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Eloah: sin Paraíso

Eloah: sin Paraíso

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Eloah: sin Paraíso

Length:
300 pages
3 hours
Released:
Apr 22, 2018
ISBN:
9781507195277
Format:
Book

Description

Un secreto de dos mil años es revelado.

Nuestro mundo no volverá a ser el mismo.

La Tierra—plagada de corrupción política, oligarquía corporativa y fanatismo religioso—se encuentra al borde de una guerra nuclear que podría destruirnos.

Eloah, la figura bíblica conocida como Jesús, vuelve para ayudarnos, pero primero debe tocar los corazones y mentes de la gente, y resolver las malas interpretaciones fundamentalistas que crearon nuestras religiones. Para lograr su misión, emplea la ayuda de tres viejos amigos que lo conocieron en una encarnación previa… dos mil años atrás.

El anuncio público de Eloah y su demostración de habilidades sobrenaturales en Colonia, Alemania, seguidos de un tiroteo en el Memorial a Lincoln en Washington, D.C., desatan un frenesí de actividad. Sus enemigos se reúnen rápidamente, desde agencias de gobierno hasta el Vaticano y un detective fanático.

Sin embargo ninguno es más peligroso que un ser maligno cuyos poderes igualan los de Eloah, uno que se empeña en convertir al mundo en su patio de juegos personal, aplastando a todo el que se ponga en su camino.

Evolved Publishing presenta la primera emocionante e intrigante entrega de la serie ELOAH, de thrillers de conspiración religiosa. Viaja por un nuevo descubrimiento en la historicidad de Jesús. [DRM-Free]

Libros de Lex Allen:

Eloah: sin Paraíso (Libro 1)
Eloah: sin Infierno (Libro 2)
Eloah: sin Religión (Libro 3)
Eloah: los Druidas (una novela corta)

Mas libros de Evolved Publishing:

Los Hijos de la Oscuridad por David Litwack
Atrapavientos por Jeff Altabef and Erynn Altabef
Perdóname, Alex por Lane Diamond

Released:
Apr 22, 2018
ISBN:
9781507195277
Format:
Book

About the author

I was asked to provide a first-person “bio” here. I’ve always had difficulty writing about myself, especially something that comes across witty or endearing. So, as it’s been said, “Just the facts, ma’am (sir).” I am a twenty-one year Army veteran, a twenty-two year Department of Defense civilian veteran, a semi-professional musician, and a writer of lies… good lies, fun lies that I hope you, the reader, will find entertaining. I self-published my first book in 2011, and in 2015 I signed on with Evolved Publishing. I’m a family man, married for thirty-five years to the love of my life. She and I have two sons and three grandchildren. I am a Texas expatriate, living in Germany, from which my wife and I travel… a lot!

Book Preview

Eloah - Lex Allen

GRACIAS

ELOAH: SIN PARAÍSO

Eloah – Libro 1

por

Lex Allen

Derechos de Autor

www.EvolvedPub.com

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ELOAH: SIN PARAISO

Eloah: Libro 1

Segunda edición

Copyright © 2016 Lex Allen

Copyright de diseño de portada © 2016 D. Robert Pease

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Editor: Becky Stephens

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Traducido al español por Ana Marcela Sthal Iñiguez

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Notas de licencia del eBook:

Ninguna parte de este libro podrá ser utilizada, reproducida o transmitida en forma alguna sin permiso escrito, excepto en casos de citas breves utilizadas en artículos críticos o reseñas, o de acuerdo con las leyes federales de uso legítimo. Todos los derechos quedan reservados.

Este eBook está licenciado únicamente para su disfrute personal; no puede ser revendido o regalado a otras personas. Si desea compartir este libro con alguien más, por favor compre una copia adicional para cada receptor. Si está leyendo este libro y no lo compró, o no fue comprado para uso exclusivo de usted, por favor vuelva al punto de venta y compre su propia copia. Gracias por respetar el arduo trabajo de este autor.

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Aviso:

Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, sitios y sucesos son producto de la imaginación del autor, o el autor los ha utilizado de manera ficticia.

Nota del Autor

Antes de despertar del control mental, inducido y reforzado por mis padres, compañeros y maestros, y mi subsecuente partida de la Iglesia y cualquier cosa religiosa, a menudo me he preguntado si Jesús no podría haber sido un visitante alienígena en nuestro planeta, en vez del Hijo de Dios.

