Enjoy this title right now, plus millions more, with a free trial

Free for 30 days, then $9.99/month. Cancel anytime.

Anatomía del guión: El arte de narrar en 22 pasos

Anatomía del guión: El arte de narrar en 22 pasos

Read preview

Anatomía del guión: El arte de narrar en 22 pasos

ratings:
4.5/5 (4 ratings)
Length:
672 pages
11 hours
Publisher:
Released:
Sep 12, 2017
ISBN:
9788490653746
Format:
Book

Description

Basado en las clases magistrales de John Truby, Anatomía del guión aborda conceptos y arquetipos extraídos de la filosofía y la mitología para transformarlos en una técnica actualizada para la redacción de guiones cinematográficos de gran profundidad narrativa.

El método de Truby es tan brillante como práctico. Su desarrollo se fundamenta en el crecimiento emocional y moral de sus protagonistas, y ofrece a lectores —profesionales y aficionados— multitud de herramientas y técnicas específicas para lograr que los personajes cobren sentido y el público conecte con ellos; ofrece además recursos para construir tramas sorprendentes, siempre con el sello personal del propio autor. Los 22 pasos para la composición de un guión que propone Truby se pueden aplicar a todo tipo de escritos, desde novelas y cuentos, a artículos periodísticos, memorias y ensayos. Son, sin embargo, en el guión donde han probado su mayor eficacia.

Publisher:
Released:
Sep 12, 2017
ISBN:
9788490653746
Format:
Book

About the author

John Truby es uno de los consultores más reputados de la industria cinematográfica norteamericana. En sus seminarios se han gestado guiones tan populares como Shrek, Scream o Algo para recordar. El autor ejerce de forma regular como asesor en Hollywood y ha trabajado para los Estudios Walt Disney, Sony Pictures, Fox Entertainment Group y HBO, entre otros. Hasta la fecha, ha impartido su teoría de 22 pasos a más de veinte mil estudiantes en seminarios internacionales de todo el mundo


Related to Anatomía del guión

Related Books

Related Articles


Inside the book

Top quotes

  • Lo que realmente hace el narrador es seleccionar, asociar y construir una serie de momentos intensos. Son momen- tos tan cargados de contenido y emoción que el oyente tiene la sensación de vivirlos en su propia piel.

  • Un emisor comunica a un receptor lo que alguien ha hecho para conseguir lo que quería y por qué.

  • En el código dramático el cambio es propulsado por el deseo.

  • La premisa es la historia entera en una sola frase. Es la combinación más sencilla de personajes y trama, y suele consistir en algún acontecimiento que da comienzo a la acción, alguna idea del personaje y alguna de idea del final de la historia.

  • La fase de la premisa del proceso de escritura es el tramo del camino donde se explora la estrategia más amplia de nuestro guión, pues es cuando concebimos la película en grandes dimensiones y descubrimos la forma general del guión y su desarrollo.

