Viajar y Volver

Quien escribe acaba de volver de Ecuador. Vuelvo de un viaje increíble, me fui con cuatro amigas a recorrer la costa ecuatoriana (casi) de punta a punta. Fue un viaje como pocos, donde surfeamos mucho, conocimos gente, hicimos amigos, tuvimos aventuras, decisiones, experiencias, comidas, etc. Pero más allá de todo lo que hicimos que daría para escribir veinte posteos seguidos, me dan ganas de escribir hoy sobre el aprendizaje de viajar y de volver. En los últimos años emprendí varios viajes y en cada uno aprendo algo distinto. Para mi un viaje no arranca el día en que se parte, ni termina el día de regreso. Viajar es un gran pasaje a otro mundo, a otra realidad. Nos obliga a meternos en un mundillo desconocido y nos propone dejar de lado, por un rato, lo propio para entender lo otro. Si no te sacas la mochila de argento es como no haber viajado. Porque lo bueno llega cuando uno logra despojarse de todo lo que fué hasta el momento y se permite nutrir de aquello extraño que viene a enseñarnos. Lo mejor es alcanzar la capacidad de dejarlo todo, las estructuras mentales, los estereotipos, las formas, las horas, las recetas, los modos y abrir los sentidos a lo nuevo. Eso es un verdadero viaje para mi, el viaje que nos permite aprender de los demás, el viaje que nos cambia. Todorov me ayuda en esta teoría porque dice: "El mejor resultado del cruce de culturas es frecuentemente la mirada crítica que volvemos hacia nosotros mismos" Pero lo mejor no termina ahí de viaje, si no que cuando llegamos a nuestra casa seguimos aprendiendo. Volver de un viaje increíble no es fácil, la realidad nos golpea fuerte, muy fuerte, uno se choca con la vida. En mi caso con el asfalto, con la falta de mar, con la falta de naturaleza. Pero el viaje vale la pena también en esta instancia porque si el choque es muy duro es señal de que se necesitan hacer algunos cambios en la propia vida, la de todos los días y ahí es donde el viaje vuelve a valer la pena. Cuando hace que nuestra cotidianeidad cambie, cuando hace que nuestra mente cambie. Porque si lo pensas bien es medio absurdo como funciona todo ¿De qué sirve tener una vida mas o menos todo el año y pasarla genial quince días? Lo interesante es que el viaje sirva como para cambiarnos la vida real, cotidiana y compleja (si es que esta no nos llena). Es como si el viaje te haciera prender una parte de tu cerebro que estaba dormida y después ya no podes apagarla. Porque siempre recordas eso, ese momento en el que te sentías pleno. Entonces esto genera que luego busques por ese lado, hacía esa dirección, busques ir hacía ese momento más seguido, hacía esa sensación, ese modo en el que te encontraste vos mismo increíblemente bien. Y ahí es cuando empieza el verdadero viaje, el viaje hacia una vida más plena todos los días. Una vida más cerca de lo que nos hace felices. Y para este viaje no hay pasaje, pero sí destino.