José Carlos Chiaramonte (1999) CIUDADANÍA, SOBERANÍA Y REPRESENTACIÓN EN LA GÉNESIS DEL ESTADO ARGENTINO (C.

1810-1852)
 Los historiadores consideran influencia de pensadores políticos de la Ilustración fue débil a fines del período colonial; su auge estaría en los años posteriores a la independencia. Esta afirmación requiere precisión: ella es válida sólo si limitamos la atención a una parte y no mayoritaria de las elites urbanas, sobre todo la de Bs. As. Y aún en estos casos sólo si consideramos la expresión escrita de su pensamiento más que la infrecuente traducción en las prácticas políticas Historia de las formas de representación y participación política en la 1o mitad del siglo 19: lo que podríamos considerar clara expresión de las corrientes más modernas del período, es decir, la concepción contractualista del origen de la sociedad y la imagen individualista de la misma, se enhebra con escasas excepciones en una sucesión de fracasos constitucionales. Lo que muestran las investigaciones de historia de las elecciones y de la conformación de un espacio diferenciado de lo político es un panorama de predominio de prácticas y concepciones acordes con expresiones antiguas del jusnaturalismo, pese a las poco exitosas tentativas de reemplazarlas por las derivadas del jusnaturalismo moderno del siglo 18 y comienzos del 19. Así, la cuestión de la ciudadanía nos obliga a un reordenamiento de los criterios de abordaje del problema de la formación de esos Estados antes de reordenar los datos mismos. En el caso del Río de la Plata se ve que si bien el propósito de constituir una ciudadanía moderna aparece en los comienzos mismos del proceso de independencia y que el lenguaje registra un uso fuerte del término ciudadano, las formas de participación política predominantes son distintas y que no se pueden considerar simples resabios del pasado. Por ello, este art. analiza la relación dinámica entre las figuras del vecino y el ciudadano como versiones contrapuestas del sujeto de la representación y las del apoderado, el diputado de la nación y el agente diplomático como figuras contrapuestas del representante. El sujeto de la representación    La frustración de los intentos por constituir una ciudadanía a lo largo de toda la primera mitad del s. 19, pese al constante interés por crearla y a la profusa utilización del concepto. Primero es necesario hacer un análisis del vocabulario de la época, ya que esto permite aproximarse a las concepciones predominantes en el período y por lo tanto, a la peculiaridad histórica de la representación política. Ciudadano: suponemos fuera de toda duda su referencia al moderno régimen representativo liberal, pero es equívoca: en la acepción de Antiguo Régimen integraba también el léxico heredado del siglo 18. Acá la condición ciudadana no es una forma de participación en un universo político igualitario sino privilegiado, correspondiente a la también privilegiada calidad de ciudad (es decir, es como un sinónimo de vecino). La calidad privilegiada, corporativa, de esta forma de representación se ve en el texto de Álvarez: en derecho no todo individuo es persona sino sólo aquel que tenga estado (=circunstancia o condición que hace que los hombres usen de distinto derecho). Estamos así ante una concepción de sociedad según la cual sólo se es algo si se participa de una condición privilegiada, propia de Antiguo Régimen. Esta concepción, que no ve a la sociedad como integrada por individuos sino por conjuntos definidos según su status, era propia del derecho natural y de gentes, y se corresponde con la que consideraba que las sociedades son "personas morales" y no agrupación de individuos. Este punto de vista proviene de una concepción más antigua y general aplicada a distintas formas de asociación, la cual dará origen a que no sólo las ciudades principales sino el conjunto de pueblos rioplatenses invoquen derechos de soberanía y pretendan ser tenidos como “cuerpos morales" que tienen de su parte todas las ventajas. La calidad de “vecino” a partir de la Independencia  Pese a este empleo por Álvarez del término "ciudadano", en el lenguaje político de la época, y posiblemente debido a la voluntad de evitar el equívoco generado por el uso del mismo en la modalidad igualitaria difundida por la revolución francesa, la palabra preferida para expresar esa calidad privilegiada y corporativa del hombre de la ciudad será la de vecino. Y la forma predominante de su participación en lo concerniente a la comunidad estará mediada por su modalidad corporativa, conformada por el ayuntamiento o cabildo. La teoría moderna del estado genera un dualismo, el de la sociedad política y el de la sociedad civil, lo que es inconcebible en la doctrina tradicional en la que la subordinación jurídico-política iba acompañada de una subordinación económica-social. Cuando los líderes de la independencia intentan imponer una soberanía única y una supuesta igualdad ante la ley de una proyectada ciudadanía, estaban desligando los derechos políticos de la condición social (estado) y, por eso mismo, dando lugar a la aparición de la esfera pública moderna. Esto no se conciliaba con la tradición estamental de la sociedad colonial; pero sucedía que la política local empujaba al vecino a rebasar los moldes corporativos de su participación política a través de la modalidad de