Book Preview

Anatomía del guión - John Truby

Índice

Cubierta

Dedicatoria

Agradecimientos

1. El espacio de la historia, el tiempo de la historia

EL NARRADOR Y EL OYENTE

LA HISTORIA

EL CUERPO NARRATIVO

MOVIMIENTO DE LA HISTORIA

ESCRIBIR NUESTRA HISTORIA

2. La premisa

QUÉ ES LA PREMISA

CÓMO DESARROLLAR NUESTRA PREMISA

3. Los siete pasos clave de la estructura narrativa

1. DEBILIDAD Y NECESIDAD

LA TÉCNICA DE LOS SIETE PASOS: CREAR LA NECESIDAD MORAL

2. DESEO

LA TÉCNICA DE LOS SIETE PASOS: EMPEZAR POR EL DESEO

3. ADVERSARIO

4. PLAN

5. LUCHA

6. AUTORREVELACIÓN

7. NUEVO EQUILIBRIO

4. El personaje

RED DE PERSONAJES

RED DE PERSONAJES SEGÚN LA FUNCIÓN NARRATIVA

LA RED DE PERSONAJES SEGÚN EL ARQUETIPO

INDIVIDUALIZAR PERSONAJES EN LA RED

CREACIÓN DE NUESTRO PROTAGONISTA

CONSTRUIR EL CONFLICTO

5. El argumento moral

ENCONTRAR EL HILO TEMÁTICO EN EL PRINCIPIO FUNDADOR

SEPARAR EL TEMA EN OPOSICIONES

EL TEMA A TRAVÉS DE LA ESTRUCTURA

VARIANTES DEL ARGUMENTO MORAL

COMBINAR ARGUMENTOS MORALES

LA VISIÓN MORAL ÚNICA

EL ARGUMENTO MORAL EN EL DIÁLOGO

6. El mundo de la historia o mundo narrativo

ENCONTRAR EL MUNDO NARRATIVO EN EL PRINCIPIO FUNDADOR

LA ARENA DE LA HISTORIA

DETALLAR EL MUNDO NARRATIVO

CONECTAR EL MUNDO CON LA EVOLUCIÓN GENERAL DEL PROTAGONISTA

EL TIEMPO EN EL MUNDO NARRATIVO

EL MUNDO NARRATIVO A TRAVÉS DE LA ESTRUCTURA

7. La red de símbolos

CÓMO FUNCIONAN LOS SÍMBOLOS

RED DE SÍMBOLOS

SÍMBOLOS NARRATIVOS

PERSONAJES SIMBÓLICOS

TEMAS SIMBÓLICOS

EL SÍMBOLO PARA EL MUNDO NARRATIVO

ACCIONES SIMBÓLICAS

OBJETOS SIMBÓLICOS

RED DEL MITO SIMBÓLICO

TÉCNICA DE LOS SÍMBOLOS: INVERTIR LA RED DE SÍMBOLOS

8. La trama

TRAMA ORGÁNICA

TIPOS DE TRAMA

CREAR UNA TRAMA ORGÁNICA

LA ESTRUCTURA NARRATIVA DE LOS VEINTIDÓS PASOS

SECUENCIA DE REVELACIONES

EL NARRADOR

9. El tejido o entramado de escenas

ENTRAMADO DE ESCENAS DE TRAMAS MULTIARGUMENTALES

ENTRAMADO DE ESCENAS EN LAS HISTORIAS DE DETECTIVES O POLICÍACAS

ENTRECRUZAR EL ENTRAMADO DE ESCENAS

ENTRAMADO DE ESCENAS EN HISTORIAS ROMÁNTICAS

ENTRAMADO DE ESCENAS EN LAS FANTASÍAS SOCIALES

10. La construcción de escenas y el diálogo sinfónico

CONSTRUCCIÓN DE LA ESCENA

ESCENAS COMPLEJAS O CON SUBTEXTO

DIÁLOGO

ESCENAS

OBRAS MAESTRAS EN CONSTRUCCIÓN DE ESCENAS

11. La historia que nunca acaba

Créditos

Alba Editorial

A Jack y a Amy

Agradecimientos

Este libro no existiría de no ser por mi agente, Noah Lukeman, y mi editora, Denise Oswald, quienes, junto con sus colegas, me mostraron el trato de primera clase que ofrece Farrar, Strauss and Giroux.

Han sido muchos los que han apoyado este texto y su proceso de elaboración, especialmente Tim Truby, Patty Meyer, Bob Ellis, Alex Kustanovich y Leslie Lehr. Gracias a todos.

Este libro también se ha beneficiado enormemente de mis antiguos alumnos, cuyo intenso compromiso con el oficio de la escritura me llevó a buscar un método de aplicación claro y nítido de la teoría del guión.

A Kaaren Kitchell, Anna Waterhouse, Dawna Kemper y Cassandra Lane les agradezco especialmente todo ese tiempo que han robado a su escritura para ofrecerme infinitas sugerencias que mejoraron mi libro. Un escritor, ante todo, necesita buenos lectores, y éstos han sido inmejorables.

Finalmente, quiero agradecer a los guionistas, novelistas y dramaturgos haber escrito estas obras tan bien contadas que tanto me han inspirado durante esta investigación sobre la anatomía del guión. Estos autores tan maravillosos nos han dado un regalo que no tiene precio. Ellos son, pues, las estrellas de este libro.

1          El espacio de la historia, el tiempo de la historia

Todos contamos historias. De hecho, lo hacemos cada día. «No te vas a creer lo que ha pasado hoy en el trabajo.» O bien: «Adivina lo que acabo de hacer», o «Entra un tío en un bar y...». En la vida, normalmente vemos, oímos, leemos y contamos miles y miles de historias.

El problema aparece cuando tenemos que contar una gran historia. Si uno quiere convertirse en un narrador experto e incluso llegar a cobrar por ello, deberá superar algunos obstáculos. En primer lugar, para demostrar cómo y por qué vivir es de por sí un oficio monumental, se ha de tener un entendimiento profundo y preciso del tema más complejo que se pueda imaginar. Y luego hay que ser capaz de plasmar en una historia la interpretación que se le ha dado. Éste es probablemente, para la mayoría de escritores, uno de los retos más grandes que existen.

Querría especificar los obstáculos que presenta la técnica de escritura de una historia porque ésa es la única manera de que un escritor consiga superarlos. El primer obstáculo es la terminología común que se utiliza normalmente para pensar en la narración. Términos como «crescendo de la acción», «clímax», «complicación progresiva», «desenlace», que se remontan a tiempos de Aristóteles, resultan tan teóricos y trillados que prácticamente han perdido su sentido. Seamos sinceros: para el narrador de historias ya no tienen valor práctico. Pongamos por caso que escribimos una escena en la que el protagonista está colgado en el vacío, es decir, a un tris de la muerte. ¿Hablamos de una complicación progresiva, un crescendo de la acción, un desenlace, o bien de la escena de apertura de la historia? Puede que valgan todas las opciones o ninguna, pero, de cualquier manera, estos términos no nos explican cómo escribir la escena o si escribirla o no.

Los términos clásicos de la narración suponen un obstáculo todavía mayor para desarrollar una buena técnica: la propia idea de la historia en sí y de cómo funciona. El narrador en formación lo primero que hace, imagino, es leer la Poética de Aristóteles. Creo que Aristóteles fue el filósofo más genial de la historia, pero sus ideas acerca de la narración, aunque poderosas, eran sorprendentemente rígidas, y se centraban en un número de tramas y géneros limitados. Además, resulta muy difícil llevarlas a la práctica por ser demasiado teóricas, y es por eso que la mayoría de narradores que intentaban aprender la técnica de su oficio partiendo de Aristóteles acababan con las manos vacías.

Si uno se dedica a la escritura de guiones, probablemente habrá pasado de Aristóteles a una concepción mucho más sencilla de la narración, conocida como la «estructura en tres actos». Lo que también es problemático porque la estructura en tres actos, si bien es cierto que es más fácil de entender que la obra de Aristóteles, es en muchos aspectos una concepción totalmente simplista y sencillamente errónea.

La teoría de los tres actos dice que los guiones tienen tres «actos»: el primer acto es el principio; el segundo, la parte central; y el tercero, el acto final. El primer acto ocupa unas treinta páginas aproximadamente. El tercero, unas treinta páginas, como el primero. Y el segundo gira alrededor de las sesenta páginas. Y esa película en tres actos tiene supuestamente unos dos o tres «puntos clave de la trama» (cualesquiera que sean). ¿Entendido? Bien. Ahora ya podemos escribir un guión profesional.

Estoy simplificando un poco la teoría del guión, pero tampoco tanto. Debería ser evidente que un enfoque tan elemental como éste tiene todavía menos valor que el de Aristóteles. Pero, lo que es peor, fomenta una visión de la escritura de guiones totalmente mecánica. La idea de división por acto proviene de las convenciones del teatro tradicional, en el que cerramos el telón para señalar el final de un acto. Esto no es necesario en las películas, ni en las novelas ni en los cuentos, ni siquiera en la mayoría de obras de teatro contemporáneas.

En resumen, los entreactos son externos a la historia. La estructura de los tres actos es un recurso mecánico superpuesto a la historia y no tiene nada que ver con su lógica interna (hacia dónde debería ir la historia o adónde no).

