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“Previamente en Capítulos Anteriores”

- Gabriel se acerca a Vicente, en la disco, y le advierte sobre Christian, diciéndole “Nunca


te enamores de alguien así”.
- Joaquín y Christian llegan al taller de pintura.
- En el taller, Catalina en un minuto se siente intimidada por la mirada de Joaquín, para
escapar, decide ir a buscar su café a la cocina.
- Gabriel le dice a Christian que le demuestre, que lo que pretende con Vicente, es de
verdad.
- Vicente se entera que no podrá seguir estudiando por falta de plata, Catalina decide
ayudarlo.

Cementerio de Punta Arenas.


Viernes /Marzo /16:30 PM

El día está nublado, por lo visto puede ser que llueva más tarde. No existe frío, pero se
siente un poco la humedad del lugar. El único sonido que se escucha es el sonido de las
piedrecitas al pisar. Por unos sectores se ve gente poniendo flores en las tumbas de sus
seres queridos. A simple vista se ve deshabitado, frío y hasta tenebroso, pero eso no es
impedimento para recorrer los largos pasillos, formados por grandes árboles en forma de
cilindros.
Con la mirada en su mano, viendo como se escapa el humo de su cigarro, Vicente
caminaba con una expresión de tristeza en su rostro. Con pasos lentos trataba de sentir la
música que le entregaba su discman, sus ojos decaen más al escuchar la introducción de
piano de Breathe No More de Evanescence. Poco a poco sus ojos se humedecen y decide
sentarse en una tumba.
Catalina ya había hablado con su madre, ésta no dudó en ayudarlo, pero sólo con $20.000
mensuales, lo cual no alcanzaba para costear la matrícula y las mensualidades. Catalina
discutió para conseguir más plata, ya que sabía que existía, pero le fue en vano, su madre
ya había dicho en lo que ayudaría y no había cambios. Vicente había pensado en una beca,
pero las postulaciones ya habían terminado. Todo se estaba volviendo un caos en la mente
del muchacho y la desesperación por no saber que hacer, lo tenían con el alma en un hilo.

Cuando este se disponía a apagar su cigarro, siente que alguien se para delante de él.

_ ¿Qué estás haciendo acá? – pregunta Christian con un tono preocupado, al ver el rostro
demacrado de Vicente.
_ Vine a relajarme un poco – dice sin mirarlo, mientras se saca los audífonos y apaga su
discman - ¿Tú que haces aquí? ¿Igual te gusta caminar por estos lados?
_ Siempre vengo a dar vueltas aquí. Aunque ahora, pasé solo un momento porque me iba
al taller. ¿Tú no irás? – se sienta al lado de Vicente.
_ No sé. No tengo muchas ganas de ir.
_ ¿Es por lo de la carrera? – consulta sintiendo un poco de lástima.
_ Sí. Eso me tiene cagao. No sé que hacer – dice Vicente sacando una cajetilla de cigarros
de su chaqueta, le ofrece a Christian, este acepta.
_ Pero vamos al taller. Así te relajas, no sé, pintas algo... Yo, varias veces me he
desahogado de esa forma, y créeme... Resulta – aconseja Christian mientras enciende el
cigarro.
_ No sé.
_ Ya poh Vicente – pone su mano en uno de los hombros del muchacho – ¡Arriba el ánimo!

_ Yo creo que me voy a mi casa mejor. En serio – dice retirando la mano de Christian, de
su hombro.
_ ¿Te acompaño? – consulta mirándolo fijamente, con lo que Vicente se intimida.
_ ¿Pero tú no ibas al taller? – pregunta extrañado.
_ Te acompaño a tu casa. ¿Para qué vas a estar solo? – pregunta Christian, sin dejar de
mirarlo - ¿Te parece?
_ No quiero que te aburras en mi casa – dice preocupado y bastante nervioso.
_ No creo que me aburra – sonríe Christian. Vicente mira para otro lado y se levanta de la
tumba. Acomoda su bufanda y aspira un poco de su cigarro - ¿Puedo ir entonces?
Vicente, duda unos segundos, observa la sonrisa y la cara de “di que sí, di que sí” de
Christian, da un suspiro cerrando los ojos y lo mira nuevamente.
_ Ok – responde el muchacho, observando una especie de alegría en Christian, lo cual lo
sorprende por un momento – Pero con una condición.
_ ¿Cuál? – pregunta extrañado Christian, mientras se levanta de la tumba.
_ Nada de andarse torciendo por ahí – sonríe Vicente, con lo que Christian se ríe.
_ Ahora veré por donde camino. Además está claro, así es que dudo que me tuerza –
sonríe.
_ ¿Vamos?
_ Vamos – dice Christian mirándolo fugazmente, mientras no deja de sonreír. Los dos
muchachos salen por la entrada principal del cementerio, y toman rumbo hacia la casa de
Vicente.

