ESCUELA DE DERECHO RECINTO DE RÍO PIEDRAS UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO

Factores que determinan la renuncia de jurisdicción en casos de menores

Nicole M. Díaz González 801-04-2347 DERE 7600-2U1 - Ley y Procedimiento de Menores Prof. Olga Resumil

INTRODUCCIÓN
Al enumerar los tipos de eventos que suelen permear en la memoria histórica de un pueblo, inevitablemente tenemos que mencionar los crímenes que captan la atención de la prensa e impactan las sensibilidades de las personas. Puede tratarse de los que son extremadamente violentos, aquellos en los que la víctima era una figura pública o los que son perpetrados por un individuo que no queremos pensar que sea capaz de tal ofensa. Esto último es lo que ocurre cuando un menor de edad es acusado de asesinato en el sistema criminal usualmente reservado para los adultos. Estos casos a menudo son

vigilados de cerca por la prensa pero usualmente se le presta poca atención a la normativa vigente que permite que un menor sea procesado como si fuera un adulto. Sin embargo, las opiniones abundan en torno a la legitimidad de este proceso, desde aquellos que ven en el acusado a sus hijos, aún incapaces de tomar responsabilidad por sus actos, hasta los que consideran que este tipo de ofensor juvenil no merece más oportunidades pues representa una grave amenaza a la sociedad.1 Precisamente, el tema de este escrito es el traslado de casos de menores ofensores al sistema criminal de adultos. En específico, veremos las diferentes formas en que los tribunales de menores renuncian a su jurisdicción sobre los jóvenes, los factores que influencian esta decisión y las críticas que éstas han recibido por parte de los estudiosos del tema. Además, veremos algunas alternativas propuestas para reformar este proceso. El tema que nos ocupa resulta sumamente relevante en la medida en que se toma en cuenta el dramático aumento en el número de menores de edad procesados en el sistema
1 JEFFREY FAGAN & FRANKLIN ZIMRING, EXECUTIVE SUMMARY. THE CHANGING BORDERS OF JUVENILE JUSTICE: TRANSFER OF ADOLESCENTS TO THE CRIMINAL COURT 1, disponible en http://www.adjj.org/downloads/8710Changing%20Borders.pdf.

judicial criminal. Éste es un hecho al que apuntan todos los textos revisados. Señalan además que este incremento ha ocurrido sin que haya un aumento correspondiente en la tasa de delitos graves cometidos por menores de edad. Para tener una idea, en Puerto Rico, durante el mes de abril de 2012 había unos 432 jóvenes sumariados o sirviendo sentencia en una institución correccional de adultos. 2 Ello representa una aumento de casi 25% en relación a la reportada cuatro años antes, la cual era de 328.3 En otra estadística relevante, durante el 2009 la cantidad de solicitudes de renuncia a jurisdicción en casos de menores con un total de 70 casi se triplicaron en comparación al 2008 y al 2007 cuando las sumas fueron de 24 y 25, respectivamente. 4 De las resueltas durante ese año, 21 fueron aprobadas lo que representa un aumento, aunque menor, en relación a los años anteriores cuando la cifra fue de 14 en ambos años. Según la mayoría de los investigadores, esta tendencia que comenzó en los años '80 responde a presiones políticas, incluso activismo político, de aquellos que ven la transferencia como una estrategia esencial en la guerra contra el crimen. 5 Un ejemplo de este tipo de acción política es la organización Basta Ya Puerto Rico, creada por el señor Luis Romero a raíz del asesinato de su hijo Julián a manos de Jonathan González Cruz, un adolescente de catorce años. Mientras aún trataba de manejar el dolor provocado por la pérdida de su hijo, Romero lanzó una campaña mediática abogando por que todo el peso de
2 Departamento de Corrección y Rehabilitación, Informe Diario de la Población Correccional, Promedio del Mes Abril 2012, disponible en http://cce.estadisticas.gobierno.pr/Documentos/3D50EB88-7C97-4D6ABEA8-8772095BE7F7/201204_AC_PoblacionCorreccional.xlsx. 3 Departamento de Corrección y Rehabilitación, Informe Diario de la Población Correccional, Promedio del Mes Marzo 2008, disponible en http://www.estadisticas.gobierno.pr/iepr/LinkClick.aspx? fileticket=g1VwIJMiDK8%3d&tabid=186. 4 Departamento de Justicia, Informe Estadístico Anual de las Procuradorías de Menores, Año Fiscal 20082009 comparativo con el 2007-2008, disponible en http://www.estadisticas.gobierno.pr/iepr/ LinkClick.aspx?fileticket=VXTAUK13saA%3D&tabid=186 . 5 John W. Parry, Transfers to Adult Court and Other Related Criminal Incompetency Matters Involving Juveniles, 33 Mental & Physical Disability L. Rep. 188, 189 (2009).