Una visión mecánica de la historia, como la teoría de la estructura en tres actos, conduce inevitablemente a una narración episódica. Una historia episódica es una colección de piezas almacenadas en una caja. Los acontecimientos de la historia destacan como elementos distintos que ni conectan ni forman un todo estable de principio a fin. El resultado es una historia que conmueve al público de manera esporádica, suponiendo que lo conmueva.

Otro obstáculo en el manejo de la narración tiene que ver con el proceso de escritura. De la misma manera que muchos escritores enfocan la historia de manera mecánica, otros utilizan un proceso mecánico para crearla. Esto sirve para los escritores de guiones cuyas nociones equivocadas de lo que hace que un guión sea vendible les conduce a escribir un guión que no es ni bueno ni popular. Los guionistas suelen plantear una idea que no es más que una variación de la idea de la película que vieron seis meses antes. Después, le aplican un género –«policíaca», o de «amor», o de «acción»– e introducen los personajes y los acontecimientos de la trama que encajan en esa fórmula. El resultado es una historia basada completamente en el género y una fórmula carente de originalidad.

En este libro quiero mostrar una manera original de hacerlo. Mi objetivo es explicar cómo funciona una buena historia y cuál es la técnica para crearla, de manera que podamos tener la oportunidad de narrar bien una historia propia. Algunos pueden decir que es imposible enseñar a escribir a alguien una buena historia, pero yo creo que es posible hacerlo, sólo que requiere pensar y debatir acerca de lo que es una historia de una manera completamente diferente a cómo se hacía en el pasado.

En términos más simples, voy a exponer una poética práctica para narradores, que funcione tanto para guiones como para novelas, obras de teatro, telemovies (películas para televisión) o cuentos. Mi objetivo es:

–Demostrar que una buena historia es orgánica: no una máquina, sino un cuerpo vivo en desarrollo.

–Abordar la técnica de la narración como un oficio exacto con técnicas precisas que ayuden al escritor al margen del medio o del género que escoja.

–Hacer el proceso de trabajo orgánico, es decir, desarrollar los personajes y la trama de manera que crezcan naturalmente desde la idea original de nuestra historia.

El reto principal al que se enfrenta cualquier narrador es superar la contradicción entre el primer y el segundo objetivo arriba descritos. Uno construye una historia con cientos o miles de elementos mediante un amplio despliegue de técnicas. Aun así, la historia debe ser orgánica para el público, tiene que parecer como un todo que crece y se construye hacia un clímax. Si uno quiere convertirse en un gran narrador, debe dominar esta técnica hasta el punto de conseguir que los personajes actúen por sí solos, tal y como deben hacer, a pesar de que el escritor es quien les hace actuar.

En este aspecto los narradores somos muy parecidos a los atletas. Un gran atleta hace que todo parezca muy fácil, pues su cuerpo se mueve con naturalidad y facilidad. Pero, de hecho, ha trabajado tanto la técnica de su deporte que ésta simplemente ha desaparecido por completo y el público lo único que ve es belleza.

EL NARRADOR Y EL OYENTE

Vamos a empezar este proceso de manera simple, con una sola frase que defina la historia.

Un emisor comunica a un receptor lo que alguien ha hecho para conseguir lo que quería y por qué.

Veamos que estamos jugando con tres elementos distintos: el narrador, el oyente y la historia que se cuenta.

Lo que el narrador hace ante todo es jugar. Las historias son juegos verbales a los que juega el autor con su público (y sin llevar las cuentas, contrariamente a lo que hacen los estudios, cadenas de televisión y empresas de publicidad). El narrador se inventa personajes y acciones. Dice lo que ocurre, desplegando una serie de acciones que se han llevado a cabo, incluso si explica la historia en presente (como en la escritura de teatro o de guiones), el narrador resume todos los acontecimientos de manera que el oyente lo recibe como un todo entero, como una historia de principio a fin.

Pero contar una historia no es sólo inventar o recordar hechos del pasado. Los hechos sólo son descriptivos. Lo que realmente hace el narrador es seleccionar, asociar y construir una serie de momentos intensos. Son momentos tan cargados de contenido y emoción que el oyente tiene la sensación de vivirlos en su propia piel. Un buen narrador no se limita a contar al público lo que ha ocurrido en la vida de alguien, sino que le ofrece la experiencia de esa vida. Se trata de la vida esencial, los acontecimientos y pensamientos cruciales. Lo ideal sería conseguirlo de la manera más fresca y novedosa posible, de modo que acabe formando parte de la vida esencial del propio espectador.

Cuando la narración es buena, el público consigue vivir de nuevo los acontecimientos en el presente y llegar a entender la fuerza, la decisión y la emoción que impulsa al personaje a hacer lo que hace. Las historias suelen ofrecer al público un tipo de conocimiento (sabiduría emocional), o aquello que antes solía conocerse por sabiduría, de una manera lúdica y entretenida.

Como creador de juegos verbales que ayudan al espectador a vivir de nuevo otra vida, el narrador construye una especie de puzle de personas y pide al público que lo resuelva. El autor crea el puzle principalmente de dos maneras: ofrece al público una información determinada acerca del personaje inventado y se reserva cierta información. Reservar u ocultar información es crucial para el imaginario del narrador, obliga al público a averiguar quién es el personaje y qué hace, y de esta manera hace participar al público en la historia. Cuando el público ya no ha de averiguar nada, deja de ser público y la historia se termina.

Al espectador le gusta tanto formar parte de la historia (vivir de nuevo otra vida) como ser parte pensante de ella (resolver el puzzle). Toda buena historia contiene ambas cosas. Pero existen historias que tienen formas muy contrastadas, que van desde el melodrama sentimental hasta el misterio detectivesco más racional.

LA HISTORIA

Existen miles y miles de tipos de historias. ¿Qué es lo que hace que una historia lo sea? ¿Qué es lo que el narrador revela u oculta al receptor?

PUNTO CLAVE: todas las historias son una forma de comunicación que contiene el código dramático.

