In: WATZLAWICK, Paul; KRIEG, Peter. El ojo del observador: contribuciones al constructivismo. Barcelona, Gedisa, 1998. p. 60-72.

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*Cómose 4 5

pueden obselliar estrx~eta~ras latentes?

Parece ser cierto 10 que leemos en Reina, vcn Foerster: no se puede vei.que no se ve Io qne no se ve.] Si seguimos leyendo, ncs enterarnos ocasionallmentede algo acerca cle una mancha ciega como condíc46n de posibilidad de ver y nos sentimos i r ~ i t a d o a s realizar un experirnernio qrre por lo menos nos permite saber Parece tratarse por (aunque no ver) que no se ve lo que no se lo tanto de una trivialidad ernpín-icamente comprobable. ¿O tal vez de un hecho mpírico conocido desde hace mucho tiempo, que hay que trivializar para sacar de sus goznes a 3 a epistemología clásica? El valor del descubrimiernto de esta comprobación resulta incomprensible si nos aferrarnos a la unidad de un sujeto csa,gnoscente al que se enr";rentaun objeto que el sujeto ve o ian ve, que puede ver o puede no ver. Entonces Ia comprobación sólo excluye la contradiccian de que el sujeto ve la que no ve, y así sigue siendo trivial. La cuestión cambia en cuanto comenzarnos a contar con una pluralidad de sujetos. También la pluralidad se puede abreviar hasta llegar a una unidad, descartando todo lo superfluo, si se supone que los sujetos observan el mismo mundo con miradas paralelas. Entonces podrían ser tratados como uno solo, pues la observación de cada sujeto produciría la misma observación, el mismo mundo. No es necesario que interesen las relacioiles "intersubjetivas". Pero, ¿y si uno comenzara a interesarse en ellas? ¿Por qué'? La epistemslogía clásicade 'los sujetos, que observa objetos, respondería: para e~ncontrarla verdad. Podría ocurrir que alguno de los sujetos se equivocara. Como en el Teeteto de Platón, se trataría de la cuestión de cómo. se pueden hacer

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comprobaciones verdaderas de que otros observadores hacen comprobaciones falsas que consideran verdaderas. Ea categoría de error solucionaria entonces 1a disputa. Pero el mismo Platón no parece haher estado muy seguro respecto del origen del derecho de calificar de falsa una observación considerada verdadera. Sin embargo, debe haber tal derecho, pnes si se dejara a cada Lino SU (Idsil) verdad porque el hombre es la medida de todas las cosas (Protágorasj, entonces la verdad de esa afirmación (y conello el fundamento de todo el edificio de la verdad) sería dudosa.3 El problema crea una filosofia, crea la teoría de la reminiscencia de las ideas; y más allá habríz que pensar hasta nuevo aviso, hastz la continuaciian del diálogo. Ea tiriscña.nza dice: no c a f e enninguna teoráa y ten paciencia con caís los d e r n á ~ . ~ Meir,z =Jan ?ozrsa;,eí. T ~ G S ixyzii~ia ccntinurna.. Srt fbrrnuia. mágica no st: tleaumina a?zamnesks, se denomina obseroing systems. 8 tembién, eoni otro @.sode la misma ('?) idea: ssu-uiving ,htlures. La f~rmuPa seBala y ocei-lta de manera hábil lo que suele denorriinarsetambién cibernética de segundo o d e n o cibernéticz de la observación de observadores. De ninguna manera se trata del reconocimiento de que hay más de un sujeto y que con eso el concepto de sujeto se pone en contradicción consigo niismo. NO sólo se trata de que un sujeto que c80nsLituye sí mismo su en propia relaciéin con el nzundo descubre que otros también lo hacen, y a decir verdad otros que aparecen en el mundo del s~~jeto nombrado en primer lugar (ego), que a su vez debe comprobar que aparece en el mundo de otro alter ego. No sólo se trata de que el constituyente descubre su ser-constituido. El romanticismo ya había planteado el problema en ese nivel y había tratado de solucionarlo con el auxilio de los conceptos de desdoblamieazto,por ejemplo con el mundo mágico de los dobles, de los espejos y de las máscara^.^ Y Gotthard Günther había preguntado en ese mismo sentido por la subjetividad del tiá, y habia despertado el interés del soci6logo S~helslagi.~ con eso Ya se había superado labanalidad de postular la "intersubjetividad" como una realidad sui g - e n e r i ~Se habia cumplido el paso de .~ tina descripción "monocontextural" del mundo a oti-a "pslicontextural". .No había que volver a. cael. atrás. Pero, ¿cómo se