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los cabildos abiertos Es difícil establecer con precisión el significado político del vocablo vecino a fines del período colonial. La ambigüedad del vocabulario correspondía a la indefinición del estatuto de vecino, del que no se encuentra una delimitación cabal en la legislación indiana. A comienzos del período colonial se reservó para los encomenderos, aneja a (a obligación de casa en la ciudad. Otros sectores buscaron ampliar este privilegio y fueron apoyados por la corona: en 1554 no hacía falta ser encomendero. Con el declive de las encomiendas (siglo18) la limitación de la vecindad casi había desaparecido. La calidad de vecino a través del período colonial tuvo en realidad limitada proyección política, pues por su propia naturaleza, no incluía a sectores importantes de la ciudad (clero, militares, burocracia), para cuya participación era necesaria la modalidad de cabildo abierto. Es decir, el carácter político de la representación de ciudad, expresada en la calidad de vecino, era limitada. A partir de 1808, la nueva etapa caracterizada por el uso frecuente del cabildo abierto muestra esta aparente ampliación de la participación política (no era tanta ampliación). La tendencia de los capitulares fue integrar a esos sectores de calidad social relevante pero, al mismo tiempo, limitar la presencia de vecinos a sólo los del "notoria calidad". Asimismo, la I o Junta, al convocar a los diputados del Interior, usó la misma fórmula restrictiva la calidad de vecino había perdido su original rigidez para incluir, por necesidad de fortalecer al organismo comunal de una ciudad poco abundante en categorías sociales altas, a personas de extracción social más bien modesta, de esta manera, la actitud del cabildo respondía al propósito de evitar la presencia políticamente inconveniente de sectores populares; pero la presión de esos sectores que se intentaba excluir anuló el efecto de esa limitación, y los cabildos abiertos se transformaron en asambleas populares. La calidad de vecino y la participación política de la campaña

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La calidad de vecino encierra otra dificultad: la exclusión del habitante rural que implica el término vecino. Ya en tiempos coloniales se usó la expresión "vecino de la campaña", que después de 1820 será habitual al poblador rural, aunque la extensión de esa calidad al habitante rural se hacía para quienes tuvieran casa abierta también en las ciudades o villas. Pero la apertura de los procesos electorales a partir de 1809 y su generalización luego del 10, parece haber conferido nuevo vigor a la calidad restrictiva de la condición de vecino, manifestada en la profunda resistencia a conferir el voto a la población rural. El problema surge cuando las transformaciones derivadas de procedimientos electorales para elecciones de diputados a asambleas y congresos constituyentes generan de hecho un espacio político que rebasa al de la ciudad. La representación de ciudad es la perduración del sistema representativo estamental hispano para la elección de diputados a Cortes, pero sin la representación de la nobleza ni del clero. La razón de esto: por virtud de la doctrina de la retroversión del poder a "los pueblos", quedó omitida de hecho la representación de los otros estamentos. Y el electorado consistía en la población que gozaba del estado de ciudad. Monteagudo (1811) proclamó la urgencia de incluir a la campaña, pero la demanda no fue atendida y hay que esperar hasta el Estatuto provisional de 1815 para que, al tiempo que se define una ciudadanía, se conceda voto a la población rural, pero entonces las resistencias son fuertes y anulan parte de las disposiciones iniciales: el estatuto se promulgó en 1815, pero fue reformado por el congreso de Tucumán en 1816. El texto de 1815 concedía el voto a los habitantes rurales incluso en la elección de capitulares (lógico, ya que el cabildo tenía jurisdicción urbana y rural), y lo mismo para electores para el nombramiento de diputados, pero el riesgo de tumultos populares hizo suprimir eso en el texto en el 16, que se convirtió en 1817 en el denominado Reglamento provisorio de 1817. Se eliminó la organización de comicios en la camparía, aunque se admitía que los habitantes de las inmediaciones y campaña con ciudadanía podían concurrir a la ciudad. La resistencia a conceder participación política a la población rural implicaba cuestiones de distinta naturaleza: una de ellas era el temor al voto popular (espontáneo o por clientelismo) sin los controles políticos existentes en la ciudad. pero + importante era que encerraba la negación del sistema representativo vigente, la "antigua constitución": su significado no se refleja al decir que se otorga representación política al habitante rural, pues más allá de eso, la participación electoral de la campaña implica una modificación radical en el sistema representativo mismo: la representación de ciudad no significaba que se dividía en dos la población (urbana y rural) y se otorgaba representación sólo a la urbana, sino que se concebía un solo universo político con cabeza en la ciudad, que podía incluir también al habitante rural si llenaba los requisitos para alcanzar el privilegio: f lia., casa en la ciudad, propiedad problema debatido explícitamente en 1818 (en el congreso constituyente): se contrapuso el procedimiento de elegir un diputado por una cantidad dada de hab. al de conceder a cada pueblo el derecho de elegir a su diputado. La concepción de la soberanía y la forma de representación