El código dramático, grabado en lo más profundo de la psique humana, es una descripción artística de cómo una persona puede crecer o evolucionar. Este código es también un proceso que va avanzando a nivel profundo en cualquier historia. El narrador oculta este proceso detrás de determinados personajes y acciones. Pero el código de crecimiento es lo que el público, en definitiva, obtiene de una buena historia.

Observemos el código dramático en su forma más sencilla.

En el código dramático el cambio es propulsado por el deseo. El «mundo narrativo» no se reduce a «pienso, luego soy», sino a «quiero, luego soy». El deseo en todas sus facetas es lo que mueve el mundo, es lo que activa todas las cosas vivas y conscientes y les da una dirección. Una historia sigue la trayectoria de lo que una persona quiere, de lo que hará para conseguirlo y de las consecuencias que acarreará durante todo el proceso.

Cuando un personaje tiene un deseo, la historia «camina» sobre «dos patas»: actúa y aprende. Un personaje que persigue un deseo emprende unas acciones para conseguir lo que quiere y aprende nuevas maneras de cómo conseguirlo. Cada vez que aprende algo nuevo toma una decisión y cambia el curso de la acción.

Todas las historias tienen la misma manera de funcionar. Pero, dependiendo de la historia, se dará más importancia a una actividad que a otra. Los géneros que ponen énfasis en las acciones son mitos en su mayoría y en sus versiones más recientes son géneros de acción. Los géneros que se centran en el aprendizaje son en su mayoría policíacos o dramas multiperspectivos.

Cualquier personaje que persigue un deseo y se enfrenta a un obstáculo se ve obligado a luchar (de lo contrario la historia se acabaría). Y esa lucha produce un cambio en él. De esta manera, el objetivo final del código dramático y del narrador es presentar un cambio en un personaje o ilustrar por qué ese cambio no se produjo.

Las diferentes formas de narrar formulan el cambio humano de diferentes maneras:

–El mito tiende a mostrar el espectro más amplio del personaje, desde su nacimiento hasta su muerte y desde lo animal hasta lo divino.

–Las obras de teatro se centran en el momento de decisión del protagonista.

–El cine (concretamente el estadounidense) muestra el pequeño cambio que experimenta un personaje cuando persigue intensamente un objetivo pequeño.

–Los cuentos cortos clásicos suelen trazar el recorrido de algunos acontecimientos que conducen al personaje a obtener un momento de perspicacia y entendimiento.

–Las novelas importantes suelen describir cómo interacciona y cambia una persona en sociedad o mostrar cuáles fueron exactamente los procesos emocionales y mentales que la condujeron a ese cambio.

–Las series de televisión muestran un conjunto de personajes en una minisociedad que luchan para cambiar simultáneamente.

El drama es un código de maduración. El elemento central es el momento de cambio, el impacto, cuando una persona rompe con unos hábitos, debilidades y fantasías de su pasado y los transforma para convertirse en un ser más rico y pleno. El código dramático sirve para expresar la idea de que los seres humanos pueden convertirse en una mejor versión de sí mismos, tanto psicológica como moralmente. Por eso a la gente le encanta el drama.

PUNTO CLAVE: Las historias no muestran al espectador «el mundo real»; muestran «el mundo de la historia». El mundo de la historia no es una copia de la vida tal cual ésta es. Es la vida tal y como los seres humanos se imaginan que podría ser. Es la vida del ser humano más clara y condensada para que el público pueda entender mejor cómo ésta funciona.

EL CUERPO NARRATIVO

Una gran historia describe a unos seres humanos durante un proceso orgánico. Pero también es un cuerpo vivo en sí misma. Incluso la historia infantil más sencilla del mundo está formada por varias partes o subsistemas conectados entre ellos que se retroalimentan. Al igual que el cuerpo humano está formado por un sistema nervioso, un sistema circulatorio, un esqueleto, etc., una historia está formada de subsistemas como los personajes, la trama, la secuencia de revelaciones, el mundo narrativo, el argumento moral, la red de símbolos, la trama escénica y el diálogo sinfónico (todos ellos serán descritos en los próximos capítulos).

Podríamos decir que el tema, o lo que yo llamo el argumento moral, correspondería al cerebro de la historia; el personaje, al corazón y al sistema circulatorio; las revelaciones, al sistema nervioso; la estructura de la historia, al esqueleto; y las escenas, a la piel.

PUNTO CLAVE: Cada subsistema de la historia consiste en una red de elementos que ayudan a definir y a diferenciar el resto de elementos.

No habrá elemento narrativo independiente, incluido el protagonista, que pueda funcionar a menos que se cree y se defina en interrelación con los demás elementos.

MOVIMIENTO DE LA HISTORIA

A fin de ver cómo se mueve orgánicamente una historia, es necesario observar la naturaleza. Al igual que el narrador, la naturaleza suele conectar los elementos en una especie de secuencia. El siguiente diagrama muestra una serie de elementos diferentes que deben estar conectados en el tiempo.

La naturaleza utiliza unos modelos básicos (y un número de variaciones) para conectar los elementos en una secuencia, incluidos los modelos lineales, serpenteantes, espirales, ramificados y explosivos.¹ Los narradores utilizan los mismos modelos, individualmente o combinados, a fin de conectar hechos en el tiempo. Los modelos lineales y explosivos son los extremos opuestos. En el modelo lineal se sucede un hecho detrás de otro, siguiendo un camino recto. En el modelo explosivo todo ocurre simultáneamente. El modelo serpenteante, el espiral y el ramificado son combinaciones del lineal y del explosivo. Así es como funcionan estos modelos en una historia.

Historia lineal

Una historia lineal sigue la trayectoria del personaje principal desde el principio hasta el final:

Este modelo requiere una explicación histórica o biológica de lo que ocurre. La mayoría de las películas de Hollywood son lineales. Se centran en un único protagonista que lucha intensamente por un deseo concreto. El espectador es testigo de la historia y ve cómo el protagonista persigue su deseo y cambia como resultado de ello.

Historia serpenteante

La historia serpenteante sigue un camino de curvas sin una dirección aparente. En la naturaleza, los ríos, las serpientes, el cerebro humano forman meandros.