Cap. 01 x 04
Falsas Apariencias (Parte 1)
Taller de Pintura. Cerca del Centro. Pta. Arenas.
Viernes/ Marzo/ 17:01 PM

Varios muchachos se encontraban concentrados en sus bosquejos y pinturas. Cada vez se


sentía más ese ambiente hogareño, con lo que Catalina estaba feliz; en varias
oportunidades se detenía a observar al grupo con una gran sonrisa en su rostro, mientras
por dentro se sentía muy orgullosa de haber ganado el proyecto Fondart.
Catalina se encontraba en un extremo, de la gran sala, echando un poco de cada acrílico
en una paleta. En ese momento, sorpresivamente se acerca Joaquín, con un pincel en sus
manos, quedando frente a la espalda de la muchacha. Suavemente se acerca un poco
más, y estira su mano dando una pincelada negra en el rostro de Catalina.

_ ¡Maldito! – se asusta ella, mientras se da vuelta. Joaquín se ríe mientras sostiene su


estómago - ¡¿Quieres guerra?!
_ Ya poh.
_ ¿Ah sí? – Catalina levanta una ceja con una sonrisa. Toma la paleta que estaba
preparando y, al ver que Joaquín sale corriendo, lo sale persiguiendo - ¡Ven cobarde!
_ ¡Pero era con pinceles! – grita mientras corre alrededor de la sala. Los muchachos del
taller, observan la situación preocupados, ya que no querían que ocurra un accidente con
sus cuadros.
_ ¡Ya pues! ¡No eras tan hombrecito! – grita Catalina sin soltar la paleta. En ese momento
Joaquín pasa a chocar con un atril, que por suerte estaba desocupado, y cae al suelo. La
muchacha aprovecha a arrodillarse a su lado y le esparce la paleta en la cabeza,
disfrutando con una sonrisa como se mezclan los colores en el pelo de él. Joaquín luchando
un poco, le quita la paleta y se la esparce a ella en la cara.
_ Ahora si que te ves preciosa – dice Joaquín, aún en el suelo, sin aguantar la risa.
Sorpresivamente en la radio se escucha This Love de Maroon 5 - ¡Esa canción nos
persigue!
_ No me había dado cuenta – dice ella mirando para otro lado, sabiendo que la tenía
presente - ¡Ya basta! Se me va a partir la cara con esta cosa – se levanta. Joaquín estira
sus brazos para que lo ayude a levantarse – ¡Levántate solo!
_ ¡Oh que mala! – exclama, viendo como Catalina se va al baño.

En el baño. Catalina se lava la cara con agua tibia. Nuevamente, aparece Joaquín en
silencio. Poco a poco se acerca a ella y le refriega su mano, llena de acrílico negro, en su
rostro. La muchacha se asusta y, antes de que escape, alcanza a llenar un vaso con agua y
se lo arroja en la ropa.

