TEMA 2: EL ADJETIVO

I. Sustantivo frente a adjetivo
Dice Bosque que las relaciones entre las distintas categorías gramaticales o clases de palabras son muy estrechas. Ya vimos las dificultades que han tenido los gramáticos para distinguir entre el sustantivo y el adjetivo y que ambos tienen idéntica flexión de género y de número. Por eso, durante cierto tiempo, se consideraron en la tradición gramatical como dos clases del «nombre». Sustantivo y adjetivo comparten algunos morfemas derivativos y sobre todo son elementos predicativos. Dice Bosque que en las oraciones atributivas ambas categorías se encuentran muy próximas (eres médico / eres alto) y también algunos complementos predicativos pueden estar formados por sintagmas adjetivos o sintagmas nominales (lo considero médico / lo considero inteligente). Es sobre una base funcional desde donde ha sido más fácil definir el adjetivo como categoría de palabras diferente a la del sustantivo. Así, César Hernández Alonso, en su Gramática del español dice: «llamamos adjetivos a los signos pertenecientes a una clase heterogénea de palabras cuya principal función (criterio funcional) es la de adyacentes a un sintagma nominal». Uno de los criterios que la gramática tradicional suele utilizar es el criterio de subsistencia. Así, la RAE dice que los adjetivos se distinguen de los sustantivos en que «no pueden subsistir por sí solos» y Gili Gaya añade «por lo que se expresan adheridos a un sustantivo». El criterio de subsistencia se interpreta unas veces como la capacidad de formar sintagmas nominales y otras veces se ha interpretado como la capacidad de denotar clases de individuos. Dice Bosque que en la tradición gramatical europea se oponen estas dos categorías de forma que los sustantivos significan sustancias o clases y los adjetivos designan accidentes o propiedades. Bosque también señala que muchos de los autores de esa tradición, desde Nebrija, no aceptan el concepto de propiedad y lo sustituyen por el de subconjunto, es decir, que si el sustantivo expresa un conjunto de entidades, el adjetivo denota un subconjunto de entidades. Por ejemplo, la referencia del sustantivo «casa» se establece en el conjunto de entidades que son casas, mientras que la referencia del adjetivo «grande» se establece en un subconjunto de cada uno de los conjuntos de entidades imaginables. La gramática tradicional siempre ha insistido también en la naturaleza dependiente del adjetivo. La misma denominación de estas dos clases de palabras nos da una idea de su naturaleza: sustantivo (sustancia, que subsiste por sí solo) / adjetivo (adiectivum, que tienen que estar al lado de, han de adjuntarse para poder significar). En conclusión, los adjetivos se predican de la entidad a la que modifican y al mismo tiempo restringen la extensión de dicho nombre. Constituyen con los sustantivos a los que acompañan sintagmas nominales que denotan subconjuntos de las entidades que denota el sustantivo. La distinción categorial sustantivo / adjetivo le plantea a Bosque dos preguntas: a) ¿En qué se diferencian gramaticalmente? b) ¿Por qué hay ciertas palabras que son sólo sustantivos, otras que sólo son adjetivos y sin embargo hay otras que pertenecen a las dos clases?

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I.1. DIFERENCIAS GRAMATICALES ENTRE SUSTANTIVO Y ADJETIVO: Para Bosque, el sustantivo y el adjetivo se parecen en que ambos presentan idéntica flexión de género y de número. Y entre las diferencias más importantes, Bosque señala las siguientes:  Los rasgos morfológicos del adjetivo nunca se interpretan semánticamente, mientras que los del sustantivo sí. En «osos grandes», el plural de «grandes» no aporta información semántica, pero sí el plural de «osos». Bosque llama al plural del adjetivo «plural concordante».  Sólo los adjetivos pueden recibir el artículo «lo» (lo blanco / lo árbol).  Sólo los sustantivos pueden recibir el artículo indefinido «un» (un libro / * un estupendo).  Los sustantivos forman sintagmas nominales cuya referencia no se interpreta anafóricamente. Así, «viejo» es un sustantivo de persona en el enunciado «los viejos nos superan en sabiduría y experiencia» pero es un adjetivo en «los libros viejos». En el primer caso, «viejo» designa una clase de individuos y en el segundo, una propiedad del sustantivo «libro». En este sentido, ese adjetivo forma parte de un sintagma nominal con referencia anafórica. La naturaleza nominal o adjetival de «viejo» en el sintagma «los viejos» es inseparable del examen que hagamos del significado de esa unidad, no sólo de su forma.