s i s e ? ¿Es suficiente con postular valores lógicos adicionales? L N implica eso una Binealidad falsa, no lo suficientemente ~ compleja: de dos, tres, cuatro, n valores? La cibernética de segundo orden puede trabajar con cálculos matemáticos, pero puede aplicarse también a sistemas emplricos. Los análisis matemáticos o lógicos pueden explicar entonces que ocurre realmente cuando un olosevvadorobserva a un observador, o cómo hay que construir para que un obscwador observe a im observador y no sólo cosas o estados de sistemas. Y eso parece exigir el paso a una lógica de mtiltipPes valores. Pero ante todo habría que aclarar de qué manera está constituida la operación empírica de observar, a diferencia de las operaciones sencillas, que no hacen sino -c;hodificarel estado del mundo en uno as otro sentido.

Hcinz von Foerster elige como resumen de su artículo ""On ConstrucLing a Reality" la breve f6rmula "Druw a distinction!" [Realice una di~tinción].~ es una cita y remite al cálculo de Esta las formas que George Spencer Brotvn introdiice con esa c ~ n s i g n aEs probable por lo tanto que coincida con el propósito .~ de von Foerster sí se entiende la observación corno el empleo de una distinción. Eso no modifica el hecho de que se trata de una operación que debe ser realizada (pues en caso contrario no tiene lugar). Pero la operación tiene una estructura muy compleja, cuyo análisis nos lleva de vuele2 a nuestro tema. Una distinción tiene siempre dos lados, consiste por lo tanko en un límite que permite distinguir esos dos lados y eventualmente pasar de m s a otro (Spencer Brown: cro.s.sing). La separación de los dos lados y su marcacisn mediante la forma de la distinción tiene el propósito de obligar a la observacian a salir de un lado (por lo tanto no del otro) de la distinción. Debe indicar (Spencer Brown: indicate) Io que se observa. Debe ofrecer, se podría decir, una referencia. Al mismo tiempo hay allí una indicación oculta de que hay otro lado que (en todo caso en ese momento) no se menciona. Puede tratarse simplemente del resto del mundo, de lo que queda del unmarked state (otra vez

S ~ e n c eB r o w ~risando se indica algo determinado. La mayoría r ) de las veces, sin embargo, lo que no se menciona es limitado por el tipo de distinción. Una batalla naval -pienso en el Peri herrneneins de Aristalteles- puede distinguirse de una batalla terrestre; o tal vez también del comercio marítimo. Pero no se llegará tan fácilmente a la idea de que son peces, estrellas o dioses los que pueblan el otro lado. Y es así como la estrategia de Salamina consisti6 en enfrentar a los persas no en tierra sino en el mar. Por lo tanto la observación sería una operación que utiliza una dis tinci6n para indicar unlado (yno el otro).En consecuencia es una operacibn con dos componentes: la distinción y la SardlcacP6a, que no pueden amalgamarse ni separarse operati~rarnente.'~ embargo, eso I ~ P T Ia~la crtrs-tión de la distinci6n. Sin Si esL6 para facilitar d indicacibn de uno de sus lados (y no del a odso), entonces no pueda volver a aparecer en sí misma. Francisco Varela ha ü.dvertido este problema de4 defecto y ha trakado de superarlo con el notable concepto deself-indication.ll Pero en un contexto determinado por la consigriü "druw a distinctiolz", eso conduce de nuevo a la cuestión de en qu6 se cllstingriie una distinción cuando se indica a sí misma. De todos modos cada distinción tiene dos lados, pero no aparece ni en un lacio ni en el otro. Si observar es distinguir, entonces la distinción no es observable; pues no puede ser a'aidicada ni como un lado de la distinción ni como el otro. Por supuesto que se pueden distinguir distinciones, por ejemplo una obra de arte cara (y no barata) en vez de nueva (y no antigua) s bella (y no fea). Pero con la distinción de las distinciones solo se ha desplazado el problema y no se lo ha resuelto. Pues entonces esa diseinción de las distinciones ni0 puede alojarse en sí misma. Tí así sucesivamente. Entonces la distinción es el punto ciego que se presupone en cada obsewaciéin como condición de su posibilidad. O para fornnularlo más .drásticamente con Michel Serres: e observador es e1 parásito de su observacian. Se 4 beneficia con la distincibn de la que se alimenta. Se amamanta sin hacer ruido. El observador es lo no 0bservab8e.~"