la ley recayera sobre González Cruz. De hecho, a sólo horas de su arresto y sin haber evaluado al entonces sospechoso, el secretario de Justicia, Guillermo Somoza, le explicó personalmente a la prensa cómo el procurador de menores estaría renunciando a la jurisdicción en este caso.6 Desde entonces, Basta Ya ha promovido activamente el aumento en la transferencia de casos a la jurisdicción federal y la limitación del derecho a la fianza. Más recientemente, también vimos cómo Keyshla Maya, de 17 años fue acusada de asesinato en primer grado en la modalidad de premeditación y deliberación luego de matar con una piedra a un hombre de mediana edad en un paraje solitario a donde éste último la había llevado a tomar bebidas alcohólicas. La alegación de la joven de que el hombre ebrio trató de agredirla sexualmente, el hecho de que fue violada anteriormente, su historial de hospitalizaciones en instituciones psiquiátricas y el testimonio de testigos de que fue la víctima quien hizo la invitación no fueron suficiente para que la fiscalía dudara de tratar de imponerle todo el peso de la ley. Estas propuestas que suelen ir dirigidas a eliminar derechos a los acusados, en muchas ocasiones no están basadas en "data empírica, análisis sustantivo o una teoría coherente sobre el desarrollo adolescente o la justicia juvenil". 7 Por tal razón, resulta peligroso para el estado de derecho acceder a estas presiones sin contar con un análisis profundo de la problemática que se intenta resolver y de las alternativas existentes para hacerlo. En el estudio, The Changing Borders of Juvenile Justice, los autores identifican varios problemas que acompañan esta tendencia. Éstas son: mayor carga para las cortes criminales; en vez de asustar al menor para que cambie su conducta, algunos estudios han encontrado que el trato criminal los hace más propensos a cometer nuevas ofensas, en
6 Pedro Rosa Nales, Asesino de tan sólo catorce años, WAPA TV, 20 de abril de 2011, disponible en http:// www.wapa.tv/noticias/locales/asesino-de-tan-solo-14-anos_20110420203221.html. 7 FAGAN, supra.

especial si llegan a estar en prisión; los convictos tienden a reofender más pronto y más a menudo.8 Además, el flujo de ofensores jóvenes representa problemas significativos de seguridad y programación para las instituciones penales. 9 Con el objetivo de aportar al desarrollo de este tema, en el escrito que sigue a continuación repasaremos los estatutos y jurisprudencia vigentes en Puerto Rico y Estados Unidos así como artículos académicos que resultan pertinentes para la discusión. Además, reseñaremos varias investigaciones importantes que podrían ayudar a señalar el camino hacia un procedimiento de menores con el cual nos sintamos más cómodos y que tenga mejores resultados. Esta revisión de lecturas nos llevará a través de varias disciplinas relevantes como el derecho, la psicología y la neurología.

HISTORIA
El primer código juvenil apareció en Chicago en 1899. Éste creó cortes de menores con jurisdicción sobre niños abandonados, dependientes y delincuentes hasta los 16 años. Su enfoque era la rehabilitación en lugar del castigo. 10 Algunas de sus disposiciones eran: la confidencialidad de los récords de las cortes para disminuir el estigma contra los jóvenes procesados; la separación de jóvenes y adultos cuando eran encarcelados; la prohibición de la detención en cárceles de niños menores de 12 años en cárceles; la informalidad de los procedimientos en la corte. Ya para 1925 había una corte juvenil funcionando en todos los estados excepto en Maine y Wyoming.11 Durante la mayor parte de este siglo desde ese primer código juvenil, existió la
8 9 10 11 FAGAN, supra, en las págs. 3-4. Íd., en la pág. 4. JOAN MCCORD, CATHY SPATZ & NANCY CROWELL, JUVENILE CRIME, JUVENILE JUSTICE 157 (2001). Id.

posibilidad de transferir a un menor ofensor al sistema criminal.

