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El libro de Don sapo (Eduardo Sawicki) del foro de centaurea.cultureforum.net podeis seguirle por el nick de Don Sapo. Me envio su libro y es muy interesante lo recomiendo
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ACLARACIÓN El presente libro tiene los derechos de copia y reproducción, por cualquier medio que fuere, total o parcial

, a favor del autor que permite la copia o reproducción, total o parcial con fines didácticos, siempre y cuando no se omita la autoría ni haya alguna forma de lucro implícita, sea directa o indirecta.

Título:

“Conócete a ti mismo”

Autor :

Sawedal

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Síntesis argumental
A lo largo del presente se hace notar la importancia y trascendencia real de la frase popularizada por Sócrates que está como título. Máxima que ese filósofo halló en un templo en ruinas, de una civilización anterior a la propia y casi desconocida para los griegos de entonces, pero que colocó en el pórtico de su escuela filosófica, cual bandera y blasón, con más que válidas razones. Porque el ser humano tiende a dar demasiada importancia a lo material e intelectual, minimizando y hasta menospreciando la parte espiritual; a la vez que distorsionar a propia conveniencia y subjetivamente a infinidad de conceptos profundos. Lo cual implica llevar vidas incompletas, insatisfactorias y hasta aberrantes, desde las autojustificaciones. ¿O la mayoría de las personas está plenamente satisfecha de cómo vive; orientó su vida y de los logros obtenidos o intentados? El autoconocimiento profundo, permite lograr una comprensión mucho más amplia de nuestra naturaleza completa, atenderla adecuada o satisfactoriamente y, por reflejo, la de los demás y el entorno con el que diariamente interactuamos y dependemos. También permite, desde la comprensión, lograr aquello a que se refieren desde las filosofías orientales, y tan mal se nos enseña o explica, como “anular” y hasta “aniquilar” el ego para “no ser”. En otras palabras: Mediante el auto conocimiento profundo de sí mismo, se logra hallar una brújula indiscutiblemente eficaz para orientar la propia vida y conciliar coherentemente a todos los aspectos que se engloban en tres áreas básicas: Ciencia-filosofíareligión correspondientes, respectivamente, a cuerpo-mente-alma. Pero también, se dan las orientaciones principales de cómo iniciar y sostener a este proceso que abarca mucho más que la simple introspección pasiva o intelectual.

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Prefacio
(para saber de qué se trata)

En la actualidad, la inmensa mayoría de los seres humanos, no tienen muy claro por qué y para qué se vive. Cada quien busca, o ha hallado, alguna forma de poder justificar el sentido de la propia vida y cómo la lleva. Sin embargo, es rarísimo encontrar a una persona que, llegado el momento de su muerte, lo asuma tranquila por estar plenamente satisfecha de cómo vivió. Aprendemos a justificarnos desde lo material e intelectual, dejando de lado, muchas veces anulada, a la parte de nuestro ser que sobrevive al cuerpo físico: El alma. Se nos impone socialmente prestar atención a dos de las tres partes que son indiscutidas de nuestra naturaleza: Cuerpo y mente; dejando las cuestiones del alma relegadas a “cuando se tenga oportunidad” si es que se dan las circunstancias. Y esto es lo que nos lleva a vivir mal. Por tener y hacer vidas incompletas, parciales. Cuestión individual y general. Masiva. ¿Cómo no viviremos en una sociedad en la que constantemente ocurren aberraciones de toda clase, si la inmensa mayoría de los miembros que la componen tienen vidas distorsionadas, limitadas y sin poder encontrar la profunda razón de SER? En la actualidad y gracias a las modernas tecnologías, se tiene una comprensión cada vez más clara de que todo se interrelaciona con todo. Caen infinidad de fronteras ideológicas que, como barreras y hasta barricadas, separaban a los pueblos y culturas de las diferentes partes del planeta. Odios y rivalidades absolutamente sin razón real de ser, como las motivadas por cuestiones religiosas, están cayendo estrepitosamente. Cada vez es más común el entendimiento de que cualquier ser humano, es casi un igual a nosotros en las cuestiones que se entienden por “humano”. Es decir, ya son muy pocos quienes aún consideran que sólo los que “son como yo”, no son animales desalmados; insensibles e irrazonables; sino tan sólo personas diferentes, en algunas o varias cuestiones, pero que al igual que yo, tienen todas las características de los seres humanos. Porque son capaces de amar; pensar y razonar llegando a conclusiones que pueden ser diferentes, pero en sustancia no dejan de ser similares a las propias. Lo que varía, es una cuestión de conclusiones y métodos de alcanzarlas, según la idiosincrasia en la que se formó cada uno, como las experiencias personales que hacen de factores condicionantes. Sobre todo, la clase de información y de experiencias personales para sacar las propias conclusiones. ¿Cómo alguien que nació desfavorecido en todo sentido, en relación a los demás, cual hijo de madre soltera y sin hogar; encima con limitaciones graves, cual parálisis infantil, podrá considerar que Dios existe y es justo? 3

En el otro extremo ¿Cómo alguien que nació en una familia poderosa, económica y socialmente, siempre consentido y habituado a corromper todo para salirse con la suya, podrá siquiera creer en la existencia de un Dios? Al menos, según se lo enseña desde la mayoría de las religiones, especialmente las derivadas de la “santa” Biblia. Sin embargo, prácticamente nadie está satisfecho con la vida propia. No se siente pleno (al margen de la felicidad que no puede ser constante en intensidad). Pero tampoco quiere dejar de vivir. Porque si llega el momento o circunstancias, se aferra a la vida más que una garrapata flaca al perro del que se alimenta. A nadie le agrada la idea de tener que morir, porque en su interior sabe que aún le faltan cosas por hacer. El principal problema, es que no tiene claro qué y, la mayoría de las veces, suelen dar por sentadas cosas que no los llenan (no satisfacen realmente). Y así, es como la inmensa mayoría de las personas no encuentra más alternativa que la de auto convencerse (engañosamente) que está haciendo lo que debe y puede, según las circunstancias que le ha tocado vivir. Hay quienes alcanzan a notar, de modo consciente, que hay una buena parte de sus vidas equivocada. Pero no saben ni encuentran cómo solucionarlo o corregirlo. Si bien ni varios tomos serían suficientes para “enseñar a vivir bien”; dado que cada ser humano es único en sí mismo; al igual que únicas las circunstancias particulares en las que nace, se forma y vive; hay un factor clave para comenzar el camino óptimo para sí mismo y que casi todo el mundo parece ignorar; o no tener el coraje para hacerlo debidamente; por falta de la motivación necesaria, que debe surgir desde la comprensión clara y profunda. Y este factor clave inicial, es el auto conocimiento profundo de sí mismo, que permita una clara comunicación con el propio espíritu (o alter ego), que es la parte sabia de nosotros, por ser parte misma de lo que comúnmente denominamos Dios y hace de brújula para la propia vida. El espíritu que forma parte intrínseca de nosotros mismos, suele ser enseñado o explicado de modo incoherente con las demás partes de nosotros. Especialmente, en cuanto a conciliarlo con lo social y cotidiano. Porque parece totalmente contrapuesto con la vida material. ¿No figura una alusión en la Biblia, como planteo que le hicieron a Jesús, a lo que respondió “Dadle al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”? No son incompatibles espiritualidad y materialidad. El problema pasa por armonizar las circunstancias; y en esto, no hay otra forma de lograrlo que con un profundo conocimiento de sí mismo; para poder reconocer y discernir adecuadamente el verdadero orden de prioridades reales de nuestro ser (hasta qué punto son necesarias lo que parecen demandas interiores). También, saber cómo lograr mayor rendimiento y logros en toda área. Pero aprender a reconocer y diferenciar a las que son verdaderas, de las que son como caprichos del ego, del que tanto se habla desde la filosofía, especialmente las orientales que mal explican (a la mentalidad occidental) de aniquilarlo o anularlo; es todo un arte del cual, a lo largo del presente, intentaré dar las pistas principales para poder lograrlo. Se trata nada más, ni menos, que de intentar explicar y concatenar en un libro, para que queden hermanadas de modo armónico; lógico y coherente, a las cuestiones relacionadas con las tres áreas más importantes del ser humano: Religión, filosofía y ciencia. Pero con una profundidad poco común, la del conocimiento esotérico y explicado del modo más sencillo y didáctico que me es posible. Esto, a fin de que casi cualquiera que lea el presente, pueda tener una especie de guía orientadora para comprender los aspectos fundamentales de la propia vida y la naturaleza toda, incluida a la entidad primera y absoluta, que comúnmente denominamos Dios. 4

Todo esto, como dije, sin que entren en conflicto unas con otras, especialmente, la parte religiosa con la científica, que es una de las grandes y aparentes paradojas irresolubles de la humanidad. En la primera parte, haré hincapié en evidenciar que, en este planeta, existió al menos una civilización anterior a la humana actual; sin importar al caso, si sus miembros eran originarios de la tierra y cómo se denominaban. Porque fueran atlantes, lemurianos o extraterrestres, quedará claro que eran seres casi idénticos a humanos (o sólo una raza diferente), pero con un grado de conocimientos tecnológicos muy superiores a los que hemos logrado en la actualidad. Algunos se preguntarán ¿qué importancia puede tener, que las coincidencias entre las diversas culturas y religiones antiguas, no sean el producto de una deducción natural y lógica, desde la simple sensatez; en lugar de ser heredadas de civilizaciones que eran superiores en conocimientos de toda índole? Pues bien, el detalle que marca la diferencia es uno solo: El valor agregado desde la experiencia propia, que les permite afirmarlo con conocimiento de causa, respecto de cómo la evolución y el conocimiento, si no está aparejado de una conducta ética y altruista, lleva a la auto aniquilación, no sólo propia, sino hasta de ecosistemas y, quizás, de todo el planeta. Es una pésima tendencia y costumbre humana, la de minimizar las consecuencias de sus actos, llevados por una egoísta ambición y soberbia. Tanto en lo pequeño cotidiano, como en lo grande histórico. Tenemos más de dos mil años de referencias históricas de cómo, las pasiones a las que induce el egoísmo de unos pocos, a veces uno solo muy influyente; desembocan en atroces barbaries. Y que a pesar de los más de dos milenios de historia que contabilizamos, continúan vigentes en un grado cada vez más superlativo. Clara muestra de ello, es la invasión de Irak, motivada tan sólo por petróleo y sus consecuencias. Pero esa situación, es tan sólo la punta de un témpano que mantiene alienadas a un altísimo porcentaje de personas del planeta: Tanto la posibilidad de una tercera guerra mundial, como la de una aparentemente interminable pesadilla denominada terrorismo (aunque también está el narcotráfico) que, por desventajas materiales de inferioridad de condiciones, no suelen reparar mucho en los métodos a utilizar y sus consecuencias reales en el largo plazo, pudiendo llegar a fabricar, o apoderarse, de mutaciones de virus que, liberados, harían verdaderos estragos planetarios. Todo esto, sin contar con la inseguridad, producto del muy injusto desequilibrio de ingresos económicos, que incita a emigrar a países con mejor promedio de vida general (de tener la posibilidad y ánimo), o directamente a toda clase de violencias y agresividades, incluido el robo y asesinato. ¿Qué podría frenar semejante locura a que lleva el egoísmo de unos pocos líderes o poderosos, si no es una comprensión real de la parte de responsabilidad que realmente les toca en todo esto y cuyas consecuencias no podrán eludir después de muertos? ¿De qué modo alcanzarán a comprenderlo, si no es a través del “contagio” de lo que piensan otros que se destacarán por su ejemplo y, así, muchos los imitarán obligando a los líderes a re pensar su actitud o conducta de vida? Los tratados de estrategia, enseñan que la mejor forma de deshacerse de gigantes invencibles de modo directo, es lograr que mueran (o se rindan) por inanición. Para esto, lo primero es dejar de ser nosotros mismos quienes los alimentamos. 5

¿Cómo se logrará esto, si no es desde una comprensión cabal de cómo funcionan las cosas, no sólo socialmente, si no en el universo mismo también, de modo análogo? Comprensión que, además de ser utilísimas en lo personal individual, para lograr una vida plena y más que satisfactoria, nos resultará una eficaz y contundente herramienta para invitar a que otros se sumen en no permitir aberraciones como las que socialmente padece el planeta entero y cada una de las culturas que lo componen; sea en forma directa o indirecta. Para esto es que han sido creadas las religiones y filosofías. Pero aquí tenemos un nuevo problema: Las primeras han perdido la coherencia general necesaria, por las distorsiones que han sufrido y la incapacidad de sus líderes para corregirlas. Las segundas, han sido deformadas, también, hasta el punto de convertirse en puros tecnicismos dialécticos, retorcidos conceptualmente y perdiéndose de vista la sustancia primera que les dio origen: entender las cosas de la vida por deducción lógica. Por “saber pensar” de tal modo que el razonamiento siga por carriles verdaderamente lógicos y naturales, armónicos con el resto, en lugar de desprendidos y aislados. Por estas razones, la sociedad occidental se ha refugiado en la ciencia y metodologías científicas. Porque sólo deberían afirmar aquello que han corroborado con absoluto rigor y certeza. Sin embargo, cuando muchos científicos de renombre, y hasta grupos de ellos, incurren en dejarse llevar por las tentaciones egoístas, y llegan a afirmar o negar cuestiones importantes, especialmente desde la óptica “positivista”; se deforma la realidad conceptual, defendiendo aberrantemente conceptos erróneos, como sufrió Galileo Galilei. Otros ejemplos, más cercanos en el tiempo, son las afirmaciones de que el consumo de cadáveres animales es “indispensable” para una “nutrición completa”; o que es conveniente extirpar a las amígdalas cuando están infectadas; o que “conviene” que las mujeres tengan a su descendencia por el método de la cesárea, si es que lo prefieren así, caprichosamente, y hasta las inducen a ello por cuestiones económicas. El único “freno” posible en la actualidad, como dije, es crear una toma de conciencia masiva. Toma de conciencia que deberá exponer, a la vez que enseñar del modo más claro posible, a dos cuestiones principales: 1.- La razón de ser real de cada individuo en el contexto en el que se encuentra. Es decir: Las respuestas a las clásicas intrigas filosóficas de ¿quién y qué soy?; ¿de dónde vengo?; ¿a dónde voy o iré?; ¿por qué he nacido? etc. 2.- Las consecuencias; tanto personales como en el entorno, de una conducta inadecuada, por inarmónica con el medio en el que se encuentra, que es también Dios mismo. Para ello, reitero, será necesario sintetizar del modo más claro y preciso posible, a una infinidad de conceptos que abarcan lo religioso, lo filosófico y lo científico en muchas de sus tan variadas especialidades o ramas. Tarea que no resulta nada fácil, si se tiene en cuenta que prácticamente cualquiera, que no sea especialista ni muy estudioso, pueda comprenderlo con suficiente claridad. Pero que también dificulta mucho a esta tarea, la infinidad de posibles prejuicios y esquemas mentales demasiado arraigados que pueda tener cada lector, según haya sido su experiencia y conclusiones personales; basados en cómo ha sido criado y educación en que se ha formado. Porque en la actualidad no existen1 establecimientos educativos y carreras profesionales que no impongan esquemas y preconceptos erróneos a lo largo del paso de los individuos por las mismas.

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(al menos desconozco que existan y, de haberlos, serán excepciones que confirmen la regla)

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Hechas estas advertencias, solicito que se intente mantener la mente lo más abierta posible. Para analizar de modo objetivo y libre de emociones contrarias, a lo que intentaré sintetizar y enseñar a lo largo del presente. También, que muchos de los conceptos aquí vertidos no podrán ser asimilados en una primera lectura, si no después de varias veces de analizarlos desapasionadamente, repensarlos y ponerlos a prueba en la experiencia diaria.

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PRIMERA PARTE

“Conócete a ti mismo”
Me pregunto cuántas serán las personas que, al oír por primera vez a esta frase, no la habrán interpretado de buenas a primeras como una auténtica estupidez. Porque ¿cómo es posible que se pueda interpretar que uno no se conoce a sí mismo? La primera vez que la oí, siendo niño, me aclararon que era del filósofo más célebre de la antigüedad. Inmediatamente pensé: “¿Podía un filósofo, encima célebre, afirmar tal estupidez?” Al comentar mi inquietud, riéndose de mi simpleza, me explicaron que hasta era la frase que había colocado como máxima de su escuela de filosofía, pero sin explicarme claramente el sentido profundo de la misma. De este modo, el primer interrogante, me despertó infinidad de elucubraciones con nuevos interrogantes. Porque si bien era posible que en la antigüedad, según cuentan los libros de la historia, cuando la civilización recién comenzaba a serlo; era posible que las grandes conclusiones de entonces, fueran absolutas obviedades. Pero de ahí a que en la actualidad aún se considerara un gran filósofo a quien invita con semejante obviedad… No me parecía lógico. Si bien la sociedad humana, especialmente la mayoría de sus componentes, suelen tener actitudes de lo más ilógicas, absurdas y hasta aberrantes, eso tampoco me resultaba suficiente justificativo como para que las personas con erudición continuaran considerándolo el más grande filósofo de Grecia. Tenía que haber alguna otra razón. Si bien al poco tiempo me explicaron un poco mejor, que la frase aludía a aprender a reconocer las propias capacidades, posibilidades y limitaciones; tampoco me pareció motivo suficiente para transformarla en una máxima que perdurara por siglos. Para peor, con el tiempo me enteré que, dicha frase, ni siquiera había sido ocurrencia de ese filósofo, sino que la había copiado del pórtico de un templo que había sido de una civilización casi desconocida por ellos, que ya por aquél entonces estaba en ruinas, para colocarla del mismo modo en su escuela. Es decir: como cartel obligado al entrar. Todas estas elucubraciones, me motivaron a tratar de leer a Sócrates y, así, me enteré que era imposible, porque no había escrito absolutamente nada. Que lo único que se sabía de él, era por lo que describió uno de sus discípulos, conocido históricamente como Platón. Gracias a Dios, Platón fue un poco más previsor; porque tuvo en cuenta a la posteridad y, encima, con un lenguaje bastante ameno y sencillo que yo, teniendo unos 10 años, pude leer comprendiendo a la mayoría de lo que explicaba, entusiasmándome más que nada, el ingenio discursivo con que manejaba los razonamientos ajenos. Claro que luego tuve que releerlo varias veces, en diferentes etapas de mi vida, para poder ir abarcando más a conceptos que no me habían quedado suficientemente claros o comprendidos. Descubriendo en cada lectura, detalles que se me habían escapado en las anteriores y admirando cada vez más la capacidad de Platón para expresarse. Sumándome de este modo, a la gran cantidad de admiradores de Sócrates y Platón, sin importarme mucho cuán cierto podía ser que este último realmente sólo fuera un discípulo que se limitó a transcribir textualmente los diálogos de su maestro, o si tan sólo “inventó” a Sócrates, como afirman algunos. Si sólo hubiera transcrito diálogos, como algunos suponen que aconteció 8

verdaderamente; igual su mérito es gigante; porque gracias a él, pudimos enterarnos de las genialidades de su maestro. Ahora, la pregunta es ¿Por qué, personas tan sabias, reconocieron un gran acierto en colocar como cartel, en el ingreso de un importante edificio, a la frase “conócete a ti mismo”? Sobre Sócrates Antes de continuar, convendría hacer un paréntesis para definir ¿quién fue Sócrates en realidad? y ¿por qué dio tanta importancia a esa breve y aparentemente obvia frase? No realizaré aquí una biografía, porque éstas abundan. Pero sí, me parece importante hacer constar que no fue sólo un filósofo. Hijo de una familia acaudalada, nunca tuvo serias necesidades económicas. Por lo cual pudo dedicarse de lleno a estudiar e investigar las aparentes paradojas de la vida y, especialmente, las incongruencias de los seres humanos, como espíritu de mente inquieta que realmente fue. Ahora bien, también es sabido por muchos, que tuvo una instrucción de lo más completa y compleja posible. A tal punto, que logró ingresar y ser iniciado en los “misterios de Eleusis”. Lo cual, en síntesis, significa que era un auténtico “iniciado” en la sabiduría esotérica. Si bien algunos consideran que no fue más que un personaje inventado por Platón; aclaro de paso, que este último también fue un iniciado en los misterios de Eleusis, pero un rango inferior en jerarquía, en relación a su maestro filosófico y esotérico. Origen del Esoterismo y los misterios de Eleusis Para explicar los misterios de Eleusis, previamente deberíamos ponernos de acuerdo respecto al significado de la palabra esoterismo. La misma, significa “ciencias ocultas al vulgo”. Dicho más claramente, las ciencias, o sus partes, que no se enseñaban, ni se permitían divulgar a personas de las que no se tuviera la absoluta certeza de que fueran a hacer buen uso de esos conocimientos. Desde la ciencia, constantemente han surgido voces de estudiosos e investigadores que se asombraban de hallar detalles de alto grado científico y tecnológico logrado milenios antes de Cristo; por pueblos que, según se supone, eran tan simples como ignorantes. ¿Cómo se puede explicar, que de una población ignorante, puedan surgir genios para construir pirámides, con sus trampas; o modelos mecánicos voladores; al tiempo que tener unos conocimientos astrológicos y sidéreos que pasman a los más sesudos intelectuales de la actualidad? También resultan “inexplicables” infinidad de cosas que tenían en común culturas de diferentes continentes, como la maya con la egipcia y que, hoy, son imposibles de negar como hasta hace unas décadas atrás; o simplemente atribuirlos a “casualidades” que, para quienes entendemos un poco del universo, sabemos que las casualidades no existen. Un poco de historia, a modo de fábula para pensar. Cuanto más se conoce y descubre del pasado arqueológico, comprendiéndolo; más evidente e irrefutable resulta lo que los científicos negaban, en la ceguera de la soberbia a la cual los impulsaron líderes ambiciosos de diferentes religiones, distorsionadas a lo largo de los siglos; respecto a la posibilidad de que el origen del hombre no fuera como lo planteó la 9

religión hebrea. Especialmente, que no pudo haber una civilización superior a la humana actual; cuyo principio se atribuye erróneamente a la cultura griega. Porque la cantidad de elementos que evidencian conocimientos y tecnologías superiores aún a los actuales, son demasiados para considerar lo que comúnmente se divulga, de que el ser humano aprendió de a poco y que hasta “inventó” la rueda. Si Grecia realmente fuera la “cuna” de nuestra civilización ¿Cuál fue la cuna de la civilización griega, si no fue la faraónica del Thot Hermes Trismegisto, como la del KristnaCristo hindú? ¿Quizás la sumeria? Y así fuera que tomaron un poco de aquí y otro poco de allá, no puede caber duda que hubo civilizaciones cercanas a ellos y con conocimientos que sólo explicaron diferente al tomarlos como propios. De lo contrario ¿Cómo se explica que los griegos hayan descubierto, lo que otras civilizaciones anteriores, con las cuales tenían contacto directo, lo enseñaban desde milenios antes?2 Mas, el dejar claro que Grecia no fue el origen de los conocimientos, tampoco explica al origen del esoterismo surgido en otras culturas. Entre las personas de la más remota antigüedad, consideradas como respetables y creíbles; tanto Heródoto como Platón, han hecho referencias a los atlantes y su continente que dio nombre al océano homónimo. Se habla de otros dos continentes más, en los otros dos océanos, que son Lémur y Mu. También se dice que dos de ellos (lemurianos y atlantes) estuvieron involucrados en un conflicto bélico de tal magnitud, que fue similar a lo que sería una tercera guerra mundial, entre civilizaciones que, por aberrante orgullo, terminaron haciendo desaparecer a sus respectivos continentes, tras batallar por sobre toda la superficie del planeta. Claros detalles de esas batallas, quedaron registrados en los libros sagrados de los hindúes, entremezclados con historia alegórica. Al margen de cuán concluyentes, o no, puedan ser para usted las evidencias de esto; le sugiero que me acompañe a razonar, presuponiendo que pudieran ser ciertas tantas evidencias de culturas hiper desarrolladas en la antigüedad milenaria. Estas civilizaciones “desaparecidas” con sus continentes, tenían naves voladoras y aparatos de radio; lo cual evidencia una tecnología mínima, similar a la nuestra actual. Pero si
Si desea saber en qué me baso para hacer esta clase de cuestionamientos, le sugiero que lea a quienes, mucho antes que yo, lo evidenciaron de un modo obvio. La primera respecto al mito de Grecia como cuna y origen de los conocimientos, al igual que infinidad de aberraciones en las que han caído líderes religiosos como científicos, entre otras cuestiones, fue Madame Helena P Blavatsky. En sus obras “Isis sin velo” y “La doctrina secreta”. Libros que pueden ser cuestionados por la desprolijidad y las reiteraciones de algunos conceptos, pero que no afectan al gran mérito de todo lo que expuso esa investigadora y no tiene sentido resumir aquí a los 10 tomos. Respecto a huellas de antiguas civilizaciones muy superiores a la nuestra, otro excelente divulgador, ha sido Erich Von Däniken y sus varios libros sintetizados en dos excelentes películas, difíciles de hallar, tituladas “Recuerdos del futuro” (como parte 1 y 2). Además de varios otros que colaboraron a esto de modo directo o indirecto. Pongo por ejemplo a C. Knight y A Butler, con su libro “La primera civilización”; dado que es de los pocos que tengo a mano para poder citar y mi memoria, para algunas cosas, es muy lamentable.
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sumamos detalles como los de la historia de Sodoma y Gomorra, cuyos “ángeles corpóreos” pudieron destruir ciudades en unos pocos segundos, de modo controlado y hasta “convertir en sal” a la mujer de Lot “por desobediente”… esto no lo puede lograr aún nuestra tecnología y es uno de los tantos elementos que nos obligan a suponer que su grado tecnológico era muy superior al actual. Ahora bien. Si al igual que la humanidad actual, estas civilizaciones fueron víctimas de líderes corrompidos por la soberbia y el orgullo, al punto de llevar a la destrucción a los continentes, cual una tercera guerra mundial. ¿Qué habría pasado con los pocos sobrevivientes de ambas razas? ¿No habrían intentado una lógica tregua para parlamentar, analizando la situación? Y tras darse cuenta que no tenía sentido terminar de destruirse mutuamente ¿no habrían intentado transmitir a lo mejor y más útil de sus propios conocimientos y experiencia, para que los “primitivos humanoides” que pululaban por diferentes partes de lo que quedaba del planeta, pudieran evolucionar sin caer en los mismos errores que estas “razas superiores”? El tema más difícil a resolver era ¿qué conocimientos transmitir y cómo? Póngase usted en el lugar de uno de los muy pocos sobrevivientes de la humanidad actual que, además, sólo quedan repartidas por el planeta, unas pocas tribus similares en cultura a los pigmeos de la amazonia y los aborígenes australianos. ¿Qué les trataría de dejar de legado y cómo? (espacio para que se tome el tiempo de pensar) ¿Ya lo pensó? ¿Se tomó su tiempo? Pues bien, si pensó en relatarles un “génesis” alegórico de la verdad de cómo es y funciona el universo, junto con un tratado moral y ético para que lo tengan como “religión”, ha coincidido con ellos y lo que hicieron. “Enviados de Dios” (o de los dioses. Muchas veces denominados o considerados ángeles corporizados) con la intención de ayudarlos, enseñándoles diversas formas de facilitarles las tareas para tener un progreso más rápido, junto con los rudimentos de la tecnología básica, en un principio. (¿O a Adán y Eva no se les enseñó a cultivar, después de “echarlos” del Edén? Supervisándolos de modo frecuente y “corpóreo”? Esto, acontecido tan sólo un par de milenios antes de Cristo, cuando sabemos que ya había civilizaciones florecientes en otras partes del globo). Para continuar, como siempre hay personas destacadas en el género humano, seleccionar a los más capacitados e íntegros, para transmitirles conocimientos mucho más profundos, que no cualquiera puede comprender o dar buen uso, a fin de que no dependan exclusivamente de los “enviados de Dios” para todo. Pero con la estricta fórmula de comprometerse a sacrificar la salud y propia vida, antes que revelarlos a quienes se dudara de que fueran a hacer buen uso de los mismos. Este concepto de “secreto de muerte”, resulta claro si comprendemos lo que fue el “Arca de la alianza” que hizo fabricar Moisés a la nación hebrea. Actualmente, se sabe que era un generador eléctrico tan potente, que cualquiera que lo tocara sin la debida protección o