El camino ulterior está seraalado. Hemos encontrado el punto ciego9 obviamente en ulla siteiaeidn abstracta que deja muchas rosas e n suspenso. Es Ia distinción misma cn la que debe basarse toda observación.13 Pero el concepto de la obscrvaci~n corno indicaciáln distinguidora ha sido tomado en forma demasiado abstracta. No sólo incluye la percepción y el pensamiento (conocimiento),sino tarnbien la accion. Pues, 21 fin y al cabo, los objeiivos y los valores son distinciones, es decir, puntos ciegos.14 Uno podría esforzarse por obtcncr fundamentaciones, sólo para advertir que otra vez se trata sólo de distincioi~es.U así con todo lo que uno quisiera ofrecer o impugnar como saber. De esa maneya cae también la vieja distincián ontí-er a z h y vol~i~ltad, a su vez no pudo ofrecer que más que utia rnetafslca i.ePerida al homkre. Tampoco hemcs resuelto nada a 6 n sobre el aparato que realiza operativamente la observación. ¿Acaso la fisiea no coatribuye a posibilitaín al fisicu? ¿Qué ocurre con las células, los sistemas inmunológicos, los sistemas nervioscs, los organismos? i$u@ ocurre con la conciencia y con los sistemas de comílnieación de tipo social? Sólo Dios esia exceptuado; el diablo como observador de Dios ya no lo est5; y mucho menos atín sus eompekidorss, los teólogos. Es importante mantener por el momento el concepto de observaci~n esta sltsaaclón abstracta y con ello la comprensión en de l a latencia ligzda con él, para no limitar demasiado rjpido el problema a problemas particulares de una teoría sistkmica biollígica, neuropsicológica, psicológica o sociológdca. Con la abstracciáln correspondiente, pregrantarnos sobre la posibilidad de observar la observación. En principio se puede pensar aquí en una reconstrucción completa en el nivel de segiindo orden. Quien quiera observar a inn observador como observador, no sólo debe tomarlo como un objeto distinguible; debe comprender la distincis'n utilizada en el nivel de la observación de primer orden. Para una lógica corresporidiente se necesitarían, según Gürilher, mas de dos valores Iógñcos, porq3deya la observacibn de primer orden debe ser reconstrzida con dos valores. Luego. en el nivel de laokservación de segundo orden se da la posibilidad de aceptar o rechazar la distinción del observador de primer