¿Viven los alienígenas entre nosotros? ¿Podría ser que seres extraterrestres, capaces de adoptar apariencia humana, hubiesen viajado de ida y vuelta entre nuestro mundo y el suyo, desde épocas remotas para el planeta Tierra, a nuestro plano de realidad? Hay varios periodos de tiempo —eras— en las que la humanidad dio saltos tremendos en su desarrollo, descubrimientos y capacidad inventiva. ¿Será que los alienígenas han influido en estos arranques en ciencia y filosofía?

Yo creo que sí.

Heidelberg, Alemania

Lex Allen

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P.D. Como material extra, Evolved Publishing ha incluido un avance especial del primer capítulo de Eloah: Sin Infierno, el segundo libro de esta serie. Quizá el lector deba esperar a terminar Eloah: Sin Paraíso antes de pasar a ello, pero en caso de que la curiosidad le esté matando:

Haga clic aquí

Dedicatoria

Para todos aquellos que se atreven a imaginar lo imposible, que piensan fuera de la caja, que cuestionan lo que les ha sido enseñado, que entienden que cada gran mentira está basada en una pizca de verdad y que nada es lo que parece.

~~~

Para aquellos que comprenden que los principios humanos básicos —amor, verdad, compasión e interacción social— son los principales colaboradores para una vida feliz.

~~~

Vivir para amar – amar para vivir

Tabla de Contenido

Pagina del Titulo

Derechos de Autor

Nota del Autor

Dedicatoria

Introducción

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Agradecimientos

Sobre el Autor

Una Vista Previa Especial: Eloah: sin Infierno

Más de Evolved Publishing

Introducción

"Imagina que no hay Paraíso,

es fácil si lo intentas;

no hay infierno debajo, y arriba, sólo cielo hay...."

~~~

"Imagina que no hay naciones,

no es difícil de hacer;

nada por lo que matar o morir

y tampoco religión..."

~~~

John Lennon

(9 de octubre, 1940 – 8 de diciembre, 1980)

Capítulo 1

El mundo es muy diferente ahora, pues el hombre tiene en sus manos mortales el poder de abolir todas las formas de pobreza humana y todas las formas de vida humana.

- John F. Kennedy

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Colonia, Alemania

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Jack vio al mendigo en cuanto dio vuelta a la esquina de Mühlenbach Strasse hacia Heumarkt Gasse.

El hombre cabeceó, medio recostado contra el muro exterior del bar Scott’s. De cabeza y junto a él había un viejo y maltratado sombrero de fieltro, y un gastado letrero a un lado. El letrero decía, Bitte eine Spende —por favor, done. O era viejo, o la vida que había llevado, incluyendo su actual falta de refugio e higiene, lo hacían parecer anciano. Varias bolsas de plástico a su lado contenían, aparentemente, todas sus posesiones.

El bar Scott’s estaba ubicado en el Alstadt de Colonia, una sección de veinte cuadras, en forma ovoide, que corrían a lo largo del río Rhin y estaban rodeadas por la moderna zona del centro. El bar tenía el nombre tanto de su dueño como de su nacionalidad—Scott el escocés[1]. 

Aunque Jack no era ni local, ni turista, había viajado a menudo por Colonia, y Scott’s era su abrevadero preferido cada vez que estaba en la ciudad. Habían pasado cuatro días desde su última visita. Esperaba poder relajarse con una Kölsch y una agradable plática con Scott, viejo amigo suyo, antes de volver a su habitación de hotel para trabajar en su blog.

Miró de nuevo al viejo mendigo. Jack había visto mejores letreros, con mensajes más entretenidos, pero tenía un punto débil en el corazón por personas como esta. En 1993, durante la batalla de Mogadishu, Somalia, un mendigo con una sola pierna le había salvado la vida al colocarse entre Jack y un francotirador. La bala había alcanzado al mendigo, y este había muerto en el acto.

Algunas personas habrían mirado al abatido pordiosero y se habrían alejado con la nariz levantada. Otros habrían dado un amplio rodeo y desviado la mirada. Y, desde luego, algunos se detendrían para decirle al bastardo holgazán que se pusiera de pie y buscase un trabajo.

Jack no pertenecía a ninguno de estos grupos, creyendo que nadie llegaba a este punto en la vida sin motivo. No conocía la historia de este anciano, pero estaba seguro de que era triste y, al menos para el mendigo, una justificación de su situación actual. Desde el incidente en Somalia, Jack siempre se detenía y obedecía a sus súplicas por ayuda. Llevaba siempre un bolsillo lleno de cambio solo para eso.