Sin embargo, esta

alternativa sólo se utilizaba en circunstancias extraordinarias. 12 En 1966, la opinión en el caso Kent v. United States estableció por primera vez una serie de factores a tomarse en cuenta a la hora de renunciar a la jurisdicción, los cuales detallaremos más adelante. 13 Entre 1978 y 1981, legisladores en casi la mitad de los Estados Unidos aprobaron legislación más severa en relación al tratamiento de ofensores juveniles serios y crónicos. En algunos estados, las nuevas provisiones incluían facilitar el procesamiento de menores en las cortes de adultos disminuyendo la edad para la renuncia judicial, excluir ciertas ofensas de la jurisdicción de las cortes juveniles, y promulgar mínimos mandatorios o directrices de sentencia para menores. Estas reformas provocaron un aumento en la tasa de detención por más de un 50 porciento entre 1977 y 1985. 14 Mientras tanto, en Puerto Rico, la primera legislación que atendió la delincuencia juvenil apareció en 1915. Ésta introdujo un acercamiento mixto al tratamiento de los ofensores jóvenes pues establecía un procedimiento mayormente criminal pero individualizado teniendo el bienestar del menor como objetivo principal. 15 Posteriormente, la ley 97 del 23 de junio de 1955 modificó esta filosofía a una enfocada en la rehabilitación. Entre sus cambios más notables está el aumento a la edad máxima sobre la cual tienen jurisdicción las cortes de menores de 16 a 18 años. Sin embargo, en este mismo estatuto se introduce la figura de la renuncia a la jurisdicción, la cual quedó a discreción del juez cuando los ofensores eran mayores de 16 años. En estos casos, el tribunal debía tomar la
12 13 14 15 FAGAN, supra, en la pág. 2. Kent v. United States, 383 US 541 (1966). MCCORD, supra, en la pág. 162. Grisel Hernández Arocho, La ley de menores número 88, génesis de nuestra criminalidad, 36 Rev. Der. P.R. 69, 71 (1997).

determinación basándose en un estudio concienzudo sobre el aspecto social, emocional y familiar del menor asi como sobre la naturaleza del delito. 16 La ley 88 del 9 de julio de 1986 modificó nuevamente la filosofía del sistema juvenil a uno que buscaba tanto la rehabilitación como la retribución por la falta cometida. Poco después, la ley 34 del 19 de junio de 1987 incorporó una cláusula de exclusión de jurisdicción de forma generalizada en casos de asesinato en primer grado cuando el ofensor tiene catorce o más años. La aprobación de la ley 19 del 11 de julio de 1991 aumentó esta edad a quince años.

FORMAS DE RENUNCIA DE JURISDICCIÓN
A través del ordenamiento, existen diversas formas en las que las cortes de menores pueden renunciar a su jurisdicción sobre los ofensores jóvenes que varían en cuanto a los hechos que la hacen posible, quién la determina y cuáles factores deben tomarse en cuenta a la hora de hacerlo. A continuación, las veremos en detalle y en conjunto con las críticas que han acumulado, según las establece LaFave en el texto académico Criminal Law.17 La renuncia judicial es la variente utilizada en casi todas las jurisdicciones. En estos casos, se lleva a cabo una vista informal en la que se determina si el menor debe ser juzgado como adulto. Un ejemplo de este tipo en Puerto Rico se establece en la sección 2215 del Código de Enjuiciamiento Criminal, 34 L.P.R.A. § 2215, a través del cual el procurador de menores puede solicitar al tribunal que renuncie a su jurisdicción. La mayoría de las críticas que recibe este mecanismo se refieren a la gran discreción que se le

16 Id., en la pág. 73. 17 WAYNE R. LAFAVE, CRIMINAL LAW 489-491 (2003).

concede al juez y al hecho de que no existen estándares claros que guíen esta determinación. También se ha señalado que una vez tomada la decisión por el juez, ésta no es fácilmente apelable y, si lo es, tiene grandes posibilidades de ser sostenida. En la renuncia de fiscalía, mecanismo utilizado en un cuarto de los Estados Unidos, el fiscal es quien determina dónde se presentará la querella cuando se trata de delitos en los que tanto las cortes de menores como las de adultos tienen jurisdicción. De optar por presentar los cargos en una corte criminal, el menor podría tener derecho a una vista para una renuncia invertida. Esta forma de renuncia ha sido criticada porque puede resultar muy arbitraria y vulnerable a presiones políticas. Algunos críticos han incluso señalado que representa el repudio total de la filosofía de una corte juvenil con poder de parens patriae. Por otro lado, la renuncia legislativa elimina la discreción del juez o del fiscal, cuando la legislatura dicta que todos los casos involucrando menores que se alega cometieron ciertas ofensas específicas serán automáticamente transferidos. En Puerto Rico, este mecanismo, que se utiliza en dos terceras partes de los Estados Unidos, está presente en los incisos (2) y (3) de la sección 2204 del Código de Enjuiciamiento Criminal, 34 L.P.R.A. § 2204, los cuales veremos en detalle más adelante. LaFave señala que la tendencia casi irreversible es a expandir la lista de ofensas excluidas de la jurisdicción de menores.18 En estos casos, se critica que la renuncia está exclusivamente determinada por la naturaleza de la ofensa más no por las necesidades individuales del ofensor. Además, se ha señalado que el enfoque no está dirigido hacia la rehabilitación, sino a la retribución. Este mecanismo también ha recibido críticas positivas en la medida que elimina la
18 Id.

