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Habermas,J. La lucha por el reconocimiento en el Estado democrático de derecho.

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Presentación Seminario: Justicia como Reconocimiento Ignacio Sanfurgo Habermas, J; La lucha por el reconocimiento en el Estado democrático de derecho.

31/08/12 El multiculturalismo es uno de los principales focos de atención del filósofo alemán, Jurgen Habermas desde que el tema adopta la centralidad en el debate filosófico político contemporáneo. En la década de los ochenta del siglo veinte vemos que la discusión está dominada por el debate entre liberalismo y comunitarismo, es decir, entre lo justo y lo bueno, y lo individual y lo comunitario. A continuación, en la década de los noventa, una vez establecido como el núcleo de una sociedad justa la idea de los derechos iguales para todos, entró al debate democrático el cómo asegurar derechos a los distintos grupos de una sociedad multicultural, resguardando y velando por un lado los derechos universales fundamentales y por otro, no estableciendo preferencias entre un individuos. Para esta empresa, el canadiense Charles Taylor y su texto Política del Reconocimiento, apelan a una política de la diferencia basada en la identidad personal, tanto individual como de una colectividad minoritaria. Sobrepasando así a una política de la igualdad de derechos que según el autor es discriminatoria al no velar por las particularidades de distintos grupos minoritarios. Conceptos como “derechos de grupos”, “derechos culturales”, pasaron a dominar los debates políticos. Es desde este contexto y sobretodo desde la obra del canadiense desde donde Habermas indagará más profundamente en el concepto de multiculturalismo y las cuestiones al parecer implícitas en el debate. El alemán rápidamente valora la contribución inicial promovida por el texto de Taylor, pero del mismo modo critica que a pesar de que se constata y se está de acuerdo con un contexto de lucha por el reconocimiento de grupos minoritarios o de identidades colectivas, hay diferentes niveles de análisis. Según el alemán, no basta con distinguir o calificar los grupos según la especificidad de cada lucha por el reconocimiento, sino también es necesario hacer un proceso de diferenciación de los distintos planos discursivos en los que los debates se han situado. En cuanto a los diferentes niveles de análisis de los diversos fenómenos culturales el alemán distingue el discurso político, el filosófico y el jurídico. Este último será el de principal interés del autor. Desde el plano jurídico el autor afirmará que la discusión fundamental que trae el multiculturalismo reside en una interpretación del Estado democrático de derecho, que constata una tensión entre el principio de igualdad y la protección de sus identidades culturales. Sin oponerse a una lectura comunitarista, es decir sin adoptar una oposición entre las igualdades y las diferencias culturales, Habermas insiste en corregir una comprensión inapropiada de los principios

liberales con el fin de demostrar que un sistema de derechos correctamente entendido no hace caso omiso a las diferencias culturales y mucho menos, no debiese ser contrastado con un sistema de derechos colectivos ajeno al sistema. La pretensión del alemán es revisar los principios liberales por los cuales Taylor ha fundado su política del reconocimiento que lo han hecho tomar una postura de contraste entre la igualdad de derechos y las identidades culturales. Todo esto desde el plano jurídico preferentemente, fundado en una comprensión democrático procedimental que el autor tiene de los derechos. Habermas afirmará: “… quiero mostrar que una bien entendida teoría de los derechos no es de ninguna manera ciega frente a las diferencias culturales”1 Para Habermas su postura o teoría de los derechos que no es ciega a las diferencias culturales depende de una teoría discursiva, a saber, de relación interna entre el Estado de derecho y la democracia. Para el autor, el derecho positivo no puede ser sometido simplemente a la moral. La democracia y los dd.hh se presuponen mutuamente, es decir, el principio de la democracia faculta de fundamentos propios, independientes de la moral. Esta posición discursiva de Habermas entregará los elementos necesarios para la crítica de una equivocada oposición entre la política universalista de igualdad y la política del reconocimiento, la que según el autor se funda en una concepción paternalista del sistema de derechos que hace caso omiso la conexión interna entre la autonomía privada y la pública; “una cooriginariedad de la autonomía pública y privada”2 A continuación revisaremos cómo el autor desarrolla su teoría discursiva y nos alerta respecto a un Estado de derecho que no es ciego respecto a las diversas identidades. Según el alemán, Taylor hace posible su tesis de incompatibilidad presentando una lectura selectiva de la teoría de los derechos del liberalismo clásico (1). Cuando se habla de liberalismo 1 se hace referencia a la tradición que remonta Locke, que pone relevancia en el carácter impersonal de las leyes y en la defensa de las libertades individuales. En este sentido, el proceso democrático tiene la función de asegurar los derechos personales que garanticen la libertad de buscar la propia realización individual. De esta forma se concibe la ciudadanía como una identidad externa al Estado, identidad que reproduce esa exterioridad cumpliendo ciertas normas y asumiendo procesos deliberativos con el fin de recibir beneficios organizacionales. Por otro lado, el liberalismo 2, pone su fuerza en el proceso deliberativo, como discernimiento común respecto a la

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p.28 Idem.