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aislamiento, automáticamente recibiría una descarga mortal.3¿Para qué querría y usaría el gran “profeta” y “mago” (recordando que fue adoptado por egipcios y criado por los más altos sacerdotes versados en “magia”. Magia con la cual los derrotó para lograr la liberación de la nación hebrea) tener un generador eléctrico tan potente, sino para comunicarse con “Dios”, como si se tratara de los actuales aparatos de radio? ¿Acaso no les “llovía maná del cielo”? Pero el motivo del presente, no es poner en evidencia lo que otros ya hicieron holgadamente y salta a la vista de quien lea objetivamente a la Biblia y otros libros sagrados. Cité esto, para resaltar la razón por la cual se creía que realmente estaban supervisados en vivo y en directo por un “Dios diferente”, y que faltar al compromiso, de hacer un digno uso de los conocimientos, reservándolos sólo a auténticos merecedores, era una instantánea “condena a muerte”. Lo mismo para quien quisiera profanarlos, como acercándose imprudentemente al “Arca de la alianza”. Las más grandes “magias” (y milagros) de la antigüedad, en su inmensa mayoría, no eran otra cosa que conocimiento y dominio muy profundo de tecnologías superiores a las actualmente conocidas que, en algunas circunstancias, se concatenaban armónicamente con el poder espiritual manifestado con la voluntad y lo que bastante bien se denomina “fe”. Si bien con el tiempo los “enviados de Dios” tuvieron cada vez menor contacto con los distintos pueblos o “elegidos de Dios”; en los seres humanos quedó la impronta psicológica y la costumbre de respetar las normas. Así, no sólo nacieron muchas alegorías, aparentemente incomprensibles, de cómo y qué es Dios. Porque cada pueblo o cultura intentó explicarlo a su modo y, además, amalgamar la presencia de esos seres corpóreos que hacían de “mensajeros de Dios” confundiéndose, con el paso de los años y las transcripciones, quién era cuánto de qué. No hay duda de que existe una entidad real que dio origen al universo y lo que contiene. Pero como dije, bastante confundida en los libros sagrados, con los “mensajeros físicos de Dios”; en el origen de la creación y de los seres humanos. Así, se necesitó recurrir a que surgieran “libros secretos” como la Cábala hebrea4 para que algunos sí, pudieran comprender claramente las cosas, sin mezclarlas o confundirlas, dado que el común de la gente no podría comprender tanta complejidad y recurría a sintetizar, como actualmente sucede con los idiomas en los chats por internet, porque es “mucho trabajo” recordar y explicar a todo correctamente. Dichos libros secretos, codificados mediante símbolos, alegorías y, especialmente, asociaciones de correspondencias matemáticas, sólo serían explicados a los discípulos que fueran considerados merecedores de la confianza para transmitírselos, como celosos custodios y preservadores de un conocimiento fundamental para la evolución. Por lo expuesto hasta aquí, queda bastante clara la razón por la cual el esoterismo es la madre de los conocimientos más profundos y básicos, pero que sólo unos muy pocos alcanzan
(En Estados Unidos, no hace mucho, se hizo una réplica basada en las descripciones de libros y se suspendió su exposición pública por mortalmente peligrosa. Y no es la primera vez que se corrobora esto).
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(La cual es una mezcla de lo aprendido de diferentes culturas, como extensamente lo explicó Blavatsky; sin importar mucho, al tema que trato, de cuáles culturas en particular)

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a comprender o desentrañar. Sobre todo, si no cuentan con ayuda de alguien que ya los comprenda en profundidad y que, normalmente, en la antigüedad, era el líder espiritual y “mago” por ser el representante elegido de los “mensajeros corpóreos de Dios”. Si bien es posible que, en algún momento de la historia, los supervivientes de las civilizaciones anteriores hayan decidido “elegir” a la nación semita (luego a la rama hebrea) como su “pueblo favorito” (de la región); el comportamiento de los mismos a lo largo de la historia que bastante clara está en la misma Biblia, hace evidente también, a las razones por las cuales perdieron a ese favoritismo, como también el contacto y protección, o ayuda directa, de estos seres. Por esto mismo, no es de extrañar que casi simultáneamente, en cuestión de tiempos históricos, en diversas partes del planeta, diferentes culturas hayan florecido con un despliegue de conocimientos técnicos y científicos que aún hoy maravillan a muchos investigadores. No hubo un solo y único pueblo “heredero” de sabiduría. Porque habría sido tan estúpido como poner a todos los huevos en una única canasta. Era necesario dar igualdad de oportunidades de desarrollo a poblaciones muy apartadas entre sí. De tal modo que, el día que lograran, como en la actualidad, comunicarse todas entre sí, con la suficiente profundidad y entendimiento; pudieran también corroborar cuánto habían heredado en común y, como suele decirse “sumando dos más dos”, comprender los principios comunes que las unían, como también el mensaje implícito en todas, como un rompecabezas cuyas piezas encajan perfectamente. Todas las culturas han tenido sus sectas de transmisión de conocimientos esotéricos. Cada una los transmitía o enseñaba a su manera, al igual que los rituales y pruebas para verificar el nivel de confiablidad que podía tener el futuro adepto si se decidía a iniciarlo. Como es lógico de suponer, todas las escuelas o sectas esotéricas, se han ido deformando en diverso grado y no parece existir alguna realmente incólume en conceptos, símbolos y rituales alegóricos. Conservan mucho, sí; pero ni los adeptos más estudiosos logran explicar coherentemente algunas de las contradicciones o falacias en las que incurren o se exponen en sus enseñanzas. Al igual que en la masonería, los rosacruces y cualquier secta esotérica, sea por el lado místico o religioso, hubo diferentes grados o niveles de iniciación. Para quienes no conozcan tanto del tema, puedo compararlo, también, con los colores de cinturón y grado “dan” (de maestría) en las artes marciales; que según el nivel de conocimientos y responsabilidad demostrada, se le permite al alumno (luego maestro) presentarse a una nueva prueba o examen que, de superarlo satisfactoriamente, recibirá el derecho a nuevo color de cinturón y una enseñanza más avanzada, acorde a la nueva jerarquía; o el título de nivel “dan” más avanzado. Obviamente que, en las sectas esotéricas, las pruebas para avanzar al siguiente nivel iniciático, eran muchísimo más severas y complejas que las de artes marciales. Las que se conocen de la actualidad, se han desprendido de probar verdaderamente a los adeptos, al punto de poner en riesgo la vida del mismo, del modo apropiado para demostrar su valía en relación a lo que debe demostrar y quedar evidente. Podría afirmar que se atienen más a la parte simbólica de la iniciación, con pruebas de eficacia relativa. De lo contrario ¿cómo es que a lo largo del tiempo, tantos adeptos han “faltado” a sus juramentos y se conoce mucho material de las mismas? Este detalle, es una clara evidencia de que, por adaptarse a los tiempos, han sido reformadas y perdido parte de la sabiduría heredada. Porque si no “saben” cómo corroborar qué adeptos merecen ser iniciados; porque no faltarán al riguroso secreto de los mismos ¡qué poco alcanzan a comprender a la naturaleza humana! Y cuánto menos comprenderán lo 13

“inmaterial” (menos accesible que lo humano); como las cuestiones meta físicas, especialmente lo que es y cómo actúa el universo-Dios. “Los misterios de Eleusis”, era una de tantas escuelas de profunda sabiduría esotérica. Algunos, quizás se pregunten ¿Por qué no se quería enseñar el conocimiento a cualquiera? Si el conocimiento hace libre a la gente. La respuesta es una serie de analogías: El conocimiento es la herramienta básica y fundamental para hacer cosas. Cuanto más se sabe o domina un área o disciplina, más poderoso se es, en cuanto a realizar cosas más poderosas y potentes con menos elementos o más rudimentarios y básicos. Clara muestra de esto, es el uso que se le da la pólvora (y armas de fuego); la nitroglicerina y, especialmente, a la potencia y energía nuclear y atómica. Pueden hacer tanto bien como daño, dependiendo de las condiciones intelectuales y éticas de quienes dominen a tales conocimientos. Similar acontece, también, con el dominio de la informática y el uso que se hace de ella, que se puede hackear (superar defensas o barreras) en, y de, cualquier otra computadora o programa, incluso alterando su función a criterio del hacker o transgresor. También podríamos decir lo mismo respecto de las artes marciales, en las que normalmente no se accede a los más altos niveles, si no se demuestra, previamente y a lo largo del aprendizaje, que se es suficientemente responsable, como para no andar matando gente caprichosamente, haciendo mal uso de la misma. Por esta razón, es que se decidió imponer pruebas de capacidad. Las denominaban como pruebas iniciáticas. Las mismas eran tan severas que, algunas, ponían en riesgo a la vida de quien se sometía a las mismas y era bastante frecuente que, ocasionalmente, algún adepto fracasara falleciendo o, con suerte, sobreviviera malherido. (Pero siempre eran advertidos, de antemano, que el intentarlo era una muerte casi segura). ¿La razón? Porque los docentes debían estar absolutamente seguros de que, quien recibiera el conocimiento profundo que ellos dominaban, debía estar dispuesto (y demostrarlo) a dar su vida por conservarlos haciendo buen uso de ellos, a la vez que evitar que puedan apoderarse de los mismos personas con insuficiente ética. Soportar cualquier clase de martirio, estilo agente secreto, antes que revelar conocimientos que, tergiversados o mal utilizados en el futuro, pudieran alterar a la naturaleza y la sociedad humana de modo grave o irreparable. No por nada, desde la más remota antigüedad, los más grandes sabios de todos los tiempos, tenían muy pocos discípulos personales y, de no hallarlos óptimos, preferían que se perdiera buena parte de sus conocimientos, antes que transmitirlos a discípulos que no habían evidenciado la suficiente capacidad de comprensión de las razones éticas que no permiten difundirlos abiertamente. Un claro ejemplo de esto, además del mencionado Moisés, fueron seres como Melquisedec; Zoroastro y, más cercano en el tiempo, el popular genio de Leonardo Da Vinci; que sabía mucho más de lo que se le conoce, con alto grado de iniciación esotérica. Conocimientos que prefirió llevárselos a la tumba en gran parte, antes que revelarlos a ninguno de sus pupilos favoritos, por más amor que sintiera por ellos, al punto de tenerlos, como se dice, de amantes personales. Quiero destacar un par de detalles de Leonardo Da Vinci que, aparentemente, no se les prestó la importancia histórica que merecían. En primer lugar, que desde joven él decidió por “motus propio” ser lacto-ovovegetariano; por una cuestión ética, que dejó clara en sus escritos. Lo cual, es más que evidente que contraría por completo a los especialistas en nutrición que afirman (al menos 14

históricamente hasta hace poco) que el consumo de partes de cadáveres animales, es “indispensable para una nutrición adecuada”. Porque ¿cómo afectó esa “nutrición incompleta” a la genialidad y salud de Leonardo, quien vivió sano hasta la ancianidad, en un medio ambiente mucho más precario que el actual, y en contacto frecuente con apestosos cadáveres, que exploraba, diseccionándolos, para investigar en forma práctica a la anatomía?5 En segundo lugar, deseo sembrar la semilla de la duda respecto del ¿por qué habrá pintado a las ramas y enredaderas del “Árbol Universo” (del castello Sforzesco; sala “Delle Asse”). En forma de guarda geométricamente intrincada e innatural? ¿Quizás por sus profundos conocimientos esotéricos que encubrió, al igual que a las guardas de las ramas y enredaderas, con “follaje” y “hojarasca” que los disimulen, pero dejando clara evidencia de que SABÍA lo que hacía? ¿O tan sólo porque sería un esquizofrénico leve que podía permitirse el lujo de semejante “veleidad”, como también la de “inventar” artilugios que asombran hasta en la actualidad? En uno de sus libros publicados6 “Holosabiduría, doctrina perenne de lo absoluto”; el profesor Sabomir, especialista como no conocí otro en simbología de religiones y civilizaciones antiguas, no sólo expone evidentes relaciones y coincidencias geométricas y simbólicas entre las culturas más antiguas, con un patrón en común entre ellas, también que varios hombres destacados en ciencias o artes, habían adquirido buena porción de esos conocimientos, como el caso del enigma de Durero, con la imagen de la fórmula para obtener a la piedra filosofal, entre otros. (Imagen en la que se ve a un artista con un gran compás, dibujando sobre una pared descascarada, a una pareja dentro de un círculo que está incluido en un cuadrado que, a su vez, está dentro de un triángulo, abarcado por un gran círculo). Teoría que no es el único en afirmarla, aunque nadie hasta ahora, que yo sepa, ha logrado asociar y explicar tan ampliamente como él. En especial, en el libro “Secreto de secretos”; que por ahora (julio de 2007) se encuentra inédito y a la espera de los fondos necesarios para ser impreso.

El gran rompecabezas de la sabiduría esotérica Si los supervivientes de Atlántida y Lemuria tenían tanta capacidad técnica y de conocimientos, lograda por milenios de evolución, resulta obvio que también tenían el conocimiento necesario para prever lo que es la naturaleza y conducta humana a lo largo de los siglos. Razón por la cual, desde la propia experiencia, no podían correr el riesgo de que sólo una población fuera la depositaria de todos los conocimientos y sabiduría que pudieran transmitir. Más que nada, porque en tiempos históricos evolutivos, es imposible prever con exactitud a las consecuencias de conductas de futuros líderes, como también de factores naturales y sociales, como guerras, plagas y hasta corrupciones endémicas monopolizadoras(Lo anterior está reforzado, también, por la milenaria costumbre hindú de “no consumir partes de cadáveres animales”, quienes viven y se reproducen, desde hace milenios, “desafiando” a las “terribles deficiencias nutricionales” a que lleva semejante dieta ética).
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(no disponibles en librerías por ahora)

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manipuladoras del conocimiento (caso de algunas religiones del planeta o persecuciones político-religiosas). Se hacía necesario brindar bases o claves abarcando a la mayor superficie posible del planeta, de tal modo que las culturas, al influenciarse y comparar conocimientos, no dejaran de tener una misma base en común y no afectara en gran medida a la esencia de lo que se quería transmitir, al cambiar de una religión a otra, por invasión o imposición cultural. Pero tampoco debían confiar exclusivamente en la transmisión religiosa, que puede llevar a fanatismos extremos manipuladores. Había que pergeñar fórmulas de transmisión que agradaran al vulgo de cualquier religión; raza e, incluso, actividad. Las más importantes áreas que ningún ser humano dejará de prestar atención, al menos a una de ellas, son: a) Religión (con superstición incluida). b) Ciencias y tecnologías. c) Artes. d) Raíces (pasado). e) Lo lúdico (juegos). Teniendo claro a esto, había que hallar una forma de distribuir lo que se quería enseñar, reiterado en cada una de éstas actividades, pero de modo que sólo se las pudiera abarcar por completo al tener en cuenta a varias y compararlas entre sí. a) La parte de las religiones: Dado que el universo entero se rige por leyes matemáticas simples que, partiendo de ínfimas variantes (como la composición atómica o de la cadena genética), se pueden lograr combinaciones casi infinitas; las fórmulas matemáticas con “números sagrados” fue la base de lo que se transmitiría en todas las áreas a todas las culturas posibles. Bases matemáticas que, a la vez, son de progresiones geométricas, como claramente se deduce del ying-yang oriental y cuya progresión geométrica, está explicada en casi todas las religiones antiguas, pero con alegorías casi irreconocibles. Casi todas las religiones, coinciden en un génesis cuyos números siguen una correlación idéntica del origen de la creación, dependiendo del punto del proceso en que comiencen a explicarla, para que realmente encajen con las demás. Hago esta aclaración, porque algunas religiones comienzan desde el “despertar” de la entidad primera (Dios), mientras que otras inician desde la condensación de lo que generará a la materia. Clara muestra de ello, son los diseños geométricos o de bases geométricas que abundaron en los artículos religiosos como: artesanías, esculturas, pinturas, etc. de la más remota antigüedad. Una de éstas, son las características de base para crear un mandala. Bases numéricas de progresiones geométricas que están explicadas entre alegorías de historia, como en la sacralidad y posición o significado de algunas letras. Caso del alfa y omega y Iud He Vau He (Yahvé), por dar alguna referencia, como también la “Aum” (u Ohm) sánscrita-hindú. Muchos de los símbolos y mitologías antiguas, son tan fantásticos como incongruentes para quienes no sepan descifrarlos. Por ejemplo, el mito del héroe griego Hércules, que tenía por mazo a un árbol entero; cuando, para su tamaño corporal, sería incomodísimo utilizar al 16

árbol completo. Esto, entre otras aparentes incongruencias que, a varias de ellas, explicaré más adelante en este libro. Incongruencias que, por fantásticas, han sido más que útiles para impresionar la mente de las personas y, así, sean fácilmente recordables, sin que las futuras generaciones las desvirtúen demasiado a lo largo de los siglos e historia. b) Ciencias y tecnologías: En cuanto a ciencias y lo tecnológico, por peligroso, pareciera que se han perdido el grueso de los conocimientos. Existe en la India una gran columna de hierro puro (mencionada por Däniken); que increíblemente es inoxidable. Técnicamente, se supone que es porque han evitado que su composición contenga un elemento que permite la oxidación. Pero, según los que entienden del tema, hasta en la actualidad es hiper complejo lograrlo ¿cómo lo habrían resuelto entonces? Sobre todo, por la altísima temperatura indispensable para tal proceso. ¿Por qué peligroso el conocimiento? Imagine espadas y cañones inoxidables. ¿Qué líder guerrero, atenazado por ambiciosos consejeros, no sería capaz de torturar al máximo (hasta que el cuerpo torturado fallezca) con tal de lograr la fórmula que le otorgara tanta ventaja y poder casi absoluto? ¿Acaso no fueron condenados a muerte, por mucho menos y en épocas más “civilizadas”, Juana de Arco y caso similar el de Galieo Galilei? Por razones como ésta, se han perdido “magias”, conocimientos tecnológicos tan increíbles como el mencionado, al igual que los necesarios para construir el “arca de la alianza” del Moisés bíblico, entre mucho otros que tan sólo podemos deducir actualmente, gracias a colosales vestigios arquitectónicos, o esculturas inconcebibles para aquella época y, muchas de ellas, aún imposibles hoy en día. Entre estas últimas, el sólo hecho de fabricar grúas lo suficientemente poderosas como para mover y trasladar a gigantescas tallas de piedra egipcias, realizadas en una sola pieza o bloque, en una clase de piedra que NO ES de la zona o región y han tenido que trozarlas para su traslado, a fin de evitar que semejante patrimonio histórico quedara sepultado bajo las aguas de la represa de Asuan7 Lo mismo respecto al conocimiento biológico, botánico, mineral y alquímico, para realizar pócimas y ungüentos que más quisieran poder saber muchos laboratorios farmacológicos y químicos de la actualidad. Sólo algunas migajas hemos podido conocer, gracias a las momias y lo que se halló cercano a éstas, en inexplicable estado de buena conservación. Sin ir más lejos, las maquetas de madera de aves que, accionadas, realmente vuelan por sí mismas (“juguetes” que nuestra civilización jamás realizó). c) Artes: En muchos yacimientos arqueológicos, se han hallado elementos decorativos, así sea en murales, vasijas, joyas o ropa; que a pesar de la distancia e incomunicación con otras civilizaciones, la mayoría de sus motivos simbólicos o abstractos poseen en común tantos detalles, que resulta demasiado insustancial atribuirlo, como suele hacerse, a la simpleza en la forma de realizar guardas o explicar eventos. Por más que las figuras geométricas simples subyazcan en el inconsciente colectivo o cualquier forma de la naturaleza, al igual que los números principales “sagrados” de las religiones. Las coincidencias son demasiadas, para atribuirlas a “mera casualidad” o coincidencia natural e “ignorante” de qué es lo que se estaba
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(mencionadas por Däniken en sus libros y mostradas en una de sus películas).

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plasmando en lo profundo. Especialmente, con algunos muy abstractos para ser “simple” guarda o dibujo “decorativo”. 8 Pero también, se han hallado objetos como las calaveras de cristal (cristal de roca); en diferentes lugares, que no son réplicas exactas entre sí, como fabricadas por una misma mano y máquina, de modo serial. Aunque sí, por una misma tecnología. Entre ellas, hay una que aún es un enigma para los estudiosos, porque presenta una perforación, similar a un disparo que la atraviesa de lado a lado, pero de forma OVAL y sin la menor huella de quemadura (por láser) ni del lógico astillado que debiera producirse en los rebordes del mismo, por acción mecánica. ¿Con qué tecnología lo habrán hecho, que es imposible reproducir a la fecha? Esto, sólo son detalles de lo que la humanidad no ha sabido “merecer” por parte de sabios que prefirieron que tal conocimiento se perdiera con sus muertes físicas. d) Raíces: Es muy raro que a algún ser humano no le interese ahondar en sus propias raíces. Razón por la cual, ampliada a la propia especie, surgió como ciencia la arqueología. Previendo esto, es que se dejaron tantos templos, construcciones y señales que sobrevivieron casi perfectamente al paso de los siglos. Los más populares, las pirámides de Egipto, los jardines de Babilonia, los colosos de la isla de Pascua y, junto con las pirámides Mayas, también los geoglifos de Nazca, Perú; entre otros que aún no se difunden de modo fácil de hallar para estudiarlos (Selva amazónica entre Bolivia y Brasil, por citar uno). Pero es un tema del cual Däniken se ha encargado de difundir muy bien y ampliamente, como para detallarlo. No fue él el único. Muchos han intentado, con bastante acierto, descubrir a los misterios y propósitos de tales huellas aparentemente absurdas o ilógicas. Por ejemplo, las medidas constructivas de la pirámide de Gizeh (Keops) y sus relaciones astrológicas, además de su posición en el planeta. Además de los “vaticinios históricos a futuro” mediante la deducción de las inscripciones que abundan en sus pasillos.9 e) Lo lúdico: Hay “juegos” de los cuales se desconoce su antiquísimo origen. El más popular de ellos, es el ajedrez. Se alcanzó a descubrir que hasta una faraona había aprendido a “consultarlo” con un dominio asombroso. Si figura “consultarlo” es porque, al igual que las cartas del Tarot (de las cuales se derivan todas las demás barajas, tanto españolas como francesas); son métodos para realizar planteos y poder analizar sus variables. La intrínseca relación existente entre el ajedrez y la cosmogonía del saber esotérico, incluidas todas las religiones más importantes es área que, como mencioné, explica bastante claramente Sabomir. Sin embargo, sabia y astutamente, se ha permitido que el vulgo tome como juegos a semejantes herramientas, con el propósito de asegurar más “piezas” al “rompecabezas” de la realidad y de la sabiduría que nos ha sido legada hace milenios.

(Aquí hago referencia, entre otros, al excelente trabajo sobre símbolos precolombinos, del mexicano Federico Gonzalez, que se puede hallar en internet).
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(Libro “El secreto de la gran pirámide”; no recuerdo el autor).

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Tema aparte y relacionado. Un tema intrínsecamente vinculado, es el que corresponde a la filosofía del I-Ching del Tao Te Ching (Originado hace más de cinco mil años, en la época de Fu Xi y rescatados en compilaciones específicas, mayormente por Lao Zi; y complementado por Confucio). Filosofía que no entra en la categoría de lo “lúdico”, dado que nunca se ha alcanzado a tergiversarlo como juego; aunque, similar al Tarot, muchos lo han adoptado como método supuestamente eficaz de adivinación (al I-Ching); y fragmentando al resto según las ramas que tratan, pero perdiéndose mayormente la globalidad del contenido; por la amplitud que abarca y lo poco que suele interesar abarcar tanto; dado que los humanos solemos buscar lo que más nos interesa en particular, restándole importancia a lo que no. Sobre todo, si se ignora cuán intrínsecamente está todo interrelacionado y lo fácil que se vuelve el aprendizaje de cualquier tema, cuanto más se conozca de otros. Aquí, es donde viene bien la reflexión analógica: ¿Cómo puede un médico (o cualquier persona) comprender cabalmente la función e importancia de un órgano vital como el corazón; si no conoce, teniendo una clara idea, de cómo es el resto del funcionamiento del organismo; especialmente de la razón de ser de la sangre y su circulación? ¿Cómo se puede entender (y peor aún, enseñar) cabalmente a una filosofía completa, cuando sólo se conoce con bastante profundidad a una sola de sus ramas, o áreas? A pesar de todo, gracias a las características tan distintivas de las culturas orientales, que son como femeninas, en relación a lo masculina que es la occidental; dado que históricamente se han regido más por lo emocional y abstracto, que por lo lógico racional, ha permitido que el conocimiento simbólico abstracto del I-Ching, como el grueso del Tao Te Ching, se conservara casi intacto, a pesar de lo dificultosa que resulta su comprensión para la mentalidad occidental. Más específicamente aún, el concepto del esquema denominado Tai Chi Tu, que es un ying-yang rodeado de los ocho Pa Kuá, o trigramas básicos, “de los cuales surgieron todas las cosas”, según se explica tradicional y correctamente, si sabemos interpretarlos. Hasta qué punto pueden alcanzar también las distorsiones a la sabiduría oriental, salta a la vista en el orden de las posiciones de los Pa Kuá (trigramas básicos), como la del yingyang central y su dirección de giro.10

Las puntas de los ovillos en el armado del rompecabezas Cuando se comienza a descubrir que dos religiones teóricamente muy diferentes, tienen principios y símbolos o alegorías comunes, la pregunta obvia es ¿Cómo es posible tanta coincidencia? Pregunta que invita a explorar el laberinto intelectual que parece un galimatías imposible, salvo que se posea, un “hilo de Ariadna”, como Teseo, para no perderse al buscar al minotauro y, después de vencerlo, poder hallar la salida (congruencia). Y aquí otra metáfora.
(No todas las láminas que se consiguen los tienen correctamente ubicados, comenzando por el trigrama “Cielo” arriba, y el “Tierra” abajo).
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Si alguien está buscando afanosamente algo por el suelo, y tenemos intención de ayudar ¿cómo podremos hacerlo con cierta eficacia, si ignoramos qué es exactamente lo que se busca? Cuantos más detalles precisos nos sean facilitados de lo que se trata de hallar, más rápidamente recorreremos la superficie del suelo, o entorno, con la mirada y más fácilmente podremos reconocer al objeto en cuestión. Lo mismo acontece con la sabiduría más antigua, la heredada. Porque está por todas partes en que dirijamos nuestra atención, al igual que los anuncios publicitarios. El problema reside en que, cada pieza de este rompecabezas, suele hallarse muy repetida con variantes de una a otra. Es decir: Imaginemos un anuncio publicitario que muestra a la popular “Gioconda” y que, niños traviesos, cada vez que hallaban a uno de estos afiches, lo “mejoraban” poniéndole el propio toque artístico. Algunos agregaron lentes para leer, otros de sol, en diferentes modelos; no faltaron quienes decidieron maquillarla, teñirle el cabello, colocarle sombrero y hasta barba o bigotes de diferentes clases. ¿Cómo saber cuál es la apariencia original de “La Gioconda” si siempre la vemos “retocada”, cuando no está mutilada o sucia? La respuesta es tan fácil de decir, como difícil de lograr. Más que nada, por la constancia y objetividad necesarias para tal tarea y no porque sea realmente difícil, si se tiene, como dije, la necesaria constancia objetiva. Pero ¿cuántos estamos liberados de prejuicios o esquemas mentales impuestos desde la religión; la ciencia o desde nuestra propia rebeldía de tendencia antagónica? Dice un viejo refrán “la mentira tiene patas cortas” y, otro, “La verdad, a la larga, sale a la luz”; porque ella es como una luz, cuyo brillo no se puede ocultar durante mucho tiempo. Estas afirmaciones, son muy válidas en cuanto a historia. Porque si bien suele ser escrita por los vencedores; siempre habrá huellas que permitan reconstruir a las cuestiones más importantes, una vez que hayan fallecido los distorsionadores que imponían a sus puntos de vista. No recuerdo bien si fue B. Franklin quien afirmó: Se puede engañar a muchos algún tiempo y algunos mucho tiempo; pero nunca se podrá engañar a todos todo el tiempo. Por eso es que hoy hay tantas religiones “nuevas” y ni la católica, con todo su poderío y estructura, ha logrado mantener su hegemonía basada en tantas distorsiones que, hoy, para quienes analizan desde el sentido común, desprejuiciadamente, son insostenibles en su mayoría.

Sobre las nuevas religiones Desde hace unas cuantas décadas, han surgido ramificaciones religiosas y nuevas sectas, tanto religiosas, como filosóficas y hasta de “auto ayuda”, como flores en primavera. En su inmensa mayoría, sólo son más de lo mismo, con pequeñas variantes de interpretaciones de una a otra, en relación a sus fuentes. Unas cuantas, han tratado de nutrirse de la polaridad complementaria amalgamando, como supusieron más adecuado, a las corrientes doctrinarias filosóficas-religiosas orientales con alguna occidental, dada la “moda” que comenzó con el “descubrimiento” (en el mundo occidental) de las disciplinas yogas y la filosofía hindú. Entusiasmo reavivado con el 20

“descubrimiento” (siempre para la cultura occidental); de las cuestiones relacionadas con el Tao Te Ching, especialmente la doctrina Zen. Esto es producto de la clara insatisfacción de una cantidad de personas, cada vez mayor, que estando inmersas en la cultura occidental, sienten la necesidad de buscar satisfacer su interioridad; y ante el fracaso de las religiones y filosofías de occidente, las buscan en las de oriente, o por el lado místico-espiritual. (A este último lo dejo para más adelante). Sin embargo, aquí tenemos un nuevo problema: Así como las religiones occidentales imponen ritos y fórmulas mal explicadas y hasta distorsionadas, que por eso no se comprende por qué “no surten efecto” o “Dios es incongruente”; se inclinan a buscar otras variantes, como las orientales. Pero en estas últimas, por sus características “femeninas” y su lenguaje e idioma tan diferentemente estructurado, no suele comprenderse a qué intentan referirse y, de hacerlo, las traducciones resultan pésimas o muy deficientes. Clara muestra de ello, es la popular afirmación de que, para obtener la “iluminación” o estado “búdico”, hay que aprender a “desprenderse”; “anular” y hasta “matar” o “aniquilar” al ego. ¡Terrible error! (de interpretación conceptual o traducción, según el caso). Porque el ego, es parte intrínseca de los seres humanos, indispensable para la vida física. Es una aberración semejante a afirmar que, para poder ser lúcido, hay que desprenderse de toda emotividad y, por eso, aplicar las palabras “desprenderse” hasta “aniquilar” al corazón del propio cuerpo físico. (Tema que desarrollaré más adelante). Capítulo aparte merecerían las doctrinas o corrientes basadas en el misticismo o las comunicaciones con seres no humanos, o “grandes iniciados”. De las cuales, la línea iniciada por Conny Mendez, basada en el supuesto Conde de Saint Germain; además de ser la más popularizada e influyente, hace más daño que beneficio y, lamentablemente, sus bases conceptuales han sido adoptadas por muchas personas que difunden cursillos, enseñando imprudentemente, técnicas de apariencia eficaz, pero totalmente contraproducentes al objetivo real; por las “trampas para neófitos” que no supieron detectar y contrarrestar de esa fuente tan poco confiable.