orden. Además habría que pensar qua la mera indicación en el nivel de prirner orden y en el nivel de segundo orden puede ser una indicaciór, verdadera y falsa, según coino resulten las condiciones (teorías, métodos) que regulan la dis tribucihn de los valores de verdad. No seguimos desarrollando esto, sino que observamos sólo cuan estructkaralmen~e debe ser una teoría rica formal que pretenda observar acleciladamenie esos hechos. Eii vez de eso, nos interesamos e a la cuestión de si un obsei~ador segundo orden no puede concentrarse en observar de 10 que el ubservadur ile piirner orcleri n o piiecle obscrvai, y sabernos que no puede observar lo distinció~ que baca su en observación. Decirnos que ~ i o p ~ t c obswrrar., para dei.iirar n in u-tilizaci6n dc ilc la dislincibn. Eso exelrlyr, en tod.0 raso en iin principio, Ldo -1 . bap~) no--ver. cli3accide~i No hre-iazosi;ist,r: a a n r i miincdo en la. kil. calle y pnu. eso no lo hemos sa!-;i,cIa'do.6tTo podc.r.ros saber por q116 no lo hemos visto; pues no se piiede ver que ns se ve la que no SI v e . Dicho de otra nrariera, airi pod~einossaber ,por qu8 no estajmos acostumbrados y entreiaacios a c1asifica.r bajé, cl punto . . de vista conncido/desconccide a los hombres que vernos elesde lejos. Talvaz s 6 1interesala p-sotecciíande la suffciente Clistancia corporal o "'dis'cincioiiles finas" Q la Bourdieu. Y otra vez: no sabemos, ni siquiera como observadores de segundo urden de noseatmrvsniisnnos, acostumbrados al clivAn,por qué distinguimos las distinciones de la manera. acnstumbrada y no de otra, Eso quiere decir que tampoco el observador de segundo orden que se concentra en las causas de la no observacion tiene otra posibilidad que utilizar ciegamente distinciones propias. La teoría de la práctica terapéutica ha aceptado esto y tzrnbikn lo h a discutido- bajo la forma de un programa constructivista de coia6;cimiento. Puede desplazar el nivel del análisis de distinción en distinción. Pero el anaiista, ¿debe maniobrar finalmente con 13vaioaes lógicos:' ¿O lo que importa en última instancia esladistinci6si de si el clieriie (o el terapeuta) interruxpe o continua la terapia?

Si recordamos la abstracción de la construeciQnteórica, no será difícil utilizarla también en los sistemas sociales. ¿Sistemas sociales corno observador? No necesitamos tocar el hierro candente cont.enido en la cuestión de si los sistemas sociales son por su lado sistemas operativamente cerrados, autorreferenciales o ' k a u t o p o i é t i c o ~ " .suficiente si tomamos por base la ~~~ comunicación conno la operación que ejecuta las observaciones; pues no se puede dudar da que también por medio de la corneinicación se distingue e indica algo. Igual que eli psicoanálisis, la sociologia tiende desde hace tiempo a hablar de esk-iucturas y hrnciones latentes.16Dejamos de lado la d ~ ~ d oteminolicgía del "inconsciente9", -puesto sa qlle quela:; cocas indicadas cone pref5jo"hn"'no exis-tan-- sólo revela. l qu.eel hablan te habla cobre sí rnismo. Paranosotros es suficiente el concepto d.elatencia, qase se utiliza -de manerc.,inofensivapara describir estructuras que solo pueden hacerse visibles con el auxilio de aiiálisis estadlsticos. En parte designa esit~ucturas y funciones sobre las cg-iae no se puede -tenercomunicación. En el caso rnencioaado en primer término describe la distancia entre la realidad real de la vida cotidiana y la realidad ficticia de la estadística,17sin retrotraer esa distinción a su base común con la pregunta ¿qué es la realidad? En el segundo caso se trata simplemente de que una cornunicación tendría consecue~icias de tanto alcance, que no puede producirse una cooperación capaz de comunicación (perdón: autopoiética) entre quien comunica y quien entiende. Y tampoco aquí se plantea Ia pregunta de qué es lo que capacita a la comunicación para hacerse imposible a si misma. Como se ve, el discurso sobre las estructui.as y funciones latentes muestra una considerable necesidad de recuperación epistemológica. Al mismo tiempo es evidente que la sociología clásica del conocimiento no puede satisfacer esa necesidad. Eso lo ensefia suficientemente la disputa sobre la sociologia del conocimiento, que ocupó enormemente a la sociología de las décadas de 1920 y 1930.18 En una teoría del conocimiento planteada en basada en el sujeto quedo inexplicable la cues-ti~n el Teeteto: icómo piaede LIHZ sujeto calificar verdaderamente la

