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~ LA PROFECIA ~

Capítulo 4: "La Sala de Isis"

Nos encontrábamos delante de la sala de Isis. La puerta aún estaba cerrada.


Javier estaba comprobando la panorámica del interior de aquella sala, mirand
o a través del monitor y rastreando con infrarrojos y sensores.

-Los sensores del robo-escáner no detectan nada extraño. La estructura de la


sala parece igual que la otra-dijo Javier mientras observaba la pantalla del
ordenador.
-En ese caso, vamos a abrir la puerta-dijo daniel al tiempo que se ponía delan
te de ella.

Daniel cogió la puerta y la abrió con mucha cautela, entonces Jose puso los
bloques que había traído para evitar que la puerta se cerrase. Mientras los
demás veíamos cómo hacían el trabajo. Miré el interior de aquella sala, ento
nces aquel escalofrío me recorrió nuevamente todo el cuerpo, sintiendo el im
pulso de entrar.

-Javier vuelve a escanear toda la sala-le pidió Daniel.


-¿Otra vez?, pero si ya había salido negativo el rastreo anterior-replicó él.
-Hazme caso, vuelve a rastrear la sala. Quiero estar seguro que todo está bi
en-le dijo daniel mirándolo muy seriamente.
-Vale-respondió Javier con desgana.

Javier volvió a utilizar el robo-escáner para verificar que todo en la sala


de Isis estaba correcto y que era seguro entrar. Pero parecía como si Javier
lo estuviese haciendo con mucha desgana, hizo tan sólo un rastreo con la cá
mara y nada más. Poco depués apagó el monitor del ordenador y le dijo a Dani
el:

-Sale lo mismo que antes. Hay dentro no hay nada.


-Bien, pues entremos-dijo Daniel justándose los guantes.

Era extraño, estaba como paralizada delante de aquella sala, pero con el ansi
a de entrar en ella. Mi cuerpo parecía estar habándome sobre aquel lugar, tod
a yo estaba temblando, pero aun así no sentía miedo, quería entrar, necesitab
a entrar en el interior de aquella sala.

-¿Estás bien Elizabeth?-me preguntó Daniel.


-¿Qué?Ah, sí, sí, muy bien. ¿Entramos?-le dije al tiempo que me aseguraba d
e que tenía todos los materiales de seguridad bien colocados.

Daniel se me quedó mirando por un instante, poco después se giró hacia los
demás y les dijo:

-Estad atentos a cualquier cosa.

Todos ellos asintieron con la cabeza. Tras ver que todo mi equipo estaba corr
ecto di el primer paso hacia el interior de aquella sala. Era como si mi cora
zón estuviese a punto de explotar d elo rápido que latía.
La sala era igual de espaciosa que la de Osiris y al fondo de ésta estaba la
estatua enorme de Isis. Daniel examinaba los jeroglíficos de las paredes de l
a sala, mientras yo me acerqué a la estatua para ver si en ella se encontraba
la otra mitad del Ankh al igual que en la otra sala. Comencé a mirar la esta
tua, pero parecía de lo más normal entonces cogí mi walkie talkie.

-¿Hola, chicos me oís?-dije a través del aparato.


-Aquí Laura, dime Elizabeth.
-Escanead con el robo-escáner la estatua de Isis, quiero comprobar algo-les d
ije al tiempo que seguía viendo la estatua de la diosa.
-¿Para qué quiere hacer eso?-se oyó de lejos por el walkie talkie.
-¡Cállate y hazlo! Ahora enseguida te decimos Elizabeth-me respondió Laura
.

Me aparté un poco de la estatua para que pudiesen escanerala mejor. Daniel s


e acercó a mí al ver que estaba hablando con los chicos a través del walkie
talkie.

-¿Pasa algo, Elizabeth?-me preguntó él.


-No, nada, sólo espero a que me den una información-le respondí un poco in
quieta.

Pocos minutos después mi walkie talkie hizo una señal.