Los mitos como la Odisea; historias cómicas de viajes como Don Quijote, Tom Jones, Las aventuras de Huckleberry Finn, El pequeño gran hombre, Flirteando con el desastre; y muchas novelas de Dickens, como David Copperfield, tienen forma de meandro. El protagonista tiene un deseo, pero éste no es intenso; ocupa mucho territorio de una manera azarosa; y se topa con una serie de personajes de diferentes estratos sociales.

Historia espiral

Una espiral es un recorrido que circula hacia dentro.

En la naturaleza, las espirales se dibujan en los ciclones, las astas y las caracolas de mar.

Las películas de suspense como Vertigo, Blow-Up, La conversación y Memento son historias típicamente de espiral en las que un personaje vuelve una y otra vez a un único acontecimiento o recuerdo y en cada ocasión lo explora a niveles más profundos.

Historia ramificada

Un sistema ramificado de caminos se bifurca desde unos determinados puntos centrales añadiendo así otras partes al camino bastante más reducidas, como muestran estos dibujos:

En la naturaleza, los árboles, las hojas y las cuencas fluviales se ramifican.

En el arte de la narración cada rama suele representar en detalle una sociedad completa o un estadio detallado de esta misma sociedad que el protagonista explora. La forma ramificada suele aparecer en historias de ficción elaboradas, como las fantasías sociales semejantes a Los viajes de Gulliver o Qué bello es vivir, o en historias de multiprotagonistas como Nashville, American Graffiti y Traffic.

Historia explosiva

Una explosión consta de múltiples caminos que se extienden simultáneamente; en la naturaleza podemos encontrar el modelo explosivo en los volcanes o en los dientes de león.

En una historia no podemos mostrar al público demasiados elementos a la vez, ni siquiera en una sola escena, porque es necesario contar una cosa después de la otra. En rigor, las historias explosivas no existen. Pero sí que es posible lograr la apariencia de simultaneidad. En el cine se logra mediante la técnica de entretejer o entramar.

Las historias que muestran (la apariencia de) acciones simultáneas requieren una explicación comparativa de lo que ocurre. Al ver una serie de elementos al mismo tiempo, el público capta la idea clave que contiene cada elemento. Estas historias ponen más énfasis en la investigación del mundo que contienen, mostrando las conexiones entre los diferentes elementos narrativos y cómo encaja cada personaje en ellos, o cómo no encaja, dentro de todo el contexto.

Las historias que dan relevancia a las acciones simultáneas suelen utilizar una estructura ramificada y buenos ejemplos serían: American Graffiti, Pulp Fiction, Traffic, Syriana, Crash, Nashville, Tristram Shandy, Ulises, El año pasado en Marienbad, Ragtime, Los cuentos de Canterbury, L.A. Confidential y Hannah y sus hermanas. Cada una de ellas representa una combinación diferente de narraciones lineales y simultáneas, y enfatiza unos personajes que coexisten en el mundo de la historia a diferencia del desarrollo de un solo personaje de principio a fin.

ESCRIBIR NUESTRA HISTORIA

Vayamos al grano: ¿Cuál es el proceso de escritura que nos permitirá realmente crear una buena historia?

La mayoría de los escritores no utilizan el mejor método para crear una buena historia, utilizan el más fácil. Lo podríamos describir en cuatro palabras: externo, mecánico, poco sistemático y genérico. Evidentemente, existen diversas variantes en este proceso, pero casi todas funcionan más o menos así.

Al escritor se le ocurre una premisa genérica, o una idea que es una copia vaga de una que ya existe. O tal vez es una combinación de dos historias que ha unido de una manera creativa (piensa él). Consciente de la importancia del poderoso protagonista, el escritor le dedica toda su atención. A ese personaje le «da cuerpo» de una manera mecánica, añadiéndole todos los rasgos de personalidad posible, y cuenta con que el personaje cambiará en la última escena. Piensa en los personajes antagónicos y secundarios como figuras independientes del protagonista y les otorga menos importancia. De esta manera suelen ser casi siempre personajes débiles y poco definidos.

El escritor evita totalmente el tema central de su obra, de manera que nadie pueda acusarle de estar «mandando un mensaje». O bien se inclina por expresarlo estrictamente en los diálogos. Ubica la historia en el mundo aparentemente más normal para ese personaje, seguramente en una ciudad grande, puesto que es un lugar en el que viven la mayoría de los espectadores. No se molesta en utilizar un lenguaje simbólico porque sería algo evidente y pretencioso.

Se presenta con una trama y una secuencia de escenas basadas en una sola pregunta: «¿Qué pasa después?». Suele mandar a su protagonista a realizar un viaje físico. Organiza el argumento utilizando una estructura en tres actos, una marca externa que divida la historia en tres pedazos; pero no entrelaza los acontecimientos a nivel profundo. En consecuencia, la trama resulta episódica, y cada hecho o escena permanece aislado. Maldice los «problemas del segundo acto» y no entiende por qué la historia no desemboca en un momento culminante que conmueva profundamente al público. Finalmente, escribe unos diálogos que hacen avanzar la trama poniendo todo énfasis en el conflicto de lo que está ocurriendo. Si el escritor es ambicioso, hace que su protagonista exponga el tema directamente en el diálogo hacia el final de la historia.

Si la mayoría de escritores abordan su escritura de manera externa, mecánica, poco sistemática y genérica, el proceso de escritura que vamos a practicar nosotros debería ser interno, orgánico, interconectado y original. Y mi advertencia es directa: este proceso no es nada fácil. Pero creo que este enfoque o cualquiera de sus variantes son los únicos que funcionan y pueden aprenderse. Éste es el proceso de escritura que utilizaremos en este libro: usaremos las técnicas de las grandes narraciones en el mismo orden que construimos la historia. Y algo todavía más importante: construiremos nuestra historia de dentro hacia fuera. Eso significa dos cosas: 1) haremos la historia personal y única y 2) encontraremos y desarrollaremos aquello que es original dentro de nuestra idea de la historia. Nuestra historia crecerá y ganará en detalles con el paso de cada capítulo, y todas las partes estarán conectadas entre sí.