i verdacl de otro como no verdadera?IgS nembargo, salimos de la situación de esa discusión si reemplazarnos la teoría del conocimientobasada en el sujeto por una teoría del conocimiento Pues que podria denominarse "constnietivismo ~ p e r a t i v o " . ~ ~ ahora la ~ecesidadde latencia se reduce al hecho cle que la observación, vista como operación, debe utilizar una distinción que en el momento de la operación no puede indicar porque no la puede distinguir. Y eso es luego una esíxricta. limitación cognitiva, complet~menteindependiente de los intereses, necesidades de sublirriación y con-tradiccionesestructurales que un sistemano puede permitirse; y completamente independiente también de la cuestión de cuán "catastróficamente" (en el sentido de René Tkiorn)fallarían las kmsfwm.aciones del sistema que int:coduciria una manifestación de tales la-tencias. El problema de la lakencia se car;tra. luego en la c-uestiétnde cómo se pueden s b s e f ~ ~ a r d-intiaeio~ies las que utiliza un observador para indicar algo, y que por eso en el momento de su ixtilizaei6na operativa no son observables. Yla respuesta deberia ser: sólo con el auxilio de otras distinciones para las que vale lo mismo. Por lo tanto s6lo con el a ~ x i l i o una observación de de segundo orden, que a su vez debe ser una operación y una observación de primer orden, es decir, una observación de un observador que ante todo debe ser distinguido como tal.

¿Quéhemos ganado con ello? Ande todo la aclaración de que en todas las irzdicacionvs (referencias,identificaciones, etcétera) lo que importa es la distinción, en cuyo contexto las indicaciones eligen un lado (y no el otro) como punto de partida para operaciolies ulteriores. P a r a explicar el problema con u n ejemplo actual, distinguimos entre socialismo (econoanía de planiilicación) y liberalismo (economía de -mercado).En consecuencia vivimos el colapso de 10ssistemas económicos estatales socialistas como un triunfo de la economía de mercado. Luego tenemos dos versiones para un futuro sin socialismo. Va a ser difícil, dicen los izquierdistas. Ya a ser. absii-rido (post-historia, etcétera), dicen

los derechistas. Pero, dpor qué se describe la sociedad o sólo su sistema económico precisamente con esta distinción, que ya desde la época de Max Weber es tratada como infecunda, como infecunda para una comprensión de la sociedad moderna? Una ligera revisión de l a formulación llevaría a resultados completamente diferentes. Si se indicara el colapso del socialismo como el fracaso del experimento del siglo con una orientación ética de la economía, entonces ¿qué se podría decir del otro lado de la disiiilción? Y en lo que respecta al futuro, se podrían tomar como decisivas distinciones completamente difererites, por ejemplo la distinción entre la utilización de los remanentes de dinero como inversión y como especulación, cuya relación en el orden proporcioi~al 1.10 no debería considerarse irreal. O de Lpor qué pensamos sobre nuestro futwro en el contexto de la distincijn riesgoÍseg ~ a i d a d , sabiendo que no hay seguridad libre de riesgo?z1 Otra consideracián apunta al amplio paquete de sustial que el liberatuciones de antónimos (ccvztoayrnsubstitr~tior~s), lismo debe su perfil i n t e l e ~ i t u a l¿Qué ocurre cuando la dislin.~~ cióri utilitas / honestas es reemplazada ea el centro de la utilidad pof la distinción ijtilÍinúti1 (O perjudicial), y con ese cambio la nobleza y el clero caen d2l lado de lo inútil?" 3~iqiaé ocurre, y por qué, cuando la distinción naturaleza/gracia es reemplazada por Es la distinción natura3eza/civilizaci8n? evidente que el antónimo colorea el lado de la distinción que está en el centro de la atención; pero para el observador de primer orden que se interesa por la naturaleza o por. la utilidad eso está latente, porque no ve que no ve la distinción que produce ese efecto. -por así decir Estos ejemplos muestran lo que gai~ai-íamos en un primer paso- si a3 observar a un observador nos preguntáramos siempre qué distinciones utiliza en sca observación. Sólo esa pregunta apunta con precisión a la observación de lo que debe quedarle latente -mientras observa. Y sólo mediante la intercesión de esa pregunta se podrá encontrar qué fundamentos culturales sistemáticos hay para utilizar determinadas distinciones y escapar así a la tematización. El cambio epistemológics introducido así se hace claro si se explica que en realidad se basa en una teoría de la cognición, pero que esa línea de inclagaci6n ya no persigue el propósito de