imprevisibilidad y los retrasos provocados por las vistas de transferencia. Finalmente, el sistema de jurisdicción juvenil extendida combina provisiones del sistema de menores con provisiones del sistema criminal. Bajo esta modalidad encajan diversos tipos: combinación juvenil exclusiva, en la que la corte juvenil puede imponer una sanción juvenil o adulta; combinación juvenil inclusiva, en la que la corte juvenil simultáneamente impone sentencia juvenil y sentencia adulta, con la segunda siendo suspendida a menos de que se viole o revoque la sentencia juvenil; sentencia juvenil contigua, en la que la corte juvenil impone una sanción juvenil que puede mantenerse vigente más allá de la edad hasta la cual tiene jurisdicción la corte de menores; combinación criminal exclusiva, en la que la corte criminal impone sentencia juvenil o adulta; combinación criminal inclusiva, la corte criminal impone tanto sentencia juvenil como adulta y suspende la sentencia adulta sujeto a que se viole la determinación o se incurra en nueva ofensa.19 Esta forma de manejar los casos de menores parece una alternativa interesante que proveería la posibilidad de individualizar el tratamiento que recibe el ofensor. Sin embargo, se ha señalado que la jurisdicción mixta “puede mejorar los prospectos para algunos jóvenes (aquellos que, bajo un sistema diferente, hubiesen sido transferidos a la corte de adultos) y hacer las cosas peores para otros (aquellos que hubiesen sido manejados con el sistema tradicional juvenil).” 20 Además, la posibilidad de una sentencia criminal parece socavar el compromiso del sistema juvenil con brindar oportunidades de vida a los menores acusados.21

ESTATUTOS QUE CONTIENEN LA POSIBILIDAD DE RENUNCIA DISCRECIONAL
19 Id. 20 FAGAN, supra, en la pág. 3. 21 Id.

Como hemos podido observar, sólo dos de las formas en las que se puede renunciar a la jurisdicción exclusiva sobre un ofensor menor de edad le atribuyen cierta discreción al sistema de menores para determinar si es la decisión más prudente. A nivel federal, podemos encontrar la renuncia discrecional en 18 USCA §5032. 22 En este artículo se establece que un joven mayor de quince años que ha cometido un delito grave y violento o una ofensa descrita en una serie de estatutos federales relacionados a sustancias controladas y armas, puede ser procesado en el sistema criminal de adultos. Además, se determina que la edad mínima para la transferencia será de trece años si el menor poseía un arma de fuego. El estatuto también establece los factores que se tomarán en cuenta al considerar esta renuncia de jurisdicción. Éstos son: edad y procedencia social; naturaleza de la ofensa; extensión y naturaleza del récord previo; desarrollo intelectual y madurez psicológica presente; naturaleza de esfuerzos de tratamiento previos y respuesta; y disponibilidad de programas para tratar problemas de conducta. Al considerar la

naturaleza de la ofensa también se tomaría en cuenta hasta qué punto el joven jugó un papel de liderato en la organización criminal o influenció a otros a tomar parte en actividades criminales relacionadas al uso o distribución de sustancias controladas o armas de fuego. En Puerto Rico, la sección 2204 del Código de Enjuiciamiento Criminal, 34 L.P.R.A. § 2204, establece que: 2. El tribunal no tendrá autoridad para conocer de: (a) Todo caso en que se impute a un menor que hubiere cumplido quince (15) años de edad la comisión de hechos constitutivos de asesinato en primer grado mediante deliberación y premeditación.
22 Delinquency proceedings in district court; transfer for criminal prosecution, 18 USCA §5032.