¿Cómo buscar pistas? Quien intenta buscar y aprender realmente, el primer problema que encuentra, es una parafernalia de informaciones de lo más variadas. Basta con ir a cualquier librería e intentar adquirir un libro que realmente ayude a vivir mejor. Quien nos atienda, puede tener una de las siguientes actitudes: a) Reconocer abiertamente que sus conocimientos son muy limitados como para sugerir algún libro entre los miles que hay sobre el tema, dado que no los conoce a todos, ni tiene suficientes referencias confiables. b) Especificarnos, bien intencionadamente, cuál es el “más llevado” (o recomendado entre clientes) que pueden ser simples novelas con alguna que otra verdad “revelada” durante la misma; como ocurre con los autores de moda.

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c) Que sea un investigador inclinado por una rama en particular y, por eso, subjetivamente, nos recomiende todo lo inherente a la misma. Sea de los rosacruces, los gnósticos, o cualquier otra doctrina, válida o no. d) También, puede ser de los más raros de hallar, que sugieran comenzar por los más clásicos. Donde el error más frecuente, es sugerir a los “alquimistas” e “iniciados” de la época medieval, como Papus; o del mencionado “conde” de Saint Germain. De este modo, quien recién se inicia, se encuentra de pronto con que no está buscando una aguja en un pajar, sino a las flores y frutos de un árbol que sólo intuye como “el mejor de la selva”; pero que nunca vio, ni tiene claras nociones de cómo es; teniéndolo que buscar en una diversidad como la selva Amazónica. ¿Cómo saber qué libros leer y cuánto de cierto hay en ellos? Si la mayoría de los que escriben libros, apenas descubren unas pocas verdades, impacientes, tratan de “revelar” su “descubrimiento” de la fórmula para “vivir bien” (como si fuera hacer pólvora) y, de paso, con esto conseguir dinero mientras continúan aprendiendo. En otras palabras: Leen unos pocos libros de diferentes corrientes o doctrinas; hacen una amalgama entre las mismas que, por haberles dado resultado a ellos (parcialmente), consideran que ya “saben” cómo lograr un auténtico “despertar” y hasta “iluminación”. Aclaro: Sabiendo por experiencia que algunos se preguntarán con qué autoridad realizo semejantes aseveraciones, me parece necesario especificar que, para descubrir teorías o posiciones erróneas, no es imprescindible dominar por completo a un tema. Claro ejemplo de esto, es lo que nos legó Platón, como la forma de razonar de Sócrates; que para poner en evidencia cosas falsas o conceptos erróneos, no era necesario ser un erudito en esas áreas; sino más bien regirse por el sentido común; siguiendo un razonamiento lógico. De las enseñanzas Socráticas, queda más que claro que, la verdad, cuando es tal; se evidencia por su propio peso, como las frutas cuando se caen de maduras. Música no es hacer sonar instrumentos, con o sin destreza, sino lograr una bella armonía. Armonía que es imposible, si no está en “consonancia” vibratoria con la naturaleza de las cosas. Por esta razón (entre otras); es que Platón no aceptaba como discípulos a quienes no tuvieran una base de conocimientos musicales y matemáticos. Por otra parte ¿cómo es posible que niñitos pequeños, que ignoran el proceso de la reproducción, puedan darse cuenta que los bebés no llegan traídos por una cigüeña, sino que están “dentro” de las que serán las madres? Lo mismo es aplicable a descubrir las falacias y errores de postulados; sectas; doctrinas y corrientes que se difunden como supuestas panaceas de autoayuda, para crecimiento interior o lograr “iluminación”.

El camino a recorrer El verdadero camino de la sabiduría es tan largo como lento para transitar. Porque es análogo a subir pendientes cada vez más altas. No es una sola montaña. Imaginemos un valle u hondonada, rodeado por anillos de elevaciones cada vez más altas. El primero, más interno, son tan sólo lomadas altas. El segundo (hacia fuera), es de sierras bajas. El tercero, de sierras altas. El cuarto, de pequeñas montañas. 22

De este modo, cuanto más avanzamos escalando, a la vez que podemos ver mejor desde lo alto, también, descubrimos que, detrás de lo que parecía “lo más alto”, hay más montañas, más altas aún y, el horizonte, es cada vez más y más amplio. ¿Cómo Sócrates, en su momento, con todo lo que sabía, no iba a afirmar “sólo sé que no sé nada”? Si al estar en una montaña alta, se puede ver claramente que uno es apenas un pequeño e ínfimo puntito, menor que una mota de polvo en un universo gigantesco. En tal circunstancia, resulta fácil sentirse más pequeño, y aparentemente, tan intrascendente como una célula cualquiera del propio cuerpo. Pero así como cada célula de nuestro cuerpo tiene una razón de ser por su función específica y contexto en el que fue creada, lo mismo acontece con toda otra forma de vida, no sólo la humana. Y en el presente, intentaré que cada uno pueda tener las herramientas básicas, bastante claras, para descubrir el propio sentido de la vida y comenzar a vivir con más plenitud, por la satisfacción de “ir en la dirección correcta” haciendo aquello para lo cual existe.

La base en la búsqueda de pistas ¿Qué se habrá querido decir, por boca del Jesús bíblico, cuando expresó “tratad de ser como los niños, porque de ellos será el reino de los cielos”? Por la actitud. Mente abierta, desprejuiciada, comportamiento natural y espontáneamente inquisitivo. En otras palabras: Naturalidad “ingenua”. Ingenua por la observación y análisis objetivo, libre de estructuraciones de presuponer cosas impuestas social o culturalmente, como la de “buscar la quinta pata al gato”. Error común en el que han caído la mayoría de las corrientes occidentales, especialmente las filosóficas y científicas “positivistas”. La primera guía que podemos hallar, prácticamente libre de deformaciones serias, es el texto de la “Tabla esmeralda” (La fórmula para obtener la Piedra Filosofal, que transmuta en oro a todo con su toque) que “heredamos” del legendario “dios Thot” también conocido como Hermes el trismegisto. No porque fuera el verdadero Thot egipcio o el Hermes griego; sino porque era tan sabio que, de relacionárselo con los conocimientos que favorecen tales dioses, se terminó confundiendo con que realmente lo era. Si bien la Tabla Esmeralda (también denominada como “Operación del sol”) Sólo son varias frases que parecen casi incongruentes entre sí; sobre todo si, como se supuso mucho tiempo, se la considera sólo una fórmula alquímica. Hay que meditarlas serenamente, no una vez ni en poco tiempo, para poder ir descubriendo a qué habrá querido referirse el sabio personaje que la dejó como fórmula para lograr “transformar en oro” lo que se proponga, si se sabe interpretarla. Los conceptos más fáciles de comprender son: “Separarás a la tierra del fuego; a lo sutil de lo grosero. Suavemente, con sumo cuidado”. Es decir: A lo sensato, de lo apasionado o vehemente; a la verdad madura y sutil, de entre las falsedades o deformaciones a que invita el ego, mediante el orgullo o la soberbia de añadir la “impronta personal”. Con la necesaria delicadeza o prudencia (suavemente, con 23

sumo cuidado) para no incurrir en las mutilaciones o distorsiones prejuiciosas o de esquemas mentales. También, tener claro que “como es abajo, es arriba y viceversa” (porque absolutamente todo el universo se rige por mismos principios) y el resultado se manifiesta en infinidad de analogías y similitudes. Motivo por el cual, es cierto lo que se afirma de que fuimos “hechos a imagen y semejanza” (aunque no por la apariencia física, precisamente, en relación a lo que verdaderamente es Dios; pero sí, en cuanto a principios varios). Sumemos a esto, que absolutamente todo se rige por fórmulas matemáticas, de bases simples que, por cantidad de variables, como un gigantesco ajedrez, se vuelven hiper complejas. Teniendo en cuenta, además, que el universo entero es armónico. Lo que se sale de la armonía, no dura. Rápidamente es contrarrestado por el “peso” (como gravitacional e inercial) de la armonía generalizada del resto. De este modo, cualquier cosa que sea motivo de nuestra atención, relativamente fácil podremos reconocer en sus partes cuánta “parte de Dios” (de realidad absoluta) hay en la misma. Además, si aprendemos a usar la “herramienta” de trazar analogías, por saber que “como es abajo, es arriba; y como es arriba, es abajo”. También nos resultará más fácil comprender cosas que escapan a la verificación directa por métodos científicos racionales. Lo cual, dicho en otras palabras, es el concepto válido del macro y microcosmos semejantes. Idénticos en principios, pero con pequeñas variables que los hacen diferentes. ¿O no resulta claro que, los átomos, son como sistemas solares en miniatura? ¿O que todas las cadenas genéticas de seres vivos tienen una estructura casi idéntica? Lo verdaderamente “maravilloso” de algunas de las frases legadas en la Tabla Esmeralda, es que no son aplicables únicamente a lo físico, sino también a lo psicológico y lo espiritual. Lo cual puede ser ejemplificado en la costumbre de trazar la correcta analogía de la familia, como “célula básica” de la sociedad humana. O que una nación, es como “una gran familia” y, también, que las estructuras sociales, son como órganos de un mismo cuerpo (la actitud militar es claro ejemplo de esto, aunque es aplicable a toda organización social). Sin ir más lejos, esta progresión es aplicable al planeta entero, como lo expuso rescatando conceptos milenarios, Elisabet Sabtouris en su libro “Gaia, la tierra viviente”. Conceptos que son trasladables hasta abarcar a todo el universo entero, comprendiendo finalmente que, Dios, es un hiper organismo complejo que abarca al universo entero y, nosotros, como células internas de uno de sus órganos. Células que, en lo más profundo de nuestro ser, que es el propio espíritu, tenemos la impronta del código genético del universo mismo; la cual nos permitiría comprender a todo lo que nos propongamos, por reconocer la codificación de cada una de sus partes. Pero para acceder al mismo y descifrarlo, es imprescindible lograr una óptima armonía interior, que facilite la comunicación con el espíritu, en lugar de ser dificultada y hasta interferida por el ego, la parte animal de nuestro ser, como detallaré más adelante.

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SEGUNDA PARTE

El universo Dios
La necesidad de recurrir a analogías Para poder comprender al origen del universo y lo que es Dios; al menos, en lo que humanamente podemos abarcar, desde nuestra limitada capacidad; no nos queda otra opción que recurrir a analogías, como lo han hecho todas las religiones de la historia, recurriendo a imágenes simbólicas de lo más conocido por las propias culturas. Como en la actualidad, el dominio de conocimientos masivos, es mucho más amplio y técnico, podemos realizar nuevas analogías, mucho más aproximadas y claras que las antiguas. Para ello, comenzaré por mi favorita, a la cual recurro con harta frecuencia. Previamente, debemos tener clara la realidad conceptual de una de las máximas esotéricas de la Tabla Esmeralda, respecto al macro y microcosmos, sintetizada “como es abajo, es arriba; y como es arriba, es abajo”. Como también, una idea bastante clara de la biología propia y el funcionamiento celular. De este modo, resultará indudable que, cada célula que compone a nuestros cuerpos orgánicos, es un individuo completo y complejo en sí mismo. Individuo que, al igual que los seres vivos de los que forma parte intrínseca, depende de factores medio ambientales para su natural desarrollo, supervivencia y reproducción. ¿O los seres humanos no dependemos de aire bastante “limpio”, hidratación, alimentos y, sobre todo, condiciones atmosféricas de: presión; temperatura y humedad, dentro de ciertos límites? Cada célula orgánica tiene en sí misma, por su cadena genética y de multiplicación, la capacidad de reproducir por completo a un organismo de las mismas características del que forma parte o fue originada. De lo contrario, la idea de la clonación sería imposible. Lo más asombroso de lo perfectamente armónicos que son los organismos animales, como el nuestro entre los más complejos; es que cada célula es tan “inteligente”, que sabe amoldarse perfectamente a la función que le toca, en el órgano, sistema o medio en el que se halle (siempre y cuando sea natural o similar al mismo). Actitud muy diferente a la humana que, socialmente, casi nadie está conforme con lo que es o le ha tocado ser en la vida y entorno social en el que se halla inserto. También, es de destacar que todo nuestro cuerpo físico (como el de cualquier otro ser vivo) es una gran sociedad de diversas especies de células (como razas; especies y formas de vida que abundan en este planeta), agrupadas en órganos y sistemas que, concatenadas de modo armónico, conforman una unidad mayor que, por ejemplo, es cada uno de nosotros en sí mismo. Y así como el cuerpo tiene órganos, sistemas y estructuras con diferentes y complementarias funciones, compuestos por células que colaboran entre sí, armónicamente siendo de especies muy diferentes, como la sangre y los anticuerpos, con la piel; del mismo modo, en este planeta, las diversas especies y formas de vida cumplen una función que, actualmente, se las engloba bajo la denominación de ecosistemas.

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Pero no abarquemos todavía al planeta entero. Limitémonos a la especie humana que, socialmente, también como las células, los individuos nos agrupamos en órganos o sistemas que, de modo análogo a nuestros cuerpos, tienen sus funciones específicas. Desde los recolectores de residuos, que hacen de intestino grueso y colon; hasta los dirigentes políticos, que hacen de células cerebrales; o la policía y fuerzas de seguridad, que hacen de anti cuerpos; como también las cadenas de distribución y aprovisionamiento, que hacen de sangre. ¿No resulta asombroso que las sociedades humanas, inconscientemente, hayan tendido a convertirse, en sí mismas, “cuerpo orgánico” análogo al propio? A su vez, el planeta entero es un gigantesco cuerpo orgánico compuesto, al igual que nuestros cuerpos, de varias especies que tienen su propia razón de ser, aunque no siempre la alcancemos a tener del todo clara; como muchas veces sucede con la función del aparentemente “inútil” apéndice; que a muchas personas se les extrae si se les inflama de modo importante, alcanzando el diagnóstico de “apendicitis”. Sin ir más lejos, muchos podrán comentar ¿Qué importa una pilosidad (pelo) más o menos en nuestros cuerpos? Más que nada, porque ignoramos la función que realmente desempeñan y, para peor, muy pocos alcanzan a notar (o sufrir) las consecuencias de haberse depilado por completo los genitales, las axilas u otras partes. Las cejas, aparentemente tan inútiles como decorativas, son como aleros de los ojos, que contienen y desvían a la transpiración que pueda resbalar hacia los mismos. De este modo, casi toda vellosidad o pilosidad de nuestros cuerpos, tiene una función que, por pequeña y, a veces, intrascendente en la forma de vida que llevamos, suele ser menospreciada y hasta tenida como una “estupidez” de la naturaleza. ¿Cómo no habríamos de ser terribles depredadores de ecosistemas planetarios, cuando ni siquiera hemos aprendido a valorar las funciones de lo que forma parte de nosotros mismos? Se sabe que la vegetación en general, no sólo renueva el aire, sino que también colabora en funciones múltiples como la de retener y favorecer la humedad ambiente, tan imprescindible para otras formas de vida, como la nuestra. Si trasladamos las comparaciones análogas, descubriremos y resultará claro que, el universo entero, es también un organismo estructurado armónicamente. En él, nuestra galaxia es tan sólo un órgano y, nuestro planeta, apenas una de sus células. Muchos, desde la soberbia natural, inducida por la masiva creencia de que somos la especie superior del universo, consideran que es absurda la afirmación de que nos resulta imposible poder abarcar y comprender lo que es Dios por completo. Para poner en evidencia la falacia de tal soberbia infundada, recurriré nuevamente al ejemplo celular de nuestros propios cuerpos. Imagínese por un momento, que una de las células internas de su propio cuerpo, como por ejemplo del hígado, se pregunta ¿Qué es Dios? Al igual que las demás preguntas filosóficas trascendentales de los individuos pensantes, como ¿para qué y por qué nací? Etc. Para esa célula ¿no sería usted “Dios”? Ahora bien ¿Cómo podría hacer para demostrarle y evidenciarle de modo claro, que su función y razón de ser (la de la célula) no es casual y tiene mucho sentido que esté donde está, con la función que le ha tocado desempeñar? Es más: ¿Cómo le demostraría que tamaña organización celular, de diferentes especies de células, concatenadas en órganos y sistemas tan armónicos, no es producto de una evolución azarosa y selectiva (teoría Darwiniana); ni tampoco que la creó usted en forma directa diciendo “háganse las células” (explicaciones de religiones occidentales)? 26

Sobre todo ¿cómo haría para que comprenda que el “todo” del cual ella forma parte, es un ser completo y complejo que, a su vez, también tiene un sentido en base a cómo se interrelaciona con el medio o entorno del cual depende? Así como a una célula, le resultaría IMPOSIBLE poder comprender y abarcar a la realidad completa del ser del cual forma parte intrínseca. Del mismo modo, nosotros, pequeños especímenes; ínfimos en el universo completo ¿cómo podríamos abarcar y comprender a lo que es la totalidad del universo-Dios y su razón de ser? (recuerde, o sepa, que la palabra universo, surge de la unión de los conceptos “unidad formada por diversidades”). Por otra parte ¿Cómo podemos pretender que “Dios” se ocupe personalmente de nosotros, cuando hay una hiper estructura prevista para atender y prever absolutamente todo? Es lógico y está bien dirigirse a Dios; porque es como dirigirse al presidente de un gran consorcio, o al presidente de la “junta directiva” del conjunto. Pero es demasiado presuntuoso, considerar que atiende en persona y, peor aún, culparlo de lo que no alcanzamos a comprender y consideramos necesitar. Porque es como si una célula nos culpara de un raspón en la piel, que nos pudo ocasionar otra persona de modo accidental. O de que hemos sido “demasiado injustos” al crearla como célula de la planta de los pies, que vive soportando el peso del cuerpo, en lugar de célula de la piel del rostro o, mejor aún, de la piel del estómago, que casi siempre está protegida y “sufre muy poco” en relación a las demás.

Lo que sí, podemos alcanzar a abarcar de lo que es Dios Está sintetizado y alegorizado de modo muy similar, comenzando desde diferentes partes, en casi todas las “génesis” religiosas y, de modo abstracto, en las filosofías más orientales, como el Tao Te Ching, cuyo I-Ching, es como el apéndice sintetizado al máximo; cual es también, de otro modo, el compendio de láminas egipcias Libro de Thot, más conocido como cartas del Tarot. Respecto de su modo de crear y obrar, cual bastante claramente lo expone el prof. Sabomir en su libro “Secreto de Secretos”; es el “Gran arquitecto” que parte de principios y estructuras muy simples que, al ir combinándoselas entre sí, en su infinidad de variables, se conforma la infinita variedad de cosas del universo. De lo cual, el “juego” del ajedrez, es tan sólo una muy apretada y abstracta síntesis que sirve de referencia. Baste saber, como principio básico y elemental unas pocas cuestiones de base y guía: 1.- Absolutamente todo, en el universo, se rige por mismas bases y principios SIMPLES. 2.- Estos principios siguen una lógica matemática y aritmética tan bien proporcionada como la “armonía” en música que, a su vez, también sirve para la comprensión y combinación de colores. 3.- Los principios rigen en todas las trinidades (las explicadas en el cuadro sinóptico del dígito 3, algo más adelante) del mismo y análogo modo. Razón por la cual, los principios y leyes de física, son aplicables de modo análogo a lo físico-material denso, como en lo mental (psicológico, social, antropológico); y en lo espiritual (religioso y “etéreo”). Lo cual hace que prácticamente todo tenga analogías en cualquier área que se estudie. 27

¿O no se acostumbra, sabiamente, trazar analogías entre los cuidados de plantas, con los cuidados que necesita el ser humano? Por otra parte ¿No se acostumbra afirmar que “las cosas se decantan por su propio peso” para poder “ver claramente” situaciones? ¿No se recurre con frecuencia a la “ley de causa y efecto” comprendiéndosela cada vez más ampliamente? Como también los principios de la atracción de polaridades complementarias y un montón de ejemplos más, respecto de cuán bien rigen a los diversos aspectos trinos, las leyes de física (y química). Esto, precisamente, porque absolutamente todo, ha sido creado y es regido por los mismos principios con mínimas variantes que, cuanto más elementos variados estén combinados, más complejo parece comprenderlo. Más que nada, por la dificultad para no “enredarse” o “perderse” por ramificaciones de poca trascendencia y la dificultad para abarcar tanto que, si bien es simple, por su amplitud y variedad resulta “complejo”. Por lo hasta aquí expuesto, no queda otra alternativa que tratar de explicar muy apretadamente a las cuestiones de numerología de los dígitos básicos (del 0 al 9) con alguno que otro número sagrado compuesto, como el 12, que se reitera constantemente en casi toda cultura y simbolismo. Al recurrir a exponer las cosas desde la numerología sagrada, lo cual es demasiado complejo-abstracto, como de ramificaciones múltiples; solicito se me excuse de parecer incompleto. Las razones son de espacio para detallar y comparar. Necesitaría de mucha documentación que no tengo a mano, como también de extenderme varios tomos con láminas o ilustraciones. Además, para que puedan quedar claras las bases, es necesario que se medite larga y repetidamente sobre lo que expondré. Téngase en cuenta que, meditando serenamente sobre esto, pasa por una cuestión de deducción lógica comprenderlas e ir corroborando su veracidad en las diversas áreas en las que son aplicables y el cómo. Ésta, es la base por la cual me atrevo a exponer una síntesis tan “incompleta” en apariencia. El universo-Dios, como lo afirma la milenaria doctrina hindú (y lo comenta Blavatsky bastante ampliamente), tiene ciclos de expansión y retracción, con letargos intermedios. Ciclos de años que duran cifras con más de 16 dígitos, y no importa mucho, en este libro, cuántos con exactitud. Es como si el universo fuera ciclos respiratorios de inhalación-exhalación, con pausas en cada extremo. O también, como lo han alegorizado muchas religiones antiguas; un “huevo imperceptible” (imposible de conocer y abarcar) del cual surge el universo y, pasado su ciclo, se reabsorbe en sí mismo.

La numerología: base de explicación “encriptada”. Previamente, una aclaración. Como son muchos los conceptos que se ha recurrido a sintetizar mediante números (en cuestiones esotéricas), y éstos tienen principios o similitudes varias; no siempre significan una sola y misma cosa, dependiendo del contexto en el que se los halle. Por esta razón, menciono a las asociaciones principales o más comunes para cada dígito. El número 0: 28

Al iniciarse un ciclo, pareciera que no existe absolutamente nada de nada. Esto, es comparable a cuando se observa agua que posee a varias clases de sales y minerales diluidos en ella. Quien la observa, la notará pura, limpia, como que no es otra cosa que la popular composición química H2 O. Pero si pasa cierto tiempo, comenzará a observarse que, en esa agua, comenzarán a asentarse las mínimas impurezas; solidificarse algunas sales y, sobre todo, aparecer moho y, quizás, hasta bacterias. Del mismo modo, cuando el universo-Dios es una “nada” previa al comienzo de “algo”, se lo simboliza con el dígito “0” (cero) ó un círculo que, también, evoca la idea de “huevo”. Dígito que, como los círculos, es utilizado para representar ciclos, aunque de modo diferente que el ocho, especialmente acostado. En segunda importancia, suele atribuirse el 0, ó el círculo, a característica femenina o de útero. En síntesis, el 0 es “lo latente” como semilla u óvulo sin fertilizar. Aunque también se lo asocia ocasionalmente con útero o femenino. El número 1 El “despertar” de Dios, para comenzar a re-crear al universo desde sí mismo, se simboliza como un punto en el centro del círculo. Aunque más bien es una línea vertical que lo subdivide en partes iguales. Dicho punto, representa a la conciencia que tiene de sí mismo. Conciencia que comienza a expandirse en las cuatro direcciones básicas, y se grafica con una cruz, cuyas líneas surgieron del punto central hacia arriba-abajo y derecha-izquierda simultáneamente. Esta cruz simétrica dentro del círculo, representa a Dios consciente de sí mismo y con la voluntad de crear, dado que ya se ha expandido en las cuatro direcciones. Por esto, es que se le asigna el dígito “1” (uno), y se le asignan múltiples significados, que derivan de unidad primera o principal, pero también “voluntad consciente”. Voluntad que, a simple vista, parece “Magia creadora” y, por eso, en el Tarot es un “mago” o “alquimista”. Dado que de ella es que realmente comienzan a surgir y tomar formas las cosas, concatenadas con la inteligencia. En síntesis, el número uno y la línea vertical, es un concepto de asociación fálica, por el hecho de que representa “lo que inicia” (se introduce en) o “lo que fertiliza”, y comienza siempre por la “voluntad de hacer”. El número 2 El número dos, siempre representa a polaridad complementaria. Lo que puede confundir, es cómo se interprete, o a qué se adjudique como complemento. En el caso de graficar a Dios, al despertar; la primera polaridad complementaria a la voluntad creadora es la inteligencia. Razón por la cual, es el significado que se le atribuye al segundo arcano mayor del Tarot, denominado “Isis con velo”. Toda creación u obra coherente, requiere de la concatenación de estas dos cosas básicas y primordiales: voluntad e inteligencia, para poder plasmarse de algún modo.