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accesible a todos los confeccionar una rlescripción del mia~do o b s e r v a d ~ r e sLo ~ se presiapuso corno miando se retira a Is . ~ que i~~observable un unmai-ked state (Sgenrer Brown). Sólo se de puede observar con el auxilio de un corte, de un límite, de una muesca, que se puede cruzar, pero 110 "suprimii." sin regresar a lo inobservable, Esto es aceptado amplia-mente hoy, par lo Sin menos fiaera de la teoráa académica del co~locimiento.~~ embargo, las consecuencias llegan mucho m& allá. La distinción ontológica sediio ser pierde su primacía teBrica y la h r m a binaria de la lógica dasiea su primacía metodológica. La utilización de esas distinciones n e d e ser observada por su lado. Cuando el conocimiento intenta obs,ervarsea sí misano, choca en último término con el.problema de la u~iidod lo distinguid^.^^ de Es castigado con B paradoja y entonces tiene que ocuparse de a la cuestirjn de QUE: distinciones e Indicaciones, que iden-&ifi,eacbones quiere elegir (?)para despl,egar la paradoja." Se ve obligado a lana solinei6n crexkiva de la paradojaz8 y puede hacer valer tconsideracionesen la elección de las formas adecuadas para ello. En el ~ e c o r t del tcena de este articulo debe seiíalarse ante e todo la valoraci6n epis'remslógica de la latencia. La observación de las ln-tenclasde los obsemado~es deja de tener sólo la f~lnción de descubrir errores. Ni siquiera tiene la misión social o psicoterapeutica de la crítica ideológica, de la revelaci6n, de la desobstrucción o de la derivación de los atascamieatos a formas menos dolorosas. No sólo transmite el placer del lector de una novela que ve que los In6mes no ven lo que no ven, y por eso sigcien "ciegos" su des tino. Aun la soluci6n que ofrece la noarela romántica (como en el caso de Jane Austen) y, en especial, la novela de amor entre la historia universal y la filosofía (Hegel) -según la cual el motor del destino del inconsciente es penetrado al final y así llega a la superación- se ha vuelto histórica Deja de haber posiciones ontológica o social-mente como forma.2Y a destacadas para la y pzra B "autoridad". En vez de eso surgen nuevas cuestiones. Dos de ellas, basadas en trabajos previos del homenajeado, podrían formularse como sigue: 1)$31 conocimiento en el sentido de construcción se basa en que sólo funciona porque el sistema cognoscente está cerrado operativamente, es decir,poi-que no puede mantener un contacto operativo con el mundo circundante; y porque por esa razón,
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struye depende de B propia distinción entre a se debe) suponer la formación de "valores para la observación de e y pon.eso estable en qne el ámbito de la observarmas que se acreditan ubica en una observacih continua de Is

l1 Véase F r a n i s c o Varela, "A Calculus iOr Self-referente", en: International Journal of General Systems, 2, 1975, págs. 5-24. l' Michel Serres, Der Parasit, traducción alemana, Frankfurtm, 1981,

einz von Foerster, "Vybernetics of Cyberneties", en: rnp.), Col7inzunlcotro~ r ~ d a Control zn Soctety, Nueva

. 288-309 (288 y sigs.).

suficientement aristotelischen ichte", op. cit., vol. 3, págs. 14-56. enólogos sociales" actuales, reimportados de los Estado encer Brown, Laws of Form, reimpresión, Nueva