(b) Todo caso en que se impute a un menor que hubiere cumplido quince (15) años de edad hechos constitutivos de delito que surjan de la misma transacción o evento constitutivo de asesinato en primer grado mediante deliberación y premeditación. (c) Todo caso en que se impute a un menor que hubiere cumplido quince (15) años de edad hechos constitutivos de delito cuando se le hubiese adjudicado previamente un asesinato como adulto. 3. En todos los casos contemplados en las cláusulas (a), (b) y (c) del inciso (2) de esta sección, el menor será procesado como un adulto.

Además, en la sección 2215, 34 L.P.R.A. § 2215, se dispone lo siguiente: (a) Solicitud por Procurador. - El Tribunal, a solicitud del Procurador, podrá renunciar la jurisdicción sobre un menor que sea mayor de catorce (14) años y menor de dieciocho (18) años, a quien se le impute la comisión de cualquier falta Clase II o III. El Procurador deberá efectuar dicha solicitud mediante moción fundamentada cuando considere que entender en el caso bajo las disposiciones de este capítulo no responderá a los mejores intereses del menor y de la comunidad. El Procurador deberá promover la solicitud de renuncia de jurisdicción en los siguientes casos: (1) Cuando se impute a un menor que sea mayor de catorce (14) años la comisión de hechos constitutivos de asesinato en la modalidad que está bajo la autoridad del tribunal, cualquier otro delito grave de primer grado, y cualquier otro hecho delictivo que surja de la misma transacción o evento. (2) Cuando se impute al menor una falta Clase II o III y se le hubiera adjudicado previamente una falta Clase II o III, incurrida entre los catorce (14) y dieciocho (18) años. El Procurador vendrá obligado a advertir al tribunal la falta de jurisdicción cuando se trata de aquellos casos excluidos de su autoridad por disposición expresa de este capítulo. (b) (c) Vista. - El tribunal, previa notificación, celebrará una vista de renuncia de jurisdicción. Factores a considerar. - Para determinar la procedencia de la renuncia a que se refiere el inciso (a) de esta sección, el tribunal examinará los siguientes factores:

(1) Naturaleza de la falta que se imputa al menor y las circunstancias que la rodearon. (2) Historial legal previo del menor, si alguno. (3) Historial social del menor. (4) Si el historial socioemocional y sus actitudes hacia la autoridad hacen necesario establecer controles respecto a su comportamiento que no se le puedan ofrecer en los centros de custodia o en las instituciones de tratamiento social a disposición del tribunal.

JURISPRUDENCIA SOBRE FACTORES QUE DETERMINAN LA RENUNCIA DISCRECIONAL
Originalmente, la renuncia discrecional estaba primordialmente determinada por el posibilidad de rehabilitación mostrada por el menor. Sin embargo, el potencial de

tratamiento ha pasado a ser un factor general secundario al riesgo de peligrosidad para la sociedad que represente el joven y su nivel de madurez. 23 De este modo, el bienestar del menor deja de ser el único objetivo de las cortes de menores para sopesarse entonces en relación a la seguridad pública. Este cambio es consistente con el ocurrido en la política pública y el rol de las cortes a medida que los legisladores han respondido a lo que han percibido como un deseo público de un sistema que provea retribución y protección a la sociedad de ofensores juveniles particularmente violentos. 24 Actualmente suelen tomarse en cuenta todos o la mayoría de los siguientes factores establecidos en Kent v. US, caso de un menor acusado de escalamiento, robo y violación, en el cual el Tribunal Supremo de Estados Unidos determinó que se debía realizar una vista para evaluar la posibilidad de la renuncia de jurisdicción previo a tomar dicha decisión 25:
23 Parry, supra, en la pág. 188. 24 Id., en la pág. 189. 25 Kent v. United States, 383 US 541 (1966).

1. seriedad de la ofensa ante la comunidad y si la protección a la comunidad requiere la renuncia; 2. si la ofensa fue cometida de forma agresiva, violenta, premeditada o intencional; 3. si la ofensa fue contra personas o contra propiedad, se le dará mayor peso a las ofensas contra personas, especialmente si resultaron en daño personal; 4. el mérito prosecutorio de la querella, por ejemplo, si hay evidencia sobre la cual se puede esperar que un Gran Jurado acuse; 5. la deseabilidad del juicio y disposición de una ofensa en su totalidad en una corte cuando los cómplices del menor son adultos; 6. la sofisticación y madurez del menor, según se determine tomando en consideración su hogar, situación ambiental, actitud emocional, y patrón de vida; 7. el récord e historial previo del menor; 8. el prospecto de una protección adecuada del público y la posibilidad de una rehabilitación razonable del menor, usando los procedimientos, servicios y facilidades disponibles en la corte juvenil. En Puerto Rico, Pueblo en interés del menor H.L.V.D.J. acoge los factores que se establecen en Kent.26 En este caso, la vista de renuncia de jurisdicción se dio en ausencia del menor y de su abogada porque llegaron tarde. Ante ello, el juez le permitió a la licenciada vertir su posición para récord pero no le permitió contrainterrogar a los peritos que testificaron a favor del estado. Sin embargo, en un opinión dividida cuatro a cuatro, el
26 Pueblo en interés del menor H.L.V.D.J., 111 DPR 532 (1981).