Se sentía obligado a dar más esta vez, y sacó un fajo de billetes de euro de su bolsillo. Sin embargo no quería arrojar un billete de veinte euros al sombrero, donde podía ser visto y robado mientras el mendigo dormía. En vez de eso, se inclinó y puso el billete en la mano del viejo, presionando hasta que sintió los dedos del hombre cerrándose sobre los suyos. Confiando en que el hombre tenía el dinero encerrado en el puño, Jack se enderezó y entró en el bar.

***

El mendigo sintió el papel en la mano, pero sólo abrió los ojos y vio a su benefactor hasta que este entró al bar. Entrecerró los ojos con la vista borrosa, mirando el billete arrugado, y una pequeña sonrisa partió sus labios resecos. Inclinó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos, y guardó el billete en uno de los muchos bolsillos de su chaqueta.

El viejo se sentó sobresaltado un rato después, y buscó entre sus bolsillos. Encontró el arrugado billete de euro, lo alisó, y lo levantó alejándolo de su vista para que sus ojos pudieran enfocarlo. Veinte euros... ¿qué era aquello de los veinte euros? Luchó por recuperar el recuerdo, el significado del dinero, y le tomó varios segundos recordar al hombre que había conocido tres días atrás.

Tomó sus bolsas de plástico todas juntas y se acercó a la puerta del bar, pero dudó; el enorme escocés lo había echado demasiadas veces en los últimos días. De todas formas el hombre que le había dado los veinte euros, el hombre al que necesitaba ver, estaba ahí dentro. No podía dejar que el imponente Schotte[2] lo detuviera.

***

¡Jack! Es bueno verte, muchacho.

Jack saludó con la mano y caminó hacia el lado opuesto de la barra, su sitio usual, en el que el mostrador se curveaba y limitaba con el muro, dejando espacio para un solo banquillo. Sonrió cuando Scott puso una Kölsch grande frente a él. Le encantaba aquella cerveza clara, abundante en lúpulo, elaborada en Colonia.

Oye, Scott. Miró a su alrededor. No está muy bien para ser viernes en la noche.

Los únicos ocupantes eran una pareja en una mesa cerca de la esquina opuesta, y dos hombres en la barra.

Scott agitó la mano en signo de rechazo. Sí, pero todavía es temprano. Se llenará en un par de horas, yo creo. Has andado vagabundeando por el pueblo, ¿no?

Jack no pudo evitar sonreír. Le había tomado un buen rato acostumbrarse al dialecto de Scott, y aunque aún no entendía todas las palabras, ya podía llenar los huecos suficientes como para entenderle.

Le dio un sorbito a la amarga cerveza. Sólo un poco de turismo, recolectando material, nada especial.

Y yo aquí pensando que te habías encontrado una muchachona[3] y te habías encerrado con ella por los últimos dos días. Scott añadió un largo y cómico guiño.

Lassie era macho, ¿sabes?

¿Macho, dices?

Claro. Lassie, el perro en las películas, el Collie... todos eran machos.

Argh... Scott agitó la mano en signo de rechazo y, riendo todavía, se volvió para ver quién acababa de entrar al bar.

***

El mendigo se quedó de pie en el umbral, la cabeza y la vista viajando por cada rincón de la habitación, como si buscara a alguien. Miró directamente a Jack, entornando los ojos como si fueran a fallarle en la penumbra del recinto, y comenzó a caminar hacia él con una gran sonrisa en el rostro.

La sonrisa desapareció cuando Scott gritó. Eh, ¿qué crees que estás haciendo? ¿No te he dicho que te alejes de mi bar? ¡Lárgate de aquí, antes de que te lance yo mismo!

Scott había trabajado duro por muchos años para construir una reputación sólida entre los habitantes de la ciudad y los miles de turistas que viajaban a Colonia cada año. En su mente, el vago era una mancha negra sobre esa reputación. Lo había echado varias veces en el último par de días, pero el viejo seguía volviendo.

Scott era un hombre grande y fornido, y al ser un típico escocés, tenía un marcado acento, un sentido del humor sarcástico y un profundo y duradero amor por el whiskey escocés. Su temperamento, sin embargo, era otro tema. Hacía falta mucho para irritar a Scott, pero el pordiosero había excedido su límite de gracia, y hacía tiempo que debía echar al bastardo de nuevo —esta vez para siempre.

