Fiesta de Santa Brígida, patrona de Europa ¡Es Cristo quien vive en mí!

Lecturas: Gal 2, 19-20; Sal 33; Jn 15, 1-8 La carta a los Gálatas expresa con gran claridad la experiencia esencial de San Pablo y de todo cristiano: una vida que es Cristo mismo, un dejar que Él vaya tomando entera posesión de todo nuestro ser, de todos sus pensamientos, sentimientos, actitudes y acciones, de tal manera que pueda decirse que “vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.” Esta inhabitación de Cristo en nosotros no significa la destrucción de nuestra propia personalidad, como si ésta fuera anulada por otra, todo lo contrario: todas las potencialidades de nuestro ser son llevadas a su máxima realización por la gracia de Cristo. Y esta experiencia es la que San Pablo quiere transmitirnos una y otra vez, y que puede ser muy bien el resumen de lo que es ser cristiano, que mas que pertenecer a una religión determinada significa un vivir de un modo totalmente pleno todo lo que significa ser humano, y al mismo tiempo elevado, divinizado, transfigurado y bendecido por el amor que nos transmite el mismísimo Hijo de Dios. La única condición necesaria es la firme convicción, la fe, de que esto es así: “mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí”. Pues nosotros no creemos tanto en una serie de creencias o ritos, sino en el Amor que una persona tiene por nosotros, y esa persona es Cristo, que no es otro que Dios-con-nosotros, revelación plena del Corazón del Padre, Vid verdadera, comunión íntima de personas, dependencia vital, fuerza salvadora. Así lo expresó el mismo Cristo con la imagen evocadora de la vid: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante”, pues el único modo de permanecer pegados a la vid que da la vida es manteniéndose unidos orgánicamente, físicamente pues cualquier separación o corte que pueda producirse tendrá como resultado la muerte del sarmiento. Jesús insistió en este vínculo con Él en la última Cena al darnos de beber su sangre, como Él mismo explicó en otro lugar: “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.” (Jn 6, 56). De este modo, ser cristiano no es otra cosa que permanecer unidos íntimamente a Cristo por la comunión en su Cuerpo y en su Sangre, que irá produciendo en nosotros el fruto transformador de unos pensamientos, sentimientos y actitudes como las suyas. Que el Señor nos conceda que nada pueda separarnos de su amor, y podamos decir también nosotros ¡es Cristo quien vive en mí!

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful