El druida by Antonio Almas by Antonio Almas - Read Online

Book Preview

El druida - Antonio Almas

You've reached the end of this preview. Sign up to read more!
Page 1 of 1

lector

A mis padres, sin su educación y persistencia no sería el hombre que soy.

El Druida

de

António Almas

Mapa de los cielos según los antiguos egipcios

Ficha técnica

––––––––

Título: El Druida

Autor: António Almas

Edición: Quinta Dimensão, Unipessoal, Lda.

Calle José Emídio Amaro, 9

7160-213 Vila Viçosa

Tapa: Raquel Luna

Revisión: Cristina Freitas

Paginación: António Almas

Impresión: P.O.D.

ISBN: 978-989-99656-0-7

Depósito Legal: 412597/16

Vila Viçosa, 1 de Septiembre de 2016

Todos los derechos reservados de acuerdo con la legislación en vigencia.

En lo alto de la montaña, las cumbres permanecían en la nieve eterna. El bosque se precipitaba por laderas escarpadas, aquí y allí salpicadas por claros donde la nieve era un manto suave que cubría el suelo. Las rocas redondeadas de granito parecían bolas dispersas en el paisaje, en un enmarañado de árboles. Más abajo la floresta, más densa y húmeda, engullía todo dejando apenas un matiz verde de vegetación. La arboleda llegaba hasta el margen norte del lago, algunos de sus ejemplares se inclinaban peligrosamente sobre las aguas mansas. A pocos metros de las márgenes, la casa. De tejados inclinados, era la única construcción humana en un radio de muchos kilómetros. Construida en un pequeño claro, tenía paredes robustas de granito grisáceo hasta el primer piso, estando hecha después con fuertes troncos de árboles de la floresta que en un trenzado fuera de lo común seguían hasta encontrar el tejado. La atmósfera era mágica, la neblina era visitante obligatorio al clarear el día y a la noche apenas el susurro de algunas lechuzas quebraba el silencio.

––––––––

Ian estaba sentado en el pequeño muelle que se adentraba por el lago. Al final de cada tarde le gustaba sentarse allí, mirar el Sol que se ponía sobre la copa de los árboles, escuchar la naturaleza alrededor.

Con los pies hundidos en el agua se recuesta, cierra los ojos y siente que el mundo gira, escucha la música de la naturaleza que parece siempre tocar en un tono celestial que lo encanta. Se suelta como si fluctuara en una atmósfera de Éter. El cuerpo más denso se queda en el muelle como un barco atracado, el alma, liviana como el viento, parte hacia viajes lejanos, por tierras distantes, sigue los rumbos ancestrales, viejos caminos de energía que tan bien conoce. El croar de las ranas lo hace regresar, se posa en el cuerpo con la ligereza de un pájaro y emerge en el lugar de siempre.

––––––––

Ya las estrellas salpican el cielo cuando Ian regresa por el pasadizo, la madera cruje suavemente a cada uno de sus pasos, los pies mojados siguen el rumbo de casa. Es Primavera y las noches todavía son frías, con el cuerpo erizado sube los peldaños que lo llevan a la glorieta, abre la puerta de la cocina, siente el confort tibio del hogar que lo recibe con los brazos abiertos. Esta sensación lo abraza como un tierno recuerdo de infancia, cuando la vida era más simple, mucho antes de su amanecer.

El viejo caserón se extiende en dos pisos de amplias divisiones. En el primer piso hay una cocina enorme, de ventanas anchas que dejan ver el lago. Una sala con puertas que dan a la glorieta, donde dos enormes sofás se cierran en ángulo recto y las decoraciones revelan un estilo clásico; hay un piano en un costado y un pequeño bar que acomoda algunos licores. En la entrada principal, opuesta al lago, hay un vestíbulo con un perchero donde se suspenden algunos sacos y dos o tres bastones antiguos decoran el conjunto. La parte noble de este piso es la enorme biblioteca, con estantes que recorren las paredes hasta el techo. Pocos son los espacios vacíos, en el centro de la biblioteca dos mesas grandes de caoba negra sirven de apoyo, están repletas de pilas de libros entre notas y papeles sueltos. Un atelier de amplias ventanas permite la abundancia de luz, este espacio simple tiene cuadros y lienzos blancos apoyados en las paredes, en el centro un caballete de pintura y una pequeña mesa llena de carboncillos y acuarelas, algunas tintas y pinceles. Un cuarto de baño.