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Esto tiene relación con la cuestión central de la historia política del s. 19: la naturaleza de la soberanía. En la necesidad de asegurar la legitimidad del poder que debía suplir a la monarquía, la doctrina invocada fue la de la reasunción de la soberanía por los pueblos, esta doctrina se apoyaba en la del pacto de sujeción (común a la escolástica como a la enciclopedia). Apenas formulada tal doctrina se produjo una escisión en los llamados partidos criollos: por un lado, las ciudades convocadas a integrar los nuevos órganos de gobierno se afirmaron en esa doctrina y tendieron a considerarse “pueblos" en igualdad de derechos para decidir su destino. Por otro, las ciudades sedes de autoridades administrativas hispanas se apoyaron en su calidad de antiguas capitales para afirmar su derecho a regir a las demás. En Bs. As. esa escisión se encuentra en el cabildo abierto del 22/05. Los hombres que dirigieron ese proceso tendieron a preservar el papel rector de Bs. As. como cabeza de un estado centralizado, proyecto que se mantuvo en pie hasta su fracaso final en 1827.

Así, intentó reunir los restos del ex virreinato en un estado centralizado, con una soberanía nacional única: por ello las relaciones de Buenos Aires. con el resto de las ciudades del territorio se vieron complicadas por la misma doctrina de la retroversión, ya que la emergencia de tantos pueblos soberanos como ciudades con cabildo había (y en ciertos casos sin esa calidad) equivalía a una escisión territorial de la soberanía, la que atacaba al centro de la moderna teoría del estado: la doctrina de la indivisibilidad de la soberanía Derechos de pueblos  la circunstancia de encontrarse en un mundo de derechos desiguales, poseídos en virtud de concesiones privilegiadas, es la que explica la continua invocación de sus derechos particulares por los pueblos rioplatenses. Esos derechos eran ejercidos y defendidos por sus representantes, a quienes no se les ocultaba que provenían del antiguo régimen colonial. Pero para quienes deseaban una pronta constitución de un estado nacional que afrontara los problemas políticos y bélicos, la existencia de pueblos soberanos que reivindicaban derechos y eran reacios a renunciar a ellos era un factor a tener en cuenta: por ello los gobernantes tratan de reflejar en sus declaraciones el carácter corporativo de la unión, aunque no sean partidarios del mismo. El conflicto en torno a la forma de representación  a las distintas formas de pensar los fundamentos/mecanismos de organización del Estado correspondieron 2 concepciones diferentes de las formas de representación. La concepción del carácter soberano de los pueblos fue unida a la práctica de) mandato imperativo (diputados apoderados de los mismos, se usó en diputados a la I o Junta, 27/05/1810). Los representantes llevan a las asambleas sus poderes y un mandato expreso en forma de instrucciones de sus representados sobre las cuestiones a debatir, lo que limita la negociación de acuerdos. La representación con mandato libre conviene al concepto de representante de toda la nación y no de sus electores, lo cual, al eliminar las instrucciones, facilita el funcionamiento de las asambleas representativas. el mandato imperativo rigió para representantes de algunos de los primeros gobiernos centrales (Junta Grande) y en las reuniones constituyentes: sólo será suprimido en 1852 por el Acuerdo de San Nicolás al convocarse al congreso constituyente. de 1853; sin embargo, no será mantenido en el ordenamiento interno de los estados provinciales organizados a partir de 1820 (las constituciones provinciales sostienen representación libre), pero estuvo vigente en las reuniones interprovinciales luego de 1826, porque en realidad fueron reuniones de carácter diplomático en las que los diputados, en calidad de agentes diplomáticos, actuaban como representantes del estados soberanos sujetos a derecho internacional. El mandato imperativo correspondió a una estructura corporativa de las sociedades en que los diputados eran elegidos por los vecinos: un remanente de tipo de representación del Antiguo Régimen. y no una forma de voto calificado. Pero por otra parte, esos diputados representaba a grupos humanos privilegiados: los centros urbanos que poseían calidad de ciudades con cabildo, lo que derivaba de un privilegio de la corona. Así, el mandato imperativo correspondía a las características de desigualdad jurídica propias de la sociedad colonial que perdurarán luego de la Revolución de Mayo. Buenos Aires y el mandato imperativo  en asamblea de 1813, los diputados porteños defendieron el principio de la representación nacional, mientras que en el congreso de Tucumán adoptaron la posición opuesta. En ocasión del intento constituyente de 1813, se formuló de manera explícita, frente a la figura dominante del apoderado, el concepto propio del régimen representativo liberal, por lo cual los diputados eran representantes de la nación. Este concepto de la representación llevaba una idea muy distinta del sujeto de la soberanía que la que correspondía a la doctrina del 22 y 25/05/1810, según 1 cual la soberanía era indivisa y se imputaba a un único sujeto: la nación para aquellos que intentaban organizar un Estado. central con base en Buenos Aires, el escollo de una soberanía territorialmente escindida era intolerable. La doctrina liberal ofrecía mejores perspectivas a sus aspiraciones y abría la negociación en el interior de la asamblea representativa: el decreto corresponde a la interpretación del principio de la soberanía nacional en términos de la doctrina liberal no rousseauniana de la representación y reproduce al de la Const. francesa de 1791: pero convertir en diputados de la nación a quienes habían sido elegidos como apoderados de sus pueblos era incongruente con el concepto de la representación que predominaba y que lo haría durante mucho tiempo la doctrina del ese decreto de la asamblea del XIII será reiterada en el congreso constituyente de 1824-27, en el que los diputados de Bs As y sus aliados de otras provincias tenían predominio y tendían a constituir un estado centralizado. El problema acá surgió tarde y de forma indirecta, a raíz de un proyecto sobre las condiciones para ser elegido diputado al congreso: 2 art. que establecía que era privativo del congreso remover a un diputado (oposición, minoritaria: Deán Funes -diputado por Córdoba- , Manuel Moreno y Juan J. Paso, es decir, federales de Buenos Aires). Los defensores sostuvieron que la nación ya existía. El art fue aprobado, generando un grave desconocimiento del carácter soberano de las provincias y que contribuyó a su fracaso final. Frente a la tesis de la representación nacional, el principio de las soberanías de los pueblos y el gobierno autónomo de los mismos, sin perjuicio de su conciliación en un régimen confederal, se impondría hasta que el Acuerdo de San Nicolás suprimiera el mandato imperativo en 1852. Consideraciones finales