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Por lo general, así como se atribuye el dígito uno, o lo vertical, a lo masculino o activo; para lo femenino o reactivo11 suele utilizarse el 2. Rara vez, pero también: a lo horizontal; o al círculo (según contexto); o el dígito 0 (cero), también dependiendo del contexto en que se lo halle. Una salvedad: En el caso del I-Ching; dado que todos los trigramas se conforman con líneas horizontales; las que son enteras corresponden a lo masculino, mientras que las partidas (con hendedura, como vagina); representan a lo femenino. Del mismo modo, los colores blanco y yang, a lo activo-masculino, mientras que el negro y ying, a lo reactivo-femenino. El dígito 2, ocasionalmente, también es alegorizado con serpiente o dragón y, por esto, en la antigüedad eran sinónimos de inteligencia o gran sabiduría, denominándose a algunos sacerdotes como los hombres-serpientes u hombres-dragones. El popularísimo Quetzalcóatl ¿No era acaso una “serpiente emplumada”?12 Pero también, cabe aclarar que la figura del dragón, si bien es como una serpiente que tiene la capacidad de volar; en las mitologías orientales representa a la parte masculina o yang de nuestro ser (el tigre a la femenina y ying). Mientras que, para las europeas, suele representar a la parte animal de nuestro ser: el ego, que necesita ser “vencido” y “domesticado”. (Tema que ahondaré en otra parte del presente). Por último, el 2 y serpientes, por su sinuosidad, en muchas alegorías representan “energía” que, según el contexto, será a la clase de energía que se alude. Ya sea la Kundalini que recorre a la columna vertebral, según el hinduismo y budismo; o las serpientes del báculo “hermético” que pasó a ser “hipocrático” y símbolo de medicina. En síntesis, el 2 representa “polaridad complementaria” y, por su sinuosidad, se lo asocia con serpientes, cuyo verdadero y original concepto (las serpientes), es el de “energía”; mezclándose a unos con otros a lo largo de los siglos. Para peor, a las serpientes con dragones o “emplumadas”, tornando más dificultosa la interpretación de cuestiones comunes en las diversas religiones y mitologías, entre lo alegórico visual, con lo profundamente esotérico. El número 3 Parece un verdadero galimatías seguir estas atribuciones a los números. Pero cuando se los tiene presentes, resulta fácil identificar, por el contexto mismo, a qué aluden en particular. Sólo para dar pistas, a riesgo de confundir por dar demasiada información junta, mencionaré que las letras Alfa y Omega griegas, son las polaridades complementarias de Dios; masculina y femenina respectivamente. Pero que en el caso de la Cábala hebrea. La palabra Iahvé, está compuesta por dos letras de atributo masculino (la Iud y la Vau), y una sola femenina, repetida, que es la “He”. Razón por la cual, casi siempre “Dios” es una trilogía como la cristiana, que afirma “Padre, hijo y espíritu santo”, siendo éste último el equivalente a la “He” hebrea y femenino complementario, evidenciado que, al persignarse, el espíritu santo
(uso el término reactivo, porque no es pasivo totalmente. Tampoco recurro a “negativo”, porque se mal interpreta tal definición de electricidad como “malo” y es totalmente impropio); (Hay una lámina, creo que extraída de un grabado en piedra, en la que se muestra y aprecia claramente a varios guerreros serpientes que, de izquierda a derecha, tienen cada vez más plumas, siendo el primero “desplumado” y, el último, un “Quetzalcóatl”. Si esa ilustración no es una clara forma de representar gráficamente que es un proceso de “emplumar” para cobrar “vuelo espiritual”, similar a como se grafica en las tiras cómicas… ¿Qué otra cosa podría ser?)
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ocupa ambos hombros como “doble”, además de horizontal (que es atribuido a lo femenino). Lo mismo representó la diosa egipcia Isis, primero como esposa de Osiris y luego del hijo mutuo Horus o Amon-Ra (heredero y reemplazante de su padre, en función de “Iluminadorfecundador”, como el sol. Osiris es el “hermano” y “fallecido” de Isis (parte masculina del Cero “original”, primero e indivisible o “hermafrodita” en sí mismo). Como sólo quiero dar un par de pistas, en lugar de explicar todas las simbologías y atributos de la gran cantidad de dioses y sus alegorías, o lo que representan; haré notar que hay dos conceptos alegóricos de Isis. Una, la pareja-hermana de Osiris. Otra, alegóricamente hablando, la femenina “lunar” y que, por ser también “materia primordial”; es que “se casa” con su “hermano” Osiris y luego con el “hijo” mutuo Horus, que se lo denominó AmónRa según épocas o circunstancias. Más adelante, al ir asociando con los ying-yangs, en lo numerológico, al llegar al ocho, quedará claro que el primero de todos, es la pareja Osiris-Isis y, el segundo complementario, es representado por Seth-Neftis; con quienes engendraron (aparentemente no se halló registro de esto) a las demás cosas y seres de la creación, de los cuales sólo se alude a los 72 cómplices de Seth contra Osiris. 72 que representan a los “arcanos” del Tarot sin incluir a las tres dualidades de la trilogía suprema (alegorizados en las parejas primordiales de Osiris-Isis; la estrella de David; etc.). Es de observar que Dios, al despertar, ya de por sí es “hermafrodita”, macho y hembra (como los “hermanos” y “cónyugues” Isis y Osiris), cual voluntad e inteligencia que, al ponerse en movimiento acordado (por desposarse), como lo representan las cruces gamadas o, mejor aún, el ying-yang; forman a la primera manifestación de sí mismo que, como Horus en los egipcios, es el “Hijo” en el esoterismo cristiano y el Brahma hindú (que surgió del ombligo de Vishnú (Loto mediante) que, a su vez, estaba recostado sobre Adisecha). Es decir, las trilogías, casi siempre aluden a la primera manifestación de Dios, de sí mismo, perceptible o cognoscible. Es análogo al “fruto del amor”, o de la unión de los opuestos concatenados y, por esto, en el Tarot se lo vincula a “Isis sin velo” (cognoscible) y representando al amor, en su más amplia concepción. Si es una trilogía y unidad al mismo tiempo, es porque al igual que nosotros, seres humanos, también somos una trilogía de alma, mente y cuerpo. En las génesis religiosas, podría decirse que el “alma” (y voluntad) se subdividió y diferenció en la mente (más bien inteligencia). Mente y alma que originaron al cuerpo físico (principio de manifestación perceptible o cognoscible) en el cual “anidar” ambas para poder interactuar en la materia, conformando una unidad de triple composición (cuerpo-mente-alma). Unidad de la cual sólo es perceptible, o claramente cognoscible, la parte física. ¿Cómo no se afirmará que fuimos “hechos a imagen y semejanza”? Todo esto, esotéricamente, siempre es representado por el dígito 3; y el triángulo equilátero. Triángulo que, según contexto, puede aludir a lo trino de cuerpo, mente y alma. O, también, a las áreas que les corresponden, como ciencia, filosofía y religión respectivamente. Si tenemos bien presente que nuestra conformación no es tan sólo cuerpo, sino que incluye mente y alma. Resultará más fácil comprender que siempre, el número 3 y triángulos, son la “escala menor” o básica, que indica estadio, composición, o generación. (Al decir estadio, me refiero a sólido, líquido y gaseoso, que se corresponden, respectivamente, como atributos o alegorías de cuerpo, mente y alma). Las posibilidades de “encriptar” cuestiones, partiendo de combinar estas formas de relaciones, como por ejemplo: “sólido” con “mente” en la “religión”. O, también, “filosofía de la piedra gaseosa”. Estará abarcando la trinidad de modo solapado, pero bastante correcto. Que es a lo que se refiere el cristianismo con el “Padre, hijo y espíritu santo”; o la imagen de origen egipcio, de un ojo dentro de un triángulo equilátero. 31

A la “santísima trinidad” o trilogía primordial de dioses; también se la puede describir así: “La energía, masculina (también “cielo” en algunos casos); fertilizó a la contraparte opuesta de sí misma, que es la materia (también “tierra” o “madre-virgen celestial” en algunos casos. Aunque a veces se la defina como “agua primordial”; o “la oscuridad penetrada y fertilizada por la luz”). De este modo, entre ambas (de la unión del cielo con la tierra; o Pareja Primordial), engendraron a la primera entidad manifiesta o “hijo” (creación primera) que, al “desposar” éste a su propia “madre” (que es la materia esencial y razón por la cual lo femenino de las trinidades es “una, de doble función” o repetida, en imagen de aparente incesto); se convirtió en “Dios manifiesto”, que no deja de ser, al mismo tiempo el Dios único, principal, o mayor de todos (por formar parte intrínseca con sus padres a una sola entidad). Que él sí, creó a quienes plasmaron a todas las cosas posibles de ser percibidas o conocidas. Sin ir más lejos, nosotros mismos somos también una trinidad de cuerpo-mente y alma. Siendo la mente, la parte “femenina” de la misma “a imagen y semejanza” de la entidad primera y trina. Somos tres partes básicas en unidad (tres partes que, a su vez, son compuestas. Recordar que el cuerpo está formado por varios órganos y millones de células). Para que no haya demasiada confusión, haré una mini sinopsis del tres en sus más conocidas o difundidas asociaciones. Religión = alma = gaseoso Filosofía = mente = líquido Ciencia = cuerpo = sólido ¿No resulta fascinante observar esta sinopsis y sus increíbles analogías como mutuas interrelaciones? Tómese un momento para meditar y reflexionar sobre las mismas. Sobre todo, si tenemos en cuenta que en la gráfica del triángulo equilátero, corresponde la base a Ciencia-cuerpo-sólido. El lado izquierdo (del que mira) a la religión, alma-gaseoso, cual si se elevara como evaporación y, el lado derecho del mismo, a la filosofía-mente-líquido, cual si se precipitara para llegar hasta lo firme y sólido, que es lo que más “atrae” a la mente. Son tan simples y evidentes, que parece increíble que casi nadie repare o se de cuenta de sus recíprocas interrelaciones. Sin embargo, así de simples son casi todos los principios universales que, por la variedad de combinaciones, se vuelven tan complejos como lo es el universo y nosotros mismos, como reflejos en miniatura, de idénticas bases estructurales, regidos por las mismas leyes y principios. ¿Por qué y cómo se vuelve tan complejo todo? Pasemos al número cuatro. El número 4 Para comenzar, si bien suele representar a todo lo cuaternario, como los elementos y puntos cardinales; a la vez que aludir a cuadrado que, de modo sintético, éste puede aludir también a cubo; representa a las dos unidades dobles, polares y complementarias, como claramente lo reflejan los ying-yang de giros opuestos, o las cruces gamadas que, según para qué lado “giran”, se denominan svástica y esvástica. Sobre el número cuatro, se podrían escribir varios libros. Sin ir más lejos, sé que hay dos sobre el simbolismo de la cruz (y cruces en general); que son un símbolo aparte, pero que también se suele representar o sintetizar ocasionalmente con el dígito 4. 32

Repasemos: Cuatro son los elementos básicos con que se forman las cosas. Dos entidades dobles, masculinos y femeninos; en sus aspectos evolutivo e involutivo (más bien de “ida” y “vuelta”, como la circulación en arterias y venas). A su vez, uno de los femeninos es activo y el otro reactivo. Lo mismo con los masculinos: uno es activo y el otro reactivo. Pero sin llegar a ser del género opuesto. Irónicamente, podríamos definirlos como dos parejas. Una común, heterosexual, y la otra, cual si fuesen una marimacho (casi lesbiana) con un afeminado (casi homosexual). Parecen del género opuesto, pero no lo son. Una pareja de ying-yang gira evolutivamente en sentido horario; la otra, en sentido involutivo, antihorario; porque como dije, son contrapartes complementarias que fortalecen la oscilación pendular o circulación, haciendo de arterias uno y venas el otro. Pero así como existen los colores primarios, que junto con el negro hacen cuatro sobre el blanco papel (o con la luz blanca, sobre la negra oscuridad); no se los considera verdaderamente completos, si no es con sus respectivas polaridades, opuestos complementarios; de la segunda generación (que ya es el 8), como los colores secundarios y notas pares de la escala musical. Sin embargo, el cuatro es la primer pareja bipolar que, al lograr hallarse con su opuesta complementaria, totalizando ocho (cuatro ying-yang) son los que han dado forma y origen real a toda la creación, como bien lo expresa el I-Ching y está simbolizado de modo abstracto en la lámina Tai Chi Tu, que está compuesta de los ocho trigramas básicos, denominados Pa Kua, rodeando a un ying yang “padre-madre” que los originó; o Dios-padre, según la mentalidad occidental. Pero quiero hacer constar que, muchas veces, quizás por impericia o falta de conocimiento realmente profundo; se utiliza el 4 para aludir a lo que, en realidad, debiera ser el 8. Caso específico de los cuatro ying yang, donde los dos superiores de giros opuestos, están reflejados abajo como espejo. Son cuatro unidades ying-yang, sí, pero les corresponde el dígito ocho, porque son “dobles” en sí mismos. Y es ésta, una de las razones que lleva a confusión a muchos estudiosos. Sobre todo, a los posteriores del primer milenio de nuestra era, como los alquimistas o “grandes iniciados” medievales, de donde surgieron muchas sectas esotéricas como la masonería, rosacruces, etc. Comprender a todo esto, es imposible si no se recurre al análisis profundo y comparativo de los hallazgos arqueológicos de pinturas, ilustraciones o grabados y decoraciones milenarias (de las diferentes culturas-civilizaciones), que también están concatenados, matemática y aritméticamente, con las cuestiones edilicias y arquitectónicas de recintos sagrados. En síntesis: El dígito 4, representa a los cuatro principios polares (que, además, son también los 4 elementos básicos de la materia, sintetizados como aire; fuego; agua y tierra) Estos son: a) Ying y yang (análogamente: masculino y femenino), en sus aspectos positivo y negativo cada uno (que también puede expresarse como activo-re activo (pasivo sólo en apariencia) y evolutivo; involutivo). b) Puntos cardinales o dimensiones-referencias sobre plano (bidimensional). Que ocasional y sabiamente, son asociados con los cuatro elementos-principios. c) Síntesis numérica alusiva a cruz o cuadrado que, a su vez, puede aludir a cuborecinto (lugar contenedor). Aire: Masculino activo yang. Fuego: Femenino activo yang. 33

Agua: Masculino reactivo ying. Tierra: Femenino reactivo ying. No he incluido en la sinopsis de arriba a los puntos cardinales, dado que varían sus connotaciones e influencia, según región y hemisferio. Para dar un ejemplo: los países de Chile y Japón, tienen exactamente invertidas las influencias de connotaciones esotéricas cardinales; por el hecho de estar en hemisferios opuestos; paradójicamente unidos-separados por el océano Pacífico. Esto hace que el este y norte de japoneses, equivalga al oeste y sur de chilenos en muchísimas cuestiones, pero no todas. El número 5: El cinco representa a lo que está por sobre los 4 elementos, combinándolos. Es lo que incluye a lo que les da movimiento plasmador y suele ser graficado, geométricamente, con la estrella de cinco puntas. Estrella que representa al conjunto evolutivo (cabeza arriba) o involutivo-destructivo (cabeza abajo, como lo relacionado con sectas satánicas). En el zodíaco oriental (horóscopos chinos); se le adjudica el elemento “Aire”. Hay que tener en cuenta que las atribuciones a los elementos (cómo han sido concebidos y su aplicación) son “diferentes” pareciendo más completas. Pero esto, tan sólo porque abarcan otro tema particular, donde lo metafísico es como un elemento extra; que influye, sí, pero suele crear confusión. En definitiva, el zodíaco oriental, por tratar otros aspectos esotéricos intrínsecamente relacionados y parcialmente superpuestos con el occidental (como ying y yang en movimiento) es perfectamente complementario del occidental (Se basa y ahonda, más que nada, en las características de la luna y de Júpiter). A tal punto es complementario, que explica claramente la mutua interdependencia de todos con todos, ya sea desde la generación, la dominancia y otras consideraciones que no detallaré, para no hacer un tratado aparte. En síntesis, el 5 representa dos cosas: O bien a la “cabeza” que mueve a los cuatro elementos; o a un conjunto completo que “tiene cabeza” (conocimientos y voluntad que dirige). El número 6: Básicamente es la doble tríada; compuesta por la trinidad con su opuesta complementaria. Representa a “la duda”; porque muestra las dos “opciones” fundamentales para todo, como el ser o no ser. Evolucionar o degenerar. Se lo representa geométricamente como la conocida “estrella de David” (la de seis puntas, formada por dos triángulos equiláteros y opuestos complementarios que son, gráficamente, las dos polaridades de Dios. Podría decirse que son los dos aspectos polares de Dios , concatenados armónicamente como en la realidad acontece, de Dios “bueno” y “malo” (ángeles y demonios) hermanados. Manifiesta y evidencia que siempre hay un equilibrio y polaridad en todo. Dios no es solamente “ángeles” (o angélico), sino que también los “demonios” forman parte intrínseca y permanente de su Ser, dándole equilibrio pendular.

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El 6 invita a reflexionar (por eso se lo rotuló en el Tarot como “la duda” entre dos caminos a seguir); para aprender a reconocer y diferenciar las polaridades y actuar conscientemente respecto al camino (decisión) a tomar. Como también representa a las dos primeras trinidades, las más cognoscibles (cuerpo y mente); que no siempre están de acuerdo entre sí; es que puede representar al ser humano sin espíritu (desalmado en actitud). Especialmente, cuando se hace hincapié en que la triple trinidad (cuerpo mente y alma) queda “sin espíritu”, como se alude con el “número de la bestia”, del triple 6. Número que alegoriza tipología de comportamiento o actitud y bien le queda a personalidades extremas como lo fue un Hitler (y muchísimas otras personas que, históricamente, no llegan a ser tan obvias en el daño que han ocasionado a la humanidad en su conjunto). La “marca de la bestia” merecería todo un capítulo que, por razones de espacio, no puedo incluir. Pero deseo mencionar que todos somos responsables de muchos rasgos de nuestro propio rostro y, por eso, la “marca de la bestia”, resulta bastante evidente para quienes aprendieron a “leer caras”; por más cirugías estéticas que puedan hacerse los “bestiales”, tratando de embellecerse. En síntesis, el número 6 representa dos cosas, según contexto. Tanto a la polaridad de la trinidad primera básica, en lo esotérico más profundo. Como también a lo que carece o necesita de la parte espiritual, en lo más mundano. Pudiendo hacer notar que se necesita espíritu para completar o decidir. El número 7: Como creo haber insinuado antes, es la escala general. Prácticamente todo en el universo, es regido por escalas septenarias. De este modo, surgen infinidad de explicaciones y asociaciones. Las más conocidas e interrelacionadas, son los sonidos y colores. Dos elementos que percibimos muy diferentes y, sin embargo, no son más que “escalas” básicas de vibraciones de un mismo “algo” (porque es complejo definir ese “algo” que podríamos denominar energía básica o elemental); en diferentes frecuencias vibratorias. Por eso, orgánicamente, las captan diferentes sentidos del cuerpo. A los que sepan y les agraden los desafíos matemáticos musicales, combinados e interrelacionados con la generación de colores; tienen aquí, en lo que mencionaré, excelente motivos para ejercitar, experimentar y corroborar. Cuestiones que también son trasladable a los siete planetas principales del zodíaco occidental, más a siete básicos y principales: Minerales; metales; vegetales (por su componente químico predominante). Que también derivan en aromas u olores, que nos influyen en los cuatro elementos básicos de nuestro ser y ánimos, sintetizados en los humores corporales, cual correctamente afirmaba Empédocles y sobre los que ensayaba Hipócrates. Detalles éstos que, los expertos en composición atómica molecular, pueden llegar a quedar fascinados, cuando corroboren el principio septenario que rige prácticamente en todo. Sobre todo, cuando después, desde las ciencias médicas, concatenadas con la psicología, corroboren hasta qué punto nos influyen los elementos, a través de los sentidos o su interacción con nosotros. Sea en colores; sonidos; aromas; o combinados entre todos los posibles. Tan sólo para dar un par de pistas, haré la siguiente sinopsis: 35

Do Fuego

Re

Mi Aire

Fa Verde Vegetal

Sol Azul Agua

La Violeta Mineral

Si Blanco (ó negro) Tierra

Rojo Naranja Amarillo Animal

Cada quien saque sus propias conclusiones, meditando; analizando y experimentando sobre cuán acertada, o no, sea la sinopsis. Sólo aclararé que, según las circunstancias, a la nota Sí, se le atribuye el color negro cuando se expresa con tintas, siendo el blanco, el verdadero, sobre lo “oscuro” (negro) de “lo desconocido” o “inmanifiesto”. Porque en realidad, meta físicamente hablando, el negro, más que alegorizar el “mal” alegoriza “lo desconocido” o “impenetrable” al conocimiento ordinario. Pero ¿Será casual, que la “armonía” predomine entre notas impares (o entre las pares) entre sí, o las que tienen a sus lados; mientras que COINCIDEN con las secuencias de colores y formas de combinarlos? ¿Tendrá esto alguna relación por la cual Platón REQUERÍA conocimientos matemáticos y musicales (especialmente de armonía) en sus discípulos? En síntesis, el número 7 es indicador de escala. Razón por la cual se considera que es “triunfador” quien logró completar alguna. El número 8: Representa a los cuatro elementos, pero incluyendo a los opuestos complementarios o sus polaridades, con las cuales se completa realmente a lo básico para conformar a todas las cosas. Es muy complejo definir la amplitud de todo lo que abarca el 8, dado que es aplicable en muchísimos aspectos. El primero y principal al que suele aludir, esotéricamente, es a principios y energías o fuerzas que rigen sobre todas las cosas, como las leyes básicas de física, que son aplicables, también, a lo mental y a lo espiritual. Son las ocho “cosas” que rigen y mantienen en equilibrio al universo entero, desde lo más pequeño, hasta la generalidad del todo. Por esto es que se le atribuye la palabra “Justicia”; dado que son los que hacen que absolutamente todo, a la larga, sea justo, por retornar al equilibrio armónico, compensando las inarmonías que surgen, como en un balanceo u oscilación pendular. No es casual que este número sea el utilizado para representar al infinito, en posición acostada. Como lo explica el I-Ching, en los trigramas básicos, principales o Pa Kuas e ilustrado con la lámina denominada Tai Chi Tu. Porque es la suma de la pareja primordial, que con la segunda y complementaria, ambas bipolares, generan a los ocho elementosfuerzas-energías, de las que surgen todo lo demás (y las mantienen en armónico equilibrio). Estas últimas, se representan con 4 ying-yang. Los dos primeros, de giros opuestos complementarios, más los segundos debajo, como reflejados en espejo. En otras palabras, son los cuatro elementos, considerados con su dualidad y polaridad respectiva que, según el caso, a veces es cuatro (sintética o unitariamente) pero que en realidad, por ser duales y bipolares, son ocho. Como de las ocho partes (en algunos casos dioses principales asociados a planetas que, en cierto modo, tienen características análogas en sus influencias sobre la materia), que están 36

en movimiento cíclico, el cual se representa con círculo; espiral o ying yang (según sea el caso particular); y cada ciclo, a su vez tiene ascensos y descensos; o períodos de evolución y retracción, con sus contrapartes ¿cómo no lo representarían con un doble círculo o un eslabón torsionado con una vuelta, que claramente indica que “todo lo que va, vuelve; para comenzar de nuevo” (cual se lo suele representar con la banda de Möbius, pero es un concepto antiquísimo). Que a excepción de la entidad primera y primordial, que aunque también “se auto impone” ciclos de expansión y regresión; como respiraciones; es lo único realmente eterno e inmutable. Absolutamente todo lo demás es “maya” (ilusión en sánscrito) por el sólo hecho de que no es eterno, sino que está sujeto a ciclos que se cumplirán forzosamente. Por esto último, reitero, es que en el Tarot se le asigna la palabra “justicia”. Porque todo sigue ciclos y leyes que, así como le dan comienzo, también final. Lo que comienza acaba (hasta lo perceptible o cognoscible de Dios, que finaliza cumpliendo ciclos sumiéndonos en el misterio más absoluto del por qué). Y todo tiende a la armonía equilibrada. Lo cual, en otras palabras, es “lo justo”. La luz con las sombras, la “creación” que necesita ser “destruida” para “resurgir renovada”; etc. Ruego se me excuse de enumerar las 8 “cosas” en detalle por cuestiones de principios esotéricos. Como sé que a la larga, quienes estudien este tema en profundidad, se preguntarán ¿Cómo es posible que el siete sea escala completa, cuando desde el ocho surgen todas las cosas? Me anticiparé a dar una respuesta para analizar en el futuro: Las siete notas musicales, no bastan para hacer una melodía. Resulta indispensable considerar al “silencio” entre las mismas. Los tres colores primarios, junto con los secundarios, que totalizan seis, forman el siete con la “blanca luz”, pero son imposibles de manifestar sin recurrir a la “oscuridad” octava y cuestión misteriosa. Lo cual está invertido en papel y tintas, por cuestiones obvias. Por todo esto, la escala en sí, es 7. Pero lo completo real, debe incluir al descanso; silencio y cuestión misteriosa por resultar generalmente incognoscible o inaprehensible, como “lo negro”. Sólo puedo sintetizar que el 8 representa a fuerzas básicas, como leyes principales también. Lo cual es una forma de decir que es el “motor” que utiliza Dios para dar forma y movimiento al universo entero. (El cual tiene su contraparte polar “negativa-involutiva” para mantenerlo en equilibrio). El número 9: El nueve representa a la trinidad que, habiendo pasado por las tres composiciones, está recorriendo al tercer estadio. En los arcanos del Tarot, está representado por un buscador de sabiduría profunda, denominado “El ermitaño”, dado que está concentrado en su búsqueda y, por eso, suele aislarse del contacto con los demás humanos que lo distraen o desconcentran de su difícil tarea. Esa ilustración podría estar representada, también, por una larva en pleno proceso de resurgir ya transformada en un nuevo ser (de humano a centauro, como explicaré más adelante). Porque representa al ser humano que, habiéndose asomado al conocimiento y entendimiento de los ocho principios y números anteriores, avizoró su triple trinidad (la del cuerpo en sus triples aspectos materiales de sólidos; líquidos y gaseosos; como la mental y la espiritual, también triples). Pero aún no las domina por completo y, por estar intentándolo, es que es el más elevado de todos. El detalle de la lámpara en su mano izquierda, indica que 37

tiene la “luz” (más intuitiva que consciente) para darse cuenta del camino a seguir para terminar de comprenderse y transformarse a sí mismo. Sin embargo, hay otros significados más amplios, esotéricamente. Se refiere a que, así como todo es bipolar o tiene su contraparte, también está “sujeto” a la triple composición en tres estadios, de los cuales, el último de todos, el noveno, es el que permite “transformación” en un ser nuevo y completamente diferente; como la del gusano en mariposa. En otras palabras, nueve son las posibilidades y “esferas” o áreas a “recorrer” o dominar (por quien inició el camino de la sabiduría profunda). Por esta razón es que el Árbol Sefirótico de la Cábala hebrea está compuesto por “esferas”. Las tres primeras, más altas, representan a la trinidad de la entidad suprema o Dios. La cuarta, es la suma de las tres anteriores, es su aspecto revelado o manifestado. De este modo, el ser humano recorre 9 esferas para llegar a la décima, que es Dios mismo. En síntesis, el 9 alude a lo triple en sus tres aspectos y posibilidades, como a las nueve esferas que comprenden o sintetizan al conocimiento máximo, de lo que es cognoscible, para obtener la sabiduría profunda y poder llegar a “ser uno con Dios” en el sentido más profundo y absoluto. A diferencia del 6, que alude a lo físico y mental, el 9 incluye a la parte espiritual. El número 12: Este número alude a los cuatro elementos en sus tres estadios. En este caso, es el resultado de 4 x 3 (en lugar de 3 + 4, que da al 7 ó “escala general” y primaria). Por esta razón, es el número de “pilares” de templos sagrados; como de “tribus de Israel”; dioses menores, etc. Ni tampoco es casual que sean 24 los ancianos sentados en tronos, el tribunal máximo celestial. Porque han sido complementados con la polaridad complementaria (negativa o involutiva, si se prefiere); y no recuerdo si se menciona en alguna parte, que están separados doce a izquierda (negativo) y otros doce a derrecha (positivo) separados por un lugar central y más alto, para un vigésimo quinto trono que no hay, pero es el espacio para Dios mismo. Todo otro número “sagrado” y simbólico, no es otra cosa que combinaciones de los números primeros, como el 12. Siendo este último, el único realmente completo, dentro de lo que sí, podemos abarcar. Los demás aluden a parcialidades de cuestiones muy profundas para explicar aquí. La mayoría, difíciles de demostrar y hasta de corroborar. Por ejemplo, que el número 64 (correspondiente a cantidad de trigramas posibles del I-Ching; de casilleros o escaques del ajedrez, y “eslabones” de la cadena genética; entre otras más; surge de la multiplicación de las polaridades de cuatro-ocho. Cada uno en aspectos femenino-masculino; más positivonegativo; más otras cuestiones). Conclusión de esta parte: Si ya de por sí, a los científicos de todo el planeta expertos en genética, les cuesta una enormidad desentrañar al código y funcionamiento de tal “cadena”, que está sujeta a los 38

mismo principios y fórmulas con que se constituye el universo mismo ¿Cómo podríamos intentar comprender en profundidad a lo que verdaderamente es Dios? Si esta cuestión de números dígitos simples, resulta tan compleja y ardua de comprensión profunda ¿cómo podemos pretender abarcar y comprender profundamente a todo lo demás, Dios mismo? Sólo nos queda la posibilidad de avanzar un poco en la comprensión (lo que es posible a nuestra finita capacidad) y trazar la analogía con la que inicié a esta parte. De que somos como células que conforman parte de un órgano o sistema que, a su vez, es parte de otro mayor y, así, continuar hasta el universo entero, Dios mismo. Comprendiendo y asumiendo que absolutamente todo se interrelaciona con todo, más allá de que seamos conscientes (o no) de esta cuestión. La gran diferencia estriba en que, si somos conscientes de que cada uno de nuestros actos y, especialmente, de que nuestra actitud ante la vida y entorno tiene una repercusión en alguna parte; nos resultará mucho más fácil asumir y sostener la actitud más difícil, de llevar una vida absolutamente comprometida con la ética y armonía del universo; resistiendo a las tentaciones de violentarla en alguna de sus partes, según circunstancias, motivados por el ego, que forma parte de nuestra naturaleza intrínseca. Más que nada, por tener claro que es imposible engañar al universo-Dios o intentar justificarnos ante la realidad universal, como acostumbramos a hacer ante nosotros mismos y socialmente; para no tener que hacernos cargo de las consecuencias de nuestros actos y actitudes. Aún de lo que “no hacemos” (o de lo que sólo pensamos); porque es posible que nos quepa responsabilidad y, así sea después de la muerte física, deberemos hacernos cargo hasta de las aparentes trivialidades o cuestiones menores.