II. Definición y características del adjetivo
El adjetivo es una categoría gramatical cuyos miembros tienen unas características formales muy precisas que los diferencian del sustantivo. Violeta Demonte dice que el adjetivo también es una categoría semántica en cuanto que «hay un tipo de significado que se expresa perfectamente por medio de adjetivos». Este significado es el que confiere un conjunto de propiedades a los objetos nombrados por los sustantivos. Con respecto a la función sintáctica, el adjetivo, unido al nombre y junto a sus determinantes y cuantificadores forma una frase o sintagma nominal. El adjetivo, al igual que los determinantes y cuantificadores, debe concordar en género y número con el nombre, que es el núcleo. Se diferencia de los determinantes y cuantificadores en que, por sí solo, no puede convertir al nombre en una expresión referencial («me gusta el queso azul» / * «me gusta queso azul»). El adjetivo puede aparecer en la función de predicado o atributo de una oración copulativa («ese gesto es inoportuno») o también como C. Pred. («considero ese gesto inoportuno»). Pero no todos los adjetivos pueden aparecer en esa función predicativa: «la última noche que pasé contigo» / * «la noche que pasé contigo fue la última»; «el viaje presidencial» / * «el viaje es presidencial». En estos casos, el adjetivo no adscribe una propiedad a los objetos y la consecuencia sintáctica es su imposibilidad de funcionar como predicados. Son modificadores, pero en sentido estricto no son atributos (por atributo Violeta Demonte entiende la capacidad asignadora de propiedades que posee el adjetivo). En «el viaje presidencial», el adjetivo «presidencial» no atribuye una propiedad al sustantivo, sino que sirve para indicar el agente de la acción («el viaje del presidente»). En «la antigua casa de Enrique», «antigua» tampoco expresa una propiedad, sino tiempo («la casa donde Enrique vivía antes»). En estos casos, la relación que se establece entre el sustantivo y el adjetivo es diferente y esta relación es posible porque los sustantivos no sólo designan objetos, sino también acciones, procesos o situaciones espacio–temporales. Así, «viaje» es una acción y «casa», más que un objeto, es un lugar donde se vive. No obstante, en general, se puede decir que el adjetivo tiene una función modificadora y predicativa del sustantivo. Esa función que realiza el adjetivo es 2

consecuencia de su naturaleza semántica. Los adjetivos son palabras que, en general, se aplican a otras que nombran objetos físicos o mentales y les confiere una propiedad o un conjunto de propiedades mediante las cuales podemos identificar ese objeto entre varios («dame el lápiz azul»), realizar taxonomías populares o científicas («la ballena azul»), señalar las relaciones genéticas («el cuadro japonés») o relaciones parte–todo («la masa aceitosa»). Pero para Violeta Demonte, la característica fundamental de los adjetivos, lo que los diferencia de los nombres, es que son términos generales (se trata de una distinción semántica), que pueden aplicarse a un gran número de entidades. Los sustantivos, en cambio, son definidos en tanto que reúnen un conjunto de condiciones necesarias y suficientes para identificar un individuo o clase de individuo, por lo que su extensión es mucho más restringida. Pensemos en el significado tan restringido de «periódico» como sustantivo y en la gran extensión que tiene como adjetivo. Otra propiedad semántica que Violeta Demonte señala en los adjetivos, aunque no todos la poseen, es que son medibles, graduables, y por lo tanto pueden ser modificados por adverbios de gradación («una clase muy luminosa», «un libro muy interesante…»). Al ser graduables también pueden aparecer en construcciones comparativas («esta clase es más luminosa que la que tenía antes»). Los sustantivos, en cambio, no son graduables y no pueden ir acompañados normalmente por adverbios de grado. Cuando lo hacen, ese sustantivo ya no indica todas las propiedades necesarias y suficientes del objeto, sino uno de sus componentes esenciales («muy mujer», «muy hombre»…). En resumen, por lo tanto, siguiendo a Violeta Demonte se puede definir el adjetivo de acuerdo a los siguientes rasgos: 1. Capacidad de adscribir propiedades a los objetos, las acciones y las situaciones. 2. Generalidad. 3. Gradabilidad. La ausencia o presencia de estos rasgos nos permite establecer clases de adjetivos y explicar su funcionamiento sintáctico.

III. Clases de adjetivos
La clasificación usual de los adjetivos adopta un punto de vista semántico, dividiéndolos en calificativos (bello, enfermo, listo…) y determinativos (mi, este, algún…). Sin embargo, dentro de la gramática tradicional, Amado Alonso entiende los adjetivos determinativos como pronombres y los excluye del estudio del adjetivo. La práctica pedagógica en España también habla sólo de adjetivo para referirse al adjetivo calificativo y adopta el término «determinante» para los artículos posesivos, demostrativos, interrogativos, exclamativos, indefinidos y numerales. De la misma opinión es Violeta Demonte, que dice que pese a la semejanza de concordar con el nombre, los sistemas de cuantificación–determinación del nombre y el sistema de adjetivación son realmente diversos. Los argumentos que da Violeta Demonte son los siguientes. Los determinantes (artículos, posesivos y demostrativos) y los cuantificadores (numerales e indefinidos) constituyen clases cerradas con un número fijo de miembros que además están desprovistos de significado léxico, aunque sí tienen un significado gramatical o funcional que añade al sustantivo género, número, capacidad deíctica, cantidad… Y el conjunto de todos estos rasgos permite a estas unidades convertir el nombre común en un nombre referencial, capaz de desempeñar funciones sintácticas. 3