_ ¡¿Quieres guerra de agua ahora?! – dice Joaquín acercándose al lavamanos, para tomar
un poco de agua en sus manos.
_ ¡Ya Joaquín basta! – dice ella alejándose un poco. El muchacho le lanza agua, con lo que
ella se acerca al lavamanos y comienza a tirarle agua ahí mismo. Ambos empiezan a
luchar, muertos de risa, disfrutando el momento que se estaba dando.
_ ¡Ya! ¡Mucho! – dice Catalina, mientras observa el suelo empapado del baño.
_ La última – dice arrojándole agua.
_ ¡Yaaaa! ¡Paara! – grita Catalina, la cual al tratar de salir rápido del baño, se resbala,
cayendo de espalda en el suelo. Joaquín se asusta, pero no para de reírse.
_ ¿Te pegaste fuerte? – se arrodilla junto a ella, tapándose la boca para ocultar su risa.
_ ¡Cállate! – dice ella, entre enojada y risueña. Joaquín la toma por los hombros
suavemente, e intenta levantarla. Ella queda sentada. Ambos quedan frente a frente. Sus
miradas son fijas y brillantes. Ya no hay risas, solo silencio y miradas. Poco a poco Catalina
siente que su corazón late un poco más rápido, lo cual fácilmente es percibido por Joaquín.
El muchacho suspira y se comienza a acercar a ella, sin dejar de sentir lo especial de sus
latidos. Los labios de Catalina se ven expectantes, pero a la vez nerviosos. En cambio los
de él van seguros, pero con cierto nerviosismo. Una cámara lenta se apodera del
momento, dejando al aire las sensaciones especiales de cada uno. Sus narices están a
punto de juntarse, y ambas miradas ya se sienten intimidadas, lo único que queda es
cerrar los ojos y dejarse llevar.

_ ¡Ya vamos para adentro! – exclama Catalina sorpresivamente. Se levanta y se va a


donde están todos, dejando a Joaquín con el cuello estirado y con signos de interrogación
en su cabeza.

Casa de Vicente. Villa Friburgo. Pta. Arenas.


17:46 PM

Vicente está sentado en su cama. Mientras observa a Christian, el cual está sentado en el
suelo, revisando emocionado, una cantidad de cd’s.

_ ¡No me digas que te gusta la Britney Spears! – dice Christian, mirando todos los discos
de la cantante.
_ Ehm. Sí – dice Vicente con una sonrisa.
_ Al Gabriel le encanta.
_ ¿Ah si?
_ Sí. Lo único que quiere es ser como ella – ambos se ríen – De verdad, tiene unos posters
de ella en su pieza. Según él es para que su mamá no cache que es gay. Pero na’ que ver.
Cada vez que se viste con poleras ajustadas, se compara con los posters para ver si se ve
igual de regia que ella.
_ ¿Verdad? – ríe Vicente.
_ Sí... Mmm A todo esto, tengo que llamarlo. ¿Me podrías prestar tu teléfono? – consulta
Christian levantándose del suelo.
_ ¿Es a celular?
_ No. Teléfono fijo.
_ Ocúpalo no ma’ – dice Vicente señalando el teléfono, el cual estaba situado en un
velador – Yo por mientras voy a poner la mesa, para que tomemos once ¿Te parece?
_ Ya – dice entusiasmado Christian.
Vicente sale de la pieza, cerrando la puerta. El muchacho se sienta en la cama y deja el
teléfono en sus piernas. Marca el número y espera que le contesten, mirando cada detalle
de la pieza, ya que le había gustado mucho la decoración que tenía esta.
_ ¿Aló? ¿Gabriel? Hola. ¿Cómo estay?
_ Regia ¿y tú? – se escucha la voz de Gabriel.
_ Bien poh. ¿Adivina dónde estoy? – pregunta ansioso a punto de sonreír.
_ ¡¿En dónde?!
_ Adivina poh.
_ ¡Ay Christian! Tú sabes que no me gustan las adivinanzas porque me trabo. No sé donde
estay.
_ En la casa de Vicente – dice emocionado.
_ ¿Ya tuvieron sexo me imagino?
_ Weón. Na’ que ver. Yo te dije que era diferente.
_ ¡Ya sé porque no han tenido sexo – dice Gabriel asustado – No le pasa na’ con su cosa.
_ ¡Hey! No. Hemos estado conversando no ma’.
_ ¡Ay que fome! ¿Y pa’ esa wea me llamaste?
_ Ya que pesao. No. No te llamé pa eso. ¿A qué hora nos vamos a juntar en la noche?
_ Mmm. ¡A la misma hora de siempre pos guachita!
_ ¿A las 12:00?
_ Obvio. Mmm ¿Oye?
_ Que – responde Christian dudoso, mientras enrolla el cable del teléfono.
_ ¿Está ahí contigo?
_ No. Fue a poner la mesa para que tomemos once.
_ ¡Ay que tierno! Yo quiero uno de esos mismos.
_ Jajaja. Por favor Gabriel. Tú no aguantas con nadie.
_ Ella poh... la que más aguanta. Ya filo. ¿Oye y de verdad te gusta?
_ Ya te he dicho antes.
_ Me haz dicho que es diferente no ma’. Christian, escúchame – dice Gabriel en tono serio.
_ Qué.
_ No juegues con él, weón. Se nota que no cacha mucho la niñita esa. Si no te gusta, no le
hagas ilusiones.
_ Pero si yo no sé si le gusto.
_ Oye weón. Si sabes que le gustas. Era cosa de ver como te miraba el sábado en la disco.