tribunal sostuvo la determinación del apelativo de que se le proveyeron al menor todas las garantías que se requieren en Kent. Otros criterios como el abuso de sustancias controladas y problemas emocionales o de conducta no tienen tanto peso y sólo serán considerados en casos que estén muy cerrados.27 En esencia, lo que determinan estos factores es si el menor es una persona apropiada para ser atendida por la corte de menores, no si es un adulto. 28 Al evaluar todas estas instancias de la vida y actitud del ofensor joven, el estándar a utilizarse es subjetivo dándole así gran latitud a los jueces para actuar. Sin embargo, usualmente, si la decisión final del evaluador es que el menor no es rehabilitable, debe traer evidencia específica como evaluaciones, pruebas psicológicas o historial psicosocial. 29

DIFICULTADES QUE PRESENTA LA SUBJETIVIDAD DE LA RENUNCIA DISCRECIONAL
Una herramienta que utilizan los jueces para medir el riesgo de violencia y respuesta a tratamiento en adolescentes son los exámenes psicológicos. Uno de estos, conocido como el Hare's Revised Psychopathy Checklist y originalmente concebido para evaluar a adultos, ha sido adaptado para determinar el nivel de psicopatía del adolescente.30 Sin embargo, diversos estudios apuntan a que esta prueba identifica

actitudes comunes del adolescente como características psicópatas, de modo que los resultados se ven inflados por conductas que el adolescente abandonará a medida que madura, a diferencia de un psicópata que mantiene las mismas características a lo largo de
27 28 29 30 2 Leg. Rts. Child. Rev. 2D § 22:24 Parry, supra, en la pág. 191. Id. MACARTHUR FOUNDATION RESEARCH NETWORK ON ADOLESCENT DEVELOPMENT AND JUVENILE JUSTICE, ASSESSING JUVENILE PSYCHOPATHY: DEVELOPMENTAL AND LEGAL IMPLICATIONS 1, disponible en http://www.adjj.org/downloads/ 4536issue_brief_4.pdf.

su vida.31 Otra dificultad al evaluar a los menores es que rara vez éstos intentan exagerar o crear la impresión de que padecen de un desorden mental. De hecho, son más propensos a negar síntomas de salud mental y problemas emocionales ya que es peor ser “loco” que incorregible o delincuente.32 Otra situación que puede ir en contra de los intereses del ofensor menor es que la falta de abogado o el desconocimiento de éste sobre la salud mental o historial social del joven pueden evitar que se revele la necesidad de solicitar una vista de competencia.33 En este sentido, las impresionantes estadísticas de la

Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción deberían ser motivo de preocupación. Éstas indican que para el año fiscal 2010-2011 un 33.5% de las féminas y un 43.2% de los jóvenes atendidos por la agencia eran menores de 18 años. De hecho, el grupo de edad de entre trece y 17 años es el predominante entre toda la población que recibe esos servicios, con un 20.2% y un 22%, respectivamente. 34 Otras estadísticas para el año fiscal 2008-2009 indican que 8,413 adolescentes y jóvenes hasta los 21 años fueron atendidos en centros de salud mental de ASSMCA, mientras que otros 643 fueron atendidos en el programa de tratamiento de sustancias. 35 De estos un 2.8% de las féminas y un 8.2% de los varones habían sido arrestados en algún momento. Cabe señalar que estos números sólo reflejan a la población que llega a recibir
31 32 33 34 Id., en la pág. 2. Parry, supra, en la pág. 191. Id., en la pág. 192. Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción, Cartel Salud Mental 2010-2011, disponible en http://www2.pr.gov/agencias/assmca/Documents/EstudiosyEstadisticas/AF%2020102011/CARTEL%20SALUD%20MENTAL%202010-2011.pdf. 35 Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción, Perfil Epidemiológico y Sociodemográfico de la Clientela atendida en los Programas de Tratamiento de Niños y Adolescentes, disponible en http://www2.pr.gov/agencias/assmca/Documents/EstudiosyEstadisticas/AF%2020082009/PERFIL%20EPIDEMIOL%C3%93GICO%20Y%20SOCIODEMOGR%C3%81FICO%20DE%20LA %20CLIENTELA%20DE%20NI%C3%91OS%20Y%20ADOLESCENTES%20-ASSMCA%202008-2009.pdf.