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TERCERA PARTE

El sentido de la vida
Al comenzar este libro, lo hice refiriéndome a la importancia que tiene el “conócete a ti mismo”. Como también aludí a las preguntas filosóficas existenciales que todos los seres humanos en algún, o varios momentos de nuestras vidas, nos planteamos. Las más frecuentes, son la indagación respecto a si hubo un “antes” de la gestación física, si habrá un después y el sentido de la propia existencia, en relación a la situación en que llegamos y ámbito que nos rodea. Porque no es lo mismo nacer en una familia con fortuna económica, en un país desarrollado, que de una madre soltera y desprovista de todo lo básico, hasta de un hogar. Como tampoco sano, con belleza e inteligencia, que discapacitado o hiper limitado en esas cuestiones. Lo cual muchas veces nos ha hecho concluir que Dios, si existe, debe de ser de lo más injusto y veleidoso; porque ya desde antes de nacer, algunos nacen con ventajas excesivas y, otros, con demasiadas desventajas. ¿Dónde quedan los atributos divinos de equidad y justicia, al observar la vida desde esta perspectiva? Y aquí fallan casi todas las religiones. Porque no suelen dar una respuesta clara, concisa y coherente, salvo recurrir a muletillas evasivas como “Dios sabe lo que hace y no somos quienes para cuestionarlo”. Como desde la ciencia resulta imposible corroborar técnicamente las cuestiones espirituales, por no comprenderlas y, encima, intentar reproducirlas en laboratorios sometiéndolas a detectores que no poseen la sensibilidad apropiada ¿qué alternativas nos quedan, aparte de caer en la negación o la “fe ciega” sin consistencia argumental? Afortunadamente, algunas doctrinas religiosas y filosóficas han permanecido sin alterar detalles importantísimos, como la creencia y explicación de lo que son el alma y el espíritu y su relación con el cuerpo. Si sumamos a esto la inmensa cantidad de testimonios que hubo y hay, a lo largo de la historia, respecto a cuestiones paranormales o metafísicas, por parte de personas que, a sabiendas que lo único que obtendrían por comentar o divulgar sus experiencias, sería la burla masiva; ser tomados por locos; mentirosos y escarnios similares ¿por qué continúan abundando cada vez más? Pero es imprescindible poder liberarse de prejuicios para poder hallar el correcto sentido de lo que exponen. Lo cual sintetizaré a continuación con mi personalizado estilo. Razón de ser del espíritu. Objetivos. Como expresé anteriormente, Dios crea espíritus. Seres que son como chispas de un mismo fuego. Pequeñas flamas que, siendo individuales, no dejan de ser el mismo fuego al que pertenecen o forman parte. Totalmente ingenuas e ignorantes, pero con la imperiosa necesidad de conocer lo más profundamente posible a su propia naturaleza y a aquello de lo cual surgieron sin dejar de formar parte. Para poder satisfacer esta imperiosa necesidad, es que se encuentra deseosa de recorrer a todo el ser, vivenciándolo e identificándose en cada parte con su origen. Podríamos alegorizarlo como una célula interna de nuestro cuerpo que, cual futuro óvulo o esperma, sabe que tendrá que crear un nuevo ser como éste del que forma parte y, por eso ¿qué mejor forma de comprenderlo y abarcarlo, que recorriéndolo por completo y, de ser 40

posible, convertirse en toda clase de células, de a una por vez, para poder sentirse plenamente identificada con lo que son, hacen y sienten, cada una en su especie? Para esto, un día nacerá como célula de la piel; otro como célula del hígado. Después formará parte de los riñones, del estómago, de los pulmones, de la sangre, de los músculos, huesos, etc.Cuando haya completado al recorrido, habiendo experimentado en carne propia lo que es ser cada tipo de célula en sus diferentes clases ¿cómo no podrá considerar que comprende perfectamente la “divinidad” del cuerpo al que pertenece, donde cada una es importante, a pesar de la infinidad de diversas funciones y especies que, a pesar de sus diferencias, no dejan de ser un solo cuerpo armónico? Cualquiera que lea esto, podrá tener claro que no es lo mismo estar advertidos y saber intelectualmente que el fuego quema, que saberlo por haber corroborado el dolor que causa y las consecuencias de una quemadura. El respeto por el fuego, y hasta el temor que pueda inspirar, es muy diferente. Pues bien. Del mismo modo acontece con los espíritus. Necesitan corroborar por sí mismos hasta qué punto es maravillosa la creación, el conjunto orgánico del universoDios, por haberlo recorrido y vivenciado en todos sus aspectos. Esto es así, porque los espíritus de nuestra clase (evolutivos) necesitamos conocerlo todo vivencialmente, para poder comprender y llegar a identificarnos por completo con el universo-Dios. Sucede que las razones u objetivos con que fuimos creados; nuestra razón de ser, implica tener un profundo conocimiento del Todo-Dios, porque se prevé una función análoga (parecida, pero no igual) a la de los espermas del cuerpo, que son capaces de fertilizar un óvulo y, con el mismo, recrear un nuevo ser casi idéntico a aquél del que surgió y formó parte antes de ser eyaculado y llegar hasta el óvulo, fertilizándolo. En el caso de los espíritus, para aprender y conocer la construcción y manejo de un cuerpo, como las funciones de cada ser; se comienza por un panorama general, a modo de recorrido turístico y didáctico, a fin de conocer el mapa general y terreno. Luego, como es imposible aprender y vivenciarlo a todo en una sola vida, es que se programa comenzar, similar a la escolaridad, por las formas de vida más simples y, a medida que la entidad espiritual se va compenetrando y tiene bien claras a todas las características de esa forma de vida, es que pasa a “encarnar” en otras más evolucionadas, hasta completar el paso por todas las posibles. Como dije, de simples a más complejas. Estas experimentaciones en directo (encarnaciones) forzosamente deben comenzar por las más lentas (básicas) de las vibraciones moleculares de la escala, que corresponden al plano material que conocemos. De esta etapa primaria en la materia densa; el ser humano sí, es lo más superior de la escala.

Anatomía meta física Pero como las vibraciones lentas son tan densas para la naturaleza espiritual, como las profundidades oceánicas para el cuerpo, resulta imprescindible equiparse con traje y aditamentos tan especiales como específicos. Así, es que al espíritu, cual buzo o astronauta, se lo reviste y es equipado con lo que necesitará para poder interactuar en un entorno de vibraciones moleculares muy densas, como de gran profundidad oceánica. 41

Lo primero que se le añade, es una alma base. Alma que servirá de vestidura y arnés para la parte mental (la que conocemos y más usamos, no toda) y el ego. Al conjunto se lo enfunda en un cuerpo semi material. Que aún es de materia tan leve que, para nosotros, es etéreo y por eso se lo suele denominar como cuerpo astral o doble etéreo. Recién con todo ese “equipamiento” (que es más amplio, pero no viene al caso dar mayores detalles), el espíritu estará en condiciones de poder conectarse con, e ingresar a, un cuerpo físico. Porque así como es absurdo y demasiado molesto que un buzo, o un astronauta, ingrese totalmente desnudo a un traje con escafandra; del mismo modo resulta absurdo que el espíritu ingrese “desnudo” a un cuerpo físico. Si se medita y analiza a esto que acabo de describir, se podrá comprender claramente que somos seres “enteros” (nosotros mismos), aún sin cuerpo físico. Razón por la cual, también, a muchas personas les ha ocurrido de poder recordar detalles de vidas pasadas y comprender también por qué, al “revivir” después de estar clínicamente fallecidas, muchas personas pueden describir detalles imposibles de haber podido enterarse desde el cuerpo físico durante el tiempo que estuvieron “muertas”. Porque no aconteció otra cosa que “salirse del traje pesado de carne” y vivenciar detalles sin el mismo. Cosa que también puede acontecer mientras se duerme y, de ser conscientes durante ese lapso, sobre todo si acontece de modo voluntario, se lo denomina “viaje astral” o “desdoblamiento”. También, con esto resulta obvia la razón por la cual es bastante común que, seres recientemente fallecidos, se puedan comunicar con algunas personas muy amadas que continúan vivas; al menos una vez, como despedida, así sea “en sueños”. En otras palabras, la personalidad, el ser real que somos, incorpora como parte de sí al cuerpo carnal con el cual nos identificamos durante la vida física. Porque si bien es como un traje personalizado y hecho a medida; no deja de ser una vestimenta que, psicológicamente, “se nos hace carne”. El doble etéreo, o cuerpo astral, tampoco es otra cosa que vestimenta, pero más sutil. Y aún si nos desprendiéramos de la mente y el ego, no perderíamos a nuestra individualidad real, a pesar de que sí, cambiarían muchos detalles de lo que entendemos por nuestro “ser” o personalidad, que reside parcialmente en el alma base y, el grueso de nuestra identidad o ser, en el espíritu propiamente dicho. Mas, a todo esto será imposible poder comprenderlo con la necesaria claridad, si no me explayo lo mejor posible respecto a lo que verdaderamente es el ego y lo mal que alcanzamos a concebirlo en general. Lo que realmente es el ego Todas las culturas más antiguas que se conocen, tenían alguna forma de describir a la anatomía metafísica. Es decir, las partes que conforman a la totalidad del ser, además del cuerpo físico. Y todas ellas, consideraban a lo que denominamos ego, como una parte importante, que aparenta ser la totalidad de nosotros mismos, pero prescindible en cuanto a la continuidad de la vida espiritual o inmaterial. Los egipcios (por toda una amplia serie de razones lógicas que no detallaré, pero quedará bastante claro después) consideraban que estaba intrínsecamente relacionado con las vísceras, especialmente el corazón. Porque es donde “sentimos” entre otras cosas, y surgen las emociones incluyendo pasiones. Como describiré más adelante, son atributos y dominio del ego. 42

Desde las doctrinas orientales, se lo define como el ser o yo y, a lo espiritual, como lo que está más allá del yo o del ser. Por esto es que mal se define a lo espiritual como “no ser” o “no yo”, que origina infinidad de confusiones. Los griegos, aparentemente tomándolo de los hindúes para explicarlo a su manera, fueron quienes lo definieron como “ego” (pero deformando a la raíz griega aix; aigós = cabra). ¿Será casual que la voz “ego” derive de “cabra” para definir a la parte más notoria de nuestro ser, denominada “yo”? (recordar esto luego, en la explicación de lo que alegorizan los “sátiros” un poco más adelante de esta parte). Así mismo, todas las culturas coincidían en que había que aprender a educarlo. Mas ¿cómo saber el modo de educar a algo que no se tiene claro en: a) Qué es b) Por y para qué lo tenemos c) En qué educarlo y, sobre todo: d) Cómo? Alegoría de lo que es el ego El ego es la computadora de a bordo, con que cuenta el espíritu. El asistente general y piloto de la parte física y semi material. No llega a ser una entidad por completo. Más bien es como un animal de razonamiento binario, incorporado como “una parte” de la “tripulación” o “equipo” que conforma a la totalidad de nuestro ser (recuérdese que el mismo cuerpo físico es también una “unidad” compuesta de muchos órganos y millones de células). Pero un animal que tiene múltiples funciones importantísimas. Está dotado para todo lo que debe manejar (como dos o más brazos con múltiples dedos para un gran teclado) y una capacidad de memoria y aprendizaje apabullantes. Pero por su razonamiento simple, binario, no sabe resolver conflictos entre demandas simultáneas y contrapuestas (ni tiene capacidad para aprender a resolverlas por sí mismo de modo idóneo). La mente, es como el tablero de mandos de una nave, con todos los sistemas de comunicaciones, y aparatos electrónicos tanto sensores como indicadores de niveles. Por esta razón, el ego tiene el grueso del manejo de la mente, pero no del razonamiento profundo ni de todas las decisiones. Porque al tablero de mandos de la mente, también tiene acceso el espíritu, aunque suele dejar el grueso del manejo (de todo lo básico y varias cosas que no lo son tanto) delegadas en el ego. Para tener un poco más claro a todo esto, teniendo ya la idea general base, me parece conveniente revisar cómo lo alegorizaron otras culturas, comenzando por la griega. La concepción “griega” del ego y su relación con el resto del ser. En la mitología griega, hay tres seres mitológicos que aluden claramente a la relación que tenemos los seres humanos con el ego. Estos son: Minotauro, sátiros y centauros. Ellos consideraban al ego, como la parte animal intrínseca de nuestro ser. De la que es imposible desprenderse y continuar vivo, como querer separar la parte animal de la humana de esos seres mitológicos mencionados. (Lo cual es correcto durante la vida física o material). Minotauros: Observemos que el minotauro es un cuerpo humano poderoso, con cabeza de toro. Representa a las personas que, por su desmedido egoísmo, se han “bestializado” a tal punto que, al igual que toros, no vacilan en destruir cualquier “invasión” (o intromisión) a sus 43

dominios, intentando “quitar de en medio”, destruir enceguecidos como ante un trapo rojo que se agita frente a ellos, sin medir responsable y humanamente a las consecuencias. ¿No es la actitud típica de los egoístas que sólo pueden “ver” lo que les interesa, y son incapaces de renunciar a objetivos egoístas, aunque sean advertidos de los daños que ocasionan a terceros? ¿No es la actitud que suelen tener los tiranos; déspotas y líderes mafiosos en general, que no reparan en medios, lícitos o no, desde la ética e incluso desde lo legal, como para incurrir en sobornos y hasta asesinatos, para el logro de objetivos materiales? Pues bien, el minotauro representa, alegoriza, a las personas que se han dejado dominar por su “yo” (ego) al punto de haberse transformado en bestias absolutas. Mantienen una apariencia y cuerpo humano, sí; pero sus cabezas (razonamiento desde el espíritu) son incapaces de actitudes humanitarias o altruistas que se interpongan en sus objetivos primarios. (Pueden ser magnates que mantienen apariencia de solidarios, realizando beneficencias mínimas, que no afecten a sus intereses y objetivos. Es decir, los típicos hipócritas que son definidos como “desalmados”). Sátiros (también denominados Faunos): Seres humanos desde la cintura hacia arriba, pero con la parte inferior de cabra (generalmente macho); en cuyas cabezas se notan los cuernos del mismo animal. Presentes en casi toda orgía o “fiesta de los sentidos”. Amantes del placer y gratificaciones, en todas sus formas, especialmente en lo sexual. Representan a la actitud de la inmensa mayoría de los seres humanos, que “se dejan llevar” (por los “caprichosos” pies de la cabra) hacia los lugares (situaciones) donde abunda el placer “animal” (de los sentidos físicos, principalmente, aunque no son de descartar los psicológicos). Si la parte humana no siempre logra imponerse, queda claro por los cuernos que ostentan en sus cabezas. Cuernos que permiten darse clara cuenta que, la parte animal, no es solamente, de la cintura hacia abajo, sino que está bastante “subordinada” a la parte humana, pero influyéndola mucho, al punto de “invadir” con detalles (los cuernos, que son el arma de defensa y ataque del “yo” animal) lo más superior o elevado de las cuestiones humanas (humanitarias). Son los que se consideran “buenos” por no hacer daño, pero que con frecuencia están demasiado ocupados en tratar de lograr gratificaciones para sí mismos, como para atender u ocuparse mejor de cuestiones solidarias humanitarias como debiéramos hacerlo todos en conjunto. No tienen maldad. Pero tampoco se ocupan del prójimo más allá de lo que “les queda cómodo” y “les sobra”, porque viven demasiado ocupados en auto gratificarse lo mejor posible, buscando relacionarse con quienes los acompañen en tales objetivos. Centauros: Son también los que se utilizan para representar frecuentemente al signo astrológico de sagitario. Son seres humanos que, de la cintura para abajo, tienen cuerpo de poderoso corcel. La parte humana, hace de cuello y cabeza del animal. Alegorizan a los seres humanos que han logrado subordinar a su “parte animal”, de tal modo, que les sirve de cabalgadura potenciadora de sus características humanas. Si en lugar de “montar” el torso y cabeza humana reemplazan al cuello y cabeza animal, es para dejar claro que lo animal “tiene cabeza y orientación humana” (altruista). Es decir que ya no piensa por sí, si no a través de la parte humana (humanitaria). Que es, precisamente, la razón por la cual los centauros eran considerados como los seres más poderosos y nobles. Casi a la altura de semidioses, mereciendo el mayor de los respetos. Si las armas con las que los representaron, predominantemente eran el arco y, ocasionalmente la lanza. Es porque el arco representa la capacidad de “golpear-acertar a distancia”; poder “ver y llegar más allá” que los 44

demás. Son más rápidos, fuertes y ágiles que los humanos. Especialmente, más hábiles, porque son expertos en las habilidades del espíritu que, como flechas, pueden llegar donde no alcanza el cuerpo, y “golpear” o “herir” donde otros no pueden. Similar acontece con la lanza, que obliga a “mantener distancia” y puede “penetrar más profundo” (llegar más lejos) que cualquier otra arma. Sobre todo, si está “empujada” con la velocidad y potencia del caballo, y dirigida por la habilidad de la mano humana. Si al minotauro no se acostumbra atribuirle armas específicas, se debe a que “no tiene preferencias” dado que ataca con cualquier cosa que le pueda resultar efectiva. Por lo general, combinando puños y cornadas (armas de la propia naturaleza del ser). En el caso de los sátiros, se los representa mayormente con la “flauta de pan” (cañas de diferentes longitudes, unidas paralelas entre sí, de mayor a menor); porque no son agresivos y su “herramienta” más usada, es la gratificación. Si es un instrumento musical, téngase en cuenta que, la música, como todo buen arte, no sólo gratifica a los sentidos, sino también eleva al espíritu. De este modo, gratificando los sentidos, se tiene la excusa de que se está tratando de “elevar espiritualmente”. Pero no son más que “palabras sopladas” que “se diluyen en el aire”. (Pulsar cuerdas, es un tema que tiene otra alegoría muy diferente y, por eso, el arpa corresponde al dios solar Febo o Apolo, como a “lo angélico” que sabe “pulsar cuerdas íntimas”). ¿Mejores formas de alegorizar, la relación de la parte “animal” de los humanos, teniendo en cuenta a los elementos naturales y conocidos por todos en aquella época? La interpretación de la concepción oriental sobre el ego. Prácticamente, casi toda traducción de filosofías religiosas orientales, desde la India a extremo oriente, han traducido (o interpretado) pésimamente a lo que se alude respecto al ego. Quiero suponer, que no sólo se debe a las limitaciones de dominio del idioma; sino que, también, a poder interpretar con exactitud a qué intentan referirse con absoluta precisión. Porque la variante sería que ni los mismos orientales tengan precisa claridad respecto a qué es el ego; cosa que me resulta demasiado poco creíble, dado que son quienes más y mejor supieron conservar, con muy pocas distorsiones conceptuales, al inmenso caudal de sabiduría heredada hace milenios. Lo que sí, me parece más probable, es que no sepan explicarlo (a occidentales), por ser un aprendizaje emocional, abstracto y vivencial. Sobre todo, a las mentes superlativamente racionales de occidente, que menosprecian lo emocional y les cuesta mucho interrelacionar lo consciente con lo emocional o vivencial. Deseo comenzar haciendo constar dos cosas: 1.- Que las características culturales orientales, son más bien “femeninas”, en el sentido de que se dirigen más a la parte emocional y sensorial, pasando por la parte abstracta de la mente, que a la “masculina” de priorizar por completo al razonamiento lógico lineal, hasta desprendido de las emociones, típico de las culturas occidentales. 2.- Que sus idiomas, especialmente los de extremo oriente, como chinos y japoneses, se manejan con ideogramas, en lugar de letras. Ideogramas que surgen de esquemas básicos (muchos de ellos abstracciones) tan amplios como posiblemente ambiguos que, al combinarse entre sí, componen otros más específicos, pero no siempre suficientes para la mente acostumbrada a términos tan específicos como los de los idiomas por caracteres. Entre estos últimos, los europeos en general, y el inglés en particular; suelen ser óptimos para cuestiones mundanas y materiales, pero que en general carecen de terminologías específicas y completas respecto a lo que está “más allá” de lo egótico (el “yo” o “self”) o no tenga una relación directa o indirecta obvia. (¿mejor ejemplo del que forman palabras por asociaciones de otras dos, que significan cosas muy diferentes y, cuyo significado de tal unión, sólo cuando se está 45

bien compenetrado de la idiosincrasia anglosajona, es posible deducir y aún así, muchas veces sólo dentro del contexto en el que se encuentren? Blue lady: señora… ¿celeste, azul o triste?) Si tenemos en cuenta a estas dos cuestiones; resultará bastante obvia la dificultad que tendrá un oriental, acostumbrado a dirigirse a la mente abstracta y las emociones, para enseñar a mentes racionales de modo claro y conciso. Sobre todo que no se entrenó en didáctica para la mentalidad occidental, o le resulta casi imposible adaptar lo que es emocional vivencial, a una explicación “racional” que resulte lógica y coherente. Porque los gurúes o maestros orientales, acostumbran enseñar (transmitir) del mismo modo que aprendieron o con mínimas variantes. ¡Éste es el gran dilema entre culturas femeninas y masculinas, para una amplia y clara comunicación! Así, también resulta bastante clara la dificultad de cualquier occidental, criado en la costumbre de racionalizar y, peor aún, menospreciar la integración de lo emocional en su cognición y aprendizajes; para “entender” a qué se estará queriendo referir con “palabras” (que parten de abstracciones conceptuales), un oriental que es suficientemente claro y preciso para los demás orientales. Si a esto sumamos que, por lo general, las primeras y más difundidas traducciones, son en el paupérrimo idioma inglés (metafísicamente hablando)… está todo dicho. Sobre todo, como dije y reitero, porque es un idioma que conceptualmente no tiene términos específicos (puntuales y precisos) para cuestiones metafísicas como, por el contrario, abundan casi por demás en el sánscrito que, dicho sea de paso y a mi criterio personal, es uno de los idiomas más completos y complejos del planeta, junto con el español. De este modo, es como nos han llegado muy tergiversados, y reiteradamente hasta el hartazgo (por la costumbre de copiar y citar partes de otros autores, desde la suposición (pésima presunción), de dominio y entendimiento real del tema), los conceptos de que: Si no hay que “desprenderse” del ego; hay que “anularlo”; “matarlo” y hasta “aniquilarlo”. Cuando la palabra que corresponde es “educarlo” o, en su defecto, aprender a “subordinarlo” para que “no moleste” o “no interfiera” y, por el contrario, sea un eficaz colaborador o herramienta, cual ágil caballo para un hábil jinete, como lo alegorizaron tan bien los griegos en la figura del centauro. ¿Cómo es posible que semejante error haya pasado desapercibido y sea reiterado casi por siglos? Sencillamente, por la sola razón de que, quienes se especializan en una cultura, no suelen profundizar adecuadamente en otra (no, al punto de poder consustanciarse con la esencia de la misma, recordando sobre todo, que la mentalidad occidental da prioridad casi absoluta a la erudición lógica racional y, por esto, suele “menospreciar por absurdas” a infinidad de alegorías claras, como las de los griegos, entre otras). Detalles éstos últimos, que se imponen terrible y dañinamente desde los sistemas educativos en general (occidentales); cuyas enseñanzas se dirigen tan sólo al cerebro de los alumnos, ignorando que la capacidad de retención en la memoria está totalmente relacionada con lo emotivo vivencial. Hechas estas aclaraciones y salvedades, resultará fácil comprender a qué se refieren los maestros orientales cuando reemplazamos las frases de “aniquilar” por “educar” al ego; como también que todo lo que se refiera al “no yo” o “no ser”, representa y sustituye como denominación a la parte más sublime del alma y especialmente el propio espíritu. De este modo, al leer “no ser” o “no yo” como “propio espíritu”; “alma liberada de la influencia del ego” (no por “matarlo”, sino porque no interfiere); o “parte superior de nuestro ser”; resultará muchísimo más fácil comprender de lo que hablan o a qué se refieren. Sinopsis de lo que es área y dominio del ego 46

Como asistente del espíritu en todo lo que se refiera a la parte “más densa” de la materia, tiene la triple tarea de: a) Sostener y cuidar al máximo posible la salud de lo que está a su cargo (físico, intelectual y emocional). b) Retener al espíritu en el cuerpo con el deseo de continuar la misión u objetivos “hasta el fin” (al máximo posible). c) Asistirlo en lo que mande, simplificándole al máximo la mayor cantidad de tareas posibles. Si se logra tener claro a esto, resultará fácil deducir por qué solemos automatizar casi toda actividad delegándosela al mismo. Muchas veces, al extremo de convertirnos en autómatas irracionales, o animales de costumbre que ya no razonan más que lo mínimo indispensable y hasta ahí. Se le dan demasiadas atribuciones al ego y éste, por querer satisfacerlas, nos desvía y auto engaña en aprobar formas de vida que, a la larga, serán para arrepentimiento profundo, por no haber hecho lo que realmente queríamos alcanzar como metas o propósitos de vida. Y en lo más profundo de nuestro ser, sabíamos que debíamos hacerlas. Pero esta toma de conciencia, suele llegar tardía, de modo similar a lo que se relata en el cuento “Pinocho”, que los niños preferían jugar en el “parque de diversiones de la vida” (que representa a las actividades más agradables para el ego), considerando que, justamente a ellos, no tenía por qué pasarles de convertirse en burros, y demasiado tarde asumían su situación, cuando ya era irreversible. Es decir, vivían dejándose auto engañar por el ego, que tan sólo trata de que lo pasemos lo mejor posible en esta vida, pero sin discernir qué conviene y cuánto, o hasta dónde. Para que aún quede más clara la importancia de qué es y lo que abarca, tengamos en cuenta qué maneja, con más detalle. Porque si debe cuidar de la parte física, como asistente general, es lógico que sea el operador-coordinador de: • El cerebro físico. • Sensaciones físicas (recepción e interpretación, generándolas en muchos casos). • Sensaciones emocionales (recepción e interpretación, generándolas en muchos casos). • Salud-equilibrio psíquico-mental (No incluye el razonamiento, aunque puede influirlo mucho). • Sistema vital vegetativo. • Equilibrio biológico corporal (incluye al “reloj biológico”). • Cuerpo astral, análogamente al físico. • El canal de percepción espiritual, pudiendo interferir; distorsionar o matizar la comunicación, como operador y decodificador radial. (Razón por la cual, las canalizaciones, deben ser analizadas con sumo cuidado). • La memoria activa13 consciente e inconsciente (porque están regidas por las emociones). • Buena parte de lo que se entiende como “intuición”. (La que llega desde el sub o inconsciente; por asociaciones; pero no la que llega desde el espíritu. Razón por la cual, en ocasiones, la intuición puede “fallar”, por asociaciones erróneas del ego).
Memoria “activa”, es la posible de recordar, así haya quedado sepultada en el inconsciente y sólo afecte a nuestra vida desde allí. La “pasiva”, es el registro absoluto y total de todos los detalles de nuestras vidas, que quedan “impresos” en el alma y sólo de modo excepcional se puede acceder a ésta. Diferenciar cuánto y qué corresponde exactamente a una u otra, es como tratar de delimitar una muy sinuosa línea, como la de las cuestiones morales, por dar un ejemplo. Básicamente, todo aquello que en su momento no impactó a las emociones de ningún modo, pasa a la memoria pasiva.
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Para lo cual, es el que posee en su naturaleza a todos los instintos, que incluye a las pasiones, que se originan en lo emocional e instintivo, muy diferentes del amor y sentimientos espirituales. (El espíritu también siente y se emociona, pero de modo diferente). Si analizamos y meditamos profundamente sobre todo lo que abarca el ego, como asistente del espíritu ¿cómo no habríamos de confundirlo tan fácilmente con la totalidad de nuestro ser, cuando lo material llega a tener importancia absolutamente total sobre nuestras vidas? Metáfora del cuerpo como un tanque de guerra Lógicamente, muchos se preguntarán (al menos después de releer y re pensar esto) ¿Por qué el ego tiene tanta influencia y poder en nosotros? Como también ¿Cómo el espíritu puede resultar tan “débil” (casi imperceptible) ante el ego, que no lo percibimos casi nada? Y llegado a este punto, no me queda alternativa que recurrir nuevamente a las alegorías. Imaginemos al piloto de una nave compleja, como podría ser un tanque de guerra, o un robot humanoide (similar al “Robocop” o “Transformers”) pero tripulado. La tripulación-operadores, es nada más ni menos que uno: el ego. El espíritu, es el capitán que, si bien está “a bordo” de la “nave”, ocupa un lugar alejado de los mandos, como en un “mirador” que le permite una amplia visión, pero alejado de los tableros y mandos. Como sucede en los tanques de guerra, se comunican entre sí por sistema de intercomunicadores, como radios, dado que el ruido de motores, rodamientos y hasta de la batalla misma, puede ser ensordecedor. Lógicamente, como suele acontecer en los tanques de guerra y cualquier comunicación radial, con frecuencia sucede que los “ruidos” del entorno, afecten a una buena percepción. También, que el canal de transmisión (telepático en este caso) pueda tener interferencias de recepción, como de cableado que no hace buen contacto o que algo del entorno afecte la recepción clara (ondas de otra clase pero de muy similar frecuencia). Si a esto, sumamos que acostumbramos tomar decisiones “apurados”, cual si no hubiera forma de consultar y esperar la respuesta para reaccionar. Resulta de lo más lógico que el ego comience a tomarse más atribuciones de las que realmente le corresponden y hasta a dar por sentado que el “capitán” (espíritu) no acostumbra responder a tiempo y en forma. Comenzando, cada vez más acentuadamente, a menospreciar lo que el espíritu pueda indicarle, porque “no debe de saber lo que está indicando”, dado que ordena cosas “dolorosas” o “muy arriesgadas” para el conjunto de la nave (cuerpo) que él (el ego) debe cuidar a toda costa. Para que esto quede un poco más claro, imaginemos la siguiente escena: A todos los tanques de un cuartel se les imparte la orden de movilizarse con misiones puntuales. Si bien todos salen en caravana, los destinos y objetivos individuales son muy diferentes. La mayoría saldrá con una ruta en común. Pero cuanto más avancen, más se irá notando que los miembros de la caravana de vehículos van tomando diferentes direcciones, por sus respectivos lugares de destinación y hasta posición a tomar. Detalle que los comandantes de cada vehículo tienen en claro, pero no siempre los tripulantes (no en detalle). 48

Por esta razón, cuando el conductor (ego); note que el vehículo inmediato por delante toma una dirección diferente, consultará al comandante (espíritu) la dirección por la cual continuar. Sea continuar con el rumbo que tenían, o doblar siguiendo al vehículo delantero. Como al principio de la vida individual, acostumbramos a regirnos por lo que nos indican los adultos, especialmente nuestros padres, es totalmente lógico que el ego (piloto) asuma que la orden original del comandante (espíritu) de seguir a los demás vehículos (seguir el camino que se nos marca o enseña), debe ser constante hasta nuevo aviso. Así, es como el ego comienza a entrenarse en “imitar actitudes” de los demás. En este caso, cómo resolver los diferentes obstáculos que tenemos que superar en la vida, cual barricadas o cortes de camino, optando por rodeos y la forma de discernir “la mejor ruta”. Se nos van imponiendo esquemas mentales y estructuraciones que, si bien en general son correctas, muchas veces no son las óptimas para nuestras propias vidas o, en muchos casos, contienen prejuicios y subjetividades que se nos pasan por alto e incorporamos como óptimas o perfectas. Cuanto más avanzamos por la vida, el ego más se acostumbra a “seguir a los demás”, sin esperar (ni consultar) a lo que pueda ordenar el comandante (espíritu). De tal modo, que podemos convertirnos en “rebaño” que sigue a los demás “por inercia”, sin pensar ni analizar hasta qué punto es lo que realmente queremos para nosotros y nuestra vida. Los cuatro momentos claves de la vida (en cuanto al ego) Hay cuatro momentos de la propia vida que son claves para el futuro y están íntimamente asociados con la dentadura. 1) Inicio del autoconocimiento consciente, racional; con ensayos de posibilidades propias, tanto físicas como de comunicación. Coincidente con la aparición de la dentición. 2) Inicio de la construcción de esquemas complejos, como la personalidad futura, ensayando la clasificación de actitudes automáticas desde la experiencia razonada (no siempre de modo consciente); pero que darán forma al comportamiento individual diferenciado. Coincidente con el recambio de los dientes “de leche” por los definitivos. 3) Inicio de ejecución y ensayos del manejo (propio y de terceros) de instintos y emociones. Coincidente con el desarrollo sexual. Dura el resto de la “adolescencia”. 4) La reafirmación o corrección (con intención definitiva) de todo lo que ensayó y dedujo hasta el momento. Coincidente con la incorporación definitiva a una forma de vida adulta (independiente total, o como generalidad respecto de la familia, por asumir responsabilidad total sobre sí mismo y sus actos).