En el piso superior hay cuatro cuartos, todos del mismo estilo clásico que el piso de abajo. El cuarto del lago, en donde Ian suele descansar, tiene un balcón a lo largo de las puertas de vidrio desde donde se avista el muelle.

Antes de ir a bañarse, Ian pone la tetera en el fuego con agua para hacer una infusión con hierbas que suele recoger en el bosque. En el cuarto de baño, de dimensiones generosas, una bañera de madera redonda de estilo japonés ocupa el centro del espacio, un espejo enorme se equilibra en un rincón sobre un trípode; Ian enciende el quemador de incienso en forma de Budda recostado donde se perfilan varios aromas y enciende algunas velas. Abre el agua caliente y derrama en la inmensa bañera un óleo de baño producido con plantas del bosque a base de esencias naturales.

––––––––

La investigación y la alquimia, según métodos ancestrales que remontan al tiempo de sus antepasados celtas, siempre acompañaron a Ian en su caminata a través de los tiempos. En su biblioteca conserva ejemplares de libros antiguos, investiga fórmulas y estudia desde tiempos pasados los viejos códices de alquimia, magia y druidismo. Su laboratorio, donde desarrolla sus conocimientos, está en un compartimento secreto abajo de los cimientos de la vieja casa. La floresta allá afuera es su fuente de recursos naturales, donde en armonía con la madre naturaleza, recoge las hierbas, minerales y piedras que usa en sus rituales.

El silbido de la tetera despierta la atención de Ian, es hora de sumergir las hierbas secas en el agua hirviendo; se dirige apresuradamente a la cocina donde vierte en un recipiente antiguo el agua que acaba de hervir; en la mesada, un conjunto de cajas enfiladas de madera contiene diversas hierbas secas, separadas por nombres; al lado, pequeñas bolsas de seda sirven para sumergir la mezcla en la tetera. Ian elige manzanilla, melisa y pedacitos de palo de canela, cierra la bolsa y la sumerge en el agua caliente. Saca una taza del armario y espera unos momentos para que la infusión se impregne del aroma de las hierbas.

––––––––

En sus caminatas por el bosque, Ian observa la naturaleza, presta atención a cada detalle que lo envuelve, escucha los sonidos, escudriña entre la vegetación las fragancias de las plantas que tan bien conoce. En estas caminatas, siempre trae consigo una bolsa de paño, para ir colocando las hojas que encuentra por el sendero; llega a caminar días enteros sin percatarse del paso del tiempo. La vegetación lo envuelve completamente, en cuerpo y espíritu, los sonidos son músicas y el aire es ligero y fresco. En estas expediciones, Ian recoge los conocimientos de la Madre naturaleza, ejercita el cuerpo y la mente.

––––––––

De regreso al cuarto de baño, lleva consigo la bebida que acaba de hacer; a los perfumes que invaden la atmósfera, ahora se les mezclan los aromas del té. Cierra el agua, se desviste y deja que el cuerpo entre despacio en el agua caliente. Por toda la casa hay libros esparcidos, encima de estantes, sobre sillas, encima de mesas; este compartimento no huye a la regla y también aquí, sobre el banco próximo a la bañera donde Ian posa la taza, hay un libro que abre para leer; en el lomo está escrito: El secreto de la Tabla de Esmeralda.

Abre la primera página y pronuncia una frase que aprendió hace muchos años, en su lejana infancia:

- "Verum sine mendacio, certum et verissimum: Quod est inferius est sicut quod est superius, et quod est superius est sicut quod est inferius, ad perpetranda miracula rei unius."

(Pero, sin mentira, cierto y muy verdadero: lo que está abajo es como lo que está arriba y lo que está arriba es como lo que está abajo para perpetrar los milagros sólo de una cosa.)

Y continuó en otra página. Nunca estudiaba este libro sin leer la frase del comienzo, aunque la conociera, ejecutaba siempre el mismo rito, abrir la primera página y leer la frase.

––––––––

En el laboratorio de Ian hay todo tipo de ungüentos y mezclas, elaboradas con fórmulas ancestrales, secretos pasados entre druidas y alquimistas, que se guardan en libros secretos. Los materiales son extraídos de la naturaleza y las manos sabias de Ian siguen con apuro los antiguos