En la primera mitad del siglo 19 lo que hay es la afirmación de un conjunto de entidades soberanas que, al fracasar el 4° intento de organización constitucional en 1828, se reconocen como estados soberanos y reglan sus relaciones por el derecho internacional: los apoderados de las provincias pasan a ser agentes diplomáticos, en concordancia con el también carácter diplomático que se asignaba a las reuniones y organismos interprovinciales. Esta evolución de las formas de representación (que lejos del triunfo del diputado de la nación pasan del apoderado al agente diplomático) concernía al plano de las relaciones interprovinciales. Pero las constituciones que se dieron la mayoría de las provincias a partir de 1819 establecen la representación libre en su interior En Buenos Aires, luego de la crisis de 1820, se instaura un régimen representativo en el que el poder legislativo es integrado por diputados del pueblo de Buenos Aires, fórmula que aunque no es del todo equivalente a la de diputado de la nación, sí implica la desaparición de la práctica de las instrucciones, propias del mandato imperativo: Los comicios para elegir diputados se hacen mediante una división territorial no cuantitativa de la población, la que al unir en un mismo distrito a varios pueblos comienza a alejarse de la práctica de elección por cada pueblo en calidad de sujeto moral (ley electoral 1821) Este ordenamiento no definía una verdadera ciudadanía bonaerense en virtud de un remanente de la aún fuerte representación de ciudad: en lugar de organizar un solo universo electoral, dividía a la población en ciudad (12 diputados) y campaña (11 diputados). Por la ley, las elecciones en la ciudad quedaban bajo control del cabildo (es decir, no controlada por el gobierno de bs. as.): era una elección de representantes corporativos (pero como los cabildos bonaerenses se extinguieron en 1821 esto no tuvo demasiado peso, aunque sí siguió la diferenciación entre ciudad y campaña. Esta división no se eliminó pero tuvo otras connotaciones en la época de Rosas Ni la ciudadanía argentina ni la bonaerense surgieron en la primera mitad del siglo XIX.

[José Carlos Chiaramonte, “Ciudadanía, soberanía y representación en la génesis del Estado argentino (c. 1810-1852)”, en Hilda Sabato (Coord.), Ciudadanía política y formación de las naciones, Perspectivas históricas de América Latina, México, El Colegio de México/F.C.E., 1999, pp. 94-116]

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