–La premisa Empezaremos con la premisa, nuestra historia entera condensada en una sola frase. La premisa indicará la esencia de la historia y utilizaremos esto para tratar de desarrollarla de manera que obtengamos lo máximo de nuestra idea.

–Los siete pasos clave de la estructura narrativa Los siete pasos clave de la estructura narrativa son las fases principales del desarrollo de la historia y del código dramático oculto. Pensemos en los siete pasos de la estructura como el ADN de nuestra historia. Estos siete pasos clave darán unos cimientos sólidos a nuestra historia.

–El personaje Después crearemos los personajes, que no saldrán del aire, sino que los dibujaremos desde la idea original de la historia. Los conectaremos y compararemos entre ellos dotándolos de fuerza y definición. Después veremos qué función desempeña cada uno de ellos para crear a nuestro protagonista.

–El tema (argumento moral) El tema es nuestra visión moral, nuestra visión de cómo las personas deben actuar en el mundo. Pero en lugar de convertir al personaje en el portavoz de un mensaje, expresaremos el tema de forma inherente a la idea de la historia. Y expresaremos el tema a través de la estructura de la historia de manera que sorprenda y conmueva al público.

–El mundo de la historia Seguidamente crearemos el mundo de la historia como algo que crece a partir de nuestro protagonista. El mundo de la historia nos ayudará a definir a nuestro protagonista y mostrará al espectador una expresión física de su crecimiento.

–La red de símbolos Los símbolos son paquetes que contienen un significado extremadamente comprimido. Encontraremos una red de símbolos que subrayarán y comunicarán diferentes aspectos de los personajes, del mundo de la historia y de la trama.

–La trama A través de los personajes descubriremos la forma idónea de la historia; la trama evolucionará desde nuestros personajes únicos. Mediante los 22 pasos necesarios para crear la estructura de la historia (los siete pasos clave y quince más), diseñaremos una trama en la que todos los acontecimientos estarán conectados a nivel profundo y que crecerán hacia un final sorprendente pero lógicamente necesario.

–Entramado de escenas Antes de dar el paso de redactar las escenas, elaboraremos una lista de escenas de la historia, con todas sus líneas argumentales y sus temas entretejidos en un gran tapiz.

–La construcción de las escenas y el diálogo sinfónico Finalmente escribiremos la historia, construiremos cada escena favoreciendo el desarrollo de nuestro protagonista. Redactaremos los diálogos no sólo para que avance la trama, sino para que contenga en sí misma la calidad sinfónica de la combinación de varios «instrumentos» y niveles a la vez.

Puedo asegurar una cosa: conforme veamos crecer la historia, disfrutaremos de su propia creación, así que manos a la obra.

2          La premisa

Michael Crichton, cuando describe a sus personajes, no está dotado de la profundidad humana de Chéjov ni tampoco es autor de las brillantes tramas argumentales de Dickens. Pero es sencillamente el mejor escritor de premisas de todo Hollywood. Tomemos Parque Jurásico de ejemplo. La historia de Crichton proviene seguramente de la siguiente cuestión: «¿Qué pasaría si cogemos los dos pesos pesados de la evolución (humanos y dinosaurios) y los obligamos a enfrentarse a muerte en el mismo cuadrilátero?». Sin duda resulta una historia atractiva.

Hay muchas maneras de empezar el proceso de escritura. Algunos prefieren empezar partiendo la historia en siete partes, los siete primeros pasos, que abordaremos en el próximo capítulo. Pero la mayoría empieza con la expresión más breve de la historia como un todo: la premisa en una frase.

QUÉ ES LA PREMISA

La premisa es la historia entera en una sola frase. Es la combinación más sencilla de personajes y trama, y suele consistir en algún acontecimiento que da comienzo a la acción, alguna idea del personaje y alguna de idea del final de la historia.

Por ejemplo:

El Padrino: El hijo menor de una familia mafiosa se venga del hombre que mató a su padre y se convierte en el nuevo Padrino.

Hechizo de luna: Mientras su novio se va a Italia a ver a su madre, esta mujer se enamora del hermano de éste.

Casablanca: Un expatriado estadounidense de carácter duro se reencuentra con un viejo amor a quien abandonará para luchar en contra de los nazis.

Un tranvía llamado deseo: Una mujer bella y madura intenta conseguir un hombre para casarse mientras el salvaje marido de su hermana no deja de atacarla.

La guerra de las galaxias: Un joven despliega sus habilidades de luchador para salvar a una princesa en peligro de muerte y vence a todas las fuerzas malignas de un imperio galáctico.

Existen muchas razones de tipo práctico de por qué es tan relevante formular una buena premisa para que funcione. En primer lugar, Hollywood se dedica a vender películas por todo el mundo y una buena parte del beneficio se obtiene del fin de semana del estreno. Por lo tanto, los productores buscan una premisa «impactante», es decir, que, a menudo, la película se reduce a un bosquejo fácil formulado en una frase que sea entendida de inmediato por el público y que además le incite a verla rápidamente.

En segundo lugar, nuestra premisa es nuestra primera inspiración. Es el momento de «iluminación» en que uno dice: «Pues sí, con esa idea haré una historia maravillosa»; y este entusiasmo nos proporciona la perseverancia de meses y meses, incluso de años, de escribir sin descanso.

Esto nos lleva a un punto importante: para lo bueno o para lo malo, la premisa es también nuestra prisión. Tan pronto nos decidimos por una idea concreta, nos damos cuenta de que hay otras miles de ideas potenciales sobre las cuales no vamos a escribir. Así que mejor que estemos contentos con el mundo tan particular que hemos escogido.

PUNTO CLAVE: Lo que hemos decidido escribir es mucho más importante que cualquier otra decisión que se tome a propósito de cómo escribirlo.

Una última razón para tener una buena premisa es que ha de ser una decisión sobre la que se basen todas las demás decisiones que se tomen durante el proceso de escritura. Personaje, argumento, tema, símbolo, todo surge de esta idea de guión. Si nos equivocamos en la premisa, no hay nada más que nos pueda ayudar. Si los cimientos de un edificio están defectuosos, por mucho que se trabaje en los pisos superiores el edificio no tendrá estabilidad. Ya podemos ser los mejores en la creación de personaje, en la trama, o incluso unos genios de los diálogos, que si la premisa es pobre no podremos hacer nada para salvar el guión.