_ Yo te dije que te iba a demostrar que esto era de verdad.


_ Sí. Si me acuerdo, y también me acuerdo que me dejaste tira’ como cualquier cosa en la
Colón.
_ Bueno disculpa. Pero como te decía, te lo voy a demostrar.
_ Es que te juro que no te creo nada. Te conozco como si te hubiese parío’ y estoy viendo
los mismo jueguitos de antes – dice Gabriel en tono de regaño.
_ Ya. ¿Sabes? Mejor nos vemos en la noche. Ahí conversamos.
_ Como quieras. Nos vemos – dice Gabriel, serio.
_ ¿A las 12:00 en la esquina de Colón con Bories? – pregunta Christian, el cual se asusta
al ver a Vicente en la puerta.

Taller de Pintura. Cerca del Centro. Pta. Arenas.


18:31 PM

Catalina está supervisando a uno de los muchachos. Joaquín no deja de mirarla desde una
de las esquinas de la sala. La muchacha siente que la están mirando, pero prefiere
concentrarse en los consejos que está entregando. Ambos han quedado nerviosos después
de aquel “casi beso” en el baño, una y otra vez recrean ese momento, llenándose de
escalofríos y nervios, pensando en lo que hubiera pasado si se hubiesen dado un beso.
Cuando Joaquín se disponía a tomar su chaqueta, para irse. Su celular comienza a sonar.
Una mirada dudosa lanza Catalina, para luego continuar con lo suyo. El muchacho ve,
quien llama, en la pantalla y se va a hablar al baño.

En el baño, cerca del lavamanos, Joaquín hablaba en voz baja.

_ Sí. No te preocupes. Tranquilo compadre. De verdad. Obvio pos viejito. ¡Con quien crees
que estay hablando! ¿A mi? Bastante bien. Ahora estoy en la casa de una amiga que no
veía hace tiempo. Sí. Ya te dejo. Bueno, mañana hablamos. Ok. ¡Chau! – Joaquín da un
suspiro y mira el techo – ¡No sé en que wea me metí! ¡Tú sabes Joaquín que no sirves para
estas cosas! – se habla a él mismo, mientras golpea su cabeza con una de sus manos.

Al segundo, alguien golpea para entrar al baño. El muchacho abre la puerta,


encontrándose con Catalina. Ambos se miran, pero ella lo esquiva y se va a lavar unos
pinceles.

_ ¿Catalina? – dice Joaquín desde la entrada.


_ ¿Qué? – contesta sin mirarlo. Parece estar concentrada lavando pinceles.
_ Discúlpame – dice Joaquín, en un tono serio y a la vez con un toque de nostalgia.
_ ¿De qué? Si no pasó nada – dice ella indiferente, aún con sus pinceles.
_ Si. Tienes razón. No pasó nada – dice Joaquín, conservando su tono. Luego se va del
baño.

Catalina cierra la llave del agua y se mira al espejo. Su mirada está confundida y parece no
encontrar ninguna explicación a lo que está comenzando a sentir.

_ ¿Por qué con él me siento tan débil? – se pregunta, sin dejar de mirarse - ¿Por qué
Catalina?

Mientras tanto, en la sala, Joaquín toma su chaqueta y se la pone, sin darse cuenta que su
billetera está en el suelo. Se despide de todos los que están pintando, y se va. Catalina al
salir del baño, siente el portazo, lo que la detiene unos segundos. Luego se dirige a la
ventana, y ve como Joaquín se va en el auto.
Casa de Vicente. Villa Friburgo. Pta. Arenas
18:31 PM

En la cocina. Christian toma once en silencio, ya que se siente un poco observado por los
padres de Vicente. Doña Marta, no deja de pensar en que hay algo que no le gusta del
muchacho rubio. Por otro lado Don Gastón, no es partidario de compartir la mesa con
alguien que no conoce. Tras todo el silencio, y las miradas de análisis que recibía Christian,
este se armó de valor y decidió hablar.

