Carlos Ríos MEDIA ROMANA

jaibasbibliopiratas

1. El matadero de Duisburgo

ha sido así que vamos, marcados para morir en el esplendor del siniestro Wilson Bueno

1. Junta de carnes exhibiéndose en parcelas a fines del remate: 20 cabezas tras inmóviles vacunos, sus camisas de cebo raspando en el declive, menos un pálpito entre desalojos que la visa caduca por aquellas mangas: usos del reglamento y ajuste de viseras en la caravana oficial, a tiempo cuando inclinan la matanza; bestias, en alza lo difuso del envío, el punto de ser músculo donde despeña por falta de gobierno: pasivo el saco blando de ternera que rebaja, a menos de un segundo, rueda de abrojos llagándose en plegarias del abasto: fregarse más que nada entre bovinas o rejuntes de la grasa, el genital sebáceo

en muda por volúmenes caídos, esquinadas hembras en bastidores agrios: sudarios que resecan al oreo de la rejilla, y duro el pleno barro jugando lo descalzo en la explanada; en punto, marcados morros a rayas palatinas tras la emboscada de la afasia: cañamazo sobre la dentadura y desagües en el acto de morder: prendas rojas a la luz, réplicas que bajaron la nave entre azulejos: sus pasos fríos, de cámara ya muertos: en bordes del sellado, fijando en el mercado de valores la densa caloría: ¿habrá comercio de la sangre, por contagio de su merma? no, argumenta impune el ganglio yendo entre suministros si el mazo aísla su antepecho; a seco, esos frenillos sin endosar: arreos al esquive de cuerdas, graso el entrecejo que dispone servicio y colgadero; ni bien entran las otras contrapeso en su descarga y pasan, diosas enganchando la falda en la tranquera.

(el carniza achicando la res media: a un lado el hueso, la pulpa sin maniobra, la víscera y el pobre olor para el tercero; la pública res, por caso pendía de lo dórico otras veces de lo jónico, y lo corintio como una divina protesta en tanto cuerpo)

2. en vano buscan al carnifex de turno durante el mes de parto, sus falanges casi en contigüidad: uno del Limerick portador de aceros nobles al oficio, religioso por señas (tomando una Guiness se lo veía esperar el corte próximo, tal vez pensando en Arthur McBride) su nombre, alguien sería capaz de recordar ahora, el irlandés, ese de la carnicería pegada a la estación, haciendo diagonal con la casa? -envolvía las partes blandas en papel de madera: ¿acaso Davy Spillane, corredor de mujeres en la sección oeste? ¿lo encontrarían en los rojos del Bajo donde fue corresponsal? ¿volverá? decían por lo bajo sus clientas y sin entender nada: insistiendo en el corte del marido extranjero, su velocidad soltera en el moldeo del mango; esa, en su tienda, de hecho un hervidero...

3. trepas en el camino del traslado: treinta cuadras o más, travesías, el replique del paso y su musgo rectilíneo, de goma en el asfalto; arpilleras de tintes al vinagre, la carne por el carro a la sazón; vértebras que subastan como anillos en la ceremonia del troceo: astas en sumario de cauterización, cercos de sangre al cumplirse su anticipo; las particiones o el desuello por la casa, en razón de la familia (con el resto de sangre que no iba hacia las tortas, los niños maquillaron sus juegos de guerra) el frío ofrecía perfecto, sólido su natural conserva: y las cabezas, aquello último en comerse, lejos de descomponer lucían,

sin ojos como nuevas.

4. parapeto de nalgas bien destacadas, uniformes, rancia la grasa, indivisa en su reflejo: despeja el lunes, temprano y sajan sin reparo en la babesia bovis; la pieza involuntaria, dócil en la mistura, al desarme fascias cuando ceden sus cadenas de conexión; sangres que estipulan al rombo del mosaico su caricatura (sin clamor anidan, reacios y abanderan la lengua si se habla del asunto, espartas frigoríficos) por esos días el acero, el ir por partes: decomiso de vísceras en bajo sostén, el corte ya sin gremio de ruta, afeites friccionando el índice de cueros, res en trasiegos de facturación impar: licencias,

excedentes, secciones de pezuñas que tropiezan en la intervención; ubres, balances: ejercicios, en ensamble el filo sin sutura, las reses y sus ojos de vinagre o manzana, listas -yuxtapuestas en el amor, cansadas.

5. ejemplares en secuestro de vecinas estancias llevados a la rastra, vivos para dar un justo rendimiento; el verano, su linóleo en plena degradación... acecinan, sin esperar al oficial que transa su relevo en el balcón de la tienda: (de no terciar sus reses, cortinas de parásitos les caerían como hunos) al hendir trenzan los cueros, espartas: oficio cortador de tensos pliegues en mucosa, la vanidad del tendón al envolverse sobre el cuerpo extraño, filoso que es su visita: caen cual perchas de aire, mosquitas de la carne que prescriben en el entrepiso, lianas de cuero en el sudario seco de la repartición: el cuello, ópera abierta, sin

sales que corten por lo sano, los carnizas presos en la inconsulta merma: inflan vejigas y al aire les disparan, veloces, proyectiles desnudos sobre el campo marrón.