PUNTO CLAVE: Nueve de cada diez escritores fallan en la premisa.

La razón principal por la cual los escritores fallan en la premisa es que no saben desarrollar la idea, no saben cómo excavar para encontrar el oro que hay enterrado. No se dan cuenta de que el gran valor de la premisa es que permite ahondar en la historia de pies a cabeza y en todas las formas que puede tomar antes de escribirla.

La premisa es un ejemplo clásico de cómo el conocimiento limitado es algo realmente peligroso. La mayoría de los guionistas saben la importancia que Hollywood otorga a la premisa de alto concepto. Lo que no saben es que esta estrategia de marketing nunca les explicará qué es lo que el guión exige de manera orgánica.

Tampoco conocen la debilidad estructural inherente a todas las premisas de alto concepto: de ellas sólo es posible obtener dos o tres escenas. Estas escenas son las anteriores a ese giro inesperado que hace que nuestra premisa sea única. Un largometraje suele tener de cuarenta a setenta escenas. Una novela puede doblar o triplicar esta cifra. Conocer el oficio de guionista es la única vía posible de superar las limitaciones de la premisa de alto concepto y narrar una historia que funcione.

El primer requisito técnico para encontrar el oro de nuestra idea es el tiempo. Hay que emplear mucho tiempo en el inicio del proceso de escritura. No hablo de horas ni de días. Hablo de semanas. Es mejor no cometer el típico error del aficionado de buscarse una premisa efectista y empezar a escribir escenas rápidamente. Saldrán de veinte a treinta páginas de guión que desembocarán en un final sin salida del que no se podrá escapar.

La fase de la premisa del proceso de escritura es el tramo del camino donde se explora la estrategia más amplia de nuestro guión, pues es cuando concebimos la película en grandes dimensiones y descubrimos la forma general del guión y su desarrollo. Uno arranca con casi nada que ofrezca pistas para seguir adelante. Por eso la fase de escritura de la premisa es la más tentadora de todo el proceso de escritura. Desplegamos las antenas en la oscuridad, explorando las posibilidades que nos indiquen lo que funciona y lo que no, qué es lo que forma un todo entero orgánico y qué es lo que se rompe a pedazos.

Esto significa que es recomendable mostrarse flexible y abierto a muchas posibilidades. Por esa misma razón, utilizar un método orgánico y creativo como guía es lo más importante.

CÓMO DESARROLLAR NUESTRA PREMISA

Durante las semanas empleadas en la investigación de la premisa, usaremos estos pasos para crear una formulación de la premisa a fin de que se convierta en un gran guión.

Paso 1: Escribir algo que puede cambiar tu vida

Esto suena a argumento trillado, pero es el mejor consejo que se puede dar a un escritor. Nunca he visto a un autor equivocarse cuando ha seguido este consejo. ¿Por qué? Pues porque si una historia es tan importante para nosotros, deberá serlo para la mayoría de espectadores. Y una vez que hemos acabado de escribir la historia, pase lo que pase, nuestra vida habrá cambiado.

Podemos decir: «Me encantaría escribir una historia que cambiase mi vida, pero ¿de qué manera, antes de escribirla, podría yo saber que mi vida va a cambiar?». Pues es muy sencillo: con un poco de autoexploración, algo que la mayoría de los escritores, aunque parezca mentira, no hace. La mayoría se contenta con pensar que la premisa es una copia libre o improvisada de otra película, libro u obra de teatro. Por lo visto, eso tiene un atractivo comercial pero esto no es algo personal del escritor. La historia nunca superará la fórmula de género y está destinada a fracasar.

Para investigar en nuestro interior, para tener la oportunidad de escribir algo que cambie nuestra vida, hay que extraer cierta información a propósito de quiénes somos. Y hay que sacarla fuera, ponerla delante de uno, para estudiarla con perspectiva.

Hay dos ejercicios que pueden ayudarnos a hacerlo. En primer lugar, redactar una lista de nuestros deseos, una lista de todo aquello que desearíamos ver en la pantalla, en un libro, o en un teatro. Todo aquello por lo que sentimos un interés apasionado, aquello que nos entretiene. Podemos anotar una serie de personajes que hemos imaginado, crear giros muy interesantes e inesperados en la trama, o ingeniar unos diálogos brillantes. Podemos confeccionar listas de temas que nos interesan o de determinados géneros que nos gustan.

Escribamos todas las páginas necesarias. Ésta será nuestra lista personal y no debemos descartar nada. Deshagámonos de pensamientos como: «Esto será muy caro», y evitemos organizar mientras escribimos. Dejemos que una idea nos conduzca a otra.

El segundo ejercicio es el de idear una lista de premisas. Se trata de una lista de todas las premisas que has pensado alguna vez. Pueden ser cinco, veinte, cincuenta o incluso más. De nuevo utiliza todas las hojas de papel necesarias. El requisito clave del ejercicio es expresar cada premisa en una sola frase. Eso nos obligará a ser muy claros con cada idea. Y también nos permitirá ver todas nuestras premisas juntas en un solo bloque.

Una vez terminada la lista de deseos y la de premisas, pongámoslas encima de la mesa y analicémoslas. Hay que buscar elementos básicos que se repitan en ambas listas. Es posible que algunos personajes o tipos de personajes sean recurrentes, o que los parlamentos de los diálogos destilen una calidad especial de voz, o que un tipo de historia, o varios, se repita (géneros), o tal vez que surja un tema o contenido o época histórica al que recurramos en más de una ocasión.

Conforme analicemos, surgirán algunos patrones clave sobre asuntos que nos entusiasman. Todo ello, en su aspecto menos pulido y más crudo, constituirá nuestra visión. Todo ello es lo que somos en tanto que escritores y seres humanos, y consta en un papel. Remitámonos a ello siempre que nos sea posible.