-¿Elizabeth? Al parecer dentro de la estatua, a la altura del pecho, hay algo


. Pero no conseguimos definir completamente en la imagen qué es-le dijo Laura
tras el rastreo de la estatua.
-Fijaos bien. ¿No se parece la mitad de un Ankh?-le dije a Laura al timepo q
ue me acercaba a la estatua.
-¿Por qué dices eso, Elizabeth?-me preguntó Daniel extrañado.

Daniel también se acercó hacia la estatua y comenzó a mirarla. Parecía fasci


nado ante el detalle de la escultura. Minutos más tarde Laura volvió a poner
se en contacto conmigo a través del walkie talkie.

-Elizabeth tenías razón. Hemos ampliado la imagen lo máximo posible y parec


e ser la mitad de un Ankh lo que hay en el interior de la estatua. ¿Cómo lo
sabías?
-Una corazonada. Gracias chicos. Cambio y corto-dije poco antes de desconec
tar el walkie talkie.
-¿Cómo sabías eso?-me preguntó Daniel mientars me miraba fijamente.

Sin decirle nada me puse detrás de la estatua, mirando si había alguna for
ma de sacar aquella mitad del Ankh. Daniel seguía mirándome fijamente.

-¿Por qué me evades?-me preguntó él.


-No te evado. Sólo estoy pensando-le respondí intentando evadirlo.

Entonces Daniel me cogió del brazo y me miró fijamente, parecía enfadado


conmigo.

-Puedes contarme lo que sea, pero no quiero que me evadas-me dijo él en to


no de preocupación.
-Lo siento. No era mi intención-le dije apartando la mirada de él.

Daniel me soltó el brazo y comenzó a mirar la estatua sin decir una sola p
alabra. estaba examinándola igual que hacía yo hace un momento. Me sentía
mal por él, pero seguramente pensaría que estaba loca o algo así, aunque p
ensé que quizás él podría entenderme.

-En la otra sala encontré la mitad de un Aknh de madera que estaba dentro de
la estatua. Por eso pensé que en esta podría estar la otra mitad-le expliqu
é mientras me apoyaba en la estatua con la mirada cabizbaja.

Daniel se quedó mirándome fijamente y sonrió. Poco después se acercó hacia


mí y me acarició la cara dulcemente.

-¿Eso es todo? Llegué a pensar que había algo peor-me dijo él sonriéndome.

-Yo..., no quería que pensases...-intenté decirle.

Ante de que pudiese terminar la frase Daniel me puso su dedo índice en los
labios para que no continuase hablando. Parecía entenderme sin necesidad de
que las palabras fluyesen entre nosotros. Mi corazón volvía a latir con ra
pidez, pero esta vez era porque estaba junto a Daniel, quizás estaba empeza
ndo a gustarme.
Daniel se puso delante de la estatua mirándola fijamente intentando averigua
r la manera de sacar la mitad de aquel Ankh, pero era imposible, la única ma
nera de sacarlo era romper la estatua. Pero sólo de pensar en aquello me dab
a miedo decírselo a Daniel, era una auténtica locura, casi un sacrilegio, ro
mper una estatua tan valiosa.

-Sólo podemos hacer una cosa-dijo Daniel tras examinar varias veces la estat
ua.
-¿Qué?-le pregunté intrigada.
-Hay que romper la estatua. Es la única forma-explicó él.

Me acerqué hacia Daniel mirándolo realmente sorprendida por lo que acabab


a de decir.

-¿Estás seguro?-le pregunté muy sorpendida.


-Que escondiesen dos mitades de un Ankh en las estatuas de los dioses es r
ealmente extraño. Quiero averiguar por qué lo hicieron-me respondió él tot
almente convencido.

En mi interior yo también sentía lo mismo. Todas aquellas sensaciones que


sentía, quizás aquellas mitades podrían desvelarme por qué me sentía de aq
uella manera cuando estaba cerca del templo. Los dos nos acercamos hacia l
a estatua y nos pusimos detrás de ésta, ambos preparadaos para empujar la
escultura para hacerla caer y que se rompiese por el impacto.

-A la de tres-dijo Daniel.

Daniel contó hasta tres y ambos hicimos fuerza contar la estatua para echar
la abajo. Entonces cuando parecía que la estatua comenzaba a ceder Daniel p
isó una baldosa que estaba semisuelta.