una distinción." Pero entonces cada distinción

distinción en lo sistema cerrad

dos autologías (¿o paradojas?) como marcas

pág. 365. l3 Por supuesto esto debería ser elaborado con más exactitud; lo que nos llevaría a una confrontación con la lógica de Hegel. Habría que preguntarse si la unidad t,odavía latente de la distinción esta en una comunidad de lo distinguido; por lo tanto en algo donde lo distinguido no se distingue. O si en el sentido del concepto formal de Spencer Brown la indicación del límite es la que sólo puede ser superada con una operación (o sea con sacrificio de tiempo) y con implicaciones matemático-lógicas detallables. O -y kasarernos esta versión seguramente demasiado fácil en lo que sigue-- si se trata simplemente de un problema de la marcación, o sea de la cuestión de cómo la distinción puede ser distinguida como un lado de otra distiilcibn (y cuál). l4 Para este tema véase William Jarnes, "On a Certain Blinclness in Human Beings", en: William Jarnss, Talks to T e a c h c ~ 071 Psychology und to s ,5't~cclents Sorne of life's Iclenls, 1912, reirnpresióli, Thc Worits of William on Jcimcs, Cambridge (Mass.), 1983, pdgs. 1S2-149.Y vale la pena citar con más detalle: "Hands off: nz-itlier the whole of trutli, noi the whole oi' good is revealed to any single observer, although each observer gains partial superiority of insight from the peculiar. position in which he stands. Even prisons anci sick rooms have their special revelations. It is enough * oask each L of us he should be faiLithf~11 his own. opp'ortunities and make the most oi'his to own blessings, without presuming to iegulate the rest of the vast field" (pág. 149). l5 "Je trouve que c'est choquant, c'est tres pauvre, cela ne devrait pas etrc fait", opina Heinz von Foerster sobre esto en u n reportaje publicado en: "'Gén&aiogies de l'auto-organisation", en: Calzier i V S du C.R.E.A., París, 1985, pág. 263. Pero este rechazo podría tener su causa en que von Foerster (como también Humberto R. Maturana), al pensar en sistemas sociales piensa en unidades compuestas de individuos humanos. Sea como fuere, puedo evitar internarme en esta cuestión. l6 Véase solamente Robwt K. Merton, Social Theory and Social S t r ~ ~ c t u r e ,edición, Glencoe (Ill.), 1957, pág. 60 y sigs., texto que entretanto 2' se h a hecho clásico. l7 Para este peculiar tipo de duplicación del mundo véase también George Spencer Srocvn, Probability and Scientific Inference, Londres, 1957. l e Véase como documentación: XJolker Meja, Nico Ctehr (coinps.), Der Streit um die WissenssozioLogie, 2 vols., FrankfurtIM, 1982. l9 Alethós p s e ~ d o s dice en el Tecteto, 189 C-D. " Of.Niklas Luhmann, Erkenntnis als Konstruktion, Berna, 1988; mas cietalladamente, Niklas Luhmann, Die Wissenschaft der Gesellsch.aft, FrankfurtlM, 1990. Prefiero la formulación "constructivismo operativo" antes que "constnucti~~ismo radical" (véase Ernst von Glasersfeld; Wisser~,

S p i u c h e u n d IYirklichkeit. Arbeiten zzrm radikalen Konstruhtiuismus, Brekinschweig-Wiesbade~~, Vieweg, 1987; Siegfried U. Schrrridt [coap.!, Der