Fijémonos en que estos dos ejercicios están confeccionados para abrir nuestra visión y para integrar lo que yace en el fondo de nuestro ser. Estos patrones no nos garantizarán que podamos escribir una historia que nos cambie la vida. Nada puede hacerlo. Pero una vez que hemos cumplido nuestra parte de autoexploración, cualquier premisa que escojamos será seguramente personal y original.

Paso 2: Buscar aquello que sea posible

Una de las razones por las que los escritores fallan en la fase de la premisa radica en que no saben encontrar el verdadero potencial de su historia. Esto es cuestión de experiencia y, a la vez, de técnica. Lo que uno busca en este segundo paso es adónde conduce la idea y cómo puede florecer. No hay que ceñirse a una única posibilidad de entrada, aunque sea muy atractiva.

PUNTO CLAVE: Investiguemos en las posibles opciones. Se trata de romperse los sesos hasta encontrar los diferentes caminos que puede tomar la idea en sí y después escoger el mejor.

Una de las técnicas para investigar las posibilidades de la idea es ver si promete algo concreto. Algunas ideas generan expectativas, cosas que tienen que suceder para satisfacer al espectador suponiendo que esa idea debe desarrollarse a lo largo de toda la historia. Estas «promesas» pueden llevarnos a la mejor opción para el desarrollo de la idea.

Una técnica todavía más efectiva para ver qué posibilidades ofrece la premisa es preguntarse: «¿Y sí...?». La pregunta «¿y si...?» conduce a dos lugares: a nuestra idea de la historia y al funcionamiento de nuestra propia mente. Nos ayuda a definir nuestra mente cuando entra en juego en ese paisaje imaginario. Cuanto más preguntamos «¿y si...?», con más plenitud ocupamos el paisaje, damos más cuerpo a los detalles y más convincente le resultará al público.

La cuestión es liberar la mente. No debemos censurarnos ni juzgarnos. Cada vez que se nos ocurre una idea, no debemos decirnos que es una estupidez. Las ideas «estúpidas» suelen conducir a grandes avances creativos.

A fin de entender mejor el proceso, vamos a estudiar ahora algunas historias que han sido escritas y representadas teniendo en cuenta lo que los autores pensaban cuando investigaban en todas las posibilidades de las ideas originales de cada premisa.

ÚNICO TESTIGO

(de Earl W. Wallace y William Kelley, guión de William Kelley, 1985)

Un niño que presencia un crimen es un planteamiento clásico para una película de suspense. Promete tensión y peligro, acciones intensas y violencia. Pero ¿qué ocurre si llevamos el guión un poco más allá y ahondamos en la violencia en Estados Unidos? ¿Y si mostramos los dos extremos del uso de la fuerza (violencia y pacifismo) trasladando al niño desde el mundo de la pacífica comunidad de los Amish hasta la violencia de la ciudad? ¿Y si, además, obligamos a un hombre bueno que ejerce violencia, el héroe de todos los policías, a adentrarse en el mundo de los Amish y a enamorarse? Y, por último, ¿y si llevamos la violencia hasta el corazón del pacifismo?

TOOTSIE

(de Larry Gelbart y Murray Schisgal, guión de Don McGuire y Larry Gelbart, 1982)

La premisa que acude de inmediato a la mente del espectador basada en esta idea es la gracia que produce ver a un hombre vestido de mujer. Y sabemos que el espectador lo que quiere es ver a ese personaje en las situación más difícil posible. Pero ¿y si vamos más allá de estas expectativas útiles pero obvias? ¿Y si jugamos con un protagonista que emplea estrategias que muestren cómo los hombres juegan al juego del amor desde dentro? ¿Y si convertimos al héroe en un machista que se ve obligado a disfrazarse (de mujer), de lo que menos desea, pero de lo que más le hará crecer como persona? ¿Y si aceleramos el ritmo y la trama y decantamos la historia hacia el género de farsa haciendo que muchos hombres y mujeres vayan a la caza los unos de los otros?

CHINATOWN

(de Robert Towne, 1974)

Un hombre que investiga un asesinato en Los Ángeles en el año 1930 promete todas las revelaciones, vueltas de tuerca y sorpresas de una buena novela policíaca. Pero ¿y si la delincuencia se hace cada vez más notoria? ¿Y si el detective empieza investigando un caso de delincuencia menor como un adulterio y acaba

You've reached the end of this preview. Sign up to read more!
Page 1 of 1

Reviews

What people think about Anatomía del guión

4.5
4 ratings / 6 Reviews
What did you think?
Rating: 0 out of 5 stars

Reader reviews

  • (4/5)
    Such an enlightening book. Every other book I have read on writing seems superficial now compared to this expert analysis of storytelling techniques.
  • (5/5)
    There are hundreds if not thousands of "how to" books available for writers. I would put this book as one of the top 5. It is clear, full of examples, and not condescending (as some are). John Truby's YouTube videos are a great supplement to his book.

    I found this book very helpful in reshaping my novel. Thank you, John.
  • (4/5)
    This book is a solid guide to formulaic story structure. Of course, as much as it claims to break from the "stale and formulaic" three-act structure, it also creates a whole new form of potential "stale and formulaic" structure that will help the reader create excellent stories, that all feel exactly the same.As I was reading, there were several times where I thought the ideas Truby discusses are excellent, but a little stilting if the reader follows each and every step as if it is gospel. The real trick is to read this book, learn what it has to teach you, then use only as much as you feel you need for each story you write.There's a textbook feel to Truby's book, especially with the writing exercises at the end of each chapter, but this was the first book on writing that I've read where the exercises didn't feel mandatory, or even necessary.Definitely worth reading to help yourself improve as a writer and storyteller.
  • (4/5)
    I'd put this book in the "buy it" category for any fiction writers out there.
  • (4/5)
    Although a bit repetitive at some point, “The Anatomy of Story” is a great book.
    I've never read anything on this subject, so I can't compare it to alternatives. But something tells me I don't need to :)

    If you want clear, right to the point, technical but still passionate and beautiful guide on what makes a story work (and what doesn't), this is the book for you. But beware: it has so-o-o many spoilers...
  • (5/5)

    1 person found this helpful

    One of the best books on writing and the story structure I have read.

    1 person found this helpful