Frente a estos determinantes, los adjetivos constituyen clases léxicas abiertas y poseen una extraordinaria complejidad léxico–conceptual. También se diferencian en que por sí solos no pueden convertir a un sustantivo en referencial («la casa es grande» / * «casa es grande»), es decir, los adjetivos no son actualizadores sino clasificadores, que restringen la extensión del objeto designado por el sustantivo. Además, los adjetivos pueden funcionar como predicados, a diferencia de los demostrativos, artículos y posesivos. Así, en casos como «mis amigos son estos», Violeta Demonte dice que se trataría de una expresión con un nombre elíptico o bien habría que suponer que son pronombres. MARCOS MARÍN también establece una clasificación de base semántica a partir de una distinción muy discutida, que es la que él establece entre significado léxico y significado ocasional. A partir de esta distinción, Marcos Marín distingue dos grandes grupos de adjetivos: 1 Adjetivos connotativos: se caracterizan por tener su propio valor semántico permanente. Estos adjetivos engloban dos subclases: a) Calificativos: expresan cualidades. Se diferencian de los numerales y de los no connotativos en que no actúan como actualizadores del nombre, mientras que los otros sí. b) Numerales: añaden al significado del sustantivo un valor numérico. Sí son actualizadores («dos hombres blancos comen» / * «hombres blancos comen»  el adjetivo calificativo no actualiza por sí solo. 2 Adjetivos no connotativos: También son actualizadores («este hombre blanco come» / * «hombre blanco come»). Tienen un significado ocasional, es decir, que no es fijo sino que varía según el contexto. Así, por ejemplo, si con el sintagma «este hombre» nos referimos a una persona que se llame Octavio, «este» pasa a tomar el significado de «Octavio» que es su referente. Esta distinción entre significado léxico y significado ocasional ha sido muy discutida porque confunde significado y referente, que la semántica intenta diferenciar. En realidad, «este» sí tiene un significado permanente que es quizás el de señalar aquello que está más cerca en el espacio o en el tiempo de la persona que habla. A estos adjetivos connotativos, Marcos Marín prefiere llamarlos pronombres– adjetivos. Este autor utiliza aquí el término pronombre no en el sentido tradicional, sino como una clase semántica cuyas unidades se caracterizan por su significación ocasional y su indiferenciación funcional, es decir, que pueden funcionar como sustantivos, adjetivos o adverbios. Se podría hablar por lo tanto de pronombres–sustantivos, pronombres– adjetivos y pronombres–adverbios, que tendrían en común entre ellos el significado ocasional. Dentro de la clase pronombre–adjetivo Marcos Marín incluye posesivos, demostrativos, indefinidos y relacionantes. De los relacionantes dice que tienen una función referencial. Su referente está situado en una oración distinta y al adoptar el significado de ese referente, los relacionantes unen ambas oraciones. Dice Marcos Marín que los adjetivos no connotativos o pronombres–adjetivos se diferencian de los connotativos desde el punto de vista funcional. Los rasgos funcionales que los caracterizan son los siguientes: − Por regla general, los pronombres–adjetivos se anteponen al sustantivo al que modifican. Pospuestos, tienen normalmente un valor enfático, lo que permite en ocasiones el paso a sustantivo con pérdida de su condición de pronombre y cambio de significado: «cualquier mujer» / «una mujer cualquiera»  «una cualquiera». Esta posposición no se da en los relacionantes. 4