***

Heinz se quedó congelado. Miró, con los ojos abiertos como platos, la enorme figura del tabernero. No comprendía el lenguaje, pero reconoció el tono del gigante gritándole, justo como lo había hecho cada vez que lo echaba. Siempre se había marchado antes, pero volvía un poco después.

Esta vez no. No huiría de nuevo; no cuando el hombre a quien necesitaba ver había llegado por fin.

El furibundo barbón era demasiado diferente del hombre amable que le había dado la carta para entregar. El gentil hombre lo había conmovido a un nivel que ni siquiera sabía que existía. De haber tenido las palabras para expresarlo, habría dicho que ese amable hombre había tocado su alma. Había repartido calidez, bienestar y pasión en el interior de Heinz, que sólo había experimentado algo parecido una vez en su vida —cuando se enamoró, por primera y única vez, a los dieciocho años.

Giselle tenía veintiuno, y su muerte, en un accidente automovilístico, había dejado devastado a Heinz —tanto que reemplazó al estudio con la bebida para olvidar las penas. En un par de años había sido expulsado de la escuela por ser un alcohólico empedernido. La vida en las calles desde los veintitantos, sin una dieta o higiene adecuadas, combinada con demasiados cigarrillos, y todo el alcohol, habían arruinado su cuerpo y mente. A los cuarenta y ocho pasaba por un hombre de setenta.

Sin embargo los recuerdos de Giselle y su amor no habían muerto. En el fondo de su atrofiado cerebro, atesoraba y se alimentaba de ese amor.

Hacía tres días un amable extraño había despertado los mismos viejos sentimientos en él —sentimientos de un amor grande y perdurable— y el recordar esa experiencia le daba fuerzas ahora. Había prometido entregar la carta a Jack, de cuyo nombre se había enterado al echar un vistazo al papel, y nada evitaría que cumpliera su promesa, ni siquiera aquel oso escocés.

Dejó caer las bolsas al suelo, acomodó el extremo inferior de su chaqueta y se dispuso a correr. Miró hacia donde estaba Jack y calculó la distancia; tan pronto como el escocés llegó, echando humos, a dar la vuelta a la barra, se lanzó en dirección a Jack.

El escocés, aparentemente impresionado con la descarada demostración de valentía y falta de respeto, se detuvo en seco y miró, con la boca abierta, cómo Heinz se ocultaba detrás de Jack. Cuando Heinz asomó la cabeza por encima del hombro de Jack y le sonrió al escocés con los dientes rotos, la ira del tabernero volvió, y caminó a zancadas con el rostro enrojecido.

***

Jack levantó una mano, Espera, Scott. Le invitaré un trago, y eso lo hace cliente legítimo. ¿Qué te parece?

No esperó a que Scott respondiera. Se inclinó dándole vuelta a la esquina de la barra, arrastró un banquillo y miró por encima del hombro mientras daba palmaditas en el asiento.

Dijo en alemán, Toma este banco, amigo.

El anciano se movió desde detrás de Jack, pero mantuvo los ojos fijos en Scott.

Jack puso una mano sobre el hombro del sujeto. ¿Qué tomas?

El pordiosero sólo señaló con un dedo mugriento a la Kölsch de Jack.

Jack miró a Scott y levantó las cejas.

La conducta de Scott demostraba que aquello no le gustaba nada, pero quizá tampoco quería ofender a su amigo. Gruñó por lo bajo y se acercó a las llaves para servir la cerveza solicitada.

Scott dejó la bebida frente al anciano, miró a Jack y dijo, No me gusta para nada, Jack. Un tarro y luego este se larga de aquí. ¿Entendido, amigo?

Jack asintió, y mientras Scott volvía al otro lado de la barra, dirigió su atención al mendigo que le daba el primer sorbo a la cerveza helada.

De nuevo Jack le habló en alemán. Te arriesgaste mucho para llegar aquí. No necesitas agradecerme por el dinero, ¿sabes?

El mendigo sostuvo el arrugado billete en una mano, y con la otra señaló a Jack y luego a sí mismo.

Jack comprendió que el hombre confirmaba quién le había dado el dinero, y asintió, pero se preguntaba por qué el hombre no decía nada. ¿No puedes hablar, amigo?

El viejo miró al piso y negó con la cabeza. Buscó en los bolsillos de su chamarra, sacó una maltratada tarjeta de doce por veinte centímetros, y se la entregó a Jack.

No puedo hablar. Tengo cáncer de garganta y me extirparon la laringe.