_ ¿Oye Vicente? ¿Vas a ir la disco mañana? – pregunta normalmente, lo que hace que
Vicente se atore con su café. Los padres lo observan sin entender.
_ ¿A la disco? – consulta la madre mirando a su hijo.
_ Es que el sábado pasado, fuimos con la Cata a la disco para hacer algo diferente – dice
Vicente un poco nervioso, mientras le hace señas a Christian indicándole que sus padres
no saben lo “suyo”.
_ Es como extraño, porque a ti no te gustan las discos – dice la madre, tomando un sorbo
de su café.
_ Si sé. Pero fue ese día no ma’. No creo que vaya más – dice Vicente mirando a Christian.
_ ¿Por qué no vas a ir más? – consulta Christian, sin comprender la decisión.
_ Porque, como te dije, no me gustan mucho las discos, y para bailar no soy muy bueno
que digamos – dice Vicente un poco más tranquilo.
_ No eres malo para bailar – dice el muchacho – Yo te vi bailar y no bailas mal.
El padre de Vicente le da una mirada extraña a Christian y a su hijo, para luego continuar
con su café. Vicente se percata de la mirada y sus nervios se comienzan alborotar.
_ ¿Vamos? – consulta Vicente a Christian, haciendo una seña para volver a la pieza.
_ Ok – responde el muchacho, observando que su taza aún tenía algo de café.

Los dos muchachos se retiran de la cocina y se van a la pieza. Vicente se sienta en la cama
y Christian se sienta a su lado.

_ No tenía idea que tus papás no sabían – dice Christian en tono de disculpas.
_ No te preocupes. Igual mi papá quedó medio cachuo, pero no creo que sospeche. Es
que, eso que dijiste.
_ ¿Qué dije?
_ Que yo bailaba bien – dice Vicente haciéndole recuerdo.
_ ¡Ahh! Pero si bailas bien poh.
_ Yaa, pero a mi papá eso le pareció extraño.
_ ¿Tú crees? – consulta dudoso.
_ Si poh. Si nos mandó una mirada super rara – dice Vicente, sintiendo un poco de temor.
_ ¡Cómo tanto! No creo. Eres muy perseguido – dice Christian, tomando el tema relajado -
¿Oye?
_ ¿Qué?
_ ¿De verdad no vas a ir más a la disco?
_ No. Si voy a ir. Aunque mañana yo creo que voy a ir solo, porque la Cata no creo que me
acompañe – cuenta Vicente.
_ Harto mareada quedó ese día tu amiga – dice Christian entre risas.
_ Sí. Pobrecita.
_ ¿Tú nunca haz tenido algo con ella?
_ ¡¿Con la Cata?!
_ Sí.
_ ¡Estás loco! Es mi mejor amiga – dice Vicente, descolocado por la pregunta.
_ Si, pero igual. ¿Nunca haz tenido algo con alguna mujer?
_ No.
_¡¡¿No?!! – dice Christian, sin poder creerlo.
_ De verdad. Nunca he tenido algo con una mujer.
_ Pero... A ver... ¿Haz pololeado con alguna mina?
_ Sí, eso sí. Pero de ahí nada más – cuenta Vicente un poco intimidado.
_ ¡Wow! No te creo.
_ ¿¡Pero por qué no me crees!?
_ Porque todos han tenido relaciones con mujeres. O sea, es como obvio – dice Christian.
_ Bueno, no todo es tan obvio – dice Vicente, bastante incómodo con el tema.
_ Yo sí he tenido relaciones con minas... Hasta el Gabriel ha tenido relaciones con minas...
Mmm bueno es que a él se le olvida su tendencia cuando está con copete – dice Christian,
riendo. Luego se percata que Vicente está serio – Disculpa si te incomodó la pregunta,
pero es que...
_ ¡Ya para! De verdad me incomodó el tema.
_ Ok. Disculpa – dice Christian, sin saber que hacer.