-Maldición-dijo daniel dejando de hacer fuerza contar la estatua.


-¿Daniel, qué pasa?-pregunté extrañada.

Daniel miró la baldosa que había pisado. Poco depsués comenzaron a oírse u
nos engranages, como si algo estviese a punto de abrirse.

-Creo que he activado una trampa-dijo daniel al tiempo que quitaba el pié de
aquella baldosa medio suelta.
Antes de que pudiésemos reaccionar miles de agujeros aparecieron por las p
aredes de aquella sala. Me asomé para ver qué se había activado y vi aquel
los agujeros, que me daban un mal presentimiento.

-Tenemos que irnos ya-le dije a Daniel cogiéndolo de la mano.

Cuando nos disponíamos a avanzar de aquellos agujeros salieron una infini


dad de flechas que desgarraron en pocos segundos las cuerdas de seguridad
, alcanzándome la primera de ellas en el hombro derecho.

-¡Elizabeth!-gritó Daniel estirándome hacia él al ver aquello.

La flecha me había impactado de lleno, estaba toda cubierta de sangre y sen


tía un dolor horrible. Daniel me acostó en el suelo. La zona en donde se en
contraba la estatua era la única en donde las flechas no llegaban, pero nos
habíamos quedado atrapados ante la imposibilidad de avanzar ya que seguram
ente la flechas nos alcanzarían.

-Tranquila Elizabeth-me decía daniel para que me tranquilizase.


-Me duele-era lo único que podía decir en aquel momento.

Daniel cogió la flecha y la partió por la mitad, di un gritó por el dolor q


ue aquello me causaba. Poco después Daniel me puso de costado para sacarme
el resto de la flecha. Antes de que lo hiciese me cogió de la mano, e inmed
iatamente después empujó la flecha para sacarla de mi cuerpo. Intenté aguan
tar el dolor pero era muy difícil, grité y grité pero luego sentí un leve a
livio a aquel dolor que aún sentía. Rápidamente Daniel se desgarró parte de
su camiseta y la utilizó como vendage para comprimir la hemorragia de mi h
erida. Al timepo que comprimía fuertemente mi herida, con la otra mano sacó
su walkie talkie para hablar con los chicos.

-Chicos encontrad la manera de sacarnos de aquí ya-les dijo preocupado por


mi estado.

Daniel dejó en el suelo el walkie talkie y se sentó para cogerme en sus bra
zos, al timepo que seguía comprimiendo mi herida.

-Daniel, tengo miedo-le dije con pocas fuerzas por la pérdida de sangre.
-No te preocupes, los chicos encontrarán la manera de sacarnos de aquí-me r
epsondía él con su mirada.

Mientras en la sala principal los chicos debatían la manera de sacarnos de


allí. Juan pensó en enviar al robo-escáner hasta nosotros utilizándolo de e
scudo, pero Javier se opuso porque el aparato era muy caro y no era demasia
do grande como para cubrirnos todos los francos. No conseguían ponerse de a
cuerdo y mientars tanto el timepo iba transcurriendo.
Habían pasado varias horas sin encontrar ninguna solución. La hemorragia y
a había cesado, aunque aún me encontraba algo débil por la pérdida de sang
re. Daniel parecía exasperado por la tardanza de los chicos en rescatarnos
.

-Daniel, tranquilo-le dije mientras acariciaba su cara.


-¿Cómo te encuentras?-me preguntó él muy preocupado.
-Mejor-le dije para que no se preocupase tanto por mí.

Miré hacia la estatua pensando en que podíamos utilizarla como escudo para
salir de allí, pero era demasiado pesada para cogerla y en mi estado era to
talmente imposible arrastrarla hasta la entrada de la sala. Más tarde los c
hicos intentaron varias acciones para sacarnos de allí, pero ninguna de ell
as funcionó. Comenzaba a sentirme mareada.

-¿Estás bien?-me preguntó Daniel al verme más pálida.


-Sí, sólo necesito moverme un poco-le dije intentando levantarme.