Dishurs des ;.adikale~~ Konstruizfiuismus, FrankfurtíiVI, Suhrkarnp, 1987). Pues la diferencia con e idealismo subjetivo no está en el grado de radicalidad: !
sino en que 1s referencia al sujeto es reeraplazada por la referencia a un s i s t e m a empíricamente observable, operativamente cerrado y a~itorreferencial. 21 Es notable el hecho de que esto ocurre con la intención de alarmar (véase Ulrich Beck, Die Rtsikogesellschaft, Frankfurthl. 1986) y con la intención contraria (así Aaron Wildavsky, Searching for Safefy, Ne~v Brunswick, 1988).La polémica es fascinante, los motivos de la elección de la ciistinción siguen O C U ~ ~ O S . z2 Vkase para esto Stephen Holnles, "'Poesie der Indifferenz", en: Dirk Baecker y otros (con~ys.), Sheoric uls Passicl~, FrankfurtB/I, 1987, págs. 1545. "Tiénsese en la polémica fisióciata y su intento de reconst,ruir toda la pl-ove&l~.osa la de sociedad desde el punto de vista de la ad~iiinist~ación propiedad. Véase por ejemplo la voniparación de la utilidad del noble y del monje en Victol. de Riqiieti, marcju5s cle Mira'oeau, Lírtni des Hornines, ou Sratté de lu po,nulction (1756);cieado segí~n edición de París de 1883, pág. i2 SO y sigs. (Contra la exageración d e qne los monjes son absolutamente inútiles.! 24 Para consideraciones paralelas relatixras al arte, cf. Niklas Luhmann, Frederick Eunsen, Dirk Saeclier, eínbeobachtbare Welt, RieleYBld., 1990. 25 Piensese sólo en el ofrecimiento verbal y acústico de ,B;icqi~es Derrida (cli,@rence / difli?runce).Véase también George Speneer Erown, op. cit., plig. 105, o Gotlbard Günther, p. cit.. vol 1, pág. 318 y sigs. Cf. tambiéri Ranalph Glanville, "The Same is Different", en: Milan Zeleny (co:np.), Autopoiests: A Theoi-y of l i v i n g Organizatior.~, Nueva York, 1981, págs. 252-262. m Hoy se ve por lo general que la famosa jerarquía de los tipos o distinción de los niveles dc !a matemática y de la lingüística es sólo uno de esos desplie,gues paradojales "arbitrarios". 28 Para las investigaciones correspondientes véase Waus Krippendorff, "'Paradox and Information", en: Brenda Dervin, Melvin J. Voigt (comps.), Progress in Cornnzunicatior~ Sciences, vol. 5, Norwood (N. J.), 1984, págs. 4571. Cf. también Ears Lofgren, "Some Foundational Views on General Systems and the Bempel Paradox", en: Ir~ternationalJonrnal of General Systems: 4,1978, págs. 243-253; Lars Eofg~en, "Unfoldment of Self-refercnce i n Logic and in Computer Science", en: Proceedings of the 5th Scandir~avian hrogic Syrnposizln~,, Aalborg, 1979, pág. 205-2-9. " CT Dietrich Schwanitz, Systenztheorie u,nd Literatur: Ein nezres G. Paradiginu, Opladen, 1991).

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Las condiciones del eonociminto lñiamano son extraordinariamente diversas, psrqcie son fisicas, celulares, cerebrales, psíyuicas, sociales, culturales. Sin embargo, tienen un rasgo fundamental en conihn, qae se nia.nifiecta .tanto en la célal!a mas pequ.eña de imaesbra mrganjsmo como en el pensamiento m B s elaborado: l aomps~taciU~. de la ~rgsinizacih a Así, ceiula a la oigaraizacibn social hay desalnollos y multipliicaci~nesde $os ien6men.o~ co:mputacionaies. De B doble hélice $ell&N a Las taa blas de la ley de i'idanai hay desarrol'los y multiplicación de todo -tipode eng~amaslprog~^amas~ memo-riaslreglas generakivas. Ea uir~idad propiamelate cornputacional que constituye el tronco c:oimún de 'codos los conocimiente>s podría concebirse no en términos de reduccibn, donde la computación seria la palabra clave suficiente para elucidar todos los problemas. Hay una diversidad de formas de computaci6n según los tipos, niveles y complejidades de o~cgaraización: representaciones mentales, las las palabras, 10s disceirsos, los maLos y las ideas se constituyen a partir de las inter-retro-poli-macro-comp~~taciones cerebrales. Si bien las condiciones sociocultearales del conocimiento son totalmente diferentes de las condiciones biaeerebrales, están ligadas fwcrnandw un m d o gordiano: las sociedades existen, las culturas se forman, SE conservan, se transmiten, se desarrollan s610 a través de las interacciones cerebraleslespirituales entre 10s individuos. La cultura, que es lo propis, de la sociedad humana, está cognitivs que es organizada y es organizadora por el x~ehicnlo el lenguaje, a partir del capital csgnitivo colectivo de los conocimientos adquiridos, de las habilidades aprendidas, de las experiencias vividas, de la n~eiinr~ria histórica, de las creencias -míticasde una sociedad. Así se manifiestan las ""representacioa nes colee-kivas",la "aoneiencia colectiva", l "i1xaginaci6n colee-

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