ha cambiado para siempre.

Mi mente agotada intenta dormir, pero me resisto. Perdería demasiado tiempo. Tengo que hacer demasiadas cosas. Hay demasiados cabos sueltos que atar, así que abro los ojos llorosos y me seco las lágrimas que no recuerdo haber derramado.

Cuando se me aclara la visión, unos dedos manchados de color carmín revolotean cerca de mi cara, como si los dirigiera otra persona. Creía que la sangre se parecía al kétchup, pero es más oscura y espesa de lo que se puede pensar. Las manos dibujan círculos cerrados en el aire, con todos los dedos llenos de manchas espesas del color del lodo.

¿De quién es la sangre?

Un sudor frío me recorre la espalda y el pecho se me encoge. Tengo que limpiarme la sangre de inmediato. Empieza a quemar como si tuviera vida, poseída por espíritus malignos que desean hacerme daño. Me aterroriza. Tengo que limpiarlas ahora mismo, en este mismo segundo, inmediatamente, antes de que...

Abro el grifo y el agua caliente me cae sobre la piel. Me restriego los dedos frenéticamente y espero que solo con la fricción y el agua la sangre desaparezca. El agua del lavabo se vuelve roja y después rosa, pero ciertas trazas de sangre se empeñan en quedarse. Una pastilla de jabón descansa en el filo del lavabo de porcelana. La espuma se me escurre entre los dedos, retorciéndose y girando, limpiando y enjuagando. La piel se me pone en carne viva de tanto restregar, y una vez que el agua ha perdido todo el calor, cierro el grifo.

Es difícil encontrar manchas de sangre aferrándose a la carne, pero aún las veo y las siento.

¿Se quitarán alguna vez? No lo creo.

Un grito silencioso se forma en mi interior. Quiere liberarse con tanto ahínco que prácticamente duele, pero de mis labios no se escapa ningún sonido. Estoy cansada de gritar.

Un espejo cuadrado cuelga sobre el lavabo, pero es un enemigo. No quiero ver en qué me he convertido, así que mantengo la mirada fija en el lavabo. Por desgracia, el grifo manchado de sangre es brillante e inmaculado, y refleja, sin poder evitarlo, una imagen de mí misma. Fulmino con la mirada mis propios ojos, acercándome al grifo para estudiarlos. Me resultan familiares, pero cuando clavo la mirada en ellos, aparece un vacío que no había antes. Me asusta.

La gente cambia. A veces cambia por el paso del tiempo, y otras veces el cambio ocurre rápidamente por un único suceso crucial. No soy la misma persona que era hace unos pocos días. Han pasado demasiadas cosas, se han desvelado demasiadas mentiras. Verdades sólidas y reales se han desmoronado ante mí y han dejado atrás falsedades, sombras, y un futuro tan incierto como el de un prisionero en el corredor de la muerte que espera clemencia.

El colgante que me dio Sicheii enloquece debajo de la camiseta. Se supone que me iba a proteger. Lo aprieto hasta que los nudillos palidecen.

¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!

—Juliet, tenemos que hablar, cariño. Tenemos que inventarnos una historia para la policía.

Hace unos pocos días, era una chica del montón que deseaba cumplir los dieciséis para poder conseguir un poco de libertad y una oportunidad para sacarse el carnet de conducir.

Ser del montón es una farsa. Nunca seré del montón. Nunca fui del montón...

Unos días antes...

Las madres inventaron las mañanas para torturar a sus hijas. Es lo único que tiene sentido. Nada que merezca la pena tiene que hacerse a las siete de la mañana. Los fines de semana son estupendos principalmente porque puedo dormir hasta tarde y remolonear en la cama hasta las once o más. La mayoría de los días me gusta dormir hasta por la tarde, pero mamá nunca me deja quedarme en la cama pasadas las doce. Piensa que estoy desperdiciando mi vida. De todos modos, hoy hay colegio y dormir hasta tarde no es una opción.

—Despierta, tesoro.

Las palabras flotan hacia mí, en un idioma ajeno, hasta que el cerebro adormilado las pone en el orden correcto y les da sentido. La comprensión se abre paso de repente. Meto la cabeza bajo la almohada buscando seguridad, y esperando cubrirme de esta horrible afrenta.

La voz de mamá se vuelve brusca.

—¡Despierta! —. El tesoro desaparece mientras envuelve las palabras con alambres de púas.

Gimoteo, me doy la vuelta y echo un vistazo al reloj. Los números naranjas y borrosos marcan las 5:30. Tiene que estar de broma. Ni siquiera ha salido el sol.

¡Arg!

Vuelvo a meter la cabeza bajo la almohada y deseo tener algo más grande e insonorizado para bloquearla.

¿Cuándo puedo volver a dormirme?

La luz inunda la habitación cuando mamá activa el interruptor. De repente, recuerdo por qué me despierta. Tiene que coger un vuelo por motivos de negocios, y sale temprano, por lo que se ha levantado antes de lo habitual para asegurarse de que esté preparada para coger el autobús.

—No me hagas tomar medidas extremas. —Su voz suena seria y llena de tensión. Es su voz sensata, la que usa para trabajar.

He perdido más autobuses escolares de los que puedo contar, por lo que se apresura a incrementar sus tácticas terroristas a medidas extremas. Normalmente empieza tirando de las sábanas, pero en dos ocasiones ha ascendido hasta ponerme cubitos de hielo debajo de la camiseta. Va en serio, así que profiero un gemido ininteligible, empujo las almohadas a un lado y abro los ojos; algo prácticamente heroico dadas las circunstancias.

Ella ya está vestida y merodea alrededor de la cama con una blusa básica de seda blanca, unos pantalones grises y las manos en las caderas.

Prometo levantarme, pero las palabras se mezclan con el sueño y suenan casi irreconocibles. Aun así, la apaciguan lo suficiente como para que salga de mi habitación tras lanzar un último aviso de que no me vuelva a dormir.

Por un segundo, el sueño me arrastra de nuevo. Empiezo a quedarme dormida hasta que recuerdo lo que pasó con el hielo. No fue agradable. Además, la ansiedad de su viaje de negocios lo empeoraría aún más.

Abro los ojos con toda mi fuerza de voluntad, me tambaleo, me choco con el cabecero, me pego un golpe con el marco de la puerta, veo las estrellas, me agarro el pie afectado, y voy a pata coja hasta el baño. Por suerte no me he roto el pie; solo está un poco rojo. Abro el agua de la ducha.

Con el pelo aún mojado, busco el uniforme en una pila de ropa limpia que nunca llegó a la cómoda. Por más que lo intento, nunca llega.

Un ligero zumbido suena en mi cabeza mientras saco

You've reached the end of this preview. Sign up to read more!
Page 1 of 1

Reviews

What people think about Atrapavientos

0
0 ratings / 0 Reviews
What did you think?
Rating: 0 out of 5 stars

Reader reviews