servicios públicos, de modo que las cifras podrían ser mayores si se toman en cuenta a todos los que por diversas razones no llegan a ser evaluados o son tratados en el sistema privado de salud. Cabe señalar en este momento la diferencia que existe entre los factores que hemos mencionado y los utilizados para determinar la competencia en adultos. Éstos últimos son: consultar con el abogado y entender el juicio; renunciar a derechos de forma inteligente y voluntaria; y entender la sentencia y sus consecuencias. Este desfase provoca que se levanten cuestionamientos sobre la capacidad de los menores para participar en sus juicios, no debido a una enfermedad o condición de retardación mental, sino debido a su inmadurez emocional e intelectual.36 Ante estas preguntas, la Red de Investigación sobre Desarrollo Adolescente y Justicia Juvenil del MacArthur Foundation produjo un estudio sobre competencia adjudicativa en adolescentes que encontró grandes diferencias entre las capacidades de adolescentes y adultos jóvenes. En la investigación participaron más de 1,400 niños y jóvenes de ambos sexos entre las edades de 11 y 24 años con diversidad cultural étnica y socioeconómica. La mitad de ellos estaban en prisión o en centros de detención juvenil, mientras que la otra mitad eran individuos similares pero que residían en sus comunidades. El estudio consistió de una “batería de pruebas estandarizadas diseñadas para determinar los conocimientos y habilidades relevantes para participar en un juicio, su toma de decisiones legales en varias situaciones hipotéticas (como si confesar un crimen a la policía, compartir información con su abogado, o aceptar un acuerdo de culpabilidad), y
36 THOMAS GRISSO, THE MACARTHUR JUVENILE COMPETENCY STUDY SUMMARY 1, disponible en http://www.adjj.org/ downloads/58competence_study_summary.pdf.

medidas de una serie de otras características que potencialmente podrían influenciar estas capacidades, como la inteligencia, síntomas de problemas de salud mental y experiencia previa en el sistema de justicia.”37 La investigación encontró que los adolescenes entre catorce y quince años tenían dos veces más probabilidades que los adultos jóvenes de estar seriamente discapacitados en la evaluación de habilidades relacionadas a la competencia. Mientras tanto, los

individuos de quince años o menos también se diferencian de los adultos jóvenes en su toma de decisiones legales. “Por ejemplo, los más jóvenes tenían menos probabilidades de reconocer los riesgos inherentes a diferentes alternativas y menos probabilidades de pensar acerca de las consecuencias a largo plazo de sus decisiones, (como optar por confesar en vez de mantenerse en silencio al ser cuestionados por la policía).” 38 Por otro lado, el estudio también encontró que los jóvenes de inteligencia bajo promedio, es decir con un IQ menor de 85, tenían más probabilidades de estar significativamente discapacitados en sus habilidades relevantes a la competencia para ver un juicio que jóvenes de inteligencia promedio, es decir con IQ de 85 o más. 39 Los autores del estudio señalan con preocupación que una mayor proporción de los menores en el sistema de justicia juvenil en comparación con los que residían en sus comunidades resultaron ser de inteligencia bajo promedio. A su vez este nivel menor de inteligencia está relacionado con una ejecución más pobre en las habilidades asociadas a la competencia para ver el juicio, por lo que el riesgo de ser incompetente en un procedimiento judicial es aún mayor entre adolescentes que están en el sistema de justicia juvenil. “De hecho, más de
37 Id. 38 Id., en la pág. 2. 39 Id., en la pág. 3.