Taller de Pintura. Cerca del Centro. Pta. Arenas.


20:30 PM

Ya todos se han ido del taller, Catalina está sola. Mientras recoge unos cuantos papeles del
suelo, no deja de pensar en Joaquín. Su mirada está fija en la nada, y lo único que
consigue es revivir ese momento en el baño y recordar las disculpas que le dio el
muchacho antes de irse. Cuando ya pensaba que había terminado de recoger papeles,
queda mirando un objeto con extrañeza. Se acerca y lo toma.

_ ¿De quién es esto? – se pregunta, mientras abre la billetera. Lo primero que ve, es el
carnet de Joaquín. Sus ojos brillan y en su rostro nace una sonrisa – Veamos que más
tienes – dice, sentándose en una silla que tenía a su costado. En la billetera, aparecen
unas boletas, unas tarjetas y una pequeña libreta con números telefónicos - ¡Wow!
¡Cuanta gente conoce! – dice mirando la extensa lista, para luego guardarla en su lugar.
Luego encuentra varias fotos de carnet, las comienza a mirar de a poco, tratando de
adivinar cual de todas esas sería la polola, hasta que de repente un escalofrío la recorre al
ver una foto de ella, entremedio de todas - ¡Qué hace una foto mía en su billetera!

Catalina poco a poco empieza a sentir una especie de miedo, los escalofríos habían
aumentando y la ponían mucho más nerviosa. Se levanta de la silla, va a buscar su
chaqueta y, rápidamente, se va del taller.

Entrada Villa El Bosque. Pta. Arenas.


21:14 PM

Entra a la Villa un auto rojo, por lo brillante y moderno, se notaba que era nuevo. Dentro
de el, Catalina pasa de largo su casa y comienza a avanzar lentamente, revisando en cada
garage el auto de los tíos de Joaquín. Casi al final de la cuadra, encuentra el auto
estacionado afuera. Se estaciona detrás y se baja muy decidida. Sus escalofríos aún
seguían, pero la firmeza de sus pasos y la rudeza de su mirada, hacían creer lo contrario.

Toca el timbre y, mientras espera, se cruza de brazos. En su mano derecha, sostenía muy
firme, su foto y en la otra, la billetera. Al minuto, una señora de edad abrió la puerta.

_ Disculpe. Joaquín se encuentra – dice Catalina, tratando de controlarse.


_ A ver pasa – la muchacha entra a la casa - ¿Quién lo busca?
_ Catalina – dice muy seria, mientras que la señora lo va a buscar. Ella miraba la cantidad
de adornos que tenían sobre la mesa y las grandes colecciones de bastantes cosas
diferentes. Se sienten unos pasos en la alfombra, cada vez más cerca. Joaquín al verla
sonríe, pero ella simplemente espera que se acerque más.
_ Hola Cata. ¡Qué Sorpresa! – dice él tratando de saludarla con un beso en la mejilla, el
cual es esquivado fríamente - ¿Qué pasa? – pregunta asustado.
_ Toma tu billetera. Se te quedó en el taller – dice Catalina.
_ ¡Uhh Gracias! ¡Te pasaste! – dice Joaquín – Ni siquiera me había dado cuenta que la
había perdido – sonríe, la muchacha lo mira fijamente logrando intimidarlo y hacer que
mire hacia otro lado - ¿Qué pasa Catalina?
_ ¿Quién eres tú? – pregunta ella con una mirada de análisis.
_ ¿Cómo?
_ ¿¡Quién mierda eres!? Eso te estoy preguntando – dice enojada, pero controlando el tono
de voz, para no llamar la atención de la señora que le abrió la puerta.
_ No entiendo a que te refieres – dice Joaquín, asustado.
_ ¿No eres capaz de decirme? Te juro que estoy muy confundida. Este día ha sido un
vuelco total – dice Catalina enojada, mientras en su mano empuñada, sostiene la foto.
_ No sé de qué hablas – dice Joaquín, comenzando a sentir, poco a poco, los nervios.
_ ¿Qué es esto? – pregunta ella, mostrándole su foto, un tanto arrugada, a él. Joaquín al
verla, demuestra la sorpresa en sus ojos, y sus palabras son tragadas incontrolablemente
– Dime Joaquín. ¿Qué hacía una foto mía en tu billetera?
El muchacho se lleva la mano hacia su frente transpirada, y comienza a mirar para todos
lados, tratando de buscar alguna respuesta.

