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LOS TESOROS DE NUESTRAS COSTAS

Acantilados de Mazagón, un regalo de la naturaleza El museo marino más grande del mundo está bajo las aguas, allí se esconden los vestigios de nuestro pasado. Publicado en la revista “Marzagón” en julio de 2012 Los tesoros de nuestras costas no se parecen en nada al tesoro de aquella maravillosa novela de aventuras de Robert Louis Stevenson, La Isla del Tesoro, pero tienen un enorme valor económico, en muchos casos, y sobre todo histórico. Y al igual que en la novela de Stevenson, en nuestra época también hay piratas; piratas que, sin garfio, pata de palo o parche en el ojo; que no navegan en goletas, sino en modernos barcos, con sofisticados equipos capaces de distinguir a distancia, el oro, la plata y el bronce, se hacen con los botines de los tesoros sumergidos. Auténticas reliquias que deberían estar en un museo para el conocimiento, estudio y disfrute de todos los ciudadanos; están en manos de anticuarios, particulares y aficionados a la inmersión.

Buena prueba de estas expoliaciones es la realizada en 2007 por la empresa americana Odyssey Marine Exploration, al barco español "Nuestra Señora de las Mercedes" que fue hundido por una nave inglesa frente a las costas de Portugal, en 1804. Un botín de 17 toneladas de oro y plata, valorado en más de 500 millones de dólares, fue extraído de este barco y llevado a los Estados Unidos. Afortunadamente, tras varios años de pleitos, ha sido recuperado por nuestro país.

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Dos años más tarde, y a raíz de este suceso, el Gobierno español se toma en serio la protección del patrimonio arqueológico subacuático y dedica durante un mes al buque cazaminas Sella, a rastrear el Golfo de Cádiz para buscar restos arqueológicos. En la exploración se encontraron 128 pecios en profundidades de menos de 200 metros, que a excepción de algunos que ya han sido analizados, y que se consideran de poco interés histórico, el resto no se sabe si son antiguos o contemporáneos. Sin embargo, nada se sabe de algunos navíos desaparecidos en la batalla de Trafalgar en 1805, como el Monarca; aunque, se le sitúa hundido cerca de la Torre del Asperillo, muy cerca de Mazagón. El Monarca era un navío de 74 cañones y 675 tripulantes, que fue construido en El Ferrol en 1794. El 28 de octubre de 1805, un fuerte temporal lo lleva a naufragar a esta zona, y tres días después, la fragata británica Naid lo incendia para que no pueda volver a ser utilizado. Sus restos no han sido aún descubiertos.

Restos de la Torre del Asperillo, donde se le sitúa hundido al Monarca

El vació legal y la impunidad con la que actuaban los piratas para saquear los fondos marinos se ha acabado. La Protección del Patrimonio Subacuático de la Guardia Civil, a través del Sistema Integrado de Vigilancia del Estrecho SIVE, ejerce ahora una intensa vigilancia en el Golfo de Cádiz de los pecios y yacimientos arqueológicos catalogados en esta zona. En nuestra costa tenemos catalogadas dos zonas arqueológicas con el máximo nivel de protección, incluidas en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz: el pecio del buque Sarastone, hundido por un avión alemán en la Segunda Guerra Mundial, tras haber sido incluido en una lista negra por haber

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comercializado con los rojos en la Guerra Civil, y los restos de la Torre del Oro, una torre vigía que fue construida hace más de trescientos años para proteger la costa de los corsarios que la saqueaban.

Otras zonas protegidas que, aunque pertenecen al término municipal de Almonte, están más próximas a la localidad de Mazagón, son la Torre del Asperillo, similar a la del Oro, y el pecio del Rayo, navío de 100 cañones y 812 tripulantes, construido en La Habana en 1749, que luchó en la batalla de Trafalgar, y que fue arrastrado por un temporal hacia la playa de Arenas Gordas el 21 de octubre de 1805.

Plano del navío Rayo con 100 cañones, después de haber sido reformado para la batalla de Trafalgar en los astilleros de La Carraca (Cádiz), donde le añadieron 20 cañones más.

El Rayo fue descubierto en 2003 por un equipo de arqueólogos subacuáticos, dirigido por el Dr. Claudio Lozano. Claudio emprendió esta investigación con un sonar que le facilitó la Universidad de Huelva, donde ejerce su profesión, y con medios económicos propios que tenía destinados para otros menesteres. Entre los numerosos pecios que encontraron en el rastreo que realizaron desde Sanlúcar de Barrameda hasta Ayamonte, encontraron el Rayo, que está localizado a 300 metros de la orilla y a sólo siete metros de profundidad. En 2005 un temporal dejó parte del barco a la vista y varios fragmentos de la historia fueron a parar a algunos domicilios particulares.

José Antonio Mayo Abargues

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