− Los pronombres–adjetivos no van precedidos de artículo porque ellos mismos son actualizadores del sustantivo. Si se usa el artículo es porque se ha producido una sustantivación y estaríamos ante un pronombre–sustantivo. Por lo tanto, para Marcos Marín, el artículo es la marca formal que permite distinguir los pronombres–adjetivos de los pronombres–sustantivos. La forma con artículo (el mío, el tuyo) es siempre para él un pronombre–sustantivo, mientras que la forma sin artículo será un pronombre–adjetivo. En resumen, para Marcos Marín el adjetivo se divide: A) Por su significación: 1. Connotativos: a) Calificativos: No actualizadores – con marca de concordancia: blanco/–a – sin marca de concordancia: azul b) Numerales: Actualizadores. 2.No connotativos o pronombres–adjetivos: Actualizadores (posesivos, demostrativos, indefinidos y relacionantes. B) Por su cambio de clase o función: 1. > Adverbio: Pasan a adverbios sin sufrir cambio formal los adjetivos connotativos no actualizadores: «siempre habla bajo». 2. > Sustantivo: Pasan a sustantivo sin cambio formal los connotativos actualizadores (numerales) y los no connotativos (demostrativos, indefinidos y relacionantes). 3. > Sustantivo debido fundamentalmente al artículo los connotativos no actualizadores y los no connotativos (sólo los posesivos). C) Por su referencia: 1. Directa: atributos. 2. Indirecta: a través de un índice verbal («adjetivos predicativos» según Marcos Marín). CÉSAR HERNÁNDEZ ALONSO , en su Sintaxis española, acepta la distinción tradicional entre adjetivos calificativos, en los que predominaría un carácter léxico, y adjetivos determinativos o de relación, que son sobre todo de carácter gramatical. En este segundo grupo incluye a los demostrativos, posesivos… que son siempre concebidos en referencia a un sustantivo, aunque se sustantivan fácilmente realizando entonces funciones propias del nombre. Sin embargo, reconoce que tienen muchas afinidades con los pronombres personales, a los que se parecen en su significado ocasional (idea tomada de Marcos Marín), deíctico o referencial y también en el hecho de estar configurados sobre el triple esquema personal yo, tú, él. Por eso dice que los estudiará con los pronombres, pero subraya que son adjetivos. Posteriormente, en su libro Gramática funcional del español, prefiere denominar a ese segundo grupo que antes llamaba determinativos, con el término «determinantes». Este término, en su sentido más estricto, designa ciertos elementos gramaticales que suelen preceder al nombre en el sintagma nominal, precisándolo, situándolo o cuantificándolo semánticamente y, de este modo, lo actualizan. Una vez actualizado, el nombre ya no hace referencia a toda una clase de objetos sino a un objeto concreto. Con esto, César 5

Hernández Alonso abandona el concepto tan dudoso y criticado de significado ocasional y desde este punto de vista su definición parece más válida. Los determinantes, por lo tanto, se definirían como unidades gramaticales cuya función es actualizar el concepto. Se diferencian de los adjetivos calificativos en que su contenido es predominantemente deíctico y, por lo tanto, están emparentados con los pronombres, tanto por su forma como por su combinación y sus funciones semánticas. Dentro del grupo de los determinantes incluye el artículo, los demostrativos, los posesivos, los cuantificadores y los indefinidos. ALARCOS analiza la clasificación de los adjetivos desde un punto de vista diferente. Sostiene que la distinción tradicional entre adjetivos calificativos y determinativos en los adjetivos está basada en criterios semánticos, pues dice que las unidades se incluyen en uno u otro grupo según califiquen o determinen al sustantivo al que acompañan. Pero para Alarcos no hay diferencia significativa: unos y otros añaden notas que delimitan la extensión significativa, el área de referencia del sustantivo. En los ejemplos «este papel» y «papel blanco», «este» y «blanco» delimitan el objeto de referencia entre otros posibles de la realidad. Una vez excluido el criterio semántico, Alarcos considera que sí es operativa la distinción entre adjetivos calificativos y determinativos siempre que se haga desde un punto de vista funcional, por lo que expone una serie de argumentos funcionales que le permiten distinguir entre estas dos clases de adjetivos a los que él prefiere llamar adjetivos de tipo 1 y adjetivos de tipo 2. Los adjetivos de tipo 2 (determinativos) se definen según él por las siguientes características: 1. No admiten gradación, que es la característica principal de los calificativos. No existe «muy esta», «más esa», «muy algún libro»… 2. Presentan restricciones en cuanto a su posición en el sintagma nominal. Ocupan por lo general la posición prenuclear y todos, cuando van con otro adjetivo, exigen estar antepuestos y nunca en posición intermedia: * «grandes tres ventanales», * «verdes estas praderas», * «amados nuestros hijos»… 3. Constituyen un inventario cerrado y reducido. 4. Pueden sustantivarse sin la presencia de un transpositor como el artículo. Frente a esto, los calificativos se caracterizan por presentar gradación y ser «libremente permutables», es decir, que pueden aparecer antes o después del sustantivo al que acompañan, forman parte de un paradigma muy numeroso y, por último, necesitan la presencia de un artículo para sustantivarse.