Daniel me ayudó a levantarme, las piernas las tenía un poco temblorosas por
el tiempo que había estado recostada, pero se me pasó al cabo de unos minu
tos. Daniel me tenía cogida de la cintura para que no cayese, estaba muy ce
rca de él, sé que aquella no era la mejor situación posible pero me sentía
muy bien estando a su lado. Pasó más tiempo, aún seguíamos aislados en el f
ondo de la sala, las flechas seguían apareciendo sin cesar, sin darnos la p
osibilidad de salir de allí. Me encontraba mucho mejor al haber caminado un
poco, aunque aún sentía algo de dolor y la herida sangraba un poco todavía.

-Ya estoy mejor Daniel, puedo caminar yo sola-le dije mientras me soltaba de
él.
-¿Estás segura?-me preguntó muy preocupado por mí.

Le asentí con la cabeza y poco después me acerqué hacia la estatua observán


dola. Entonces aquel escalofrío volvió a invadirme, un escalofrío que me he
laba la sangre. Sentía el impulso de romper aquella estatua que parecía mir
arme fijamente, no sé en realidad el por qué, como si algo se apoderase de
mí comencé a darle patadas sin cesar a la estatua. Daniel corrió hacia mí y
me cogió por detrás.
-Elizabeth, tranquilízate. ¿Qué estás haciendo?-me decía Daniel impidiendo
que continuase.

No podía parar. Me quité a Daniel de encima y seguí golpeando con furia la


estatua hasta que conseguí que cayese al suelo y se partiese por la mitad.
De pronto, fue como si despertase, me di cuenta de lo que había hecho. Mi h
erida comenzó a sangrar de nuevo, la sangre fluía cayendo por todo el brazo
. La cabeza me daba vueltas, estaba mucho más pálida, a punto de caer al su
elo por el sobreesfuerzo.

-Elizabeth-dijo Daniel mientras me cogía al ver que estaba a punto de caer al


suelo.

Me hizo sentarme en el suelo. Volvió a poner su mano en mi herida para co


mprimir la hemorragia.

-¿Qué ha pasado?-le pregunté a Daniel aturdida.

Daniel me abrazó muy fuerte y después de separarse de mí, me miró dulceme


nte y me dijo:

-Nada, no te preocupes.

Estaba agotada, los ojos se me cerraban solos, sólo quería dormir. Me quedé
dormida en brazos de Daniel. Habían pasado muchas horas desde que entramos
en el sala, ni siquiera teníamos agua. Daniel me recostó completamente en
el suelo para que descansase, él se levantó y vio que entre los añicos de l
a estatua se encontraba la otra mitad del Ankh. La cogió y tras mirarla por
unos instantes se la guardó el el bosillo de su pantalón.
Mientras yo dormía los chicos aún buscaban la manera de sacarnos, y aunque
Daniel parecía exasperarse aún confiaba en que nos sacarían. Con lo que r
especta a mí, estaba teniendo un sueño de aquella misma sala, en la que se
mostraba que el último de los agujeros estaba a una distancia de unos 30
o 40 cm del suelo, distancia más que suficiente para que una persona total
mente apegada al suelo pudiese avanzar. Me desperté inmediatamente después
de ver aquello.

-¿Daniel?-pregunté al ver que no estaba junto a mí.


-Estoy aquí-me respondió él poniéndose a mi lado.

Me alegré al verlo a mi lado, instintivamente lo abracé para asegurarme de


que era él. Daniel me devolvió el abrazo sin decrime nada. Mientras estábam
os abrazados vi la distancia de los últimos agujeros, parecía ser la misma
que en mi sueño.

-Daniel mira-le dije señalando el último d elso agujeros.


-¿Qué ocurre?-me preguntó él mientars los miraba.
-¿Crees que pueda haber una distancia de 30 o 40 cm hasta el suelo?-le pregu
nté.
-Sí, es posible. ¿Por?
-¿Distancia suficiente para que una persona totalmente acostada pueda pasar
?-le seguí preguntando.

Daniel se me quedó mirando, había entendido perfectamente cuál era mi inte


nción, aunque no parecía muy convencido de la idea, porque al menor movimi
ento incorrecto o indicio de levantarse seráimos atravesados por las flech
as.

-No me convence demasiado, pero es lo único que puede funcionar-me dijo D


aniel al tiempo que se levantaba.