6. a expensas de sus jugos la carne macera, se distiende y corre inevitable hacia un sostén nutricio, una madre en sí misma sin sangres ni leche que ofrecer a su pequeño; ha seguido viaje, aún después de muerta y en tanto trajín ajaron su silueta de arma inmensa, indecisa y a punto de cocinarse en su defensa.

7. herrajes sin sonido en el hueso, partituras de óxido bajo la cornamenta, ojos de salario permeable al diente que es su brillo: virando la escabechina sus morados flejes, columnas que arrasan en la desproporción, escudos que hacen de mostradores ante el vacuno si pasó a mejor vida; por lo blando se socarra, ahora un perro canario y falto de una oreja interpela el pringue que sobrevive en los tobillos; el paso a nivel imposible, y con llevar una canasta alcanzaría de sobra, una semana...

2. MEDIA ROMANA

De entre los animales, todo el de pezuña y el que tiene las pezuñas hundidas y que rumia, éste comeréis Lev. 11, 1

I Esteros del limes danubiano, campamento de los apologetas que estiran la marcha con el padre del impensado Cómodo. Aún la peste no había cruzado las esquinas, y al estoico no le quedaba otra satisfacción que dar cumplida en forma su maniobra. Usos en el mediodía europeo. Ni el opio en su ojo claro modera los rumores binarios del estómago. Al menos esa tierna vizcacha, si tan sólo la extraviara su segunda vuelta, y ni siquiera. Pasan los partos, con la carne enferma por su cicatriz; bocas que arriman,

danubias la oración roma a la bovina, como si nada, aquello tuviesen que perder.

II En la roca aislada por su espina, los que practican el dialecto varón ya se confiesan: -No desdeñes la muerte. Antes bien, acógela gustosamente, en la convicción de que ésta también es una de las cosas que la naturaleza quiere.

3. EXPOSICIÓN DE JIMÉNEZ MORCILLO

le hurta de sus establos cuatro toros arrogantes de alzada y otras tantas novillas de llamativa estampa. Y para que las huellas no indicasen el rumbo directo hacia la cueva los va arrastrando hacia ella tirando de la cola, las pisadas en dirección contraria, y oculta su rapiña en las sombras de la roca. Virgilio

Saludos al bovino barrazo, las saladas congruencias del cebón gallego. También una especial licencia al semental de cruce pirenaico. A cada lado brillan los objetos, arrimados sin ganas por torpes secundarios, manos de rosario volviendo en sus pertrechos; parveras... vacas de san antonio, eczemas en el parvulario; menguados toros elongan la farsa de sus cueros: libras de calce interino que prenden risas, babas del diablo... (una liebre corre, se desmaya en el hueco,

tras lucir como perla en el prisma barato del forraje) enfilan, bestias partiendo como ojales a la tela de pasto, sordas en el rebaje que ausenta el comedero; ...allí empezaron a entregar la carne a la romana: tantos hombres, tantos kilos, aunque bien abundantes...» (1918) [almuerzan] el exilio del disco hace las veces de plancha, sin relieve y ahora la huella que piensa la semilla: un pañuelo rojizo se funde en el metal, inútil simulacro al percudir el ánimo del fuego; los más hambrientos, en tanto, trinchan un escroto y lo ponen a secar... lejos del humo la parrilla: alumnos cuando se alzan en lo verde -ni por asomo la lección, al dar la notay el increíble Eduardo, que se unta con jabón las piernas, por los mosquitos,

dice, es risa de los escolares que baja como telón de fondo, vacío, estornudos preparando desde el polvo la separación. -No hay alegría sin castigo: la penitencia advierte en continentes de platería nómade, vajillas en el recurso de sus filigranas; jabonan, y en el arroyo huesos sin derivar. [cuesta abajo] y se habla por boca de cualquiera en la sobremesa, riéndose cuando se entregan a los suplementos de "La Voz": Dairy cow... el caso de las hermanas muertas, carmelas que ofrecían la mejor leche en holandos cuando solían varear, dulces, su contrapeso de ubres en el verano; por todos conocidas y un amor, esas monjitas: madres que perfilaron

bien temprano una forzada vocación: por Jesús el sustento de rodillas; por sus marcas, granos al doble para el cuerpo, su celdilla de carne y de antemano: entrar, y cumpliendo en contrición. [sin saber cuándo, cómo pudo pasar y ellos como si nada] animales salivando pistas, reversos dactilares en cruceros de papilas oscuras, pinzas del ocho ciegas, bastardas de temor; el cuello al campanario y esas lecheras, muebles: en el aire sus prófugos sin manos o gramilla que mostrar; [insisten en el caso, una vez más] mal testigo barrazo, si movieras la verdad desde tu sombra, en el tirón de su penca: están sus pájaros en vuelo comestible, yendo a morir entre las patas de esos armarios móviles... [no pasó mucho tiempo, y ya levantan]

el profesor junta su tropa, tira de las corbatas y los mayores prenden cigarrillos, la ceniza en la pechera donde se resuelve una práctica: sin saber cuál, se retiran a clase, en los dibujos formas, y animales en trance de egresar.

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