IV. El adjetivo según Violeta Demonte
Violeta Demonte define el adjetivo en general como «términos de alcance general que adscriben propiedades a los nombres». Ahora bien, si tenemos ejemplos como «libro azul», «señora delgada», «hombre simpático»… frente a «puerto marítimo», «vaca lechera», «paseo campestre»… Violeta Demonte observa que los adjetivos del primer bloque no se comportan de la misma manera que los del segundo. Los del primer grupo se refieren a un rasgo constitutivo del objeto nombrado por el sustantivo y que hace referencia a una propiedad física (color, forma, carácter…). En el segundo grupo, sin embargo, el adjetivo asigna un conjunto de propiedades al objeto nombrado por el sustantivo. Esas propiedades son el conjunto de características que definen al sustantivo del que se derivan estos adjetivos. A los adjetivos que expresan una sola propiedad los llama Violeta Demonte adjetivos calificativos y a los que expresan un conjunto de propiedades adjetivos relacionales. Se 6

trata de una distinción de tipo semántico, ya que tiene que ver con el modo en que significan los adjetivos. La asignación de una sola propiedad se puede casi siempre parafrasear por medio de una oración copulativa («el libro es azul», «la señora es delgada»…). Sin embargo, la asignación de varias propiedades da lugar a relaciones semánticas mucho más complejas. Así, «los datos científicos» no se puede parafrasear como «los datos son científicos», sino como «los datos que proceden de la ciencia» y «la capacidad torácica» no se puede parafrasear como «la capacidad es torácica», sino como «la capacidad que tiene el tórax». Por otra parte, los adjetivos calificativos asignan cualidades que son inherentes al objeto, pero los relacionales asignan una serie de propiedades que el objeto tienen por su relación con algo externo a él. Así, en «vaca lechera», «leche» se adscribe al sustantivo «vaca» como algo añadido. Esta idea es compartida por Bosque, para quien los adjetivos relacionales no denotan cualidades de los sustantivos, sino que establecen conexiones entre esas entidades y otros dominios o ámbitos externos a ellas. Por su significación, estos adjetivos son cuasi– nominales, porque su significado está constituido por un conjunto de propiedades, no por una sola, y en ese se asemejan mucho a los sustantivos. IV.1. ADJETIVOS RELACIONALES: IV.1.1. Características sintácticas: La distinción de tipo semántico entre adjetivos calificativos y relacionales tiene también consecuencias sintácticas que los diferencian. Las características más importantes de los adjetivos relacionales son las siguientes: 1. Muchos adjetivos relacionales no pueden usarse como predicados, mientras que los calificativos sí («el diccionario verde» y «el diccionario es verde» frente a «el diccionario médico» y * «el diccionario es médico», «la actuación policial» / * «la actuación fue policial», «la arqueología submarina» / * «la arqueología es submarina». No obstante, Violeta Demonte reconoce que algunos adjetivos relacionales sí se pueden usar como atributos en una oración copulativa: «la comedia es musical». 2. Los adjetivos relacionales no aceptan adverbios de grado ni pueden formar parte de estructuras comparativas, mientras que los calificativos sí: «el sabor de esta fruta es más dulce que el de aquella» / * «este sabor es más mineral que aquel», «la conducta laboral» / * «la conducta tan laboral del empleado». Esto se debe a que no sabríamos qué rasgo estamos cuantificando y por eso mismo tampoco admiten cuantificadores. 3. Los adjetivos relaciones no tienen antónimos, mientras que los calificativos sí: «la política cultural» / * «la política acultural». Bosque señala una particularidad de este caso: cuando los adjetivos relacionales llevan prefijo negativo, el resultado no designa su antónimo, sino la exclusión de la clase representada por el adjetivo relacional: «gramatical» / «agramatical», «legal» / «ilegal»… 4. Los adjetivos relacionales van siempre pospuestos: «la zona industrial» / * «la industrial zona». Si no van pospuestos se pierde su carácter relacional y ya no designan un conjunto de propiedades, sino una sola: «el espectáculo teatral» / «mi teatral amiga». Cuando estos adjetivos relacionales recategorizados como calificativos aparecen pospuestos se puede dar una ambigüedad entre la interpretación calificativa y la relacional: «la actuación teatral» puede ser una actuación de teatro o una actuación exagerada. 5. Los adjetivos relacionales se combinan con mayor frecuencia con nombres deverbales (derivados de verbos) que con nombres comunes. 7