la mitad de los niños entre once y trece años con inteligencia bajo promedio, y más de 40% de todos los adolescentes de catorce y quince años bajo promedio, estaban en la escala de significativamente discapacitados en cuanto a sus habilidades relacionadas a la competencia”.40 Otra investigación de la Fundación MacArthur también lleva a la conclusión de que la corta edad de un acusado debe ser un factor mitigante por el cual el sistema sea más leniente contra el ofensor y que la vasta mayoría de los menores de 18 años deben ser tratados en las cortes de menores. Se trata del Estudio de Culpabilidad Juvenil, para el cual se evaluaron casi mil sujetos para determinar si, en qué manera y a qué edad los adolescentes se diferencian de los adultos. 41 Los investigadores encontraron que los

adolescentes tienden a pensar menos en las consecuencias futuras de sus acciones en especial cuando le prestan mayor atención a la posibilidad de gratificación instantánea. 42 Además, los resultados sugieren que los jóvenes suelen ser más impulsivos pues son menos sensibles a los riesgos y más vulnerables a la potencial recompensa de su decisión. 43 Finalmente, el estudio encontró que los adolescentes son altamente sensibles a la presión de grupo.44 Cabe señalar como un hecho particularmente relevante para nuestro país que, dependiendo del ambiente en el que se desarrolla el joven, el no responder a la presión de sus pares no sería sólo humillante sino peligroso. Ello puede ser especialmente cierto en adolescentes que viven en comunidades secuestradas por el narcotráfico en las que la respuesta a la coerción para involucrarse en la empresa criminal puede ser una cuestión de
40 Id. 41 MACARTHUR FOUNDATION RESEARCH NETWORK ON ADOLESCENT DEVELOPMENT AND JUVENILE JUSTICE, LESS GUILTY ADOLESCENCE 2, disponible en http://www.adjj.org/downloads/6093issue_brief_3.pdf. 42 Id. 43 Id. 44 Id., en la pág. 3

BY

REASON

OF

vida o muerte. Los hallazgos de este estudio son consistentes con otros realizados en el campo de la neurociencia, los cuales demuestran que el proceso de maduración del cerebro continúa durante la adolescencia y hasta la temprana adultez. 45 “Por ejemplo, hay buena evidencia de que los sistemas del cerebro que gobiernan el control de impulsos, la planificación y la previsión aún se están desarrollando más allá de los 18 años”. 46 También se señala que hay varios estudios que indican que los sistemas que gobiernan la sensibilidad a la recompensa están amplificados durante la pubertad, llevando a un aumento en la búsqueda de sensaciones y en valorar los beneficios por encima de los riesgos. 47

CONCLUSIÓN
Como hemos podido observar, los factores que determinan la renuncia de jurisdicción en casos de menores tienden a encajar en dos categorías: aquellos relacionados a los hechos del caso y aquellos relacionados a la personalidad del acusado. Al comparar el peso que estos grupos de factores han tenido sobre la determinación, podemos decir que la clasificación y gravedad del delito es determinante cuando el ofensor es mayor de catorce años, eliminando casi totalmente la posibilidad de que se considere su capacidad mental. Aún cuando se toman en cuenta estos factores subjetivos, éstos no incluyen una evaluación sobre si el joven está apto para enfrentarse al proceso. Más bien se le da prioridad a su historial y a su actitud ante el proceso, de modo que si es “problemático” y malcriado probablemente tendrá mayor posibilidad de terminar convicto junto a adultos.

45 Id. 46 Id. 47 Id.

Ante esto, hemos identificado una serie de preocupaciones relacionadas precisamente a la subjetividad del sistema con el que contamos y a sus efectos. Entre éstas, mencionamos la posible incapacidad del joven para enfrentarse a un juicio, lo que sería detrimental para sus derechos; la carga que se le impone al sistema penal de adultos; las consecuencias de poner a un menor en contacto con convictos adultos; y, en general, una sensación de que la sociedad se ha dado por vencida y ha ensañado a algunos de sus más vulnerables miembros. Esto último resulta particularmente decepcionante si se toma en cuenta que muchos de los jóvenes a los que se refiere este escrito han sido defraudados por la sociedad en la que viven al ser víctima de gran desigualdad socioeconómica, maltrato, exclusión, criminalidad, servicios públicos de salud y educación seriamente deficientes, etcétera. Se nos ocurre que estos menores están pagando por nuestras fallas y omisiones colectivas. ¿Qué hacer entonces? Las investigaciones reseñadas abren paso a lo que podría ser un sistema más consciente, más individualizado y más equitativo, que no sea ciego a las condiciones socioeconómicas que rodean al joven ofensor. Es necesario eliminar las

prácticas paternalistas que no le reconocen derechos a los acusados porque supuestamente no están expuestos a ser juzgados y convictos como adultos así como las ideas prejuiciadas que rayan en el fascismo al pedir las cabezas de jovencitos que nunca tuvieron una oportunidad de ser otra cosa. Las anteriores parecerían premisas contradictorias pero la realidad en que nuestro sistema sostiene ambas en una combinación nefasta que de ningún modo podría resultar beneficiosa para la juventud.

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