búsqueda conjunta de un entendimiento sobre el bien común; una búsqueda de autolegislación mediante la participación política y no por preferencias privadas. Según Habermas, Taylor entiende bajo liberalismo 1 una teoría “según la cual a todos los asociados de una comunidad de derecho se les deben garantizar iguales libertades de acción subjetivas en la forma de derechos fundamentales; en caso de conflicto deciden los tribunales a quién le corresponden tales derechos.”3 Esto quiere decir, que la igualdad adquiere validez en tanto que esté al amparo jurídico; una autonomía protegida jurídicamente con el fin de la propia realización. Según el alemán, está concepción del sistema de derechos es paternalista, es decir, no considera que la autonomía de los destinatarios del derecho se ejerce solo en la medida en que ellos mismos puedan comprenderse como autores de las reglas o normas a las que están sometidos como sujetos de derecho privado. Y aquí la crítica de Habermas, el liberalismo 1 hace caso omiso a la cooriginariedad de la autonomía pública y privada; “una necesaria conexión conceptual interna entre ambas”4. Finalmente los sujetos no pueden hacer goce de sus libertades subjetivas, en la medida en que no exista un ejercicio conjunto de la autonomía ciudadana, con el fin de discernir y acordar respecto al trato con lo que debe ser tratado “lo igual” o a lo que demanda un trato distinto. El daltonismo atribuido al carácter selectivo del liberalismo 1 se soluciona en la medida que le atribuimos a los sujetos de derecho una identidad intersubjetivamente constituida; “las personas, también los sujetos de derecho se individualizan sólo por medio de procesos de socialización.”5 Esta concepción le entrega nuevas exigencias a una política del reconocimiento, se demanda a una política de la diferencia el que vele por la identidad del individuo en el contexto de vida que forma su identidad. Y para esto: “no es necesario ningún modelo contrapuesto que corrija el corte individualista del sistema de derechos por medio de otro punto de vista normativo, sino solamente su consecuente realización.”6 Al defender Habermas una relación interna entre autonomía privada y autonomía política, la teoría discursiva pretende hacer justicia frente a ambas tradiciones liberales, es decir, pretende justificar una labor conjunta –irreductibles pero complementaria- entre los dd.hh y la soberanía popular en un Estado de derecho democrático. Para esta labor el autor cree necesario introducir un principio de validación neutral de las normas, anterior a una distinción entre moral y derecho.

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Idem. Idem. 5 Idem. 6 Idem.

Este principio se traducirá en el asentimiento de todos los participantes de un discurso racional colectivo. Este último evitará tanto una interpretación moralizante del derecho como una limitación a conceptos o valores compartidos. Este principio entrega sentido en el debate con el multiculturalismo debido a la pretensión de mantener órdenes normativos bajo el amparo y fundamento del discurso racional y no bajo garantías metafísicas o religiosas. Lo recién presentado nos sitúa en un nuevo contexto para el diálogo entre moralidad y derecho. Para el alemán más que pensar lar relación entre principios morales y el derecho, como una relación jerárquica, cree que estos dos se complementan; la legitimidad jurídica no puede asimilarse a la validez moral y el derecho no puede subestimar o desentenderse del campo moral. De este modo, el sistema de derechos se desarrolla gracias a la unión entre el principio racional discursivo y la forma jurídica. Este sistema, reconocido por los diferentes actores sujetos de derecho, que desean regular su vida en común por medio del derecho, otorga las condiciones necesarias para la institucionalización de procesos democráticos de discusión en un contexto legal o político. Cuando se introduce un sistema de derechos de esta forma, parece comprensible la unión entre democracia y dd.hh, a saber, la cooriginariedad entre la autonomía púbica y la privada. Por un lado no se reduce la participación política de los ciudadanos a responder a derechos naturales o morales, y por otro, no se entiende la disposición privada de los sujetos de derecho como una exclusiva legislación soberana. Nada es anterior a la práctica de autodeterminación ciudadana, salvo la racionalidad discursiva. De esta forma Habermas logra, a través de su sistema de democracia procedimental, una cierta comunión entre los dos paradigmas liberales. Rechaza por un lado, y aquí su crítica a Taylor, el proceso de discernimiento político como exclusiva riña entre intereses y fines privados, propia de una concepción selectiva del liberalismo 1. Y por otro, rechaza la postura universalista de ciudadanía unificada y activamente motivada por una visión compartida del mundo, falsa respecto al multiculturalismo a las sociedades modernas pluralistas. Personalmente tiendo a pensar que rescata lo mejor que tiene cada sistema. Tiendo a pensar que los dos centran su mirada en el Estado, uno como garante de una sociedad económica y otro como resultado de la

institucionalización de una comunidad ética. Y del mismo modo, el concepto de ciudadanía: por un lado uno subestima el papel constitutivo de la formación política de la voluntad y la opinión,

mientras que el otro acerca a la sociedad civil al aparato estatal, a través de una sobrestimación de de la politización de la esfera pública. Estos elementos son asumidos de una nueva forma desde la teoría discursiva de la democracia de Habermas, y su posición respecto al multiculturalismo estará determinada por su compresión democrático procedimental de los derechos. Es una posición particular que permite cuestionar la política de la diferencia, la cual se empeña en atribuir reconocimiento a quienes se les ha negado dentro de una comunidad política. De este modo, como señalábamos, la postura del alemán logra un equilibrio entre la igualdad y la diversidad, asumiendo una concepción universalista sensible a las diferencias.

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