6. Los adjetivos relacionales no se coordinan con los calificativos: * «una persona católica y simpática». 7. Los relacionales forman con los nombres una unidad muy compacta, de manera que los adjetivos calificativos o modales y los sintagmas preposicionales, si los hay, no pueden intercalarse: «la magnífica actuación policial» / * «la actuación magnífica policial»; «el posible avance americano» / * «el avance posible americano»; «la producción industrial de Francia» / * «la producción de Francia industrial». Esta característica de los adjetivos relacionales la denomina Violeta Demonte como la «estricta adyacencia». Todas estas características sirven para definir los adjetivos relacionales como una categoría claramente diferenciada de los calificativos. En resumen, podemos decir los la mayoría de los adjetivos relacionales no pueden usarse predicativamente, no pueden entrar en comparaciones y no tienen antónimos. Estas características no son inesperadas si tenemos en cuenta el carácter pseudo–adjetivo o cuasi–nominal de estos sustantivos. IV.1.2. Limitaciones en el uso predicativo de los adjetivos relacionales: En general, los adjetivos relacionales no pueden ser predicativos, pero hay ejemplos que contradicen esta afirmación: «Revista de occidente es una revista mensual» o «la comedia es musical» / * «la producción de la fábrica es mensual» o * «la producción es automovilística». La conclusión de Violeta Demonte es que la posibilidad de que un adjetivo relacional sea o no predicado no depende del adjetivo sino del tipo de sustantivo al que modifica. Si el sustantivo hace referencia a un objeto concreto, el adjetivo se puede utilizar predicativamente, pero si son sustantivos derivados de verbos (sustantivos deverbales) no. En ejemplos como * «la respuesta es docente» / «el problema es docente»; * «la actividad es militar» / «el cuartel es militar» o * «el transporte es aéreo» / «la panorámica es aérea», «respuesta», «actividad» y «transporte» son sustantivos deverbales, por lo que el adjetivo relacional que los acompaña no se puede utilizar predicativamente. Esto ocurre porque los sustantivos deverbales, al ser derivados de verbos, conservan el carácter de núcleo de la oración y igual que el verbo rige los argumentos de la oración, los sustantivos deverbales también los rigen. En casos como «la actividad militar» o «el transporte aéreo», la relación entre el adjetivo y el sustantivo ya no es una relación predicativa, sino sintáctica. Así, «la actividad militar» es «la actividad de los militares», donde «militares» es el agente de la acción expresada por el sustantivo. En «el sufrimiento materno», el adjetivo no indica el agente sino el que experimenta la acción. En casos como «la producción lechera» («la producción de leche»), el adjetivo relacional funciona como OD. y en otros «aterrizaje lunar» o «viaje espacial», el adjetivo funciona como un complemento locativo. No obstante, Violeta Demonte señala que hay también algunos adjetivos relacionales que complementan a nombres comunes que tampoco admiten un uso predicativo: * «el oso es polar», * «el partido es político», * «la orden es religiosa»… La explicación que da Violeta Demonte para estas excepciones es que en estos casos los adjetivos forman con los sustantivos una especie de compuestos, como si fueran una entidad única. IV.1.3. Características morfológicas: Las principales características morfológicas de los adjetivos relacionales son: 1. Los adjetivos relacionales son siempre sufijales y derivan de nombres, por lo que se pueden llamar también «adjetivos denominales de relación». 2. Suelen ir acompañados de prefijos preposicionales como ante–, pre–, anti–, neo– … (antediluviano, preelectoral, neoliberal…). La formación de adjetivos 8

relacionales de este modo es muy frecuente porque permite la creación de unidades concisas, contundentes y evocadoras: «empresas audiovisuales» frente a «empresas dedicadas a la comunicación por radio, cine y televisión». Por eso es más frecuente encontrar adjetivos relacionales en la prosa periodística que en la literaria y en la poesía. 3. El significado del adjetivo relacional depende en gran medida del significado del nombre al que modifica y también de información contextual. IV.2. ADJETIVOS ADVERBIALES: Un segundo grupo de adjetivos que estudia Violeta Demonte es el de los adjetivos adverbiales. Se trata de formas paralelas a los adjetivos calificativos pero que no añaden propiedades y se llaman así porque todos ellos son equivalentes al adverbio correspondiente terminado en –mente. Ejemplos: Una mirada fría  Miró fríamente; Un viaje largo  Viajó largamente; Presumible ataque  Atacaron presumiblemente. En «bebida fría», «fría» sería un adjetivo, mientras que en «mirada fría», sería un adverbio. En estos adjetivos, distingue Violeta Demonte dos grandes grupos: adjetivos intensionales y adjetivos eventivos. Vamos a estudiar cada uno de ellos. IV.2.1. Adjetivos intensionales: Los adjetivos intensionales indican cómo se aplica el concepto o instensión de un término a un determinado referente. Modifican la intensión, el concepto aludido, pero no la extensión, es decir, el objeto designado por el sustantivo. Por ejemplo, en «un niño flaco», el adjetivo «flaco» alude a un niño. Sin embargo, en la expresión «el supuesto asesino», «supuesto» se aplica a la intensión, al concepto de asesino, pero no hay que aplicarlo todavía al objeto porque es posible que no sea un asesino. En los adjetivos intensionales se pueden distinguir a su vez dos subgrupos: a) Adjetivos intensionales modales: En este grupo incluimos aquellos adjetivos que expresan necesidad o posibilidad de ciertas relaciones y acontecimientos («posible acuerdo», «necesario pacto», «probable invasión»…), aquellos que expresan la actitud del hablante ante esas relaciones y acontecimientos («seguro acuerdo», «feliz decisión»…) y los que expresan la actitud del sujeto («el brutal ataque a Irak» en el sentido de «fue brutal por parte de x atacar Irak» y no en el sentido de «fue un ataque brutal» que sería un circunstancial). Estos adjetivos van antepuestos al sustantivo al que modifican. Así, «un seguro acuerdo» expresa la certeza de que se llegará a un acuerdo, mientras que «un acuerdo seguro» equivale a un acuerdo bien establecido. No obstante, existen excepciones como «posible», que parece permitir la posposición: «una solución posible». Los adjetivos modales no admiten gradaciones ni pueden entrar en construcciones comparativas (no podemos decir * «Juan es más presunto agresor de Luis») porque no indican propiedades de las entidades. En este sentido, los adjetivos modales guardan una estrecha relación con los adverbios modales epistémicos, los que indican la actitud del hablante ante la certeza o no de lo que está expresando. b) Adjetivos marcadores o focalizadores de la intensión: Se trata de adjetivos como «único», «principal» o «verdadero» («verdadero amigo», «completo fracaso»…), que indican que el significado del sustantivo se aplica de una manera muy destacada al objeto mentado (de ahí que sean marcadores o focalizadores) y no es atribuible a otros posibles objetos que se encuentren en el mismo entorno. Así, «la verdadera objeción» es la que más satisface al hablante entre otras posibles objeciones. Estos adjetivos se asemejan a los adverbios marcadores y focalizadores de la actitud del hablante y también van siempre antepuestos («una simple mentira» / «una mentira simple»). 9