El primero, comienza con la dentición del bebé. Porque es cuando el ego “aparece” (toma conciencia de entidad propia) y realiza sus primeros ensayos relacionados a consustanciarse profundamente del propio cuerpo y capacidades en base al entorno en el que se encuentra. Formas de comunicación racional incluidas (no sólo el habla, también lo gestual, etc). En síntesis, es la etapa en la que el ego se reconoce a sí mismo y sus capacidades básicas. 49

El segundo se manifiesta con la caída de los dientes “de leche” para ser reemplazados por los permanentes, entre los 5 y 8 años de edad (se asume promedio los siete años). Que es donde el ego comienza a tomar decisiones desde sí mismo, por propio discernimiento, afirmándose en sus funciones, manifestado físicamente como dentición definitiva. En esta etapa, es donde más se debiera entrenar en aprender a oír y consultar al propio espíritu, como educar adecuadamente al ego. La tercera etapa o período, comienza con la pubertad; marcada por el desarrollo sexual, que dura toda la adolescencia. Es una etapa compleja, por la multiplicidad de factores que se concatenan. Especialmente, por dos circunstancias entrelazadas: Una, la aparición de los impulsos y deseos sexuales, junto con emociones “nuevas” para sí mismo. La otra, que el ego capta nítidamente a las incongruencias sociales y educativas (por la cantidad de información que ya maneja o dispone) solicitando coherencia clara respecto del rumbo a seguir en la propia vida, pero temiendo esfuerzos a los cuales, lógicamente por su naturaleza y función, no está dispuesto a afrontarlos de modo sostenido. Porque es como cuando comienza a sentirse solitario en el rumbo que tiene. Cual si los demás “tanques de guerra” (según la alegoría que inicié) se hubieran alejado, porque tienen rumbos muy diferentes y ya no es una “simple caravana de paseo”; dado que está vivenciando a los primeros impactos de la “artillería de la vida” sobre el propio cuerpo-nave, que debe cuidar en su integridad al máximo posible. Es decir: tanto la aparición del deseo sexual, como todas las cuestiones que involucran la adolescencia que, básicamente, se pueden resumir como tener que comenzar a “batallar” con las responsabilidades que implica una vida adulta (entrenándose en asumir algunas y las consecuencias de los propios actos) que son tan desagradables como sentir el cañoneo de artillería enemiga por la zona que transitamos. ¿Cómo el ego, que es responsable de la integridad del tanque-cuerpo, no va a tener una especie de pánico buscando permanentemente a lo que considere como las “zonas más seguras” y “alejadas” de lo que realmente ordena el capitán-espíritu respecto al camino a seguir? En esta etapa adolescente, la firmeza del propio espíritu, ayudada por el ejemplo personal de quienes “acompañan” en la “batalla” cotidiana del vivir, es un factor clave para una buena armonía entre lo que el espíritu pide y el ego acepta obedecer. Porque es como si el conductor-ego, tomara coraje de “no ser menos”, respecto a los demás de su alrededor. Pero si ve que cada uno de los demás, busca la propia seguridad o comodidad, argumentando una especie de “sálvese quien pueda”; o que lo “inteligente” es “esquivar el bulto” a las responsabilidades, cuestiones éticas, etc. (O el pésimo ejemplo del “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”). ¿Cómo no entrará en una absoluta rebeldía viendo el “desbande” generalizado, en el que cada ego toma el mando desoyendo al propio espíritu? Ésta es la razón principal por la cual la adolescencia, especialmente en esta época, es una edad tan álgida para las personas. Porque ni fueron preparadas para objetivos puntuales coherentes con su interioridad (espíritu y propios objetivos de vida); ni tampoco tienen ejemplos de vida que puedan considerar dignos de imitar para aplicar en sí mismas. La cuarta e importantísima etapa en la vida de cada ser humano, es la incorporación real a la forma de vida adulta. Es decir, cuando ya no dependen más que de sí mismos para proveerse de sus necesidades. Al menos las cotidianas y, además, deben asumir al grueso de las responsabilidades sociales y legales de sus actos. En otras palabras, cuando quedan “librados a su propio criterio” en la “batalla”. 50

Continuando con la alegoría del tanque de guerra, es cuando ya no hay una formación del pelotón, sino que cada tanque maniobra por sí mismo en el muy intenso fragor de la batalla. Hay ciertos objetivos claros. Pero el cumplirlos y cómo, depende mucho de las circunstancias y factores individuales. Por ejemplo, de cuánta munición queda y las condiciones y ubicación del vehículo, como obstáculos intermedios (terreno-entorno), para poder “dar en el blanco” (cumplir objetivos puntuales), además de tener que estar aprovisionado de “combustible” y demás cuestiones que hacen a la movilidad. Aquí, es donde el ego (según cómo hayan sido las etapas previas, en firmeza y armonía entre ego y espíritu) tratará de imponerse sobre lo que mande y pida el espíritu, argumentando que el vehículo-cuerpo (tanto en lo físico, como lo psíquico y emocional) no está en condiciones de cumplir con lo que se le pide, del modo en que se le ordena. Es más, hasta recurre a la obvia estrategia de hacer que no puede oír, por interferencias o problemas ajenos a su voluntad. Lo cual, en la vida real, se manifiesta con los conflictos internos que nos hacen dudar de las decisiones a tomar respecto a nuestras vidas, y se evidencian como: a) Inconformidad de la vida que se lleva. b) Depresión. (cada vez más frecuente o profunda). c) Necesidad de distracciones, evasión, descansos extras (cada vez más acentuados). d) Enfermedades leves que impidan pensar, especialmente concentrarse, como resfriados. e) Enfermedades más graves cuyos síntomas, al describirlos la persona que los padece, son como oír a lo que le sucede internamente, ocasionándolos.14 Aunque la actitud más común de todas, es la de caer en el auto engaño, mediante justificaciones como culpar a otros, o a las circunstancias, de “no poder” con lo que demanda el propio espíritu. En definitiva, el ego comienza a menospreciar a la capacidad del espíritu respecto a dar un rumbo correcto y adecuado para nuestras propias vidas. Cada vez toma mayor cantidad de decisiones y más importantes, porque nuestra atención se centra en lo que trata de hacernos notar (y argumenta). A lo cual, por tentarnos de lo fácil y cómodo (menos doloroso y/o arriesgado), terminamos por aprender a “prestarle mucha atención”, desestimando lo que nos surja desde el espíritu (cual si bajara el volumen de la radio comunicación). Esta actitud en apariencia es la más apropiada para poder sobrevivir en esta sociedad tan competitiva y exigente en lo material e intelectual. Sin embargo, lo que casi nunca se difunde ni nos enteramos, es que al llegar al momento de la vida en que consideramos que ya no hay cosas nuevas importantes por lograr, como si el ego hubiera entrado en una rutina en la que ya “no grita” demandando cosas relativamente fáciles de lograr, volvemos a percibir con bastante fuerza o nitidez, a las sensaciones que nos envía el propio espíritu. Sobre todo, respecto a cuán lejos quedaron nuestros primeros y principales objetivos de vida. Como reprochándonos cuánto nos hemos desviado del rumbo que teníamos previsto al principio.

Detalles muy bien descritos en el libro “La enfermedad como camino” de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke. Aunque la precursora en la divulgación masiva, pero no tan clara en explicaciones y conceptos, ha sido Louise L. Hay, en su libro “Sana tu cuerpo”. Así como un simple resfriado es la necesidad de un descanso psico-físico; en el otro extremo, el SIDA se produce por la emoción (convicción interna) de extrema indefensión ante la vida. Tema que se está “re descubriendo” pero era sabido hace milenios.

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Reproches a los cuales, para no sentir una desesperante culpa, tratamos de justificar (desde lo que motiva al ego, intelectualmente) como que “no teníamos otras alternativas verdaderas y posibles”. Volvamos a la metáfora del tanque de guerra, para ser más ilustrativos. Al comenzar el verdadero fragor de la batalla (vida adulta) el conductor intenta acercarse al objetivo, pero zigzagueando para evitar impactos directos. Cuando las circunstancias de la batalla (vida) se ponen verdaderamente difíciles, por recibir varios impactos consecutivos (psicológicos y emocionales); el conductor se acobarda y busca “tomar distancia” desviando lateralmente. Detalle con el cual el comandante (espíritu) está parcialmente de acuerdo; sólo de momento y dadas las circunstancias. Pero sucede que el piloto, por tan acobardado, exagera la cantidad de distancia que se desvía de modo lateral y, como sólo puede ver hacia delante de modo muy limitado, el vehículo resbala por una pendiente lateral, hacia un arroyo de pendientes abruptas y cenagosas, quedando empantanado. Por más que intente salir de ese atolladero, ni el mismo capitán suele poder dar una solución óptima, salvo la de seguir por el curso del arroyo, buscando un vado o que deje de haber pendiente tan pronunciada y lodosa. A veces, puede ocurrir que hallen el sitio óptimo para salir de esa aparente trinchera natural que a su vez, por el escaso margen de maniobra que permite, es más bien una ratonera o trampa fatal. La gran mayoría de las veces, los seres humanos quedan así de “empantanados” en cuanto a lo que realmente tenían como objetivos para sus actuales vidas carnales. Detalle que comprenden, como dije, cuando ya es demasiado tarde para salir, o dará demasiado trabajo reencauzar la propia vida para cumplir adecuadamente con los mismos. Razón por la cual, vuelven a auto argumentarse cosas como “tendré que intentar lo que pueda desde donde ahora me encuentro” (desde el lecho del arroyo). Y es lo que conduce a una segunda etapa de la vida (o quizás la tercera, de la ancianidad) interiormente muy amarga. Amargura y frustración del espíritu que, por reflejo, el ego manifestará con lo que se denominan enfermedades clásicas del deterioro físico y forma de vida que se ha llevado. Muchas de ellas, tan sólo en el empecinamiento, lógico para él, de evitar el riesgo de asomarse de la trinchera y recibir impactos directos de la vida. ¿Queda claro hasta qué punto el ego puede “trampearnos” respecto a nuestras propias capacidades y limitaciones para poder “salir de la trinchera” que, en realidad, es una trampa en la que estamos empantanados, muy vulnerables y, encima, nos impide nuestros verdaderos objetivos de vida? Y todo esto, está relacionado directamente con la dentadura15, porque cuantas más indecisiones y conflictos internos surjan en el trajín de la vida cotidiana, más fácilmente aparecerán caries manifestándolos y hasta la caída o roturas de dientes. Hágase un seguimiento de quienes sufren de muchas caries y más pronto tienen que recurrir a dentaduras postizas (parciales o completas); y corroborarán que está directamente relacionado con la seguridad interior respecto a las decisiones que se toman en la vida y cotidianamente, al margen de cuán correctas o apropiadas puedan ser. En otras palabras, la salud dental se manifiesta en la seguridad del propio ego respecto a qué quiere y debe hacer, o cómo desempeñarse y al margen de cuestiones morales o éticas. Porque son las dudas internas (falta de seguridad y de certezas del ego) las que ocasionan caries y pérdida de dientes. El no tener claro cómo resolver asuntos, al margen de si las soluciones sean las adecuadas o preferibles; tanto para con uno mismo, como para los demás.
Si bien puede manifestarse de distintas formas en la salud física, comenzando por resfriados; de continuar las indecisiones, por lo general pasará a los dientes y luego se lo canalizará con enfermedades cuyos síntomas sean análogos, cual se lo describe en el anteriormente referido libro “La enfermedad como camino”.
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El ego, en su sana y noble razón de ser Si bien, por lo mencionado hasta ahora, puede quedar claro cómo “juega en contra” y el por qué desde las doctrinas orientales se inculca “que no interfiera” ni “moleste”; me parece necesario poner de relieve a algunas de las características positivas que tiene y lo hacen indispensable para la vida física. La primera de todas, es que se hace cargo, cual computadora central, de mantener la coordinación y adecuado funcionamiento de todos los órganos y sistemas del cuerpo. Desde los vegetativos, como la respiración, digestión, ritmo cardíaco y hasta los procesos de curación y cicatrización. Es quien vive tomando nota de toda clase de posibles peligros y las formas en que los superamos o evitamos, automatizando a todas las tareas menores, para evitar el exceso de trabajo intelectual. Lo que puede definirse como que es quien rige sobre todo lo inconsciente y automático. ¿No es maravilloso, saber que podemos contar con un asistente que, después de los suficientes ensayos hasta lograr el aprendizaje, nos evita cómo pensar conscientemente la forma de lograr una repetición cada vez que queremos? Por ejemplo, mantener el equilibrio al andar en bicicleta y hasta pedalear. Sólo tenemos en cuenta hacia dónde ir dirigiendo o qué ir esquivando, como también la velocidad que queremos imprimir en los pies. Porque de todo lo demás, se encarga el ego-inconsciente. Sobre todo, de ajustar el ritmo cardíaco, la respiración, transpirar cuando es necesario y hasta de informarnos si estamos sobre exigiendo a los músculos en demasía, con señales de cansancio primero, y dolor después. O de realizar complejísimos cálculos matemáticos de varias hojas, como una complicada carambola de billar, o mejor aún, la conjunción de factores a tener en cuenta para acertar con una pelota en el aro de basquet, cual fuerza y dirección del viento, gravedad en relación a peso, volumen y densidad, más impresión de la fuerza necesaria, como posición relativa de todo el cuerpo y ángulo del momento de soltarla. Aquí viene bien hacer constar otro detalle. Los temores. Lo que son los miedos Cualquier clase de temor forma parte de los instintos; en especial, del de supervivencia o auto conservación. Básicamente, es el “sistema de alarma” con que cuenta el ego para informar de lo que él (el ego) considera un evidente o potencial peligro. Lo que casi nadie tiene en cuenta, o no sabe asumir claramente para poder sobrellevarlos y que no molesten afectando y limitando la propia vida, es cómo es el proceso de detección y alarma. Por su razonamiento simple y binario, el ego va tomando nota (en la memoria, casi siempre inconsciente) de qué situaciones son las que pueden implicar un daño a parte del conjunto que conforma nuestro ser. Sea en lo físico, lo psicológico, emocional, etc. De este modo, ya desde el mismo útero, va tomando nota de todos los detalles que son como síntomas que auguran un potencial peligro. Cuanta mayor sea la frecuencia o intensidad de ciertos detalles que “anticipan” o acompañan a la posibilidad de alguna clase de peligro, especialmente dolor (así sea psicológico o emocional); con mayor fuerza hará sonar la alarma denominada “miedo”, cada 53

vez que “perciba” (así sea de modo inconsciente) que se repite uno o varios de esos detalles que, alguna o varias veces, sirvieron de preámbulo o estuvieron presentes en dolores o peligros reales en el pasado. Reitero: La intensidad del miedo, es proporcional a dos factores. Intensidad de la experiencia y reiteración de la misma o detalles de preavisos que asocia. El problema radica en que sólo se limita a avisar de acuerdo a la intensidad que él considera que merece y, paralelamente, preparar al organismo a tener que soportar la experiencia, pero tratando de evitarla al máximo posible. A tal punto es que no discierne adecuadamente, que por asociaciones simples (binarias); llega a concluir lo que muy bien ironiza el dicho “Quien se quemó con leche, cuando ve a una vaca, llora”. Es totalmente lógico. El ego “recuerda”, por asociaciones concatenadas, que la vaca es el origen de la leche, la cual (la leche, pero no la vaca) ocasionó tanto dolor y consecuencias desagradables al conjunto del propio ser. Pero mal asocia, (no discierne correctamente) que la vaca no es la leche (por más que sea de donde sale) y, mucho menos, tan caliente como para quemar. El ejemplo es obviamente exagerado, pero claramente ilustrativo. Si tenemos que caminar sobre un tablón, puesto entre dos árboles a un par de metros de altura, será totalmente lógico que sintamos temor de poder caernos, por las obvias consecuencias posibles de la caída. Sin embargo, si caminamos por el cordón de la calle, mentalizándonos y creyéndolo que estamos a más de 20 metros de altura, más de uno se sorprenderá de notar cómo aparecen inmediatamente todos los síntomas de miedo acordes a tal situación. Especialmente, la tensión nerviosa-muscular, como la transpiración y cuánto nos “asusta” una repentina ráfaga de viento fuerte que nos obligue a corregir el equilibrio, o cualquier otra cosa que lo altere haciéndonos “caer” (del cordón, como si fuera grave). Esto último es una clara evidencia de que el ego, desde el inconsciente, no discierne correctamente cuán “peligrosa” sea realmente una situación. Porque la mente no es dominio completo del ego (e inconsciente) si no que también está manejada, parcialmente, por la otra parte de nuestro ser: el espíritu, que es quien realmente debe analizar y sopesar hasta qué punto la alarma denominada miedo tiene razón de ser y la actitud a tomar. Sea continuar camino ignorándolo; porque es infundado (caso de caminar sobre un cordón de calle, imaginando y creyendo gran altura). Continuar con la precaución de que no acontezca aquello de lo que estamos advertidos por prudencia lógica (tomando las medidas de seguridad necesarias o posibles). O darle toda la razón y buscar la forma alternativa de continuar, evitando a esa circunstancia o lugar (caso de notar que el tablón está podrido y hay un puente alternativo). Hay una cuarta alternativa, en circunstancias extremas. La de que debamos afrontar algo muy peligroso, para evitar algo peor. Por ejemplo, de que estemos en un edificio en llamas y la salida esté bloqueada por un derrumbe o por el fuego mismo. El ego siempre buscará lo que “deduzca” (a veces acertado, otras erróneamente); lo que considere como “mejor para la integridad”. Sin embargo, el quedarse quieto en el lugar, casi siempre es tan sólo demora de un final seguro. Mientras que el arriesgarse a “saltar entre las llamas”, puede significar, a la vez que quemaduras inciertas de evaluar, evitar una muerte segura. También, entre el saltar de gran altura al vacío o una contención puesta por bomberos, puede implicar quebraduras de varios huesos, pero no tanto daño como si nos quedamos quietos en un edificio que está a punto de derrumbarse (que equivale a una muerte casi segura, salvo circunstancias muy extraordinarias e improbables). De este modo queda claramente expuesto que, los miedos, no siempre nos indican lo mejor y, muchas veces, hasta resultan un freno inhibidor de la acción más recomendable. 54

(Caso de quien tiene que salir pasando entre llamas, pero siente pánico ante el fuego, por traumas de la infancia). Y hasta el simple pinchazo de una inyección, puede resultar terrible al criterio del ego, prefiriendo el riesgo de un dolor-enfermedad desconocido antes que la anestesia, tolerando el dolor de la hipodérmica ¿No acostumbra suceder en los consultorios odontológicos el pánico a “lo posible, pero muy improbable”? Si aprendemos a comprender y educar al ego (del cual, el inconsciente es área mayoritaria de su dominio); nos resultará mucho más fácil evitar que nos inhiba y mal predisponga a lo que realmente debemos y necesitamos hacer en infinidad de circunstancias de la vida. Más que nada, porque no es lo mismo, tener que pensar con absoluta lucidez, que en medio de un “griterío interno”, que emana gigantescos caudales de adrenalina inhibidora, por evocar imágenes descontroladas de infinidad de asociaciones que molestan más de lo que ayudan. En circunstancias extremas, un ego (e inconsciente) bien entrenado, se limita a ofrecer a la mayor velocidad posible, las alternativas de asociaciones mentales que sí, le son permitidas por la costumbre de la ejercitación constante; de lo que no se le permite asociar de circunstancias pasadas. ¿Cómo se educa y entrena al ego? Como el ego es la “parte animal” de nosotros mismos, la imprescindible para: a) Poder manejar el cuerpo físico (también el doble etérico o cuerpo astral).b) Poder percibir las necesidades: propias materiales, como del entorno. c) Poder interactuar con el entorno y auto abastecer lo material. d) Transmisor-receptor entre materia y espíritu. e) Asistente general que toma nota de casi todo en la memoria activa. A la cual recurre para tomar todas sus decisiones. Conviene denominarlo, más que como animal, “niño interior”. Pero si los griegos prefirieron la animalidad para representarlo, básicamente es porque el propio espíritu también se manifiesta (en nuestro interior) como un niño pequeño. Y es aquí donde comienza a comprenderse la verdadera profundidad y alcance de la tan sabia frase popularizada por Sócrates: “Conócete a ti mismo”. Resulta imprescindible aprender a discernir qué, de lo que surge en nuestra mente o como “necesidades del alma”, proviene del capitán de nuestro ser, el espíritu, de aquello que proviene del ego. Y de lo que provenga de este último, evaluar acertadamente cuánta razón pueda tener en lo que pide o demanda, y hasta qué punto y modo satisfacerla, o no. Porque muchas de sus demandas son necesarias y hasta imprescindibles para preservar la integridad psico-física y emocional. (Caso de los antojos, por mencionar un caso muy frecuente de avisar que el cuerpo necesita determinadas sustancias con cierta urgencia, o que le vendrían muy bien para la situación por la cual se está pasando ¿o no sentimos la necesidad de consumir azúcares e hidratos de carbono, como golosinas, cuando estamos bastante agotados o necesitados de esa clase de substancias?). Suele decirse, acertadamente, que todos tenemos la constante compañía de un ángel y un demonio hablándonos al oído respectivamente. Esto es una alegoría de cómo, en nuestra mente, e incluso emociones, solemos tener el diálogo contrapuesto entre el espíritu, el ego, y las alternativas que paralelamente evocan ego o espíritu, desde lo aprendido o mentalidad 55

propia formada, cual si fuéramos tres entidades en un mismo cuerpo compartiendo el dominio sobre el cerebro y corazón (pensamientos y emociones). Aprender y ejercitarse en discernir qué es lo verdaderamente más sabio como actitud a tomar, es la mejor forma de ir educando al ego, para que cada vez calle o interfiera menos en lo que expresa el propio espíritu. Ejecutar estas instrucciones, en lo cotidiano, de dar prioridad a lo verdaderamente trascendente y sano que solicita el propio espíritu, es la mejor forma de entrenarlo para que sepa tomar decisiones más adecuadas y “no se oponga” con tanta resistencia, a realizar esfuerzos renunciando a comodidades o placeres que, a la larga, pueden ser perniciosos por el sólo hecho de distraernos y demorar cada vez más, a aquello a lo que verdaderamente nos impele el espíritu. Que este último, el espíritu, es quien SABE para qué nacimos y lo que deberíamos hacer. De este modo, también, nos resultará relativamente fácil percibir del espíritu a aquello en lo que nacimos con “vocación” real y de qué modo orientarla. Porque la vocación no es otra cosa que las directivas que tiene el espíritu para esta vida en particular. Directivas que se deben aprender a conciliar con el ego, que es quien las ejecuta. En síntesis, es relativamente fácil educar al ego, si se lo toma como al inconsciente. Al cual, mediante una argumentación clara, sencilla y contundente por lógica (como necesitan los niños pequeños) acompañada o concatenada en corroborarla de modo vivencial o práctico; de a poco y de modo reiterado, para que la experiencia personal obligue a rectificar, lo que está impreso en la memoria emocional o activa. La parte más difícil, radica en la imprescindible voluntad y constancia para sostener la educación en el tiempo. Cerebro y corazón: dos centros de recepción y emisión Nuestro ser tiene dos centros de percepción-emisión: Cerebro y corazón, que son pensamientos y emociones. Aunque parezca difícil de creer, durante muchos años no fui consciente de esto, hasta leer un libro supuestamente de ficción infantil: “Ami” de Enrique Barrios. Gracias a lo que describió sobre el tema en dicho libro, reflexioné mucho al respecto, teniendo que concederle absoluta razón en lo que expuso, o más bien insinuó. Porque al profundizar en ello, comprendí que abarca mucho más de lo que él menciona sintéticamente. Si bien pareciera que son totalmente independientes (y desde la mentalidad social, así inducen a creer) no es así. Ayuda a confundir el hecho de los prejuicios e imposiciones sociales de educación y estructuraciones, con lo que realmente sentimos desde el corazónemociones. Pero así como en el cerebro, con frecuencia los pensamientos surgen desde lo que incita el ego (por ejemplo: morbosidad). También puede ocurrir a la inversa: Que entre en conflicto el ego desde la emoción, tratando de imponerse sobre pensamientos sabios o éticos. Por ejemplo, cuando nos “enamoramos” (apasionamos) de alguien a quien no interesamos y ni siquiera somos compatibles. Pensamientos y emociones, no siempre van de la mano, armónicos, o en la misma dirección. Sin embargo, son dos centros de irradiación y percepción de energías. Centros que aunque estén bajo el manejo del ego, el espíritu puede utilizarlos para manifestarse con fuerza. De hecho, es lo que suele acontecer cuando hay controversia entre ambos centros energéticos. En uno se manifiesta abiertamente el espíritu y, desde el otro, el ego manifiesta su disconformidad; o confusión, según circunstancias particulares.

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Las emociones, como ya se ha comprobado científicamente hace años, emanan “algo” dado que el miedo puede ser claramente percibido, como olfateado, por diversos animales16. Así mismo, popular y masivamente, no es casual que se haya popularizado lo de comentar las “ondas” (de ánimo o que lo influyan) en un ambiente o persona. ¿O no resulta evidente cómo contagian las emociones los ambientes muy cargados de una misma? Caso de recitales, eventos deportivos y hasta las psicosis colectivas, en las que “cunde” el sentimiento masivo como reguero de pólvora? Pero no sólo el miedo, sino cualquier clase de sentimientos y emociones, según la intensidad con que se las emane o “sienta”. Teniendo en cuenta la predisposición a percibirlas o inmunizarse de los posibles receptores o perceptores. Por otra parte, mediante las experimentaciones de telepatía o transmisión mental, se ha podido corroborar que, también el pensamiento, es algo que se irradia desde la mente y, otras (como aconteció con películas fotográficas) pueden llegar a quedar impregnadas con tales emisiones. Nuestros cuerpos no sólo se mueven en base a impulsos eléctricos que envía el ego desde el cerebro. También viven transmitiendo y recibiendo vibraciones etéreas de energía. Ondas emitidas tanto desde lo emocional como lo mental o psíquico. Que no seamos conscientes de cuánto, cómo y de qué percibe nuestro ego, es una cuestión de sensibilidad y aprender a “darse cuenta” de este fenómeno que, por cotidiano y rutinario, aprendimos a ignorar y hasta menospreciar cuánto puede llegar a influirnos en ciertas ocasiones. Sobre todo, si estamos vulnerables a la que estamos siendo sometidos o impregnados. Porque el cerrar los ojos a la realidad, negándola de plano, es igual a la actitud del avestruz, que cree que por esconder la cabeza en un hoyo el depredador lo va a dejar en paz. Al avestruz, por lo general suele serle útil. Pero en ocasiones importantes, suele ser fatal. Sobre todo, para los seres humanos que imitan esta actitud, porque las circunstancias o enemigos, no son tan “engañables” como los que acechan a avestruces. De este modo, aprender a reconocer qué percibimos y cómo “manejarlo” para que no nos afecte (por tener bien y firmemente educado al ego) es la mejor forma de poder mantener la cabeza fría, cuando cunda el pánico a nuestro alrededor o cualquier otra situación límite, así estemos solos. Si bien ambos centros de energía pueden ser utilizados por el ego, para expresarse, también por el espíritu. Y es aquí donde radica uno de los secretos más importantes de toda “magia”, especialmente la de la fe religiosa. Porque cuando ambos centros de emisiónpercepción, se concatenan en emitir con fuerza una misma señal, las probabilidades de que se plasme en una realidad son muy altas, dependiendo de otros factores que no son para mencionar aquí, en el presente, pero que invito al lector a reflexionar sobre esto. Por otra parte, si el “fenómeno” (que no tiene nada de tal o asombroso) de la telepatía, no ha podido ser profundamente desarrollado-investigado para manipularlo a voluntad política o de laboratorios “científicos”; pasa por el error básico de suponer que sólo depende de la mente y experimentan con cosas que no motivan emociones, como las cartas Zenner17. La verdadera fuerza que toma la telepatía, reside en la igualdad de vibración o frecuencia en
Si bien algunos científicos afirman que los animales huelen a ciertas sustancias que comenzamos a segregar con el miedo y se vuelven perceptibles a sus olfatos por la transpiración en contacto con el aire; es una falsedad, dado que aún con el viento en contrario son capaces de percibirlo. En el tema del comportamiento animal, especialmente asociándolo con el humano, el popular etólogo Vitus Droscher ha escrito varios libros y creo que lo trata específicamente en el primero, titulado “Sobrevivir”.
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Las que consisten en figuras geométricas, de círculo, cuadrado, triángulo, cruz y ondas.