_ ¡Joaquín! ¡Te hice una pregunta! ¿Qué hacía una foto mía en tu billetera? – pregunta
Catalina al borde de la histeria. Joaquín la observa sin saber que decir - ¡¿Cómo la
conseguiste?!
_ La encontré – dice nervioso.
_ ¡Ay Por favor! Joaquín, estoy siendo paciente. No quiero hacer un escándalo en la casa
de tus tíos. Dime la verdad... ¡¿Cómo la conseguiste?!
_ La encontré Catalina. En serio. Fue una de las veces en que vine a Punta Arenas – dice
Joaquín, haciendo el esfuerzo por mirarla a los ojos.
_ No te creo – dice la muchacha – ¡¿Tú crees que nací ayer?! ¡No seas estúpido!
_ Catalina de verdad. Esa foto me la encontré en la calle. Incluso fue cerca de tu casa. La
recogí y la guardé, me pareciste una chica linda... hasta llegué a pensar que no eras de
Punta Arenas – dice Joaquín mirándola a los ojos fijamente – Nunca pensé que te llegaría a
conocer. Fue por eso, que esa vez que te encontré vomitando en frente de tu casa, me
acerqué. ¿Tú crees que cualquiera se va a acercar a alguien y más encima a esa hora? No
podía creerlo cuando te vi. Me sentí tan privilegiado al verte.

Catalina está en silencio, las palabras de Joaquín parecen convencerla, pero hay algo
dentro de ella que le recalca lo contrario.

_ ¿Por qué no me dijiste antes? – pregunta Catalina, aún nerviosa e impaciente.


_ Estaba buscando el momento apropiado. Eso es todo – responde Joaquín con una voz
segura.
_ ¿Por qué te demoraste en contestarme entonces?
_ Porque me pillaste de sorpresa. Además tu histeria me descolocó – dice Joaquín
atreviéndose a lanzar una sonrisa.
_ No sé por qué, no te creo Joaquín – dice Catalina, tratando de buscar alguna verdad en
los ojos de él.
_ Catalina ya basta. ¿Qué crees? ¿Qué soy un sicópata?
_ Puede ser – contesta ella, manteniendo su postura.
_ No seas lesa. No podría hacerte daño – dice él tratando de tocarle la mejilla.
_ ¡No me toques! – dice, esquivando su mano – Además apenas me conoces. Se nota que
aún te falta crecer.
_ De verdad no podría hacerte...
_ ¡Ya basta! Me voy.
_ ¿Me vas a devolver mi foto? – pregunta, estirando su mano.
_ ¿Eres estúpido o te cuesta entender las cosas? No vas a tener mi foto – dice Catalina, en
tono severo – ¡Chao! – La muchacha sale de la casa sin despedirse, da un portazo y se va
directo a su auto. En su mente, la invadían las confusiones. Encontraba estúpida la
respuesta que le había dado, pero por otro lado pensaba en la posibilidad de que lo que
había escuchado, era verdad. Aún sentía ese nerviosismo mezclado con miedo en su
estómago. Piensa un momento, dentro del auto, mientras observa su foto, lo enciende y se
devuelve a su casa.

Esquina de Colón con Bories. Centro de la Ciudad.


00:16 AM

La noche se presentaba tranquila en Punta Arenas. No había mucha brisa, y el frío no


estaba tan presente. Bastantes autos transitaban por Bories y como buen viernes, varios
adolescentes caminaban por las calles sin ningún problema. En la esquina, sentado en los
escalones de un local de Telefónica, se encontraba Gabriel.

_ Esta yegua que no aparece. Le dije a las 12 en punto – habla mientras fuma su cigarro –
No creo que se haya olvidado. Me carga que me hagan esperar. Yo no más puedo hacer
esperar.

En ese minuto, Christian se ve a unos metros de distancia. Con un rostro de “disculpa la


demora”, se acerca a su amigo, el cual se levanta para saludarlo.