IV.2.2. Adjetivos eventivos: Los adjetivos eventivos dependen del hecho de que los sustantivos no designan sólo objetos o entidades físicas o abstractas, sino que también pueden indicar eventos (reunión, asesinato, huida…). Los adjetivos eventivos son modificadores de estos eventos o bien de sustantivos que, si se refieren a un objeto, lo hacen en tanto que ha acaecido en el tiempo, en el espacio y de una determinada forma (día, noche, cena, vacaciones, concierto…) o de aspectos que están temporalmente asociados, como los cargos y las relaciones de parentesco (jefe, alcalde, presidente, parientes…). Así, si hablamos de «los frecuentes viajes de Pedro», no nos estamos refiriendo a un acontecimiento particular, sino al hecho de que ese evento de viajar se realiza con una determinada periodicidad. Dentro de los adjetivos eventivos, Violeta Demonte distingue también otros dos grupos: a) Circunstanciales: Estos adjetivos modifican los aspectos temporales y situacionales del nombre («el antiguo presidente», «el siguiente presidente», «el cercano puente», «una breve jornada»…). Al igual que los adverbios, señalan la forma en la que se realiza la acción descrita por el sustantivo. Pueden aparecer tanto antepuestos como pospuestos sin que cambie el significado («el largo viaje» y «el viaje largo»), pero muchos de ellos pierden el significado circunstancial cuando aparecen pospuestos, funcionando entonces como calificativos, capaces de asignar distintas propiedades («la antigua casa» = la casa donde vivían antes / «la casa antigua» = la casa vieja). Por otra parte, la mayor parte de los adjetivos que modifican los valores temporales de ciertos nombres tienen una función a veces deíctica y otras veces anafórica. Así, en ejemplos como «el próximo invierno», «el actuar rector», «la semana pasada»… el significado depende de las coordenadas del acto de habla. Son exclusivamente anafóricas formas como precedente, sucesivo, siguiente… Adjetivos como contemporáneo, futuro, semejante, pasado… pueden ser deícticos o anafóricos. b) Aspectuales: Son adjetivos como frecuente, constante, permanente, reiterado, asiduo… que modifican la estructura temporal interna de la acción descrita por el sustantivo al que acompañan, es decir, indican si el acontecimiento descrito es completo o no, si es reiterado… Es por ello que los adjetivos aspectuales se aplican por lo general a nombres deverbales (viaje, visita…) y presentan más restricciones para referirse a estos eventos. Dice Violeta Demonte que los adjetivos aspectuales pueden anteponerse o posponerse sin que cambie su significado ni el de la frase de la que forman parte. Parecen tener pues las mismas características de los adverbios.

