– ¿No hay amor? – No. – ¿Ni siquiera un poquito? – Absolutamente nada.

– ¿Y de qué te vale todo eso, si al final del día no significa nada? Si abandonas sus sábanas y tu vida continúa siendo la misma; si le entregas todo para que luego lo deseche. – No se trata de donarle tu esencia y pretender que la custodie, se trata de prestársela y confiar en que hará buen uso de ella. – No lo entiendo... – Tiene que ver con el tacto. Me refiero a la tersura de su piel y la crudeza de sus caricias. Hablo de comprender que con cada mordisco se escribe una historia; de saber que lo que está ocurriendo es trascendente solo por el hecho de estar gozando juntos del placer más absoluto. Y lo descubres con solo descifrar su aliento. Me refiero a su lengua dominando tu corazón, que hostiga desbocado tus huesos con sus latidos. Ser consciente de que sus besos -y los tuyos- exploran los rincones deseados a vuestro albedrío. Basta con seducirte para rasgar tus emociones y dejar que beban de cada abrazo, roce o arañazo. Puede que no la ame, no; pero te aseguro que adoro cada movimiento, cada decisión que toma. >> Porque bridarle tu cuerpo y recibir el suyo a cambio puede ser mejor o peor, pero nunca malo. ¿Cómo va a ser malo rendirse a lo lascivo? ¿Por qué es un error respirar de esa extraordinaria satisfacción? Claro que vale la pena, siempre vale la pena. Y es que al final del día, tu cuerpo es tuyo y tu mente te pertenece; son los recuerdos compartidos los que continúan flotando entre nuestros dedos.

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