ARREGLANDO MUNDO 50 Lo vi en un concurso, pero se ha estado gestando también en las redes sociales.

Algo que, personalmente, había creído que se había perdido sin remedio en los torrentes del miasma cibernético. Me refiero al cuidado que la gente de recientes generaciones está poniéndole a la ortografía. Cuando la internet explotó a los cuatro vientos, pudo verse que el Messenger y otras aplicaciones de mensajería virtual abreviaban la escritura, traduciéndola a veces en iconos. Aunque muchas veces resulta divertido, ello ha ocasionado que se cometan unos atropellos monumentales contra nuestro idioma. A veces uno se encuentra con muchachas que en vez de escribir “hermosa”, por ejemplo, escriben una parrafada estilo “xxXXxxeMozZzaxxXXxx”, dejando al pobre lector en la necesidad de buscar un egiptólogo, o un psiquiatra (para la autora del letrero en cuestión, claro está). Cosas como ésta son las que deja un uso indebido del Messenger. Pero aparte de ello, la Internet hace que todo esté al alcance de la mano, a un click de distancia. ¿Resultado de la operación? Nos tornamos facilistas, y esto ha hecho que florezca la llamada “generación del copy paste”: ¿Cuántas personas no han bajado trabajos de internet, limitándose solamente a cambiarles la portada y algunos datos adicionales? Se pueden contar por cientos, cuando no por miles. Esto, obviamente, hace que los conocimientos que se han acumulado hasta ese entonces comiencen a cubrirse de herrumbre y telarañas, cuando no de olvido. Y entonces comienzan a verse errores como la clásica confusión de “hay”, “ay”, “ahí” y “ahy” (que no existe, valga la aclaración). Y así podemos encontrarnos con errores ortográficos que se esperaría ver en niños de hasta once años. Pero cuando vemos adolescentes, e incluso adultos jóvenes escribiendo a la diabla, es hora de preocuparse. Tal vez sea esto lo que ha espoleado el hecho de que entre los mismos internautas se comiencen a espolear para mejorar la ortografía. Respuestas y comentarios como “mínimo te salió el manual de ortografía en un paquete de chitos”, o “miro como escribís, y estoy a favor del aborto” dan una pequeña muestra de la preocupación que se está dejando ver por el buen escribir. De mi propia cosecha me atrevo a aventurar lo siguiente: podríamos mirar la ortografía como la personalidad de un idioma, puesto que cada vez que hay un cambio en la ortografía, el idioma cambia, de la misma forma en que cada cambio en la personalidad de un individuo implica un cambio en éste. De hecho, así es como se han formado muchas lenguas. Pienso que tal vez el hecho de que muchos cibernautas nos estemos preocupando ya en serio de mantener las buenas costumbres ortográficas se debe a que nadie quiere hablar una lengua deforme. De ser así, brindaré mentalmente por ello. Me sentiría perdido si me viese obligado a hablar una lengua que padece de esquizofrenia o trastorno bipolar. En Santiago de Cali, siendo las 23:02 del 30 de Abril del 2012

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