Se giró hacia mí y me extendió su mano para ayudarme a levantarme. Al lev


antarme me sentía unpoco mareada, Daniel se dio cuenta y me cogió nuevame
nte de la cintura para que no perdiese el equilibrio.

-Debemos ir despacio y lo más apegados al suelo-me dijo Daniel con la mira


da muy seria.

Tras asentir con la cabeza nos dispusimos a quitarnos todos los materiales
de seguridad que llevábamos. Daniel me ayudó a quitarme los míos y poco d
espués me ayudó a estirarme en el suelo. A continuación Daniel también se
estiró por completo en el suelo y me cogió d ela mano, cuando vi su mirada
tan dulce a la vez que firme, sentí que mi corazón daba un vuelco. No sé
pero cada vez estaba más convencida de que estaba sintiendo algo por él.

-No me sueltes la mano-me dijo daniel antes de comenzar a avanzar.

Comenzamos a arrastrarnos poco a poco, nuestros cuerpos estaban a una dis


tancia casi inexistente de los agujeros de las flechas lo que hacía que a
vanzásemos de manera aún más lenta. Seguimos avanzando cuando de repente
sentí un dolor punzante en el corazón, mucho más fuerte que los pinchazos
que había sentido con anterioridad, y me quedé totalmente quieta ya que
no podía moverme, Daniel que aún tenía mi mano cogida me preguntó:
-¿Qué te ocurre?
-No puedo moverme. Déjame, sal de aquí sin mí—le dije a Daniel.
-Nunca te dejaré-me dijo mientras me cogía la mano con mucha más fuerza.

Pero se negó rotundamente a salir de allí sin mí. El corazón me latía a mil
por hora, cogí aire e hice el esfuerzo para seguir adelante aun teniendo aqu
el fuerte dolor en el corazón. Ya nos quedaba poco para llegar a la entrada
de la sala en donde estaban todos esperándonos.

-El último esfuerzo Elizabeth-me decía Daniel para animarme.

Aún seguía sintiendo aquel dolor, notaba como todo mi cuerpo se entumecía p
or su causa. Por fin llegamosa la entrada de la sala, los chicos corrieron
hacia nosotros y nos ayudaron a levantarnos. El dolor que sentía hacía apen
as unos instantes había desaparecido, estaba confusa, entonces Daniel me ab
razó muy fuerte, sus ojos estaban llorosos. Cuando me soltó se giró disimul
adamente para secarse las lágrimas, antes de que pudiese decirle nada als c
hicas se lanzaron hacia mi abrazándome muy fuerte.

-Estábamos muy preocupados-dijo Clara.


-Sentimos no haber podido sacaros de allí-decía también Laura.
-Chicas, siento romper el momento, pero me estáis haciendo daño en la herid
a.
-Lo sentimos-dijeron las dos apartándose de inmediato.

Ambs me cogieron para ayudarme a avanzar, necesitábamos salir del templo pa


ra respirar aire puro. Ya estando fuera de éste nos dirigimos hacia la lona
donde estaban los objetos para sentarnos y estar bajo la sombra.

-Tomad-nos dijo Juan dándonos una botella de agua fría a daniel y a mí.

Cogimos las botellas y comenzamos a beber sin parar, casi nos la bebimos d
eun trago. Entonces llegó Jose con el botiquín para verme la herida. Me q
uitó el vendage que Daniel había hecho y con mucho cuidado cortó mi camise
ta para examinar mejor la herida. Dejé de beber y me puse la botella en la
frente para refrescarme.

-Vaya-dijo algo sorprendido Jose.


-¿Qué ocurre?-se levantó preocupado Daniel.
-Tranquilo, no es nada serio. Es que al ver tanta sangre pensé que la herida
sería más grave-respondió Jose al tiempo que me desinfectaba la herida.
Daniel se acercó para ver lo que Jose le había dicho, en ver la herida parecía
sorprendido.

-¿Qué pasa?-le pregunté extrañada por su reacción.


-Nada, no es nada-dijo él intentando pormenorizar la situación.

Tras desinfectarme la herida Jose me la vendó.