_ ¡Oye perra que te haz creído! Yo soy la importante acá como para dejar esperando, no tú
– dice Gabriel, regañándolo.
_ Es que me fui tarde de la casa de Vicente – dice Christian, sonriendo.
_ ¡No me digas que pinchaste con él!
_ No. Todavía no.
_ Ella... se hace la importante también. Supongo que le dijiste sobre tu trabajo – dice
Gabriel, con un sonrisa pícara.
_ ¡¡Estás weón!!
_ ¡Ay amigo! Es una broma. ¿Bajemos?
_ Ok – responde Christian, comenzando a bajar, por la calle Colón, junto a Gabriel -
¿Vendrá el Omar a buscarte?
_ ¡Ay ojalá que no! Ya estoy chata de esa cosa... chica – dice, haciendo una “C” con sus
dedos, con lo que ambos se ríen.
_ Pero por lo menos te paga bien.
_ Sí, pero ya varias veces me ha quedado debiendo. Yo no hago la weaita por amor al arte.
Una tiene que hacerse valer – dice Gabriel, orgulloso.
_ Mmm. Yo creo que si nos hiciéramos valer... No estaríamos en esto – dice Christian en
tono serio.
_ ¡Ay ya te pusiste profundo! Me carga cuando te pones medio filósofo. Me haces sentir
que tengo un amigo ñoño.
_ Pero si es verdad. Si tanto nos queremos... No vendríamos a buscar plata de esta forma.

_ Ya Christian. Te estás poniendo latero – dice esquivando el tema, mira hacia atrás - ¡Ay
mira quien viene! – dice señalando atrás. Christian se da vuelta y ve un auto blanco, ya
medio viejo, que se viene acercando.
_ ¡Me carga! Yo no quiero subirme con él – dice Christian, haciendo un gesto de asco.
_ Yo menos. ¿Lo dejamos pasar no ma’?
_ Mejor – Ambos sienten como el auto baja la velocidad y avanza junto con ellos – Parece
que este viejo está acumulado.
_ Ya. No lo mires. Sigue caminando digna hacia delante – dice Gabriel tomando del brazo a
su amigo.
_ ¡Oye! – se escucha la voz de un viejo, desde el auto - ¡El rubiecito! ¿Te querís subir?
_ Sigue digna amiga. El no será tu hombre esta noche – dice Gabriel, acelerando un poco
el paso.
_ No te hagai de rogar. Si igual te gustó la semana pasada – sigue el viejo, con su auto, al
lado de ellos.
_ ¡Ay pobrecito! Está desesperado – dice Gabriel, fingiendo una voz lastimera.
_ ¡¡Oye!! ¡¡Rubiecito!!
_ Caminemos más rápido pos weona – dice Gabriel, con lo que su amigo acelera un poco
más el paso.
_ ¿Y si me subo no ma’? En una de esas me paga como la otra vez – dice Christian,
resignado.
_ ¡Qué eres fácil! ¡Te encanta la plata weón! – dice Gabriel – Ya, no sé. Dile que sí
entonces.
_ A ver. Deja preguntarle – Ambos se detienen, y Christian avanza hacia el auto.
_ ¡Te hiciste el difícil pendejito! – dice el viejo, mientras observa que el muchacho se apoya
en la ventana contraria a la de él.
_ ¿Me vas a pagar bien supongo? – dice Christian, coqueteando.
_ Obvio mi amor. Usted sabe que le pago bien – dice el viejo, mostrando su amarilla
sonrisa.

En ese momento, un jeep azul se estaciona unos metros más atrás. Gabriel al verlo,
sonríe. Le hace unas señas a Christian, para avisarle, pero este sigue conversando con
aquel vejestorio. Gabriel acelera sus pasos, pero cuando está a punto de llegar su sonrisa
desaparece. Llama a su amigo, asustado, pero este ya se ha subido al auto. En unos
segundos el auto blanco parte, con su amigo dentro.

El muchacho nervioso, opta por avanzar hacia el jeep y tratar de sonreír normal. El vidrio,
del acompañante, se baja. Gabriel se apoya ahí mismo, fingiendo una cara de tranquilidad.

_ ¿Qué onda con Christian? ¿Por qué se subió a ese auto? – pregunta Vicente, confundido.

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