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Los nubitas y otros cuentos

Los nubitas y otros cuentos

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Los nubitas y otros cuentos

Length:
46 pages
36 minutes
Released:
Jan 15, 2020
ISBN:
9788835358749
Format:
Book

Description

Hay seres que viven en los nubes, allí donde siempre brilla el sol; ogros que aprendieron a camuflar su verdadera forma para ocultar sus maldades; duendes padrinos, al igual que hadas madrinas; una isla secreta y mágica, que nunca está en el mismo lugar; seres antiguos que caminan por la Tierra; y trenes que llevan a sus pasajeros a donde realmente quieren ir. Porque la magia y la fantasía, diga lo que se diga, sigue perviviendo aún en nuestros días.

Comparado por sus cuentos con maestros del género como Andersen o los hermanos Grimm, Los nubitas y otros cuentos es la quinta colección de cuentos de Miguel Ángel Villar Pinto. Incluye siete cuentos maravillosos: «Los nubitas», «La gatita Linda», «El rey de los ogros», «El duende padrino», «La isla secreta», «Robertinho» y «El tren Tilín».

AUTOR

Miguel Ángel Villar Pinto (España, 1977) es escritor de literatura infantil y juvenil, narrativa y ensayo. Algunas de sus obras han sido bestsellers internacionales, utilizadas por diversas instituciones como lectura obligatoria en la enseñanza, citadas en diccionarios como referencias literarias e incluidas en el patrimonio cultural europeo e iberoamericano.
Released:
Jan 15, 2020
ISBN:
9788835358749
Format:
Book

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Los nubitas y otros cuentos - Miguel Ángel Villar Pinto

cariño.

Los nubitas

Aunque nadie lo sabe, en lo más alto de las nubes, allí donde eternamente brilla el sol, viven unos seres diminutos llamados nubitas. Son muy juguetones y cambian continuamente de apariencia, incluso a veces de tamaño, aunque siempre mantienen su color blanco, sus dos ojos azules como gotas de agua pura y dulce, y su textura de algodón, suave y esponjosa.

Su entretenimiento favorito es dar forma a las nubes y, por eso, quienes miran para ellas casi siempre ven figuras, unas veces extrañas, otras familiares. Y es que a los nubitas les encanta esculpir en el cielo aquello que les llama la atención, y eso puede ser un submarino, un barco o un avión, pero también otras muchas cosas que ellos ven y nosotros no.

Cuando se hacen mayores, se vuelven cautelosos, pues saben que deben estar atentos para cambiar de nubes; si ellas desaparecen, ellos también, así que están constantemente moviéndose de un lado a otro, viajando sobre las montañas blancas del cielo. Pero al igual que sucede en el mundo, los más pequeños nubitas acostumbran ser traviesos y despistados, propensos a correr más aventuras y peligros de los necesarios. Así ha sido siempre.

Y siempre ha habido también unos que lo son más que otros, pero ninguno tanto como Tifoncillo. Quien haya visto la figura de una nube deshacerse en un momento, de seguro habrá contemplado alguna de sus travesuras. ¡Era como si un torbellino y un vendaval fueran juntos de la mano a dar un paseo! ¡Había que andar con mil ojos cuando estaba cerca!

Pero también en ocasiones ocurre que, por muchos que sean los que estén vigilando, algo pasa inadvertido. Así sucedió aquel día, en el que las nubes sobre las que estaban, fueron sacudidas de repente por un viento muy cálido, mucho más de lo habitual, y empezaron a desvanecerse demasiado rápido. Tifoncillo, como era costumbre en él, no hizo caso de las llamadas de su madre nubita.

«Si voy, no me va a dejar seguir jugando», pensó. Y se alejó más aún. Cuando se dio cuenta de lo que sucedía en realidad, gran parte de la nube había desaparecido ya; solo quedaba una pequeña isla blanca en medio del cielo azul.

Normalmente, su mamá siempre estaba cerca cuando la necesitaba, pero ahora no. De inmediato, Tifoncillo comprendió que el cielo era algo más que un lugar de recreo. Por primera vez, supo que estaba en peligro. Por primera vez, tuvo miedo.

Se echó a llorar al tiempo que la nube desaparecía del todo, y cayó y cayó, desde tanta altura que los bosques parecían briznas de hierba, las montañas piedrecillas y las ciudades granos de arena. Y mientras gritaba el nombre de su madre, esperando que viniera a rescatarlo, el mismo viento que había deshecho la nube, lo alejaba cada vez más de ella, de sus amigos y de los nubitas. Y aquello que había visto siempre desde las alturas, estaba cada vez más y más cerca.

Los bosques ya eran bosques; las

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