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que vibran ambas personas. Pero sumando a esto, la intensidad de la emoción que acompañe a lo que pase por la mente. Por esta razón, es tan común que sucedan comunicaciones telepáticas espontáneas, entre personas que se quieren mucho y, especialmente, si están en armonía o sienten la imperiosa necesidad de comunicar algo y no tienen medios materiales para hacerlo. Por ejemplo, entre amantes, o entre padres con sus hijos. Pero ¿cómo podría estimular emoción y, peor aún, otro querer sintonizarla bien, si sólo son abstracciones como las figuras geométricas entre personas que poco interés real tienen en transmitirse algo así? Influencias paranormales Llegados a este punto, no quiero confundir, sumando detalles paranormales o metafísicos complejos y muy variados. Pero tampoco puedo omitir que en muchas ocasiones, los pensamientos que surgen en nuestra mente, no siempre son “nuestros” sino cosas que percibimos telepáticamente y, en apariencia, por su naturaleza, fácilmente se interpretan como pensamientos y emociones propias. Sin embargo, para dar una idea muy sintética, puedo afirmar que, así como en la vibración densa de la materia, coexistimos infinidad de formas de vida diferentes, con muchas de las cuales no tenemos una relación consciente y, en principio, no afecta a nuestras vidas la interrelación; del mismo modo acontece entre planos de vibración energética y sus especies. Por ejemplo ¿cuántos somos conscientes de la cantidad de insectos que pululan a nuestro alrededor, algunos viviendo de nuestras sobras, sin que siquiera nos percatemos de ello o le demos importancia? Ya sean desde las comunes moscas y hormigas, hasta cucarachas, lauchas y pájaros de diferentes clases. A veces, hasta decidimos adoptar a alguno como mascota (perros y gatos, entre los más comunes). Sin faltar quienes se alimentan de otras formas de vida, como los gatos de pájaros y ratones; o los humanos de vacas; corderos; cerdos; caballos; aves; peces y prácticamente cualquier forma de vida. Quien puede observar conscientemente a las diversas formas de vida semi materiales (etéricas o astrales); nota algo similar a una selva surrealista, por la cantidad de formas de vida que conviven casi como ignorándose entre sí. Salvo predadores con sus presas específicas. Muchos, especialmente para evitar pánico, afirman que no es lógico que las formas de vida de otros planos de vibración puedan interactuar con nosotros. Pero, de ser así ¿cómo se explican las apariciones e intervenciones de ángeles incorpóreos, sólo perceptibles para algunos (que pueden ser muchos simultáneos)? ¿Cómo se explican tantos mitos y leyendas sobre seres fantásticos, no siempre agresivos; a veces hasta bondadosos, pero de características muy claras y específicas? Sin ir más lejos ¿Se halló desde la ciencia alguna explicación lógica y coherente para el caso de la vida real que fue llevado al cine por Sidney Furie con el nombre de “El Ente”? (basada en la novela homónima). En dicho caso (acontecido a mediados de la década de 1970); una mujer tenía a lo que la religión católica denomina “íncubo” como compañero forzoso. En esa época (apenas treinta años atrás) nadie supo ayudar a esa mujer de modo efectivo. Precisamente, por la terrible resistencia que hay a aceptar que existen y difundir información clara y coherente al respecto. Cité a la película “El Ente” (The Entity; en inglés); para poder enseñar el detalle clave para evitar a esta clase de seres que desde las religiones supuestamente se los conoce bien, pero se los explica pésimo. Como estos seres son semi materiales (etéreos para nosotros), se alimentan de algo tan sutil que nosotros podríamos denominar, genéricamente, como energía. 58

Pero no de cualquier forma de energía, si no de algunas frecuencias particulares, como las que emanamos mental y emocionalmente, en pensamientos y sentimientos. NO ES CASUAL que todas las religiones del planeta consideren como actitud indeseada o pecaminosa hasta “lo que se piensa”. Es decir, que podemos pecar con el pensamiento y sentimientos. Porque estamos emanando (y atrayendo) a seres de baja vibración que pueden llegar a obsesionarnos y arruinarnos la vida en todo sentido. Una de las máximas en esoterismo (que también es una ley de física) es que “se atrae lo que se emana”. “Se cosecha lo que se siembra” o, desde la ciencia; la ley de polaridades (complementarias); en la que “los polos opuestos se atraen entre sí”. Por esta razón, resulta indudable que, quienes tengan pensamientos morbosos constantes o muy fuertes, puedan atraer a un íncubo (o súcubo, si es la versión en género femenino). Seres que, sin tener maldad como la consideramos, tan sólo son animales que buscan su alimento y, donde hallan una emanación del mismo, como una vertiente de agua, tratan de convertirla en su dominio y que emane cada vez más y más fuerte, en mayores cantidades, como quien busca el mayor rendimiento de una fábrica. Uno de los detalles prácticamente desconocido por completo, es que tienen capacidad de comunicación telepática. De este modo, no sólo perciben lo que emanamos, también lo estimulan haciendo que aparezcan imágenes en nuestras mentes, o sensaciones emocionales que refuercen (estimulen) a continuar “alimentándolos” con la energía que tanto les agrada y fortalece. Cuanto más tiempo pasemos alimentando o fortaleciendo a un ser de esta clase, tan sólo por pensar cosas negativas o inmorales; más fácil le resultará la conexión telepática para obsesionarnos con esa clase de pensamientos. No sólo en lo morboso-sexual. También en la violencia por resentimiento y cualquier forma de “pecado”. Porque el ser se acostumbra a mantener la sintonía de vibración reforzándola. Cuánto más fuerte se hace, más se impondrá sobre nosotros y, por esta razón también, es que muchos exorcistas no pueden hacer nada por sacarlo de la vida ajena, aparte de rezar e invitar a la víctima a que regrese a la fe y a una conducta religiosa. Actitud que es la única posible en situaciones así: dejar de alimentarlo, para que se debilite y vaya a buscar su “alimento” en otra parte. Pero es un detalle muy difícil de lograr para una persona con grandes traumas a cuestas (impresos en el ego e inconsciente) dado que prácticamente cualquiera sabe lo difícil que es superar un trauma. ¿Cuánto más difícil resultará si no se tiene adecuada contención humana y, encima, están estimulados por entidades que ignoramos su existencia y real forma de influirnos? La conducta y modo de vida a que invitan (o imponen) las religiones, en general, a grandes rasgos, son más que sabias y coherentes. El problema comienza cuando exageran la importancia de cuestiones menores, como en el islamismo, de imponer a las mujeres condiciones extremas, para “no tentar” al sexo opuesto. Es mucho más cómodo obligar al otro sexo a que no me tiente, que tener que educar a mi propio ego a resistir las tentaciones. Así, no sólo en el islam, desde las religiones se han exagerado y deformado tantas cosas que, hoy, son muy poco creíbles en casi todo, incluyendo cosas que son muy válidas. Entre estas últimas, que realmente se “peca” con el pensamiento o ciertos sentimientos; pero por lo que acabo de explicar, en lugar de ofender de modo directo a un Dios personalizado. Si se logra comprender cómo y por qué los “pecados” (o mayoría de actitudes consideradas “pecaminosas”) causan un daño directo o indirecto en nosotros mismos, por cuestiones de leyes como la de causa y efecto; o de atraer lo que se irradia… resultará mucho más fácil volverse un “buen creyente”. No sólo por comprender cómo nos estamos creando 59

situaciones o circunstancias más difíciles. Sino también porque será más fácil comprender, paralelamente, los beneficios de las actitudes polares de “buenos creyentes”. Beneficios y perjuicios que, a simple vista, pueden pasar desapercibidos a ojos de los demás. A veces, pueden pasar años en los que no se noten claramente los efectos de una actitud altruista o egoísta. Incluso, la mayoría de las veces, por costumbres de imposición en la mentalidad masiva, se atribuyen las circunstancias a “casualidades” o concatenación de circunstancias obvias no previstas, pero lógicas, como para adjudicarlas a consecuencias atraídas por nosotros mismos. Y aquí entra otro tema. Las tareas de ángeles y demonios Todo, absolutamente y sin excepción, es bipolar. Tanto en género, forma y vibración. Dios no sería completo, si no fuera hermafrodita, materia y energía; activo y reactivo simultáneamente. Pero desde las religiones bíblicas, por la forma contradictoria que enseñan, se nos da a entender que “Dios se equivocó” (que falló su perfección y, por eso, ya resultaría absurdo considerarlo perfecto) cuando Lucifer se “rebeló” contra él, sumando a una tercera parte de los ángeles a “combatirlo”. (O de cuando Adán y Eva “fallaron” (indicio de imperfección) por dejarse tentar y cometer el “pecado original”). Unas de las preguntas que hice desde pequeño, y me obsesionaron durante muchos años son: Si Dios existe y es perfecto, y nosotros somos su obra ¿cómo se explica que los seres humanos seamos tan imperfectos cuando, por lógica, la perfección sólo puede crear perfección? De esto, no quedan más alternativas que considerar que Dios es imperfecto y, por ello, tampoco podemos serlo nosotros. Porque el considerarnos perfectos, es una aberración de lo más obvia, especialmente si estudiamos un poco a la historia de la humanidad. De todos modos, ¿dónde quedan varios de sus magníficos atributos como el de ser omni varias cosas, especialmente justo y benévolo? Sobre todo, si miramos a nuestro alrededor, notando la cantidad de injusticias constantes que perduran desde hace siglos y hasta milenios en las costumbres humanas entre sí y para con la naturaleza. Al analizar en profundidad al sentido de la reencarnación y la cantidad de evidencias que la corroboran, sobre todo hoy en día, gracias a la facilidad de los medios de comunicación y acceso a libros traducidos; podemos ampliar más el panorama de la concepción de lo que es Dios y cómo actúa (se desenvuelve el universo en sí); pudiendo corroborar fehacientemente hasta qué punto son ciertos los atributos que se le adjudican, aunque no del modo en que se los explicaba. Absolutamente todo es coherente y armónico. Las inarmonías, tan sólo son pasajeras y sirven como movimiento oscilatorio y pendular para el cumplimiento de ciclos. Por esta razón, Dios necesitaba “crear su propia oposición”, que le sirviera de contrapeso pendular. De este modo, mal se explica que el mayor de todos los ángeles, Lucifer, se haya rebelado. Bastante mejor es la explicación egipcia de que Seth y Neftis eran la pareja “hermanos polares” de Osiris-Isis. Parejas polares que, cual si usaran al universo entero como múltiples tableros de ajedrez simultáneos. “Combaten” (juegan sus respectivas partidas) en todos los lugares y niveles de vibración, de modo intrínsecamente concatenado pero, al igual que en el ajedrez o cualquier competencia, bajo ciertas normas y reglas inviolables. 60

¿Acaso no es demasiado “casual” que justamente un tercio de los ángeles del universo se hayan “rebelado”? Tracemos una analogía con la selección nacional de un equipo de fútbol. Entre titulares y suplentes, hacen justamente dos equipos. Si a ellos sumamos al resto del personal técnico y de asistentes ¿no resultará que conforman aproximadamente a un tercio del total? ¿Cómo entrenan los titulares? Suele recurrirse a que los suplentes hagan de contrincantes y, el tercio restante del personal, asiste y arbitra a ambos equipos, verificando que cada cual cumpla con su propósito, sin desviarse de los objetivos. ¿Tienen “maldad” los suplentes por querer hacer goles a su favor y “contra” los titulares? Pues bien, de modo similar, es que un tercio de los seres del universo “juegan de rivales” de los “ángeles” en el rol de “demonios”, cuya palabra significa, exactamente: “Tentadores”. ¿Por qué un tercio? Porque es necesario a todo un tercio en las funciones complementarias de asistentes generales e imparciales. Tanto para las tramitaciones y lo que encuadramos como burocracia; como para arbitrar, juzgar y resolver cuestiones de posibles conflictos o excepciones extraordinarias a las reglas. La actitud generalizada, científica y social Si los humanos hemos llegado a ser tan predadores ¿por qué no podrían existir también formas de vida muy variadas, como presas y depredadores, en los otros planos de vibración molecular, como el etérico o astral? Tranquilos, no es para alarmarse, porque al igual que en el plano material, las demás formas de vida no acostumbran interferir a las nuestras, salvo que las provoquemos, consciente o inconscientemente. Desde las religiones, suele afirmarse que todos tenemos un ángel que nos cuida, cual un celador o policía, que sólo interviene ante peligros o conductas que atenten contra el orden natural. Pero pocas veces se diferencia al mismo del guía personal u orientador. Ese “amigo invisible” de muchísimos niños que no necesitan imaginarlo, ni deliran al afirmar que lo tienen. ¿Por qué a la sociedad adulta le cuesta tanto aceptar lo que no siempre es perceptible? Tan sólo por miedo. Miedo a quedar ridículos y ser motivo de escarnio o, peor aún, tratados por locos, por afirmar algo que no pueden demostrar a los demás, que son inmensa mayoría aparente. Lo más triste de esta situación, es que por lo inhumano de inconcebibles tratamientos que primero desde la religión (aún después de la “Santa” Inquisición) y luego desde la ciencia se imponía a quienes eran considerados con facultades mentales alteradas (como el uso de electroshock, entre otros igual de crueles y aberrantes); quedó en la mentalidad social una especie de terror a la posibilidad de ser tratados de ese modo. Tan sólo por aseverar lo que los “científicos” no han podido comprobar y, desde una soberbia y estúpida actitud, hasta niegan que pueda existir algo que no sea “corroborable” por sus propios métodos y técnicas, a excepción de Dios mismo, por no invadir a los dominios del poder eclesiástico y religioso. Aunque han logrado, de a poco, poner en duda su más que obvia existencia. A esta clase de científicos, los desafío a que demuestren lo que afirman, de modo tan fehaciente como pretenden con sus métodos y técnicas, que realmente es imposible que Dios exista, como la inmensa cantidad de “milagros” que cada tanto les rompen todas las enseñanzas y esquemas en los que se apoyan. Entre ellos, que cada tanto se hallen fetos 61

desarrollándose en hígados humanos18 Hecho que ha ocurrido más veces de las que se tiene registro y para lo cual, desde la ciencia, no existe explicación lógica. No, acorde a lo que enseñan en las facultades de medicina. O por qué, personas en las que se ha corroborado por completo e indudablemente la muerte clínica, en algunos casos “resucitan” de modo inexplicable para la ciencia. Del mismo modo, quien se atreva a negar las formas de vida imperceptibles a los sentidos físicos y aparatos actuales, incurre en una ceguera mental absoluta. Ahora bien ¿por qué hago tan vehemente afirmación y aclaración? Por el solo hecho de que he podido corroborar por mi mismo que existen, como también el muy reputado y creíble psicólogo suizo C.G. Jung, quien dejó múltiples testimonios de “conversar” con una visión femenina que se le aparecía con frecuencia. Obviamente, este psicólogo no fue considerado por la iglesia tan “peligroso” como Juana de Arco, y había perimido la “santa” Inquisición, como para ser condenado a la hoguera. Ni tratado por loco por sus pares, dado que sabía demasiado bien cómo demostrar su cordura a los colegas de entonces. Pero hasta Sócrates tenía su propia “entidad invisible” a la que denominaba “demonio familiar”; de la que recibía sugerencias y dejó holgado testimonio de cuán importante consideraba a su relación con el mismo. ¿Fallas mentales en semejantes genios del razonamiento? ¿O inteligente honestidad a ultranza de las posibles consecuencias, que no temían por inteligentes? Si bien desde la más remota antigüedad siempre hubo charlatanes aprovechadores de la ingenuidad y creencias de los demás; esto no tiene por qué significar que absolutamente todos los médiums sean falsos. Sobre todo, cuando muchísima gente que jamás ha tenido experiencias paranormales, por circunstancias muy especiales, como la pérdida de un ser muy querido, tienen excepcionalmente a una comunicación con ese ser, en la cual les revela detalles ignorados; que luego difunden y sostienen, a pesar del riesgo de ser considerados como delirantes, haber alucinado o cuestiones similares. Basados, como dije, en el miedo a la reacción social. Rol angélico con nosotros Los seres humanos somos espíritus enfundados en cuerpos físicos orgánicos. Ángeles de la clase “evolutiva” que van encarnando para consustanciarse del total de formas de vidas y sus funciones. Cual buzos en la profundidad, somos la parte del equipo que “está en el terreno”; pero sin dejar de depender e interactuar con la “base”, o barco que nos insufla el oxígeno mediante mangueras, a la vez que supervisan atentos a cada uno de nuestros movimientos y posibles dificultades. También podría decirse como jugadores en la cancha. Pareciera que estamos solos ante los rivales, según circunstancias, como la de un arquero cuando patean un penal. Pero en realidad, el resto del equipo, o cuerpo técnico, no deja de darnos instrucciones y seguir nuestro desempeño, paso a paso, desde fuera de la cancha (O como se sigue desde la base en tierra a los astronautas).

Articulo publicado en la Revista “Muy interesante” edición argentina; no recuerdo número, de 2006 ó 2005.- Aunque también se lo puede hallar en: http://www.comadronas.org/bebe.php? name=News&file=article&sid=109 o en http://www.consumer.es/web/es/salud/2003/05/25/61690.php

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La vida física o material, básicamente es eso: una partida (no una guerra, y ni siquiera una batalla, aunque pueda resultar muy dura) que se juega en un plano de materia densa, que es análoga a una gran profundidad en el océano. Y del mismo modo, hay todo un equipo de seres etéreos asistiéndonos de modo constante y permanente, aunque la inmensa mayoría no los pueda percibir y, por esa razón, prefiera creer que no existen. O dudar que sea así, a lo cual tienen inalienable derecho, siempre y cuando no atenten contra lo natural en su conducta de vida. Porque en tal caso, es obligación ética de cada uno de nosotros, el tratar de evitar que ocasionen un daño a lo demás, que forma parte de nosotros mismos. No sólo porque el entorno es parte de Dios (o sea: nosotros mismos también); sino porque dependemos en conjunto de que el equilibrio general no sea alterado significativamente, como muy bien consideraban los druidas celtas y aún lo hacen los taoístas y varias doctrinas orientales. Si aún se tienen dudas, considerar la analogía de células con comportamiento cancerígeno dentro de un organismo como el nuestro: una sola célula, dependiendo de qué haga, cómo y dónde, puede resultar desde intrascendente hasta mortal. Esto último, si “contagia” (el mal ejemplo) a muchas otras importantes; cual si un líder político corrupto, cometiera infinidad de desmanes que desembocan en volver a una parodia injusta el concepto de democracia y las instituciones, especialmente a la justicia. ¿No lo hemos vivido y aún padecemos buena parte de esta clase de actitudes sociales? Tenemos a todo un equipo de seres etéreos trabajando denodada y esmeradamente en que no nos falten oportunidades para aprender y auto superarnos en las cuestiones que fueron previstas como objetivos personales antes de encarnar en la presente, mediante nuestro acuerdo en total “libre albedrío” de lo que, ya encarnados, será “destino”. Estos seres etéreos o ángeles, deben atenerse a las leyes de la naturaleza o reglas del juego. Por eso es que no siempre pueden actuar como quisiéramos y creemos necesitar. Ni “se concedan los milagros” caprichosamente. Pero jamás nos abandonan ni dejan de intentar que se concatenen las situaciones más apropiadas para el cumplimiento de nuestros objetivos, como quien invita a que logremos un gol, pasándonos la pelota, para reiterar tácticas de jugadas estudiadas antes de comenzar el partido. Uno de ellos, es el popular “amigo invisible” de muchos niños que no lo imaginan ni desvarían en que tratan con uno. Porque es el ángel guía u orientador de nuestras vidas (no confundir con el custodio o de la guarda, que tiene la función de policía o celador). Es quien muchas veces hace de consciencia o “la voz angélica” que “nos habla” a uno de los oídos (en realidad uno de los interlocutores de nuestros diálogos internos, mentales), inspirándonos pensamientos y sentimientos acertados. Muchas ocurrencias y genialidades, han sido “inspiradas” por los guías personales. Sin ir más lejos, el ahora popularísimo J. R. R. Tolkien, autor de la zaga titulada “El señor de los anillos”; al describir a los elfos, prácticamente detalló a todas las características reales de los seres semi materiales (etéreos para nosotros) que acostumbran desempeñarse como “amigos invisibles” u orientadores personales de cada ser humano con cierto nivel evolutivo.19 Razón por la cual acostumbro denominarlos “elfos”. Esta clase de “ángeles”, similarmente a nosotros, son evolutivos y tampoco son perfectos. Tienen muchísimas características humanas. Quizás, en gran medida, por estar en permanente contacto con nosotros, en su rol de intermediarios entre esferas angélicas de vibración más alta y nuestra corporeidad.
Los seres humanos de mínima evolución espiritual, como también animales y demás grupos “primitivos”, por escaso nivel evolutivo, poseen orientadores grupales, en lugar de individuales. Casi la totalidad de los humanos actuales, tenemos a uno, aunque no lo hayamos logrado percibir como tal, o diferenciar de la voz de nuestro propio espíritu.
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Sin embargo, deberíamos considerarlos como perfectos, por el sólo hecho de que las probabilidades de que se equivoquen en sus tareas, son menores a ínfimas. Más que nada, por dos razones: La primera, que no están limitados en su capacidad de memoria y conocimientos, como nosotros, por el “filtro” que hace la corporeidad de la materia, cual el casco y uniforme que impiden percibir por completo el entorno y hasta el viento o sensaciones táctiles directas. La segunda, que ellos, a su vez, están constantemente supervisados y asistidos por seres de vibración mucho más elevada y especialistas en sus respectivas áreas. De este modo, las posibilidades de error en los planes angélicos, o “de Dios”; son tan ínfimas que sólo pueden significar un retraso para el conjunto total de acontecimientos, dependiendo mucho de cuán bien “juguemos” nosotros, los humanos; a la “partida” contra los demonios que harán lo posible por desviarnos de nuestros objetivos reales. Este detalle, es el que muchas veces ha puesto en ridículo a los profetas. Sobre todo, cuando se dan fechas, como en el caso de B. S. Parraviccini y hasta los mapas de cataclismos de Edgar Cayce. Porque los acontecimientos generales e importantes pueden ser demorados y corregidos; en base a circunstancias de efectividad de los contrincantes o demonios. Pero no porque no esté previsto que sucedan. Por otra parte, muchas veces, el rol de las profecías es el de “alertar” de posibles consecuencias que pueden evitarse. Razón por la cual, el personaje bíblico de Jonás, intentó huir de la misión que “le encomendaba Dios” de vaticinar cosas que, si la población corregía la actitud, él quedaría en absoluto ridículo. Pero después de estar “encerrado en el vientre de una ballena” por tres días (donde le hicieron comprender la importancia de lo que se le pedía); terminó por aceptar lo que “Dios mandaba”. Si se tiene la mente lo suficientemente abierta para tan sólo imaginar la cantidad y diversidad de seres que existen más allá de la materia (análoga y superior a la bio diversidad de este planeta); que “hacen su vida” del mismo modo que los humanos entre nosotros y con las demás formas de vida, que solemos ignorarlas, salvo en cuestiones puntuales y específicas, como espantar moscas de nuestros alimentos, o matar mosquitos que nos están chupando la sangre. Podremos también tener claro qué importante resulta educar a nuestro ego. No sólo para poder percibir nuestro propio espíritu, a la vez que al guía etéreo de modo eficiente. Sino también para tener un asistente de lo más eficaz en lo que hace a reacciones en situaciones difíciles y cómo sobrellevarlas. Lo cual nos permitiría contar con la mejor brújula para la vida y director técnico en jugadas que nos harán lucir en la “cancha” de la vida, aunque no cosechemos aplausos de otros seres humanos de modo directo; pero sí, desde el plano etéreo. Sobre todo, cuando finalice nuestro tiempo en la “cancha” y regresemos “a casa”. Detalles del “más allá” respecto al acá y el fin de la vida Las analogías de buzo, astronauta y jugador en la cancha, continúan siendo válidas respecto a lo que nos espera al finalizar nuestra labor en el plano físico material denso. Tanto buzos como astronautas y jugadores, no sólo se quitan la vestimenta (al menos la más molesta) y toman un breve descanso (como quienes suspiran unos momentos). Enseguida continúan por saludar a quienes estaban pendientes pero fuera de la cancha o en la base y, tras darse una ducha y re-vestirse con ropa limpia; pasan a reunirse con sus superiores coordinadores, a fin de realizar una revisión conjunta de todo lo actuado, a modo de balance. Por esta razón resulta muy común que, muchas de las personas que fallecen y reviven poco después; hayan descrito experiencias similares, según lo que recuerden y hayan prestado atención, respecto a detalles del “más allá”. Como pasar por una especie de túnel, cual interior de un cordón umbilical iluminado; ser recibidos por entidades amorosas (que varían según 64

condiciones psicológicas y religiosas); y hasta realizar una rapidísima revisión de los detalles claves de la propia vida, aunque muchos de ellos hubieran sido totalmente olvidados. Los detalles y actividades que se realizan poco después de fallecer, son exactamente análogos al término de una misión importante o justa deportiva en equipo. ¿Cómo podemos pretender que una persona fallecida pueda ser invocada a nuestra caprichosa voluntad, cuando tiene infinidad de actividades posteriores a realizar, especialmente, tomarse un merecido descanso con sus pares más queridos del “más allá” o que están libres de misión específica en el plano material? Esta es la razón por la cual, hasta en el espiritismo, está mal visto intentar convocar a seres fallecidos específicos. Porque lo más probable, es que hayan continuado con las actividades posteriores, en lugar de quedarse cual espectadores. Y por lo general, cuando se insiste y logra una supuesta comunicación, es otro ser el que se hace pasar por tal y, evidentemente que si comienza engañando, no se puede esperar una buena intención de su parte. Hay ocasiones tan puntuales como particulares, en los que espíritus muy afines a nosotros, pueden llegar a regresar enseguida (como si no se tomaran el descanso y rindieran informe haciendo balance “a la ligera”) para acompañar de cerca a quienes tanto aman desde lo espiritual. Que es el caso relativamente frecuente de abuelos/as con nietos, algún padre o madre con hijo/a; o de enamorados entre sí, como bastante bien se describe en la película “Ghost” del año 1990. Sobre todo, si por cuestiones razonables (aceptadas como tales por las autoridades del plano etéreo o más allá) quedaron asuntos pendientes que nos resulta de gran interés resolverlos o colaborar a que concluyan; como suelen mostrar bastante fidedignamente, algunos capítulos que alcancé a ver de la serie televisiva norteamericana “Ghost whisperer”. Aquí, deseo hacer una salvedad respecto a detalles de gente que fallece clínicamente y revive poco tiempo después. En la mayoría de los casos de gente que revive, más que haber fallecido realmente (en cuestiones como que se desconecte por completo el “cableado” del alma con el cuerpo físico, no en cuestiones orgánicas de medicina) tan sólo suelen estar profundamente desdoblados, cual pueden hacer algunos yoguis muy entrenados, de suspender sus funciones vitales al máximo, para estar sepultados varios días, cual cadáveres reales (sólo toman las precauciones necesarias para que sus cuerpos no puedan ser dañados por factores externos, como insectos). Hay infinidad de detalles que pueden ser contemplados desde el “más allá” para autorizar tales circunstancias. Por lo general, suelen deberse a dos motivos principales: a) Que a la persona clínicamente fallecida (o a sus familiares directos), por llevar una vida contradictoria a uno o más objetivos importantes de su vida, se le haga una demostración contundente que la obligue a repensar la razón de la vida (para lo cual, no siempre se recurre a que muera y reviva. Hay muchos otros recursos disponibles para los etéreos). Pero si han recurrido a que sea considerada “muerta” para revivir, es porque han considerado que era “lo más apropiado” al propósito de la continuidad de vida posterior. b) Que ha pedido inconsciente de la persona que fallece (médicamente); se la “autoriza a fallecer” (provisoriamente) para que pueda experimentar y corroborar fehacientemente (desde la lucidez completa, libre del filtro de la corporeidad); que efectivamente prefiere concluir con la vida física, dejando pendientes los asuntos que restan y sólo puede notarlos desde el más allá. Es en esta segunda opción, donde muchos comprenden a varios errores en sus formas de vida o actitudes, y deciden “regresar” para continuar sus vidas, ya con un nuevo enfoque, mucho más acorde a lo que se había previsto para ellas. 65

Y en estas circunstancias, la costumbre de la ablación de órganos, puede ser un factor que impida regresar al cuerpo físico, para continuar lo que resta de vida. Sobre la ablación de órganos Si bien los etéreos o ángeles, por lo general concatenan a las circunstancias de tal modo que difícilmente pueda ocurrir algo así, recordemos que tienen a los rivales (demonios) jugando en contrario, con la clara intención de demorar al máximo toda clase de objetivos. Y en estos temas, los procedimientos médicos de “apuro” para aprovechar la máxima cantidad de órganos posibles, sumado a la tentación y presiones por motivos económicos que suelen realizarse en esto, son armas de doble filo. El tema de la ablación de órganos, merecería todo un capítulo específico que no puedo desarrollar aquí; por cuestiones de espacio, para tratar sobre todas las implicancias técnicas y connotaciones que deriva. Sólo mencionaré, sintéticamente, que si hay un porcentaje demasiado alto de rechazos a órganos totalmente compatibles, como de infecciones posteriores, pese a las rigurosas profilaxis; es porque antes de curar los síntomas, hay que atender las causas: el ego enfermo, que es desde donde se producen (como psicológica y anímicamente) los rechazos e infecciones, entre otros detalles. Y que de atender y “curar” al ego del modo óptimo, hasta se pueden lograr los milagros (como sidóticos que se curan espontáneamente); de volverse innecesarios los trasplantes de órganos. Claro que, en la actualidad, por mentalidad y costumbres sociales, es mucho más fácil conseguir un órgano “B” negativo, que ayudar a un paciente enfermo con la comprensión y contención psicológica y emocional efectiva (a veces imprescindible) de toda la familia implicada. Si masivamente se tuviera claro cuánto influye el ego en la totalidad de nuestras vidas, especialmente en la salud, se ahorrarían fortunas gigantescas en medicina; porque el grueso de la población sería totalmente sana, o tan sólo padecería cuestiones menores, salvo accidentes importantes (individuales o masivos). Pero aún estos últimos serían en cantidades mucho menores.