Debajo estaba el nombre del sujeto, Heinz Schumacher, y debajo de eso, el nombre de un trabajador social junto con la dirección de un gran hospital de Köln.

Mientras Jack leía la nota, el anciano se quitó la harapienta bufanda y señaló una cicatriz. Tan pronto como Jack la hubo visto, se enredó la bufanda nuevamente y miró alrededor para ver si alguien más lo había notado.

Lo siento mucho, Heinz. Jack no sabía qué más decirle al hombre.

***

Heinz se encogió de hombros. Las etapas de negación y autocompasión habían quedado atrás y él ya había aceptado su destino. Sabía que los doctores no habían podido deshacerse completamente del cáncer, lo admitieran o no.

Le sonrió a Jack y pensó en cómo dos extraños habían sido tan serviciales con él —primero el gentil hombre, y ahora Jack. Pensando en el primero, Heinz volvió a revolver entre sus bolsillos.

***

Desconcertado, Jack bebió otro sorbo de su Kölsch y miró mientras Heinz sacaba un maltratado sobre de su saco, y lo arrojaba hacia Jack, sonriendo y asintiendo con la cabeza.

Jack tomó el sobre, sacó una maltrecha página de él, la desdobló, y la sostuvo contra las tenues luces sobre la barra.

Hola, Jack Schmidt...

Asombrado, Jack miró de nuevo a Heinz. ¿De dónde sacaste esto?

El viejo no pudo responder. Sonrió, impasible ante el súbito cambio de actitud de Jack, y siguió asintiendo mientras señalaba al sobre, y luego, a Jack.

Jack volvió su atención a la nota. Escrita en español, las palabras revelaban una caligrafía natural y cuidadosa.

No me conoces, pero me gustaría mucho presentarme el sábado, en la primera misa de la tarde, en el Kölner Dom. Confío en que hallarás material interesante para tu blog.

Jack se quedó mirando a Heinz por un segundo, y luego llamó al tabernero, "Oye, Scott, ¿podrías prestarme algo con qué escribir?

Scott frunció el entrecejo pero buscó en un cajón detrás de la barra.

Mientras buscaba el papel, Jack sacó una pluma del bolsillo de su saco. Scott trajo una hoja, y Jack la puso frente a Heinz y le entregó la pluma.

Jack levantó la carta. ¿De dónde sacaste esto?

Mientras Heinz tomaba la pluma y garabateaba, Jack trató de resolver el misterio de quién podría haber escrito la nota. Aún más extraño, ¿por qué el autor se la habría dado a un viejo pordiosero que ni siquiera lo conocía? ¿Cómo es que el autor de la carta podía estar tan seguro de que el viejo la entregaría, o de que Jack aparecería por ahí?

El viejo volteó la hoja hacia Jack, y este leyó:

El hombre amable.

"Y ¿cómo se veía este ‘hombre amable’?

Heinz pensó por un segundo, escribió una sola palabra y luego se detuvo.

La mente de Jack giraba más rápido de lo que el viejo podía responder. Olvida eso, dijo. ¿Qué te dijo el hombre que te dio el sobre?

Heinz escribió de nuevo.

Mientras lo hacía, Jack pensaba más y más en el mensaje. Quienquiera que lo hubiese escrito sabía que él tenía un popular blog sobre religión organizada. Más aún, el blog era sobre cómo la religión organizada había creado una estructura de poder basada en el miedo, que había dominado a las sociedades por cientos de años.

En el blog, Jack escribía acerca de versos de la Biblia mal interpretados, o de cómo la ciencia había probado que una historia bíblica era falsa. Escribía acerca de documentos históricos usados ventajosamente por líderes religiosos hambrientos de poder —tanto en el pasado como en el presente. Trataba de comunicar a la gente cómo las acciones de estos líderes impactaban, a menudo de manera negativa, en las vidas cotidianas de millones de personas.

Mucha gente sabe que tengo un blog, pero ¿cómo rayos me encontró la persona que escribió esto?

Heinz acercó el papel a Jack.

El hombre amable me dijo que un hombre vendría aquí y pondría un billete de veinte euros en mi mano. Me dijo que le diera esta carta a ese hombre.

¿Qué? Eso es ridículo, ¿cómo...?

Hasta ahí llegaron los pensamientos de Jack antes de que el hombre le quitara el papel y garabateara de nuevo.

Su mente se quedó temporalmente en blanco mientras

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