-Estarás completamente bien en un par de días-me dijo Jose al tiempo que cer
raba el botiquín.
-¿Estás seguro que no es necesario llevarla a un hospital?-le preguntó Danie
l preocupado.
-No, su herida es superficial, sólo ah sido un rasguño. En un par de días esta
rá bien-le respondió jose mientars cogía el botiquín para dejarlo en su sitio.

Daniel se sentó frente a mí, mirándome fijamente mientras bebía un poco má


s de agua. Parecía que estuviese extrañado de que me encontrase bien. Dejé
la botella de agua encima d ela mesa y me levanté.

-Voy a acostarme un poco, estoy cansada-les dije a todos antes de dirigirme


hacia mi tienda.

Daniel se quedó mirándome sin decir nada viendo como me iba a mi tienda.
Estaba muy pensativo.

-Menudo susto, y pensar que todo esto ha sido por ese Ankh-dijo Clara antes
de dar un trago de agua.
-La culpa no ha sido del ankh sino de Javier-dijo Laura mirándolo muy enfa
dada.
-¿Pero qué dices?-le replicó él.
-Si hubieses escaneado bien la sala hubieses encontrado la trampa-decía Lau
ra señalándolo con el dedo.
-¡Yo hice bien mi trabajo! No es culpa mía que no apareciese en el escáner.
Además,no me señales con el dedo-dijo Javier furioso.

Daniel dio un golpe en la mesa para que dejasen de discutir.

-Dejad de pelear. Nadie tuvo la culpa son cosas que pasan-dijo Daniel al tie
mpo que metía su mano en el bolsillo.
De él sacó la mitad del Ankh que había cogido de la sala de Isis. Se lo dio a
Juan para que lo dejase junto a la otra mitad. Juan buscó, entre los objetos
de la mesa, la otra mitad, y teniendo las dos en sus manos vio que parecían
poder unirse. Juntó las dos mitades formando lo que parecía ser una llave.

-Quizás sea la llave de alguna cámara oculta en el templo, eso explicaría


la seguridad que rodeaba las piezas que hemos encontrado—dijo Laura.
-¿Qué creéis que pueda haber en esa cámara de la que habla Laura?—dijo Cl
ara.
-Probablemente algo relacionado con los dioses que se veneran en el templo-
dijo Javier.
-Buscad información al respecto, pero no quiero que nadie entre al templo s
ólo. ¿Entendido?-dijo Daniel muy serio.

Tras decir esto Daniel se dirigió hacia mi tienda. Estaba tumbada en la cam
a con el pelo totalmente suelto y sin las botas. Aún me sentía un poco mal,
aún estaba algo nerviosa por aquella situación que habíamos vivido dentro
de la sala. Me toqué el hombro, aunque no lo parecía estaba extrañada por l
a herida, juraría que me atravesó.

-Tu también crees que es extraño, ¿verdad?-dijo Daniel en la entrada de mi t


ienda.

Me incorporé rápidamente y vi que se trataba de Daniel. Me acerqué al bor


de de la cama y me quedé sentada mirándolo.

-No te entiendo-le dije.

Daniel se acercó y se sentó junto a mí en la cama. Entonces miró mi hombro


y luego me miró fijamente a los ojos.

-La flecha te atravesó. Perdiste mucha sangre. En cambio sólo tienes una her
ida sin importancia.

Le aparté la mirada y me quedé mirando hacia el suelo. Yo tampoco me explic


aba cómo había podido pasar algo así. Seguramente creía que era un bicho ra
ro o algo así. No sabía qué decirle, ni siquiera podía mirarlo a la cara. E
ntonces él me cogió de la mano.

-No quiero que pienses que te estoy sermoneando ni nada por el estilo. Por
tu expresión sé que tú tampoco sabes cómo ha ocurrido. Yo jamás te haría
daño-me dijo Daniel al tiempo que se acercaba más a mí.
-Tengo miedo y no sé qué hacer-le dije mirándolo preocupada.

Entonces Daniel me abrazó muy fuerte.

-Yo siempre estaré contigo. Pase lo que pase-me dijo sin dejar de abrazarme.