V. Adjetivos de tipo 1 o calificativos
V.1. FORMA: GÉNERO Y NÚMERO: Los adjetivos se asemejan en su forma a los sustantivos, con los que establecen una relación de concordancia dentro del sintagma nominal. En el sustantivo, el género y el número son inherentes, pero en los adjetivos, los morfemas de género y número dependen de los del sustantivo, de ahí que sean una cuestión sintáctica, de concordancia, no semántica. Así, Alarcos dice que «los morfemas del adjetivo no añaden ninguna información nueva y son meros índices funcionales de la relación que el adjetivo contrae con el sustantivo». A veces, dichos morfemas son relevantes, pero sólo cuando el sustantivo no se manifiesta explícitamente («crisis aguda» / «crisis agudas»). Según presenten marcas de género o no, se establecen dos grupos de adjetivos: adjetivos variables y adjetivos invariables. a) Adjetivos variables: Son los que presentan marcas de género, que pueden ser –o/–a (malo / mala) o Ø/–a (hablador / habladora). 10

b) Adjetivos invariables: Son aquellos que sólo presentan cambio formal con respecto al número, no al género. Son invariables los adjetivos terminados en –a (hipócrita), –i (marroquí, cursi), –ú (hindú) y los terminados en –bla, –ense, – ante, –ente, –iente (amable, jienense, estudiante, decadente, impaciente). Y también son invariables los terminados en consonante (precoz, fácil, familiar…). En cuanto al número, el adjetivo forma el plural del mismo modo que el sustantivo, es decir, se añade al singular la terminación –sustantivo después de vocal átona y –es después de vocal tónica (israelí–israelíes) y después de consonante (feliz–felices). V. 2. EL GRADO: El adjetivo atribuye una cualidad al sustantivo, pero el grado de esa cualidad puede variar: bueno / más bueno / buenísimo (grado positivo, comparativo y superlativo). Tradicionalmente se habla de «grado positivo» cuando consideramos el adjetivo como neutro en su atribución, sin ningún tipo de modificación. Y se habla de «comparativo» y «superlativo» cuando se trata de atribuciones que están modificadas en cierta forma. Siguiendo a Alcina y Blecua en su Gramática española, podemos distinguir entre «atribución puntual» (aquella que realizan los adjetivos sin establecer ningún tipo de comparación entre elementos, es decir, el grado positivo y el superlativo absoluto) y una «atribución relativa» (aquella en la que el adjetivo valora el objeto comparándolo con otros elementos). Dentro de la atribución comparativa distinguen entre una valoración comparativa (es más listo que…) y una valoración singularizada. En este último caso no se da una simple comparación, sino una intensificación considerada como excepcional frente a un grupo (el más listo de la familia). Estos dos tipos de valoración son los que conocemos con el nombre de «comparativo de superioridad, igualdad o inferioridad» y «superlativo relativo». V.2.1. Forma del grado de los adjetivos: En el comparativo, el grado se expresa anteponiendo al adjetivo un cuantificador (más, menos, igual, tan…). El superlativo relativo se expresa mediante la sustantivación del cuantificador (el más listo de la clase). En cuanto al superlativo absoluto, se construye con el cuantificador muy, pero también mediante sufijos y prefijos: a) Sufijación: El sufijo que se emplea en casi todos los casos es –ísimo, que se ha generalizado desde el siglo XVI. Muy culto es –érrimo. b) Prefijación: Se utilizan prefijos como re– o requete–, archi– (en retroceso), super– (en avance, sobre todo en el habla juvenil) y con menos frecuencia ultra– (ultrarrápido) e hiper– (hipersensible). A estas formas hay que sumar los escasos restos del modelo latino: «bueno–mejor– óptimo» / «malo–peor–pésimo», «grande–mayor» / «pequeño–menor»… También como consecuencia del modelo latino se producen algunas modificaciones en el significante: noble  nobilísimo (de nobile, no * noblísimo); fuerte  fortísimo; cursi  cursilísimo (cuya “l” viene de «cursilería»); joven  jovencísimo (cuya “c” viene del diminutivo «jovencito»)… V.2.2. La naturaleza del grado: Alarcos, en su Gramática de la lengua española, dice que la gradación no es un proceso exclusivo de los adjetivos, sino que algunos sustantivos, precisamente aquellos que por su contenido semántico permiten la cuantificación, también aceptan la gradación (más naranjas, más vino, menos agua…) y los términos comparados pueden ser también verbos (gasta más que gana). Por ello concluye Alarcos que el comparativo y el superlativo son rasgos semánticos que nada tienen que ver con la morfología del adjetivo, como demuestra el hecho de que otras categorías gramaticales también lo presentan. 11

De la misma forma piensa César Hernández Alonso, que dice que, al responder el grado a un criterio semántico y no morfológico ni sintáctico que son los que interesan a la hora de estudiar la forma de los signos lingüísticos, no es oportuno en gramática hablar de tales grados, sino, en todo caso, de ciertas cuantificaciones del adjetivo. Por otro lado, considera que el comparativo no cuantifica el contenido del adjetivo, sino que en todo caso establece una correlación entre dos elementos de la cadena. Sólo cree que se produce una intensificación del contenido del adjetivo positivo en el superlativo, pero él sólo considera como tal el superlativo absoluto. No obstante, Violeta Demonte sí incluye el componente semántico.

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