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CUARTA PARTE

Conclusiones generales
A lo largo del presente, he tenido que tratar muchos temas introductorios, que abarcaron a las dos primeras partes, para poder dar tan sólo una idea general (y quizás demasiado resumida en la tercera); de cuánto es lo que conforma a nuestro ser y cómo se interrelaciona, o vincula de modo intrínseco, con absolutamente todo lo demás que es y forma parte de Dios mismo; o universo entero si se lo prefiere. Desde que nuestra civilización, o humanidad del modo en que la concebimos, no es la primera en este planeta. Que prácticamente todas las religiones antiguas tienen una raíz madre en común, con mismos objetivos, de las cuales surgieron otras por adaptación de interpretaciones. Hasta que la sabiduría más antigua (evidenciado que era mayor que la actual en muchísimos aspectos y presumiblemente en todos); estaba originada en un verdadero y profundo conocimiento de causa y efecto de las cosas que enseñaba, más que nada de modo esotérico y simbólico, cuando no desde la geometría y abstracciones. Conocimientos y sabiduría que aparentemente se han perdido en su mayoría, antes que ser difundidos a seres cuyo compromiso ético es dudoso y potencialmente peligrosos para el resto de la vida y ecosistemas. Fue necesario el paso de milenios para lograr que los seres humanos alcanzáramos un nivel de comunicación y discernimiento necesarios para poder recopilar a las suficientes huellas, que tan esmerada e inteligentemente se nos ha dejado a lo largo y ancho del planeta, tanto en forma religiosa como metafórica, sea en libros; grabados o construcciones; como piezas de rompecabezas para poder darnos cuenta de su legado y mensaje. Tema en el cual hemos sido permanentemente influenciados por seres etéreos. Por parte de los angélicos en preservar y descubrir pistas, como sumar nuevos detalles mediante experiencias. Y de los demoníacos, obstaculizando a que los grandes iniciados pudieran hallar sucesores realmente dignos, como tentando a líderes (especialmente religiosos, políticos y científicos) a menospreciar, distorsionar, e incluso destruir, a muchos testimonios o detalles que pudieran lograr una más rápida comprensión de la razón de ser de la vida, especialmente la humana, en el contexto en el que cada uno nace y vive. Siempre, la estrategia demoníaca ha sido la misma en su base: La de tentar e influir sobre el ego, tratando de que lo agigantemos y, de este modo, perdamos la sabia orientación del propio espíritu, bajando el nivel vibratorio del conjunto. De este modo, cada vez queda más vulnerable e interferible la percepción espiritual, como más fácil la posibilidad de manipularnos el ego hacia objetivos de menor y hasta perjudicial trascendencia, como la de dar prioridad a una ambición estérilmente desmedida, por sobre el bienestar del conjunto, o de una parte del mismo que permanecerá relegado y obligado a esfuerzos éticamente injustos y hasta inhumanos (que también implica un daño al total, pero más indirecto). Basta dar una ligera mirada sobre la historia de la humanidad, para poder comprender la telaraña de conspiraciones egoístas de unos pocos con poder, que se van sucediendo o alternando en el tiempo, como por azar; pero con similares propósitos; para darnos cuenta de hasta qué punto son hábiles las entidades demoníacas en manipular el ego, como nosotros de vulnerables. De este modo, resulta clarísima la importancia del axioma de origen desconocido, popularizado por Sócrates, de “Conócete a ti mismo”. 67

Razones y beneficios del conocerse a sí mismo Porque es la única forma de poder: a) Reconocer las variadas partes de nuestro ser e importancia de cada una, incluyendo lo metafísico. b) Educar adecuadamente a nuestro ego; a fin de que se convierta en nuestro aliado potenciador de capacidades, como centauros; en lugar de un enemigo que nos bestialice por completo, cual minotauros. c) Mantener una vibración cada vez más alta que, como sintonía de radio, nos facilita una mejor captación de lo espiritual (y positivo, tanto propio como de nuestros orientadores); dificultando simultáneamente, la captación e influencia de lo “demoníaco” que busca desviarnos de nuestros objetivos más importantes. Tanto para nosotros, como para el conjunto de seres del ecosistema. d) Llevar una vida más plena y satisfactoria al conjunto de lo que somos como individuos o unidad, por estar correctamente dirigida a nuestra razón de ser y estar en este plano físico. e) Tener cada vez mejor y más fuerte salud, en sus diferentes áreas: física, psicológica y emocional. f) Tener mayores capacidades y habilidades para toda clase de logros individuales, en las tres áreas: física, psicológica-emocional y espiritual. Esta última, abarca “magias” que están más allá de lo técnico científico, (como algunos milagros) por manejar energías encausándolas hacia objetivos deseables. Tanto para ayudar a terceros, como para defenderse de modo real, efectivo y lícito; por no violentar leyes naturales, ni condicionarnos el futuro en tratos con entidades de baja vibración etérica. g) Tener cada vez más claras a las cosas de la vida, comenzando por las propias; evitando de este modo las dudas existenciales e infinidad de depresiones y amarguras, especialmente en la edad madura y vejez, que erosionan a la totalidad de nuestro ser, especialmente la salud y alegría de vivir. h) Obtener el merecido reconocimiento y respeto hasta de quienes no tienen vínculos o simpatías con nosotros, por ser ejemplos de vida y actitud, aún en la disensión de mentalidades y formas de vida. i) Sobre todo, ser conscientes de que nuestros esfuerzos serán “aplaudidos” desde el “más allá”. No sólo por estar “haciendo lo correcto”, sino por estar aportando nuestro pequeño o gigante grano de arena para lograr que ésta sea una humanidad digna del concepto que se la da a la palabra “humano”. Haciendo de este planeta un “paraíso en la tierra” que nos enorgullecerá, legítimamente, dejarlo cono herencia a las generaciones venideras, que nos recordarán con el debido (por merecido) respeto y amor. En otras palabras: Trascender en la memoria de los demás que, con razón, es lo que más nos importa al finalizar la vida; por sobre cualquier éxito o logro material. j) Lo que pocos pueden apreciar o comprender: Avanzar en la evolución individual como quien pasa de grado al finalizar cada ciclo lectivo. ¿Estamos todos solos?

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Hay una canción que creo que popularizó Rita Coolidge, por la década de 1980, que se titula “Estamos todos solos”. La cual, no es otra cosa que la sensación constante a la que estamos sometidos por culpa del egoísmo, tanto propio como social. El ego impone que nos concentremos tanto en nosotros mismos, sobre nuestras cuestiones materiales físicas (en las que incluyo lo psíquico y emocional), que nos volvemos hasta incapaces de percibir el amor sincero y natural que nos rodea de modo constante y sostenido, aunque sólo sea desde los seres etéreos. Dice un viejo refrán que “las cosas son, según el color del cristal con que se las mire”. Lo que pocos pueden apreciar, es que el “color del cristal” con que miremos a la realidad, colabora en la clase de energía que emitimos y atraemos. Como también que nos ayudan a orientarnos para dar dirección a nuestros actos y hacia dónde dirigirnos. ¿Cómo podremos encontrar amor sincero, real y natural, afín a nosotros, sino estamos sintonizando una vibración-actitud como la que buscamos y deseamos en el fondo de nuestro ser? Caemos en la pésima costumbre de dar por sentado que estamos dando lo mejor de nosotros mismos e, incluso, que las cosas deberán darse “por naturaleza” a pesar de nuestros esfuerzos o desgano. Y éste es un detalle muy relativo. Porque así como es cierto que el futuro tiene deparadas cosas que deberemos afrontar aunque nos esforcemos al máximo por evitarlas; también es casi un imposible saber discernir con absoluta certeza cuáles serán éstas, de las que quedaron como indefinidas y ajustables a las circunstancias y actitud nuestra. Para decirlo con una metáfora: Antes de nacer, programamos toda una agenda tan amplia y completa, como la de astronautas en misión espacial. En la misma, se prevén desde las tareas claves o de vital importancia, hasta muchas otras aleatorias, de importancia relativa, como los descansos y ejercitaciones que pueden ser alterados casi a voluntad. También, en la agenda de astronautas, hasta se prevén alternativas varias, según circunstancias que puedan surgir, imprevistas o semi previstas; dejando espacios en blanco, como tiempos previstos para demoras de otras actividades o tener que reintentarlas. ¿Cómo desde el plano etéreo o angélico, no tendrán una capacidad de previsión mayor para nuestras “agendas de vida”, reescribiéndolas en muchos aspectos importantes, según nos desempeñemos y comportemos? Es absolutamente cierto que tenemos total libre albedrío, como la existencia del destino o karma. Son perfectamente compatibles cuando comprendemos que cada vida es como una misión espacial o en las profundidades oceánicas. Donde lo que entendemos como predestinación o karma, no son otra cosa que las tareas más importantes a realizar en esta vida-misión. Sea porque debemos aprender a superar circunstancias, comprenderlas en profundidad, o tan sólo compensar daños ocasionados en vidas pasadas. Si ciertas situaciones en la vida individual, se reiteran con frecuencia relativamente constante, seguirán continuando porque, obviamente, no hemos logrado aún el objetivo por el cual debemos pasar o aprender de las mismas. Es parecido cuando a un astronauta se le niega desistir en alguna tarea y se le insiste en que vuelva a intentar su objetivo. El astronauta decidió voluntariamente los objetivos de la misión y someterse a las instrucciones que le puedan impartir desde la base; aunque luego pueda “arrepentirse” y hasta sentir que está “obligado”; o que no tiene poder de decisión. Ruego que se analice y medite profunda y frecuentemente sobre este tema, a fin de poder abarcar cada vez más detalles de esto que acabo de exponer. Implicancias de acortar la vida anticipadamente (asesinatos o suicidios)

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Es exactamente lo mismo que imponer el regreso de un astronauta. A veces, arruinar toda una misión espacial, por privar a los compañeros de equipo-viaje de la ayuda y colaboración de quien se obligó a partir. De este modo, tanto el matar a otros como a sí mismo, es una forma de alterar el orden natural previsto. A tal punto, que algunos consideramos el respeto por la vida trasladable a cualquier otra forma de vida compleja, como la animal; para estar en contra de la supuesta necesidad de matar para comer o ingerir carne. Porque los animales tienen cada uno su razón de ser, aunque parezcan sólo “puestos” (creados como especie) para alimentar al ser humano. La naturaleza siempre busca y mantendrá el equilibrio. Cuando hay superpoblación de una especie cualquiera, a poco aparecerán las circunstancias que obliguen a un nuevo equilibrio. Normalmente, por falta de alimentación para tanta población, como el aumento de los predadores naturales. Si el ser humano se erige en soberbio manipulador de esto, con pesticidas, desforestación, etc. La propia naturaleza halla la forma de contrarrestar aquello en lo que abusamos. Su recurso extremo, es la de los cataclismos naturales que pueden, incluso, conllevar la desaparición total de nuestra especie en este planeta, como quien se desprende de miembros gangrenados. La diferencia reside en que la naturaleza puede reconstruirse aunque requiera de milenios. Somos nosotros, los seres humanos, los que individual y colectivamente, habremos desperdiciado todo lo que se ha invertido en construir la evolución de las especies, como de tener que compensar, a lo largo de futuras vidas, la parte que nos corresponda de responsabilidad, no sólo para con nuestras vidas presentes, sino también en relación con las demás del entorno, humanas o no. Este es el gran mensaje que hemos heredado de civilizaciones anteriores, que no llegaron a desaparecer por completo de modo repentino; dado que nos han dejado claras bases del mismo y cómo evitarlo. Quiero recordar aquí a una frase que me parece que es de Benjamín Franklin: “El no hacer nada contra lo malo o injusto, ya es una forma de complicidad”. Pero también debemos tener en cuenta a otras que expresó quien, merecidamente, fue denominado “mahatma” (alma grande) Ghandi: “Ojo por ojo… y la humanidad quedará ciega” Como: “Tenemos demasiadas religiones que nos separan con un mismo propósito: el de hermanar a la humanidad”. ¿Por qué tanta dificultad para que la humanidad aprenda y se encamine? La respuesta a esta pregunta que puse de subtítulo, es tan simple de decir, como difícil de lograr. Todo pasa por la influencia de nuestro propio ego, pésimamente educado y hasta maltratado, que se vuelve más que vulnerable a las tentaciones; especialmente las de seres de baja vibración que nos incitan telepáticamente en la mente y emociones, sin que siquiera seamos conscientes de cuándo y cuánto podamos estar siendo influidos (al menos, aplicable a la inmensa mayoría de las personas). Paralelamente, la inercia de las costumbres y mentalidad social, son como la fuerza de la corriente de un río crecido y desbordado que debemos cruzar de orilla a orilla. La fuerza del agua nos arrastra río abajo. La inmensa mayoría de la gente, oscila entre:

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a) Dejarse llevar por la corriente, asumiendo que “debe ser mi destino” ya que soy arrastrado en esa dirección, por fuerzas superiores a mi”20. b) Tratar de “nadar avanzando contra la corriente” (especialmente en la adolescencia); principalmente porque aún “oye” al propio espíritu que lo incita a “no dejarse llevar (por las fuerzas de las circunstancias), porque tiene un destino y objetivo que le es propio” c) Luego, en tratar de mantenerse en el lugar logrado (nadando parcialmente contra la corriente, para no derivar demasiado “río abajo” por la vida). Si no es el de alcanzar algún objeto que pueda hacer de “salvavidas”, aunque sujetarse el mismo implique continuar “derivando en la corriente” pero de modo menos cansador y hasta relajado. d) Sólo nadan, sin tener muy claro por qué ni hacia dónde, porque “oyen” desde el espíritu, tan sólo que “no deben dejarse arrastrar” por la fuerzas del entornocorriente de agua, pero sin alcanzar a poder resistir el “agotamiento” o “pereza” a que impulsa el ego. Ni tener clara la dirección a seguir. Porque el “oleaje” de las circunstancias, nos dificulta ver los objetivos para orientarnos. Especialmente, si estamos prestando atención a que no nos golpeen las cosas que “trae la corriente” (circunstancias y necesidades del presente) como si fueran troncos y demás objetos que puedan dificultar nadar o facilitarnos un “descanso” dejándonos llevar río abajo un poco. Sólo cuando aprendemos a oír nuestro propio espíritu, por templar al ego obligándolo a comprender y aceptar a los golpes de la vida, como un acero en la forja; nuestro espíritu podrá hacernos ver dónde queda la “orilla opuesta” a donde debemos dirigirnos, calculando perfectamente la deriva por la corriente, sin imponernos “nadar absurdamente”, para adelantar en sentido opuesto a “lo que hacen todos” o solo mantenernos en la posición lograda. Pero aquí es donde aparece el verdadero y principal obstáculo de todo ser humano. Obstáculo que sólo raras excepciones logran superar, volviéndose auténticos héroes de la humanidad, aunque no sean popularmente conocidos como un Ghandi: El de tener que “forjarse a sí mismo”, resistiendo a la desesperación a que primero incita el ego y suele estar reforzado por entidades etéreas tentadoras, de hacernos creer que “nos estamos ahogando” y que “es inútil” esforzarse, porque: 1) La corriente (costumbres propias y sociales) es demasiado fuerte y las cosas que arrastra, cual enredaderas flotantes (cuestiones importantes cotidianas, como resolver la subsistencia propia) dificultan concentrarnos en “ver más allá” del “oleaje” y lo que arrastra el agua (imprevistos de la vida). 2) El destino de la otra orilla (objetivos íntimos de vida) es demasiado lejano como improbable, y hasta de apariencia imposible. 3) No se posee la fortaleza necesaria (desde lo espiritual por entrenamiento del ego). 4) Los demás “se dejan arrastrar” y “por algo será”. 5) Si Dios existe, realizará el “milagro” de “llevarme” a mi destino, haga algo o no.21 6) “Nadie” valorará mi esfuerzo ni me ayuda en esto.

Actitud bastante lógica, dado que se desconoce a sí mismo, en profundidad, en sus verdaderas capacidades y limitaciones, como objetivos reales de vida. Lo cual torna vulnerable a las personas a la manipulación de otros seres, sean etéreos o humanos. ¿Acaso somos menos que marionetas? ¿Dónde quedaría el sentido de la vida en tal caso? Esta actitud indica un total desconocimiento de cómo “trabaja” Dios. Ayuda a ayudarte, es la máxima a tener en cuenta siempre, recordando la metáfora de astronautas en misión espacial.
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De este modo, es que comienzan las argumentaciones “consoladoras” del ego, respecto a renunciar a lo que demanda, lógica y naturalmente, el propio espíritu. Esas típicas argumentaciones que he oído hasta el cansancio de infinidad de personas frustradas que no han podido alcanzar sus íntimos objetivos de vida. Por ejemplo: - No haber podido acceder a una educación o especialización necesaria, partiendo de cuestiones económicas y de tiempo. - Que las circunstancias de la vida los llevaron por otros caminos. - Que no pudieron contar con el apoyo u orientación necesarios. - Que “no sabían” qué era lo que realmente querían de la vida, hasta que fue demasiado tarde para corregir el rumbo. - Que es muy fácil “hablar desde afuera”, pero les resultaba imposible superar las circunstancias personales. - Que “hay que comer todos los días”, porque de nada sirven los ideales con el estómago vacío y desnutridos. (Como si fuera imposible conciliar ambas cosas). - Que la pareja; los hijos; o el conjunto son limitantes serios (cosa que no dudo ni niego). Especialmente, después de tibios intentos, considerar que “no es para mí” lograr los objetivos que siento como propios, porque no tengo las condiciones necesarias para lograrlos (partiendo del coraje y la fortaleza interior) y, por esto, argumentar que “debo de haberme equivocado” (en qué quiero para mi vida, desde lo más íntimo y espiritual); cayendo en auto engañarse con los miles de argumentos que esgrimen los demás, incluso desde las religiones, como “Dios sabrá qué hará con mi vida”. Actitudes como ésta última, es “ceder el poder” de la autoridad que tiene nuestro espíritu-capitán en nosotros mismos, esperando que “otros se hagan cargo” de qué debo o debiera hacer, limitándome, según lo que me permita y esté dispuesto el ego, a decidir hasta qué punto “obedeceré” a los mandatos o “sugerencias” de otros. En síntesis: La cómoda actitud de “no pensar” (analizar con profundidad) por mí mismo, limitándome tan sólo a evaluar, desde mi indolente y egótica actitud, qué prefiero (subjetivamente) de las opciones que pueda haber o percibir. Enumeré esto, sin contar a quienes demasiado rápido se auto engañan de que Dios no debe de existir y que no hay nada más allá de la vida material, por lo cual da lo mismo que nos dediquemos a una conducta ética; o vivamos simulándola tan solo para evitar el castigo o consecuencias que puedan imponernos los demás humanos, si se enteran de qué y cómo hacemos. O que tienen una actitud variante directa de ésta. El razonamiento: análogo a un conjunto de músculos Y aquí, hay otro detalle importantísimo a considerar: el cerebro. Más precisamente la capacidad de razonar, que es como un conjunto de músculos. Si no se los utiliza, se terminan atrofiando. La inmensa mayoría de la gente, está mal convencida que, por utilizar muchísimo a algunos de los músculos (capacidades) cerebrales, son “inteligentes” y “hábiles en razonar”. Pero por confundir a esas partes como el total, incurren en razonamientos falaces, parciales o subjetivos; cual acontece con los pícaros e inescrupulosos, que asumen que será muy difícil que puedan equivocarse en algo, sobre todo en sus propias conductas de vida o del daño real que puedan estar ocasionando a terceros, minimizándolo.

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¿Mejor ejemplo que el de Jean Paul Sartre, que halló argumentaciones totalmente “coherentes” para justificar una vida promiscua, de auto gratificación egótica, escandalosa hasta el extremo de organizar orgías sexuales colectivas? O la del “artista” que llegó a exponer, en Italia, a una defecación propia en una lata de conservas usada, argumentando que era “arte”? De lo cual Marcel Duchamp fue uno de los primeros más “atrevidos” al presentar y exponer a un mingitorio con su firma como “obra de arte”. Desde el sistema educativo generalizadamente, se impone la memorización y razonamiento lineal. Muy pocas veces se invita a realizar otra clase de razonamientos y alternativas, a las que invita el docente de modo secuencial, a veces lineal y muy subjetivamente. Se nos entrena tanto a pensar y razonar “de acuerdo a” (quien fuere); que se nos está mutilando de modo casi directo la posibilidad de arribar a conclusiones diferentes, coincidan o no, pero por otros caminos-argumentaciones. La excepción de esto, son los que buscan alternativas “por la alternativa en sí”, al margen de los demás factores que deberían concatenarse, en un criterio verdaderamente sensato y acorde al objetivo; cual artista que se atreve a denominar “arte” a cualquier engendro “diferente” (caso de Marcel Duchamp, entre otros). Porque no aprendió a ejercitar al total del razonamiento, sino tan sólo a las partes que le resultan más útiles, desprendidas de otras cuestiones que pueden resultar básicas o elementales, como la sensatez u objetivo propio de lo que se hace, sea el arte en sí, o la sustancia misma de lo que realmente se propone, en relación a que debiera implicar una forma de beneficio a los demás, para que éstos reconozcan el talento, más allá de admiraciones miopes o criterios subjetivos. Así, es como actualmente hay tantas aberraciones “artísticas” que actualmente se levantan infinidad de voces requiriendo una nueva definición más concreta de lo que realmente es el arte. Porque demasiados pícaros han aprovechado a los resquicios conceptuales de la definición, para insertar conceptos deformantes que permitan considerar “arte” a lo que no lo es. Lo cual no ocurre sólo en el área artística. Acontece en toda actividad humana, sea científica, filosófica y religiosa. Se bastardean conceptos desde el malabarismo intelectual, para justificar aberraciones como válidas. ¿Esto es lo que queremos que continúe? Reflexión final ¿Cómo poner un freno, si no es comenzando por nosotros mismos, en educar y entrenar a nuestros propios egos, que son el primer y principal obstáculo-desafío para una vida armónica y sensata desde toda concepción lógica objetiva? Claro que, para lograrlo, hay que tener una convicción muy fuerte, dado que el ego es como un caballo salvaje y, cuantos más años tengamos de vida, más reticente y oposición pondrá a obedecer al espíritu; como más hábil será en tendernos trampas para “excusarse”. Si se ha llegado hasta esta parte, leyendo y comprendiendo a todo lo previo, resultará relativamente fácil hallar argumentaciones sustanciales para decidirse. Sobre todo, si se relee y medita cuánta razón y coherencia hay en lo que expuse de modo tan sintético como limitado por razones de espacio. Sólo resta asumir el compromiso con uno mismo, que también fue con Dios y ponerse a educar el propio ego, desarmando las excusas y justificaciones con que intentará resistirse al máximo, quizás apoyado por algún ser etéreo “tentador” a lo contrario. 73

Aparentemente para dificultar un poco esta tarea, dejo las siguientes reflexiones: Dice un viejo proverbio: “Cuando enseñes algo, también, enseña a dudar de lo enseñado”. No sé quién de todos los que lo han mencionado, será el primero que lo haya hecho. Lo que sí, sé; es que es muy sabio por dos razones fundamentales: 1.- Invita a que el alumno piense y, por dudar, corrobore por sí mismo a las enseñanzas, que es la mejor forma de aprender real: la experiencia propia, que no deja lugar a dudas. 2.- Porque excusa a todo posible error del docente que, por la razón que fuere, pudo haberse equivocado en algún detalle, o de cómo lo explicó. Pero hay también una tercera razón, que casi nunca se revela: La de enseñar algunas cosas distorsionadas o incompletas a propósito, para que los alumnos verdaderamente aplicados tengan la satisfacción de descubrir que “el maestro se equivocó” (lo superaron en algo); pero también para que no puedan obtener demasiado poder los meramente intelectuales que “no se molestan” (toman el trabajo) de verificarlas. A la vez que, por razones naturales, todos podemos llegar a incurrir en algún error, omisión o detalle equivocado involuntariamente, por no saberlo a todo. Por lo expuesto, y a pesar de mis convicciones personales, no puedo afirmar que lo desarrollado en este libro sean absolutas verdades y, mucho menos, esperar que sea creído “al pie de la letra”. Más vale que cada uno descubra por sí mismo cuánto y de qué, es totalmente cierto. Porque para algo es que tienen capacidad de razonamiento y discernimiento. De este modo, no tiene mayor importancia cuántos coincidan o no, y en cuánto, de lo que aquí expuse. Porque cada cual tiene derecho a pensar y vivir como quiera, mientras no altere o afecte otras vidas, obstaculizándoles el propio progreso u objetivos individuales. En lo que a mi respecta, escribir el presente ha sido parte de mis objetivos de vida personales: Colaborar a que otros puedan acceder al conocimiento indispensable (tan difícil de hallar de modo claro, sin distorsión o mutilaciones); para poder tener vidas plenas y, en conjunto, lograr hacer que la humanidad entera sea digna del concepto profundo y completo de tal palabra: humano. Sólo me queda saludarlos al estilo hippie: “Paz y Amor”; deseándoles éxito en el autoconocimiento que les permita dar a sus vidas, el rumbo individual que previeron y acordaron desde antes de nacer. Sawedal

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Bibliografía sugerida con relación a parte de lo tratado aquí. (Si tuviera que mencionar a todas las fuentes de las que extraje conocimientos, debería realizar un apéndice aparte de muchas páginas en las cuales, gran parte, serían artículos de diarios y revistas varias; sin poder incluir lo conversado con especialistas de diversas áreas). Bach; Richard: “Juan S. Gaviota”; “Ilusiones”. Barrios; Enrique: “Ami; el niño de las estrellas”. Berne; Eric: “Juegos en que participamos” entre otros. Blavatsky; Helena Petrovna: “Isis sin velo” y “La doctrina secreta” Campbell; Joseph: “El héroe de las mil caras” y “Las máscaras de Dios”. Däniken Erich von: Libros varios y las películas “Recuerdos del futuro” partes 1 y 2.Dethlefsen; Thorwald y Dahlke; Rüdiger: “La enfermedad como camino” Dröscher; Vitus B: “Sobrevivir”; “Calor de Hogar”; entre otros. Gonzalez; Federico: “La simbología precolombina” Guenón; René: “El tercer ojo” Hay Louise L: “Sana tu cuerpo”. Iglesias Janeiro: “La cábala de predicción”. Kardec; Allan: “El libro de los espíritus”; “El libro de los médiums”; “El evangelio según el espiritismo”. Knight; Christopher y Butler; Alan: “La primera civilización” Lau; Teodora: “Los horóscopos chinos”. Maquiavelo; Nicolás: “El Príncipe” Platón: Obras varias; especialmente “Diálogos Socráticos” y “Timeo”. Ríos; Rubén H: “La iluminación Zen” Sabomir; Boleslao Sawicki: “Holosabiduría, doctrina perenne de lo absoluto” y “Secreto de secretos” Sabtouris; Elisabet: “Gaia, la tierra viviente”. Saint Exupery; Antoine: “El Principito” y “Ciudadela”. Tres Iniciados: “El Kybalion” Tzu; Sun: “El arte de la guerra” Zeng; Ning y Dao; Pu: “Tao Te Ching” Autores anónimos; múltiples; o que no recuerdo: “Bhagavad Gitä” del Mahäbhärata (literatura védica); “El Corán”; “El I-Ching”; “El libro de Urantia”; “El libro tibetano de los muertos”; “El libro de Thot”; “La Biblia”; “Los Evangelios apócrifos”; “Popol Vuh”; Mitos y leyendas tradicionales de diversas culturas; como también cuentos e historias tradicionales y populares. Un agradecimiento especial a wikipedia.org donde, con grata sorpresa, evacué bastantes dudas muy específicas en temas poco comunes y profundos.

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