Cuando se separó de mí me quedé mirándolo. Mi corazón estaba acelerándose


. Entonces Daniel se acercó a mí y me besó. Aquel beso me pilló por sorpr
esa y me puse colorada. Daniel también sentía algo por mí, me lo acababa
de demostrar, me sentía feliz. Me di cuenta en aquel momento de que estab
a segura que sentía algo por él.

-Elizabeth, yo...-me dijo tras aquel beso.

Le puse mi mano en los labios para que no dijese nada, no me hacía falta.
Poco después lo rodeé con mis brazos y lo besé dulcemente. Estuvimos besán
donos durante un largo tiempo. Sus labios no se separaban de los míos y la
pasión entre los dos se hacía cada vez más intensa. Daniel se separó de m
í y empezó a quitarse las botas mientras yo me acostaba mejor en la cama,
se puso encima de mí y continuamos besándonos con más pasión que antes.

-Sé que es poco tiempo el que nos conocemos pero jamás me había enamora
do de alguien de la manera en que me he enamorado de ti-me dijo Daniel
mirándome dulcemente.

Se había enamorado de mí, aquello me resultaba tan extraño, él me gustaba p


ero no sabía si estaba enamorada de él. No sabía qué contestarle, no podía
decirle que yo también estaba enamorada de él, aún no estaba segura de ello
.

-No hace falta que digas nada. Sólo quería que lo supieses-me dijo él antes
de continuar besándome.

Al poco tiempo comenzó a besarme el cuello, la pasión estaba en el aire. Ent


once sin darse cuenta se apoyó sobre el hombro en el que tenía la herida.

-¡Ah!-grité por la herida.


-Lo siento-dijo inmediatamente él apartándose-¿estás bien?
-Sí, pero creo que será mejor dejarlo para otro momento-le dije mientars m
e incorporaba cogiéndome el hombro por el dolor.
-Claro, lo siento. Me iré ahora mismo-dijo él intentando salir de la cama.
Lo cogí del brazo impidiendo que pudiese marcharse.

-No quiero que te vayas. ¿Puedes quedarte conmigo, por favor?-le dije mirán
dolo con ojos tiernos.

Daniel asintió con la cabeza y sonrió. Se acercó a mí y me abrazó tenien


do cuidado d eno hacerme daño en el hombro. Nos quedamos los dos acostad
os en la cama, rodeada por los brazos de Daniel que me daban mucha tranq
uilidad y protección. Quedándonos los dos dormidos.
Al cabo de unas horas me desperté y Daniel seguía durmiendo sin dejar de a
brazarme por un instante. Quería levantarme para estirar un poco las piern
as. Con mucho cuidado de no despertarlo me quité el brazo de Daniel que me
rodeaba. Me vestí deprisa pero en silencio, le di un beso tierno en los l
abios y salí de puntillas de la tienda. Cuando salí vi que ninguno de los
chicos estaba fuera, lo más probable es que se encontraran investigando al
guna cosa que Daniel les habría mandado. Decidí acercarme hacia los objeto
s antiguos que estaban encima de la mesa mientras me hacia una coleta baja
con la goma del pelo, cogí uno de los jarrones para mirarlo cuando de rep
ente en mi cabeza me vinieron las imágenes del sueño que se me repetía des
de el día en que llegué a la excavación. En ese sueño aparecía yo de antig
ua egipcia huyendo de algo y entre las manos llevaba un papiro que guardab
a en un cofre de color negro en una sala totalmente oscura. Dejé de inmedi
ato aquel jarrón encima de la mesa y aquellas imágenes desparecieron de mi mente.

-Pero, ¿qué significa esto?-dije sin comprender nada.

Me senté en una silla, era imposible lo que acababa de pasar. Ese extraño
sueño, pero ahora no estaba durmiendo, por qué por qué me persigue. Qué
significa. La primera vez que tuve aquel sueño sólo corría, en poco tiemp
o se expandió hasta que llevaba un papiro y ahora veo que lo guardo en un
cofre, es como si el sueño fuese un rompecabezas y cada vez que me acerc
o al templo o a algo del mismo aparece algo nuevo. Ahora estoy más segura
que antes, debo averiguar qué me está pasando porque esto no era normal.

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